72. Versos en el EP 2018. Apuleyo

                     
                    

ODA A CARLOS



         URDIALES 



              EN TRUJILLO


      

Igual que los Apóstoles del Cristo redentor
iremos (y hemos ido) tras tus benditas huellas,
Maestro de la Vida, Camino de Verdad.

Eres, Carlos Urdiales, nuestro prócer ejemplo,
nuestro espejo luciente y relampagueante,
nuestro pobre de Asís, nuestra luz de humildad.

Por esta Extremadura de la Guadalupana,
por esta Extremadura de los Conquistadores,
por esta Extremadura de Gabriel y Galán…

te hemos acompañado con la mano tendida,
la mente alucinada y el corazón ardiente,
el vino en las tabernas y en las iglesias pan.

Un pan como unas hostias sagradas de blancura,
ácimas y redondas con máculas de fécula
henchidas de pureza hasta la saciedad.

Nos ha guiado siempre tu palabra certera,
nos ha fortalecido tu cuerpo aún lozano
y nos ha reavivado tu memoria simpar.

Mira, dices, decías, los pájaros del aire
cómo comen y beben, pues Dios los alimenta.
Mira, dices, decías, no paran de volar.

Mira, dices, decías, a los lirios enhiestos
sobre tallos versátiles de delgada dulzura.
Míralos, míralos… Enseñan a pensar.

Y así un día tras otro, en el Campo San Pedro
de los mayos floridos en honor de la Cruz,
luego en el oratorio perfumando el altar.

Y así frecuentemente, Carlos, Carlos Urdiales,
antífona viviente, antífona sonante,
con ritmo gregoriano vibrante y colegial.

¡Qué vísperas, qué hosannas, qué clases escolásticas,
qué dorados recreos, qué trabajos de huerta,
qué juegos de criquet, qué paseos al par!

Estábamos contigo por San Juan de la Cruz,
por Fray Luis de León, por Teresa de Ahumada
y por el caballero Mío Cid de Vivar.

Maestro, no nos faltes ahora ni en la hora
de la dubitación. Que el trivium y el quatrivium
nos sean jubilosos buscándote al andar.

Maestro, no te vayas; te queda mucho trecho
para estar con nosotros, para re-afirmarnos,
para multiplicarnos…¡y nunca en soledad!

Recuerdo tus lecciones, asumo tu enseñanza,
bendigo tu postura, proclamo tu pujanza,
te sigo como a estrella sin cesar de alumbrar.

En los días gloriosos y en las noches oscuras,
en las nieblas grisáceas, bajo nieves y lluvias,
y en las olas del mar… te siento caminar.

Paso al frente señalas con la boina rojiza,
con el signum La Salle, con la ley de la SEK,
Tot lÚmina, tot lÍmina: avanzar y avanzar

Como Alfonso el Magnánimo, como Isabel Católica,
como Carlos I y el Segundo Felipe,
como Santo Tomás, como el cura de Ars.

Eres astro potente, catedral placentina,
Monfragüe generoso de arboledas y flores,
Trujillo de palacios y casonas de paz.

Carlos, Carlos Urdiales, honrado sea tu nombre,
Eres hombre cabal bien bregado en batallas,
cauto ante los desmanes, recio en la adversidad.

Te queremos, repito, te ansiamos gozosos,
te seguimos incólumes, te ensalzamos sin tasa,
te servimos como antes de la madura edad.

Danos tu enhorabuena, danos tu cortesía,
danos tu candidez, danos tu pulcritud,
danos tus sabias manos, danos tu majestad.

Y ahora, compañeros del diestro profesor,
brindad conmigo en alto con la copa en el brazo
demostrando en el gesto… total felicidad.

Va por ti, Carlos, Carlos, o CUR del Afda fiel.
Maestros lasalianos hasta el final del fin,
seguiremos conjuntos por aire, tierra y mar
cuando no haya caminos por donde más soñar.

¡SALUD!

Apuleyo Soto Pajares






A su llegada del Iesus Magister de Roma a nuestra Escuela de Magisterio, como hoy hace 57 años (57!), a nuestro maestro Carlos Urdiales Recio le salió Apuleyo Soto Pajares al encuentro, enarbolando sus versos al viento y le dijo entonces:


VERSÍCULOS DE BIENVENIDA

Todo esto es para ti.
Oh, mira, ¡cuántas manos, cuántos pechos
y cuántos ojos!
Los niños, los jardines,
son tuyos.
Hemos colgado todo de tu nombre.
Todo: el barco de nuestro infante
y la rosa sin estrenar de nuestro joven.
Todo: la aurora del amor
y el río incierto, tembloroso de la juventud.
A ver. Respóndenos.
Es para que tú los cuides.
Suspendemos de ti nuestros ojos
para que no muramos sin luz,
y te abrimos el caliente remanso de los brazos
para que les duermas el trabajo del día
y les cantes la nana del cansancio de la noche.
(¡Ah!... para ti es también el súbito arco iris de la risa).
Estos labios no saben destejer
La maraña nublada de la idea confusa.
Quizá tú
Sepas enseñarles a hablar.
A ver. Respóndenos.
Son para que tú los cuides.


APULEYO SOTO PAJARES
Setiembre de 1961


                               

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