81 Padrenuestro


                  



NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN…



Todo lo que nos induzca a no vivir aquí, en este peregrinar por el desierto, a realizar las obras que sean dignas de nuestra filiación divina…, de tu paternidad…, es tentación.
 
Todo propósito y contemplación de realizar actos y proyectos al margen de Ti…, de los tuyos, de los que se fundamentan en la fe que profesamos, Padre, es tentación.
Esta situación deviene pronto en ofensa contra Ti… y con ella a nuestros hermanos…; les ofendemos directamente, o les privamos de tu Plan…, y no les evangelizamos.


Es necesario, Padre, que tu gracia nos mantenga unidos a Ti…, y si nos separamos de tu hálito hasta recuperarlo, no te ofendamos con nuestras obras. 
Que no caigamos ni en la gran tentación: ¡no necesito de Ti…!, ni de las que derivan de nuestra miseria humana y concupiscencia…; pues, ni santificaría tu nombre… ni haría las obras de tu Reino, ni daría testimonio de él, ni cumpliría tu voluntad.
Padre nuestro ¡No nos dejes caer en la tentación…!




MÁS LÍBRANOS DEL MAL…



El mal, Padre…, consiste en no reconocerte, en perderte y…, para siempre. Es quedar fuera de tu Plan, por haberte rechazado…, por rebelarnos contra Ti… 
Es, no dejarnos alumbrar por la Luz, la Palabra, que tanto se nos acercó, que vino a nosotros para sustituirnos en el cumplimiento de tu voluntad, glorificándote tanto, que nos redimió… y que para cumplir tu voluntad, creó, en nuestro mundo corrompido, tu Reino…
Es negarnos a adorarte, a glorificarte glorificando a tu Hijo, el Hijo del Hombre, que hizo Todo por nosotros y espera, que, unidos a Él, nos retornemos aquí, a Ti, para glorificarte por siempre en la eternidad siendo uno contigo, en tu seno, participando de tu Deidad.
Padre… ¡Líbranos del Mal…!.




EPÍLOGO

Padre, mi deseo es unirme a Ti, que mis hermanos se unan a Ti, ¡recibo tanto de Ti, de ellos…!
Esta es mi pobre moneda en la bandeja de tu Templo, de La Iglesia…; ya sé que es insignificante…pero, trato retornarte lo que me has dado, si bien, sé que no lo conseguiré… ¡Debo orar mucho con lo que Cristo nos ha enseñado…!. Cuando lo haga, sé que este primer eslabón habrá desaparecido, porque Tu Palabra, es Infinita, es Eterna...
Tu hijo Gerardo, a veintiocho de septiembre de dos mil dieciocho.
Gerardo Nieto 
Profesor de Derecho Civil, UCM, sacerdote


















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