Buscar este blog

117 Salmo 104 (IX)




(IX)

¡Escuchamos a Fray Luis de León!


Fray Luis de León seguro que le dedicó a este salmo una o varias de sus clases salmantinas de Sagrada Escritura. ¡Sabía tanto y tan bien sabido! Hemos llegado unos siglos tarde. Es una pena. 

Tampoco nos han llegado los apuntes de aquellas clases de cielo: con sus cuidadas observaciones sobre el sentido del salmo 104 y por el español con el que las decía. No obstante, puede que adivinemos algunos de sus comentarios al leer la versión de este salmo 104 que su entusiasmo de poeta y de sabio exégeta sin duda le inspiró.


                                     Alaba, ¡oh alma!, a Dios


Alaba, ¡oh alma!, a Dios: Señor, tu alteza,
¿qué lengua hay que la cuente?
Vestido estás de gloria y de belleza
y luz resplandeciente.

encima de los cielos desplegados
al agua diste asiento;
las nubes son tu carro, tus alados
caballos son el viento.


Son fuego abrasador tus mensajeros,
y trueno y torbellino;
las tierras sobre asientos duraderos
mantienes de contino.

Los mares las cubrían de primero
por cima los collados,
mas visto de tu voz el trueno fiero
huyeron espantados.

Y luego los subidos montes crecen,
humíllanse los valles;
si ya entre sí hinchados se embravecen,
no pasarán las calles:

Las calles que les diste y los linderos,
ni anegarán las tierras:
descubres minas de agua en los oteros,
y corre entre las sierras.


El gamo y las salvajes alimañas
allí la sed quebrantan;
las aves nadadoras allí bañas,
y por las ramas cantan.

Con lluvia el monte riegas de tus cumbres,
y das hartura al llano;
ansí das heno al buey, y mil legumbres
para el servicio humano.

Ansí se espiga el trigo, y la vid crece
para nuestra alegría:
la verde oliva ansí nos resplandece,
y el pan da valentía.


De allí se viste el bosque y la arboleda,
y el cedro soberano,
adonde anida la ave, adonde enreda
su cámara el milano.

Los riscos a los corzos dan guarida,
al conejo la peña;
por Ti nos mira el sol, y su lucida
hermana nos enseña

los tiempos. Tú nos das la noche escura,
en que salen las fieras;
el tigre, que ración con hambre dura
te pide y voces fieras.

Despiertas el aurora, y de consuno
se van a sus moradas.
Da el hombre a su labor sin miedo alguno
las horas situadas.

¡Cuán nobles son tus hechos y cuán llenos
de tu sabiduría!
Pues ¿quién dará al gran mar, sus anchos senos
y cuantos peces cría;

Las naves que en él corren, la espantable
ballena que le azota?
Sustento esperan todos saludable
de Ti, que el bien no agota.

Tomamos, si Tú das; tu larga mano
nos deja satisfechos;
si huyes, desfallece el ser liviano,
quedamos polvo hechos.

Mas tornará tu soplo, y renovado
repararás el mundo.
Será sin fin tu gloria, y Tú alabado
de todos sin segundo.

Tú que los montes ardes, si los tocas,
y al suelo das temblores;
cien vidas que tuviera y cien mil bocas
dedico a tus loores.

Mi voz te agradará, y a mí este oficio
será mi gran contento:
no se verá en la tierra maleficio,
ni tirano sangriento.
Sepultará el olvido su memoria;
tú, alma, a Dios da gloria.

 CARLOS URDIALES RECIO 

Maestro. Ciencias religiosas. Univ. Lateranensis 

Ancien élève de Évode Beaucamp

et de Francesco Spadafora



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Envíanos tus comentarios

117 AFDA

        ÍNDICE  PRINCIPAL                              ____________________________________   Pregón:  Educación y expertos. Libertad       ...