62. AFDA





ÍNDICE PRINCIPAL
 
Pregón: Encuentro de primavera 2017.
Nuestra Escuela reflexiona: El gran horizonte nos salvó. CUR
Nuestra Escuela se sumerge en la Biblia: Jacob y el plato de lentejas (II). Zereutes
Dios es amor: Creo en el Espíritu Santo (VIII). E. Malvido
Hemos leído: La Salle en Griñón. Cien años de fecunda sementera
Nuestra escuela celebra aniversarios: San Camilo, 1936. Á. Hernández
Alta política con estilo: Dios piensa en España. R. Duque de Aza
Afderías: La Cibelerías. CUR
Soneto desde el sentimiento: Rendida admiración. Á. Hdez.
Rincón de Apuleyo: Al otro lado hay alguien. Oda al libro de papel
Pinceladas del natural: Capricho. El cielo tuvo un lunar. Á. Hdez.
Sin echar el ancla: Mirinechea. Teódulo
Educación física: La condición física. F. Sáez
EP 2017

         
   
    ENCUENTRO DE PRIMAVERA 2017

A finales de mayo tendrá lugar nuestro anual Encuentro de Primavera. En Cádiz. Se promete feliz. Apetecido por nosotros, bien organizado, cargado con el magisterio y del estilo que nos es común empeño, nada le va a faltar. Será un nuevo tirón al nudo de nuestra añeja y enriquecedora amistad.
Las comunes raíces harán que, por debajo de su superficie de gratos momentos, el encuentro alcance la profundidad que le es propia. Je ne suis pas un spectacle, afirmaba el poeta Gabriel Marcel. Lo nuestro tampoco es un mero espectáculo, es un encuentro.
El espectáculo divierte, vierte hacia afuera. Nuestro encuentro nos divierte, pero, sobre todo, nos recrea, nos  adensa, nos enraíza hacia dentro.
Nuestra piedad –suma de la pietas romana y la vigorosa piedad cristiana- ahonda en estos encuentros sus raíces. Son ocasión de que nos  confirmemos en nuestra irrenunciable reverencia ante el Misterio de Dios, el misterio del Mundo, el misterio del Pensamiento y el misterio de la Palabra.
De siempre nos atrajeron estas raíces y de siempre nos sobrecogieron con su transcendencia. De ellas es de donde brota y crece poderoso nuestro propósito de magisterio y de estilo, el culto a la Biblia, la veneración de la Cultura, la consideración de hogar de la Iglesia y  la fuerza de la Escuela.
Nuestro encuentro gaditano de primavera será, por ello, un espectáculo feliz y un feliz  ahondamiento de nuestras comunes raíces. 


          
        EL GRAN HORIZONTE NOS SALVÓ


A nosotros nunca se nos propuso ser felices. Por nuestra parte, nosotros nunca nos lo planteamos como meta.  
Nuestros padres y profesores nos querían bien, deseaban los mejor para nosotros y nunca la palabra meta la identificaron con la palabra felicidad. Su horizonte era Dios Todopoderoso, el mundo que teníamos delante y lo que podríamos hacer nosotros en el servicio de Dios y en bien de los demás. Nuestro trabajo futuro sería un servicio social, perfecto. No sabíamos para qué cosas, pero sabíamos que  habíamos nacido para grandes cosas.  Esto estaba claro. Llevábamos unos apellidos. Pertenecíamos a la nobleza de una familia laboriosa de hermosas costumbres. Estábamos también orgullosos de pertenecer a una gran Patria, España.
Luego, cosas de la vida, hasta pequeñas consignas hacían de bolardos a los que amarrar proyectos de mayor calado y volumen. Fuimos haciendo nuestras expresiones insignificantes al parecer, hoy desdeñadas, impulsos elementales, vigorosos, sencillos. De mi padre y abuelo, la frase “¡que no se diga!”. De todas partes, entonces: “inasequibles al desaliento”, hoy propósito considerado fascista. De uno de mis profesores: “el deber, el deber, el deber”. De la política italiana de entonces: “Estamos contra la vida cómoda”…
Un ambiente de superación, de enorme ambición y de gran horizonte nos envolvía en la escuela. Nos subyugaba el ideal espartano ante el sufrimiento. El mundo nos resultaba pequeño. Teníamos multitud de preguntas que hacer. Queríamos saberlo todo de todo.
En la escuela nuestros maestros  nos enseñaron lo que pudieron. Algunos profesores solamente el ser buenas personas. Otros, ciencias y letras. Alguno excepcional, las cimas del espíritu y nos hizo filósofos y poetas, en el sentido de creadores.
Nos hicimos maestros. A trancas y barrancas sacamos varios títulos que nos permitían la más alta docencia. Empezamos enseñando más de lo que se nos pedía, sobre todo en la dirección del hombre, del espíritu  y de la ilusión. 
Así empezó la cosa. En la que seguimos, ya como podemos.
CUR
         
 Jacob y el plato de lentejas de Esaú (II)

Un buen día lo que iba a ocurrir fue tremendo. Resultó que el formidable cazador Esaú había salido de caza y se las prometía como nunca. Se alejó de casa a lugares conocidos por su abundante y buena caza, subió laderas, saltó arroyos, recorrió valles, traspasó puertos, se internó en bosques, sin comer, entró en cuevas, persiguió fieras y pájaros que se le escaparon una y otra vez... Volvía a casa, de vacío, hambriento y hecho unos zorros. Su hermano, excelente cocinero, acababa de preparar un potaje de lentejas, de las suculentas lentejas de Egipto, las mejores de todo el Oriente. ¡Olían, que eran una tentación! ¡Tenían un color rojo, por una especia muy preciada traída del Oriente Lejano, que quitaba el sentido!
Jacob, buen observador -no hacía falta serlo- había visto la cara de hambre de su hermano. En vez de invitarle a su guiso y repartirlo con él, como buenos hermanos, lo que se le ocurrió es proponerle algo tras lo que hacía tiempo que estaba. Le ofreció el suculento potaje de lentejas egipcias a cambio del derecho de primogenitura. Jacob sabía que la primogenitura podía transferirse del primogénito a un hermano menor si había un acuerdo.
Se puso a forzar tal acuerdo.
La primogenitura consistía en riquezas materiales y espirituales, ocupar ante la ley el puesto del padre en la tribu y ante el pueblo, ser el líder que lleva en adelante como depositario la herencia espiritual de su pueblo, en este caso nada menos que la Promesa del Mesías. Una bendición como si fuera hecha por el mismo Dios, y el bendecido entraba en un mundo nuevo de privilegio.
Jacob le ofrecía a su hermano un cambio desproporcionado, ridículo. El potaje de lentejas, muy rico y suculento, no valía nada, lo que se dice nada, al lado del derecho de primogenitura. Él quería para él lo que por haber nacido antes le correspondía a su hermano Esaú, un tesoro espiritual y material único, singular, enorme, divino, incluso. Pero esa no era la forma de conseguirlo. Se aprovechó del hambre de su hermano, del cansancio y del malhumor que traía. Hizo muy mal. Le propuso una venta desproporcionada, ridícula, maldita.
Su hermano lo hizo peor. Se dijo a sí mismo y le dijo a su hermano que para qué quería él su derecho de primogénito si estaba muriéndose de hambre. La verdad es que no se estaba muriendo, sólo que tenía un hambre enorme, que podía esperar. ¿Para qué me sirve el derecho de primogenitura? Aceptó la compra. Le vendió a su hermano la primogenitura. Por un potaje de lentejas.
Jacob, muy astuto, le dijo que se lo jurase por Dios. A Esaú no le importó jurarlo por Dios y con ello quedaba el cambio firme como una roca y el trato definitivo como la eternidad.
Jacob le contó a su madre Rebeca, con todo detalle, el traspaso de derechos que acababa de ocurrir, cuando todavía humeaban las lentejas del cambio.
Mientras, y en seguida, Esaú, que aquí sólo piensa en el presente, es rápido. La Biblia dice que “comió, bebió, se levantó y se fue”: cuatro cosas que hizo rápidas y seguidas.
Ahora Rebeca y Jacob tenían que esperar a que el padre, Isaac, dijera que había llegado el sagrado momento, en la presencia de Dios, de la solemne bendición patriarcal, en la que el hijo saldría consagrado  como el elegido por el Señor para patriarca continuador de la Alianza que Dios había hecho con Abrahán. Con el bendecido estaría Dios particularmente, sería el líder del pueblo elegido, y de su descendencia saldría el Mesías Salvador del mundo entero. Enorme grandeza y responsabilidad.
Sin precisar el momento, la Biblia dice que Isaac se había hecho viejo y que del todo había perdido la vista, cuando llamó a su hijo Esaú y le dijo que porque estaba viejo y porque podía morirse cualquier día, que había llegado el momento del relevo patriarcal y de darle su bendición solemne. Que se echara al monte, con la aljaba, los arcos y demás aperos del buen cazador que era…
QerhuteV
Ancien élève de Évode Beaucamp 
y de Francesco Spadafora



         

          “CREO EN EL ESPÍRITU SANTO”

VIII EL AMOR DEL ESPÍRITU SANTO
                MANTIENE “LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS”

¿Quiénes son esos “santos”?
En el llamado “Credo corto”, bajo nuestra confesión de fe “Creo en el Espíritu Santo”, aparece la cláusula “la santa Iglesia católica” y a continuación la cláusula “la comunión de los santos”. Pues bien, entenderíamos mal esta segunda proposición si la considerásemos como un complemento explicativo de “la santa Iglesia católica”. La comunión de los santos abarca un contenido más amplio que la Iglesia santa terrenal.
En Occidente, y por consiguiente en la Iglesia católica, se ha entendido “la comunión de los santos” como aquellos que participan en las “cosas santas”, o sea en los sacramentos, pero sobre todo en el sacramento de la eucaristía. El mismo término de  “comunión” ha podido favorecer la interpretación eucarística. Otro factor que ha facilitado la referencia de la “comunión de los santos” a la eucaristía ha sido el silencio del “Credo corto” o “Credo de los Apóstoles” sobre “la cima y fuente de la vida cristiana” –la eucaristía-, mientras que sí menciona explícitamente el sacramento de la penitencia (“el perdón de los pecados”).
Pero este significado eucarístico de “la comunión de los santos” no se corresponde con la interpretación tradicional, que se originó y desarrolló en Oriente al menos entre los siglos V y VIII, según la cual se habla de “la comunión de los santos” en el sentido de “comunión con personas santas”, vivas y difuntas (cf J. N. D. Kelly, Primitivos Credos cristianos). Por lo dicho, “la comunión de los santos” no se identifica con la santa Iglesia itinerante, sino que comprende un número mayor de miembros, muchos de los cuales se hallan en situación definitiva de salvados.
Finalmente, a favor de entender “la comunión de los santos” como comunión con personas santas, recordemos que Pablo intercambia con toda naturalidad el nombre de “cristianos” por el de “santos”: “Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles [de Éfeso] en Cristo Jesús” (Ef 1,1).

¿Qué y Quién es el que une a los santos vivos y difuntos?
¿Qué es lo que tienen en común los santos vivientes de la Iglesia [y de fuera de la Iglesia] y los santos que ya murieron? La respuesta es el Amor de Dios manifestado en Jesucristo que practicaron los santos difuntos y el Amor cristiano que están practicando los santos vivientes en su peregrinación terrenal.
En el caso de los santos fallecidos está claro que la fe y la esperanza en Dios que tuvieron en vida se han transformado y añadido al Amor que vence y sobrevive a la muerte. En el caso de los santos que peregrinan por esta vida, su amor activo cuenta, consciente o inconscientemente, con la fe y con la esperanza en el Dios-Amor de Jesucristo. Dicho con otras palabras: El amor cristiano de los santos aún vivos transparenta la presencia y el dinamismo de un Dios-Amor en la naturaleza y en la historia presentes, al paso que el amor cristiano de los santos fallecidos muestra la victoria definitiva del Amor divino sobre la muerte.
A la pregunta de quién es el que aúna en comunión íntima con Cristo y entre sí a los santos muertos y a los santos vivos, la respuesta es diáfana si atendemos a estos últimos, esto es, a los santos vivientes: el Espíritu Santo.
No tengo nada claro, en cambio, cómo puede el Espíritu Santo interactuar con los santos muertos, puesto que, por un lado, han terminado el periodo de prueba en esta existencia y ya no están en situación de responder meritoriamente a los impulsos santificadores del Espíritu Santo.
Y, por otro lado, la acción purificadora de los fieles difuntos corresponde al amor ardiente de Jesús resucitado. A partir del año 1950 algunos teólogos empezaron a identificar el fuego purificador con “el rostro en llamas y los pies de fuego de Cristo”. El mismo Papa emérito Benedicto XVI, siguiendo la interpretación pionera de Hans Urs von Balthasar, nos dice que “el fuego que arde, y que a la vez salva, es Cristo mismo, el Juez y Salvador” (Spe salvi 47).

Modo como el Espíritu Santo nos une a los santos difuntos
Mi opinión: No veo fundamentación seria ni objetiva sobre la efectividad de cuantas plegarias y acciones se nos recomiendan que hagamos a favor de los fieles difuntos. Pienso que la comparación que suele hacerse entre  el amor y ocupación de una madre para con su hijo pequeño y el amor de Dios para con los seres humanos es sugerente. Pero es del todo inaplicable de cara a la muerte: Dios es el único que puede y quiere cuidar  de los muertos y no es difícil imaginar, después de contemplar la resucitación  gloriosa de Jesucristo, lo que Dios Padre tiene ya preparado para los que le han sido fieles en esta vida siguiendo los pasos de su Hijo humanado. Nosotros no podemos cuidar de ningún muerto. Podemos y debemos cuidar de nosotros mismos  y de cómo quieren ellos que vivamos nosotros.
Vamos, pues, a centrarnos en la capacidad ilimitada del Espíritu Santo para actuar íntima y profundamente en nosotros, cristianos vivientes. Pero tomemos conciencia de que en todo momento  dicha apertura y disponibilidad del Espíritu Santo para interactuar con nosotros está condicionada por nuestra libertad limitada y limitadora.
Libertad muy limitada en cuanto a nuestro conocimiento de los santos fallecidos: ¿A cuántos conocemos? ¿Con qué personas  hemos tenido relaciones profundas y duraderas de modo que guardamos de ellas experiencias inolvidables? ¿Hemos sido testigos de algún comportamiento impactante por parte de nuestros santos difuntos? ¿Recordamos situaciones en las que nuestros difuntos nos hicieron felices? Etcétera.


En estas condiciones de conocimiento limitadísimo de nuestros santos del cielo y en el supuesto de que nuestra libertad acceda a la solicitud continua del Espíritu Santo, estos serían los efectos saludables de la interacción del Espíritu Santo y nosotros en relación con los santos fallecidos:
·        El descubrimiento en nuestros difuntos del valor supremos del amor cristiano en su vivir con nosotros, amor cristiano que se manifiesta de muchas maneras: en su cariño permanente de padres hacia los hijos, o en su paz y alegría en momentos duros de la existencia, o en su arte para solucionar conflictos familiares, o en su honradez en el mundo de los negocios, o en su fidelidad probada durante el matrimonio, o en su preocupación y ocupación con los que sufren…

·        La práctica por nuestra parte de esos buenos ejemplos de honradez, o de esperanza, o de aguante y paz, o de fidelidad, o de perdón, o de solidaridad…, que sin duda recordamos de su convivencia.
EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista, teólogo
       

    La Salle en Griñón. Cien años de fecunda sementera


Teódulo García Regidor
Villena AG. Madrid, 2017


Todavía no hemos tenido tiempo de leer las 797 páginas del gran trabajo de Teódulo, serio y riguroso historiador del centenario de Griñón, sobre las instancias y circunstancias, cuerpo y el alma de Casa de formación de Griñón, Madrid.
La presentación que han hecho los medios de comunicación es la que adelantamos aquí.

La Salle Griñón lanza un libro con motivo de su Centenario


Con motivo de la celebración del Centenario de la llegada de los Hermanos de la Salle a Griñón, el H. Teódulo García Regidor ha escrito un libro titulado “La Salle en Griñón, cien años de fecunda sementera" (1916-2016). 
La dedicatoria está escrita por el H. Aquilino Bravo Puebla, Visitador Auxiliar del Sector Madrid.
Entresacamos estos párrafos: “Ha llegado a mí este libro que tienes en tus manos, y te lo quiero presentar. En sus páginas descubrirás la vida y avatares de una institución dedicada a la formación religiosa de los jóvenes. Su autor, Hno. Teódulo García, sabe de qué habla: le avalan tanto su labor de rigurosa investigación como el haber sido protagonista de esta historia centenaria durante unos años apasionantes. Un libro en el que encontrarás los orígenes de una obra –La Salle en Griñón- que ha crecido con el tiempo y en el tiempo adaptándose al tic tac y al giro de las manecillas del reloj de la evolución y el cambio. Estoy seguro que en sus páginas encontrarás un poco de agua fresca que alivie el ajetreo del día al día y, sobre todo, sentirás que el corazón se esponja con la luz del espíritu que aletea sobre sus líneas”. 
Además, para abrir boca, resaltamos un capítulo que lleva por título “El colegio La Salle en la actualidad”: “(…) Es un colegio que ha crecido en la última década y que presta un servicio docente y educativo a Griñón, a los pueblos cercanos y a las zonas del sur de Madrid… Como centro lasaliano, el colegio se inspira en el carácter propio de los centros La Salle y sigue la línea educativa y evangelizadora descrita en dicho carácter (…) El colegio La Salle es una garantía de futuro para la presencia lasaliana en Griñón…”
Es un libro que ha recogido los acontecimientos más importantes de La Salle en Griñón, encuadrándolos dentro del contexto histórico, político, educativo, religioso y lasaliano. ¡Enhorabuena, Hermano Teódulo!



   Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936, en Madrid

Siete años mediaron desde “Tobogán de hambrientos”. Larga espera que mereció la pena. “San Camilo 1936” es, tanto por su cuidada forma como por su extraordinaria densidad, una de las más relevantes producciones celianas. Como el título indica, ofrece vívido testimonio de los acontecimientos habidos en España en los días inmediatamente anteriores al alzamiento del 18 de julio de 1936 y en los que siguieron. Corto espacio de tiempo, apenas una semana, aunque más que suficiente para experimentar el origen, el sentido –o el sinsentido- de lo que en su inicio muchos vieron una ‘sancamilada’ sin mayor trascendencia, pero que acabó en cruenta guerra civil que enfrentaría a los españoles, y para expresar, desde la inevitable subjetividad, las reflexiones del escritor. Hemos de agradecer a don Camilo el esfuerzo que supuso  la creación de esta crónica de varios años condensada en unos pocos días.

Tampoco en esta ocasión pudo sustraerse a la tentación de incorporar algún nuevo elemento con el que configurar una forma diferente de narración en la que dejar su sello personal. Como ya hiciera en “Mrs. Caldwell habla  con su hijo”, utiliza de nuevo la segunda persona. El narrador omnisciente dirige a un supuesto interlocutor lo que en realidad es un continuado monólogo, y lo invita a mirarse al espejo y hacerse, ante su propia imagen, las reflexiones que los acontecimientos le suscitan.

También aquí se aparta Cela de la estructura narrativa clásica. No es tampoco éste un relato continuado con presentación, nudo y desenlace. No existen tampoco protagonistas destacados. A lo largo de la obra se entrelazan sucesos, descripciones, reflexiones… salpicadas de elementos intrascendentes: noticiarios locales, anuncios de productos generalmente sanitarios…, en lo que Juan Cueto califica de ‘collage de la conciencia’.

Esta vez  el elemento  novedoso está  en el abandono, consciente, del rigor ortográfico. No llega aún Cela a permitirse la licencia que  claramente se tomaría después en “Cristo versus Arizona” o en “Oficio de tinieblas 5”, obras en las que prescindiría por completo de cualquier signo de puntuación y, en el caso de esta última, incluso en la utilización de las mayúsculas; licencia criticada por muchos, pero que sólo a un escritor de la talla de don Camilo pueden consentir editores y críticos. Aquí no llega a tanto, pero parece olvidar con frecuencia, con total arbitrariedad, el uso de la coma, en situaciones incluso de convencionalidad tan palmaria como el vocativo o las enumeraciones.

Sorprende, de entrada, al lector el encuentro con un volumen de algo más de trescientas páginas sin sangrados ni apartes, donde el espacio parece haberse utilizado con avidez, sin resquicio ni descanso alguno. Cuesta en un principio interpretar adecuadamente el texto y acomodarse al ritmo de lectura que este exige. Pero no es menos cierto que, a medida que se avanza en la lectura, la vista y la mente se acaban acostumbrando, de manera que cualquier pausa se percibiría como extraña y, curiosamente, resultaría incluso inoportuna.

Por lo que se refiere al contenido, resulta tan prolijo como diverso. El núcleo principal lo constituyen las referencias a sucesos que en esos días tuvieron lugar en España, en particular en Madrid, y las reflexiones de carácter político, social, antropológico o  filosófico de quien fue a un tiempo observador y partícipe de aquellos. Junto a la narración, barajadas y salpicadas aquí y allá, sin aparente orden preconcebido, consideraciones marginales, referencias históricas, tertulias de café, declaraciones, y digresiones sobre asuntos en ocasiones intrascendentes, donde la frivolidad resulta casi insultante.

La narración y la reflexión oscilan pendularmente de uno a otro bando. Y en los extremos fascista y comunista, republicanos y ‘nacionales’ se muestran abiertamente en manifestaciones o en algaradas callejeras o protagonizan veladas incursiones, secuestros y asesinatos. La muerte del teniente de la Guardia de Asalto, José Castillo, el 12 de julio, y el secuestro y asesinato de José Calvo Sotelo -exministro y a la sazón diputado- un día después, son elementos recurrentes que polarizan el enfrentamiento.
Llaman la atención las localizaciones puntuales: barrios, calles, plazas, cines, teatros, cuarteles…, la concreción y detalle en las referencias a personas, relevantes o no, del momento: políticos, militares, funcionarios…, actores y actrices, conocidos personajes del mundo del toreo, del deporte o de la farándula… Tampoco faltan alusiones a acontecimientos de orden internacional o a la intervención de las potencias aliadas en el conflicto civil de nuestra nación. Todo parece observado, con la necesaria distancia pero con la proximidad suficiente para captar cuanto ocurre.

Entre las reflexiones, la recurrente referencia al dolor, a la sangre y a la muerte; la desmitificación de tabúes, creencias, tradiciones y supersticiones; las referencias a cuestiones religiosas: el juicio final, la salvación o la condenación… y a la persecución de personas e instituciones, que en su versión más fanática conduce a la quema de conventos; y cuestiones de carácter marginal pero no menos frecuentes, como las digresiones de carácter sexual, incluidos –cómo no- magreos y masturbaciones, las relaciones matrimoniales, o momentos  de corte escatológico exentos de pudor.

Tampoco faltan referencias a asuntos de menor trascendencia dentro de la gravedad del momento, como las competiciones deportivas; partidos de fútbol, campeonatos de frontón, partidas de cartas, carreras de galgos, combates de boxeo, o asistencia a festejos taurinos y espectáculos cinematográficos o teatrales de los que se da puntual información sobre argumentos, actores o salas de proyección. O, como decíamos, anuncios publicitarios de productos sanitarios, de higiene o de cualquier otro signo, con indicación, incluso, de su precio y del establecimiento donde adquirirlos. Elementos que, salpicados en la narración, rebajan la tensión en momentos de especial gravedad e invitan a relativizar la trascendencia de los hechos.

Los personajes pertenecen a ámbitos muy distintos. Políticos, militares, funcionarios del Estado o municipales, profesionales liberales, o empleados y operarios de las más variadas profesiones: taxistas, conductores de autobús, albañiles, fontaneros, panaderos, taberneros… para todos existe su momento,  todos tienen algo que hacer o que decir –aunque algunos no parezcan conscientes de ello- en este momento histórico en el que son actantes con mayor o  menor  protagonismo.

El estudio exhaustivo de cuantos temas se tratan o reflexiones se hacen en esta novela, trascendería con mucho los límites de este artículo. Haremos, sin embargo, algunas consideraciones al respecto.

Encontramos, en primer lugar, referencias al propio autor. En los comienzos de la obra, se citan varios asistentes a las clases de literatura que don Pedro Salinas impartía en la universidad: Domingo Ibarra, Alonso Zamora, Dámaso Rioja, Julián Marías, Luis Enrique Délano y el propio Camilo José Cela. Se habla de María Zambrano, a la que se presenta como amiga y consejera de jóvenes poetas  y pintores. Y se añade que Camilo José Cela –de sobra es conocida la amistad que le unía a esta gran mujer y el respeto y admiración que la profesaba- también compone versos pero hasta ahora no ha conseguido publicarlos. Se comenta en varias ocasiones acerca de la academia del padre de Cela y del momento en que, ante las graves noticias difundidas con carácter oficial, se suspenden las clases. Más velada es la alusión –pero nos parece que Cela pudo muy bien autoaplicársela- al estudiante universitario que va peor que mal en sus estudios, pero que en los de literatura va un poco mejor.

Uno de los personajes de mayor relevancia es Toisha, a quien el narrador se refiere como a la novia del interlocutor –que, como ya dijimos, no es otro que el propio autor-. No te atreves –se le advierte- a llevar a Toisha a casa de María Zambrano, Toisha es otra cosa y por ahora  no sabría  representar su papel,  más adelante ya  veremos. Muy posiblemente Toisha represente a Tránsito Vargas, novia de Cela que murió herida de metralla en los inicios de la guerra y a quien el escritor dedica uno de sus más sentidos poemas.

Muchas son las reflexiones que se hacen sobre la política en general, sobre la condición democrática en particular, sobre la responsabilidad de los gobernantes y las causas e inutilidad de los enfrentamientos por razones políticas. Se califica el enfrentamiento político de ineficaz; por lo general nadie gana, todos acaban perdiendo. Los vaivenes  de la historia no tienen claro protagonista, el origen puede  estar  tanto  en políticas de  un  signo  como  del  contrario. Reflexiones todas ellas perfectamente aplicables a la situación  española.  Así las consideraba el propio Cela cuando las exponía. Resulta evidente su convencimiento de la inutilidad de la guerra. En cuanto a las responsabilidades, no toma partido: las reparte por igual. Deja clara su neutralidad ante el conflicto y dedica esta novela a los mozos del reemplazo del 37, todos perdedores de algo.

Otras reflexiones recogidas en la obra no tienen matiz político, son consideraciones de tono psicológico, social, filosófico o religioso. Y todo ello dentro de un penoso contexto social de penuria y degradación, como el que magistralmente muestra la descripción que sigue, lámina hiperrealista que recoge el momento en que el trapero y el lechero, tirando de sus carros, se cruzan con el cortejo fúnebre del teniente Castillo camino de las Ventas. Con ella ofrecemos una muestra del estilo que presenta la obra en su conjunto y ponemos fin a estos sucintos comentarios sobre “San Camilo, 1936”, a nuestro juicio uno de los más altos hitos en la producción celiana: Los traperos que marchan hacia Madrid van dando cabezadas en sus carros sin salirse de la fila, las criaturas duermen dentro de una sera de esparto o sobre unas mantas y entre las ruedas camina con mucha sumisión el perrillo de sucia lana y mirada despierta, el perrillo cofrade de la miseria y comensal   de la mugre alimenticia,  de  la mugre  que  a todos da de comer, amén y nunca peor, la gente dice que hay traperos muy ricos que hasta crían cerdos y gallinas con la basura, la verdad es que para vivir rebozado en mierda no merece la pena ser rico, los lecheros dentro de su barandilla portátil, de sus cuatro hierros de los que cuelgan las cántaras y las cacharras, empiezan a repartir la leche a tientas, es muy milagroso que acierten pero aciertan, no se equivocan nunca.

ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación y estudioso de Cela


       DIOS PIENSA EN ESPAÑA

Son muchos los españoles a quienes les ruboriza expresar su orgullo de serlo. Dios sí piensa en su España.
Es una maravilla y algo como para hacernos perder pie el pensar que Dios ha diseñado una a una a sus criaturas. Los papás engendran hijos sin poder especificar que el hijo que les va a nacer sea el que, singular y concreto, les nació. Le querrán como suyo, le llamarán con el nombre propio que le den, pero no pudieron pasar más allá de buscarlo como hijo, el que fuere, el que les viniera. El niño de mayor podrá decir que sus padres lo han querido de forma desmedida, pero que si en vez de ser él, hubiera sido otro, de ese otro se hubiera podido decir lo mismo.
Dios, no. Dios no ha creado a sus hijos sin nombre propio (antes de ser, cada hombre tiene ya nombre para Dios). Dios crea personas singulares, una a una. Así, creó a nuestros parientes más cercanos, al vecino que no nos saluda, al de la tienda tan amable y al desabrido funcionario de la ventanilla que precisamos, al presidente de los EE.UU. y a quien acaba de entrar en prisión por ladrón y homicida, a la monjita que lleva cincuenta años en Etiopía y al papa de Roma que suceda al actual.
Sobre cada uno Dios tiene una ilusión singular y personal. A cada uno, uno a uno, le fija una determinada misión personal y social. 
Como quiera que todo hay que atribuirlo a Dios, hemos de pensar que las sociedades organizadas en naciones son igualmente obra divina, queridas por Dios, una a una.  Nada superior a que el hombre se organice y viva en sociedad, decían nuestros clásicos. En el Antiguo Testamento los cielos que cantan la gloria de Dios, a lo que cantan no es tanto al cosmos tan hermoso, como a Israel, gloria de Dios, aquella realidad de la que Dios andaba más orgulloso de haber creado y Él llevaba de la mano.
Por esto principalmente amamos a España, por ser regalo de Dios y hechura suya. Y, como está en nuestras manos, la haremos grande y todo nuestro coraje lo pondremos en que cumpla su destino en medio de los pueblos.
RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional


LA CIBELERÍAS

    

      ·   Acabamos de llegar a Madrid. Subimos por el paseo del Prado, sentido sur-norte, y la diosa Cibeles acaba también de cruzar el arco de triunfo de la Puerta de Alcalá.

       ·   Las ruedas de su carro, ¿ruedan o se están quietas?

      ·  No me imagino a sus leones imprimiendo sus pezuñas sobre el asfalto ni a su carroza dejando tras de sí el divino releje de sus ruedas.

·        La arrogancia de sus leones se debe a que saben que representan a dos personajes mitológicos: Hipómenes y Atalanta.

·        Desde su alta fuente pedestal, la diosa Cibeles viene de recorrer el orbe entero viajando en los ojos de los madrileños, que se la llevan por el mundo dibujada en sus pupilas.

·        Los madrileños que dejamos la villa por cierto tiempo necesitamos, al regreso, lavarnos la cara en la fuente de Cibeles para despertar del viaje y de noche tan larga fuera de nosotros mismos.



· No sólo los madrileños, sino notables forasteros ilustres como Zubiri, Ramón Gómez de la Serna, Rubén Darío, Bécquer, Goya y Picasso mojaron sus plumas o sus pinceles en las aguas de su pilón.

·  Nadie ha descubierto la estrella que hay hundida en la fuente de Cibeles, causa del luminoso encanto de su monumento.

o   Cualquier día la diosa da media vuelta su carro triunfal y lo hace rodar hacia Las Ventas porque acaba de salir al ruedo un nuevo Manolete.

o   El Palacio de Comunicaciones (“Nuestra Señora de las Comunicaciones”) hace de magno retablo del altar de la diosa.

                                                                                   CUR






AL OTRO LADO HAY ALGUIEN

Al otro lado siempre hay alguien esperándote. Por eso escribo. Por eso vivo. Y me abro en canal. Sólo son náufragos los ágrafos. Y quizá tampoco.
Lanzo botellas de cristal mensajeras al mar de las ondas digitales y de papel, y en ellas encierro S.O.S., vítores de alegría, esperanzas, amores, poemas de entusiasmo, dudas y aseveraciones. Y siempre hay alguien que los recibe, rompe la botella, abre el periódico o le da al  ratón del ordenador y obtiene consuelo. Así que me hallo gloriosamente encadenado con mis semejantes. Ellos conmigo y yo con ellos formamos un tapiz y un círculo –verde, morado, rojo, amarillo…- que se muerde la cola, pero no la lengua.
Quinientos millones de hombres y mujeres –adolescentes, maduros, viejos- viajamos en castellano por el ancho mundo, traspasando fronteras nacionales con la virginidad y velocidad de un rayo por el cristal sin mancha.
La escritura y el habla común son nuestro carné de identidad, nuestro salvoconducto de la distancia geográfica: del uno al otro polo, de la Cruz del Sur a la Estrella del Norte, atravesando trópicos y meridianos.
¡La comunicación, oh, la comunicación, el don divino-humano que ningún otro ser posee y percibe con tanta simpleza y complejidad!

Tú, vosotros, todos los que estáis al otro lado ¿recibisteis ya esta súplica de abrazos? Sé que sí. No necesito contestación, pero si contestáis, más plácida haréis mi pluma, que no es de gallo altanero sino de amigo y compañero. Buen día, buen año, buena vida.

   


  ODA AL LIBRO DE PAPEL



¡Oh libro interminable
de la historia del mundo,
por tu sabiduría
yo te saludo!
Tú eres la memoria,
hoy en desuso,
de la que me alimento
tan a menudo
recorriendo las páginas
del papel crudo.




Pulsen otros la tablet
y el móvil cojonudos.
Tú estás a mi servicio
siempre que te pregunto
y con afán discreto
en ti respuestas busco
sobre mis aficiones
y cualquier otro asunto.



                              Por eso sigo en ti
                              como escolar oscuro
                              que encuentra lo que indaga
                              en un par de minutos: 
                              nudo de comunicaciones
                              para el docto y el vulgo
                              que subrayo y anoto
                              e imprimo y difundo
                              con el placer gustoso
                              del "monito desnudo".

      
Al libro de papel
lo mimo, lo resumo,
lo extiendo por la mesa,
con las manos le acuno,
me lo meto en el bolso
para cualquier apuro;
compañero de viaje,
me habla aunque es mudo,
y si tropiezo,
me levanta seguro
porque queda al alcance
del ojo y me da impulso
para seguir viviendo
y derribar los muros

de la ignorancia ciega.
Lluvia de hojas de papel. Punto.
                                                                               APULEYO SOTO


CAPRICHO

 

El sol tiene de amores

la cara llena,

pues dicen que los dioses

besan en ella.

El pecho es todo estrellas

y farolillos,

y una linda pulsera

que el hada buena hiciera

                 para su anillo.

 

Cuando se hace de noche,

dicen que llora

y se pone la cara

como escayola.

 

Lágrimas de rocío,

gotas de jade;

espejo de colores

roto en pedazos,

cuando por la mañana,

rojo de frío,

saca lo brazos para peinarse.

..........

En mi ventana ha entrado

mechón de soles.

Sol, no te lo devuelvo

mientras no llores.

                                                  A.H.     
                      

EL CIELO TUVO UN LUNAR

 

Aunque lo veáis tan serio,

tan grave, tan circunspecto,

el cielo tuvo un lunar.

Se lo pintaron los dioses

cuando eran aún pequeños

y salían  a jugar.

No era  un sol, ni era una estrella;

ni lo adoraban las nubes,

ni lo cantaron poetas;

era tan sólo un lunar.

 

Los dioses se hicieron grandes

y se fueron a su altar;

el lunar se quedó solo,

se sintió triste, aburrido,

sin nadie con quien jugar.

Y una tarde de verano,

cuando el cielo pesa tanto

que casi roza en el mar,

dio un salto, cayó en el agua

y se mezcló con la sal.

 

Unos dicen que está muerto,

otros que sigue tiñendo

las aguas, cuando los soles

se marchan a descansar;

otros, que es la luna blanca,

que lo limpiaron las olas,

y volvió luego a volar.

Yo creo que está en el fondo;

que  es un tintero muy negro,

donde reponen su tinta

el pulpo y el calamar.

                                             A.H.

 
      

      SIN ECHAR EL ANCLA

                                                                              MIRENECHEA


   Para quienes llegaban por primera vez a Griñón les resultaba chocante, si no enigmático, el azulejo de los viejos edificios de San Pedro, que llevaba, debajo de una imagen de María Inmaculada, la palabra Mirenechea. Ante la inocente pregunta de los nuevos, la experiencia y el saber  de los  antiguos se expresaba con un tono suficiente: “está escrito en  vasco y significa ‘Casa de María’”. Los nuevos se quedaban conformes y respondían con un “¡Ah!”. Su respuesta no podía expresar todo el alcance que para Griñón tenía la expresión “Casa de María”. Pues la historia de Griñón es, en un sentido extenso y profundo, una historia mariana.
1. La historia griñonesa y su calendario están llenos de tiempos marianos, por una parte; luego de lugares y de hechos relacionados con la Señora. Desde sus mismísimos orígenes la presencia de María es un hecho destacado. La primera Comunidad se fundó coincidiendo con una festividad mariana: la víspera del Patrocinio de María, de gran arraigo en aquellos tiempos. Enseguida la calle donde se fundó la comunidad cambió de nombre: de calle de Las Eras se pasó a “Calle de la Inmaculada”. Porque la Inmaculada fue proclamada Patrona de la Casa recién fundada… y el 8 de diciembre su fiesta patronal.

  El Noviciado Menor de Griñón se creó en 1919. Su inauguración también coincidió con una fiesta mariana: el día 26 de octubre era “domingo y fiesta del Patrocinio de la Virgen María”. Y en tal fecha se realizó la consagración del naciente Noviciado Menor a María Inmaculada”. El H. Director fue nombrando uno a uno, después de afirmar: “os confío, pues, Madre queridísima, vuestros hijos los novicios menores…”. Y los más pequeños de la Casa, consagrados desde el comienzo a María, adoptaron como fiesta patronal la Presentación de María en el templo, el día 21 de noviembre. Un dato más de la   “inclinación” de la Casa por María, pues tratándose de varones, bien podía haber sido elegida la Presentación de Jesús en el templo… Y los Novicios y Escolásticos también se acogieron para su fiesta patronal bajo la sombra de la Inmaculada (en su octava, para no “competir” con la fiesta de la Patrona de la Casa)…
   Los tiempos habituales del Calendario (sábados, fiestas marianas) cobraban también un aire especial… Los meses de mayo eran ocasión especialísima de fervor mariano, floración multiforme y variada de expresiones devocionales.  Y en las ocasiones extraordinarias (Año Mariano de 1954, por ejemplo) la presencia de María desbordaba el ámbito religioso y se extendía, como una enorme estela azul, a actividades de todo tipo. Las crónicas del Año Mariano constituyen un ilustrado ejemplo de ese desbordamiento. Las crónicas del Noviciado Menor hablan del 25 de marzo (Anunciación) de una noche  mágica: después de una conferencia  del H. Andrés Hibernón  sobre la “esclavitud  mariana”…”empezó la procesión en que María Inmaculada, precedida de banderas y estandartes, fue vitoreada y aclamada por los ecos de las 300 voces de la Casa de Formación, como Triunfadora; como Madre, sobre los hombros de sus hijos; como Reina, escoltada por sus súbditos con luminarias, y como Señora absoluta de estos sus esclavos voluntarios, recorriendo en medio de largas e interminables filas las avenidas y los jardines del Escolasticado…”. Al final del Año Mariano, la revista AVE se proclama a sí misma como “Órgano  de expresión de la devoción del Noviciado Menor a la Santísima Virgen”.
2. Y junto a los tiempos, los espacios, los lugares: la imagen de la Inmaculada presidía, desde su altura, cuatro lugares emblemáticos de la Casa: la grandiosa imagen de la Capilla, la estatua de piedra de la entrada a la Casa por la calle de su mismo nombre, la Inmaculada con las manos abiertas del bajorrelieve   sobre la entrada a la Capilla en piedra blanca y en actitud de petición: “Hijo mío… dame tu corazón”. Mariano también era el jardín o parque delante de la Casa, con la estatua de la Inmaculada, en piedra blanca sobre esbelta peana, que recordaba aquellos meses de fervor intenso de los años 1954 y 1955, antes mencionados. Y eso sin mencionar los “ángulos marianos” del Noviciado Menor y del Noviciado o la hermosa Señora que presidía las galerías  bajas del Escolasticado…
3. Pero la presencia exterior era signo de otra presencia más profunda, personal, íntima. Porque María estuvo presente en todos los pasos de la formación griñonesa: al comienzo, como madre sustituta; luego, de adolescentes, como Amor limpio y sublimado; después, ya jóvenes caballeros, como la Señora de los pensamientos, proyectos y hazañas: desde las tiernas invocaciones infantiles hasta las caballerosas promesas de fidelidad, pasando por los encendidos “actos de amor”.
  María estaba colocada, como decimos, estratégicamente en pasillos y galerías protegiéndonos, más que vigilándonos. Y a Ella dirigíamos nuestros ojos cuando acudíamos a las clases o a los recreos y, vencido ya el día, a los dormitorios. Ella velaba nuestros sueños.
  No creo exagerar si digo que lo mejor de nosotros, lo más limpio y auténtico, llevaba el sello de María: o procedía de ella o a ella iba dirigido. Especialmente en las novenas preparatorias a las grandes fiestas (Presentación, Inmaculada…) o en el gozosamente prolongado mes de mayo, al final del cual culminábamos laboriosas y sentidas epopeyas de amor mariano. Un mes que culminaba también con la magna procesión -antorchas y almas encendidas- por las brillantes galerías o los parques rumorosos. María como fuente de inspiración, como lugar de expresión amorosa, como descanso en los momentos de tormenta…
  4. María y la devoción a María… ¿qué sabíamos de ella, en realidad? ¿Nos duró mucho esa devoción mariana –prácticas y sentimientos piadosos- cuando en nuestra madurez alcanzábamos a calibrar la verdadera talla de María, cuando a la visión sentimental sucedió una mirada teológica y pudimos contemplar la otra belleza de María, su papel dentro del Misterio de Dios, en los momentos cumbre de la Historia de la Salvación?
  Pues creo que sí duró, pues la herida del amor mariano no se curó con nuestras luminosas teologías. Ella siempre estuvo en lo hondo de  nuestro ser maduro, en el largo recorrido por la vida. La Virgen de Griñón seguía nuestros pasos y protegía nuestras vidas. Y cuando regresábamos a la capilla, entre avergonzados y anhelantes, volvíamos a ofrecernos, a depositar nuestras vidas –azarosas y errantes quizás- bajo sus manos protectoras junto a su pecho. En lo íntimo de nosotros mismos no sentíamos vergüenza por sentirnos pequeños y desvalidos ante sus ojos…
  Mirenechea -la Casa de María- era todo el Griñón, que se extendía  a nuestros ojos: aulas y pasillos, oratorios y patios, huerta y comedores… Todo en Griñón, desde su fundación hasta lo que entonces eran “nuestro tiempo”, estaba penetrado por su mirada, bendecido por sus labios, alentado por su sonrisa. Hoy, mayores, de vuelta a esta Mirenechea entrañable queremos agradecer a la Señora su presencia, su cuidado y su protección.
                                                                                                
TEÓDULO GARCÍA REGIDOR
Maestro. Cronista del Centenario de Griñón




 LA CONDICIÓN FÍSICA


La condición física puede considerarse como el estado de aptitud para desarrollar diversas acciones de índole corporal. Implica la capacidad de realizar múltiples actividades y ejercicios físicos de manera solvente y sin experimentar cansancio o fatiga. García Manso (1996) la define como “la situación que permite estar dispuesto o apto  para lograr un fin relacionado con la constitución y naturaleza corporal”.

Este estado de condición física viene dado en principio por factores genéticos. Los niños y adolescentes presentas grandes diferencias de condición física entre ellos antes de que haya podido influir en ellos la actividad física realizada, condición que puede prolongarse hasta la primera juventud. Superadas estas etapas evolutivas, su condición física suele estar más influenciada por el entrenamiento o por el grado de actividad física realizada.

Pueden darse, por  tanto, casos de niños de baja condición física que a través de su actividad efectuada durante años pueden llegar a su edad adulta con una magnífica condición física; y también, jóvenes que han practicado deporte y han adquirido buena condición física que por inactividad posterior, al cabo de varios años, la han perdido.

La condición física para que sea completa, abarca las principales cualidades físicas, tanto en su aspecto condicional –fuerza, velocidad, resistencia y flexibilidad– como en el perceptivo-motor, que implican coordinación, percepciones espacio-temporales y equilibrio. Así mismo,  presenta dos vertientes: el rendimiento deportivo y la salud.

En cuanto a la vertiente de rendimiento, la persona puede tener un potencial inicial para desarrollar diferentes actividades deportivas; mas para rendir en una determinada especialidad, precisa ya de la aptitud física que le capacita para desempeñarla con solvencia. Ello implica un entrenamiento específico. Cuanto mejor condición física posea, mayores posibilidades de rendimiento tendrá en ella.

Los deportistas de primer nivel son personas que por herencia ya poseían buena condición física y que la han desarrollado desde la niñez o la adolescencia, canalizada hacia una disciplina concreta. Entran así en un estado de forma física, concepto que se utiliza para definir el grado de rendimiento de la actividad concreta practicada.

En cuanto a la vertiente de salud, la Organización Mundial de la Salud define ésta como  “el estado de bienestar integral físico, mental y social”. Implica, por tanto, disponer de una buena condición física. Dicha condición, en la edad adulta no viene sin más; es preciso trabajarla para mantenerla o incrementarla. Difícilmente se va a conservar si no se desarrolla. Y no existe un límite de edad para mejorarla. Cada persona, en la medida de sus posibilidades y condición física, es susceptible de experimentar progresos.

Deberíamos estar obligados a cuidar la condición física como fuente de salud, igual que podemos cuidar aspectos como la alimentación, el control de nuestras emociones o la relación social.
Para terminar diremos que el concepto de condición física tiene su traducción al inglés como physical  fitness. Y el término “fitness” se utiliza como reclamo de mejora de la condición física en la actualidad renunciando  a utilizarlo en nuestro rico idioma.

Francisco Sáez Pastor
                                                                                                   Universidad de Vigo