81 Lo sagrado a mano. Otros magisterios

                         



LO SAGRADO A MANO Y SU MAGISTERIO




No hay nada en el Universo que no destile misterio. Un ininterrumpido aliento sagrado palpita en cuanto existe.
En el libro que cuenta el martirio del H. Joaquín Rodríguez Bueno (No esperéis otra recompensa, Carlos Urdiales Recio, Bruño, 1999) el autor ha podido anotar en su biografía otros magisterios reales y adolescentes que no eran ni la familia ni la escuela.

En ellos lo que se percibe es el avance del misterio sobre un muchacho, misterio que envuelve de encanto sagrado y recrea su persona, sin que el adolescente apenas se dé cuenta.

Dice el biógrafo:

Otros magisterios
Hay otros magisterios distintos de los cuales aprende Joaquín, que no se notan. Se diría que ni existen. Son como el aire limpio y seco de su tierra. De puro transparente, ni se advierte su presencia, excepto cuando sopla "el regañón", viento de noroeste. ¿Qué puede enseñar al pequeño Joaquín, "inteligencia normalita", la fuente del pueblo a la que van las mujeres con orondos cántaros de barro?
Mazuelo de Muñó. Burgos
¿Algo más que saber que aquella agua es muy gruesa y es fría, apaga la sed y con ella se limpia en casa? Mejor es la de algunos manantiales que hay en el propio término de Mazuelo, fuera de poblado. ¿Qué puede aprender de los caminos de herradura y del polvo que en él levantan a su paso las caballerías, el camino que va a Burgos, el que lleva a Pampliega...? ¿El canto de las perdices y el de la codorniz enseña y dice algo más que no sea el lírico grito de su alegría sobre el normal oleaje de los trigos? Del arroyo del Mazuelo, que lleva sus aguas frías al Arlanzón y tiene hermosos cangrejos, del manso y grave paso de los bueyes que aran los campos, del espectáculo de los rebaños de ovejas que avanzan juntas por los rastrojos y el de las cabras que vuelven de pastar con las ubres listas para el ordeñe, ¿qué se puede aprender a primera vista más allá de lo que ofrecen a primeras?

Pero, tras esa cortina de transparencias de cosas tan sencillas en la vida de un pueblo sencillo, en que una a una no son más que eso que son, ¡cuánto aprendizaje profundo, que ni se nota!

Otra cosa es el cielo de Mazuelo de Muñó que, en las noches de verano, es particularmente hermoso. Parece que hay en él más estrellas de las que caben en tan inmenso espacio, todas claras, altas y metálicas. Joaquín las observa, se detiene a mirarlas, ¡lejanísimas!, hasta que le sobrecoge una especie de explosión de vértigo de inmensidad. Contemplándolas, ¡cómo se le alarga la mirada y se le dilata el alma! El magisterio de la bóveda del firmamento poblado de estrellas sí que es claro y gran magisterio. Le hace pensar en la grandeza de su Creador. ¡Qué poderoso! "Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra!".

Nuestro pequeño Joaquín, sentado sobre este otro banco de escuela que es el suelo de Mazuelo, techado con un cielo espléndido, va llenándose de la opaca y silenciosa luz de las cosas que le rodean. Crece y grana, sin advertirlo, como los trigos que maduran en aquellos campos con la llegada del verano. No cabe duda de que es un buen alumno de tanta maravilla. Joaquín paseará y regalará esa sabiduría aprendida sin esfuerzo muy lejos de allí, por Madrid y por la bahía de Cádiz. Cuantos le traten, pero, sobre todo, sus alumnos, sin analizarla, se la advertirán en la luz de sus ojos claros, en el porte entero de niño mayor, que va de paso hacia otro mundo más alto, y hasta en el temblor de la voz”.
CUR




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