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20160614

55 AFDA

                    0CTUBRE, 2016                        
ÍNDICE PRINCIPAL
 
Pregón: Estamos por lo elaborado.
Nuestra Escuela reflexiona: El mismo entusiasmo. Benavente. CUR
Nuestra Escuela se sumerge en la Biblia: Carguemos de relatos bíblicos casa y escuela. CUR
Raíces de nuestro magisterio: Quince palabra mágicas salvadoras. CUR
Dios es amor: Creo en Dios Padre Todopoderoso I. E. Malvido
Nuestros maestros: Canonización de un didacta. Don Manuel González. CUR
Nuestra Escuela celebra aniversarios: Griñón, cien años de travesía. Teódulo G.R.
Centenario de Cela: La familia de Pascual Duarte. Á. Hernández
Leímos: El Novio de la Muerte. Himno de la Legión. Á. Gómez Moreno
Premio al mejor libro de teatro. Pensión Flora. Apuleyo Soto
Madrid, genio y figura: Cuando Madrid era una tertulia. JM Blanco Corredoira
Afderías: Vuelve AFDA… CUR
Alta política con estilo: Del Estado del bienestar a la Patria como servicio. Ramiro D. de Aza
Soneto desde el sentimiento: Tan solo, diferentes. Á. Hernández
Rincón de Apuleyo: Amancio Ortega, el gallego que viste y da de comer. El maestro.
Educación física: Capacidades condicionales: La velocidad. F. Sáez



   
ESTAMOS POR LO ELABORADO

“Creced y multiplicaos, dominad la tierra” Gen 1,28
Desde la primera página de la Creación del Universo la Escritura, nervio de nuestra entraña, anotó para todo ser vivo la orden de Dios de dominar la Tierra. Dios no ha olvidado su mandato. Lo que implica que Dios mismo nos pedirá cuentas sobre el dominio que nos encargó.
Dios nos regaló la Naturaleza. Perdimos el Paraíso Terrenal. Querubines, con espadas de fuego vivo, se apostaron a la entrada. Imposible volver. Se nos arrojó a otro paraíso, éste con minúscula y dolor. Hoy se nos ha avivado la conciencia de que hay que cuidar y cultivar con mimo el paraíso al que Dios nos arrojó que es la Naturaleza. Lleno de maravillas, cargado de misterio, habitado por el mismo Dios que el primero. Por doquier se ve en él su huella, descaradamente manifiesta. Los ecologistas habrían de ser su terrenal ejército en armas. 
Pero también hoy se nos está olvidando que el Cosmos (ya por su nombre, cosmos=hermoso), según la Escritura, canta feliz la gloria de Dios que, en el Antiguo Testamento era Israel, de la que Yahvé se gloriaba sobremanera, y en el Nuevo y Eterno son los pueblos todos de la Tierra.
Al lado de los ecologistas que protegen la casa, el recipiente, el hábitat del hombre, (oíkos, casa; lógos, palabra, tratado) echamos de menos en nuestros tiempos a los andrologistas (ánér-ándrós, hombre) custodios de los tesoros de la historia, elaboración civilizada del animal político que por naturaleza es historia, proyecto, devenir, creador de cultura
Historia es palabra griega, oida= yo sé. En su saber estamos. Sin él somos necios. Daremos cuenta en el Juicio Final del tesoro que se nos encomendó: la Tierra por cultivar, no sólo la que se ara sino, descendiendo a su entraña, principalmente la de los surcos espirituales. Dios nos juzgará uno a uno y juzgará a los pueblos uno a uno. Más interés tiene Dios en el hombre, en la familia y en los pueblos, en el contenido, que en el recipiente en el que habitan, en su hábitat, en la Naturaleza. 
Con perdón de los románticos deficientes, desde el AT sabemos que Dios prefirió siempre lo elaborado, lo cultivado (es decir, la Cultura) y lo científico, a lo espontáneo y natural.
Nos lo enseñó Beaucamp. En ello estamos.


EL MISMO ENTUSIASMO

Escribía el 27 de febrero de 1930 Jacinto Benavente, nuestro premio Nobel de “Los intereses creados”:
“Yo he escrito mis comedias por juego; pero es que para mí el juego ha sido siempre lo más serio de toda mi vida. He jugado a escribir comedias con el mismo entusiasmo, con toda la ilusión que ponía en mis juegos de niño. Y por ese juego he podido sentirme niño siempre, y a ese niño que llevo en mi alma le debo la vida”.


CARGUEMOS DE RELATOS BÍBLICOS 
                                                                    CASA Y ESCUELA 

Habrá que volver a escuchar a Paul Claudel, que tenía desgastados los bordes de las hojas de su Biblia de pasarlas y repasarlas con sus dedazos de francés, también de diplomático y de poeta. Podía recordar este hecho la hendidura que termina haciendo en la piedra del pilón el animal que de continuo allí va a beber y apoya su barbilla.

¿Qué decía Paul Claudel de la Biblia? “Que es necesario habitarla, impregnarse de ella” “que es algo para comer, para devorar, para hacerla pasar entera a las entrañas por la avenida de los dientes, de la lengua y del gusto”.
En uno de sus libros nos cuenta su grata experiencia infantil de la Biblia: “La Biblia va a asociada en mí al primer despertar del corazón y de la imaginación. Desde mi más tierna infancia, cuando aprendía a leer en los bancos de las Hermanas de las Escuelas Cristianas de Bar-le-Duc ¡con qué interés miraba las grandes láminas de cartón que nos ponían en las manos y donde estaba representada la vida del Señor! Y más tarde, en el liceo, la Historia Sagrada hizo las delicias de mi clase de preparatoria. El sacrifico de Abrahán, el Diluvio, los desposorios de Rebeca, Jacob, Moisés, Tobías, el castigo de Heliodoro, la samaritana, y tantas imágenes magníficas de las que sólo puedo decir una cosa: que colmaban mi sensibilidad. ¡Qué caída, luego, cuando tuve que pasar a los griegos, a los romanos y a sus sucesores!”  (Amo la Biblia, Barcelona, 1956, p. 7 y 22).
Este curso
       1.       La Creación del mundo.
       2.       El Diluvio universal. Noé
       3.       Abrahán sale de Ur de Caldea. Estrellas innumerables.
       4.       Isaac. El plato de lentejas.
       5.       Jacob. La escala de Betel.
       6.       José vendido por sus hermanos. Egipto.
       7.       Viajes de los hermanos de José. Jacob en Egipto.
       8.       David y Goliat.
       9.       Judit.

        Zereutes
Ancien élève de Évode Beaucamp
y de Francesco Spadafora

RAÍCES De nuestro magisterio

QUINCE PALABRAS MÁGICAS SALVADORAS

Entraña, intuición, magisterio, estilo, alegría, entusiasmo, filosofía, lengua, Renacimiento, Biblia, España, La Salle, Dios, la Gloriosa de Berceo, Cristo.


De pequeño, cuando desperté del sueño de haber nacido, me encontré en un mundo mágico que me venía como anillo al dedo. Era mi mundo. Quizá el de todos. No lo sé. Esto fue allá por los cuatro, los cinco o los seis años, antes de los siete.
 Por ejemplo. Mi abuela María me enseñaba entonces unas oraciones cortas, mágicas. Propias para mi mundo. Si acertabas a rezarlas sin faltar un día, se me abrirían de par en par las puertas del Paraíso: Santa Catalina, mañana son tus días, subirás al monte compuesta y vestida… Levántate, Juan, enciende candela… El que esta oración dijere tres veces al acostar, aunque tuviera más pecados que arenas hay en la playa, que peces hay en el mar…
Luego llegó la riada de la vida y el uso de la razón, ese muro-centinela que te detiene hacia los siete años, y tuve que entrar en la Escuela… y ¡adiós los encantos todos! Se me quedaron atrás, con su mundo mágico entero, perdidos, listos para el olvido, tragados por la Lógica. Más tarde supe que tenía nombre propio esa Lógica con mayúscula inicial: el de Aristóteles… Me llevó y arrastró, como a muchos, la poderosa riada de la sindéresis.
¡Qué caída!
Náufrago en el mundo del sentido común, que no ahogado, claro, espero el barco que me salve y lleve al puerto definitivo, el de la Patria Mágica de la Eternidad, del que el mío de mi primera infancia era una mera nota antes del concierto, un golpecito de diapasón.
Los teólogos no se han llegado a enterar, pero Dios nos tiene preparado algo mejor que el Cielo de sus teologías, la Patria Mágica de la Eternidad.
Cuando ya apenas si me quedaba espuma de mi mágico mundo primero, a eso de los dieciocho años, Dios nos envió, a mí y a mis amigos, un arcángel, todo luz y misterio, sobrehumano. Se llamaba Orizana. Desde nuestro lejano mundo mágico primero, nos fue Orizana abriendo los ojos al Mundo Mágico Definitivo. Sin tener que renegar de Aristóteles. Nos dijo que nos salvarían una docena de palabras que él hacía surgir en nuestra presencia, como estallan las flores en primavera, se deslizan las estrellas veloces firmamento adelante, nacen los niños, la verdad se pronuncia sin merma, revolotea la mariposa de un verso certero, se dibuja inteligente una  sonrisa, la fuente iza su lanza de cristal… 
De mi vida pasada no me queda más que la tabla del náufrago y unas palabras de oro. Orizana nos dijo que, de las muchas que nos enseñó, nos bastarían las de los dedos de las manos de las que él nos entregaba con su entraña mágica. Le pasaba lo que a Max Scheler, que había palabras que en él conseguían vida singular, las pronunciaba de manera personal, única. Se nos abrirían las puertas del Paraíso con solo pronunciarlas con la carga de mágica música con la que él nos las entregaba. Recuerdo hasta quince: entraña, intuición, magisterio, estilo, alegría, entusiasmo, filosofía, lengua, Renacimiento, Biblia, España, La Salle, Dios, la Gloriosa de Berceo, Cristo. La verdad: se implican unas en otras. Una decena de ellas nos vienen salvando, me salvará, nos salvarán. A ellas me aplico y trato de mantenerlas a la altura que las pronunciaba mi maestro Orizana. ¡Serán mi salvación en el Dies irae et misericordiae, dies illa!
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro. Profesor de Lengua y Literatura
Emérito UCJC

*Si una secreta pero real presencia de la eternidad palpita en el corazón de todo lo efímero y nada es tan meramente temporal que no lleve escondido su pálpito en peso de oro de eternidad, la magia de palabras que se lleva el viento– no la magia necia y de superficie, sino la estelar y celeste- de una docena de palabras puede salvarnos, salvar a España, salvar a Europa y salvar al Mundo.
*En el “viator” que a diario, todas las noches al acostarse, le repite a Cristo la súplica del buen ladrón: “¡Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino!”, para toda la eternidad figurará en su haber que hizo día a día semejante súplica de oro.
La eternidad, que es un instante que lo es eternamente sin dejar de serlo, totaliza y asume el punto más pequeño que quedó disperso por el tiempo.

* Paladeábamos los sonidos de las palabras mientras Orizana las pronunciaba y el sabor de su realidad mágica se disparaba o estallaba en nuestra mente: el horizonte se nos quedaba sin límites, tot lumina tot limina, era el lema del Maestro. Luego, el silencio, cóncava caverna. Siempre el silencio, vacío y plenitud, y la enorme cóncava caverna de la realidad (mágica).

    “CREO EN DIOS PADRE TODOPODEROSO,
                                                     CREADOR DE CIELO Y TIERRA”

I. El Dios del Amor y de la Omnipotencia creó el mundo “ex nihilo”
La cuestión de los atributos divinos depende de la relación que se establezca entre Dios creador y sus creaturas, especialmente las creaturas humanas. Pues bien, en la acción creadora de Dios hay que distinguir dos modos claramente diferentes de crear: el primer modo es el de la creación inicial, en el que sólo actuó Dios; el segundo modo es el de la creación continua y en este modo el Creador y las creaturas interaccionan misteriosamente. Sobre el primer modo escribe  Ian G. Barbour:
“Las potencialidades puras de la primordial naturaleza de Dios se habrían realizado más fácil y rápidamente en aquellos primeros momentos que en la historia subsiguiente, y representarían un ejercicio del poder divino esencialmente unilateral,  como lo afirma la tradición ex nihilo” (en el libro colectivo dirigido por J. Polkinghorne, La obra del amor, p. 39).
Sentido tradicional de la frase “Dios crea ex nihilo”
En la Biblia únicamente se conoce la primera modalidad creadora de Dios. En la teología cristiana es a finales del siglo XIX, con motivo de la hipótesis del evolucionismo biológico defendida por Darwin, cuando empieza a hablarse de la creación continua de Dios.
El libro del Génesis relata que Dios creó el firmamento  y la tierra, así como las creaturas de uno y otra, en el transcurso de 6 días. Y los creó a todos tal como hoy  los conocemos. No ha habido evolución alguna en ellos. Se trata de una creación “fija”, no evolutiva. Son tantas las creaturas creadas y cualitativamente tan diferentes que san Agustín dio a cada día de  la creación la duración de mil años (1 día=1.000 años; 6 días=6.000 años). Este cálculo imaginativo del santo ha sido aceptado como plausible por una teología que ignoraba la teoría del evolucionismo o que sigue negando validez a una creación evolutiva.
Dentro de la visión de un creacionismo fijo o fijista, se afirma que Dios ha creado el cosmos libremente, no forzado por la necesidad metafísica de su Ser. Es uno de los significados de la expresión teológica “creatio ex nihilo”=”creación desde la nada”. Otros significados de la creación desde la nada son: que antes de la acción creadora de Dios no existía nada, ni el mundo como caos,  ni espacio,  ni tiempo; que en el acto creador de las “leves”  almas y de los “pesados” cuerpos sólo intervino el Principio del Bien, el único Principio existente, Dios; que la frase “creación desde la nada” caracteriza la singular manera de actuar de Dios, a diferencia del actuar humano, que siempre parte de algo existente.
Aspectos válidos de la fe en sólo la creación inicial
·                        Si todo cuanto existe en el mundo es contingente, tiene que haber Alguien que sea necesariamente por naturaleza y que haya dado libremente el existir, es decir, que  haya creado, a cuantos integran el universo. No es concebible que los seres contingentes, seres prescindibles en cuanto seres, puedan darse a sí mismos ni a otros la existencia. De aquí la desafiante pregunta de Leibniz: “¿Por qué hay algo en vez de nada?” La única respuesta acertada es afirmar la existencia de un Dios cuya naturaleza consiste en Ser y que ha comunicado el existir de mil diferentes maneras a este “algo” hermoso pero siempre contingente que es el mundo.
·                        Los que confesamos nuestra fe en la creación inicial no podemos aceptar que los males que se dan en el mundo, males físicos y morales, tengan su origen en la acción primordial creadora de Dios. Si nos estamos refiriendo a la creación inicial, esto es, al “ejercicio del poder divino esencialmente unilateral, como lo afirma la tradición ex nihilo”, ahí todavía no aparece ningún tipo de mal. El relato del libro del Génesis culmina la acción creadora de Dios, justo después  de narrarnos la creación del ser humano “a nuestra imagen y a semejanza nuestra”, con estas palabras: “Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien”.
Si en la intervención en solitario de Dios en la creación inicial no consta la presencia de los dolores ni de la muerte posteriores, está claro que el dilema de Epicuro, que partiendo del mal niega o bien la omnipotencia o bien la bondad de Dios, no tiene cabida en el relato bíblico de un Dios que crea ex nihilo.
·                        Hemos dicho más arriba que uno de los significados de la “creatio ex nihilo” es que dicha expresión revela la manera singular de actuar de Dios en la creación primordial: Dios crea “desde nada”, mientras que los seres humanos pensamos y fabricamos siempre a partir de algo existente.
Esta diferente manera de obrar por parte del Creador y por parte de las creaturas humanas establece una frontera infranqueable para los seres humanos. Tampoco los mejores filósofos ni los científicos más autorizados son capaces de comprender ni de reproducir virtualmente el actuar de Dios en su creación inicial o creación desde la nada. Veremos en el próximo tema que ningún ser humano es capaz tampoco de entender la actuación divina en la creación continua,  su inter-actuación con las distintas creaturas. Incluso los cristianos que creemos en la creación primordial y en la creación subsiguiente de Dios no sabemos nada de cómo creó Dios este universo ni cómo interactúa con sus creaturas en este cosmos en evolución.

Graves deficiencias de una creación entendida sólo “ex nihilo”

·                          Ni el pensamiento especulativo de los filósofos ni el conocimiento experimental de los científicos pueden acceder a la decisión primordial creadora de Dios, pero sí que pueden “llegar” a sus efectos manifestativos cósmicos, que reflejan de alguna manera los atributos del Creador “ex nihilo”. De hecho, en los últimos años, gracias a los avances descomunales de la tecnología, los científicos hablan de una antiquísima y potentísima explosión de energía (“big bang”) y de su posterior transformación durante miles de millones de años en realidades que hoy conocemos como galaxias, estrellas y astros, planeta tierra, reino mineral, reino vegetal, reino animal y finalmente el “homo sapiens”=el ser humano.



Ceñirse al Creador desde la nada, Origen primordial de cuanto existe, y dejar en el olvido el devenir de ese “algo” existente equivale, por un lado, a admitir que Dios Creador ha abandonado a sus creaturas y, por otro lado, a negar  la historia evolutiva de la naturaleza y de la humanidad descubierta y verificada recientemente por las diversas disciplinas científicas (paleontología, biología, genética, astrofísica, química, ciencias naturales, historia…).

·                          Es un error entender literalmente la historia que cuenta el capítulo primero del Génesis acerca  del cosmos y en particular acerca del primer ser humano en el sentido de que aquella situación original era muy superior, en todos los órdenes de la vida, a los tiempos posteriores de la humanidad. Las citadas ciencias son unánimes en sostener que la historia real de la evolución humana va de lo imperfecto a lo más perfecto. Es una cosa contradictoria que una religión como la cristiana, que deriva de una religión abierta a la evolución histórica como la religión judía, tenga una teología que sitúe al primer hombre histórico en un nivel de perfección por encima del de sus descendientes.

·                          Quien se limite a creer sólo en la creación inicial de Dios no puede, sin embargo, negar la existencia de males en la existencia de nuestro planeta tierra. En el caso de los males morales puede librar a Dios de cualquier responsabilidad culpando de dichos males a los sujetos humanos, pero ¿cómo excusar a Dios de la existencia de males físicos como las enfermedades, el sufrimiento gratuito, las víctimas inocentes de inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas… y siempre la muerte de todos los vivientes? No bastan las respuestas de la teodicea tradicional: que si los sufrimientos pueden ayudarnos a madurar, a aceptar nuestras limitaciones y a fiarnos más de Dios; que pueden purificarnos de nuestras imperfecciones; que pueden ser afrontados y superados si nuestro amor a Dios es auténtico… (En el próximo artículo, desde la fe en la creación continua de Dios, procuraremos dar la razón suficiente de la existencia de los males físicos y morales)

Si los atributos divinos dependen de la relación que se da entre el Creador y sus creaturas, es lógico concluir -en el caso de la creación inicial- que comparecen todos los títulos tradicionales de Dios: Amor, Omnipotencia... En los restantes casos de la creación continua de Dios, según se refleja en los artículos del Credo cristiano, veremos que el atributo del Amor prevalece sobre los demás atributos divinos. Solamente en el último artículo de nuestra fe (“Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”) volveremos a encontrarnos con los atributos clásicos de la Divinidad.

EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista y teólogo
                                        


CANONIZACIÓN DE UN DIDACTA

Lo que aprendimos de don Manuel González, cuando estudiábamos a don Andrés Manjón, desde su Sinaí del Sacromonte,  al vallisoletano y lasallano don Daniel Llorente en su “Pedagogía catequística”, al Padre Poveda caballero de un nuevo renacimiento de estudios superiores llevados adelante por intrépidas amazonas de una vanguardia femenina,  fue la didáctica.
Era don Manuel González un genial maestro de la didáctica. También aprendimos de él  que los Evangelios estaban vivos y sus relatos tenían el frescor de lo recién brotado (esto confirma la genialidad didáctica de don Manuel González). Era un obispo de cuerpo entero, era un catequista nato, fundador de una sociedad religiosa, un hombre un tanto tocado por la idea de los sagrarios abandonados y por otras piadosas “chifladuras” de tipo religioso, las cuales remaban a favor unas y en contra otras de su magisterio de la didáctica.
Como estudiantes, entonces nos estábamos asomando a Alemania y a Austria educadoras y hasta  hicimos nuestro el “Método de Munich”. De Otto Wilmann estábamos aprendiendo que era excelente empezar por un relato o imagen intuitiva, seguir de lo singular o particular a lo general, dialogar con los alumnos y dejarles hablar entre sí. De Kerschensteiner aprendimos tres palabras inglesas: learning by doing, escuela activa. De Francia empezamos a tener noticia de un prócer de la didáctica: Frère Vincent, todo un cosmos en las EE. CC. De Italia nos llegaban primores de metolología y de contenido. Nos zambullíamos con el Movimiento catequístico lasaliano de Italia en una primavera pedagógica: en ellos todo era fresco, nuevo, fácil, alegre. Una legión de pedagogos capitaneados por Fratel Leone di Maria estaban abriendo caminos a juego con nuestra marcha.
Pero, entre unos y otros, entre todos, la figura del adelantado Don Manuel González nos fascinaba sobremanera. Era única.  Sus cabriolas evangélicas, su lenguaje de chaveíta entre agitanado y andaluz cerradito, gracioso, saltarín, era una Arcadia para nosotros, algo que imitar a la letra, al pulso y al talante de un magno recreador del Evangelio.

Ahora nos le canonizan y nosotros pensamos que con él nos suben a los altares a la misma Didáctica: que don Manuel González es su didáctica, una singular y egregia figura de la didáctica.
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro. Ciencias religiosas. Univ. Lateranensis

Sus chaveítas recreaban el evangelio:

·         Cuando la tempestad
“¡Maestro, alevántese usted correndito que nos ajogamo!”
·         El hidrópico
“Ea, vete pa tu casa que ya se acabó eso…” 
·         La hemorroísa
“Y va er Señó y se güerve pa detrás y va y dice: Je, ¿quién me ha tocao a Mí…? 
·         La pesca milagrosa
Paese que los pescao se gorvieron locos…” 

·         Parábola de la oveja perdida
“… era mu güeno y quería mucho a su ganao y va y le dice al ganao: estarse quieto ustedes ahí y no irse, que voy a ve si encuentro a esa desgraciá”.

·         La Ascensión
“… y va entonse, de pronto, levanta las manos y bendice a toa la gente y, sin desir na, se va parriba mu despasito hasta meterse en el sielo…”
SIN ECHAR EL ANCLA
                                                                                              
                                       




GRIÑÓN, CIEN AÑOS DE TRAVESÍA

Si alguien volviera a Griñón después de cien años, encontraría  la casa de La Salle como un barco que emerge no ya sobre las  mieses doradas de los campos griñoneses, o sobre  la alfombra verde de sus hortalizas, sino sobre modernos chales o confortables urbanizaciones. Pero ahí sigue este barco, con el mástil de su esbelta torre, rumbo a lo desconocido, en una travesía que cumple cien años y sin que haya echado el ancla para detenerse, ni siquiera en los momentos más duros y accidentados de su viaje, azotado por  vientos tormentosos. Ahí sigue esta Casa entrañable para el viajero, referencia segura y atalaya visible.
  1. Fueron los Hermanos de Bujedo los que eligieron el lugar donde nacería el Griñón  lasaliano. Y optaron por una llanura inmensa, luminosa. Quizás fuera su añoranza de horizontes casi infinitos lo que les cautivara, encerrados como estaban en la verde hondonada de Bujedo. Este lugar fue del agrado de todos los que lo vieron (un pequeño concilio de directores de las casas de Madrid, presidido por el H. Asistente y H. Visitador dio su visto bueno) y causó especial sensación en quienes lo vieron años después: los novicios menores. Estos, al llegar a la otra Castilla, calificaban a Griñón como “una de las aldeas más pintorescas y atractivas de la provincia de Madrid”, sobre todo por “la feracidad de su suelo plantado de olivos, higueras, cereales y viñedos (que) le dan un aspecto encantador, cual escondido oasis en medio de dilatada y escueta meseta central de Castilla”.  Un oasis con agua abundante  y de excelente calidad… objeto de  deseo para no pocos nobles habitantes de la Corte.
 2.  El barco de Griñón se hizo a la mar en 1916 con una tripulación exigua: tres Hermanos eran a la vez tripulación y pasaje. Luego llegaron los primeros auténticos pasajeros, novicios menores, en 1919. Durante unos años navegaron en el barco antiguo, la casa adquirida y ampliada después.  Pero el barco se transformó en impresionante buque para acoger a nuevos pasajeros: novicios y escolásticos, junto con aumento de novicios menores, estrenaron  ese buque nuevo, inmenso, moderno, esta espléndida casa terminada en 1928. El remate del nuevo buque lo fue la Capilla de bella y sólida factura. Durante años convivieron el barco primero y el moderno buque, convertidos en la entrañable Casa de Griñón.
  3. Celebramos este mes de octubre el Centenario de Griñón. Ello significa un siglo de presencia lasaliana y de travesía por estos mares de Castilla. Un siglo de convivencia con la Villa de Griñón; cien años de acogedora presencia para los pueblos vecinos… Pero Griñón tenía vocación de amplio lugar de confluencia, cálido y caluroso punto de encuentro  de gentes llegadas de todas partes. Bien es cierto que los pasajeros venían, en oleadas juveniles, sobre todo de las dos Castillas, Extremadura, Andalucía y Canarias… Cada verano llegaban jóvenes, casi niños algunos, y se embarcaban con ilusión desbordante en este buque que les llevaría rumbo a tierras desconocidas, atravesando los mares de la cultura, de la fe, del espíritu; creciendo en ciencia y virtud, y dejándolos en puertos-escuelas, que eran promesa de una vitalidad desbordante. Y luego, vuelta, el barco, a la travesía de siempre…
  Celebramos gozosos los cien años de presencia lasaliana de esta amplia y hermosa Casa que ha sido para nosotros, el lugar paradójico (duro y blando, cálido y frío, riguroso pero a la vez flexible) donde emergió temerosa nuestra adolescencia, maduró nuestra juventud, se fraguó nuestra personalidad de hombres creyentes y de educadores. Griñón fue para nosotros un hogar especial, donde aprendimos a convivir en diálogo espontáneo con la cultura de los otros, donde nos mezclamos sin prejuicios, donde aprendimos a incorporar una cultura común, donde los acentos de nuestras hablas, sin perderse totalmente, se unificaban en un lenguaje común.  En Griñón se abrieron nuestros ojos a una luz para algunos insospechada y aprendimos a poner nombre –otro nombre, quizás- a las cosas, desde el lenguaje de la fe cristiana a través del hermoso dialecto de La Salle. Todos los que hemos hecho la travesía en este barco adquirimos un estilo propio, una visión particular del mundo, un modo diferente de ser y de hacer…  En un tiempo esto cristalizó en un lema que aún perdura: aquí profesábamos ya “magisterio y estilo”.
  4. Celebrar un centenario es ocasión gozosa para todos: para quienes han permanecido en el barco, timoneles o capitanes renovados, tripulación generosa y esforzada, pasaje que fue acostumbrándose a la dureza y a las bondades del viaje… También para quienes abandonaron el buque y se quedaron en apacibles puertos o se embarcaron en nuevas y diferentes travesías. Todos llevamos la impronta, el sello de Griñón. Todos hemos gozado de sus delicias –o hemos sufrido sus rigores-. Pero todos estamos agradecidos a este lugar -“lugar de aprendizaje”- en donde entre tanteos -ensayos y errores- aprendimos sobre todo a ser hombres.
  Al acercarse las fiestas centenarias sea lo primero celebrar nuestro gozo sincero, nuestra alegría contagiosa por la presencia de esta obra grande, de este lugar de cultura y de fe, de este taller de aprendizaje para tantas generaciones de jóvenes españoles. Y después, acercarnos, espiritual o físicamente, a agradecer a  quienes hicieron posible este continuo milagro de  generar –de engendrar- personas nuevas, hombres que, quizás carentes de  algunas cosas importantes debido a la naturaleza de este “internado permanente” que fue Griñón, sobreabundaron en otras no menos importantes.  


Acudamos, espiritual o físicamente, a Griñón y contemplemos, desde la perspectiva de los años, sus largas y diversas travesías; algo de nosotros permanece todavía en el barco. Demos gracias a Dios por estar aún ágiles de cuerpo y de espíritu, a pesar de los años transcurridos, y ser capaces de subirnos  a este barco en marcha, que no ha querido  echar el ancla –sólo lo imprescindible- y dispongámonos a recordar, evocar, celebrar… y vislumbrar  aún nuevos horizontes.

                                                                         TEÓDULO GARCÍA REGIDOR
Maestro. Profesor del Centro Universitario La Salle
Director Institución La Salle

Nació Camilo José Cela el 11 de mayo de 1916. Hasta finales de la próxima primavera estamos, pues, de centenario. A lo largo de la temporada que el número 55 inicia, AFDA rendirá homenaje a nuestro Nobel, con el comentario de algunas de sus obras maestras. Seguiremos, en su presentación el orden en que vieron la luz.

La familia de Pascual Duarte

(Primera novela de Camilo José Cela. Véase su presentación en “páginas”)
                             

                       El Novio de la Muerte
(Himno de la Legión)
Ángel Gómez Moreno,
Sial/Fugger Libros, Madrid, 2012

Estamos ante una joya de serio rigor histórico, al que se añade una prestancia literaria.  Se trata de un folleto de 75 páginas preciso, sabio y didáctico, fruto de una investigación detenida, que indaga, pretende darnos y logra entregarnos – al cabo de noventa años de desgaste en las gargantas de los legionarios y del pueblo español-  “la vulgata” del himno de la Legión,  El Novio de la Muerte (adviértase la feliz expresión del autor: “la vulgata legionaria”, es decir, el texto canónico, depurado y  definitivo).  
El autor, Ángel Gómez Moreno, es un prestigioso catedrático e investigador de la Literatura española en el mundo universitario nacional  e internacional. En este breve trabajo ha puesto toda su personalidad de profesor y de investigador. Un ejemplo que imitar. Particularmente para nosotros, que siempre anduvimos tras la “obra bien hecha, la que nos será contada” que nos pedía Eugenio d´Ors.
No hay noticia ni cabo suelto sobre El Novio de la Muerte del que no se nos dé cumplida razón en este estudio. Desde que lo cantó Lola Montes, en Málaga en 1921, pasando por el entusiasmo de Millán Astray como himno para su Tercio, hasta la leyenda del cabo Baltasar Queija de la Vega, que tras la muerte de su novia va a unirse con ella, el primero de todos los legionarios en caer, en los combates de Beni Hassan...

La letra del himno de Fidel Prada llega un momento en que deja de ser propiamente suya, pasa a la Legión, a España, por el fenómeno popular que Menéndez Pidal llamaría autor-legión.
El autor se aplica en su trabajo a lo que más le importa: establecer el texto crítico tras el que anda, la vulgata legionaria. Nos dirá, por ejemplo, con razones precisas, que habrá que preferir el “alistarse en la Legión” al “alistarse a la Legión”; “cuando más rudo era el fuego”, alcuanto más…”; “unirse en lazo fuerte con tan leal compañera” al “unirse en lazo fuerte con tal leal compañera”; “sin temer al empuje” al “sin temor al empuje…” Etc. Una delicia de precisiones.
Otros puntos encontrará el lector que le satisfagan al quedar resueltos, como el malintencionado tema de la necrofilia y del culto a la muerte atribuido a la Legión. El legionario no anhela la muerte. Pertenece al mundo de los héroes de todos los tiempos, desde Homero. Está dispuesto a sacrificar su vida en beneficio de su patria.
O el tema de la conjunción de tres elementos en el legionario novio de la Muerte: un viento de leyenda, legendario; un ancho espacio mágico de aventura y romanticismo  como exaltación de la fraternidad legionaria y del amor a la Patria y la novia como ideal  del siempre presente amor en toda la literatura de caballeros.
Finalmente, la Legión marca. El autor sugiere la posibilidad de suprimir el adjetivo antiguos de la Hermandad Nacional de Antiguos Caballeros Legionarios. La Legión marca para siempre a sus caballeros.
Carlos Urdiales Recio
Maestro, Profesor de Lengua y Literatura

Emérito UCJC





Pensión Flora, APULEYO SOTO, Ed. Pigmalión, Madrid, 2016




PENSIÓN FLORA, PREMIO AL MEJOR LIBRO DE TEATRO
No sé si sabía Basilio Rodríguez Cañada el Grande, factotum del Grupo Sial Pigmalión, que ya Antonio Buero Vallejo, cuyo centenario celebramos en mutísimo silencio, me había definido como “duende, niño y poeta con barba y pipa” en el prólogo-introducción a mi “Teatro para niños” editado por Fundamentos en 1981.
El caso es que acababa de otorgarme el “Premio Escriduende” a la Mejor Obra de Teatro 2016 publicada en su Catálogo, y yo se lo agradezco fervorosamente aquí.
La entrega del galardón tuvo lugar en la Biblioteca Eugenio Trías el domingo 12 de junio, a las 12 horas, como colofón de la Feria del Libro de Madrid. Nuevamente, gracias.
No paro de pensar que detrás de cada hombre o mujer, niño o niña, adolescente o adolescenta, joven o jóvena… existe un ángel o duende de buena o mala sombra y suerte, que dirige y ampara o tergiversa y hunde su porvenir.
¿Existen los duendes, los gnomos, los elfos, las hadas, las brujas? Claro que sí. Y más de una vez los vemos, los hemos visto y volveremos a verlos e imaginarlos. Porque los necesitamos. De ahí el éxito de mi “Pepín Pepino, el fantasma miedoso” (Editorial San Pablo), que ya va por su séptima edición y que colma los sueños de todos sus lectores por los colegios de España e Iberoamérica. (Aparte de sus traducciones al polaco y al italiano)
¿No fueron duendes (benéficos) Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Bécquer, Espronceda, Machado o Rubén Darío? Y más y más. Pues yo también, milagrosamente.
Permitidme un recuerdo final para Gloria Fuertes, mi hada madrina en esto de los cuentos y las poesías. Ella me confesó que “estaba hasta los ovarios de niños”. Lo decía de mentira, porque yo tampoco estoy “hasta los h.” Ningún lector logra tocármelos, sino que se sonríe conmigo.
 APULEYO SOTO
Maestro y poeta. Periodista. Dramaturgo. Juglar

Añádase. El que quiera ver en su mejor salsa y rendidos por dentro-entraña de entraña, humor de humor, desenfado de desenfado-  a Unamuno, a Pío Baroja, a Valle Inclán, a Azorín, a Antonio Machado…, que se beba de un trago o, mejor, sorbo a sorbo, despaciosamente, las noventa páginas de esta penúltima pieza  de Apuleyo. ¡Enhorabuena, muchacho! ¡Lo que tocas, lo bordas con hilo de Lope! CUR





Cuando Madrid era una tertulia

Mandamientos de la Sagrada Cripta del Pombo


Hubo un tiempo en que Madrid era un rosario de cafés y tertulias, un tiempo en que cualquier señor tenía la costumbre de dejarse caer, a la hora conveniente, por el local de su gusto en el que otros, como él, formaban peña de conversación. Era el tiempo en el que la vida era conversación, así lo creyó el mejor escritor de café de la historia y máximo articulista, César González Ruano, o simplemente César. “A la hora de entornar los ojos y ensayar una pequeña meditación, ¿qué fue para mí la vida? Tertulia...”, confesó en la primera hoja del año 1954 de su Diario íntimo.

Aquel adalid de la palabra fue, con elegante desgana, alma de muchas tertulias madrileñas: las del Lyon, Recoletos, Gijón, Teide o Comercial; -y de muchas otras en Paris, Roma, Sitges, Barcelona, Cuenca, por citar sólo algunas de sus frecuentadas o vividas ciudades-, pero su carácter desdeñoso no le sirvió jamás para llegar a ser algo así como el director u oficiante de una tertulia formal. El hombre que había sido capaz de ser nervio de aquel género de vida, hasta convertirlo en una institución, fue el simpar Ramón Gómez de la Serna; o simplemente Ramón. Ambos fueron espíritus callejeros –paseante en Corte se llegó a llamar a sí mismo-; rastristas, amantes de la almoneda como una metáfora del destino de nuestras vidas; coleccionistas sin método y afinadores de la mirada como razón de vida y más preciada herramienta de la escritura.

 Ramón había constituido a principios de siglo, en 1912, su particular partido literario que capitaneaba desde el café botillería llamado Pombo, en la calle Carretas, porque la suya fue una tertulia exclusivamente literaria y defensora de un estilo y una estética que era, precisamente, la suya propia, la de Ramón.
 Eligió la noche de los sábados por ser la más liberal y no poder soportar la idea de quedarse en casa. Hacia las diez y media comenzaba formalmente aquella tertulia que se llenaba hacia medianoche y terminaba a las dos de la mañana, hora en la que unos contertulios acompañaban caminando a otros hasta sus casas, o daban varias vueltas a la Plaza Mayor para apurar la conversación y la compañía.
Toda una serie de ritos y extravagancias servirían para que Ramón bautizara a aquel refugio de barroquismo y libertad, -aunque también de obstinada vocación por llevar la contraria- como: la Sagrada Cripta del Pombo.

 La costumbre de tratar un tema cada día o celebrar un banquete homenaje a alguna personalidad de las letras deparó también unas normas o mandamientos, de entre los que cabe destacar algunos tan significativos como estos: “Hacer una consumición, por lo menos, y pagarla, no dejando de dar buena propina al camarero para la cera de la capilla… Dar las gracias al echador de café, que es el gran monago… No venir a Pombo desde otro café, ni después de haber estado en el teatro… A Pombo no se viene a leer periódicos… En Pombo no se puede hablar de toros ni de autores dramáticos contemporáneos…Tampoco debe ir nadie pensando que ha de encontrar en Pombo al editor…”

 Aquella tertulia fue magistralmente retratada por su propio hacedor, Ramón, en dos voluminosos tomos, pero sobre todo adquirió la inmortalidad como estandarte de todas las tertulias, gracias al cuadro de Gutiérrez Solana en el que se mantiene lozano el ambiente de aquel universo ramoniano. Y no deja de resultar paradójico que el icono de las tertulias por antonomasia haya sido la más extraña y antipática de todas; la que solamente buscaba el lucimiento y publicidad de Ramón. Según el mayor experto en Ramón Gómez de la Serna, el escritor Andrés Trapiello, sus mayores defectos fueron los de adulador interesado de sus homenajeados –a los que atraía para dar caché a su local, ya que la nómina de contertulios era modesta- y el de procurar su fama sirviéndose de tanto bombo y platillo. Finalmente justifica su afición ramoniana en el corolario de un soberbio prólogo advirtiendo: “para que le guste a uno (Ramón), ha de gustarle el Rastro, las cosas viejas y desportilladas, tanto como las nuevas, y el Rastro es sabido que no le gusta a todo el mundo, aunque son muy pocos los que se atreven a confesarlo.”

José María Blanco CORREDOIRA
Escritor y abogado. Rastrista
  



·         Vuelve AFDA, hija de AFDA, nieta de AFDA; a su vez, futura madre de AFDA, abuela de AFDA.

·          AFDA del filo, AFDA del sempiterno amanecer.

·         Su amanecer: perenne aurora posthomérica de los rosados dedos.
·         Tot lumina, tot limina, su lema. Nuevas ideas, nuevas fronteras; nueva luz, nuevo fuego, y viceversa; tantos fuegos de campamento, tantas primera línea de trincheras de luz; tanto corazón, cuanto pensamiento.

·         La tierra de Castilla siempre está alerta, España espera que te espera, Europa necesita que a su inverno de tierras agrietadas por los fríos y tanta merma lo fertilice la crecida del Nilo de las muchas aguas bíblicas de AFDA.

·         AFDA, de nuevo flor de estilo, irrumpe en octubre.

·         Es ángel que desciende de su Cielo. En su espada, el magisterio y el estilo.

·         ¿Qué trae a cuatro bandas? Nos trae de nuestra infancia el palo del juego de la bandera, continúa la salmodia en los bancos de nuestras ilusiones de juventud, flamea las banderas de nuestro magisterio de ambiciones y largo horizonte y le pone polvo de oro al teclado de nuestros actuales ordenadores.

·         El bosque de la Educación espera la llegada de AFDA para poblarse de pájaros cantores.

·         Voltea AFDA sus campanas y saltan en vuelo las águilas que fuimos, mientras nos zurean los años que ya nos van doblando como palomos.

·         AFDA tiene sus estrellas. A ellas les canta.


·         Y un camino lácteo, que termina en Santiago y cierra España.

·         La Escuela necesita tropa para la nueva milicia. Es preciso encontrarla antes de que sea tarde.

CUR
Maestro. Emérito UCJC

DEL ESTADO DEL BIENESTAR  A LA PATRIA COMO SERVICIO
                          
Monumento a España en Buenos Aires                                                                        
El hombre es sobre la Tierra verdaderamente hombre si pone su persona al servicio de los demás hombres, del prójimo, y si cultiva la Naturaleza, encargo de su Creador. El servicio de los otros y de la Naturaleza le da categoría de hombre cabal.
El hombre como animal político y organizado en sociedad con sus semejantes, hombres como él, será hombre en sociedad si coloca a ésta, a su Patria, al servicio de los demás pueblos de la Tierra. El servicio de otros pueblos le da a su nación su categoría de patria.
El “Estado del bienestar” vigente no tiene fines tan altos. Hoy está de moda. Su meta es el bienestar, un bienestar de superficie. Ha renunciado a su alta misión histórica como “sociedad organizada” que es y hace de lo que habría de ser una patria un solar en barbecho, más o menos, un corral para ovejas y corderos, cabras  y cabritos.
Árese el campo, siémbrese, abónese, riéguese… y, con la bendición del Cielo, volvamos a poner en pie de tarea sociedades y patrias como servicio.
El bienestar se nos dará por añadidura, Deo volente.

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional





















El Maestro



Me llamaban Maestro.
-“Oh, Maestro, Maestro, dígame”.
Y yo, alumno párvulo,
no supe responder.
-“¿Tiene  usted la verdad?”
-La verdad, ¿eso qué es?
-“Enséñeme el camino”
-Tome el que guste usted.

No depende de mí 

hacérselo emprender,
y es tan dificultoso,
se sufre tanta sed...;
se bifurca unas veces,
otras pasa a través
de enmarañados campos
sembrados por Luzbel,
y hay que tener muy claro
posar o no los pies…

-“Deme al menos indicios
de adónde llegaré”.
-Llegará hasta sí mismo,
el verdadero Edén
de la vida terrestre
y celestial al bies,
si le acompañan fuerza,
bondad y lucidez.


-“¿Pero es o no Maestro,
como antes le llamé?
-Ya quisiera, amigo.
De la duda, tal vez.
Sálvese el que pueda.
Yo también
.






AMANCIO ORTEGA, EL GALLEGO QUE VISTE

Y DA DE COMER A LA GENTE

Yo te bendigo,
Amancio Ortega,
gallego que vistes
y das de comer a la gente obrera.
Estoy contigo
en esta brega
fuerte y notable
a la que te entregas
sin pedir más a cambio
que tu soldada, ea,
aunque algunos mastuerzos
se te sulivellan
soltando tonterías
sobre tu buena estrella.
Ni los minusvalores
ni pienses que aciertan,
que tú a lo tuyo y a los tuyos
es la cuestión primera
a resolver en casa
y en cada tienda, prenda por prenda,
a ver si de una vez
se enteran
de lo que vale Zara:
una montonera
de euros repartidos…
hasta en las dos Coreas.
¡Qué fatiga, Amancio,
Amancio Ortega,
pasarse produciendo
la vida entera
y que tan pocos
te lo agradezcan!
¿Qué tú eres rico
y así cualquiera?


Que aprendan ellos,
que aprendan ellas
a llevar un negocio
de tal manera.
Sigue aunque aúllen
las viperinas lenguas
de los envidiosos
por lo abultado de tus rentas,
pues muchos viven
a tus expensas
con las espaldas
bien cubiertas
tildándote de abusos
y prepotencia
con mala saña
y sin vergüenza.

Anda y que les den
de lo que de ti se quejan
los políticos nuevos y viejos
de sueldo opaco y tarjeta negra.
¿De cuándo a acá
es dañina porque sí la riqueza? 

                                                                       Apuleyo Soto 



    Capacidades condicionales

LA VELOCIDAD

La velocidad motriz, es la capacidad condicional de realizar movimientos corporales en el menor tiempo posible. Está relacionada entre el espacio recorrido y el tiempo que se invierte en recorrerlo. Cuanto menos tiempo empleado, mayor velocidad. Depende principalmente de las características del sistema nervioso como receptor y transmisor de estímulos y de la musculatura como factor ejecutor del trabajo; esto es, se precisa fuerza muscular para desarrollar movimientos veloces.

La velocidad se mejora por la velocidad; es decir,  realizando movimientos lo más rápidos posible. De esa manera se produce el fortalecimiento muscular y los ajustes del sistema nervioso para adaptarse a las necesidades del trabajo de velocidad.
En cualquier acto motor de velocidad se suceden estas tres fases: 1, la concepción  de la imagen motriz; 2, la transmisión del impulso por el sistema nervioso; 3, la ejecución del movimiento. Ésta última fase es la más entrenable.

Clasificaciones de la velocidad
La capacidad de velocidad motriz presenta para su estudio varios tipos de clasificaciones. La más ilustrativa puede ser la establecida según su forma de acción. Se divide en velocidad de reacción, velocidad de acción o gestual y velocidad frencuencial o de desplazamiento.

La velocidad de reacción es la capacidad de reaccionar en el menor tiempo posible ante un estímulo. Este estímulo puede ser: visual, auditivo o táctil. Existen cinco fases en el tiempo de reacción ante el estímulo; unas son entrenables y otras no. Las fases más entrenables son la de percepción del estímulo, la del tratamiento de la información del estímulo y la del tiempo latente. Esta última fase es la del tiempo transcurrido desde la activación de las placas motoras por el impulso nervioso y la contracción muscular. 

Si el estímulo es único, fijo y esperado, el tiempo de reacción se considera simple como la señal de salida en una carrera; pero cuando el estímulo es inesperado como, por ejemplo, la trayectoria de una pelota que viene hacia nosotros lanzada por un adversario en un partido de voleibol, de tenis o de balonmano, el tiempo de reacción para interceptarla se considera de elección. Se enmarca dentro de las tareas “predominantemente perceptivas”; propias de los deportes de adversario con o sin contacto  personal. Las tareas “predominantemente habituales” son las propias de correr, nadar o hacer un ejercicio gimnástico; esto es, de deportes mecánicos y repetitivos.
Suele definirse velocidad de acción o segmentaria a los movimientos acíclicos realizados con uno o varios segmentos corporales que se efectúan de manera irregular, y realizados con baja resistencia mecánica. No  implica el completo desplazamiento de todo el cuerpo, aunque no se excluye. Su máxima expresión suele darse en los deportes individuales como el ya citado tenis, el ping-pong o la esgrima; también, en acciones gimnásticas.

La velocidad frecuencial o de desplazamiento es la capacidad de efectuar movimientos cíclicos –movimientos iguales que se repiten indefinidamente–  a una determinada frecuencia frente a una baja resistencia mecánica. La carrera, la natación o el ciclismo son los ejemplos más representativos de esta clase de velocidad.
En una carrera de 100 metros, pueden darse varias manifestaciones de velocidad:        de reacción en la salida, de aceleración durante los primeros metros, de desarrollo de la velocidad máxima y de resistencia a la máxima velocidad con mantenimiento de la misma.
  
Factores que influyen en la velocidad
 Son diversos los factores que influyen en la condición de velocidad; según qué autores, predominan unos u otros. De manera genérica, diremos que los principales factores que condicionan ésta capacidad son de tipo hereditario, de género, debidos a la edad o al grado de entrenamiento.
 En cuanto al factor hereditario existen notables diferencias en la manifestación de velocidad entre niños en edad prepuberal, sin que hayan existido procesos significativos de mejora de esta capacidad. Ello indica la herencia biológica que posee cada individuo.

En cuanto al género, si se es hombre o mujer,  no existen diferencias específicas en edades prepuberales. A partir de los 12-13 años, con el aumento de la fuerza producida en los chicos por razones hormonales, suele incrementarse la diferencia a favor de ellos. En las manifestaciones de velocidad segmentaria y de reacción, las diferencias no son significativas.

En cuanto a la edad, la maduración funcional y morfológica de las células nerviosas se completa hacia los 10-12 años; las edades entre los 8 y los 12 años puede considerarse una etapa de oro para la mejora de esta capacidad en sus tres manifestaciones.
En el ámbito de la fisiología muscular, existen creencias de que la distribución de las fibras de contracción rápida –fibras blancas– y de contracción lenta –fibras rojas–  queda determinada en los comienzos de la pubertad; por tanto, un adecuado trabajo de velocidad en estas edades podría influir significativamente en la mejora de esta capacidad. No se comprende bien, por tanto, que la legislación en cuanto a los contenidos de los programas escolares de Educación Física en estas edades no contemplen este tipo de trabajo.

Y en lo que respecta al entrenamiento, producen mejoras de la velocidad: el incremento de la fuerza, la técnica específica, la automatización por repeticiones, la relajación y el adecuado calentamiento que disminuye la viscosidad del tejido muscular.

Francisco Sáez Pastor
                                                                                         Universidad de Vigo 

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