50. AFDA

 
ÍNDICE PRINCIPAL

Pregón: AFDA 50. Bodas de oro.
Reflexión mensual: Absolutamente inalcanzable. R. Duque de Aza
Traigamos a los clásicos. El zumbón del padre Isla. CUR
Nuestra Escuela de vanguardia: El paso de los días. Griñón 1916. Teódulo
Escuela de intuiciones. Ramiro D. de Aza
Parábolas del peregrino: Parábola del maestro estrellero. CUR
Buzón teológico: Jesús resucitado y el modelo platónico… E. Malvido
Afderías: Afderías del filo del amanecer. A.Labajo. CUR 

Nuestro castillo interior: Catolicismo de corte español. Ramiro D. de Aza
Filosofía de lo sagrado: Geografía de lo sagrado. El templo barroco. CUR
Alta política con estilo: Esta democracia, al banquillo. Ramiro D. de Aza
Soneto desde el sentimiento: Aventura y experiencia. Ángel Hdez.
Nuestras perlas: Bodas de oro de AFDA. Apuleyo y Ángel Hdez.
Educación física: Organización gimnástica. F. Sáez

           
AFDA 50, BODAS DE ORO
Llegamos con este número 50 a las bodas de oro del blog AFDA.
Largo camino hemos hecho. Al paso alegre del estilo y del magisterio que nos propusimos, portavoces y cruzados de hermosos horizontes.
 
Maestros. Hicieron posible el oro de nuestro blog AFDA egregios maestros. De siempre, donde fue posible segar los oros de pequeños y de grandes trigales habían pasado delante sembradores de talla, grandes maestros. Nuestro caso.
Venimos de lejos. Somos hijos, nietos y biznietos del primer director de nuestra Escuela de Magisterio, el egregio H. Nazario González, poeta Orizana, uno de los mejores cerebros que le quedaron a España tras la Guerra Civil. Gran maestro. El oro de hoy es más suyo que nuestro.
Él y ellos pusieron al alcance de nuestras manos los grandes tesoros del Magisterio -los que tocan el Magisterio eterno- en sus personales recipientes vocacionales: el “vir bonus docendi peritus” de Quintiliano,  La Conduite des Écoles Chrétiennes, las Doce virtudes del buen maestro de José Gonlieu, H. Agatón, los Tratados de psicología pedagógica y diferencial de Luis Vives, la Didáctica magna de Comenio …
 
Entonces, además de didácticas, psicologías pedagógicas e historias de la pedagogía, leíamos y afanosos buscábamos raíces en los clásicos cristianos y en quienes entonces eran alféreces del pensamiento europeo: Romano Guardini, Karl Rahner, Schillebeeckx, Zubiri, Laín Entralgo, Aranguren, Muñoz Alonso, Ortega, Unamuno…; para el estilo literario: Azorín, las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, la Historia de Cristo de Papini, el Mío Cid Campeador Hazaña de Vicente Huidobro, el creacionista, el Judíos, moros y cristianos, de Cela...
Raíces. Como publicación, el árbol genealógico de nuestro blog AFDA traía sus raíces de la revista escolar Auras, La Salle de Almería, de los años cincuenta, que en aquellos tiempos de gloria pasaba por cumbre del periodismo escolar en España.
Por donde fuimos -escuelitas, colegios, talleres, instituciones, centros culturales y universidades-, dejamos sembrado el campo de prensa escolar y profesional, cargadas de pensamiento y exigentes para el estilo. Por ejemplo, la Héptada de la Institución Educativa SEK, siete periódicos de siete centros internacionales, durante 10 años.
Santoral propio. Sépase que el oro de estos cincuenta blog AFDA se debe en muy buena parte al santoral propio. Nos protegieron nuestros santos del cielo. Mientras escribimos nosotros y escriben los nuestros sobre la tierra, nos protegen, entre otros muchos: san Marcelo, pintor y gramático, san Félix, músico a lo Francisco Salinas, san Julio Tadeo, san Juanjo Díez, inocente y doctor, el arcangélico san Marino, recreador del fray Gerundio del P. Isla,  san Antonio Arriscado, manchego de pro,… y, también, san Martín, el Humano, que nos hizo la guerra y dio el nombre de la Borrasca a una de nuestras falanges de corte griego; hoy, vela  por nosotros en el mismo Cielo que se nos tiene prometido.
 
 
Gallos de marzo. Y si hemos llegado al oro de nuestro blog, es porque arrancamos con brío y raíces. Empezamos invocando a los gallos de marzo. En el número 1 de AFDA, 1962 se leía en su pregón con nuestra arrogancia de entonces: “Con igual sentido y razón con que florece el almendro, muerde el lobo, alumbran los candiles, machaca la alta cigüeña el ajo  y a la noche la espanta el día  nuevo, a nosotros nos saca hoy la aventura a ser los nuevos gallos de marzo.”
Más adelante, en el pregón del número 3, dábamos la razón última de nuestra irrupción en el mundo. Decíamos ayer: “Nuestra pasión radical de hombres es Cristo. Todas nuestras demás pasiones están flageladas por ella”.
En el nº 2, de cabecero de un artículo sobre la Guerra Civil: “Picó a los caballos para que arrancasen, y estos emprendieron el vuelo entre la tierra y el estrellado cielo ( Ilíada 3,41)”.
 
De mucho más atrás. El blog, de 50 números atrás, pero fue posible porque nosotros veníamos de mucho más lejos.
 
 

Didáctica. En pantalla la palabra Dios arriba, con letras grandes. Abajo, la palabra hombre, letra pequeña. Entre una y otra, una línea de puntos interrumpida por medio para sugerir que en nuestra mente habría de ser infinita la línea.
Al final de la reflexión se cubre de polvo de luz la palabra Dios de forma que no se haya borrado, pero que ya no se lea bien. La palabra hombre desaparece remplazada por un puntito mínimo.

ABSOLUTAMENTE INALCANZABLE
DIOS MUY ARRIBA, TÚ AQUÍ ABAJO
A medio paso del ateísmo andamos los cristianos por estas tierras (Ver, por ejemplo, a Hans Küng). Nos estamos olvidando de Dios. Habremos de volver a la filosofía. A la que lo es realmente nadie le ha puesto el cartelito de cerrada por defunción. Nos ayudará. De la mano marcha de la teología. Gemelas son.
 El Cohelet es claro y sigue siendo palabra de Dios: Dios está en el Cielo y tú en la tierra (Ecl 5,1b) Para el Cohelet el mundo de Dios -absolutamente inalcanzable para los hombres- es muy diverso de su mundo. Son irreconciliables. Esta transcendencia absoluta está en otros muchos lugares de la Biblia. Por ejemplo, en Oseas: “Dios es Dios y no hombre” (Os 11,9), en Job: “Dios es más grande que el hombre” (Job  33,12), etc. En ellos se acude a la imagen vertical de arriba y abajo. El Cielo, reservado a Dios solo, arriba; abajo, el abismo y la tierra, su Creación.
La expresión del Cohelet es lapidaria, inmoviliza. Su correlato, el silencio y un  profundo respeto. “¡Silencio en presencia del Señor!” (Sof 1,7). Sublime confesión de la grandeza y transcendencia divinas.  Por parte de quien se siente muy pequeño, ínfimo, frente a Dios.
La filosofía distingue. Le sirve la imagen vertical del arriba y abajo, pero precisa. Dios muy arriba, sí; pero, no. Véase Zubiri (El hombre y Dios, Alianza Editorial): Dios no nos transciende fuera. Dios no es transcendente a las cosas, sino transcendente en ellas. Lo es, del todo. Para llegar a Dios el hombre no ha de salir de este mundo, sino entrar más en él y llegar a su fundamento. Dios está en el fondo de la Creación como su fundamento. En la experiencia de las realidades de este mundo el hombre tiene la experiencia fundamental de Dios.  Sólo que es preciso saltar a la entraña de las cosas con ojos de filósofo y de poeta.
El gran maestro Nicolás de Cusa es agustiniano en su expresión y siempre penetrante: “Solamente sé que sé que yo no sé qué veo y que jamás podré saberlo. Y no sé nombrarte, ya que no sé lo que eres. Si alguien me dijese que eres nombrado con este o aquel nombre, por el mismo hecho de darte un nombre sé que ese no es tu nombre” (La visión de Dios, cap. XIII).

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional


 

 
EL ZUMBÓN DEL PADRE ISLA
 


A mayor gloria de Dios, de la Compañía y de su Patria


El 24 de marzo de 1703, en la villa de Vidanes, en León, viene al mundo, -AMDG, de la Compañía y de España- el que había de ser el padre José Francisco de Isla de la Torre y Rojo. Pronto se vio que había llegado a este mundo toda una singular promesa literaria. El niño era precoz y muy despierto, independiente, y mostraba una inteligencia de las cosas nada común. Le encantaba leer, leía mucho. A los 11 años, prodigio o casi, ya se gradúa de bachiller. Con 16 ingresa, “a mayor gloria de Dios”, en la Compañía de Jesús. Terminado su noviciado, en Villagarcía de Campos –donde el histórico encuentro de Felipe II y su hermano, el futuro vencedor de Lepanto, don Juan de Austria-, sus superiores le mandan a estudiar a la Universidad de Salamanca filosofía y teología y lo que el joven pueda aprender.


Habla y escribe el mejor castellano que mamó y le acompañó por Castilla, conoce bien el francés y a los 19 le encontramos traduciendo de la lengua vecina la Historia del emperador Teodosio, que había escrito el reputado obispo de Nîmes, Esprit Fléchier. Trabaja en serio en lo que puede resultar gloria para la Compañía y, como es un buen patriota, en lo que mejore y ponga en su sitio el honor de su Patria. Por esto, traduce el Compendio de Historia de España, del jesuita padre Duchesne, traducción que carga de notas y comentarios desenfadados y muy libres, más que meros puntos sobre las íes, al autor francés. La historia de España merece un respeto. Traduce también el Año cristiano del padre Jean Croisset… y más.

. El traducir dice Isla, es sumamente fácil a cualquientre tanta epidemia de ellos”.

Un jesuita que piensa que el chocolate de la Compañía es demasiado claro 

Para acabar con la tropa gerundiana de predicadores gongorinos de su tiempo, se le ocurre echar al mundo un nuevo don Quijote de la Mancha. El nuevo héroe será fray Gerundio. La obra, 1758: Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes. Esta su novela es una serie de lanzadas de bisturí a la hinchazón retórica de la España de su tiempo. Guarda un parecido global con el Quijote, al que recuerda de lejos. Por darle parecido, le pone a su héroe por padrino el nombre de Quijano.

La verdad es que a la hora de observar, el padre Isla es menos señor de los recursos que Cervantes lo es de los suyos. La distancia es enorme.

Éxito y polémica van a la par en la publicación del Fray Gerundio. En tres días se agota la primera edición de 1500 ejemplares, que prohíbe reimprimir “hasta nueva orden” la Inquisición. La Inquisición cae también sobre la segunda parte, que se publicará de forma clandestina. Pero, como la burla es divertida y va acompañada de cuentos y hasta de chascarrillos, y tiene incorporada una didáctica de la oratoria sagrada, el libro salta, entre malos ceños y carcajadas, definitivamente a la fama. Porque aunque el propósito de Isla al escribir la obra es sano –batalla a favor de la sencillez y de la claridad- , la parte satírica del libro se piensa que contribuirá a alimentar la mala imagen de los miembros de las órdenes religiosas entre las clases populares, y que va a ser utilizada como argumento por el anticlericalismo del siglo.


La verdad es que pocas cosas detienen al padre Isla y la cencerrada o al menos la zumba que le merecen diversas actitudes de frailes y de clérigos, de historiadores y de franceses vecinos, inocencias y despistes frailunos… se la sirven en bandeja. Tiene sus particulares puntos de vista y los lanza con regocijo, sin mayor inquina. Así del chocolate de la Compañía piensa que es demasiado claro y en sus clases de filosofía y de teología en Segovia, Santiago de Compostela, Medina del Campo o Pamplona, donde es ingenioso y brillante maestro, presumirá de ser tan claro como el chocolate de la Compañía.
 



El Conde de Aranda nos lo destierra a Bolonia
 


El Conde de Aranda, como el padre Isla, también tiene sobre los temas de su tiempo ideas propias. No le gusta la Compañía y expulsa a la Orden de España. El monarca Borbón, Carlos III, por causas “justas y necesarias que reserva en su real ánimo” firma la orden. La salida ha de ser y es fulminante.

Al padre Isla parte para el destierro en Pontevedra. Es el año 1767. Muy enfermo, marcha al exilio. Pone pie en Córcega y en distintas ciudades italianas hasta llegar a Bolonia. Allí tiene suerte, le hospedan en su Palazzo los condes de Tedeschi. En Bolonia se apagará su llama y para siempre su brío satírico y zumbón. Entrará en contacto con los estudiantes del Real Colegio de España que fundara el conquense cardenal Gil Álvarez de Albornoz. Mientras se apagan sus días, no ceja, mantiene una intensa correspondencia, le da tiempo para realizar voluminosas traducciones de importancia, entre ellas, la menor, la famosa novela picaresca de Alain René Lesage, Gil Blas de Santillana. En su prólogo arremete contra el autor francés al que acusa de entrar a saco en diferentes novelas españolas para componer la suya. Antes de comenzar el siglo XX la traducción del Gil Blas del padre Isla cuenta ya con 56 reimpresiones.  
El padre Isla se nos muere, lejos de su Patria, en Bolonia, el día de los difuntos de 1781.
CUR
Maestro. Profesor de Lengua y Literatura
Emérito UCJC

 
EL PASO DE LOS DÍAS
 
                                           GRIÑÓN 1916
 
El paso de los días, inexorable, llega a fechas que, tiempo atrás, nos parecían inalcanzables, lejanísimas. Este año celebramos los cien años de presencia de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Griñón. Un acontecimiento importante. Una efemérides singular y gratificante. El próximo mes de octubre se cumplirá un siglo desde que comenzó a brillar la estrella lasaliana en las amplias  llanuras de la meseta castellana. Para quienes hemos vivido en Griñón, sobre todo en los años definitorios -¿y definitivos?- de nuestra adolescencia y juventud, este lugar emblemático ha dejado huellas difíciles de borrar. Por eso,  el recuerdo del centenario no solo es memoria del tiempo  que pasó, sino celebración de lo que fue y de lo que somos de la vida que surgió y se alimentó en su suelo nutricio.
Griñón, lugar de encuentro
 
Griñón ha sido para nosotros un lugar de encuentro. De encuentro, en primer lugar, con nosotros como grupos o “tandas” que, después de unos días de tanteos y sorpresas comenzábamos la tarea de conocernos, aceptarnos,  acompañarnos, querernos. Casi la totalidad  de quienes pensamos ahora en los años pasados en Griñón  nos encontramos allí por primera vez y allí  estrenamos  compañía, convivencia, amistad.  Pero también ha sido encuentro con otras cosas. En primer lugar, encuentro con la cultura. Aquí también muchos de nosotros, especialmente llegados de los sencillos y pequeños pueblos de España, salíamos de la precariedad y de la pobreza cultural para encontrarnos con lo que sería uno de nuestros alimentos continuos: la riqueza de la cultura. En Griñón aprendimos a ver con otros ojos, a ampliar el alcance de nuestros horizontes, a vislumbrar campos que, sembrados por otros, nosotros debíamos hacer germinar; a entrar, en definitiva, en un mundo que antes nos estaba vedado. Y este encuentro con la cultura es lo que , en gran medida, nos  ayudó a ser lo que somos.
Pero también   el encuentro fue con otro mundo insospechado: el  mundo de Dios, que comenzó siendo más bien una inmersión en lo religioso, pero que poco a poco (a fuerza de ir sacando la cabeza  del agua y de respirar por nosotros mismos) fue haciéndose parte consciente, voluntaria y libre –también gratificante- de nuestra vida. Y después de Griñón hemos seguido  llevados por “el río de la vida y de  la fe”, en ocasiones arrastrados por la corriente y en otras, nadando  contracorriente. Pero allí nos encontramos con la luz de un Dios que no hemos perdido de vista, a pesar de los necesarios e inesperados eclipses
Pero el encuentro también fue con una familia a la que muchos de nosotros no conocíamos antes de pisar Griñón: la familia de La Salle. El encuentro fue sorprendente al principio, aunque enseguida fuimos conociendo personas, lugares, fechas, lenguaje… y aceptando una herencia espiritual que hicimos nuestra poco a poco y que se convirtió en parte fundamental de nuestra personalidad y en  horizonte particular y compartido de nuestras vidas. Griñón fue el lugar donde  “nació” para nosotros Juan Bautista de la Salle, donde aprendimos a  oír su nombre y a invocarlo diariamente, donde  recorrimos su vida, donde  comenzamos a gustar algo sabroso que nos decían que se llamaba “espíritu” y que luego nos  lo han rebautizado como “carisma”. En Griñón nos encontramos con este gran hombre y con otros que, como al Maestro de Nazaret, le siguieron por caminos insospechados.
Lugar de crecimiento
En Griñón, como insinuaba antes, hemos pasado casi todos nosotros los años clave de la formación de nuestra persona, de la configuración de nuestra personalidad. Bien es cierto que a veces esa personalidad incipiente surgía tímida y era sofocada por la “personalidad oficial”-valga la expresión- en la que se nos educaba. Pero era imposible reprimir los impulsos de vida y  nuestro desarrollo, en un ambiente a veces artificial, -sobre todo mirado desde hoy-, siguió adelante, con sus  debilidades y fortalezas, con sus fracasos y sus logros. Aquellos años nos enseñaron a madurar, y esa maduración se   expresó, en los años definitivos de la adultez, en caminos personales que quizás no habían aparecido, con la  nitidez necesaria, en los tiempos  de Griñón. Por eso, los que nos encontramos por primera vez en Griñón venidos  por caminos diferentes volveremos a encontrarnos, años después, llegados también por caminos diferentes.
 
Pero Griñón nos facilitó el crecimiento personal, la formación –he ahí la palabra clave- en un modo de ser, en unos valores, en un itinerario personal y grupal… condicionado sí, por la cultura del tiempo y marcado por señalado por la necesidad de configurar una personalidad concreta: la de educadores lasalianos. Creo que, con errores y aciertos, esa personalidad se formó, al menos de manera incipiente, en los años de ejercitaciones religiosas y profesionales, y que  esa sementera que fue Griñón, llegó a germinar, crecer y fructificar en  el campo  de tierra buena que éramos nosotros.
 
Crecimiento, también porque, gracias al nuestro, pudimos colaborar al crecimiento de los otros. De nuestra espiga, más o menos granada, iniciamos, cientos y cientos de maestros lasalianos, la siembra en escuelas y colegios  de una sociedad  sedienta de saber y hambrienta de  cultura. Por lo menos en los años duros de nuestro querido siglo XX.  Griñón propició la formación de generaciones de maestros que hicieron posible  el crecimiento de la cultura, en la España necesitada y  agradecida.
Lugar de celebración
Pero Griñón no solo fue lugar de trascendencias, sino también de realidades más cercanas, humanas, vitales. En Griñón hemos celebrado muchas cosas: desde  la amistad incipiente a cierta felicidad compartida; desde el contacto con la naturaleza hasta la  asimilación y  recreación de la herencia cultural; desde la hondura religiosa a ciertos acontecimientos plenamente seculares; desde el arte religioso al arte profano… Y, quizás lo más importante, hemos celebrado acontecimientos de nuestra vida, jalones de nuestra existencia que eran como los “ritos de paso” (o de pasaje) y como caminos de acceso a la madurez anhelada: “toma de hábito”, “emisión de votos”, título de maestro, salida “a comunidad”. Y hemos celebrado también  situaciones de vida que, sin ser  tan importantes, alegraban nuestra existencia: los paseos a Batres, los juegos, las jornadas de vendimia, el contacto con la naturaleza…      
                                                 ***    ***    ***
Celebrar los cien años de Griñón tiene varias dimensiones. Quizás yo he  subrayado más la personal  y, en cierto modo, afectiva; pero también está el significado social de una Escuela de Magisterio como la de nuestro Escolasticado, abriendo caminos nuevos a la pedagogía, la presencia de un Noviciado como testimonio de vida consagrada, quizás más  patente  y conocido por la gente en su segunda etapa (1979-2005) que en la primera; la acción educadora que, a través de la Escuela gratuita –hoy “Colegio La Salle”-, se fue generando en la comarca; la  búsqueda de nuevos caminos de formación en la vida religiosa;  la emergencia de generaciones de educadores y maestros que, sin costarle apenas nada al Estado, fueron luego factores decisivos en la elevación del gentes y pueblos de España.  Y digo basta aquí.
Durante casi un curso entero (2016-2017) celebraremos el Centenario de la presencia de La Salle en Griñón. Se nos convocará a evocar, rememorar, celebrar, compartir. Espero que el fuego de aquella llama primera o la luz que recibimos de la estrella lasaliana sean estímulos para tensar nuestro espíritu y templar nuestro corazón de lasalianos griñoneses. Hasta pronto.
                                                                         TEÓDULO GARCÍA REGIDOR, FSC
Profesor del Centro Universitario La Salle
 



          
ESCUELA DE INTUICIONES
                                            
                                                                                                                                             
A nosotros, como maestros, se nos enseñó a no quedarnos en la periferia de nada. En todo habríamos de llevar por delante de nuestro ser y hacer al filósofo que somos, el que pensaba Sócrates, el semejante al perro, que no se queda en el hueso, sino que le clava el diente para dar con la médula. Lo nuestro era no descansar hasta dar con la entraña y sustancia de las cosas.
 
Entre nosotros la Escuela enseña y educa. No puede por menos si es escuela. No puede contentarse con trasmitir conceptos, la periferia de las cosas, su terminación límite, la delgadísima línea quebrada que dibuja los polígonos.  Con ellos puede bastar para manejarse en la geometría de la vida, no más. Pura superficie. No nos habría de bastar a nosotros.
 
Henri Bergson
A nosotros nos enseñaron a saltar a la entraña de las cosas, al centro del polígono, al interior del área de toda realidad. Más allá del conocer por conceptos la realidad, intus ire, se nos decía, ir dentro, hay que intuirla, llegar a ella mediante la intuición. Y se nos acercaba a la idea de la intuición de Henri Bergson, “mediante la que nos transportamos al interior de un objeto para coincidir en lo que tiene de único y, en consecuencia, de inexpresable” (Introduction à la Metaphysique, pág. 3).
 
En la persona hay tres zonas de trato con las cosas. Sucesivamente, de fuera a dentro: la de los sentidos, la de las facultades y la del yo profundo o centro del alma.
 
Por ejemplo, la luz la perciben nuestros ojos (zona de los sentidos); la entienden y tocan como realidad física y metafísica la inteligencia, la voluntad  y la sensibilidad (zona de las facultades);  la ve como realidad inefable, cuya entidad se aplica a Dios, Luz de Luz, a una materia casi espiritual en las catedrales  góticas y a la mera luz del día, maravilla indefinible capaz de desmayo –como en el endecasílabo de Quevedo: “desmayarse la luz y anochecerse”-, que nos amanece a diario y encerramos en bombillas.
 
El poeta y el filósofo están en mejores condiciones de ver la luz en su entraña y, por ello, todo hombre, pues que a todos nos nacieron poetas y filósofos y lo seguimos siendo, si es que no dejamos que se nos muriera el poeta-filósofo con el que nacimos, entre las circunstancias mediocres de la vida. 
 
En gran parte la mediocridad de nuestra educación española al día proviene de que nos hemos ido quedando en los conceptos. De las grandes realidades: la persona, Dios, la cultura, la historia, la palabra… en la escuela española se manejan hoy conceptos, no intuiciones.
Al alumno -otro ejemplo- se le da a lo sumo la definición más precisa y clásica de persona, la de Boecio: “sustancia espiritual de naturaleza racional, naturæ rationalis individua substantia”. Y ahí nos quedamos, con su conceptualización. No estremece al profesor ni al alumno en su yo profundo la realidad inefable y maravillosa de la persona porque ni uno ni otro parten o llegan a su intuición. No se le dan al alumno condiciones para dar el salto intuitivo, a lo Bergson.
De darse el salto, realidades como el reverente respeto al prójimo, el aborto asesino, la cobarde eutanasia… estarían claros y casi resueltos. Eso, sin caer en la ingenuidad de Sócrates de que el hombre deja de ser injusto en cuanto sabe lo que es la justicia. Aunque Sócrates pensara en conocerla por la intuición de que hablamos, la libertad del hombre es tal que puede negarse y rechazar la misma luz. Lo que el NT llama el pecado contra el Espíritu. De ahí nuestro “casi resueltos” de más arriba.
Volveremos sobre el tema, con ejemplos.
RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional

 
“¿Reparasteis alguna vez en un perro que encuentra un hueso con tuétano? Como dice Platón (Libro II De la República), el perro es el animal más filósofo del mundo. Si lo habéis visto, habréis podido observar con qué devoción lo mira, con qué cuidado lo considera, con qué fervor lo coge, con qué prudencia empieza a succionarlo, con qué afecto lo parte, con qué diligencia lo lame. ¿Quién le ha inducido a hacer eso? ¿Qué espera conseguir? ¿Qué bien pretende? Nada más que un poco de tuétano. Verdad es que ese poco es más delicioso que cualquier otro alimento, ya que es una sustancia nutritiva que Natura elabora con perfección…
Según este ejemplo, os conviene ser mesurados para gustar, sentir y estimar estos bellos libros, graciosos por fuera, ligeros en la persecución y osados en el encuentro; luego, leyendo con curiosidad y meditando frecuentemente, quebrad el hueso y chupad la sustancia medula…”
Gargantúa y Pantagruel (1532). Francois Rabelais 

         


PARÁBOLA DEL PEREGRINO MAESTRO ESTRELLERO



Fui maestro. Señalaba a mis alumnos con el índice de mi mano derecha hacia donde tenían que mirar. Les enseñé a mirar a las estrellas. Yo estaba feliz con que levantaran la vista hacia el alto cielo. Y ellos, ricos con la plata que les llovía de las estrellas de la noche.

La plata que ellos recogieron del suelo que puso a sus pies mi magisterio, me sirve para pagar mi último pasaje ahora hacia el firmamento definitivo, la plata que a ellos les hizo ricos. 

Con ella pago mi pasaje a la eternidad.

Me veneraron como maestro. No hice más que señalarles con el índice.

Su plata alcanzó para ellos y para mí.

CUR
 


JESÚS RESUCITADO Y EL MODELO PLATÓNICO DE VENCER A LA MUERTE


Hace algunos años el protestante Óscar Cullmann escribió un libro con el siguiente título: ¿Inmortalidad del alma o resurrección de los muertos? El famoso teólogo, invitado por Pablo VI como observador en el concilio Vaticano II, compara la modalidad platónica de entender el destino final del ser humano con la modalidad cristiana, y advierte seriamente: “Existe una diferencia radical entre la esperanza cristiana de la resurrección de los muertos y la creencia griega de la inmortalidad del alma” (p. 8). Y unas páginas más adelante (p. 15) denuncia como “uno de los errores más graves en relación con el cristianismo” la práctica identificación que muchos cristianos establecen entre ambas modalidades. Aquí me voy a limitar a poner de manifiesto cómo son, efectivamente,  muchos los cristianos que se vuelven platónicos de cara al destino del ser humano tras la muerte.

Comienzo por exponer la fe de la Iglesia católica en la resurrección de Jesús de Nazaret. Tengamos en cuenta que los fieles cristianos estamos de acuerdo en la confesión de los hechos que tienen que ver con la resurrección de Jesús, y no con los cómos: cómo se produjo  la resurrección de Jesús, cómo es un Resucitado, cómo se apareció Jesús resucitado a sus testigos… Pienso que la resurrección de los muertos es una acción que solamente Dios puede llevarla a cabo y que escapa por completo a las entendederas humanas. Otro tanto se puede asegurar respecto de la creación. El cosmos es una realidad evidente, pero nosotros los humanos no sabemos ni sabremos nunca cómo ha tenido lugar.

Pues bien, la fe cristiana afirma los siguientes hechos sobre el destino final de Jesucristo:

·        Dios, mediante la resurrección, ha constituido a Jesucristo en el primogénito o en la primicia de los muertos (Col 1,18; 1 Cor 15,20; Ap 1,5). Jesucristo es el primero y hasta ahora el único resucitado de entre los muertos.

·        Cuando los cristianos afirman que Dios ha resucitado a Jesús de Nazaret de entre los muertos, declaran que el Crucificado Jesús no continúa  muerto entre los muertos, sino que su persona  está viva  en cuerpo y alma, y que su yo, al mismo tiempo, ha sido trasformado en cuerpo y alma gloriosos.

·        Los primeros cristianos insisten, por un lado, en que la sepultura donde había sido introducido su cuerpo muerto fue encontrada vacía (Lc 24,5: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”) y, por otro lado, afirman de Jesús de Nazaret que, a diferencia del admirado rey  David, y a diferencia de cualquier otro muerto, el Muerto por crucifixión  “ni fue abandonado en el Hades ni su carne experimentó la corrupción” (Hech 2,31; cf  13,37). Si el cuerpo de Jesús se hubiese corrompido, si hubiese caído bajo el dominio absoluto de la muerte, si se hubiese convertido en cadáver, en modo alguno podría hablarse de la resurrección de Jesús de Nazaret.

Semejante acción, que ha hecho vivir al Crucificado Jesús de Nazaret y convertirlo a la vez en el primer hombre de la era escatológica plena, no puede ser obra más que de Dios. El NT es constante en atribuir a Dios la resurrección de Jesús. Ya sea con una formulación activa (“Dios lo resucitó de entre los muertos”), ya sea con una formulación pasiva (“fue resucitado por Dios de entre los muertos”), el NT considera la resurrección de Jesús como la acción que lleva en exclusiva la firma de Dios (cf Hech 2,32; Rom 4,24; 1 Cor 5,15; …). Sólo hay dos textos que hablan de la resurrección como de una acción cuyo sujeto agente es el propio resucitado Jesús de Nazaret (cf Rom 8,34 y 1Tes 4,14). El sujeto de la muerte en cruz, Jesús, continúa siendo el mismo sujeto en el hecho de la resurrección: “Cristo Jesús, el que murió, más aún, el que resucitó”. Jesús aparece como sujeto de la resurrección simplemente por mantener la continuidad sintáctica del sujeto. El único autor de la resurrección de Jesús es Dios.

Contrariamente a la manera de expresarse del NT, los Símbolos de la fe cristiana (=Credos) dan a entender que fue el propio Jesús de Nazaret quien se resucitó a sí mismo (“y resucitó al tercer día”). El tiempo en que se elaboraron los Símbolos de la fe fue un tiempo influido grandemente por el helenismo y por la forma conceptual de expresión metafísica. Sólo el contexto de la cultura  helenística explica la aparición en el Credo del término “homoousios” (=misma substancia), así como la proclamación de que Jesucristo “resucitó de entre los muertos”  como Dios que es, “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de  Dios verdadero”… En el predominante contexto cultural judío del NT, tales fórmulas de expresión son inconcebibles.

El acontecimiento de la resurrección de Jesús significó para los primeros cristianos el destino último del hombre Jesús y su vuelta como Hijo glorioso a la vida eterna de comunión entre las divinas Personas.

Es el momento de contrastar finalmente  el modo de vencer a la muerte por parte de la fe cristiana en la resurrección de Jesús y en la de los muertos con el modelo que propone Platón.

1. El cristianismo proclama la resurrección de Jesús de entre los muertos como la única modalidad de vida bienaventurada, mientras que los seguidores de la doctrina escatológica de Platón defienden como única la felicidad celestial de las almas. Lo extraño que resultaba a los griegos el anuncio de la resurrección de los muertos se ve claramente en la reacción de los atenienses cuando Pablo les notificó que Dios había resucitado de entre los muertos a un hombre, a Jesús de Nazaret (Hech 17,34: “Al oír la resurrección de los muertos, unos se burlaron y otros dijeron: Sobre esto ya te oiremos otra vez”).

                2. Los Apóstoles proclaman la resurrección de Jesús como un hecho que sólo ha podido ser producido directamente por el poder soberano y libre de Dios: “a este Jesús Dios lo resucitó” (Hech 2,32). Los filósofos griegos, en cambio, aseguran la ascensión inmediata al cielo de las almas de los justos fallecidos, basándose para ello en la naturaleza inmortal del espíritu humano. La esperanza escatológica de los cristianos se fundamenta en la fe en el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos. La esperanza escatológica de los filósofos griegos es una conclusión derivada racionalmente de la esencia inmortal de sus propias almas.

                 3. En la vida del cielo, Jesucristo resucitado continúa ejerciendo, a un nivel u orden superior, la mediación reveladora y salvadora entre Dios y los seres humanos que el Hijo eterno realizó en sus días de hombre histórico. En el ámbito celestial de los espíritus desencarnados de la doctrina de Platón, por el contrario, no se habla de ningún Mediador particular en las relaciones entre los espíritus y la divinidad.

Es  algo muy natural y espontáneo que, ante la humillante visión que la muerte deja en el cuerpo del fallecido, los cristianos se adhieran razonablemente a la doctrina de Platón sobre la inmortalidad del alma del muerto y que se consuelen pensando que el alma del querido difunto esté ya disfrutando de la  vida inmortal de Dios. Es mucho más difícil creer y fiarse de un Dios que resucitó a su Hijo Jesús antes de caer bajo el dominio total de la muerte y que resucitará al fiel difunto después de que su cuerpo se haya convertido en polvo. Quien de verdad se fía de un Dios creador y resucitador de cuerpos y almas logrará superar la tentación de consolarse recurriendo a la teoría no probada de que el alma humana es en sí y por ella sola inmortal.

                                              EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista y teólogo

 


 
 


              
CATOLICISMO DE CORTE ESPAÑOL



Catedral gótica de Ulm, Alemania
Todo es poco.  Cuanto más aumenta extramuros la desbandada hacia el abismo, el derrumbe de cuanto noble hasta ayer se mantenía en pie y la nada y la miseria se presenten como Paraíso, más ha de adensarse la inteligencia, la vida espiritual y la fuerza interior dentro de nuestro castillo.
Que nada noble se pierda de las vigorosas culturas que alimentaron la historia de nuestro planeta. Nuestro Cristianismo puede salvar todo lo bueno que nos dejaron en herencia. Lo fue salvando y mejorando en el trascurso de la historia al acercarse a ellas. Se puso a imitar el Imperio romano y creó el Sacro Imperio Romano Germánico; leyó a Aristóteles y a Platón y creó la Suma Teológica de Santo Tomás y la Escolástica, el Breviloquium Itinerarium mentis in Deum y las 94 obras de San Buenaventura; se fijó en Altamira y en el arte rupestre y llenó el mundo de cuadros cristianos medievales, renacentistas y barrocos; a la sombra de los cedros del Líbano levantó catedrales góticas para la eternidad…
Siempre fue hacia adelante y, siempre, como le ocurre a la vida vigorosa, rebasaba su propio sistema, superaba su propia zancada y excedía su propio plan. Y eso, con hombres, es decir, con sujetos imperfectos, torpes y hasta corruptos.

                    Cedros del Líbano, símbolo de inmortalidad.                          
Mayor cantidad de vida no hay sistema filosófico vitalista que supere al Cristianismo.
Al fuego de esta vida cristiana es al que echamos leños secos en nuestro castillo interior. La llama ha de arder sin interrupción. En el bosque del misterio del Catolicismo del entrañable  estilo español cortamos la madera de su verdad, de su belleza y de su bondad, troncos eternos para un fuego perdurable, tesoro y reserva espiritual del mundo.

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional
             


 

Geografía de lo sagrado


5. EL TEMPLO BARROCO, SALA DE CELEBRACIONES


El estremecimiento de lo sagrado no sacude menos en el siglo XVII y XVIII los templos barrocos que sacudió siglos atrás los robustos muros de los monasterios románicos y el vuelo en piedra y vidrieras de las catedrales góticas. 

No es de extrañar que se levantaran iglesias en las que se respira la alegría de músicas, ornamentos, luces y colores propios de las salas de  baile de los palacios. Allí está Su Divina Majestad, asistida por su Corte celestial en pleno. La Iglesia militante celebra: festeja y ora. El Reino de los Cielos ya ha empezado en la tierra. Los cristianos son santos, lo dice la Biblia y lo reafirma y escribe con letras para siglos el Concilio de Trento. Los templos son antesalas del Cielo. Con los santos de la tierra han de estar presentes los bienaventurados de la Gloria en la fiesta que, principalmente, es de banquete de bodas (la misa).



Iglesia del Carmen. Antequera. 
               Los retablos son altares que se ponen en pie, despliegan la vela de su navegación hacia la Gloria, señalan al cielo y hasta lo tocan. Los santos se encaraman al retablo mayor. Los que no caben se reparten por las capillas laterales del templo. No pueden faltar a la fiesta de conmemoración y triunfo. Hasta la naturaleza enrosca racimos, hojas y flores a las columnas  salomónicas, éstas en perenne danza de júbilo. Y todo ha resplandecer y estallar de luz. El oro, metal que más brilla y más precioso, si es posible, debe cubrirlo todo.


Iglesia de los Santos Mártires. Málaga
 
Formado en la lucha de la Contrarreforma, el barroco vino a representar una cultura que vive inmersa en un triunfante momento de exaltación creadora, que se consume en Dios y en el hombre, cultura antieconómica que gasta su oro y su capital, alegre y espléndidamente, en un todo o nada. Todo por el amor de Dios y de su Cristiandad, aunque se pierda el mundo.

Fiesta y respeto sagrado. Nos purificamos. Tomamos agua bendita al entrar en el templo. Se nos exige ritual vestido de fiesta en el alma pues que vamos a sentarnos a la mesa del banquete de bodas del Hijo de Dios. Sagrada ocasión.

Calderón ha compuesto una obra magna, genial, síntesis: “El gran teatro del mundo”. El barroco es arte altamente teatral, pero lo es desde su clave metafísica, que abarcando lo clásico, lo finito, puede fundirlo con lo infinito. Dios vuelve al mundo, a su palacio, a su templo, a deleitarse con los hijos de los hombres. Afirma el barroco el mundo y su carácter sacro, se rinde extático ante el Dios de todos los Esplendores. Si la Edad Media fue, en alguna medida, una primavera inocente e infantil, el barroco era el otoño que tiene conciencia de la medida de su propia grandeza y de la herencia temporal que ha recibido. Esto hizo que su rendición ante Dios fuera una magna obra de arte.


                            CARLOS URDIALES RECIO

Maestro. Ciencias religiosas. Univ. Lateranensis


 



ESTA DEMOCRACIA, AL BANQUILLO

Hoy se admite no sólo sin rebozo sino como indiscutible verdad que la democracia al día es el supremo valor de las sociedades. Incluso pasa por encima de la realidad nación, de forma que la patria, tal como ha sido y en buena parte continúa siendo, puede desdibujarse en la lejanía desplazada por una mera veleidad democrática. Lo permanente hoy es la democracia, no la nación. La patria no pasa de considerarse como una hierba que a la mañana creció y a la tarde puede marchitarse y morir, un mero suspiro de siglos.
 
El sistema democrático ha ganado tal prestigio que las sociedades no democráticas estructuradas políticamente tratan por todos los medios de exhibir cualidades democráticas.
Aristóteles, hace 26 siglos tenía mayor horizonte. Para el peripatético el gobierno de las sociedades admitía tres formas: la monárquica (un único jefe, rey o caudillo), la aristocrática (gobierno de los mejores) y la democrática (gobierno del pueblo). Para Aristóteles estas tres formas de gobierno las justificaba el servicio de la sociedad, la sociedad era la gran señora; la forma de gobierno, monarquía, aristocracia o democracia, el modo o medio de servirla y de mantenerla grande y mejor.
A nosotros se nos antoja que elevar la democracia –“la que nos hemos dado” y las demás variantes posibles de la democracia de Aristóteles-  por encima de la sociedad es una forma de la idolatría. Al medio se le coloca donde habría de estar el fin. Se deja de servir con ello a la sociedad  portadora y fuente de valores, para servir a una formalidad llamada democracia. Nos hemos detenido en el peldaño anterior. La patria está en desamparo. Y el peligro no es el enemigo que ha saltado los Pirineos o ha cruzado el Estrecho y se nos echa encima, sino el que, desde dentro de nosotros, entre nosotros, no se haya llegado a la sociedad que era el fin, porque nos hemos quedado en el juego democrático, formalista.
La democracia como ideal supremo es una mera ilusión y su realización concreta despersonaliza si no es que ya es beligerantemente antipersonal y antisocial.
Si lo que se pretende es no escandalizar a quienes veneran el vocablo democracia, presentándola como el menor de los malos sistemas de organización política, entonces podremos hablar de democracia a sabiendas de que con este término expresamos realidades distintas.
La democracia, desde el arranque de su etimología, es el gobierno del pueblo. Naturalmente si gobierna el pueblo su gobierno será en beneficio del pueblo y para el pueblo. La justicia –aspiración social- que se supone innata en el pueblo se va a confundir con la legalidad –elemento de gobierno-, confusión con la que  se corre el peligro  de eliminar o la justicia o la legalidad con riesgo para el mantenimiento  del orden, sin el que ni  lo justo ni lo legal perduran.
La democracia vigente se propone la igualdad, la libertad y una fraternidad universal sin padre. Pero una igualdad y una libertad sin contenidos, puramente formal, son vacías, no ofrecen nada ni a las personas ni a las sociedades. Asentada la libertad y la igualdad como fuentes de valores se ofrece al pueblo una fuente sin agua. Mejor sería ofrecerle agua que mane sin caño, a que el caño de bronce o de oro luzca seco.
La única mística posible en democracia sería la fraternidad, una fraternidad en nuestro caso sin padre, que carcome la envidia y el rencor. Y en cuanto a la igualdad la democracia al día logra su mejor conquista al deslizar la existencia sobre un plano horizontal y que nada ni nadie pueda alzarse sobre ella para verticalizarla.
Esta democracia nuestra se ha negado a levantar sus ojos al cielo. El tiempo de los luceros se lo ha prohibido a sí misma. Marcha con la vista en el suelo del más puro materialismo capitalista o comunista. Todo se reduce en ella a economía y comercio de mercancías. Las naciones democráticas hoy son patrias sin misión de destino espiritual o cultural en lo universal. Hemos vuelto, sin gracia, al pan y circo del paganismo. Esta democracia nos funde con la tierra, no pasamos de ser tierra, pura tierra, con un juego de formalidades para sentirnos gusanos iguales, libres y hermanados en masas.
No es una casualidad el hecho de que su desarrollo  corra parejas con la degeneración de la que la democracia es a la vez, causa y efecto.
 (Habrá que continuar estas consideraciones)
RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional
 
NB.  Cuando son los partidos los que condicionan la vida del Estado y su cerebro gobernante, no es lícito hablar de Estado democrático. Es obligado calificar a tal Estado como Estado partitocrático. Esto supone la depravación de la democracia. La involución del demos (δῆμος) del pueblo, en los partidos, priva a los ciudadanos de los inalienables derechos de gobernarse a sí mismos, de su cratos (κράτος).
 



   
                                    BODAS DE ORO DE AFDA

 

 
Mi “Magisterio y Estilo”,
siempre “al filo
del amanecer”,
celebra sus bodas de oro.
¡Cuán insólito placer”. 

Un poema voyle a hacer
para que quede constancia
de que educar a la infancia
es derecho y es deber. 

¡Maestros, a la enseñanza!,
que al fin tendréis la alabanza
que os sea menester,
aunque este párvulo mundo
no aprecie vuestro fecundo
trabajo a más no poder. 

Bodas de oro, y a seguir
plantando pedagogía
por toda la geografía
del conocer y el sentir. 

                                                                                      Apuleyo Soto
 
 

 


BODAS DE ORO

 

Doblaba sus mitades el siglo en Almería
y  un sol de juventudes su filo amanecía.
Aurelio y Federico y Urdiales y Mencía
se asomaban gozosos: el cielo sonreía.
 
Oscura, turbia nube  de necia jerarquía
cubrió de falso celo la llama que nacía.
Mas no apagó el rescoldó que el viento avivaría:
el fuego crece siempre,  la nube está vacía. 
Una década solo, y ese sol volvería
al soplo de una brisa que a  refrescar venía.
“Borrasca” la llamara quien su caudal temía,
cuando era savia fresca que vida nos traía. 
AFDA volvió de nuevo, la antorcha se encendía
de Amistad Lasaliana: el rescoldo vivía.
Cientos de amaneceres que Aurelio nos servía
cargados de experiencia, de luz que renacía. 
Y hace solo unos años nueva antorcha prendía
y en tallos virtuales sus pétalos abría;
fecundo pensamiento, que en nueva flor ardía;
fue CUR quien nos la trajo: AFDA, bella, lucía.
 
Hoy la vimos radiante. Bodas de oro cumplía.

Más hermosa que nunca, su blanca luz tendía.
Ya no es tan solo el filo que tímido salía
sobre el lomo del monte: es sol que cegaría.
                                    Á. Hdez.






 





ORGANIZACIÓN  GIMNÁSTICA


Federación Internacional de Gimnasia

En el ámbito reglado y deportivo, la gimnasia está regida por la Federación Internacional de Gimnasia (FIG), fundada en Lieja (Holanda) en 1881, y cuyo primer presidente fue Nicolás J. Cuperus.  La FIG coordina y une a las respectivas federaciones de ámbito nacional. En España la institución que ostenta su máxima competencia es la Real Federación Española de Gimnasia (RFEG); supeditadas a ella, están las federaciones autonómicas. Todas estas entidades responden y respetan, por orden jerárquico, unos mismos criterios de tipo estructural y organizativo.


La FIG integra unas determinadas disciplinas afines pero reglamentariamente independientes: son las modalidades gimnásticas o, según la última tendencia de la de la RFEG,  especialidades gimnásticas. De hecho son disciplinas deportivas diferentes entre sí. Éstas son siete: Gimnasia artística masculina, Gimnasia artística femenina, Gimnasia rítmica, Gimnasia trampolín, Gimnasia aeróbica, Gimnasia acrobática y Gimnasia para todos.



La Gimnasia artística masculina es la modalidad original del primitivo turnen alemán; la Gimnasia artística femenina fue una adaptación posterior a las condiciones femeninas; el trampolín surge a partir de la creación de los aparatos altamente elásticos; la Gimnasia acrobática, desarrollada en Rusia a principios del siglo XX, es una de las derivaciones del turnen; la Gimnasia para todos, demostrativa y no competitiva, aflora con el movimiento neosueco.

 

La modalidad de Gimnasia rítmica deportiva, predominantemente femenina, tiene sus orígenes en la evolución de la “Gimnasia moderna” o de expresión rítmica; la Gimnasia aeróbica, es la más joven de las modalidades, cuyas raíces se encuentran en la gimnasia jazz, creada por la profesora sueca de EF Mónica Beckman en 1963; es una conjunción de la gimnasia neosueca y la gimnasia moderna, basada en los ritmos afroamericanos con su música sincopada precursora del jazz, el ragtime.

 


Cada modalidad está integrada por unas determinadas pruebas o aparatos. La tendencia actual se encamina a aumentar el número de modalidades en vigencia con la diversificación que caracteriza el modelo deportivo actual. Se observa también, una tendencia a hacer combinaciones de las modalidades gimnásticas existentes, incluso con simbiosis de otras no gimnásticas como el aquagim, con el fin de incrementar el caudal de posibilidades de ejecución gimnástica. Otro ejemplo de éstas asociaciones la encontramos en la unión de las modalidades de Gimnasia acrobática y el Aeróbic; da como resultado el acroaeróbic.

 
La Gimnasia artística masculina y Gimnasia artística femenina constan de las pruebas o aparatos gimnásticos siguientes, citados por orden de actuación en competición; son:
 

- Gimnasia artística masculina: suelo, caballo con arcos, anillas, caballo de salto, barras paralelas y barra fija.

- Gimnasia artística femenina: caballo de saltos, paralelas asimétricas, barra de equilibrios y suelo.


La modalidad de Trampolín, afín a la Gimnasia artística, consta de las tres pruebas siguientes: suelo acrobático (tumbling), doble miminitramp y cama elástica. Ésta última es el trampolín que le da nombre a la modalidad

 

FRANCISCO SÁEZ PASTOR

Maestro. Universidad de Vigo