54. AFDA

ÍNDICE PRINCIPAL
 
Pregón: La filosofía, de vuelta a su papel de gran señora.
Reflexión mensual: La leyenda de los indios navajos. CUR
Traigamos a los clásicos. Gabriel Miró. CUR
Buzón teológico: Gracias al Dios Creador y Resucitador, el cosmos pervivirá... E. Malvido
Parábolas del peregrino: En la posada con buena lumbre. CUR
Alta política con estilo: Los partidos políticos, al banquillo. Ramiro D. de Aza
El paso de los días: La fuente de Garcilaso. Teódulo
Filosofía de lo sagrado: El sagrado templo de la Cultura. CUR
Rincón de Apuleyo: Rimas para gustos y colores.
Educación física: Capacidades condicionales: La resistencia. F. Sáez
Soneto desde el sentimiento: Brindis en Segovia. Ángel Hdez.

Noticias. Encuentro La Salle, Segovia, 2016. Apuleyo

       

LA FILOSOFÍA:
¡DE VUELTA A SU PAPEL DE GRAN SEÑORA!

Si nos determinamos, como pregona AFDA, a “traer a los clásicos” fue por escuchar su literario lenguaje de dioses pero, sobre todo, para aprender desde su atalaya a ver con mirada de filósofos la vida, al hombre, a la historia, a la Patria, a la Biblia y al mismo Dios.

El hombre nace filósofo –es una constante de nuestra Escuela-, nos repetimos. Pensamos que no merecemos consideración de personas si de hecho no somos filósofos. Ya el primer vicario de Cristo, San Pedro, nos apremiaba como cristianos a ser filósofos de la fe, a “dar razón de nuestra fe” (1Pe 3,15). Por eso,  el cristiano o es filósofo o no es cristiano.


Hace unos días que Olegario González de Cardedal, en una tercera de ABC, citaba a Umberto Eco, cuando alertaba a su nieto sobre la inmediatez en la que vive su generación. Convivimos con una generación que absolutiza el presente y ha olvidado el pensamiento eterno, es decir, sus raíces filosóficas. Prefiere abandonarse al vaivén de la superficie de la realidad -¡asistimos a una perversión constante de la auténtica realidad!-  y con ello renuncia a la condición humana  que, con el ejercicio de su libertad, habría de señorear toda realidad, la inmediata y la permanente.

¡Urge que vuelva la Filosofía a su papel de gran señora de la Escuela!

No basta con la filosofía que se enseña hace tiempo como si fuera un programa ligero de TV, tortilla de nominalismos, cotilleo de aporías de filósofos griegos, de mónadas de Leibniz y de otras ocurrencias de Hegel o de Heidegger y cuatro realidades más, cogidas con pinzas: mero arañazo, superficie, piel, barniz, meta de examen, trámite de paso que no deja huella. 
Escultura de barrendero en  la plaza de Benavente, Madrid.

El estudiante que termina su bachillerato sin haber aprendido a preguntar y preguntarse por lo que como hombre más le importa, que repita curso. No tiene derecho a entrar al servicio de la sociedad. Primero que aprenda a pensar como hombre.

Devolvedlo a la Escuela. Ni para barrer las calles de la ciudad nos sirve. Unamuno pretendía que los zapateros para su pedestre y digno oficio hicieran suyo un alto empeño religioso, decía él y quería decir, empeño filosófico.



 






LA LEYENDA DE LOS INDIOS NAVAJOS

El mito órfico de los Titanes tiene un paralelo en la leyenda de  los indios navajos de Nuevo Méjico. Se lo transmiten de generación en generación.
 Para los griegos, al hijo de Zeus, Dioniso, se lo comen los titanes. Zeus les lanza sus rayos y mueren. De sus cenizas nace la especie humana, mezcla de parte terrena perversa y de parte divina, la del dios Dioniso.
La leyenda de los indios navajos dice algo semejante.
En el interior del hombre se da un campo de batalla. Por una parte de ese campo está  el águila majestuosa cuyas acciones están llenas de verdad, belleza y bondad. El águila que el hombre lleva en su interior vuela por encima de las nubes y si baja a los valles, siempre deposita sus huevos  en las inaccesibles crestas de las altas montañas. Pero dentro del hombre vive también otro animal, un terrible lobo, bestia temerosa de sangre y de fuego, la fauces de furia, los ojos de mal, que representa sus bajezas y se alimenta de las propias caídas del hombre. Justifica su presencia afirmando su parte en el hombre. El águila y el lobo son enemigos irreconciliables. Luchan entre sí. Pretenden apoderarse de las entrañas y dominar al ser humano.
¿Quién ganará la contienda? Aquel de los dos al que el indio navajo alimente.
CUR
Maestro. Profesor de teoría de conocimiento.
Bachillerato internacional.
            
GABRIEL MIRÓ

Prosa limpia, fina y dibujada

Los profesores de Lengua y literatura le profesamos particular devoción a Gabriel Miró porque es uno de los grandes maestros al que mandamos a nuestros alumnos para que velen sus armas de escritores con su lectura y salgan de su palacio de preciosismos armados como caballeros en redacción.
En Gabriel Miró aprendimos, yendo para profesores, y aprenderán nuestros alumnos a manejar la prosa limpia, prodigiosamente fina, a cuajarla de dibujos, a crearla rica en sabores y perfumes, a que todo les sepa a lírica y a encanto. Cada frase suya es un perla en sí, redonda, perfecta, luminosa, preciosa, única. No tiene par con la que la precede en el discurso, ni con la que la sigue. El perfume de cada frase es singular en Miró, no se parece a la que lleva delante ni adelanta a la que viene detrás.
Recuerda su prosa el impresionismo de la pintura.  

Maestro de la morosidad
Gabriel Miró es una de los mayores prosistas de la lengua castellana de todos los tiempos.
Su vocabulario es unas veces refinadamente culto y otras, novedosamente moderno. Exhala el perfume de la madera recién cortada, como si sus voces se acabaran de acuñar. Siempre es certero y de ordinario prodigiosamente exquisito.
Escribe sin prisa. Es un maestro de la morosidad, esa palabra que venimos repitiendo -desde que empezó a interesarnos la didáctica de la expresión escrita- que debería escribirse con letras enormes a lo largo de las tapias de todo centro de estudios.
Algo tiene el novelista alicantino del modernismo de su tiempo y de anticipo del Grupo del 27. Luminoso es como Sorolla y claro como el sol de su Mediterráneo. Ni Dámaso Alonso, ni Gerardo Diego, ni Vicente Alexandre… se explicarían sin él.  

Trabajo a fondo
Hay un ejemplo en su biografía que ofrecer a nuestros alumnos de redacción. Fue decisivo en su caso y lo será en el de los alumnos. Trabajó un tiempo en la elaboración de una enciclopedia bíblica. No llegó a publicarse la enciclopedia, pero tras la flor del paciente trabajo, llegó el fruto. Se familiarizó con el valor exacto  de muchas voces y expresiones hebreas. Aprendió a sopesarlas y a medirlas, a justipreciarlas en la balanza de joyero que necesitaban. Llegó el momento en el que se movía con total desahogo entre la maraña recia de los texto bíblicos. En esa inmersión en su trabajo aprendió no sólo aliento sagrado, sino detenimiento en la observación, el respeto por la filigrana del significado de los términos y ciertas maneras orientales de ver las cosas… En esta peripecia biográfica también es ejemplar para los alumnos. Les será muy útil a estos que, sin esperar a la universidad, aborden con toda seriedad y detalle un trabajo a fondo, lo que nosotros hemos llamado “el primer ensayo del bachiller”, si preciso fuera, aun con merma de las asignaturas del curso. Con la inmersión que sugerimos, habrán hecho en sus estudios más camino que con la media docena de asignaturas troncales del curso. Tenemos experiencia.
CUR
Maestro. Profesor de Lengua y Literatura
Emérito UCJC


     



GRACIAS AL DIOS CREADOR Y RESUCITADOR,

 

EL COSMOS PERVIVIRÁ SIEMPRE


El NT, tan elocuente a la hora de tratar desde Cristo y en Cristo los dos contenidos del cielo que hemos mencionado (la participación de los bienaventurados en la vida eterna y en el amor altruista de Dios), ahora se manifiesta sobrio y dubitativo cuando se refiere al tercer elemento que integra la felicidad plena del cielo: la pervivencia del cosmos y las actividades que el hombre (=homo)  ha de desplegar como parte y señor del universo en la vida bienaventurada.


En el NT, en los relatos sobre los últimos tiempos, se nota mucho el lenguaje y la mentalidad catastrofista de la apocalíptica sobre la marcha de la historia. Pero más que la impresión angustiosa que los hechos históricos producían en los escritores del NT, por su inmediatez y repercusión personal y comunitaria, debemos recordar que la fe, esperanza y caridad de los primeros cristianos se nutrían de dos grandes acontecimientos salvíficos, que constituían el fondo roqueño e inquebrantable de sus pensamientos, actitudes y sentimientos: el acontecimiento de la creación y el de la resurrección de Jesús. Hoy día los cristianos tenemos informaciones valiosas desde el punto de vista de las ciencias experimentales (paleontología, física, química, astronomía, genética, historia…) que nos hacen distinguir y considerar la acción creadora de Dios como un hecho que es compaginable hasta ciertos niveles con los datos confirmados por las actuales ciencias experimentales, pero que al mismo tiempo pertenece a otro orden superior del objeto de las investigaciones científicas.

En un primer análisis vamos a ver qué nos dice la fe cristiana en Dios creador y los diagnósticos de las ciencias contemporáneas sobre la pervivencia del universo.
Dios no es solamente el Autor de la creación desde la nada (“creatio ex nihilo”), sino también de la creación continua (“creatio continua”). La 2ª ley de la termodinámica nos habla de la “entropía”, que la ciencia física entiende como la tendencia de un sistema aislado de energía  al desorden, al caos. Hemos oído muchas veces la frase “big bang”, la gran explosión de energía. La entropía vendría a ser el agotamiento total de la energía del universo.
No se debe poner ese predecible acontecimiento físico al par de la creación continua por parte del Creador. Nadie sabe nada de la interacción que Dios creador mantiene con el cosmos.

La degradación final  de la energía del “big bang” prueba que el mundo no es autosuficiente. La energía inicial de la “gran explosión” no surgió de la misma energía, sino que corresponde a Dios creador. El Creador sabe y puede controlar la energía en su nacimiento, desarrollo y defunción. La morosa marcha aparente de la naturaleza hacia su destrucción, según la 2ª ley de la termodinámica, está dominada por la acción creadora inmanente de Dios hacia la culminación de la vida.
Otra de las causas amenazadoras de la pervivencia del orbe terráqueo es la guerra nuclear. Esta catástrofe total de nuestro planeta, posible por primera vez en nuestros días, tampoco debe herir de muerte la fe de quienes creemos en un Dios que decidió crear el universo o, mejor dicho, el pluriverso, y que se comprometió en su perpetua conservación.
A continuación cambiamos de enfoque: en lugar de mirar el cosmos desde la acción creadora de Dios, creación inicial y creación continua, nos fijaremos en la acción resucitadora de Dios realizada ya en Jesucristo.
Vamos a dar tres razones teológicas de la pervivencia del mundo en la era definitiva de los hijos de Dios resucitados a imagen y semejanza del Hijo Jesucristo:
1.     El Dios resucitador es el mismo Dios creador. Es inconcebible que la acción resucitadora de Dios no lleve a feliz término el mismo mundo que ha brotado de sus manos creadoras.
2.     El Hijo humanado gloriosamente es la misma Persona que subsistió en la humanización histórica de Dios Hijo. La Segunda Persona humanada escatológicamente continúa relacionada, aunque de forma superior, con este cosmos con el que se comprometió para siempre el día en que fue engendrado en el seno de María.
3.     Los hombres nuevos, inmortales, no serán seres creados por     Dios de la nada, sino que la fe cristiana proclama la resurrección de los hombres muertos. Esta pervivencia perpetua de la anterior personalidad humana comporta la continuidad de este mundo material, en el cual los resucitados hijos de Dios ejercerán plenamente el señorío que Dios  les otorgó al crearlos (cf Gen 1,28).
 La pervivencia de este mundo  es, por otro lado, la aspiración profunda de poetas cristianos como Joan Maragall, José María Souvirón...
J.M.S.
Del primero son estos versos entresacados de su Canto espiritual, según la traducción del también poeta cristiano J. M. Valverde:
“¡Es igual! Este mundo, como sea,
tan extenso, diverso y temporal,
esta tierra con todo lo que engendra
es mi patria, Señor, ¿y no podría
ser también una patria celestial?”
J. M. Souvirón, gran poeta malagueño, se declara poeta creyente en su libro Del nuevo amor (1943). Personalmente me cautivó la lectura de este libro, por su forma y por el contenido, que versa sobre el Amor con mayúscula. Entre su amplia producción poética, selecciono los siguientes versos de la poesía  La gran sorpresa, que responde bellamente al deseo humano de que este mundo permanezca por los siglos de los siglos.
                                La gran sorpresa
                     “Será saber de pronto
                     que no hemos dejado el mundo en que vivíamos,
                     que ese mundo nos sigue y acompaña
                     con sus paisajes y sus cánticos.
                     Mundo perfectamente realizado
                     en un tiempo distinto.
                             ……………………………..
                            Tal vez en un minuto
                     se hayan cumplido los tres días de Pascua.
                     ¿Adónde iremos?
                     No tendremos que ir; nos quedaremos
                     vivos de otra manera, pero vivos,
                     en sitios cuyo nombre aún ignoramos,
                     cuyos límites hoy no conocemos,
                     pero que serán sitios adorables
                     donde habíamos estado sin saberlo.
                     La gran sorpresa será conocer
                     que no habíamos muerto.”


EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista y teólogo






PARÁBOLA DEL PEREGRINO

EN LA POSADA CON BUENA LUMBRE  


El peregrino ahora, a sus años y tras su largo caminar, acaba de parar en una nueva posada. En su hogar arden leños de madera de chopo que dan una hermosa lumbre.  El peregrino se calienta con el fuego de los chopos. El peregrino tiene frío. Siempre lo tuvo. Ahora, más.


El lengüeteo de las llamas le lleva al peregrino a dibujar en su mente la parábola del día. La posada en la que está haciendo noche le parece que habría de llevar el nombre de la primera encíclica de Benedicto XVI: Deus caritas est. En el hogar, la llama que arde poderosa –por continuar la parábola- quema el versillo de la primera carta del apóstol san Juan, 1Jn 7,8; “Dios es amor”.


El peregrino, que de joven se recorrió entera la sierra de la filosofía griega,  sabe lo que es la esencia para los griegos y para todo cristiano con luces: aquello en lo que se consiste. La esencia de Dios es ser amor. Dios no consiste en nada, Dios es. Dios es lo que es. El versillo de San Juan lo dice claro y sabio: Dios es amor. A estas alturas del camino, bueno es caer en la cuenta de su hondura, y no es tarde, por más que ya sea noche cerrada.



El peregrino, filósofo, también sabe lo que quiso decir el oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo y sabe que eres un mortal y no un dios” y se ha esforzado por conocerse a sí mismo a fondo para reconocerse mortal y consentir en su condición perecedera, desistiendo de pretenderse superior a sí mismo y de ofender con ello a la Divinidad. El peregrino teme a Dios. El peregrino sabe que no es un dios y que ha de tener clara su condición de dependencia, veneración y acatamiento de la Divinidad, que eso es temer a Dios. Es una criatura de Dios. Dios le creó a él por su nombre. Es persona singular, no es uno de una serie. Es él. Dios le miró y mira a los ojos, al centro de su alma, a este su singular hijo queridísimo.


El peregrino sabe lo que es la persona humana, una entidad singular, irrepetible, única. Tiene conciencia de que Dios quiso crearle a él, persona, nombre y apellidos. Por ser caridad pura lo hizo con conciencia de Dios y singular cariño divino. Cuando lo creaba no pensaba en otro, pensaba solamente en él.
Por nada del mundo quiere Dios perderlo. Consintió en la muerte en cruz de su Hijo por salvar al hijo que echó a peregrinar por un tiempo en un corto espacio, el suyo.
El peregrino se pierde en sus cavilaciones junto al fuego que lengüetea poderoso. Teme y tiembla. ¿Habrá cumplido la misión que se le encargó?, ¿habrá trabajado la viña del Señor como Dios Labrador quería? ¿Su talento está bien guardado en su pañuelo, estéril? ¿Dónde están los talentos producidos?...
El peregrino deja su imaginación suspendida o reducida. Calla. Un silencio de sepulcro cruza de un extremo a otro de la eternidad. Se agarra al consejo de los trenos, versillo que le acompaña desde su juventud, cuando, en fabordones, cantaba los trenos de Jeremías en Semana Santa: Bonum est praestolari cum silentio salutare Dei, bueno es esperar en silencio la salud de Dios. (Tr. 3,26 )
¿Puede Dios, que es Padre, perder al hijo que creo con amor de Dios y al que ha acompañado en su caminar de peregrino?                                      
                                                                                                        CUR
   
LOS PARTIDOS POLÍTICOS, AL BANQUILLO

No nos merece el mínimo respeto la corrección política que se invoca en detrimento de la verdad de un juicio bien fundado. Por eso diremos que el veredicto que nos merecen los partidos políticos es decididamente condenatorio.

De primeras, porque los partidos políticos se enfrentan a la justicia y a la moralidad, precisamente en cuanto partidos. Su nacimiento se debe al hecho de la pérdida de la conciencia de que existe una realidad por encima de los hombres y de su mundo: una verdad, un bien y una belleza que han de ser el norte de su razón de ser como personas y de su misión universal como pueblos (Recuérdese la expresión “Rey o Caudillo por la gracia de Dios. Hoy se hace chirigota y chanza de ella. No pretendía tal expresión otra cosa que afirmar que por encima de la voluntad de mando del monarca o del caudillo estaba siempre la Voluntad divina y el Orden del Universo a los que doblaría siempre el juicio recto y también el capricho del monarca o del caudillo. Y, como quiera que cuanto viene de Dios es una gracia de su amor divino, se llamaba gracia a la potestad de manejar el timón de la Patria).  El nacimiento de los partidos políticos –al prescindir de esta dependencia transcendente-, por esta razón, resulta desordenado, antisocial y contra naturaleza.

Los pueblos son pueblos porque han de administrar la herencia recibida de sus progenitores históricos, quienes les dejaron sobre este suelo como vecinos del pueblo que les vio nacer y, al enriquecerles culturalmente, les echaron sobre los hombros la hermosa tarea de compartir con el resto del mundo la riqueza heredada y la que habrían de crear.

De hecho, ¿cómo se nos muestran los partidos políticos de la actual democracia? Como un conjunto de hombres que se asocia expresa o tácitamente para influir, uniendo sus fuerzas, sobre la sociedad civil para ponerla al servicio de sus propios criterios e intereses. El partido persigue como fin propio el propio provecho, no la verdad objetiva de la justicia social, ni la belleza de la cultura, ni el bien de la equidad y de la moralidad sociales.
¿Por qué existen los partidos políticos? Entre otras, por dos razones.

-  El beneficio propio, de clase. Acaba de apuntarse. Unos miembros de la sociedad erigidos en partido tratan de conservar y defender determinados privilegios frente al resto de la sociedad. No manejan verdades sino “opiniones” (en el sentido despectivo que esta palabra tenía en el mundo del pensamiento clásico griego). El programa del partido es la suma de sus “opiniones” sobre el comportamiento de personas y de cosas. Buscan el apoyo numérico de los más, no porque la verdad que está por encima de sus “opiniones” lo pida, sino porque lo reclama la seguridad del triunfo de la clase social organizada en partido. La fuerza de su poder no radica en la verdad que por encima de ellos nos preside, sino en el valor de mercado de las ventajas que logran.

-  Las pasiones humanas. No es la verdad histórica ni moral lo que les mueve, sino la oposición a los derechos ajenos. Les mueve la contraposición, el desquite, en gran medida el rencor a los de arriba o el desprecio a los que se juzga inferiores. El partido levanta las pasiones de los hombres a extremos. Nubla la consideración respetuosa de los valores y su jerarquía e introduce como razón suprema el imperativo de sus “opiniones”, despreocupándose de la justicia y de la verdad. El partido altera en los hombres la serenidad que necesitan para no perder pie social y mantenerse derechos en el lugar que como sociedad les corresponde en la armonía del mundo. Son una solución antipersonalista de la sociedad y, a la vez, causa del oscurecimiento del bien común.

Las consecuencias son graves. Los partidos políticos triunfan sobre el hombre, venciéndole y sometiéndole a la acción de intereses bastardos. Dicen aspirar a la perfección social, pero, en el mejor de los casos, es a la reducida suya. La mirada no les llega más allá de sus propios intereses. Para ellos la política no es una noble vocación de servicio social sino un juego de intereses para el triunfo del más listo.

La solución del equilibrio. Se puede, sin eliminarlos, pensar en un equilibrio de hegemonías de los partidos. Vano pensamiento el de equilibrar sus fuerzas. Esto no facilitaría el progreso y la deseable evolución de las sociedades, las desangraría. Con semejante propósito, la actividad y el programa de cada partido se enrutaría hacia el éxito de turno, nunca hacia la victoria de la justicia social y de la moralidad. Por otra parte, a los partidos minoritarios se les desatendería y el aspecto social que representen sería ignorado; interesarían solamente como refuerzo del equilibrio de los grandes. Tampoco los partidos en disputa se resignarían a equilibrarse entre ellos: tolerarían el equilibrio sólo hasta lograr la supremacía absoluta. Conseguida esta y mientras no abdicasen de su condición de partidos, impondrían su programa, retazo de “opiniones”, suprema ley, que no tendría por encima verdad que atender, bien que logar, sometimiento a una belleza que traer al mundo social.

Sépase bien: alcanzada la supremacía, el partido dominante actuaría como soberano y desplegaría su acción no con subordinación a un orden supremo y a unas exigencias profundas de la sociedad, sino como tal partido, visión de parte, tuerta, de la realidad civil, algo ciertamente alicorto y pobre, cuando no, inconfesable.

El buen camino.  Vuelta a la educación, estudio del hombre –antropología cristiana- como próximo del hombre y organización de la sociedad como servicio, deberes y derechos, catolicismo (entiéndase bien, no clericlarismo) que abra, alegre  y serene a las personas y los ambientes sociales, escala y jerarquía de valores, y una buena dosis de generosidad, de rigor intelectual y de ascesis o de disciplina, cultura.
Alimentar la idea de patria recibida y de patria como misión de servicio universal.

Democracia, quizá, pero no partitocracia. 



        El marxismo aparece en el siglo XIX. Con él, la lucha de clases, la vida como lucha.  Ortega y Gasset lo ve claro:

“La sociedad será en su propia esencia lucha y nada más que lucha. Convivir es pelear, franca o artificiosamente (…). Puesto que la vida social es constitutivamente lucha- se dijo- , dediquémonos todos de manera concienzuda a luchar. Neguemos el derecho a hacer otra cosa. Y como la lucha necesita de grupos beligerantes, hagamos de estos la forma sustantiva de existencia humana. Lo más importante del mundo será el partido, la organización sobreindividual para el combate. Los individuos no interesan, porque mueren, y es preciso perpetuar los partidos. Todo hombre será miembro de algún partido, y sus ideas y sentimientos serán partidistas. Nada de ajustarse a la verdad, al buen sentido, a lo justo y a lo oportuno. No hay una verdad ni una justicia; hay solo lo que al partido convenga, y esa será la verdad y la justicia- se entiende que habrá otras tantas cuantos partidos haya”.

Ortega y Gasset, José

Artículos, 1930. Obras completas
Revista de Occidente, Madrid, 1966, vol. IV, p. 81
 


RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional






EL PASO DE LOS DÍAS



                           LA FUENTE DE GARCILASO


   No hay antiguo morador de Griñón que no recuerde, entre nostálgico y  gozoso,  las excursiones a Batres, que nosotros llamábamos, en nuestro argot particular griñonés, “paseos extraordinarios”. La pedagogía nueva de los institucionistas de caminar  por las laderas del Guadarrama, iniciada por F. Giner, era practicada con tanto o más fervor  por los  educadores anónimos de Griñón en el llamado “Monte de Batres”. No hay ningún antiguo novicio menor que haya olvidado el castillo y el río,  los campos  con regaliz de palo y… la fuente de Garcilaso.

1. La excursión a Batres fue también una de las primeras prácticas de los moradores iniciales  del Griñón lasaliano. El pueblo de Batres, no solo el monte y el río. Quizás nosotros veíamos el torreón del Castillo y pasábamos de largo, después de echarle un vistazo  por entre la arboleda que bordeaba el río. De chavales nos interesaba más la naturaleza que la cultura… y caminábamos veloces al agua y a las laderas. Pero nuestros antepasados descubrieron el castillo, gozaron de su hermosura y riqueza y dieron cuenta de ellas. En los primeros años (1920) sorprendía a los “paseantes” aquel viejo castillo, lugar histórico y artístico, alzado sobre el riachuelo de y sobre la Fuente de Garcilaso. Los primeros novicios menores de la Casa de Griñón describían así una de sus primeras visitas: “Luego visitamos el Castillo: su interior, la plaza de armas, en cuyo centro hay un pozo; contemplamos con toda satisfacción sus muros, obras de defensa, almenas, torreones y baluartes; la puerta de entrada, encima de la cual hay grabado un hermoso escudo de nobleza. Visitamos también los pisos superiores y en todos ellos vimos restos de algún tiempo que fue y que revelaba su primitiva grandeza. Por fin subimos hasta la terraza, desde donde se divisaba  el hermoso panorama de los alrededores”. Sin embargo, nada  decían de la Fuente…

  Nosotros, en cambio, no nos deteníamos en el castillo. Quizás era ya lugar privado de algún acaudalado y era inútil llamar a sus puertas. Así que, en una primera parada, bebíamos agua fresca  de la fuente grande, de enorme fachada de granito. Y descendíamos un poco  al riachuelo y mirábamos a la izquierda –incluso  nos atrevíamos a desafiar la maleza para descubrir la verdadera fuente-. Pues alguien entendido nos había dicho que la fuente de Garcilaso no era la grande, sino otra escondida…


  2. ¿Qué fue y qué es de esa fuente?  Aunque sólo he consultado  escasos apuntes en internet, son suficientes para  reconocer su abandono. La verdadera Fuente de Garcilaso, dicen los expertos, no es la  fuente de granito, bien visible, que surte agua fresca  a través de  varios caños abundosos. La “verdadera” se encuentra al noroeste de este barranco bajo el castillo, a unos 228 metros de la fuente de granito. “Pero tristemente se encuentra en manos privadas y relegada al más profundo olvido, cuando de siempre fue punto de peregrinación de grandes poetas y literatos. En la actualidad nos tenemos que conformar con esta otra fuente”.
  Pero algunos  no se conforman, y buscan… y si no encuentran el manantial, sí recuerdan  su historia, evocan el lugar que fue de peregrinación  de poetas y hombres de letras. Y dicen a quienes lo ignoran que “dentro del huerto del Castillo de Batres permanece un perenne recuerdo del gran poeta renacentista. Se trata de la Fuente de Garcilaso, durante un tiempo lugar de peregrinación de excelsos caballeros de letras como Lope de Vega, López de Zárate y miembros de la Generación del 27”. Dos placas de mármol recuerdan la aportación hecha por Garcilaso a la poesía española. Una (parece) que dice:
“Si la memoria vuelves a esta fuente,
juzgarás que con vena eterna llora
   al varón que a su Patria más honora,
    docto en la espada y en la pluma ardiente.”  
 Los expertos nos ayudan a clarificar la  historia: parece ser que “Garcilaso comenzó su Égloga II con una famosa descripción  de una fuente; su tercer comentarista, Tomás Tamayo de Vargas, propuso identificarla con la que «hoy tiene en Batres, antigua posesión de los Señores de esta casa, el nombre de Garcilaso, y como ilustre monumento de sus escritos se venera» (Garcilaso de la Vega, Madrid, 1622, fol. 45r). «No obstante, es preciso insistir en que el poeta no fue jamás Señor de Batres», aunque «tuvo sí la poética facultad de enseñorear su ambiente» (Antonio Marichalar, «Lares de Garcilaso: Batres», en Clavileño, II, núm. 7 [1951], pág. 15).

  3. Los  que  cuidan la realidad y la memoria de esta fuente muestran  al final su resignación  y  se limitan a decir que “es triste que si bien durante el segundo cuarto del siglo XX era un lugar de libre acceso y de reunión de grandes poetas, en la iniciada segunda década del siglo XXI, no sea un monumento de acceso público y en poder el Excmo. Ayuntamiento de Batres. ¿Qué no haría Alemania por una Fuente de Goethe, Francia por otra de Verlaine o Italia por una de Dante? ¿Ya no es rentable Garcilaso? Los gentiles de Batres decían en la década de los 60 que ahora era propiedad del castillo para que no se perdiera la fuente, la realidad es que ahora es de uso y disfrute de los modernos "señoritos". Y se revuelven contra el destino de la fuente, y se preguntan si no sería posible volver a ver aquel fluir de plata, aquellos lugares umbrosos, aquella sed mitigada tanto por el agua fresca como por los versos de Garcilaso  o de sus amigos. Lope de Vega sigue invitando a los  caminantes de hoy como invitaba a los del siglo  de oro con los siguientes versos:
Con respeto se retrata
en esta fuente la Aurora,
mientras su  deidad sonora
dulces números dilata.
Sus ondas de viva plata,
caracteres cristalinos,
trasladad, ¡oh peregrinos!
y a vuestros dichosos labios,
en perlas, conceptos sabios,
y en cristal, versos divinos.
                                                                                                                                                         (Lope de Vega)
                                      ****    ****    ****
  Valgan estor renglones, mal trazados y peor hilvanados, para recordar algo que formó parte entrañable de nuestro paisaje en los años de juventud. Antes de que el agua de nuestra memoria  deje de fluir… ¿por qué no acercarnos a redescubrir la Fuente de Garcilaso y a beber de sus frescas aguas? Quizás reviviera nuestra juventud.

TEÓDULO GARCÍA REGIDOR
Maestro. Director de Institución La Salle, Madrid
Profesor del Centro Universitario La Salle



Cultura de lo sagrado

1.    El sagrado templo de la Cultura


Contraponemos la cultura y la civilización a la naturaleza y al espontáneo y primitivo ser de las cosas. Cultura es cultivo. El cultivo es una elaboración ordenada de lo espontáneo y natural. El cultivo exige un pensamiento previo, anterior a la acción sobre la realidad natural de las cosas.


 El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la cultura como “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”


Un pueblo no es culto sin una ascética histórica, sin una selección de costumbres hacia lo mejor, sin un arte que exprese condensados sus mejores momentos de pensamiento, de sentimiento o de acción y sin  una industria que acorte el camino para sus logros colectivos.

Tal elaboración -en definitiva intelectual- tiene un centro que tira de él hacia unos valores que el pueblo hace propios y termina profesándolos como diana de su existencia.

La cultura de un pueblo se manifiesta mejor que en cualquier otra muestra precisamente en el prototipo de persona que quiere alcanzar. Todo el bagaje mental y material de un pueblo, si tiene verdadera cultura, tenderá a alcanzar una cima de humanidad y, todo lo valioso que emprenda en esa dirección, siempre será un peldaño de su ascensión.

Ara pacis. Roma. Gravitas et dignitas.


El “Ara pacis” que consagró Augusto el año 9 d.C. es un altar a la paz y también la afirmación  en mármol blanco de la “gravitas” y de la “dignitas” romanas, los dos pilares que hicieron de Roma “alma mater” del Imperio. Tras el emperador marchan los sacerdotes,los altos funcionarios del Estado y la familia imperial: todos revestidos de gravedad y dignidad.
Central e ideal fue en España el tipo humano del caballero cristiano; en el Reino Unido, el del gentleman inglés; en Roma lo fue la gravitas y la dignitas del varón romano; y la belleza y la bondad en la Grecia clásica.
La cultura viene a ser una aventura del hombre y de los pueblos, en súplica y esfuerzos por acertar con lo más sagrado que les define como hombres y como pueblo.
El corazón de un pueblo lo bombean sus valores, es decir, lo sagrado de que es portador. Si ese su corazón se para, el pueblo muere como pueblo, desaparece una civilización, se pierde una cultura…
Afortunadamente los valores no mueren, son eternos. No será su portador ese pueblo, pero podrán sus valores encarnarse y florecer en otros. En buena parte, por ejemplo, en la historia de España se dieron unos valores idénticos a los que había paseado por el desierto e introducido en la Tierra Prometida el pueblo hebreo, hasta rechazar al Mesías que Yahvé les mandó.
Los pueblos creadores de cultura van dejando detrás de sí obras de arte magníficas, logros culturales, ejemplos de humanidad, en definitiva, condensaciones de valores. Nos cabe insertarnos en la marcha de esas obras hacia lo alto –toda obra cultural, artística o literaria no está fijada en la Historia como una mariposa con alfiler en su vitrina, lo es en vuelo hacia el Valor Supremo.
Su roce y contacto nos recrea y eleva. (De ahí nuestro grito de ¡Volvamos a los clásicos!)


 Los pueblos con estilo desfilan con paso propio hacia la gran nave del Templo Sagrado de la Cultura. Romeros de lo sagrado, peregrinan como pueblo al Santo de Dios haciendo arte, literatura y estilo, es decir, cultura. Toda persona, todo pueblo, que crea cultura está en marcha hacia el Valor Supremo, que es Dios, Cultura Suprema. Crea sacralidades, aun sin saberlo, mientras peregrina y crea.
Su cultura ya hecha es un templo sagrado; haciéndose, una forma de oración a la Divinidad.
Comentario 1. Yo me imagino a Dios en su trono de eterna gloria contemplando feliz a las criaturas que creó una a una, con todo cariño, encantado de las mil cosas buenas de hacen, esperanzado porque tomen buen rumbo hacia Él… Y sin merma de esa personal mirada a cada individuo, fijarse en los pueblos a los que Él ha dotado de singulares cualidades patrias. A Dios le encantan las colectividades, lo organizado con los elementos que Él nos dejó para que los domináramos. La Biblia dice que la luz era buena, que las semillas y los vegetales eran buenos, que el sol y la luna eran buenos para presidir el día y la noche… toda la ecología está en alza ante Él en el Génesis. Pero a Él se le ve más feliz con el hombre y la primera mujer, “animales políticos”. Y en la Biblia –a decir de los más entendidos- más por Israel que por el Firmamento, por lo elaborado culturalmente que por lo espontáneo, por la Ciencia más que por la Naturaleza.
¿Decepción para los ecologistas? Estúdiese, si hay dudas. Consúltese a Évode Beaucamp o a Alonso Schökel.
Comentario 2. El diagnóstico cultural de un pueblo, de una época, de una generación, podría muy bien intentarse observando cuidadosamente las zonas alicortas, blandas o en descomposición de su habla.
Definición de cultura en la Iglesia católica


La definición clásica de cultura en la Iglesia católica se encuentra en el Concilio Vaticano II:

Con la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano.
(Constitución dogmática Gaudium et spes, 1965, n. 53)
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro. Ciencias religiosas. Univ. Lateranensis



RIMAS PARA GUSTOS Y COLORES
Apuleyo Soto


A la valenciana,
a la aragonesa,
a la catalana,
a la castellana,
a la galleguesa…

A la gran tirana
a la cortesana
a la pata plana,

a la milanesa,

a la portuguesa,
la inglesa o
                francesa… 

A la sevillana,
a la riojana,
a la zamorana,
a la cordobesa,
o a la murciana
de tomate y fresa…
A la coruñesa
y pontevedresa,
verde, lisa  y llana
según lo que pesa
y es huerta compresa
de hoy y de mañana
A la segoviana,
a la burgalesa,
a la leonesa
y a la salmantesa
clase tejarana
de estudiantes presa… 



A la bullabesa
sopa marsellesa,
a la toledana
y garcilasiana
tierra circuncesa,
a la muy montesa
granada liviana…

A la ciudadana
española empresa,
a la muy gitana
que canta y que besa,
a la capitana
de la mar turquesa…
Vaya esta sabuesa
copla casquivana,
vaya esta pavana
y chúpate esa,
galán o galana
de la marca hispana
que otras atraviesa
con la rima ilesa
por mi real gana.





Capacidades condicionales


LA RESISTENCIA

La resistencia tomada como una de las capacidades condicionales del ejercicio físico puede considerarse como la posibilidad de soportar un esfuerzo de mayor o menor intensidad durante el mayor tiempo posible. Establece el límite de tiempo durante el cual el trabajo efectuado a una intensidad significativa puede realizarse; también, la capacidad de mantener trabajos de larga duración. Incluso, puede incluir aspectos de tipo psicológico, de voluntad; a veces, decisivos en la consecución de un trabajo o prueba deportiva.
La resistencia, desde el aspecto de esfuerzo físico, está muy relacionada con la utilización de energía por parte del músculo. La realización de cualquier esfuerzo exige unos gastos  de energía específicos. La única fuente de energía para la contracción muscular es el adenosintrifosfasto (ATP), molécula de alto poder energético. Todo aporte de alimento que ingerimos o las reservas energéticas presentes en nuestro organismo deberán transformarse en ATP para que pueda ser utilizado por el músculo. Es como la gasolina para el cuerpo.

Y para que los músculos puedan trabajar durante mucho tiempo es necesaria la recuperación –la resíntesis– continua de ATP. Ésta se efectúa como consecuencia de  las reacciones bioquímicas basadas en unos mecanismos de producción de energía. Si en el proceso que desencadena la contracción muscular dicha energía se produce en presencia de oxígeno, la resistencia es aeróbica; y si se produce sin presencia de oxígeno, es anaeróbica.

Tipos de resistencia
Según su intensidad, o el tiempo que dure el esfuerzo, así será el tipo de resistencia que manifestará una persona. El trabajo en uno u otro régimen de resistencia, aeróbica o anaeróbica, no es absoluto. Deberá tratarse en clave de porcentaje. Un ejercicio aeróbico siempre tendrá algo de anaeróbico; y también a la inversa. En la prueba de los 1500 metros lisos de atletismo, que dura unos cuatro minutos aproximadamente, se considera que los atletas entran al 50% en cada tipo de resistencia; en la prueba de maratón, paradigma del esfuerzo aeróbico, un 2% de su energía se produce por vía anaeróbica.
-          Resistencia aeróbica
 Es la capacidad de soportar un esfuerzo de intensidad mediana durante un tiempo prolongado. Involucra a todo el organismo. La contracción muscular se produce en presencia de oxígeno. Se establece un equilibrio entre el aporte y el consumo de oxígeno.
Implica al corazón, con capacidad de impulsar mucha más sangre; a los pulmones, para aumentar su capacidad y favorecer el intercambio de oxígeno por dióxido de carbono; a los vasos sanguíneos, para permitir mayor volumen de sangre; etc. Son ejemplos deportivos típicos en atletismo los 10.000 metros y la maratón (42.195metros); las carreras de ciclismo en carretera; y las distancias en natación a partir de los 1.500 metros.

-          Resistencia anaeróbica
 Es la capacidad de soportar un esfuerzo de gran intensidad el mayor tiempo posible; este tiempo suele ser limitado. El esfuerzo está localizado en unos determinados grupos musculares; se denomina también resistencia muscular.
La contracción muscular se produce sin presencia de oxígeno, y como consecuencia, se crea un déficit de oxígeno que el organismo tendrá que recuperar después de terminado el esfuerzo en forma de deuda de oxígeno. Un síntoma de la falta de oxígeno se manifiesta a través de la fatiga. Ésta puede considerarse como una disminución del rendimiento a consecuencia de las cargas de entrenamiento.

El límite entre ambas resistencia se establece en unos tres minutos con esfuerzos intensos. Esto es, en los tres primeros minutos de esfuerzo con alta demanda energética, el atleta se mantiene en régimen anaeróbico; a partir de ese tiempo, entra ya en procesos aeróbicos.
La resistencia muscular o anaeróbica se divide a su vez en dos, teniendo en cuenta si se produce o no, ácido láctico: resistencia anaeróbica láctica y resistencia anaeróbica aláctica.
 

Se entra en régimen de resistencia anaeróbica láctica cuando la duración del  esfuerzo se prolonga desde los 20 o 30 segundos hasta los 3 minutos, aproximadamente; los músculos trabajan sin presencia de oxígeno y producen ácido láctico. Son ejemplos deportivos: los 400 y los 800 metros de atletismo; y los 100 y los 200 metros en natación. Esfuerzos que suelen durar uno y dos minutos respectivamente. También, los ejercicios de suelo de la gimnasia artística.
Se entra en régimen de resistencia anaeróbica aláctica  cuando la duración del esfuerzo se sitúa entre  los 10 y 20 segundos como máximo; con esa duración del esfuerzo no se produce ácido láctico. Las acciones son muy cortas y de alta intensidad. Ejemplos deportivos son: los 100 metros lisos o el salto de longitud en atletismo; series gimnásticas de acrobacia; jugadas rápidas e intensas de deportes de equipo; etc.

Esquema de clasificación de la resistencia
El ácido láctico es el producto último de desecho cuando el músculo quema glucosa sin presencia de oxígeno durante un tiempo significativo. Tiene efectos paralizantes sobre el músculo; puede considerársele, por tanto, a este ácido como un factor decisivo en el mecanismo de defensa del organismo ante esfuerzos muy intensos y prolongados para limitar su continuación y evitar un colapso orgánico

Francisco Sáez Pastor
Universidad de Vigo



  
EP 2016

 
ENCUENTRO

  LA SALLE

SEGOVIA 2016




Bienvenidos a Segovia
los lasallanos habientes
que por La Salle dais todo,
os cueste lo que os cueste,
siguiendo a Carlos Urdiales
allí donde esté él presente,
como aquí, donde su Aurora
sus firmes pasos mantiene.
 
El alumno pontificio
tanto sabe, tanto invierte
en ponernos a su lado
de buen guía permanente,
que merece el homenaje
de los que somos sus fieles
desde el Escolasticado
de los arcos griñoneses
con cristales para ver
y leer libros simientes:
aquel Poema del Cid,
aquel Berceo ferviente,
aquel Romancero Viejo,
aquel golondrino Bécquer,
aquel Gracián aforístico,
aquel Azorín luciente,
claro como el agua clara
del manantial de una fuente,
cuyas frases eran flechas
o surcos llenos de mieses,
y aquel Ortega y Gasset
y aquel Machado docente
y aquel Menéndez Pelayo
“martillo de los herejes”,
y aquel Fray Luis de León
de versos salmanticenses,
y aquel Balmes y aquel Diego,
Lorca o Juan Ramón Jiménez
que nos tuvieron en vilo
en tiempos adolescente.

En la tarde del amor
vedle sabio, hondo, ardiente
como a un San Juan de la Cruz
tras el Cordero celeste
por los montes carmelitas
cantando suaves motetes.
 

¿Dónde te escondiste, Amado?,
repite, sin abstenerse,
y el gregoriano resuen
remezclado con sus preces
recordándonos la historia
de la educación pendiente,
gracias a su magisterio,
que no debe de  perderse.

En este día de mayo
marianista y floreciente,
salve sea en la Fuencisla
                                       desparramada de ver
después de ver el Alcázar
con sus torres renacientes,
la calle de los turistas
francos, chinos, japoneses…
el Parral junto al Clamores
yéndose, yéndose, yéndose,
la Judería y el Corpus,
el acueducto aquiescente,
la Santa Cruz de la SEK
que hoy su capilla pervierte
haciéndola paraninfo
de incultos actos solemnes,
y más y más virguerías
del arte sobresaliente
que domina la ciudad
que visitó el Arcipreste
buscando fembras fermosas,
ay quién se las encontrese!

Hoy, colegas lasallanos,
Dios se nos ha hecho presente,
vestido de geografía
-su más inconsútil veste-
para celebrar la gloria
de encontrarnos frente a frente
en un concilio amistoso
que a otros más se pareciese,
como el de la  Zaragoza
o la Málaga caliente,
o la Sevilla encantada
del Guadalquivir por suerte
caminito de la mar
coloreada de peces.
 



Siendo como sois discípulos
del Maestro hasta la muerte,
profes más altos seréis,
cosas más altas veredes
en tanto siga la estela
de estos encuentros profeses.
 


¡Arriba los corazones.
Arriba manos y mentes.
Arriba los hombres justos
con sus muy justas mujeres:
Maribel, Chelo y Aurora,
Clara, Ana, Lola, Nieves,
y las demás que no nombro
en gráficos caracteres:
las que apoyo firme y fiel
de sus maridos lo fueren
en cualesquiera ocasión
juntas como un ramo verde.


Luego de vuelta a Madrid
y a vuestros propios quehaceres,
recordad que mi Segovia
se os entregó, qué inocente;
os trató como a quien sois
doctos en muchos saberes
y os dejó una huella crónica
para volver si quisiéredes
a esta real villa y urbe
abierta por sus paredes:
judíos, moros, cristianos,
gratos en reconocerse.
Me abstengo de más deciros,
con lo dicho es suficiente.

Ahora levantad la copa
y gritad conmigo fuerte:
¡Por la Estrella de La Salle.
Por su Capitán teniente.
Por la Fuencisla y San Juan
labrados en piedra agreste.
Por Teresa la abadesa
abulense arborescente.
Por nosotros, por España…
Por la escuela… eternamente!
Dios nos coja confesados
como a Él y a nos conviene.

No he hecho más que recordar
lo que a todos es vidente
que unidos nos salvaremos,
que juntos nadie nos puede 

Salud, profetas del bien,
y hasta el Congreso…  que viene.
Buenas tardes, buenas noches,
buenos pasos consiguientes.
A Georgina mi perdón
y a don Diego igualamente
por no haber sido cautivo
de su música. Otras veces. 

Y mañana Dios dirá,
que mañana ¿quién la advierte?
Adiós con el corazón.
Sosegaos. Paz y bienes.

                                                                        Apuleyo Soto