76 ¡Dios, Dios, Dios!



               
¡DIOS, DIOS, DIOS! (III)

Misterio a ras de suelo

Donde la huella de Dios es mayor es en la persona humana. 
Cuando en la Escuela se llega al momento de definir a la persona, habría de hacerse un gran silencio. Se va a abordar el tema a mano y a ras de suelo de mayor transcendencia.
En grandes letras sobre las paredes de la clase habrían de aparecer escritas las serias palabras del Cohelet que afirman: “Dios está en el Cielo y tú (persona), en la Tierra”.
No hemos de perder de vista que Dios nos transciende mientras nos fijamos en las huellas de su Divinidad que palpitan en toda persona.
Cada persona es un misterio de Dios. Fue hecha una a una, con infinito amor, amor eterno, con todo el mimo de que es capaz un Padre Todopoderoso. Se esmeró en cada una, como si no hiciera más que a ella. La dejó en el mundo unos años, después de poner en su ser una enorme esperanza y abrigar la idea de llevarla al centro de su Divinidad y llenarla de la porción de Dios que aguantara sin dejar de ser persona singular y única.

¡Dios!, ¡Dios!, ¡Dios!
CUR

   

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