48. AFDA


ÍNDICE PRINCIPAL
Pregón: La educación, problema nacional.
Nuestra Esc. de Vanguardia: El paso de los días. La educación: la “cuestión crucial”. Teódulo
Traigamos a los clásicos. Sor Juan Inés de la Cruz, cumbre de oro… CUR
Parábolas del peregrino: Peregrino de la Luz. CUR
Filosofía de lo sagrado: Geografía de lo sagrado. El templo románico. CUR
Afderías: Diciembrerías Navideñas. Ramiro D. de Aza.
Alta política con estilo: El ensimismamiento nacional, de Ortega. Ramiro
Colaboraciones: París, ciudad de la luz. Antonio Peregrín
Soneto desde el sentimiento: Sangrante Paraíso. Ángel Hdez.
Leímos, oímos, vimos: Moderna forma de reflexión de la mañana. Jesús Cotta.
Buzón teológico: ¿Qué pasa con la persona santa cuando se muere? E. Malvido
Rincón de Apuleyo: Matancero de honor soy. Felicitación de cumpleaños al profesor...
Educación física: Las Gymnastradas. F. Sáez
        
LA EDUCACIÓN, PROBLEMA NACIONAL        

Empezar la casa por el tejado, estamos viendo que no da resultado en el tema de la educación en España.
La ley de Villar Palasí fue lo más a lo que llegamos. Fue un avance. Si no prosperó, y debería haberlo hecho, fue principalmente porque el profesorado no estaba preparado o no se quiso poner al día. Aquí, el “cada maestrillo, su librillo” fue de antaño como en el juego de las bolas  del gua madrileño el “todicho”, ley suprema.

Al menos los maestros de primaria se preparaban de tiempo atrás en las Escuelas de Magisterio. Si la Escuela era buena, los maestros podían coronar sus estudios preparados para su magisterio, naturalmente, supuesta la vocación docente.
No había ni aún hay Escuelas de Magisterio que preparen profesores de bachillerato ni de universidad. ¡Incomprensible!
Los HH.EE.CC. creadores de los primeros “seminarios de maestros para el pueblo” tenían en España las mínimas Escuelas de Magisterio y sólo para preparar exclusivamente a su gente. Capillita que no veía más allá de su babero. Conocimos una de ellas, la de Griñón. Genial. El hombre más preparado que tenían en España lo pusieron al frente de tal Escuela (Nazario González, Orizana). Le asistían dos “profesores de universidad”. Uno de ellos con el tiempo estuvo al frente de todas las Escuelas de Magisterio de la Iglesia de España (Emiliano Mencía). El otro, no quiso volar con honores y prefirió seguir siendo una eminencia en la opaca penumbra del bachillerato almeriense de La Salle (Rafael Velandia). En música tenía la Escuela como profesor un gemelo del Francisco Salinas amigo de Fray Luis de León, de excelencia que a ellos sólo les parecía normalita (H. Félix).
Todo un ejemplo, esta Escuela. Pero una isla en medio del océano.
Los profesores que España tenía y tiene en su bachillerato y los de la universidad eran y siguen siendo todos advenedizos. Ninguno está preparado oficialmente para ejercer como docente. No existe en el ordenamiento nacional esta profesión. Se llaman profesores, pero no profesan su carrera. Son químicos físicos, filólogos, etc. arrimados a la docencia. Con frecuencia, refugiados del temporal laboral o huidos de puestos que no consiguen. Su refugio: la docencia.

Por casualidad, como el burro flautista, el filósofo, por ejemplo, metido a maestro de bachilleres, toca la flauta y hasta enamora a sus alumnos y despierta a en ellos el Platón o el Aristóteles con el que les han nacido. Pura casualidad o nativa buena disposición personal del profesor no preparado para serlo. En pedagogía, todos adanes, primeros hombres, “cada maestrillo, su librillo”.
Ha habido centros que justificaban en parte el precio que pedían por su existencia con recursos de urgencia, dignos de elogio, eso sí.  Parches, aunque eficaces. En uno de ellos –por ejemplo, en la Institución Educativa SEK-, se propuso a los profesores que quisieran el someterse al examen serio de tres manuales de didáctica punteros. Habrían de dominarlos. Salvar el examen tenía una muy apetecible compensación económica. El resultado inmediato fue que los profesores de esos centros hablaban el mismo lenguaje didáctico, lo que era mucho, y coincidían en unos sólidos elementos, que no les había enseñado ninguna Escuela del Profesorado.
La descripción de este nublado nacional puede alargarse y es conocida. Los políticos la pretenden atajar con dinero, sobre todo, y con leyes que disparan sin apuntar donde precisamente vuela la pieza. Pólvora de más. Ruido y humo que no deja ver.

La solución, empezar por los cimientos: los hombres mejor dotados que tiene España, que se les dedique al magisterio. Filtros. Y que se les prepare en Escuelas de Magisterio Infantil, Primario, Secundario y Universitario. Al frente de las cuales se ponga a quienes tienen tradición de magisterio, vocación de humanistas y de científicos, amor a España y al alumno.



El paso de los días

                     Educación: la “cuestión crucial”


1. El paso de los días nos invita a asomarnos desde los medios de comunicación, sobre todo escritos, a la realidad y para detenernos en aquellos que de un modo u otro se refieren a la educación en nuestro tiempo. No han sido pocos los medios que, en las últimas semanas, han abordado el tema educativo desde una u otra perspectiva. Unos –los menos- siguen creyendo que la educación como camino  hacia una utopía en la que el  horizonte de los valores (verdad, justicia, libertad, trascendencia, honradez, diálogo) siguen siendo las grandes metas educativas, aunque sean cada vez más difíciles de lograr; otros se detienen sobre todo en los obstáculos que pueblan el camino  de la educación  y de los pocos frutos que  logra esta  al tener que actuar sobre una realidad abrupta y dura. Otros, finalmente, muestran un visión negativa ante la educación actual porque o no se ponen los medios (económicos y humanos) o, aun contando con estos, se usan a partir de  modelos periclitados. Ello merma o imposibilita una educación de calidad, meta de todo centro educativo que se precie de tal. La conclusión general es una visión pesimista de la educación, esa acción que, sin embargo, ocupa a cientos de miles de educadores, en la que se emplean millones de euros  y que constituye  la vida diaria de millones de alumnos. Esta última dimensión, la de la eficacia y la calidad de la educación, sobre todo a raíz de las evaluaciones externas de nuestro sistema educativo, es un asunto reiterado y casi siempre utilizado como termómetro para medir la temperatura (léase eficacia y excelencia) de la educación. Y esto a muchos les parece preocupante.

2. Últimamente  han coincidido  no pocos medios en  destacar, dentro de ese  conjunto de piezas integradas que es la educación, la figura del profesor. O la del docente. O la del maestro. Pareciera que hubiera  pasado una larga época en la que, habiendo  insistido en el protagonismo del educando, hayamos desconsiderado la figura del educador. Parece como si algunos descubrieran que buena parte de los males educativos –y pedagógicos- han estado motivados por  la marginación del maestro  como figura central del proceso educativo. Y quieren recuperar esa figura. En realidad no habría nada que recuperar. Si estudiamos a fondo la historia de la educación hemos de reconocer que en todo proceso llamado educativo, aunque sea el más libertario y  carente de autoridad, aquel en el que el educador  renuncia a su autoridad de adulto en beneficio del grupo de alumnos (léase A. Neill y otros más radicales) el educador está presente, porque aunque uno lo pretenda “no es posible no educar”.
Pero volvamos a la actualidad del profesor. En alguna entrevista reciente se hace hincapié en la  preponderancia –casi en el dominio absoluto-  de la tecnología en  el aprendizaje y en la educación y, por el contrario,  la disminución, cuando no la ausencia monda y lironda, de la filosofía y del pensamiento en la educación.  “Sócrates jubilado” es un breve pero enjundioso artículo del mexicano Juan Villoro, que publicó El País  el pasado 10 de octubre. En él, entre otras cosas, critica la tendencia de occidente a perder las humanidades en el plan de estudios. O a concederles una importancia tan exigua que, en esa situación, ellas mismas se degradan. Occidente, dice, no pretende matar a Sócrates (como hizo Grecia en su tiempo) sino jubilarlo: “Japón acaba de proponer un severo recorte para las carreras de humanidades y España se ha sumado al pragmatismo que elimina la enseñanza obligatoria de filosofía y valores éticos en secundaria y bachillerato”. Esta tendencia en la política educativa  ha desterrado sin querer la figura del profesor o del maestro, porque en las tecnologías es más fácil  ir directamente  al objeto sin necesidad de  pasar por la mediación del sujeto. Ayudar a que los alumnos aprendan a manipular  es muy diferente de que los alumnos aprendan a pensar o a descubrir el sentido…
3. Pero ahora se dan cuenta algunos de que la figura del profesor es vital para una recuperación de la educación, tanto de  su sentido  como de su calidad, que viene a ser lo mismo. Preguntado el omnipresente J. A. Marina en una reciente entrevista en la prensa sobre “¿hacia dónde  debe ir según usted la figura del docente?”, el profesor responde: “Creo que nos encaminamos hacia un protagonismo del docente, considerado como ‘experto en aprendizaje’, porque hemos entrado precisamente en la edad –o época- del aprendizaje, en la que todos vamos a tener que estar aprendiendo a lo largo de toda la vida. Y es en la escuela donde tenemos que enseñar a ser ‘buenos aprendedores’”. Y luego, al final, ante una nueva pregunta sobre la “reforma más crucial” que necesita hoy la educación española responde que la reforma “más crucial” es “aceptar lo que nos dicen todas las investigaciones sobre reformas educativas que han tenido éxito: que los docentes son la pieza esencial. Hay que ayudarles, apoyarles y exigirles”.  Y sobre la exigencia del profesorado no es nueva la idea, tampoco en el pensamiento de Marina, de que los profesores deberían ser buscados entre las mejores y más excelentes cabezas de nuestros universitarios.
Algunos, que hemos  proclamado las ventajas de la pedagogía de la Escuela Nueva  y movimientos posteriores, que ponían en el centro de la educación al niño, pero que nunca hemos dejado de creer también en la centralidad del educador,  nos alegramos de que se  reconozca que la recuperación de  la figura del profesor - del educador o del maestro- es la cuestión más crucial de nuestro sistema educativo. Ello significa que quienes han evaluado a  fondo la educación se han dado  cuenta de que hay muchas capacidades y no menos competencias que, aunque sean tarea irrenunciable del alumno, no podrán adquirirlas sin la ayuda necesaria del profesor. Y eso si se le considera, como el profesor citado, sólo como favorecedor del aprendizaje.  Aunque bien mirado, la vida también es aprendizaje y quizás es la  cosa más importante que no puede aprenderse sin la ayuda del  maestro.
Porque da la impresión de que lo que se busca en educación (excelencia, eficacia) tiene que ver mucho con los “fines concretos e inmediatos”, por más necesarios y consistentes  que estos sean. Y que se puede uno deslizar por la fácil pendiente del olvido de los “fines de últimos”. No está de más, para terminar, recurrir a nuestras raíces lasalianas -aunque pueda parecer no del todo coherente con el resto del artículo- y recordar que en nuestra  pedagogía han estado siempre presentes, junto al alumno, estas dos prioridades: el maestro y los fines últimos. Sobre el primero baste recordar aquello de las “Doce virtudes del buen maestro”; sobre lo segundo,  esta frase de nuestro Orizana, que tan bien recuerdan algunos de sus directos discípulos: “Para llegar a nuestros fines más concretos nos hace falta en educación, ante todo, ideas generales, fines últimos”.
Llegados a este punto podríamos decir que hay fines inalcanzables desde la sola estatura del alumno. Se necesita de la presencia –alta e iluminadora, humilde y fecunda-  del maestro.
                                                                         TEÓDULO GARCÍA REGIDOR
Maestro. Profesor del Centro Universitario La Salle


SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
CUMBRE DE ORO DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA



Mujer cerebro, corazón y voluntad, “décima musa” de Méjico

Mujer cerebro, corazón y voluntad, “décima musa” de Méjico y de la América Española en el siglo de Góngora, de Quevedo y de Calderón de la Barca y no menos que ellos.

En Madrid, a mitad de camino entre el templo de Debod y la cervantina plaza de España, Sor Juana Inés de la Cruz tiene una estatua bien plantada y merecida. En la mente de todo profesor de literatura española que no lo sea de mero oficio, hay levantado un altar para su veneración como poetisa, como mujer y como gloria de Méjico y de España en América.

Es de suponer que en la petición de perdón del papa Francisco por la obra de España en América, no entraría pedirlo por el imperdonable exceso de talento, de cristianismo y de estilo español de esta monja jerónima.

Viene al mundo a doce leguas de Méjico capital, en la aldea de San Miguel de Nepantla, el año 1651. Desde pequeñita lee mucho, observa y reflexiona. A los trece años la encontramos  en la capital, en un ambiente de alto estilo, como dama de la virreina de Nueva España.


No cabe en humano juicio

donde nació la Orden de San Jerónimo.

En una singular ocasión, antes de optar por la vida religiosa, un tribunal de 40 eminentes profesores  examina a la hermosa jovencita, que sorprende a todos. “No cabe en humano juicio creer lo que allí se vio”, afirma el virrey de Nueva España.

A los 15 años ingresa en un convento de carmelitas descalzas. La enfermedad le hace retirarse del noviciado teresiano sin acabarlo. Pero, cumplidos los 16, opta por las monjas jerónimas, orden muy querida de los Austrias y muy española, hecha a su medida por cuanto en ella no va a encontrar trabas para sus estudios, podrá escribir y celebrar encuentros y relacionarse dentro y fuera del monasterio con el mundo del pensamiento y de la cultura.

Ya por entonces sus cualidades intelectuales de mujer sagaz, experta en teología, en literatura y en música y sus asombrosos conocimientos científicos corren de boca en boca.
 

Su celda, foco de cultura para América y Europa

Convento de San Jerónimo, Méjico.

Su actividad intelectual desde el monasterio es intensa. Su celda se convierte en un poderoso foco de la vida social, religiosa y cultural de Méjico. Se la consulta y se la escucha. Se la busca y recibe correspondencia de América y de Europa a la que responde.

Por eso, través de su obra podemos asomarnos  a la bullente vida del Méjico de finales del siglo XVII, a sus gustos y costumbres. En el gráfico histórico de aquella media centuria su alma es una cima y su estilo un alto faro.

Lleva su vida religiosa con dignidad y hasta con heroísmo. Cristiana cabal y consecuente, dos años antes de morir se desprende de los 4.000 volúmenes de su biblioteca para atender a los pobres y asiste a sus hermanas de religión atacadas por la peste. Contagiada, muere aún joven una mañana de abril de 1695. Entra en la Gloria.

CUR 
Maestro. Profesor de Lengua y Literatura
Emérito UCJC






PARÁBOLA DEL PEREGRINO DE LA LUZ  

                                                                                      


Fui peregrino de Roma, del Camino de Santiago, de Tierra Santa, en las tres ocasiones  mis pies, peregrino de la Luz.
Al poco de nacer, se me dio una antorcha encendida, sin merecerla ni pedirla siquiera, y con el nacimiento, una noche oscura que cruzar. Con aquella (con la llama) y con esta (con la noche oscura) me tenéis de camino, peregrino. A la espalda, un hatillo de esperanzas, de ilusiones y de felices recuerdos, poco o nada más.
Me precede mi perro, que llamo Estilo. Él me abre paso.
 -     Peregrino como yo, amigo del alma, ¿es bueno el camino que llevo?
 Tengo una sola meta: terminar en la vida eterna que empecé cuando me dieron la antorcha en llamas, me echaron campo a través, per agros, noche oscura adelante, y me hicieron peregrino.
CUR

Geografía de lo sagrado

2. El templo románico, misterioso seno de Dios

Entro en el interior de un templo románico. Me es fácil ver en este recinto sagrado el singular espacio que me lleva a pensar en el seno maternal de Dios: nos encontramos techados por arcos circulares y bóvedas bajas de medio punto, encerrados entre sólidos muros de piedra –la piedra tiene algo del poder de Dios-, instalados en una penumbra misteriosa casi oscuridad, rodeados de silencio…

¿Se ha querido crear, con muros que fortalecen los cuerpos y las almas, un espacio sagrado que recuerde el vientre del cetáceo en el que se mantuvo vivo el profeta Jonás por tres días? Me quedo a solas con Dios, Él, Todopoderoso, y yo, insignificante criatura, pero suya: un embrión, un feto, un hijo de Dios por nacerle para su vida eterna. Me impresiona pensarme invadido por el santo líquido amniótico de la Divinidad. Ciertamente este es un sacro espacio maternal. Aquí soy como Dios me ve, no el que persiguen los ninivitas ni los compañeros de la mar de Jonás. Yo soy el auténtico yo que soy y quiero ser. Soy como Dios me ve.
Vivo de Dios, me tiene en su seno, aquí me alimenta su ser de Madre, crezco, me está gestando, voy tomando la forma de la Divinidad, me preparo para saltar, de esta antesala de la mansión eterna, una dependencia anterior, a la Vida Eterna, al mundo inimaginable de la Luz de Dios.


Santa María de Mave. Palencia.
Dios está en cinta de mí. La gestación en el templo románico se adensa. Me abandono a la presencia de Dios. He de dejarme crecer. Él lo quiere. Callo. Guardo silencio. Me lo ordeno a mí mismo recitando por lo bajo el versillo de los trenos de Jeremías: Bonum est praestolari cum silentio salutare Dei (Tre 3,26). De seguido me lo repito en castellano literal: Bueno es esperar en silencio la salud de Dios.
¡Silencio! Silencio de piedra, de gestación divina, oración, solidez románica.

                                                              CARLOS URDIALES RECIO 
Maestro. Ciencias religiosas. Univ. Lateranensis

 
Diciembrerías navideñas

  • Ntra. Sra. de la Esperanza.
    Catedral de León.
    En Navidad todos los ordenadores del mundo tienen de fondo de pantalla el Portal de Belén. Otra cosa es que no lo vean ni judíos ni moros. Peor, que tampoco vean los cristianos el Portal tomado del natural y sobrenatural de la primera Navidad. 


·         Iba la Virgen, ingrávida de Dios, a la fuente, por agua, en Nazaret, como de costumbre. ¡La curva de su vientre, qué divina! No era una blasfemia: los ojos más limpios veían en aquel vientre el mismísimo perfil de Dios.



·         Profesores de religión: no intentéis explicar a vuestros alumnos lo que es el Adviento: haced que canten las antífonas mayores. 



     ·         Nazaret con unos cientos de vecinos en su censo y a primeros de diciembre ya no cabía un alma. Dios había dado permiso general de ausencia del Paraíso y era forzoso tropezarse con las alas de los  ángeles que se instalaron ya en la ciudad para escoltar a la Madre de Dios que sabían ellos que iba a marchar a Belén a dar a luz.

 


      ·         En adviento, todos peregrinos.
- ¿A dónde va el estudiante?
- Soy repetidor empedernido, pero a Belén a doctorarme en Belén.

·         ¿El Niño Jesús les escribió a los RR.MM.? ¿Les había pedido precisamente  oro, incienso y mirra? ¿O fue cosa de los Magos?

       ·         Un paje de los Magos que quería halagar a San José: ¡Enhorabuena, Patriarca, no puede negar que el Niño es su hijo, clavadito a su padre! San José oscila su varita de patriarca de oriente a occidente y calla como un pesebre de piedra.

      ·     El Emperador Augusto, el del edicto universal de empadronamiento, muy emperador romano y bien servido de fieles y de esclavos, pero ese año, el primero, de estreno, se quedó sin Navidades, ni turrón de Alicante ni mantecados de Antequera hubo en su mesa.

       ·         Una hermosa paloma sobrevolaba la caravana Nazaret-Jerusalén-Belén. Su vuelo daba seguridad, plenitud y gloria a los viajeros.
-      ¿Es de ustedes la paloma?
-      Particularmente de Ella -dice José, mira a su Esposa y le pone mayúscula a la paloma-, pero la Paloma es de todos.


      ·         Los Evangelios no lo dicen, pero los Magos dejaron a la Sagrada Familia un  viaje pagado en oro al extranjero. San José dijo que a Egipto.

·         En Egipto la Sagrada Familia entró sin papeles.

·         El Vaticano no es tan rico ni tan poderoso. De serlo, al canto del gallo de la Nochebuena, los móviles del mundo recibirían un villancico de Lope, música de Tomás Luis de Victoria y pinturas de Fra Angélico.
CUR







EL INSIMISMAMIENTO ESPAÑOL, DE ORTEGA

La empresa de una América tan grande y el revuelto orden cristiano de Europa con la Reforma le habían exigido a España una tensión que habrá que calificar de máxima, incluso de excesiva. Hubo que aplicar todos los recursos materiales, en riquezas y trabajos; los espirituales, en personas y situaciones nuevas y difíciles, que asumir y recrear para el mejor logro del enorme empeño.

España se puso al frente de la Contrarreforma y combatió la Reforma protestante. Afirmó y reafirmó valores propios en esta lucha, y eso no era malo, pero cerró los ojos y no recogió en ese momento lo que de enriquecedor traía la Reforma, no quiso ni verlo, se ocupó en combatirlo. Tampoco le era fácil hacer otra cosa. Lo leímos en José Luis López Aranguren (Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, Revista de Occidente, Madrid, 1963): en luchas como estas nos desequilibramos, exageramos nuestras razones y mermamos y nos privamos de las del adversario. Hay que pensar con Hegel que la “síntesis” vigorosa y fecunda  suele salir de una previa “tesis” viva contrapuesta a su sana “antítesis”, también vigorosa.

España vivió la Reforma y la usó como razón de Estado.

Para Ortega en el siglo XVII España se “tibetanizó”. Ortega exageraba, pero apuntaba algo certero. De 1600 a 1650 España se cerró en sí, se volvió hermética para lo que le venía de fuera, incluso de América y de su Imperio. Salvo excepciones individuales, que se esforzaron en mantener su mirada de águila sobre España y su papel en el mundo, y en cumplir su deber en su propio campo, los distintos grupos sociales vivieron en un permanente e infecundo fuera de juego, en una marginación de lo que la esencia de España reclamaba desde su misma entraña.

El hecho de la Revolución Francesa del siglo XVIII, que sacude los cimientos del mundo civilizado y esparce en él los gérmenes de disolución del liberalismo, no crea en nosotros anticuerpos adecuados sino depresión nacional, escepticismo y desgana, en definitiva, decadencia. La política va a ir en España por un lado y la realidad socioeconómica por otro. En toda Europa a los planteamientos liberales se les rebaja y contrasta con esquemas propios que evitan la disolución. Nosotros no creamos anticuerpos, rechazamos de plano los planteamientos liberales y así no supimos ver que la Liberté, égalité, fraternité de la Revolución Francesa no eran sino principios nuestros por católicos “que se habían vuelto locos”; en el fondo, puro Evangelio, cosa muy nuestra.
El siglo XIX se inicia con la Guerra de la Independencia. La invasión francesa y la debilidad de los Borbones liquidan en España la idea de Estado. No entran en guerra en 1808 dos Estados, sino un Imperio, el francés, y un pueblo, el español. El pueblo espontáneo que se levanta en armas por su independencia es un pueblo abandonado por el Estado. Las posteriores luchas del siglo XIX entre legitimistas y revolucionarios, progresistas y conservadores, liberales y tradicionalistas no cuentan con el Estado.
En pie y enfrentadas aparecen en este siglo las dos España, de que aún seguimos hablando hoy. Y se pensaba que la inestabilidad establecida era un puro problema de técnica política, que habría de resolverse mediante nuevas Constituciones y turnos de partidos en el poder. Empeño vano. Fuera de juego.
No hace aún el siglo, el advenimiento de la República en 1931 fue la gran ocasión de primavera de poner a España en pie y en el camino de su mejor Historia. El fracaso fue total. El Alzamiento Nacional hizo que no terminásemos en República popular de Rusia y que no se cumpliera entonces el eslogan del 1934-36: "Hay que acabar con Dios y con la España de hoy".
La España ensimismada del XVII ha dado en la España que hoy necesita cirugía, mesa de operaciones. No precisamente sables, sino bisturí inteligente. El “cirujano de hierro” de Joaquín Costa  hoy no resolvería nada si no se logran tres cosas: 1. Devolver a los ojos de los españoles su capacidad de mirada de águila hacia el futuro; 2. Organizar el Estado (que vuelva el Estado a su definición de “Sociedad organizada”, y 3. Actuar desde las realidades sociales y nacionales históricas, presentes y de futuro.

Pero este ya es otro tema.

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional 

París, ciudad de la luz

Hoy en día, las relaciones sociales entre jóvenes de barrios marginales como los que habitan la Banlieue de París no tienen parangón con las fuertes conexiones que las redes sociales del mundo de Internet proporcionan a jóvenes de todo el planeta. Alguien ha dicho que los terroristas actuales, de procedencias culturales, económicas y sociales muy diversas, han creado la Europa compacta que nuestro continente no ha sido capaz de crear. O más aún -diría yo-, han creado su antítesis: la Europa del odio, la frustración y la venganza, contra la cual, aun siendo minoritaria, es sumamente difícil luchar. A su sistema operativo, de amplísima base logística en Internet, se conecta un caudal humano que, por métodos infernales de adiestramiento mental, ha logrado traspasar su última frontera, el instinto de conservación. Creado el terrorista suicida que se inmola en nombre de un dios  tan perverso como falso, y activada una poderosa red de financiación y tráfico de armas, manejada por grupos y países sin escrúpulos a los que mueve la codicia o el fanatismo irredento, poco pueden hacer ya los ciudadanos de Europa, sus gobiernos y sus fuerzas de seguridad, sumidos también en sus propias hipocresías y contradicciones, cuando no en la ciénaga de la injusticia y la corrupción. Siempre habrá un cauce criminal para que las armas, que no deberían venderse ni fabricarse, alcancen el último peldaño del terror.

El 11-S de 2001 supuso un punto de inflexión en la historia de la humanidad. La globalización del terror, en estrecha y diabólica conexión con la globalización tecnológica de última generación, podría ser nuestro principio del fin. Ante la magnitud de la amenaza, no me parece demasiado acertado que se haga hincapié en comparar la actitud patriótica de los franceses con la de los españoles: los franceses, cantando supuestamente al unísono su himno nacional, La Marsellesa, mientras desalojan cívicamente el Stade de France, y los españoles tan divididos, tan enfrentados entre sí.

Sólo dos observaciones a esto último. Aunque quisiéramos, los españoles no podríamos cantar un himno nacional que carece de letra (las que crearon Marquina o Pemán no sé si las conoce alguien o si se atrevería hoy a entonarlas). Pero quizá sea mejor que no podamos cantar nada, porque si alguien tiene interés en descubrir la letra del pegadizo himno nacional francés, escrito en medio del ardor y el trasiego revolucionario -1792-, al albur de guerras patrióticas de fronteras, podrá encontrar perlas como ésta en su estribillo: "¡A las armas, ciudadanos!...¡Que una sangre impura abreve nuestros surcos!". O dicho con más precisión: 'que la sangre impura enemiga corra por nuestros arroyos para que beban de ella y sacien su sed nuestro ganado y nuestros rebaños'.

A la ciudad de París quizá sirva de consuelo recordar el lema que luce su escudo, 'Fluctuat nec mergitur', es decir, la ciudad 'es batida por las olas pero no se hunde', afirmación que puede parecer a estas alturas un tanto ilusoria, tras décadas de marginación y envenenamiento social. Las escenas más trágicas del 13-N de 2015 tuvieron lugar en la sala Bataclan de París. Al saber que esta sala estaba situada en el Boulevard Voltaire, por un momento pensé en el cruel sarcasmo que suponía que un suceso tan espantoso se produjese en un lugar dedicado a quien había escrito -justo es reconocerlo- con tanta lucidez sobre la tolerancia. Pero esa luz que iluminó -más o menos- el siglo llamado de las luces y el París conocido como Ciudad de la Luz parece  hoy casi del todo apagada.

ANTONIO PEREGRÍN LÓPEZ DE HIERRO
Ingeniero de Caminos
Noviembre de 2015



MODERNA Y FELIZ FORMA

                                   DE REFLEXIÓN DE LA MAÑANA
Poco hemos podido saber de Jesús Cotta. Que es de Cártama, Málaga; nacido en 1967, licenciado en filología clásica y profesor de griego y de filosofía.

Pero nos ha llenado de grata sorpresa y de noble alegría, al tropezarnos en internet con la página que sigue, el comprobar que la REFLEXIÓN LASALLANA, que venimos considerando en nuestra Escuela de Vanguardia como un “género educativo al servicio de la orientación personal" (y así la hemos practicado en los centros de la Salle y en otros de gran prestigio, como los de la Institución Educativa SEK), tiene en él una vanguardia que practica con expresión nueva, vigorosa y muy feliz.

Habría que condecorar a Jesús Cotta, que se revela con esta creación suya como un educador genial, innato, de raza. Da en la misma diana que La Salle en su siglo XVII y, quizá sin tener noticia de la fuerza creadora de la pedagogía de este santo educador y, en concreto, de la REFLEXIÓN DE LA MAÑANA que La Salle pensó para sus escuelas.
08 noviembre, 2015
Sevilla, 8 nov (EFE).- El escritor Jesús Cotta, profesor de enseñanza media, ha publicado bajo el título de "Comentario" (Isla de Siltolá) sus aforismos, un género al que ha aficionado a sus alumnos, ya que cada lunes les escribe en la pizarra una máxima de un clásico y, cuando se le olvida, ellos se la reclaman.
"Desde que empecé mi trabajo como profesor, hace ya veintitrés años, inauguro cada semana de clase escribiendo en la pizarra una máxima o frase célebre, que siempre procuro que sea esperanzadora, iluminadora, que abra caminos en vez de cerrarlos; a los adolescentes les encantan las máximas cargadas de mensaje", ha explicado Cotta a Efe.
La afición es tal que, ha asegurado el escritor y profesor, "algunos incluso se han llegado a tatuar algunas de esas frases, de lo mucho que les han gustado".
"Ellos han alimentado sin saberlo esta afición mía a escribir aforismos y me han confirmado en mi propósito de que, por muy buena que sea una idea mía para un aforismo, no lo puedo dar a la luz si un adolescente no lo puede lucir con orgullo y sin vergüenza mía en un tatuaje", ha añadido.
Autor de "Rosas de Plomo", el reeditado ensayo sobre la amistad entre el poeta Federico García Lorca y el fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, Cotta ha asegurado que tiene "el defecto de no soportar el pensamiento fácil y tópico".
Por ese motivo, sus aforismos buscan "todo lo contrario de esas tontadas del tipo 'Sé tú mismo', 'Lo importante es ser auténtico y fiel a ti mismo' o 'No me arrepiento de nada'"
Aunque ha advertido que tampoco está dispuesto "a disparar contra cualquier cosa con tal de lograr una frase ingeniosa a toda costa; siempre me ha disgustado la gente que pone su agudeza y su ironía al servicio de pasiones innobles o para ridiculizar a la gente o para estropearnos las alegrías, las esperanzas y las ilusiones".
"Mis aforismos tienen vocación de estrella para la mano del niño perdido en el bosque", dice.
Así, no ha buscado "un libro de frases ingeniosas, sino una guía filosófica de lemas íntimos, con mucho de espiritualidad y nada de autoayuda; ojalá que al menos uno de mis cometas guíe a alguien en la noche de su vida y que al menos una de mis cometas alegre sus días".
La del potencial tatuaje es una de las pruebas a las que somete a sus aforismos antes de darlos por buenos, la otra prueba la denomina "de la secta": "Si una secta adopta un aforismo mío como máxima y deja de ser peligrosa, el aforismo vale la pena; y si un adolescente se lo puede tatuar en el brazo y, cuando sea mayor, se lo puede enseñar con orgullo a su hijo, también".
Cotta ha considerado que "el gran peligro del aforista" es "dejarse engatusar por los fuegos de artificio de los juegos de palabras, por las combinaciones ingeniosas, por el morbo del francotirador, caiga quien caiga".
Y para facilitar su lectura a los más exigentes, los ha clasificado por temas, según sus propios intereses -la poesía, la muerte, el cuerpo, Eros, la verdad, la mentira, el dolor, la alegría- como si se tratara de "islas agrupadas en archipiélagos".
El título de "Cometario" se debe a que, como escritor, Cotta dice sentirse "como si estuviera en la misteriosa Nube de Oort, de donde vienen los cometas", y porque cree que sus aforismos son "como esas cometas que los vientos más alegres elevan y los niños llevan por campos abiertos y soleados: unos cometas para guiar en la noche y unas cometas para celebrar la luz y la vida".
Cotta se ha atrevido a espigar unos cuantos de su libro: "Con amor el sacrificio cuesta menos, pero vale más"; "Finja o no el poeta, el poema no puede ser fingido"; "Sobre mi cabeza, solo el cielo; a mis pies, toda la Tierra"; "La inspiración no se merece ni se trabaja. Te llama si estás ahí" y "Escribe borracho y corrige sobrio".
    
           ¿QUÉ PASA CON LA PERSONA SANTA CUANDO SE MUERE?
Si esta fuera una pregunta del catecismo, la respuesta inmediata sería: que entra en el cielo a vivir y a disfrutar eternamente de la compañía de Dios. Podríamos ratificar la respuesta con el pasaje del evangelio de Mateo, aquel que dice: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer…”.
¿Una respuesta tan sencillamente cierta y tan claramente consoladora?
Hoy día tenemos experiencias antropológicas que nos hacen dudar seriamente de semejante suerte del fiel difunto tras su fallecimiento. Sabemos que en vida mi cuerpo y mi alma están tan unidos que constituyen el ser humano que soy yo. Tanto monta el uno como la otra. En el nacer, en el desarrollo y en el envejecimiento de mis facultades mentales están siempre presentes los dos interactuándose. Y pasa otro tanto en las enfermedades. Y en la muerte ¿va mi alma a quedarse no sólo intacta, sino hasta mucho más potenciada que antes en vida  para convertirse en sujeto de la visión y de la fruición de Dios en el cielo? La doctrina oficial de la Iglesia nos declara que así será, aunque el alma del santo tenga que esperar a la resurrección de los muertos para que su felicidad aumente  intensivamente  de gozo a partir de la resurrección…
Este “estado intermedio” entre la muerte y la resurrección universal que el magisterio de la Iglesia viene asegurando a sus santos fallecidos no tiene una fundamentación bíblica ni dogmática. Pero lo que extraña y escandaliza al hombre de nuestros días no es la falta de peso bíblico ni teológico del dichoso “estado intermedio” del alma, sino  la concepción antropológica que subyace en esta alma del justo fallecido, un alma como la pensada por Platón, que, libre de la cárcel del cuerpo, es capaz de volver a la preexistencia del mundo de las ideas, como a su patria natural.  Este dualismo antropológico entre el cuerpo y el alma en el caso de la muerte  contradice la experiencia común que tenemos de la unidad de ambos en la vida cotidiana.
En estos años en que se ha impuesto una concepción unitaria del cuerpo y del alma, muchos teólogos, al comprobar la insuficiencia operativa del alma separada del cuerpo para elevarse a la luz y al goce de la gloria divina y lo superfluo de una resurrección que no añade nada esencial a la complacencia en Dios por parte de los bienaventurados, han optado por hacer coincidir la muerte individual del fiel cristiano con la propia resurrección llevada a cabo en él por el Dios resucitador. Por tanto, no existe para el difunto santo ningún estado intermedio –ni una duración extensa del tiempo como cuando vivía en esta tierra-. Tampoco existe una resurrección y un juicio universales que pongan fin a esta historia de los hombres.
 

Defensores de este modelo son: J. B. Libanio, L. Boff, Medard Kehl… Este último teólogo escribe: “Cuando el hombre entero, en cuerpo y alma, es acogido al morir en la vida de Dios, ese mismo hombre ha resucitado ya en ella”. Y a renglón seguido apoya la resurrección individual del hombre en la misma muerte individual en el caso excepcional de Jesucristo: “De hecho así lo creemos también de la resurrección de Jesús, el modelo arquetípico de nuestra resurrección”.
Llama la atención que algunos de los teólogos de la liberación, como Libanio y Boff, hagan suyo un modelo que no pone fin a una historia injusta de la humanidad. Esta es la crítica certera y acertada que hace Juan Luis de la Peña a los teólogos de la liberación que siguen este modelo:
“… la historia, el mundo y la comunidad humana quedan sin consumación; sugerir que se van consumando a plazos, en la consumación sucesiva y parcial de cada historia individual, tiene todos los visos de ser un sucedáneo y deja sin respuesta muchas preguntas pertinentes sobre el real espesor y densidad del acontecer histórico. En pocas palabras, este modelo adolece de reduccionismo individualista y conduce derechamente a una indeseable privatización de la escatología, con la amortización de sus dimensiones sociales, políticas y cósmicas.”
Volvemos a preguntarnos: ¿Qué pasa con la persona santa cuando se muere? El problema no está en las respuestas consoladoras que nos llegan de los dos modelos reseñados: el 1º nos promete la entrada inmediata en el cielo de Dios,  aunque sea sólo la del alma separada del cuerpo y con la promesa añadida de que el yo del difunto completará su felicidad celestial con la resurrección universal de los muertos; el 2º modelo nos habla de que al morir la acción resucitadora de Dios transformará el cuerpo y el alma de los fieles difuntos en seres humanos glorificados a imagen y semejanza de Jesús resucitado.
El problema está en que nadie sabe cuál es la entidad metafísica del hombre en su unidad cuerpo-alma quebrantada gravemente por la muerte. Desde luego los dos modelos citados se pasan muy de largo en su valoración del estado metafísico en que se halla una persona muerta. Pensamos que Dios, el resucitador de los muertos, no actúa mágicamente sobre los fieles difuntos. Dentro de estos presupuestos antropológicos, nosotros no debemos medir desde nuestro tiempo la duración que transcurre entre la muerte y la resurrección del fiel difunto. El tiempo de los difuntos no es para él como nuestro tiempo, sino eternidad de Dios participada. La muerte y la resurrección del fiel difunto son acontecimientos sucesivos y distintos, pero no distantes cronológicamente. Por esto decíamos en el artículo anterior: “En el difunto justo, al acto de morirse le sigue de inmediato el acto de ser resucitado. Al muerto le da igual llevar un instante muerto que llevar mil años”.
Dios es el único capaz de crearnos de la nada y es también el único capaz de resucitarnos de la muerte. Confiemos filialmente en Él y dejémonos de introducir de matute argumentos humanos en los que subterráneamente apoyarse, en vez de hacerlo sólo en el Dios de Jesús.
A mí me da mucha paz recordar que,  cuando era “nada”, Dios me sacó de ella. Ahora que he conocido cómo me ama y he vivido de su amor dándole algo del mío, confío serenamente  en que Él me salvará de la muerte. No dejo de pensar que mis huesos “polvo serán, mas polvo enamorado”, y que este mi pequeño amor será tenido muy en cuenta por el Dios resucitador.

EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista y teólogo

   
MATANCERO DE HONOR SOY
Matancero de Honor soy.
Mis armas son las palabras.

Alanceo cuanto puedo
la indecencia y la ignorancia.
Doy mandobles a los cínicos
y a los soberbios, lanzadas.
No consigo contenerme
ante las intolerancias.
Desfacer entuertos es
mi quijotesca enseñanza
y no disgustar a nadie
es la norma de mi casa.
Si alguien me insulta respondo
con una paciencia osada.
Sé atenerme a la alegría
y pongo a la pena cara.
Practico prudencia y paz
por sensatez bien probada.
El don de la inteligencia
es para mí de oro y plata.
Amo la caballería
como caballero en lanza,
pero no mato un mosquíto
por más que me dé la vara.
Reparto luz, cortesía,
buen ánimo y elegancia.
Nada me impide apoyar
al que por pobre se agacha,
pero detesto a los tontos
que de ser tontos se ufanan.
Uso el verso cual un látigo
y empleo a la vez la farsa,
incluyendo el filo agudo
del bisturí de la sátira,
mas me atengo a la razón
sin pasarme de la raya.
Llevo una vida sencilla
y a nadie le debo nada.
Pecho abierto voy delante
con la verdad como espada.
Lo que cuenten los demás
irá en su propia demanda.
¡Matancero de Honor soy
y hombre en estado de gracia!
                                                       Apuleyo Soto
FELICITACIÓN DE CUMPLEAÑOS AL PROFESOR

APULEYO DAVID SOTO TEJEDOR
                                                             por Apuleyo Soto

Hijo mío, Apuleyo,

filósofo didacta

de la Helena escuela…,

para que conste en acta

necesito advertirte

unas dilectas cosas

en el día en que cumples

43 floridos años como rosas:

La primera es que primes

la educación a la enseñanza.

La segunda es que actúes

con prudencia y templanza.

La tercera es que seas

un modelo ejemplar

del bien decir, sentir,

pensar y obrar.

La vida se resume

en el continuo amor.

Que te siga bonita,

profesor.
                                                            (2 diciembre 2015)
    
LAS GYMNASTRADAS
Hasta ahora, en este sobrevuelo por todos los hechos que forjaron las actuales manifestaciones gimnástica, hemos ahondado en sus raíces, allá por siglo XVIII, y las diversas corrientes gimnásticas que surgieron como una evolución de la necesidad del hombre de encauzar el cuidado corporal a través del ejercicio físico y la educación a través del movimiento.
Nos encontramos con tres tendencias o escuelas gimnásticas que nacen en tres zonas europeas diferentes y con unas praxis también diferentes entre sí. Serían las Escuelas sueca, alemana y francesa que estarían vigentes durante todo el siglo XIX. Habría otra escuela, la inglesa, que se decantaría por los deportes colectivos y por el atletismo.
Estas escuelas evolucionarían hacia unos Movimientos Gimnásticos con implantación geográfica más amplia dentro de la Europa occidental, donde se plasma la Ilustración y las bases para la actual civilización de valores humanos basados en el cristianismo y los estados de derecho. Estos movimientos serían los del norte, del centro y del oeste (de Europa). Se mantendrían durante el primer tercio del siglo XX; hasta 1939. ¿Por qué hasta ese año?
En julio de 1939, son motivo de la conmemoración del primer centenario de la muerte de Pehr Henrik Ling, a la sazón creador de la Escuela Sueca de Gimnasia, se celebra en Estocolmo un Congreso de Gimnasia y una gran manifestación de práctica gimnástica; ambos de carácter internacional. Sería la primera Lingiada, organizada por la Federación Sueca de Gimnasia.
En esa Lingiada se producirían intercambios de tendencias e influencias recíprocas en las que se diversificarían e internacionalizarían las diversas corrientes gimnásticas. Se entraría así en el tercer periodo de la manifestación gimnástica. El complejo problema de las relaciones entre las diferentes corrientes entraría en un ambiente de comprensión, aprovechamiento y asimilación de los valores más destacado de cada disciplina.
En esta Lingiada, con prácticas sin el espíritu competitivo de los Juegos Olímpicos, participarían más de 7.500 gimnastas de ambos sexos y de 37 países durante 4 días. Se desarrollarían las demostraciones tanto en el Estadio Olímpico como en otras zonas de la ciudad. A continuación se celebraría el Congreso Mundial, con 1.500 instructores y profesores de gimnasia de 30 países diferentes. En dicho congreso, se expondrían los diferentes métodos y tipos de desarrollo gimnástico de cada corriente.
Se celebró la Lingiada en un ambiente de alegría y cooperación entre las diferentes naciones participantes. Convivieron de la manera más pacífica gimnastas suecos, alemanes, franceses y de otras naciones, todos ellos ajenos a la terrible tragedia que se les iba a venir encima con el estallido de la Segunda Guerra Mundial dos meses después.
Diez años después del paréntesis de la guerra, se volvió a celebrar otra Lingiada, también en Estocolmo y con el mismo formato. Participarían 14.000 gimnastas de 60 países. Dado su éxito, la Federación Internacional de Gimnasia (F.I.G.) propuso en 1951, incluir este gran festival gimnástico en sus programas oficiales con el nombre de Gymnastrada.
Desde la primera, celebrada en Róterdam, en 1953, se han organizado 15 Gymnastradas hasta este año de 2015, cuya sede fue Helsinki. Volvía este gran festival gimnástico otra vez a los Países Escandinavos.
FRANCISCO SÁEZ PASTOR
Universidad de Vigo
  
 

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