40. AFDA

ÍNDICE PRINCIPAL

Pregón: Creativos
Nuestros maestros: Aforismos. Vejez como un traje nuevo.  Eugenio d´Ors.
Nuestra Escuela de Vanguardia: De ayer a hoy. Un Instituto pionero. Teódulo.
Para salvar la educación: Escuela que no sea museo. Ramiro.
La meta de nuestra sabiduría: Puntualizaciones (VI) Pietas.
Alta política con estilo: La vida como servicio. Ramiro.
Casicuentos. Los sueños de Akín. Ángel H.
Soneto desde el sentimiento: Sueños rotos. Ángel H.
Traigamos a los clásicos. Santa Teresa. CUR.
Buzón teológico: Dios se hizo hombre… y a lo pobre.E. Malvido.
Afderías: Escuelerías de la escuela. CUR
Educación física: La gimnasia moderna. Los inspiradores I. F. Sáez.
El rincón de Apuleyo: Peticiones a los Reyes Magos.



¡CREATIVOS!



Göthe, germano puro, a pesar de sus coqueteos con Italia, dijo que no quería la beatitud eterna si en ella no había cosas que hacer.

El Creador nos ha hecho a su imagen y semejanza, por ello, creativos. Nos gusta el descanso pero, en cuanto arcilla moldeada por las Manos de Dios, queremos el descanso para el último día de la semana, cuando Dios deja de ser Creador para hacerse Providencia, pues que empieza la fiesta de lo creado y todo está ya en su elemento y vivo, activo: el pez patinando por el agua; el ave rompiendo el puro aire, en aéreo vuelo; el animal de tierra dejando detrás de sí el polvo del camino que anda...

Dios no se cansa creando, le recrea y divierte crear. Tampoco, con ser más empinado a nuestros ojos, ni desdeña ni le fatiga el cuidado amorosamente providente de lo que creó. Inmutable descanso y acción.


“¡Queremos un Paraíso en el que no se descanse nunca!” Ya lo hemos empezado aquí. Hacemos, creamos.




Aforismos del maestro Eugenio d´Ors

El maestro Eugenio d´Ors también nos enseñó
a obedecer a las leyes de la naturaleza
para que en todo trance triunfe  el estilo.  


Hay que irse acostumbrando a la vejez
para bien llevarla.
Como un traje nuevo.



Como hay “nuevos ricos”, hay “nuevos viejos”.
Témelos y témete en el trance.





 DE AYER A HOY

                                               UN  INSTITUTO PIONERO
                                                                                             
El pasado día 12 de diciembre fue presentado en el Centro Superior de Estudios Universitarios “La Salle” de Aravaca-Madrid el libro del hermano y profesor Alejandro Pérez Urroz, titulado “El Instituto San Pío X al servicio de la Palabra y de la escuela cristiana (1955-2005); dicho libro narra la historia de este Instituto Superior durante sus primeros cincuenta años.  El acto fue   el recuerdo del ayer, sin realizar ninguna mirada al hoy, a su situación actual. Por eso quisiera en las líneas que siguen destacar ese ayer, pues tal era el objeto de la presentación y tal es el contenido del libro. Y lo haré guiado por algunas palabras-referencia que, de un modo u otro, aparecieron o fueron sugeridas a lo largo de la presentación. Por ello, esta vez el ayer prevalece sobre el hoy; aunque el “hoy”, que arranca en 2005, lleva ya casi una década de su nuevo recorrido.

1. Ayer…  existió la intuición. Hubo un hombre (H. Guillermo Félix) que intuyó por dónde iba la corriente (o por donde querían algunos que corriese el río…) y creó un nuevo cauce para que las aguas discurrieran de otro modo, quizás al servicio de los mismos objetivos –sí, los del Reino- pero con otras mediaciones. Esta intuición debía vencer una dificultad: ciertamente no era este el tipo de obra al que los Hermanos de La Salle estaban acostumbrados. Por eso el acierto de la intuición fue mayor.

Creación y creatividad. El fruto de la intuición fue la creación de una gran obra. Algo nuevo surgió en el horizonte lasaliano. La novedad de la creación fue también una expresión de creatividad. Y a lo largo de estos cincuenta años el Instituto ha sido pródigo en criaturas que eran reflejo de su potente fuerza creadora. Baste recordar hacia dónde dirigió los caminos de la pastoral, cómo diseñó los escenarios de la liturgia, cómo roturó los surcos nuevos de la catequesis y de la educación cristiana. En los aires de la Salamanca de los años sesenta se respiraba una atmósfera que no sólo ensanchaba los profundos anhelos del espíritu sino que hacía mucho más fecundo el crecimiento.

Vanguardia. El Instituto nació antes de que se convocara el Concilio Vaticano II. Y en algunas cosas fue pionero, resultó ir en vanguardia. Sus profesores habían bebido no sólo en las fuentes clásicas de la tradición teológica, sino en los manantiales incipientes de la teología, la liturgia y la pastoral que fluían en la Europa de la renovación teológica y pastoral. Nadie puede negar que en los campos cultivados por el Instituto San Pío X la siembra era de vanguardia, los métodos de trabajo, también y las cosechas mostraban frutos que dejaban superados semillas y métodos de ayer. No da este espacio para nombrar ni describir las obras; baste decir que quien esto escribe -como otros muchos- abrió los ojos y el alma a escritos, canciones, celebraciones, métodos o materiales que hacían más cercana la Palabra y más íntima y sabrosa y auténtica la liturgia.

Compromiso. El Instituto se comprometió en una renovación a fondo de la Pastoral y de la Catequética, en una puesta al día de muchas cosas y en la oferta de los nuevos tiempos para la pastoral, que luego fue confirmada por el Concilio Vaticano II. Y eso a veces no era comprendido; es más, en no pocas ocasiones fue criticado duramente.  Y el compromiso llevó aparejada la crítica a los viejos cauces de la Iglesia. Quizás en los comienzos del Instituto la audacia de la novedad ya llevaba incluida la crítica; pero años después, desde la sede de Madrid, la voz del Instituto (a una profesores y alumnos) se dejó oír con estilo y carácter propios: una voz disconforme, crítica, constructiva y renovadora. El Instituto se comprometió en el empeño de una renovación continuada, que adoptó unas formas en los primeros lustros y que varió o evolucionó, como digo, en los años de Madrid. (Algunas palabras clave: ministerio, libertad crítica, voz de los pobres, carácter laical en la iglesia, signos nuevos de la escuela cristiana…).



Lucha: Pero no era todo fácil. Los vientos no soplaban a su favor. Ni siquiera en aquellos ámbitos que más debieran haber impulsado, animado; pero no fue así. La seguridad del Instituto estuvo en vilo varias veces. En los años sesenta y en los años setenta. Parecía como si el Instituto debiera desaparecer. Las dudas internas (de los fsc) y los cuestionamientos y descalificaciones de fuera (sobre todo la jerarquía) hicieron que el Instituto se mantuviera alerta y estuviera en algunos momentos “en pie de guerra” para defender lo que creía opción suya y obra, al mismo tiempo, de la Iglesia. Reuniones, propuestas, proyectos, solicitudes, idas y venidas… hasta súplicas para que no desapareciera o para que recobrara su plenitud académica (cinco cursos, frente a los dos con los que vinimos a Madrid) muestran con claridad que estos cincuenta años –como describe el libro- no fueron fáciles.

Servicio y renovación. Pero no se crea que el Instituto se miraba a sí mismo y defendía unos intereses privativos; el Instituto nació para servir –a la Palabra y a la escuela cristiana, como reza el título del libro- y durante esas cinco décadas fue creciendo la extensión y la intensidad de su servicio, de sus servicios (Estudios universitarios, Sesiones de formación permanente, Jornadas de Pastoral Escolar, Cátedra de Educación Cristiana, Escuela de Verano, colecciones de libros, revista Sinite…).  Son muchos los clérigos, los religiosos y los seglares que dan testimonio, cuando la ocasión se presenta, de que ese servicio ha sido perdurable e impagable. La altura de sus publicaciones, la profundidad de sus investigaciones y lo universal de su alumnado hizo que la estima por el Instituto llegara a los cinco continentes. La presencia de sus profesores en Congresos y foros europeos e internacionales son digno testimonio de ello.

2. ¿Y hoy?  
Todo lo dicho hasta ahora caracteriza al Instituto San Pío X hasta los primeros años del presente siglo. Hoy… el Instituto ha cambiado: ha cambiado su ubicación, su fisonomía, su estructura, sus actividades, su modo de presencia. Llegó a Aravaca con el deseo de realizar un nuevo proyecto que aún no ha visto la luz. Pero mantiene su voluntad de ser un instrumento nuevo al servicio de las necesidades, también nuevas, de la formación de educadores cristianos, catequistas y profesores de religión. Además, cuenta con la gozosa nueva –por la que otros luchamos tanto tiempo sin éxito- de ver recuperado el Trienio Básico, lo que le permite recomponer su estructura de Instituto completo. Esto, junto a otras características de su nueva fisonomía, le lanza hacia el futuro con especiales garantías. Por eso abrigamos la esperanza de que siga creciendo como árbol robusto en el campo nuevo de la Evangelización. Y que siga siendo   estímulo para caminar aprisa, con seguridad y valentía, en esta nueva etapa de su andadura, para que emerja el “nuevo  Instituto San Pío X para los tiempos nuevos”. Así lo deseamos para que el hoy y el mañana, aunque necesariamente diferentes, continúen los valores de ayer.

Teódulo GARCÍA REGIDOR
Maestro
Profesor del Centro Universitario La Salle

Presentación del libro




PROPEDÉUTICA




5.  PARA QUE LA EDUCACIÓN NO ESTÉ MUERTA:

QUE SU META IDEAL NO SEA EL MUSEO

Los museos pueden parecer y ser de hecho cementerios ilustres de cuanto fuerte y más dotado de vida egregia ha producido el hombre en el transcurso de su Historia. También puede vérseles como formidables cajas fuertes-palacios en los que se exhiben disecados y esplendentes, como mariposas de vitrina, los logros más hermosos de condensaciones de valores, lo mejor del acarreo de joyas de los siglos.

Hay objetos que al descender al museo pierden su condición de seres inmortales-vivos. Así, el retablo de una ermita románica perdida en los campos de pan llevar de Palencia. Al entrar en el museo se convierte en un espectro inmortal de lo que fue. Ya no es posible, dentro del museo, echarse de hinojos ante la imagen de la Gloriosa como lo haría Berceo o el labriego que, en la ermita, le va a pedir agua al Cielo para sus tierras agrietadas por la sequía.

El alumno no va a la Escuela para llenar su álbum de los cromos culturales que guarda el gigante arcón de tesoros que es su colegio. Tampoco pasa por la Escuela como el turista que se baña con unos barnices de mera erudición para una cultura a la violeta, de cuadro en cuadro y de sala en sala, en su caso, de curso en curso.

El ideal de la Escuela viva no será nunca el museo, sino la vida desde la vida misma. Como quiera que todo está en los clásicos, vayamos a nuestro cordobés Séneca: “No para la escuela sino para la vida, Non scholae sed vitae discimus”.

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento.
Bachillerato internacional


En los centros lasallanos, durante varios siglos,
al comienzo de la jornada escolar,
los maestros pedían al Cielo los dones del Espíritu Santo,
y en primer lugar el espíritu de sabiduría,
meta de su hacer y del de sus alumnos.

PUNTUALIZACIONES SOBRE LA SABIDURÍA (VI)


6. Sin la pietas romana no hay sabiduría

Pieza de oro de la Sabiduría que es nuestra meta educativa es lo que los romanos denominaron pietas y nosotros entendemos como respeto a cuanto de sagrado contienen el ser y los valores.

Los valores informan nuestra personalidad si dejamos que nos invada su “espacio espiritual”, es decir, si logramos su intuición y los realizamos como tales valores.  Los valores nos hacen personas.

Dada su intuición o el salto interior que nos los hace “vivir por dentro” (la expresión es de Bergson), los valores desencadenan en nosotros un sentimiento profundo de veneración, propio de la pietas. Es que los valores son venerandos.

En el fondo la pietas tiene siempre una orientación sagrada y en su plenitud es cultura y civilización, educación del hombre.

Si no se es piadoso no se puede ser de verdad sabio, escribió Vico

                                                                      RAMIRO DUQUE DE AZA
 Vida de Santa Teresa

Hay que volver a la saladísima prosa de Santa Teresa, al lenguaje popular y vivo del castellano del siglo XVI, fresco, con olor a madera de pino recién cortada, animado, cargado de intención y sentido, que dice más de lo que dice y lo dice que parece que no entrega palabras  sino pura vida en lo que dice.

El quinto centenario de la Santa nos la ha traído más cerca y nos la hace más de casa.

Empecemos por leer su Vida, por El libro de la vida (1565). Lo escribe sin ganas. Obedece órdenes, las cumple, pero escribe con todas la voluntad que tiene, sabe y puede. Llama a su libro “el libro grande” y, también, “mi alma”. Y es que es grande. Nos deja en él preciosos datos autobiográficos que permiten que nos asomemos al prodigio de su personalidad. Es un libro pozo, hondo, sabio. Azorín dirá de él que “a su lado, los más agudos analistas del yo, son niños inexpertos”.


Libro de la vida.
Sabemos que escribía con buen papel y buena tinta, que dejaba márgenes y que espaciaba las letras que trazaba con claridad. Magníficas señales.


Lo que nos cuenta nos lo cuenta con una extraordinaria sencillez. Conversa más que escribe: “Éramos tres hermanas y nueve hermanos. Todos parecieron a sus padres, por la bondad de Dios, en ser virtuosos, si no fui yo, aunque era la más querida de mi padre…”.


Recrea ante nuestro asombro el ambiente grave de su familia, en la ciudad de Ávila, siglo XVI. Su padre es un hidalgo caballero temeroso de Dios; su madre es dulce y está enferma; los doce hermanos corretean por una ciudad amurallada, mística, militar, en alto, la capital más alta de España, única.


Arranque del Libro de la vida.
Teresa ha leído vidas de santos y, como Don Quijote a fuerza de leer libros de Caballerías sale de su casa para ser caballero andante, Teresa se fuga de casa con su hermano Rodrigo para irse a tierra de moros y seguir la suerte de los mártires cristianos. La travesura infantil es un prodigio de ingenuidad y termina, como era de ley, en una buena reprimenda.


Los juegos de ermitaños de los dos hermanos son otra peripecia deliciosa que nos cuenta en su vida la Santa: “En una huerta que había en casa, procurábamos como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas piedrecitas, que luego se nos caían, y así no hallábamos remedio en nada para nuestro deseo...”

Y llena de ternura es la oración que le dirige a la Virgen requiriéndola para que haga las veces de su madre que se le acaba de morir. Teresa va a cumplir los 13 años.
CUR



 -Presupuestos-
LA VIDA COMO SERVICIO

Cuanto más estemos al servicio de los demás, más andamos en la línea de Cristo que vino a esta existencia nuestra y la empleó en salvarnos a todos. Si como Él ponemos la vida entera a servir y, si es necesario, como Él ponemos también la muerte a este servicio, mereceremos la denominación de “hombres de Iglesia (anima ecclesiastica)”, familiar a los Santos Padres.
Esta denominación es la laureada, la condecoración máxima que pueda merecer una existencia mortal.

El día que la Iglesia se suelte de su clericalismo, la denominación de “hombre de Iglesia” ya no sonará como nos suena hoy, hombre de Iglesia = clérigo o fan religioso, sino como una laureada cima.

También en esto del servicio en nuestra infancia conocimos instancias civiles y políticas, no clericales sino seglares, que volvían a plantear, como en otros tiempos de oro de España, “la vida como servicio”. En la Ciudad Lineal de Madrid había un monumento con una inscripción que decía “La muerte es un acto de servicio”. Tenía el sentido sagrado de servicio del Dios Todopoderoso, el de la Patria, que era decir, del prójimo. 

Los responsables clericales, en su conjunto, no prestaron atención a este movimiento seglar. Se perdió entonces una gran ocasión de España, de Europa y del mundo. No del todo, porque lo que florece y llega a fruto, mientras permanezca como “resto de Israel”, no se pierde para siempre.


Que no se pierda hoy mientras escuchamos al Papa Francisco decir, como nuevo, algo muy parecido.

Ramiro Duque de Aza



LOS SUEÑOS DE AKÍN



De pie, recostado sobre una de las acacias del paseo, el joven Akín presta atención a los transeúntes, al tiempo que por el rabillo del ojo vigila la previsible llegada de la patrulla policial. En el suelo, extendidas sobre una lonilla gris, las grabaciones pirata de los últimos éxitos cinematográficos. Tres por cinco euros. A su venta furtiva dedica buena parte de la jornada, largas horas de tediosa dedicación salpicadas de eventuales escapadas a toda prisa por callejuelas próximas, para evitar la incautación del género. Se lo han dejado muy claro: él sería el único responsable del material requisado, y los mafiosos que se lo han confiado ya encontrarían la forma de cobrarse de un modo u otro la mercancía perdida.

Una media de veinte a treinta discos vendidos a lo largo de ocho o diez horas de dedicación, le reportan un beneficio en torno a los diez o doce euros diarios con los que poder sobrevivir. Mal comido y ligeramente vestido, mantiene una permanente sonrisa que contrasta con su evidente penuria. Pero su actitud no obedece a ninguna forma de disimulo: Akín se siente  verdaderamente un hombre feliz.

Cuando llegada la noche comparte alcoba con cinco indigentes y da reposo a sus maceradas piernas en una ‘cama caliente’ alquilada por seis horas previo pago de cinco euros, acaricia entre sus dedos los dos o tres euros sobrantes del bocadillo y la cerveza, única frugal comida que puede permitirse cada día, aparte del vaso de leche caliente de media mañana y la botella de agua que rellena  en la fuente de una plaza cercana. Inseparable compañera que su mano izquierda sujeta permanentemente en sus desplazamientos, mientras con la derecha tira de los cordones que enlazan  los extremos de la lona y la cierran a modo de hatillo para poder echársela a la espalda.

Cada noche, antes de que el sueño le venza, gusta de volcar sobre la cama la pequeña bolsa en que acumula los pequeños ahorros; recuenta las monedas y se siente afortunado. Akín –muchacho valiente- es el nombre que sus padres eligieron para él. Y él había y ha sabido corresponder, ha demostrado sobradamente serlo.

Lejos quedaron las interminables jornadas de fatiga, de hambre y de sed, hasta el agotamiento. Desde Agadez, su pueblo natal, a través de las tierras desérticas de Níger primero y de Argelia después; la penosa travesía por la cordillera del Atlas y el permanente tránsito desde el frío helador de las noches a la abrasadora insolación de los días. Meses enteros de interminable desesperación, desde que abandonara su casa, a sus padres, a sus ocho hermanos y les librara de una boca menos para compartir lo poco que en contadas ocasiones la habitual hambruna concedía.

           






     


Atrás ha dejado también el recuerdo de la larga espera, las acampadas en las colinas próximas a la frontera de Melilla. Semanas que se le hicieron siglos, hasta el día en que junto a varios centenares de inmigrantes, que como él esperaban el momento propicio, intentó el asalto a la valla. Asalto frustrado, del que ahora sólo conserva la huella de profundas cicatrices en sus piernas heridas.

Vino después la arriesgada empresa de traspasar la frontera argelina. Y en el puerto de Orán, los trabajos de descargador en el muelle, agotadores y mal pagados, pero que para Akín significaron una nueva esperanza. Catorce meses de duro trabajo y veinte mil dinares ahorrados, algo menos de 200 euros; y con ellos, la posibilidad de hacerse hueco en una patera atestada de africanos que, como él, perseguían el sueño de alcanzar Europa.

La travesía no concluyó con éxito, pues la patera zozobró y acabó naufragando. Muchos ahogaron su sueño en el Estrecho, sólo los más jóvenes pudieron soportar la frialdad de las aguas, y de entre estos únicamente los capaces de nadar sin desfallecimiento más de tres millas –Akín entre ellos- consiguieron arribar a la costa almeriense. A partir de ahí, la permanente zozobra de la huida, el temor de ser aprehendido en cualquier momento y repatriado sin remedio. 



Ahora, ya en Madrid desde hace seis meses, le ampara el anonimato propio de la gran ciudad. Después de todo lo sufrido, se siente privilegiado por haber conseguido lo que muchos otros no pudieron lograr. Unos, con su mismo esfuerzo, sólo obtuvieron la deportación; otros perdieron la vida en el intento, sumergidos en el mar o asfixiados en los bajos de un camión. Y muchos de los que llegaron y consiguieron alcanzar la orilla y pisar el asfalto de la civilización han de soportar continuas vejaciones. Él, a pesar de su situación de evidente penuria, se considera privilegiado. Quizá algún día la fortuna le sonría y consiga alcanzar una  vida digna. Da gracias al cielo por ver cada mañana amanecer, y sonríe. No parecen afectarle la indiferencia –tampoco el menosprecio- de la gente, ni el miserable regateo que algunos hacen sobre el mínimo beneficio que le reportan sus ventas.


Akín sonríe feliz, y hasta Agadez, en Níger, a sus padres y a sus ocho hermanos les llega, a través del viento seco del norte, el aliento de su fresca sonrisa.

ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro. Psicopedagogo. Emérito UCJC



DIOS HIJO SE HIZO HOMBRE… Y A LO POBRE

1.     Dios Hijo se hizo hombre

En Navidad nuestra fe de cristianos confiesa que el hijo nacido de María en nuestra historia  es ni más ni menos que el Hijo eterno de Dios Padre.

La fe de los primeros cristianos no surgió con motivo de su nacimiento, ni en su tiempo de convivencia con el Maestro, ni muchísimo menos cuando la pasión y la muerte por crucifixión se cebaron en Jesús de Nazaret. La fe de la Iglesia primitiva en Jesús como “Mesías”, “Primogénito de toda la creación”, “Señor”, “Sumo Sacerdote”, “Hijo de Dios”, “único Mediador”, “Dios Hijo”… fue brotando paulatina y progresivamente a raíz de la experiencia directa o indirecta del acontecimiento escatológico de la resurrección del Crucificado. Sin resurrección de Jesús no se habría escrito ni una sola línea del NT, como tampoco habría habido previamente al NT quien proclamara que el crucificado Jesús de Galilea era el Mesías anunciado por los profetas y esperado  por el pueblo judío siempre sometido a potencias extranjeras.

Era natural que los primeros cristianos plantearan la relación existente entre el Resucitado y el Jesús de Nazaret con quien ellos habían convivido. Todos esos títulos de enorme grandeza religiosa que ellos reconocían en el Resucitado ¿eran extensibles y aplicables a Jesús el Nazareno? La identidad divina del Resucitado confesada por Tomás con la inaudita exclamación “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20,28) ¿pertenecía también a la identidad humana de Jesús de Nazaret?

La respuesta a estas decisivas preguntas la encontramos en los Evangelios, y más concretamente en los Evangelios de Mateo y de Lucas, quienes nos narran el nacimiento del futuro profeta de Galilea.
Mateo y Lucas conocían en el AT el género literario de madres estériles por su avanzada edad que, sin embargo, engendraron hijos con la colaboración de sus maridos. En el AT se utiliza este género literario en el caso de aquellos israelitas que habían de jugar un papel importante en la historia de la salvación. El carácter extraordinario del nacimiento pronosticaba la importancia de su función futura de cara a la historia de Israel: Isaac, Samuel, Sansón, el mismo Juan el bautista, entre otros, nacieron de madres que no estaban en edad de procrear.

Pero los evangelistas echaron mano de otro tipo de relato, probablemente pre-evangélico, que se inspiraba en un acontecimiento realmente nuevo, el de la resurrección de Jesús. La verdad es que en la resurrección de Jesús no se observa ningún elemento humano activo. Dios Padre es el único Sujeto agente. La resurrección había puesto de manifiesto a los ojos de los creyentes que la nueva vida del Resucitado provenía de Dios Padre y que el resucitado Jesús nunca había sido tan engendrado, tan hijo de Dios como cuando tuvo lugar en él el nacimiento escatológico mediante la resurrección.
El modelo narrativo seguido por Mateo y Lucas no fue el clásico género literario del AT de nacimientos de madres estériles, sino que fue el de la acción resucitadora de Dios Padre sobre Jesús, con la necesaria intervención esta vez de la madre virgen María, puesto que verdaderamente el Hijo “se hizo carne”.

Mateo y Lucas, y sus respectivas comunidades con ellos, no concluyeron en la filiación divina de Jesús a partir de su concepción biológica virginal, sino que primero vieron que Jesús había sido “constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos” (Rom 1,4), y después dedujeron lógicamente que también tuvo que ser concebido por Dios Padre, sin colaboración de varón, al igual que había sido resucitado sólo por el Padre, como corresponde al que es el Hijo unigénito del Padre. El mensaje teológico claro y directo de los evangelistas Mateo y Lucas es que el nacimiento de Jesús de Madre virgen es el nacimiento humano de Dios Hijo. El engendramiento de Jesús en María es primeramente un misterio cristológico, y secundariamente un misterio mariológico.

Con sus respectivos relatos, Mateo y Lucas confesaban cristianamente que el Nacido de María sin concurso de varón era el Hijo unigénito de Dios Padre desde el primer latido de su existencia humana. De esta manera los evangelistas Mateo y Lucas, así como sus Comunidades, rechazaban la herejía propia del judaísmo: el adopcionismo, que admitía que Jesús de Nazaret por su fidelidad al anuncio y a la puesta en marcha del reino de Dios había sido “adoptado” por Dios como hijo predilecto suyo…


2.… y a lo pobre

Si es importante la confesión que hacemos los cristianos de que el Niño de la Virgen María es el mismo Hijo unigénito de Dios Padre, también hay que resaltar la relevancia de que el nacimiento de Jesucristo se caracterizó por los rasgos que acompañaron al Mesías auténtico enviado por el Padre, en el Espíritu: su cercanía a la vida y a las personas de los pobres;  su constante intimidad con el Padre, en el Espíritu; su existencia volcada hacia el bien ajeno; su fidelidad al Padre en el modo de entender y practicar el “reino de Dios”; el anuncio de salvación a las personas “condenadas” por las autoridades religiosas de su pueblo…

De las dos narraciones evangélicas del nacimiento de Jesús, la narración de Lucas(nacimiento de Jesús en Belén: anuncio del “ángel del Señor”,  visita de pastores, presentación del recién nacido en el templo de Jerusalén y vuelta a Nazaret)  no sólo es históricamente más verosímil que la de Mateo (nacimiento de Jesús en Belén: visita de “magos” guiados por una estrella, huida a Egipto, decreto y matanza de niños inocentes, salida de Egipto y retorno a Nazaret), sino que además refleja mejor el talante humano e histórico de Jesús el Mesías y el Hijo del Padre.

Es cierto que hay otros pasajes del NT que expresan con mayor radicalidad el empobrecimiento experimentado por el Hijo unigénito del Padre en su nacimiento humano. Así, por ejemplo Jn 1,14: “Y la Palabra se hizo carne”; o Fil 2,6-7: [Cristo] “El cual, siendo de condición divina,  no codició ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo, asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre”. Está claro que Lucas con su  lenguaje narrativo no alcanza  la hondura del lenguaje metafísico empleado por Juan y Pablo en los textos citados, pero nos muestra históricamente mejor que Mateo que el nacimiento del Dios Hijo fue un nacimiento a lo pobre.

En cambio, nuestros belenes se atienen sólo a la narración del evangelista Mateo, porque el relato de Mateo responde a nuestro gusto por engrandecer a nuestro Señor y Dios, incluso en las situaciones más humildes.  Más tarde, cuando leemos la vida de Jesús en los Evangelios,  los ojos y el corazón se nos van al Jesús de los milagros, sobre todo tras sus milagros de naturaleza y de revivificación de muertos. ¿Es este Jesús milagrero y vaticinador  de futuros acontecimientos el Dios Hijo que se hizo un hombre como nosotros, semejante en todo a nosotros menos en el pecar?

Tomás de Aragüés
Termino con la trascripción de un poema musicado acertadamente por Tomás de Aragüés, que “pinta” la navidad de nuestro Señor más al estilo de Lucas.

Desde el cielo de la Virgen
vino el niño a los pañales.
A las doce de la noche
y  no Lo esperaba nadie.

¡Cómo temblaba de luz, Padre,
 cómo temblaba el pañuelillo de su carne!
 Tú te asomaste a sus ojos
 abiertos de llanto y aire.

    
           A las doce de la noche
           y  no Lo esperaba nadie.

           Los ángeles por las nubes,
           los pájaros en el sauce,
           los hombres en las tinieblas
          de los sueños y la sangre.

            A las doce de la noche
            y  no Lo esperaba nadie.                                                
 EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista y teólogo


Escuelerías de la escuela

  
    ·    En Grecia ¿a las escuelas empezaron a llamarlas así (scolh: ocio, tiempo libre) porque lo mejor de ellas ha de ser el recreo? 

    ·      Las ikastolas no suenan sólo a griego avascongado.

      ·       “La Escuela de Atenas” de Rafael pasa de los 50 alumnos (53 y 2 maestros) en la misma aula. Nuestros tiempos la cerrarían.

    ·         Todo niño es listo hasta que va a la escuela. En cuanto llega, empieza a ser tonto. (Emiliano Mencía)

·         Dale conque los profesores aprende más de sus alumnos que estos de su profesor… ¿Y qué es lo que aprenden, por favor?
  
·         El profesor aprende literatura porque tiene que explicar a sus alumnos quién es Lope y repetírselo mil veces para que se enteren de algo. Y eso, un año y otro, en una clase y en la contigua, de viva voz y con la pizarra digital, corrigiendo los exámenes escritos y escuchando la confesión del alumno que se entera de Lope por haberlo encontrado en internet.







   
  



·         Los muertos de los camposantos veranean en los edificios vacíos y mudos de los centros escolares que cierran esos tres meses. Cuando llegan los niños del nuevo curso ya se han vuelto a sus tumbas y se quedan quietecitos y horizontales hasta el nuevo verano.

·         El caso anterior ocurre solamente en sociedades opulentas: es un lujo un colegio cerrado por tres meses y la cultura sin techo.  

                                                          CUR




Gimnasia Moderna

Los inspiradores (I)

Como habíamos expuesto en la anterior entrega, el creador de la  Gimnasia moderna, antecesora de la actual Gimnasia rítmica deportiva, fue Rudolf Bode; no obstante, encontró un campo abonado para esa creación gracias a las aportaciones de  unos antecesores en este ámbito que le sirvieron de inspiradores. Estos fueron: Jean George Noverre (siglo XVIII), François Delsarte (siglo XIX); y ya en el siglo XX: Isadora Duncan con su danza natural, Emile Jaques-Dalcroze con la educación rítmica, y Rudolf von Laban y Mary Wigmann a través del expresionismo alemán. Haremos un sucinto recorrido por las aportaciones de estos personajes.


Jean Georges NOVERRE (1727-1810)

Francés, fue  bailarín, coreógrafo y maestro de ballet y de teatro. Desarrolló su actividad como bailarín en las ciudades más importantes de Europa invitado por las cortes culturalmente más influyentes de la época: Berlín, Londres, Estrasburgo, Lyon, París. Como director del Ballet de Opera y Comedia de Stuttgart, logró que esta ciudad se convirtiera en el centro de difusión de las nuevas doctrinas de danza, en la Meca de los bailarines. En 1776 es nombrado “maestro de ballets” de la Ópera de París.

Publica sus "Lettres sur la danse y les ballets", libro  que tendrá muchas ediciones y será traducido al inglés, al alemán y al español. Rompió con muchas pautas de rigidez de la danza tradicional y clásica. Como todo innovador, su vida fue una constante lucha contra la incomprensión, la envidia y los celos de la gente de la danza y del teatro, que no supieron ver la grandeza de sus contribuciones.

Noverre estimaba que el ballet debería tener una acción dramática, "sin exagerar en los divertimentos", describiendo las pasiones, las maneras y los usos de todos los pueblos. La danza debe ser natural y expresiva más que técnica y virtuosa. Rechazaba la máscara que "disimula las afecciones del alma" y proponía un vestuario verídico, ligero y mejor adaptado a la danza.

Su aportación estuvo en la necesidad de involucrar el alma y el sentimiento para darle sentido y razón de ser al movimiento y utilizar a la naturaleza como fuente de inspiración. Decía: “un cuadro de pintura puede imitar a la naturaleza pero el movimiento es naturaleza; este movimiento en la danza debe estar dirigido por el espíritu; debe ser una expresión que produzca turbación y emoción en quién la presencia”. Estas maneras de pensar y de enfocar la danza, establecerían la esencia de la Gimnasia moderna, fuente de acción de esta disciplina.

La mejor prueba de la influencia y de la grandeza de la obra de Noverre la tenemos en que el 19 de octubre, fecha de su muerte, se celebra el día Internacional de la Danza.

FRANCISCO SÁEZ
Universidad de Vigo

           
 PETICIONES A LOS REYES…MAGOS14

De tu mano y de la mía,
llévame al cole, mamá,
que tengo mucho que hacer
y recrearme y pintar.
                                
                             

Para no gastar los pies,
cómprame un coche, papá,
que yo quiero presumir
de ser como los demás.

Tráeme, abuelo, tus juguetes,
que los voy a reciclar;
dame, abuela, unas caricias,
son las que me gustan más.

El niño, venga a pedir;
la familia, venga a dar:
siempre habrá Reyes y pobres
aquí y en Afganistán.

                                  
¡Ilusiones de la vida
desde la infantina edad!
¡Que siga, que siga intacta
la pródiga Navidad!

Maestro y poeta