64. Aves en Delibes

                  
                

Las aves en la obra de Miguel Delibes

 

LA AGACHADIZA O BECACINA

Abrimos esta nueva sección en AFDA, las aves en la obra de Miguel Delibes, con más de diez decenas de pájaros revoloteando por sus libros. Al frente de todas, en primer puesto, la agachadiza o becacina, que tanto da. Becacinas o agachadizas las hay en varios de sus libros. Veamos unos ejemplos:
       En lagunas y riveras, patos y agachadizas (...)
                                                    La caza en España, p. 41.

En suma, volvió a repetirse lo que viene siendo norma en la Castilla llana desde la concentración parcelaria y la expansión de regadío: el que tiene acceso a la humedad se divierte; el que no, apenas levanta pájaro. Esto hace pensar que la codorniz, por mor del bochorno se va convirtiendo en un ave acuática, una especie de becacina de pico romo, que en los campos encharcados apeona de noche hasta el rastrojo para llenar el buche y, ante el crepúsculo ya está de regreso, a la fresca, haciendo la digestión.
                                                          El último coto, p. 41.

Esto, más las cinco palomas que se descuidaron y el par de becacinas que abatieron Juan y Germán en las charquitas de los bajos, hicieron una percha aceptable.
    Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo, p. 174.
 
 (...) junqueras y herbazales. De ahí que a lo largo de mi vida de cazador haya abatido algunas becacinas, pero siempre (...)
 
       Con la escopeta al hombro, p. 83.


Al escribir Miguel Delibes sobre las becacinas, pareciera que escribe más el Delibes cazador que el propiamente escritor.

Se ha repetido muchas veces por algunos estudiosos de la narrativa delibiana que “Delibes es un cazador que escribe”. ¡Buena definición! Aunque a mí me guste más la que reza en mi página web (www.jorgeurdiales.com): “Delibes es un hombre de campo que escribe sobre el campo y atiende a su lenguaje”. Lo cierto es que Delibes es un grandísimo cazador. Ya en los años 30, antes de la guerra, gastó en uno de los veranos que pasó en Quintanilla de Onésimo, con la familia, más de 2.000 balines disparando a los pájaros que asomaban por el corral de la casa.

Delibes es hombre de caza menor. Rara vez se le ha visto cazando jabalíes o venados. Dice el maestro que le da pena mirar a los ojos de un animal tan grande y después matarlo.

La caza en Delibes traspasa su propio ser de carne y hueso y alcanza al personaje que más similitudes tiene con el escritor: Lorenzo, el protagonista de Diario de un cazador, Diario de un emigrante y Diario de un jubilado.


Historia de una becacina:

“… aún recuerdo la vez que, hace unos años, mi hermano Manolo bajó una en un lugar insólito –un páramo pedregoso de Serrada- y fue tanta su sorpresa que convocó a capítulo, pregonando a los cuatro vientos que había derribado una chocha-codorniz. Naturalmente se trataba de una broma, pero su convocatoria vocinglera, chunga aparte, ya revela que entre nuestras perchas habituales la becacina ha constituido siempre un elemento tonante y excepcional”.
 
      Miguel Delibes, Con la escopeta al hombro, pp. 83-84
   Acaba así este primer episodio de las aves en Delibes. Habrá más, si Dios quiere, mes a mes, que sobre pájaros sabía un rato Miguel Delibes.

                                                                                   JORGE URDIALES YUSTE
Doctor en periodismo. Profesor Especialista en Miguel Delibes

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