60. AFDA


MARZO, 2017
 ÍNDICE PRINCIPAL

 
Pregón: La tolerancia virtud fácil
Nuestra Escuela reflexiona: Caballero de la Militia Christi. CUR
Nuestra Escuela se sumerge en la Biblia: Abrahán cuenta estrellas. (II). Zereutes
Dios es amor: Creo en Jesucristo, su único Hijo (VI). E. Malvido
Nuestra escuela celebra aniversarios: Historias de Venezuela. La Catira. Á. Hernández
Alta política con estilo: La minoría que somos. Ramiro D. de Aza
Rincón de Apuleyo: Canciocilla escolar… Y los sueños, sueños son. Acueducto romano-segoviano.
Afderías: Huerterías. CUR
Nuestros poetas: Liras de aprendizaje (II). A. Montero
Soneto desde el sentimiento: Felicidades, papá. Á. Hdez.
Sin echar el ancla: ¿Peregrinar a Griñón? Teódulo
Educación física: La adaptación al ejercicio físico. F. Sáez
EP 2017




    LA TOLERANCIA 

               VIRTUD FÁCIL



El mundo se afloja y desmadeja y no somos nosotros una excepción.
Hay una enorme claudicación en toda formación humana. Somos creyentes -lo pensamos y lo decimos-, y lo que nos falta es fe y sobra blandura. No alcanza nuestra fe el tamaño del evangélico  grano de mostaza, ni su entereza.  

Se nos bombardea con las excelencias de la tolerancia y a ella andamos entregados como suprema virtud. Y eso que años atrás pensábamos con Menéndez Pelayo que “ley forzosa del entendimiento humano en estado de salud es la intolerancia”. Respeto a las personas, máximo respeto, no así a las ideas.

Si tuviéramos de hecho fe en nuestro Dios, en la historia de nuestra Patria, en la lengua castellana, en el Arte y en la Ciencia…, nos mantendríamos sólidos en pie, trataríamos de derramarla a manos llenas y de construirla en los demás.

Desde las más altas instancia -Vaticano incluido- se conduce el rebaño humano hacia las blanduras de la tolerancia, virtud fácil, propia de épocas de escepticismo o de fe muerta.

Se nos venden las excelencias de la mansedumbre, pero se nos esconde su peligro en cuanto esa fruta madura la agujerea con frecuencia el gusano de la  debilidad del entendimiento.

Ni el monje a lo San Bernardo, ni el político que se mira, por ejemplo, en el espejo de un Cisneros, ni el filósofo en su torre de marfil, ni siquiera quien milita en una escuela literaria… son tolerantes en tanto en cuanto han abrazado, respectivamente, con lucidez, firmeza y pasión una religión, una patria, una metafísica o un estilo.

Nuestra educación se va al garete porque no tiene profesores con fe de hombres totales, que contagien a sus alumnos su condición de personas de una pieza.



Caballero de la Militia Christi

Uno de los jóvenes caballeros de los tiempos modernos fue el navarro San Francisco Javier, de la Compañía de Jesús. Se fue a conquistar, como un caballero renacentista, almas para Cristo a la India. Se le ha considerado como el prototipo del “caballero voluntario de la Cruz”, caballero de la Militia Christi. Entrañable amigo de San Ignacio de Loyola, saltó de la Sorbona hasta los confines del mundo, en una época en la que estaban tan lejos la India, el Japón y la China.

Desde allí escribió a los adormilados estudiantes de Europa:

“A veces se apodera de mí el deseo de lanzarme a las universidades del Europa, gritando con fuerte voz, como alguien que se ha vuelto loco. Desearía correr a la Sorbona de París y gritar allí: con el mismo celo con el que estudiáis aquí, deberíais mediar sobre la gran cuenta que Dios os pedirá de vuestros talentos y cómo muchos  se os pierden a causa de vuestra pereza”.
CUR


(continuación)
ABRAHÁN CUENTA ESTRELLAS (II)

Ni el abuelo de Abrahán, Najor, ni su padre Taré, conocían bien a Dios. Recordaban las cosas más preciosas que les habían contado sus antepasados, desde Noé, el hombre nuevo. Se las sabían de memoria. Las guardaban como un tesoro en su corazón, palabras y hechos. No obstante, le rendían culto a unos dioses que no sabemos, seguramente que de buena fe. Pero a Abrahán la religión de sus parientes y compatriotas no le acababa de convencer. Él quería adorar y tratar con quien estaba más alla y por encima de la Luna, del Sol, del fuego y de las estrellas: el que había creado Tierra y Cielo, ríos y nubes, la luz y el agua, a Adán y a Eva ....  En su corazón estaba buscando a Dios, al “Todopoderoso Creador del Cielo y de la Tierra” . No se daba cuenta de que era más bien Dios quien le buscaba a él. Ya lo comprobaría con el paso del tiempo.

En una maravillosa noche de estrellas, en que todo era silencio sagrado en Ur, dentro y fuera de la ciudad, en que parecía que todo dormía: hombres, casas, calles, montañas, ganado... todo quieto y en silencio, Abrahán se quedó mirando al Cielo estrellado, mira que te mira, asombrado por demás.  Estaba pensando en Dios. Miraba y le estaba pareciendo a Abrahán que las estrellas se iban multiplicando y que se movían en cascada silenciosa, levantando una espuma de plata, todo un río de estrellas... ¡Qué hermosura de firmamento!, se decía. Tenía la boca abierta y los ojos más abiertos que la boca.

No quería ni pensar. Se calló todavía más. Ni respirar. ¡Silenciooooo!

Al cabo de un rato, que él no podría decir si mucho tiempo o más que mucho, por primera vez oyó Abrahán la voz del Dios que buscaba. Hablaba la misma lengua con la que se había comunicado con Adán, el primer hombre, en las tardes del Paraíso. Era la lengua con la que dijo Dios: Haya luz, y apareció la luz que nunca había existido antes. Con ese lenguaje se habían creado todas las cosas. Era la lengua que Abrahán había aprendido al leer las tablillas que había en su casa, heredadas de Noé y su hijo Sem. Las que conservaba su padre Taré y el hermano de su padre, Najor: tablillas de arcilla y de metal. Era la lengua del Señor, que ahora le llamaba por su nombre.

- Abrahán, majo (le dijo majo, porque le quería mucho. No lo dice la Biblia, pero seguro que le llamó majo), Abrahán, anda, cuenta si puedes las estrellas.
Esto se lo dijo en Ur de Caldea y se lo volvió a decir más tarde en Jarán.
En la ciudad de Jarán Dios le vuelve a decir a Abrahán que salga camino de la gran ciudad que le tiene preparada y de una gran tierra que él no sabe cuál es. En Jarán le vuelve a bendecir. En Jarán también le anima a que cuente las estrellas del firmamento porque su descendencia será más numerosa que las estrellas del cielo y que las arenas de las playas de la tierra. La ciudad de Jarán hay que buscarla hoy en la actual Turquía, en el camino de Damasco, lindando con Iraq.

Abrahán se quedó de una pieza, quieto, paralizado. No salía de su asombro. Le estaba hablando Dios, el mismo Dios, en su lengua de Creador Todopoderoso.  Le manda Dios que cuente las estrellas del cielo, pero ¿cómo contar esa cascada de puntitos de plata que están amontonados unos sobre otros, unos encima de otros, otros y detrás otros...?

Le dice que le quiere tanto que le va a hacer padre de muchos... que siga contando estrellas del cielo y arenas de las playas del mar, porque así será de numerosa su descendencia hasta abrazar al mundo entero. Dios quiere hacer a muchísima gente muy feliz. Y esto va a ser posible porque Dios le bendice. Dios está pensando en su Hijo Jesús, descendiente de uno de los nietos de Abrahán, de Judá, el cuarto hijo de Jacob. Se lo insinúa a Abrahán, pero Abrahán no se entera bien. Le cree a Dios y eso le basta. 

Dios toma nota de la enorme fe de su siervo Abrahán.

Por Jesucristo, la persona más importante de sus descendencia, Dios bendice al mundo entero. Cristo, en semilla, ya está en Abrahán.  Y por esto Abrahán es causa de bendición para el mundo. Por Jesucristo, que tardará en venir a Belén casi dos mil años.

Abrahán no podía ni imaginarlo. Hasta de las piedras podrían salirle a Abrahán hijos. Por de pronto, el mundo cristiano es hijo de Abrahán, los creyentes del mundo entero son hijos del padre de los creyentes, son hijos de Abrahán.
QerhuteV
Ancien élève de Évode Beaucamp 
y de Francesco Spadafora

Ver Gen 11, 27-32; 12, 1-10; 15, 1-7 


    
“CREO EN JESUCRISTO, SU ÚNICO HIJO”

VI Dios es más Amor que Poder en la resurrección de Jesús

1 Jesús es resucitado por el Amor del Padre y del Espíritu Santo
El NT es constante en afirmar que ha sido Dios-Padre el que ha resucitado a Jesús de entre los muertos. Ya sea en forma verbal activa (“Dios lo resucitó de la muerte”), ya sea en forma verbal pasiva (“fue resucitado por Dios de entre los muertos”), el NT considera la resurrección de Jesús como la acción que sólo puede llevar la firma de Dios (cf Hech 2,32; Gal 1,1; 2 Tim 2,8;…).

 Contrariamente a esta forma de expresarse del NT, tanto el Credo “corto” como sobre todo el Credo “largo” dan a entender que fue el propio Jesús quien se resucitó a sí mismo. Solamente el contexto de cultura helenística explica la aparición en el Credo largo de los concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381) del término “homoousios”=misma naturaleza, así como la confesión de que Jesucristo  “resucitó al tercer día, según las Escrituras” como Dios que es, “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”. En el contexto cultural judío del NT semejantes fórmulas de expresión son inconcebibles.

La teología tradicional ha continuado en esta línea que considera la divinidad por encima de la humanidad de Jesucristo, de modo que es su naturaleza divina la autora de su resurrección. Así se expresa, por ejemplo, el Catecismo Romano del concilio de Trento en su explicación del artículo citado del Credo (“y resucitó al tercer día”):
“Con el vocablo “resurrección” se indica… que Cristo resucitó por su propia virtud y poder… ¡Es un prodigio reservado al infinito poder divino!... Cuando en la Sagrada Escritura se afirma que Cristo fue resucitado por el Padre, se ha de entender en cuanto Hombre…”

Como se ha podido comprobar, la manera de enfocar el hecho de la resurrección de Jesús corresponde a una visión de la divinidad como la Suma Realidad impersonalizada, como la Vida Plena indiferenciada… Este Dios, el Dios abstracto de la metafísica, absorto en su infinitud incomunicable de Ser, no es el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, y mucho menos el Dios de Jesús de Nazaret. Este no es el Dios que se revela en la encarnación del Hijo unigénito, o en la vida pública del Jesús que anuncia el reino escatológico de Dios y lo adelanta al presente con sus palabras y con sus obras, o en la pasión y muerte del Nazareno padeciendo con él, o en su resurrección de entre los muertos engendrándolo a él solo en su Vida sempiterna…


Sí, los cristianos debemos contemplar al Hijo unigénito, desde que fue concebido en el seno de María hasta que nació como el Hombre Nuevo mediante la resurrección de entre los muertos en compañía, mejor aún, en comunión íntima con el Padre y el Espíritu Santo. El Amor del Hijo manifestado hasta la muerte y muerte de cruz tenía que ser glorificado por el Padre y el Espíritu Santo por medio de la resurrección de Jesús muerto y sepultado. El resultado de dicha glorificación amorosa del Padre y del Espíritu Santo en respuesta a la fe, esperanza y amor del Hijo hasta el último suspiro de su existencia histórica fue la novedad más impresionante en el imaginario cristiano del interior de la Trinidad (Trinidad “ad intra”). En efecto, antes de la encarnación humana e histórica del Hijo, la configuración de la santísima Trinidad estaba constituida por el Padre-Hijo-Espíritu Santo. Ahora, después de la resurrección de Jesucristo, los primeros cristianos, a la luz de un Dios-Amor, llegaron a confesar su fe en el siguiente Dios Uno y Trino: Padre-Hijo humanado gloriosamente-Espíritu Santo. O dicho con palabras de L. F. Ladaria:

“La humanidad glorificada del Hijo ha entrado de modo definitivo en la plenitud de la vida trinitaria. El Hijo no se desprende de ella al pasar de este mundo al Padre.”


2 El régimen mesiánico de amor del Jesús histórico para sus discípulos

El acontecimiento de la resurrección de Jesús lleva consigo una serie de consecuencias que se dan sólo en la Persona del Hijo humanado:

·  El Hijo humanado históricamente hasta la misma muerte se convierte,  por la resurrección realizada por el Padre y el Espíritu, en el Hijo humanado gloriosamente. Jesucristo inaugura para siempre una forma de ser Hombre=Homo superior a la actual, y que es una forma antropológica “escatológica”, en el sentido de “la última”, que no admite ninguna otra superior. Ni que decir tiene que el Hombre Nuevo, Jesús resucitado, es inmortal e impasible en su humanidad gloriosa.

·    Al mismo tiempo, la resurrección de Jesús se expresa en el NT con el lenguaje de la “exaltación”, de la “glorificación”, de la “vuelta al Padre”, de la “ascensión” o “subida” al cielo… Es el contrapunto de la “bajada” del Hijo, de la “salida” del Hijo del seno del Padre para hacerse hombre, del despojamiento o kénosis de su condición divina para asumir la “condición de siervo” (cf  Fil 2,6-8)…

·    Jesús,  que al resucitar “subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre” (Credo), es el que, recuperados los atributos comunes de la Trinidad divina, envía a una con el Padre resucitador al Espíritu Santo a sus discípulos…
Pascua-Ascensión-Pentecostés son dimensiones que se dieron simultáneamente en Jesús cuando tuvo lugar su resurrección.

No fue así en la toma de conciencia de los primeros cristianos. Los discípulos, fieles a sus creencias judaicas, creían que al hecho de la resurrección de su Maestro debería seguir próximamente el resto de los hechos escatológicos: la manifestación gloriosa del Resucitado (“parusía”), la resurrección universal de los muertos, el juicio divino sobre los muertos resucitados, el cumplimiento de su destino definitivo de salvación o de condenación…

Pero no se produjo la anhelada epifanía del Señor glorificado ni los siguientes sucesos escatológicos. Lucas contabiliza en cuarenta días el tiempo que los primeros cristianos estuvieron esperando ansiosos la parusía de Jesús glorioso y es al cabo de este cálculo simbólico de tiempo cuando narra la ascensión definitiva del Resucitado al cielo (cf Hech 1,1-3). Desde esta exaltación “sine die” de Jesús resucitado, el mismo Lucas cuenta que diez días después de la Ascensión del Señor y cincuenta días después de Pascua (cf  Hech 2,1s) tuvo lugar el envío del Espíritu Santo a la asamblea de los primeros discípulos.

Es indudable que la resurrección del Señor abrió un horizonte final de vida plena para la humanidad y para el cosmos (cf Rom 8,18-25). Pero, de cara al modo de pensar y de actuar de los cristianos en la vida presente, no será el Jesús glorificado, en posesión de todos los atributos divinos, el Faro de luz que oriente y empuje el caminar de los cristianos en su peregrinación terrenal. 

Aquel Espíritu Santo que se posó sobre la cabeza de Jesús de Nazaret cuando fue bautizado por Juan en el Jordán y que lo acompañó a lo largo de su vida pública, de su pasión y muerte, ese Espíritu Santo será el que guiará y animará a los cristianos en su existencia cotidiana. Jesús resucitado y sentado a la diestra del Padre, el proclamado por los cristianos como el Mesías escatológicamente triunfador, no utilizará su Poder a favor de las personas y de las acciones de sus discípulos en la historia, sino que el Mesías vencedor de la muerte y exaltado a la gloria del Padre y del Espíritu Santo se ajustará en su comportamiento para con la humanidad en general y para con los suyos en particular al régimen mesiánico de amor del Jesús histórico. Como afirma Christian Duquoc, teólogo especialista en el mesianismo cristológico:

“Si Dios obra en Jesús, esa acción se caracteriza por una renuncia a toda utilización del poder para transformar la sociedad. En este sentido, el régimen de la vida histórica de Jesús sigue siendo norma de su acción propia de Señor resucitado.”
 EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista, teólogo




  Historias de Venezuela. La catira


Tras la publicación de sus cinco primeras novelas, Cela contaba con la consideración y el respeto de los críticos. Podría decirse que era ya por entonces, mediados los años 50 del pasado siglo, un escritor consagrado. No es de extrañar, por tanto, que el consiguiente eco internacional de su obra literaria animase al presidente venezolano Marcos Pérez Jiménez a contratar sus servicios. El objetivo del dictador, promocionar el conocimiento de la nación venezolana. El encargo, la redacción de una obra que diese a conocer las bondades naturales del país y generase el interés por la idiosincrasia de sus gentes, sus  orígenes, costumbres y tradición.
Aceptó gustoso Cela el encargo, por el que se comprometía a elaborar, a lo largo de toda una década, la que habría de constituir una especie de epopeya, reconstruida en media docena de textos, bajo el epígrafe genérico de ‘Historias de Venezuela’. La remuneración por el encargo,  algo más de tres millones de pesetas, suma más que considerable para la época. El proyecto se inició y acabó con la primera entrega: “La catira”. Resulta evidente el gran esfuerzo de investigación geográfica y antropológica, a pesar del cual el lenguaje ‘llanero’ con que se expresan los personajes está más próximo a un español rústico deliberadamente deformado que a la expresión criolla que pretende reflejar. Y es claro igualmente que este ensayo de evidente valor lingüístico y literario no respondió a las expectativas del dictador ni contó con el aplauso de la crítica y el pueblo venezolanos. La novela, a pesar de ello, no supone menoscabo alguno para el autor; tiene, sin lugar a duda, excelente valor literario y obtuvo en España el Premio de la Crítica, en su primera edición.
En “La catira” no solo cambia el contexto nacional en que se insertan las novelas anteriores de Cela; también –mucho tuvo que ver en esto la condición de encargo- su estructura supone una novedad. Por primera vez –no sería la última-, el escritor incorpora el esquema clásico: introducción, desarrollo y desenlace.

Varias son las virtudes reconocibles en “La catira”, novela de excelente prosa poética en la que la protagonista intenta luchar contra su destino: la potente personalidad de esta, el esfuerzo lingüístico del autor, la plasticidad en la descripción, que supone una clara exaltación de la naturaleza y la gran fuerza narrativa, avivada por las pasiones de los personajes: erotismo, violencia, instinto, primitivismo…

Dos son los protagonistas en torno a los que  gira cuanto acontece: Pipía Sánchez, la mujer esforzada, a un tiempo tierna y enérgica, delicadamente femenina y  rudamente varonil, que sufre los duros reveses que le depara el destino, pero que se mantiene en pie y soporta los rigores de la guerra hasta conseguir el descanso de la paz; y la tierra, que, al igual que aquélla, es -como observamos a lo largo del relato y se comenta poco antes de finalizar la novela- al  mismo tiempo, caritativa y cruel, hermosa y monstruosa, blanda como la pluma de garza y dura como el viento del páramo, amarga y dulce, sonreidora y esquiva, desmemoriada y rebosante de amor.

A la tierra hay que dejarla, a los muertos hay que dejarlos, la tierra se alimenta  de  los  muertos…La sangre  alimenta  la  tierra, y -como en el amanecer que en espléndida imagen se describe- la sangre pintaba amapolas que el sol se encargaba de secar.


Sorprende la ingente labor, el trabajo previo de investigación que Cela hubo de realizar. Son permanentes las referencias topográficas, a lo largo de las rutas por las que, intencionadamente, el autor hace transitar a sus personajes;  la  descripción de  paisajes  distintos,  en  llanos,  valles,  lomas  y riberas; la enumeración de elementos de flora y fauna, con adjetivación tan precisa como poética, las constantes pinceladas que nos transmiten sensaciones y nos trasladan el color, el olor y nos atreveríamos a decir que hasta el sabor de cuanto se describe. Realidad, sentimiento, tradiciones, leyendas… nada se escapa a la observación del escritor, que nada quiere hurtar a los potenciales lectores. Puede que Cela no acertase con lo que pretendían quienes le hicieron el encargo; pero hemos de alegrarnos, sin  duda, de que se lo hicieran.

ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación y estudioso de Cela




MINORÍA QUE SOMOS



En algo de suma importancia andamos de acuerdo muchos: en el hecho de la disolución de Europa como entidad espiritual. Europa ha perdido demasiados elementos de estilo, metafísicos, costumbres, tradiciones y carece de la imaginación política que nos harían sentirnos portadores de sentido occidental.

El momento es de una profunda decadencia y para nuestra desgracia España está en el filo del abismo de este derrumbe. 

Lo que tenemos más a mano y que del todo pende de nosotros es unirnos quienes tenemos en común el amargor en el alma de  consecuencias tan  disolventes, quienes compartimos la crítica lúcida, heredada de nuestros padres, frente al liberalismo y sus postulados axiológicos, estamos contra el comunismo, hoy llamado populismo. Nos resistimos al hiperfenómeno del postmodernismo, porque nos urge la necesaria actualización de la tradición y la vuelta al respeto de lo sagrado celeste y terrestre.

Nosotros hemos creado un foro, AFDA, donde nos encontramos un grupo de personas que resistimos –lo hemos llamado castillo interior-, que tenemos memoria, que pretendemos reaccionar, testigos lúcidos de este sopor de la inteligencia europea y cristiana que están haciendo de España y de Europa un enfermo terminal.

Una decena de castillos interiores de este tipo nuestro, podrá salvar a España, piénsese en los diez justos de Abrahán en el caso de Sodoma y  de Gomorra a punto de fuego y azufre.

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional















Cancioncilla escolar
                            para maestros y discípulos


Soy un plátano.
Soy una cebolla.
Soy una patata.
Soy una escarola.
Soy una sandía.
Soy un melón.
Soy una alcachofa.
Soy un CORAZÓN.


Ahora todos juntos

a la ola, ola.

-¿Cómo están ustedes?

-Muy bien. ¡Hola, holaaa…!



Así quiero veros,

niños, en la escuela:

canta que te canta

 y vuela que vuela.  


(Al recitar cada verso, maestros y alumnos hacen el gesto pertinente, dibujando en el aire festivo de la clase 
como se lo imaginan, divirtiéndose)

 
                              Y LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON

                                          

Todos íbamos a ser ricos
como el rey Midas o aún más
que se bañaba en oro y oro era
su mesa llena de vino y pan.

Todos íbamos a ser guapos
como Banderas o Alejandro Sanz
en un mundo de celuloide
o de límpido cristal.

Todos íbamos a vestirnos
con piel de oso o astracán
sin sentir frío nunca y sin
dejar por eso de bailar.

Todos íbamos a engolfarnos
como las olas en el mar
que van y vienen encantadas
a la arena lavar.

Todos seríamos valientes
como Odiseo o Gengis Kan
y seríamos amorosos
como las princesas de un palacio real.

Todos íbamos a ser pájaros
igual que Wendy y Peter Pan
incansables en ese empeño
de volar, volar, volar.

Íbamos a ser, seríamos
lo que quisiéramos, sin más
que soñarlo porque
gozábamos de libertad.

Pero esos sueños se truncaron
apenas empezar
en cuanto despertamos
a la realidad.

Y aquí estamos, humanos
en perpetuo desear
ser lo que no somos
de verdad.

 
 ACUEDUCTO ROMANO-SEGOVIANO


A tus pies de elefante o camello sin corcova
rindo mis versos frágiles por sostener tu empuje,
acueducto rial en el que cruje
el viento solapado que persigue a una loba.

Esa loba ventral capitolina
que de Roma nos vino y nos convino
que a Segovia llegara: fiel destino
de tan broncínea e insigne signorina.

Por ti, cauce de piedras y viajeros,
la ciudad es eterna en la memoria
de cuantos atraviesan por tus fueros

esos arcos colgados de la historia,
recuerdos de una vida de guerreros
que aún están celebrando su victoria.

HUERTERÍAS

·        Jovencito, por favor, arranque las malas hierbas, no las zanahorias.

·        ¡Oh, el aroma de las habas en flor! Su antítesis: la negra grasa que resbala entre los dedos por el pulgón.

    ·        El loco del convento, Gilberto, nos alecciona sobre cómo arrancar las malas hierbas pronto, en solo tres pasadas: en la primera se arrancan las altas, en la segunda las medianas y en la tercera las pequeñas.

   ·        El confesor a voces al penitente escrupuloso: “Si pellizca uvas, que no estén verdes. La Escritura dice que no se le panga bozal al buey que trilla.

     ·        Aprecio de lo pequeño. La recolección de la grosella no es la del tomate.

·        Las coliflores de Griñón es que se salían de imperiales. Cada una llevaba dentro el grito madrileño de las verduleras de la capital: “¡Coliiii…flores de Griñón!”.

     ·        A los de la morera grande que aseguran que no han catado las moras: ¡A ver, saquen la lengua!

    ·        El barroco de hortelano: Pido para mí el trabajo de la guadaña. Yo os segaré “la alfalfa espiritual para los borregos de Cristo”.

     ·        El encargado de la huerta canturrea: “Con un azadón al hombro, sale Juan a la faena y se sabe que trabaja…”. Se corta y pregunta: ¿Alguno de ustedes se llama Juan?
CUR

LIRAS PARA APRENDER
  

En el hayedo de Tejera Negra

¡Qué tiempo tan tranquilo!
El cielo, un mar de espuma transparente.
Observo, con sigilo,
el cárabo en la fuente
que, en el Lillas, desagua su corriente.

Las hayas y los pinos,
su sombra amena y paz nos ofrecen.
Son verdes los caminos
y los ríos parecen
cristales de diamantes que adormecen.

Y cerca de ti, amada,
plácida y felizmente, me abandono
cuando, del sol pintada,
tus rasgos colecciono,
y, al contemplar tu rostro, te corono.

¡Oh sílfide del río!
En el verde valle de hojas de oro,
era otoño querido
en las hayas que adoro;
y, muy lejos de aquel lugar, te añoro.

Cuna de la belleza,
discurre el río en el valle florido
y es de Dios, la grandeza
que solo allí ha huido,
y, en el valle del Lillas se ha detenido.

Son notas musicales
en ese pentagrama de las ramas,
silencios otoñales,
que brillan como llamas
allí, en el color de aves que tu amas.  

¡Qué puro es el paisaje!
¡Qué absoluta calma hasta en la idea!
Poético lenguaje
que solo allí recrea
las formas, los colores que, en la aldea,

contemplan los serranos;
una bóveda roja en la noche,
sobre extensos llanos.
Y, en la medianoche,
sobrevuela la sierra el alimoche.

Y en el cielo sueñan
y brillan, diminutas, las estrellas;
y todas nos enseñan
 belleza de tus huellas
y mueren en el valle las querellas.

Juntos hemos vivido
así la verdad que también es sueño.
Nada nos ha mentido,
la vida era un ensueño
allí donde el paisaje era su dueño.

Con tu sonrisa clara
y tu risa, tus ojos y tus labios
─ mi alma de ti avara ─,
¡oh del mundo, los sabios,
dejad vivir en mí dulces resabios!

Allí tu rostro amado,
tu lecho y dulce voz que me llama
─ pensar enamorado ─,
lo natural enrama
el lugar que tu belleza aclama.

El espacio infinito,
ilimitado el tiempo, sin medida,
y todo lo limito
─ mi alma allí perdida ─,
a tu presencia, amada, tan querida.

El hondo pensamiento
toca mi corazón curioso, amada.
Como un niño me siento,
feliz en tu mirada,
y en tu piel, mi alma enamorada.

El tiempo, un absoluto
que se hace en ti sonrisa de una flor
y pronto será fruto
en un beso de amor.
¡Oh dulce trino del jilguero cantor!

¡Deseo que me pide
tu cuerpo ardiente como una llama!
Yo un pobre que decide.
Mi corazón se inflama
cuando el fuego de tu amor me reclama.

Y tu dulce recuerdo
mi pensamiento duerme junto al río,
y, en el pensar, me pierdo
y en el amor de estío
que era entonces solo tuyo y mío.

¡Qué encantador lugar!
Bajo el beso de las hayas descansas.
Y todo allí es el amar.
Mis deseos amansas
y con tu abrazo mi inquietud remansas.


                                                                   ANTONIO MONTERO SÁNCHEZ
                                           Profesor de Filosofía y Psicología






Sin echar el ancla

Centenario de Griñón
                                             
¿PEREGRINAR A GRIÑÓN? 

Llamar a Griñón “lugar de peregrinación” puede parecer algo desmesurado; y es verdad:  no tiene ningún alcance social ni eclesial más allá de los límites de lo que ampliamente llamamos  “familia lasaliana”. Sin embargo, “peregrinar a Griñón” -en un sentido más o menos  espiritual- ha sido algo connatural desde los años de su fundación. Mucho antes de que la visita a Griñón tuviera un carácter de memoria y de culto a los Mártires, había costumbre entre las comunidades lasalianas de Madrid   de visitar la Casa de Griñón: era un acto de homenaje, una especie de “culto” a la Casa Madre.  “Es muestra, se dirá en el Memorial de la Casa, del cariño de los Hermanos a la Casa madre del distrito”. Y ello fue una costumbre que se mantuvo a través del tiempo.

  1. Pero el lugar cobró una nueva dimensión y un  nuevo sentido desde que en 1936  diez Hermanos y un empleado sellaron con su sangre el carácter sagrado de esta tierra. Desde entonces se pudo proclamar “Este lugar es tierra sagrada…; este lugar es tierra de Dios”, como dice una reciente canción. Esta tierra acogió benévola los cuerpos sin vida de aquellas personas   sencillas pero de fe robusta. La tierra, literalmente, fue consagrada con sus cuerpos depositados en ella durante varios años. Luego, la construcción de un cementerio y la presencia en él de un mausoleo (1942) dedicado a los Hermanos Mártires de 1936, fue motivo de peregrinación; los domingos, toda la Casa iba al cementerio a venerar su memoria; y en muchas ocasiones había peregrinos que llegaban a Griñón para visitar esa novedad que es privilegio tan solo de  algunos lugares: la tumba en el lugar donde cayeron los mártires.
Pero el carácter de lugar sagrado no se debe tan sólo a los mártires; también a quienes dejaron esa estela de hombres buenos, de personas santas, de testigos fieles. El Hermano Andrés Hibernón ha sido el que ha dejado una huella más profunda. Fue mártir de otra manera, sin derramar su sangre, pero testimoniando su fe y gastando su vida en medio de dolorosas circunstancias.
          
   La pérdida del cementerio de la Casa Noviciado debido a las exigencias de los planes   urbanísticos de la Villa de Griñón, pudo quizás mermar durante unos años esta afluencia de peregrinos; pero la creación de la “Capilla Martirial” en los años noventa -y luego el Museo- ha sido ocasión de renovación de una memoria más sentida, más purificada.

   
  Griñón es, pues, tierra sagrada porque conserva la memoria de sus mártires y confesores. Es cierto que sus nombres no han provocado la resonancia de otros lugares de peregrinación ya consagrados; pero para sus   hermanos, ir a Griñón ha de ser, entre otras cosas, besar   la  bendita tierra  en cuyo seno estuvieron los cuerpos de los Mártires durante años. Solo por eso, este lugar debe ser venerado por quienes sabemos del valor de los testigos de la fe. Solo por esto Griñón debiera ser lugar de peregrinaje, puerto en el que echar el ancla de nuestra barca, insegura a veces, y aceptar la invitación poética de Orizana en los versos finales de su oda a los mártires:

                          ¡Oh casa de Griñón, ya florecida
                          de martirial inmarcesible gloria,
                          cada año, multitud agradecida
                          venga a honrar de tus santos la memoria!    
                                                                          (H. Claudio Gabriel)   

  2. Pero hay, a mi modo de ver, otra forma de entender y de vivir la peregrinación. Es cierto que su sentido tradicional y directo es ir al lugar de los otros; ir a encontrarse con el lugar de quienes vivieron una “vida buena” y dejaron una estela elevada de justicia y santidad. Un lugar para sentir esa presencia de lo divino… Peregrinar es volver a esos lugares con el espíritu abierto y el alma receptiva/recipiente: la vida que allí se vivió –o se entregó- sigue latiendo abierta e inmarcesible…  Pero hoy también hablamos de una “peregrinación interior”, de viajar al fondo de nosotros mismos. Los psicólogos hablan de que para ello necesitamos conocer nuestro territorio, nuestro mapa psicológico y espiritual.  Necesitamos “viajar al interior de nuestra persona para buscar la identidad que nos facilite decir la palabra de nuestra vida”. Y para conocer mejor ese mapa se nos invita a recordar “las huellas de personas significativas que han pasado por nuestra existencia”. Las huellas de personas y de lugares que contribuyeron a generar nuestro nacimiento espiritual.

  De ahí la importancia de la vuelta a los lugares vividos, a recorrer aquel mapa que señala los lugares fontales de nuestro yo.  Algunos santos lo hicieron con magníficos resultados.  Por eso peregrinar puede ser también volver a los lugares primeros de nuestra vida, al núcleo generador de nuestra identidad, a la fuente –a la noria  familiar-  de cuyas aguas bebimos y en las que acabamos por sumergirnos. Peregrinar es volver a los orígenes, a aquellos lugares todavía vivos, evocadores… Al volver a Griñón nos mueve, más que una vacía nostalgia, el deseo de encontrar aquella riqueza interior que era ya un tesoro en nuestra juventud y que ha ido aumentando con el  enriquecedor paso del tiempo... Por ello, peregrinar a Griñón es también caminar al encuentro de nosotros, al origen de nosotros mismos… o lo que es lo mismo: la peregrinación a nosotros mismos pasa necesariamente por el mapa de Griñón.

  3. Peregrinar a Griñón, amigos, es ir a venerar al menos dos iconos: la capilla martirial y la noria. Ambos están presentes en Griñón; la Capilla de los Mártires es mucho más que el recuerdo en piedra de un suceso histórico acaecido en Griñon. Es ya un lugar consagrado. Y la noria que sigue presente en el parque, frente a la Residencia de mayores, es, a la vez, recuerdo y llamada, apremio para volver a las fuentes primeras, a los ríos fecundos del Espíritu. Estos dos iconos, memoria de ayer y de hoy, nos esperan. Que tengamos la suerte de que su resplandor, que reverbera en el espacio urbanizado del Griñón de hoy, alcance a nuestros párpados y encienda nuestro corazón.
                                                                                     Teódulo GARCÍA REGIDOR





LA ADAPTACIÓN AL EJERCICIO FÍSICO

La adaptación es un proceso de ajustes que realizan los seres vivos para acomodarse a las exigencias de su entorno. Cuando no pueden adaptarse, sucumben. Las condiciones a las que estén sometidos pueden ser de tipo alimenticio, del clima en el que habiten, de altitud, de las exigencias de otros seres vivos o de las exigencias propias.

Una faceta de ésta última adaptación se encuentra en la capacidad de acomodar su organismo al tipo de esfuerzo que de manera habitual realiza. Si una persona de vida sedentaria se somete a esfuerzos grandes, no será capaz de realizarlos hasta que no se haya acostumbrado a ellos, hasta que su organismo se haya adaptado. El estímulo o carga de esfuerzo más el proceso del organismo para intentar adaptarse y superar dicha situación, se denomina estrés. Término acuñado por el endocrinólogo canadiense Hans Selye en 1950 y castellanizado en los años 70.

Concepto de estrés

El estrés es una tensión, respuesta o reacción fisiológica que se produce en el organismo cuando éste se ve sometido a un estímulo que rompe su equilibrio orgánico; el individuo presenta dos tipos de reacciones ante el estímulo, si lo valora como agresión: una respuesta específica según sea el tipo de estímulo o agentes estresantes: físico, emocional o químico; y otra respuesta no específica del organismo a toda demanda que se le solicite en la que responde siempre de la misma manera; respuesta biológica y común, ésta última, a todos los agentes estresantes, e independiente al tipo de agente.

Respuesta al estrés

La respuesta al estrés será proporcional a la intensidad de la demanda tanto en su intensidad como en su duración. El estrés es sobre todo un proceso fisiológico normal de estimulación y de respuesta del organismo; no es, necesariamente, una reacción penosa; gracias a él, el hombre se adapta y progresa. Lo que resulta nocivo son las demandas y las reacciones excesivas o continuadas de adaptación.

Existen dos clases de estrés: el bueno y el malo. El estrés bueno es todo aquel estímulo que causa placer: la alegría, el éxito, el amor, el afecto, etc.; son fuentes de armonía, de bienestar y de equilibrio; esto es, de felicidad. El estrés malo es todo aquello que resulta agresivo para nuestro organismo y que nos deteriora.

El estrés es el equivalente a un fenómeno de desgaste del organismo. Es como si dispusiéramos de un capital adaptativo limitado para toda la vida. Por tanto, el individuo deberá dosificar muy bien dicho capital. El envejecimiento está determinado más por la dosis total de estrés soportado y por el desgaste que ello conlleva,  que por el paso del tiempo. Cuando se consume este capital, el ser vivo sucumbe.

El estado saludable y juvenil depende del caudal de energía de adaptación. Su agotamiento conduce a la enfermedad y al envejecimiento. Y el descanso, por sí mismo,  no “recarga” los depósitos de dicho capital; parece ser que solamente el ejercicio moderado,  prolongado y sistemático puede paliar este desgaste.

Para una existencia larga y saludable se impone, pues, una vida sometida a poco desgaste del capital de adaptación asociada a una actividad física moderada, a una alimentación higiénica y a evitar hábitos nocivos y agresivos para el organismo.


Agentes estresantes

Son los estímulos que el organismo interpreta como peligrosos para su propio equilibrio; tienen la capacidad de producir la reacción adaptativa del individuo. Son de tres tipos: físicos, emocionales y químicos.

 Los agentes estresantes físicos son: esfuerzos más o menos intensos, traumatismos, lesiones, golpes, frío, calor, dolor, ruido, etc. Los emocionales son: disgustos, miedo, sustos, alegrías, amores u odios intensos, exámenes, citas importantes, frustraciones, etc. Los químicos son: alcohol, tabaco, otras drogas, venenos, intoxicaciones, virus, bacterias, medicamentos, etc.

Como se puede comprobar, el estrés engloba muchos aspectos de estos tres tipos. Actualmente, el concepto de estrés, se utiliza de una manera muy limitada y reducida, referida solamente a los agentes de tipo emocional, lo que es un error.

                                                                               Francisco Sáez Pastor
                                                                           Universidad de Vigo