76 Recordar... a Colombia

     

                    
EL DÍA DE LAS VELITAS EN COLOMBIA



Me habían hablado mucho y bien de la Navidad en Colombia. Y algo de especial tiene esta fiesta en esas lejanas tierras.
Inmaculada de Murillo
El día de las velitas o noche de las velitas  en Colombia, llamado también El Alumbrado, es una de las festividades más tradicionales, con las que da comienzo la Navidad. Se recuerda el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854. Además de la procesión de la Inmaculada, a la que asisten con velas los niños de los colegios, las noches de los días 7 y 8 de diciembre, cambia la iluminación de calles y barrios de pueblos y ciudades. Pero no se trata de dar a un automático y que todo se ilumine. El encendido de faroles, confeccionados por los vecinos, y velas que iluminan hogares, pueblos y ciudades, es fruto de la colaboración de todos.
Plaza de Bogotá el día de las velitas
En la foto anterior, puede verse como luce la hermosa plaza de Bogotá que ha cambiado las palomas por luces porque ha llegado la Navidad. Y de esta ciudad proviene el nombre del día de las velitas, pues según he leído, los habitantes de esta ciudad llaman en diminutivo a todo aquello que les produce afecto.
El festejo no es igual en todas las regiones del país, pero tiene mucho de común en todas: la luz, que marca el principio de las fiestas navideñas en el país. Hay lugares en los que el 8 de diciembre se izan banderas blancas con la imagen de la Virgen María en las casas.
Los judíos, por estas fechas, tenían la fiesta de Las Luces o Las Luminarias, en la cual, durante ocho días, celebraban la derrota de los helenos y la recuperación de su independencia, a manos de los Macabeos. Derrotaron a los griegos seléucidas. Y recordaban también la purificación del Templo de todos los iconos paganos, en el siglo II a. C. Y la tradición judía habla de una especie de milagro porque el candelabro del Templo ardió durante ocho días con el aceite que consumía en uno. La luz siempre ha sido un símbolo también.


Casa y faroles de Barranquilla el 8 de diciembre
Calle, en Montería






Todas las ciudades y pueblos colombianos tienen sus particularidades, pero en ninguna faltan la luz, los faroles artesanales que compiten por alzarse con el premio a los mejores realizados que, en los pueblos, suele ser un marrano.
Medellín, la ciudad de las flores, celebra la fiesta el 7 y el 8 de diciembre y la festejan todos en familia. Simultáneamente, se iluminan todas las luces de la ciudad, en especial las avenidas cercanas al río y a la playa. En esta última, tienen lugar los desfiles de algunos mitos y leyendas colombianos: el Mohán, la Llorona y el Padre sin Cabeza con un gran espectáculo de fuegos artificiales.
En esta ciudad, Medellín, es especialmente solemne la Procesión de la Inmaculada, con lucernario, porque su catedral metropolitana está dedicada a la Inmaculada Concepción.
Iluminación a lo largo del río Medellín

Sería muy prolijo relatar las particularidades de ciudades y pueblos en esta fiesta de las velitas. Me llamó la atención que, en algunos lugares, se encienden en las casas tantas velas como personas hay en la familia. Y pienso que, ya que copiamos algunas fiestas que no tienen nada que ver con nuestra cultura, podíamos hacerlo con otras que nacieron a la luz de estas fiestas.

Hermosos faroles artesanales
En mi casa se hace la Novena de Aguinaldo o Niño Dios, que comienza el día 16 de diciembre y acaba el día 23. Es de tradición colombiana y se hace en las casas y centros privados u oficiales. Se rezan oraciones a la Santísima Virgen, San José y al Niño Dios, ante el nacimiento, y se cantan villancicos, cada uno de los días. En Colombia, hay familias que se reúnen todos para hacer la novena.

La Inmaculada rodeada de faroles artesanales
Solo me queda desear a todos que tengan unas felices Navidades. Que la luz del Nacimiento de Cristo nos acompañe siempre.
Se me olvidaba. Les deseo también que, alguna vez en su vida, puedan conocer y gozar de la Navidad, en Colombia y, que esta andanza –me dijo Carlos que contara una, aunque él desconocía cual sería–, les anime.

ANTONIO MONTERO SÁNCHEZ
Maestro, profesor de Filosofía y Psicología


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