81 El Cohelet. Precisiones



            
el CoheleT A VUELO DE PÁRAJO


 

9 Evangelio a la vista


 




Babilonios y egipcios profesan el “eterno retorno” de la Naturaleza, todo se repite. La vida es para ellos una noria que da vueltas. Los israelitas, por su parte, ven el discurrir de la vida en sentido lineal, marchan siempre y siempre hacia algo mejor, que esperan que llegará. La vida para ellos es el desovillar de una madeja.

Los griegos también profesan el “eterno retorno”, que ha vuelto a traer hace unos años entre nosotros a primera línea de pensamiento Federico Nietsche.

Cohelet constata que efectivamente todo se repite. Como en la Naturaleza, la existencia humana es un redondo movimiento circular. Todo parece encadenado a repetirse sin descanso, en un hacerse y deshacerse que se suceden.

Su gran tesis está al arranque del capítulo primero de su libro:

Una generación se va, otra viene, mientras la tierra siempre está quieta” (1,4). Al poco: “Nada hay nuevo bajo el sol” (1,9).

A Cohelet le exaspera el estar a merced de un movimiento que no le conduce a ninguna parte. En su corazón de israelita mantiene la nostalgia de la Historia como iter continuo, la ilusionante Tierra Prometida delante que mana leche y miel.

Pero para el Cohelet, en el fondo de estas repeticiones cíclicas hay oculta una permanencia que impide que el mundo se hunda en la nada. La tierra siempre subsiste. ¿A qué llama Cohelet la tierra que subsiste?

La Naturaleza, el hombre y el tiempo de hecho hablan un mismo lenguaje. Cuentan una historia monótona y cansina, que se repite y recomienza. Es una discurrir que está pidiendo a gritos la plenitud que no tiene.

El error de Israel puede estar precisamente en esperar demasiado de esta vida terrena. Cohelet no es un pesimista, es un clarividente que hace tabla rasa de todas las ambiciones humanas. Con él, el pensamiento de Israel está preparándose para dar un salto maravilloso: hay que concebir la existencia, don de Dios, de otra manera, agrandar el horizonte al infinito.

Los tiempos mejores están por venir. Cohelet no nos mienta al Mesías. No lo ve aún. En el fondo lo anhela y nos ha preparado la pista de despegue hacia la espera de la Gran Novedad, cuyos contornos él ni adivina.

Desorientado y clarividente, prepara la metamorfosis que al cabo de dos siglos va a llevarnos al Evangelio de Jesús, el Hijo de Dios vivo.


Zereutes
Ancien élève de Evode Beaucamp
y de Francesco Spadafora



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