72. EP 2018. Versos de A. Montero



ALJIBE Y DESPEDIDA



(La joven cicerone nos habló en varias ocasiones de la importancia de los aljibes en la época en la que nacieron las ciudades extremeñas. El agua era imprescindible para las familias, su defensa e independencia. Vivían de puertas adentro, sin importarles la calle; y era el patio, el lugar que les comunicaba con el exterior, además de proporcionarles algunos alimentos. Y por haber hablado tanto ella (“momento en que tú callabas” –pensará Carlos–), me acordé del aljibe en estos versos).


       AL ALJIBE
 ¡Oh aljibe de los árabes,
alabado por la joven! 
Vimos todo desde fuera
y no hay nadie que te trove.
Nos bajó hasta las entrañas
con sus arcos de herradura
¡madre mía qué tortura
si no desciendes con maña!
Pero Urdiales que sabía
de la vida y de aljibes
dijo con sabiduría,
asomado a la ventana:
– “Bajen ustedes, yo sé
qué es un aljibe; y también
dijo con dulce palabra:
Ve tú, Aurora de la mañana,
yo volveré otro día
que, en la ciudad de Almería,
bebía del agua clara
que el aljibe me ofrecía.
Y yo tendré que volver.
Que ver la esencia por fuera
es como aquel que quisiera
la verdad bien conocer
siendo negación de ella.

 




     
ENCUENTRO EN TRUJILLO 
                    DESPEDIDA
No saben cuánto lo siento
haber estado alejado
en esa tierra bendita
que tanto amo y he amado.
Encontrar a compañeros
y, más que amigos, hermanos,
y compartir alegrías
que ya, pasados los años,
hoy son sonrisas y gozo
que ha dibujado el pasado.
¡En qué grata compañía
tanta belleza he gozado,
tantos hermosos recuerdos
que mi alma ha almacenado!
Los amigos que antes fueron
y son hoy también hermanos
y sus hermosas mujeres
que mi alma ha constatado,
pues son buenas por ser lindas
y bellas – que dijo Safo –,
por ser buenas. ¡Qué alegría
de haber con todos gozado
de una amistad tan sincera
que ha de hacer borrar mis llantos
si alguna vez la tristeza
o quizás el desencanto –,
traicioneros, me visitan
o me anonadan los años!


He cogido una cuartilla;
la  he visto pintada en blanco
y me ha dicho muy bajito,
como hablan monjes y santos:
– “Alégrate, tienes suerte
de tener amigos tantos”.
Yo he sonreído a la hoja
y he escrito, que me ha dictado
con sutil voz – como dije –,
y acento muy delicado:
– “Sé agradecido y no temas
que ya  habrás reconocido
que, con amigos así,
es fácil hacer camino”.
–“Llevas razón – yo le dije,
alegre y agradecido –,
La Salle imprime carácter,
pliego en blanco que he escrito
para agradecer a todos
que seáis buenos amigos.
Ha escrito mi mano hoy
palabras que son cariño
pues mi mano al corazón
obedeció como un niño”.
¡Qué lejos está aquel tiempo!

 









Pero a Griñón yo no olvido
ni a aquellos buenos hermanos
que dieron cuanto han tenido.
Su tiempo fue nuestro tiempo;
su gozo, el nuestro ha sido;
sus lágrimas fueron nuestras
y nuestro su sacrificio.
Me he puesto sentimental.
Perdonad pues sois amigos
porque los años ablandan
el corazón; y hoy el mío
no sabe agradecer
tanto como ha recibido.
Cuando vuelva a Tenerife,
solamente he de llevar
vuestras sonrisas, amigos;
vuestra amistad que, en palabras
y en actos, he recibido.
Y si queréis algún día
visitarme en mi destino,
seré feliz en teneros –
como el ave hace en el nido –,
a quienes hoy yo confieso
que son hermanos y amigos.

ANTONIO MONTERO SÁNCHEZ
Maestro y profesor de Filosofía y Psicología.





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