20111230

AFDA 13

 PORTAVOZ DE MAGISTERIO Y ESTILO

--------- 1 DE ENERO -------

NÚMERO TRECE


ÍNDICE. AFDA, 1 de enero, 2012. 
Pregón: Salto a la entraña de la realidad.
Reflexión: El horizonte del águila, de la perdiz y de la gallina de corral. 
Hemos leído-hemos oído: El pintor de batallas. En el santuario de la Virgen de la Peña
Nuestra Escuela de Vanguardia: Los maestros del mañana. Desde una experiencia gratificante IV. Canchas y líderes en la catequesis hoy. En el principio era la memoria.
Afderías: Friolerías.
Rincón de Apuleyo y de nuestros poetas: Soneto desde el sentimiento: Gloria a Dios en las alturas.Vida en el año nuevo.


ADDENDA
Una frase bíblica al mes: Porque Dios está en los cielos y tú sobre la tierra.
Documentos de oro: Una vida más íntima, más intensa… una Grecia cristiana.
Escuela ilusionada: Vademécum del profesor de la Escuela Ilusionada (I)
Colaboraciones: El cambio en el Arte, del románico al gótico.
La historia, espejo y maestra: La Viña.
Tarimilla literaria: Poemario escolar, 12-14 años. El poema de las espigas. Soñado, leído, inventado.
Rincón de Apuleyo. Versos rezagados de Navidad: A mi pequeña Iria, Un ángel vuela a Belén, El cristal traspasado.


Pregón

SALTO A LA ENTRAÑA DE LA REALIDAD

El arado romano araña la tierra, el de vertedera se hunde en ella, la levanta, la esponja, la oxigena y la pone a punto para una posterior gran siembra.

Arado romano. Capitel, siglo XV.
                      
 A lo mejor una de las últimas razones de la crisis que nos visita y ahoga es el exceso de literatura, entiéndase, de superficie, que araña las realidades sin penetrar dentro de ellas. Puro romanticismo, vamos. En esto se alarga en la Historia el siglo XIX y aún no hemos dejado atrás al Romanticismo. *
Este exceso de literatura, de verbalidad -a ratos incluso “literatura de la literatura”-, se da en el terreno educativo, en el religioso y en el del estilo, por apuntar sólo a lo que nos cae más de cerca. 

Escuela. En vez de clavar la atención del espíritu en el fondo de las realidades que se trabajan en la escuela, con frecuencia se mueven maestros y aprendices entre meros conceptos o, peor, no pasan de las palabras con las que se nombran las realidades objeto de su afán. No se llega a la intuición, al salto valioso al interior de la realidad, a la entraña misma de la realidad viva, a lo que los místicos llamaban conocer con el centro del alma. El afán, que es todo estudio por definición, no pasa de arañar la superficie de las cosas. Arañar la tierra, dibujar surcos más que arar la tierra.

No basta con saber que Hernán Cortés “es una de las grandes figuras de la historia universal y la más grande no ya de la conquista de América, sino de la Historia de España”, incluso porque con esas literales palabras lo dejó escrito Salvador de Madariaga, que sabía bien lo que se decía. El aprendiz de humanista necesita saberlo con sus entrañas por fuerza de una realidad que se le impone porque la ha estudiado por dentro y desde sus adentros. Si no es así, de su aprendizaje superficial no habrá mucho que  esperar ni para él ni para su circunstancia social.

En el terreno religioso, con frecuencia es débil el mensaje y, en su extremo opuesto, con frecuencia se da hasta una saturación religiosa que empacha de pura abstracción, a veces, y frecuentemente de mero sentimentalismo. Se araña el Evangelio, pero no se ha penetrado en él. Se hace literatura religiosa, impecable sin duda, pero falta la gran intuición de las realidades bíblicas y de las formidables realidades de la historia de la Iglesia. No se advierte estremecido al profeta que las anuncia ni estremecidos en las entrañas los discípulos que las reciben.

El ejemplo siguiente lo hemos anotado aquí en varias ocasiones. Los cristianos hoy corremos el peligro de caer en ateísmo. Tenemos concepto exacto de Dios, pero se nos escapa la misteriosa realidad última del Dios transcendente al que sin duda apunta ese concepto. Y nos quedamos sin el Dios verdadero, sin Dios, en ateos.

Seguimos con las sombras de la caverna de Platón, manejando sombras. Las palabras son las sombras de las ideas y éstas, las sombras de las realidades, que habrían de ser las que se impusieran al aprendiz con la fuerza de su semilla en el hondón de su entraña en flor de intuiciones, más allá de conceptos y de literatura de palabras.

·         Nuestros maestros nos definían el Romanticismo como
“una reacción sentimental frente a las cosas, sin penetrar dentro de ellas”.


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El horizonte del águila, 
de la perdiz y de la gallina de corral

(En pantalla del aula o del patio de entrada: un águila en vuelo, una gallina alborotada que atraviesa con las alas en alto el corral y un autobús en una de sus paradas.)

En la vida os encontraréis con personas águilas, con personas perdices y con personas gallinas de corral.

El águila, incluso enjaulada, levanta sus alas, las agita, se despereza y, aun sin echarse a volar, se adivina en sus metálicos ojos todo el inmenso horizonte lejano. En los ojos del águila está todo el horizonte.

La perdiz levanta el vuelo en los surcos, escapa del cazador, tabletea, tloc-tloc-tloc, y va un poco más lejos que la gallina alborotada del corral que huye de algún estrépito. Deja, desde luego, el colorido de sus plumas, por unos instantes, en el aire de la tarde... No hay que pedirle más. El horizonte no es la medida de sus ojos.
La gallina. Los autobuses de la ciudad, decía Cela que, de parada en parada,  imitan el vuelo gallináceo.

Personas águila. Al evangelista San Juan se le llama el águila de Patmos. Estuvo desterrado en Patmos. Allá murió centenario. Su evangelio tiene el vuelo del águila. Se le representa con un águila al lado.
Alejandro Magno, Aníbal Barca, Carlos I, el Emperador, San Agustín, San Bernardo, Miguel Ángel... fueron personas águilas.

Personas perdiz. Sobre las aves de corral, es suyo el aire abierto de la meseta, su espacio sin bardas. Visten siempre de domingo. Cumplen con su misión de alegría del campo y regalo de la caza.
Personas gallina. No pasaron de aves de corral por su vuelo los comuneros con su política de campanario, nuestros actuales “nacionalistas”...

Entre grandes figuras de la literatura, Unamuno es águila, Miguel Delibes es perdiz... La visión de Castilla del primero es de águila; la del segundo, de perdiz.

Seguid la división y colocaos, luego, en uno u otro vuelo. Si podéis, sumad los dos.

Si el horizonte tira de vosotros, sois águilas, no cabe duda.
Si acertáis a ver el Misterio Cristiano, el horizonte de nuestra asignatura, dejaos atrapar por su llamada, sacad las alas de águila, extendedlas, que sea poca toda envergadura... y ¡al horizonte!

Más tarde, en el corral de la clase, trabajad como gallinas diligentes y ponedoras. Sobre los dorados campos de cereal, como perdices que, instante a instante, tintan de colorido y alegran con su tableteo un rincón del día, mientras miran la inmensa meseta.

UCJC Primera reflexión del curso 2002-2003


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EL PINTOR DE BATALLAS


El pintor de Batallas. Pérez Reverte, Arturo 
(2006) Alfaguara, Barcelona.
También tiene versión en Punto de Lectura (Libros de Bolsillo)



En una torre junto al Mediterráneo, en busca de la foto que nunca pudo hacer, un antiguo fotógrafo de guerra pinta un gran fresco circular en la pared: el paisaje intemporal de una batalla. Lo acompañan en la tarea un rostro que regresa del pasado para cobrar una deuda mortal, y la sombra de una mujer desaparecida diez años atrás. El pintor de batallas arrastra al lector, subyugado a través de la compleja geometría del caos: el arte, la ciencia, la guerra, el amor, la lucidez y la soledad se combinan en el vasto mural de un mundo que agoniza.

Personajes
Faulques: pintor de “Las batallas” y antes fotógrafo de prensa en todas las guerras durante 30 años.
Olvido Ferrara: compañera de sus reportajes y amante a su manera. En boca de este personaje pone casi todas las interpretaciones de la realidad.
Ivo Markevic: Antiguo soldado croata a quien Faulques fotografió ocasionalmente en la guerra de los Balcanes.

Algunas citas breves
El cuadro: “un panorama mural que desplegase ante los ojos de un observador atento las reglas implacables que sostienen la guerra como espejo de la vida”. (17)

El mural tampoco estaba destinado a conservarse indefinidamente o a ser expuesto al público. Una vez acabado, el pintor abandonaría el mural a su propia suerte. A partir de ahí, quienes iban a continuar el trabajo serían el tiempo y el azar con pinceles mojados en sus propias, complejas combinaciones matemáticas. Esto formaba parte de la naturaleza de la obra. (18)

Ahora nuestra simpatía de oficio hacia toda clase de víctimas, nos libra de responsabilidades. El arte una impasible herramienta para contemplar la vida. (37)

Abajo, al pie de la cortadura, donde se inclinaban las siluetas de los pinos, semejantes a suicidas indecisos en el contraluz de una luna menguante y amarilla. (45)

Hay analgésicos temporales: la lucidez, el orgullo, la cultura, la risa…

Se plantea en el libro el problema de la violencia de la sociedad de nuestra época, sobre todo la que se manifiesta en las guerras.
La violencia de las personas es muy superior a la de los animales, debido a la inteligencia. La violencia va ligada a la condición humana: podemos explicarla, pero no evitarla.
La fotografía y la televisión la convierten en espectáculo. (A la guerra)
La guerra ha sido un tema recurrente en la pintura: Ucello, Goya, Picaso…

Aunque es un caos aparentemente, el caos tiene sus reglas que se cumplen. Tiene sus simetrías y su geometría. El arte es una manera de expresar la violencia y, en cierta medida, le pone lucidez y la purifica.
No hay ningún pensamiento creyente que intente encontrar sentido ni conduzca a superar la violencia de nuestro mundo.


Opinión personal
El autor escribe con gran madurez. En dos o tres palabras es capaz de situarnos ante un personaje o una situación. Tiene la valentía de abordar el tema de la violencia en nuestro mundo. La forma de contar la historia es interesante y original. En la mayor parte de la narración están los tres personajes. El pasado y el presente se funden de manera natural en el cuadro que está pintando el pintor.
Pero me resulta difícil de seguirlo en la descripción del cuadro, las referencias a los cuadros de tantos autores, las alusiones a la teoría del caos. Hay párrafos muy largos que se leen para tener una sensación; pero que son difíciles de entender. Acaso los pintores disfruten imaginando las formas y los colores  del cuadro de las batallas.
Es una  novela que vale la pena leer:
Por la historia en sí y por la forma de contarla.
Por las visiones sobre la guerra y la violencia en las relaciones entre personas, grupos sociales, países.
Por la madurez del lenguaje y del estilo.

De las críticas que recoge la edición quizá las más certeras sean:
Una gran novela donde se confirman magistrales dotes de narrador.
La novela más dura e intensa de Pérez Reverte. Es magistral.

Jesús Juárez

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En el santuario de la Virgen de la Peña de Villanueva,
Cantabria, 1756-1841”
José Manuel Gutiérrez Bravo
Villena Artes Gráficas, Madrid, 2011.


Un jubilado al uso se pone de modelo y ejemplo entre los suyos: “Mira yo, la partida diaria, un sano paseíto por el parque que no falte, la serie vespertina de la tele que te clava fijo, unos buenos ratos colgado del móvil sin remedio, un ratito largo de correo electrónico y vas llenando el día de hoy, que el de mañana ya vendrá… Me aplico lo del Lazarillo, `Toma, come, triunfa, mejor vida tienes que el Papa´. Lo que no voy a hacer es aburrirme…”.

Si eres mayorcito y estás jubilado, te esperan cientos de consejos de la buena gente que te rodea, como el de más arriba. Te querrán salvar a toda costa de un aburrimiento que parece que inevitablemente viene a caer sobre toda persona mayor jubilada. Escucha y agradece el sonajero que te venden para entretener tus vacíos y aliviarte el tedium vitae, pero sigue tu camino y que ni noten tu desdén por ellos.

El camino del autor de este libro es mejor camino. Vive a la sombra del Santuario de la Virgen de la Peña, uno de los varios santuarios españoles de la Peña, el de Cantabria, junto al río Saja. Es octogenario. No es que no le guste el arrullo de las aguas del río, la tertulia de arte con los amigos y las mil delicias de la vida horaciana en “aura mediócritas”. Es que se propuso hacer algo de más vuelo y provecho. Hacerle un servicio digno al santuario vecino y elevar el tono culto de las gentes de aquel Valle de Cabezón hurgando en sus raíces históricas más sabrosas y nobles.

Preguntadle cómo lo ha hecho durante cuatro años dale que le das a catastros y archivos que no están tan lejos para quien los busca con ganas. Os dirá que esa pendiente de trabajo no le fatigó y que bien mereció la pena.

El resultado: un flamante libro, con una maquetación de vanguardia, unas ilustraciones que en nada desmerecen de nuestros tiempos de la imagen, un trabajo de imprenta impecable… y un sólido contenido histórico sobre el santuario y su entorno geográfico.
A las gentes de aquellos parajes cántabros el libro dicen que les parece un regalo del Cielo, les hace más y mejores cántabros, orgullosos de sus raíces, y les acerca a su Santuario. En la presentación del libro se lee: “El Valle de Cabezón se levanta al Cielo y lo toca desde el Santuario de su Virgencita de la Peñuca de Villanueva”. Este libro de 750 páginas de erudición histórica solidísima y clara, nitidez de fotografías de aquellos caseríos y templos, de una fascinante maquetación… da fe de que es tan cierto como dice el prologuista.

Numerosas cosas urgen en nuestro mundo en el que “hay demasiada gente que -así lo apuntaba en su tiempo Unamuno- se dedica al tresillo para que los que sentimos ansias de renovación espiritual vayamos a enfrascarnos en otra especie de tresillo”.

Nuestro querido rector de Salamanca, no estamos dispuestos a dedicar nuestros años jubilares a espantar aburrimientos propios de gentes vacías. El autor de este libro, octogenario él, nos ha dado un hermoso ejemplo y nos ha señalado un precioso camino. Caminos semejantes hay suficientes y hasta muchos. Pensamos, señor rector, que mejor es llenar la propia vida y llenar la de nuestros contemporáneos en empeños parecidos al de este libro que dedicarla a matar las moscas del aburrimiento y a vanagloriarse, luego, de haberlo sabido hacer como nos aconsejaban gentes bien intencionadas.
                                                                                                                             CUR


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LOS MAESTROS DEL MAÑANA


IV.  Desde una experiencia gratificante


En artículos anteriores hemos constatado que la opción por el magisterio- por los estudios del magisterio, inicialmente-  ha nacido a partir de una  experiencia positiva. En la narración del artículo anterior la experiencia aludida era la de  haber vivido  el gozo de sentirse alumnos  aceptados,  estimados, queridos. En la narración de hoy hablamos también de una experiencia originaria, pero esta vez se trata de una  experiencia más activa, vivida y experimentada  no desde la perspectiva de alumno sino desde el ejercicio, inicial y prematuro, de maestro. Y es que no pocas respuestas de nuestra  fuente documental expresan que la “llamada al magisterio” se oyó  a través de la  experiencia concreta de la práctica  educadora. Una experiencia no sólo satisfactoria, sino iluminadora e interpelante.

Hay jóvenes que  han vivido situaciones  más o menos informales de lo que podríamos llamar ejercicio educador. En ellas, han visto crecer a los niños, han estado junto a ellos,  les han visto progresar y lograr las metas propuestas… Todo esto supuso para ellos un “trabajo gratificante, “uno de los pocos trabajos gratificantes que se pueden tener, por no decir el único”,  dice Irene Calés. En una Escuela Infantil también la experiencia con los más pequeños movió a Sara Paredes a dedicarse a la educación como maestra.

Pero la experiencia con niños, emocionalmente intensa, no es solo goce afectivo; es también ocasión para la reflexión, para  el discernimiento, apresurado o sereno, sobre la opción que se va a tomar. La experiencia concreta disipa las dudas o ilumina el horizonte con una luz especial. Una alumna afirma: “rodeada de niños en un voluntariado que hice en Tánger”, la práctica “me ayudó muchísimo, porque con esta grata experiencia he sabido que toda mi vida lo que he estado esperando profesionalmente era una oportunidad como ésta”. Ese “saber” es, a veces el  descubrimiento de algo  en lo que uno andaba implicado, casi sin saberlo: “Al empezar las prácticas (de Magisterio) me di cuenta realmente de que estaba hecha para eso…”.

En otras ocasiones la acción clarificadora de la práctica no es tan fácil o tan inmediata. Es más bien una experiencia ambivalente, pues por un lado la  maestra en cierne  se siente captada por la riqueza, sobre todo afectiva,  de su experiencia educadora, pero, por otro, afloran ciertas dudas a raíz del contraste entre la imagen ideal  del magisterio  o la belleza del paréntesis de las primeras prácticas y la dura  realidad que se presiente o que se toca con los dedos. Es más, hay quien en las prácticas se siente dubitativo sobre sus aptitudes  para ese magisterio con el que sueñan. En este caso, una consulta a tiempo y la presencia amable de  alguien con experiencia, puede hacer de las prácticas una ocasión que defina una opción, una trayectoria. Tal es el caso que cuenta María José Valero. 

También conviene destacar que la carga afectiva de las primeras experiencias educadoras no siempre es algo romántico e ideal. En ocasiones, el éxito en una experiencia dura y difícil ha hecho crecer la llama del deseo o fortalecer una motivación incipiente, insegura quizás. Tal ha sido  el caso de Laura Arribas, quien relata lo siguiente: “Un factor importante en mi vida ha sido mi madre; ella tiene la visión reducida, es progresiva y parece no tener cura hoy día. Por ello he tenido que enseñar a mi madre a poder hacer cosas tan comunes como reconocer monedas, manejar un móvil y apreciar con el tacto cosas que no ve. Un día entró en la ONCE para tener más ayuda; cuando mi madre  contó  su situación le dijeron: ‘felicita a tu hija porque hay cursos que gracias a ella no tendrás  que hacer; te ha enseñado bien. Incluso del mismo modo que lo hacemos nosotros’. Esto fue para mí muy satisfactorio y me llenó de alegría porque realmente los métodos que le he enseñado me los he inventado y han resultado bien”.

Se diría que en casos como éste parece que se “ejerce de maestro” por una disposición previa, porque se lleva ya en la sangre eso del ser-para-los-demás…; en estos casos, la intensidad de la propia entrega o el éxito de un trabajo incipiente actúan como humus apropiado para que arraigue ese  incipiente deseo vocacional. Así lo narra de nuevo Laura Arribas: “Me gusta ver cómo son (los niños), cómo todo les parece un mundo por muy pequeñas que sean las cosas, la importancia que  dan a aquello que les gusta y por lo que tienen ilusión. Me gusta ver en ellos ese espíritu de niño que muchas veces perdemos conforme vamos creciendo”. Por todo esto… “estoy contenta con mi experiencia y con la decisión tomada a partir de ella”.
 Experiencia y deseo: una  experiencia generadora doble: la una, sentida desde la condición de  alumna; la otra, desde la nueva  e incipiente condición de maestro, de maestra.  Pero siempre, una experiencia gratificante.  Realidad que  ha  de servir no sólo para los “maestros del mañana”, sino para los de hoy. La dureza de la educación escolar no debe ser obstáculo para en  el aula sea lugar de experiencias gratificantes. De ellas puede, debe brotar el deseo…

                                                                                                              Teódulo GARCÍA REGIDOR

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CANCHAS Y LÍDERES DE LA CATEQUESIS HOY

Rafa Artacho López

 
Considero a Carlos Urdiales 
como uno de los pocos y grandes creyentes 
que quedan hoy en el mundo. 
Su firme voz me ha convocado a AFDA, y aquí estoy... 
creo que por primera vez. 
Esa voz de Carlos tiene el timbre armónico de muchos amigos 
cantando a coro una canción que viene de la infancia. 
Me sumo al coro. Espero que sin disonancias. 
Corregidme, pues, si desafino.


Hace tiempo que no soy de Catequesis. Desde hace muchos años, lo mío es la enseñanza de la Religión en la Escuela, que los apresurados llaman ERE. No obstante, trato de no perder de vista los rumbos por los que marcha la Catequesis hoy. Visto así, desde fuera, ese rumbo no me gusta nada. Hubo un momento en que Centros como Lumen Vitae, o Tubinga, o Insbruck, o el Instituto Católico de París ejercían un poderoso liderazgo, y revistas como Catéchèse, Catéchistes, Lumen vitae, Sussidi, o incluso Sínite... alzaban banderas y voces a las que seguir.


Contaré una historia, que os explique lo que ha pasado. A comienzos de los años 80 se celebró en Madrid el primer Congreso de Profesores Cristianos, organizado por la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis. La Clausura corría a cargo de Monseñor José Manuel Estepa Llaurens. Entre la hora de la comida y la sesión de clausura, el Obispo invitó a varias personas de la Delegación de Madrid a tomar café con él, y nos comunicó: en Roma (así de genérico) se ha tomado la decisión de mantener la situación de la Catequesis como está. No penséis los que estudiáis estos temas que vuestro trabajo va a lograr cambiar algo. Podéis publicar lo que queráis, que nadie con responsabilidad os hará caso. Y lo decía como una confidencia de amigo, a un grupo de gente que habíamos colaborado muchísimo con él... Poco después, cuando apareció aquel artículo de Babin (¿recordáis lo audiovisual y la fe, y el fotopalabra...etc?) J’abandonne la catéchèse, supe que estábamos ante el final de algo.


Desde mi perspectiva actual, veo lo siguiente: Trento y su renovación catequética crearon un modelo de catequesis perfectamente ajustado a las leyes de la Ilustración. El Catecismo de Trento (y sus posteriores secuelas y adaptaciones) es el modelo perfecto de este saber ilustrado sobre la Religión. La Catequesis encontró en las escuelas creadas al impulso de la Ilustración (las escuelas lasalianas, entre ellas; y similares) el lugar más idóneo para la trasmisión eficaz del Catecismo. La Catequesis fue una Catequesis Escolar. El Movimiento Catequético, iniciado en Insbruck unas décadas antes del Vaticano II, trató de devolver la catequesis a la Comunidad cristiana, proporcionándole un contexto no escolar. A su impulso, se crearon instituciones catequéticas parroquiales (fuera de la escuela). Sin embargo, el Concilio Vaticano II no abordó el tema específico de la Catequesis más que en el contexto escolar (Gravissimum educationis momentum); y el Directorio General de Pastoral Catequética de Pablo VI, todavía piensa en la Catequesis como tarea realizada en la escuela.

Mi conclusión es que, en este momento, la Catequesis anda sin rumbo. Se encaminó por el sendero de la escolástica con la Ilustración, se halla desconcertado hoy ante la naturaleza laica (por pública e interconfesional) de la escuela. No acaba de encontrar los rasgos propios de su identidad original. Es evidente que el modelo de la Catequesis no es el modelo cultural de la Ilustración, sino el modelo iniciático del Catecumenado. Sólo por ese camino encontrará su identidad. La Catequesis en la escuela es un activo más del fracaso escolar. Y es preocupante que las catequesis parroquiales de la Comunidad sigan funcionando aplicando los modelos de la escuela... El camino está en la Pedagogía de la Iniciación, como en el catecumenado de los primeros siglos.      

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   ”EN EL PRINCIPIO ERA LA MEMORIA”

Nuestros abuelos en la cultura nos dieron ejemplo personal y nos iniciaron en la veneración de la memoria en el olimpo de todo aprendizaje.

Mnemosyne
Nuestros abuelos en las letras se llamaban Ortega, D´Ors, Maeztu; en el pensamiento, García Morente, Zubiri, Rahner, Guardini…

De Eugenio d´Ors nos aprendimos entera, casi de carrerilla, su famosa conferencia leída en la Residencia de Estudiantes “Aprendizaje y heroísmo”.

En ella decía, entre otras certeras cosas suyas, algo de lo que hicimos bandera en nuestra Escuela de Vanguardia: 


“Cabría afirmar, por consiguiente, que no sabemos las cosas porque anteriormente nos hayamos interesado en ellas, sino que nos interesamos por ellas, porque antes las hemos, hasta cierto punto, sabido. Pero saber las cosas no quiere decir sino poder recordarlas en un momento oportuno. De manera que sustituiremos legítimamente la anterior fórmula por la que sigue: No recordamos las cosas porque ellas nos hayan interesado, sino que nos interesan por el recuerdo que ya tenemos de ellas. Es decir, que el movimiento de la actividad mental para llegar al conocimiento de un objeto ha de ser de índole mnemónica. He aquí, pues, un principio de erudición del valor pedagógico de la memoria, y aún de la memorización, y aún del memorismo. El evangelio del conocimiento humano puede explicar su génesis así: En el principio era la memoria”.

Aprendizaje y heroísmo,
Eugenio d´Ors,
Ed. Universidad de Navarra, Pamplona, 1973.



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20111129

AFDA 12


 PORTAVOZ DE MAGISTERIO Y ESTILO
--------- 1 DE DICIEMBRE -------

NÚMERO DOCE


ÍNDICE. AFDA, 1 de diciembre, 2011. 
Pregón: Magisterio: enfoques adecuados.
Reflexión: O Emmanuel! 
Hemos leído-hemos oído: 1. El califa sin nombre. Crónicas de Al-Marsur. 2. El arpa de Rosa Mª Díaz Cotán. 3. Comedia infantil.
Rincón de Apuleyo y de nuestros poetas: Versos puros para conversar con Dios. Soneto desde el sentimiento: Viento de otoño. A Carlos Urdiales, fijo en el Portal.
Afderías: Ventolerías.
Nuestra Escuela de Vanguardia: Los maestros del mañana. II Algo así como una seducción.
Música vivida y apuntes para el recuerdo: Rosa María Díaz Cotán. El arpa.
Nuestro castillo interior: Oración de la maestra. 
Ignacio Segovia: RIP-Sit tibi terra levis.

ADDENDA
Una frase bíblica al mes: ¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra. 
Documentos de oro: Hasta el fin de la vida hemos de trabajar. No tenemos descanso. Séneca.  
Colaboraciones: De piedras y canteros. La Cruz de la Victoria, bandera y logotipo.
Tarimilla literaria: Poemario escolar, 10-12 años. Castilla. 
Nuestra escuela de vanguardia: Tras media docena de respuestas de cinco alumnos de la ESO.




PREGÓN

Magisterio, enfoques adecuados


La educación a nivel nacional anda mal. No es que a nivel europeo vaya mucho mejor, lo que no es un consuelo. Deberíamos empezar por mejorar la nuestra, la que tenemos cerca, la educación que importa a los  estudiantes españoles.

Es fácil que nuestros políticos piensen y se decidan, en su intención de mejorarla, a dotarla de un presupuesto mejor, pingüe, si es posible. Lo han hecho otras muchas veces o han pensado que el gran remedio estaba ahí, en echarle dinero a la educación. Siempre resultó flaco remedio.

En nuestros años jóvenes, de estudiantes de magisterio, se nos repetía que“la escuela es el maestro y el maestro, su concepción de la vida” (Orizana). El foco de atención de la calidad de la educación ha de dirigir su chorro de luz al profesorado. Una sociedad sensata, con una mínima dosis de sindéresis, debería dedicar a sus mejores individuos a la educación. Las personas mejor dotadas de una sociedad no pueden hacer cosa mejor que dedicarse a ser exclusivamente educadores.
Primero, el maestro. Lo demás, después, por añadidura.

En la añadidura hay mucha tela que cortar. Dos muestras al azar. 

1. Millares de horas se dedican al trabajo de la lengua, incluso con tecnología puntera, desde la educación infantil hasta concluir el bachillerato. Esto puede satisfacer a las mentes administrativas y a los corazones administrativos. Pero no a quienes piensan que con la mitad de ese trabajo el alumno debe aprender a leer y a escribir perfectamente y, aun con menos, a que le apasione su ejercicio. Se marea la perdiz con gramáticas y análisis en las clases de lengua… Falla el enfoque. No se ha entrado en la fértil entraña de la lengua ni en el oro de su literatura. Los alumnos dejan del colegio sin llevarse en sus adentros para siempre el veneno de la lengua y de la literatura, que hubiera elevado su existencia.
                 
2. Repetidas veces hemos dicho que el problema de las clases de religión no es si puntúan para pasar de curso y si han de baremarse en la nota media del alumno. El problema es que los profesores de religión (y el de los altos responsables de esta formación religiosa a nivel nacional o internacional) se contentan con hacer grata su clase y no se han propuesto formar teólogos de sus alumnos. Sí, teólogos -"sermo de Christo Deo", en Eusebio de Cesarea- , y fuera los barnices y el preguntar a los alumnos de qué quieren que se hable en sus clases uno y otro curso, precisamente durante los mejores años para que un serio aprendizaje fuera muy lejos y fuera muy valioso. Falla  el arranque: el ambicioso gran horizonte.


En lengua y literatura y en religión –extiéndase el razonamiento a las demás asignaturas – los alumnos españoles necesitan verdaderos maestros, que se les sumerja en una atmósfera de didácticas audaces y que se les propongan metas literarias y religiosas, magnánimas, ambiciosas, entusiastas…

Lo adecuado: enfocar debidamente la educación en su conjunto y pieza a pieza.


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Decíamos ya ayer…

Cantábamos hasta ayer mismo
las bellísimas antífonas mayores del Adviento.
¡Qué  latín y qué gregoriano, Dios Santo!

Nos parecía, al recitar aquel suplicante gregoriano,
que continuábamos el anhelo, hecho oración,
del coro de  nuestros antepasados visigodos
de la catedral de Toledo.
La Cristiandad entera  cantaba poderosa
en el viejo Toledo del siglo VII y, entonces, 
con nosotros, suplicaba expectante.
Aguardábamos con gozosa y sacra impaciencia 
el parto de la Virgen.
San Eugenio III, el poeta y delicado obispo
de aquella sede toledana, estaba con nosotros.
Él fue quien  les dio el nombre de Expectación del Parto
a aquellos días del adviento.
Acompañaban a San Eugenio
los memorables padres del décimo concilio de Toledo
(año 656).
Ellos le dijeron a su obispo que sí
e instituyeron la festividad de Nuestra Señora de la O
o de la Esperanza.
San Ildefonso le dio color y alas
a  esta deliciosa fiesta de la  santa espera
para que volara  lejos de Toledo
y se derramara por la Cristiandad.


Nuestra reflexión de ayer y de hoy
Isaías había profetizado:


O Emmanuel,
Rex et legifer noster,
exspectatio gentium,
et Salvator earum:
veni ad salvandum nos
Dominus Deus noster.


Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro,
expectación de las gentes y salvador de los pueblos:
ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

Isaías había profetizado:
«Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.» (Isaías 7, 14)

Ya están lejos los días en los que las notas esperanzadas de la antífona Emmanuel no vibraba sólo entre las amplias túnicas de los monjes bajo las bóvedas de los monasterios. Gozosas, se derramaban por los valles junto al hortelano. Subían con el paso tardo de las yuntas de bueyes junto al labriego. O hasta los altos riscos, con el pastor.

¡Oh Emmanuel, Dios con nosotros! Ya los cristianos, es pena grande, difícilmente saben endulzar sus labios con estas mieles. Pero, al menos, vamos hoy a izar este grito en el mástil más elevado de nuestra conciencia, como una grímpola jubilosa que lleve escrito el poema de nuestra confianza.
¡Dios con nosotros…! ¿Quién contra nosotros?
Ya podemos andar nuestro camino por el mundo sin temor en el alma. Las bíblicas alas del Señor nos han cobijado.
Recordáis la escena: un trirreme romano se debate impotente entre las olas encrespadas. Temen los marinos y se aterran los soldados. Entre el fragor ha hablado un hombre y los ánimos antes abatidos se rehacen optimistas:
¡César va con vosotros!


Otra voz menos pretenciosa, pero más eficaz, infinitamente más eficaz, se oyó en una barca del lago de Genesaret y se oye en nuestras almas cuando la tempestad hace rodar sus truenos: ¿Por qué teméis?


¡Oh Emmanuel! Para el cristiano el temor de las cosas no tiene sentido cuando tiene a Cristo junto a él. ¿Será la enfermedad, será la deshonra, será la muerte las que puedan más que nuestro Cristo, que nuestro Emmanuel?
                                                                                                                 CUR

La reflexión está tomada del trabajo 
“Treinta reflexiones sobre algún aspecto o máxima
de los evangelios o liturgia del adviento”,
 con el lema Maranatha!
Primer premio en las IV Jornadas Catequísticas Nacionales.
Celebradas en Barcelona, en 1953.


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El califa sin nombre. Crónicas de Al-Mansur
Nicolás Caparrós. Biblioteca Nueva, Madrid, 2002



Estamos ante una espléndida novela histórica. Nos adentra en la España del siglo X. Son los años españoles del inteligente Abderramán III y de su culto hijo, Alhaquem II. Cuenta la novela principalmente la historia de Almanzor, “el Victorioso”, califa sin nombre y azote de Castilla.

El autor, que hizo sus estudios medios en el Instituto y en La Salle de Almería del siglo XX,  parece haber vivido de cerca en la cimera Córdoba del siglo X, émula de Damasco y de Bagdad.

El autor, psiquiatra de profesión, por el espacio que dan de sí 252 páginas abandona la clínica y sumerge al lector en una crónica fascinante.

Es frecuente la correlación entre médico y humanista. La de psiquiatra y novelista se logra aquí a la perfección.


Descendiendo al detalle didáctico, que es más nuestro.

Algunos de sus logros expresivos conservan el perfume de los carriles creativos –enumeraciones de nombres y calificativos bien ajustados-, por los que se deslizaban nuestros alumnos en las clases de redacción.

Los zocos, más abastecidos que nunca: olorosas especias, pesadas pieles, miel brillante y dorada, panzudos odres de aceite, crepitante trigo, lucientes arracadas y todos los colores del arco iris en las piedras preciosas llegadas de los más distantes lugares. (p.14)

El fulgor de las comparaciones también recuerda las clases de redacción, que eran las sesiones de trabajo más esperadas de la semana:

En la barba del anciano goteaba el oscuro rubí del vino, rojo cual la sangre de una doncella, ardiente como la batalla. (p. 131)

El logro creativo a veces se condensa en una afirmación  magistral. Merece la pena, por llegar a ella, haber hecho el camino de páginas y páginas:

Hablar bien es un paso más hacia lo eterno. (p. 98)
¿Se ha visto alguna vez un pueblo que medre sin ser diverso? (p. 86)
A la redonda luna de Bagdad le había sucedido el rotundo sol de Córdoba. (p. 14)

O los ejercicios de enfoque subjetivo con antítesis:

Aquellos trabajos de los alarifes (…) cincelaban la mirada de la muerte que siempre me ha parecido ver en una estatua griega, de la que uno nunca sabe si mira al más allá o a la incierta tierra que la soporta. (p. 78)

Quienes tengan paladar para saborear la mejor literatura plateresca o deleitarse con los deslumbramientos culteranos y las cabriolas conceptuales del barroco tienen en este libro una novela histórica tejida con un lenguaje moderno que en nada desmerece y hasta actualiza los mejores estilos literarios de nuestros clásicos.
Palmera

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Comedia infantil, Mankell, Henning. (2002) 
Tusquets Editores SA, Barcelona.

En una ciudad portuaria africana, un hombre solitario contempla el panorama nocturno desde el tejado de un teatro. A sus pies, en un sucio colchón, yace moribundo un niño escuálido y maltrecho que ha recogido herido  y ha llevado hasta allí.

Nelio, niño de la calle y profeta, posee a los diez años la sensatez y sabiduría de un anciano. ¿Quién es este niño en realidad? ¿Quién le disparó a bocajarro sobre aquel escenario desierto? ¿Y por qué lo hizo? Durante nueve noches de agonía, Nelio relata la historia de su vida al hombre que lo atiende, consciente de que morirá cuando a cabe su narración.

Es una historia estremecedora y fascinante que comienza el día en que Nelio llega a la ciudad huyendo de una tremenda catástrofe. Su relato nos conducirá por los entresijos  de un paisaje de belleza, barbarie y rebeldía. En su conciencia de niño cobra vida una imagen de nuestro tiempo que permanecerá indeleble para nosotros. 

El libro comienza así:
“Sobre un tejado de barro rojizo quemado por el sol, bajo el estrellado cielo tropical de una noche de humedad sofocante…”

Es la primera novela de Henning Mankell que he leído. Después he leído otras del mismo autor dentro del género novela negra. Ésta la pondría en el grupo de “realismo mágico” y para mí es la mejor de su autor. Se lee en un par de sentadas, pero puede ser bueno hacerlo en las nueve jornadas que dura la agonía de Helio.

Una cita como muestra

Dispárale si quieres conservar la vida, dijo sin más, dispara.
El chico que tenía delante se llamaba Tiko. Era hijo de uno de los hermanos de mi padre y, aunque era unos años mayor que yo, habíamos jugado juntos muchas veces. Ahora lo tenía llorando ante mí. Yo lo miraba. Sabía que nunca podría dispararle. Ni siquiera para salvar mi vida. Tenía la certeza de que el hombre de ojos apretados hablaba en serio, de que me mataría, incluso con sus propias manos, si no hacía como me había ordenado.
En este momento me convertí en adulto, aunque en el cuerpo de un niño, ya que tomé una decisión que implicaría con toda seguridad mi muerte. Pero, si no hacía lo que yo sabía que tenía que hacer, mi vida dejaría de tener sentido. No podía dispararle a mi hermano.
Pensé en mi hermana asesinada en el mortero. Quería tenerla en mi mente a la hora de morir, pues sabía que pronto nos reuniríamos, cuando me asesinaran a mí también.
Puse el dedo en el gatillo, apunté el fusil hacia el hombre de los ojos entornados  y disparé. El proyectil se abrió camino en medio del pecho y el hombre cayó al suelo. Aún recuerdo su expresión de sorpresa en el instante de morir. Arrojé el fusil y eché a correr tan rápido como me permitían mis piernas, hacia el sendero por el que habíamos llegado.
Esperaba que alguien me disparase por la espalda en cualquier momento; no dejaba de pensar en mi hermana ni de correr a tal velocidad, que mis pies desnudos apenas rozaban las piedras del camino. En realidad, no era yo quien corría, sino la vida que había en mi interior, aunque yo sospechaba que pronto me darían alcance y acabarían conmigo. Aprendí con los años que hay momentos en la vida en que uno no es más que lo que hace. En aquella ocasión yo no era otra cosa que un par de pies que corrían a toda velocidad, y nada más. (68-69)

Jesús Juárez


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VERSOS PUROS PARA CONVERSAR CON DIOS


¡Qué casual encuentro:
Todos los “Lasalles”
con el Niño dentro!

Dentro de la Cueva,
que es la gran escuela
del Amor por vida.

Jesús nos convida,
Hermanos de leche,
a estar a su aceche.

Aceche o acecho,
vamos a su lecho
de amor por nosotros.

Como Él no hay otro
que sea mejor.
Esta Navidad
quedamos con Dios.
APULEYO SOTO


"Jesús nos convida..."
"Hermanos de leche..."
                                                      
"A estar a su aceche..."

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Á.H.


A CARLOS URDIALES, FIJO EN EL PORTAL


Carlos no quería
salir del Portal.
Le llamaba Aurora
y decía “¡Vaaa!”.

Pero no se iba
de su mismidad,
entrañada en carne
con el Gran Zagal.

“¡Zagalejo mío!”,
volvía a entonar,
y allí se quedaba
amando, no más.








   

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EL  ARPA

                                                                                                                                          por Diego Coca

         Cuando asistí al concierto de arpa  que ofreció  Rosa Mª Díaz Cotán,  sentí el impulso de mostraros su arte y tan bello y complejo instrumento que es el arpa. Por algo la iconografía religiosa muestra escenas celestes de ángeles con arpas, cítaras e instrumentos cordófonos. Cuando con arte se acarician sus cuerdas,  surge esa chispa en nosotros, frágil, intimista, pero ardiente y sublime, que nos hace sentir transcendentes.
         Por esto pretendo haceros partícipes de mi admiración por instrumento tan peculiar y tan emblemático, como por el reconocimiento a esta joven señora del arpa, que une a su arte y maestría su sencillez y encanto como persona.


         ALGO  DE   HISTORIA
     Ya en los años 15.000 a.C., en las cuevas "Les Trois Frères", en Francia, descubren dibujos de instrumentos parecidos al arpa.
En el Egipto Antiguo ha sido el instrumento más popular. Muestra de esto son los grabados en las tumbas de los faraones. La Biblia menciona varias veces el hecho de que el Rey David tocaba el arpa para calmar las iras del Rey Saúl. Este es probablemente uno de los casos más antiguos de terapia del arpa.
Reaparece en la Civilización Occidental con el surgir del cristianismo. Con el desarrollo del canto gregoriano el arpa se convierte en el instrumento preferido para acompañar las voces de los monjes, además de ser uno de los muy pocos instrumentos permitidos en las iglesias.
Es el primer instrumento musical mencionado en las Escrituras. (Gen 4,21, VP; Val; Mod; NM.) La palabra hebrea kin‧nóhr (arpa) también se traduce “cítara” en varias versiones de la Biblia (BJ, NBE, BC, TA). Los traductores de la Versión de los Setenta utilizaron el término griego ki-thá‧ra, recopiando así la mitad, más o menos, de las cuarenta y dos veces que aparece en el texto hebreo. La ki‧thá‧ra era un instrumento parecido a la lira (gr. lý‧ra), pero con una tabla de resonancia más llana.

Así pues,  las primitivas arpas que se describen en la historia del instrumento son simples arcos musicales. Si en la Edad Media fue el instrumento en boga, se abandonó su uso durante el Renacimiento, volviéndose a él  en el siglo XVIII con la incorporación de pedales. Hoy las contemplamos evolucionadas hasta cubrir todas las exigencias sonoras que pide una orquesta actual.

Aparición del arpa de orquesta

         En el siglo XVI, luthiers irlandeses proveyeron al arpa de una doble fila de cuerdas. En el siglo XVII se incorpora una tercera fila, la 1ª la 3ª fila eran diatónicas (29 cuerdas cada fila), mientras que la 2ª fila, con 20 cuerdas, estaba reservada para los semitonos.
         A finales del XVII, un luthier bávaro fabricó la primera arpa con pedales. Eran 7 los pedales, correspondientes a los 7 grados de la escala musical, instrumento para el que Mozart escribió su concierto para “flauta y arpa” en 1778.
        Ahora el número de cuerdas se eleva a 47 y son de clases diferentes. La extensión es de 6 octavas y media. Esta es la extensión más amplia después del órgano y el piano.

        El arpa moderna de orquesta incluye más de 1.988 piezas y la presión que ejercen las cuerdas sobre el instrumento es alrededor de 2 toneladas y media. Su construcción supone un costo elevado, por lo que son pocos los luthiers que se aventuran a fabricarla. En este proceso se incluye la utilización de contrachapados de haya, arce o palisandro -de fácil curvado al vapor- para la caja de sonido que, a su vez, está reforzada en su interior por una moldura triangular a veces metálica.
Su constructor debe armarse de imaginación e ingenio para solventar las posibles dificultades que puedan cruzársele en el maravilloso sueño que es la construcción de un arpa. 

Este viaje por la historia y arquitectura del arpa hace escaso honor a la importancia que se merece,  pero puede ayudar a quien hasta ahora desconocía muchos datos de este bello instrumento. 




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LOS MAESTROS DEL  MAÑANA

II.                  ALGO ASÍ COMO UNA SEDUCCIÓN

En otros tiempos hubiéramos hablado quizás del “valor del ejemplo” o del “testimonio de los maestros”; hoy puede que nos parezca más apropiado  referirnos al influjo y al valor de una experiencia positiva y, en cierta manera, a “algo así  como una seducción”. Porque algo de seducción hay en quienes han elegido “ser maestros” gracias al influjo que, generalmente en sus años infantiles, recibieron de sus profesores. Experiencia  cautivadora la de quienes, niños  todavía,  recibieron el impacto afectivo, entre la fascinación y el encanto, de unas personas quizás idealizadas, pero que han permanecido cercanas a sus vidas.

Nuestros actuales estudiantes  afirman que su inclinación al magisterio  les nació de la experiencia escolar, bien por el ambiente de convivencia infantil especialmente cultivado por maestras y maestros, bien por alguna experiencia personal  en las  aulas de los primeros años. Es altamente gratificante encontrar jóvenes que, impactados en su infancia por una figura señera, deciden años después iniciar la profesión de sus  maestros. Se sintieron quizás  cautivados por  el entusiasmo y la alegría en su trabajo: “tuve una profesora en mi primer año de Infantil; era una mujer mayor que disfrutaba con su trabajo y hacía que aprendiésemos cosas nuevas, tratándonos como una madre…”. “Con ella aprendí a amar la naturaleza y ella fue la que me impulsó a pensar mi vocación al magisterio”, afirma Raquel. O  recuerdan el clima afectivo,  la actitud de entrega,  el ejercicio  de un trabajo que sobrepasaba con creces los límites impuestos por la profesión. Como sucedió a Verónica: tan bien la trataron en la escuela infantil  que luego siempre ha tenido a sus profesoras como una inevitable y grata referencia en su vida.

Y es que el recuerdo de los maestros de los primeros años no  es algo vago, sin nombres, sin perfiles; al contrario, generalmente tiene nombre propio. El impacto  de aquellos años  se ha quedado grabado y la presencia del maestro queda en el alma y actúa como inspiración para la vida: “Recuerdo a mis profesores de Primaria, en particular a Pilar  Ramón y a Teresa B., y las recuerdo con tanto cariño que creo que marcaron, con su forma de actuar y con su forma de ser mi vida infantil”.  Y esto les mueve luego a ser como ellas, a prolongar agradecidas  ese efecto amoroso, esa presencia gratificante  en  las  vidas de sus futuros alumnos.

Pero  no siempre  el influjo de los maestros  se produce en los años mágicos de la infancia. También después, a lo largo de la educación escolar, cuando  se da otra forma de contacto y de encuentro con los profesores: su buen hacer y el buen ambiente creado en el aula fueron motivo para que germinara la  vocación  al magisterio: “en ese colegio se respiraba otro ambiente totalmente distinto. Los profesores  te motivaban, se preocupaban de que lo entendieras todo; en  definitiva, disfrutabas aprendiendo. Fue ahí cuando me empecé a plantear mi futuro seriamente. Y puesto que desde siempre me gustaron los niños, sabía que  mi elección tenía que girar en torno a ellos”, dice Ana Abad.
Para Ana Campos es una profesora de su adolescencia la que enciende el fuego del magisterio “por el don especial que tenía hacia los niños”. Y le hace ver, darse cuenta “de lo bonito que puede ser enseñar cuando uno está dispuesto a ello y quiere”. Esa profesora le enseñó a “diferenciar entre los profesores que enseñan por amor y los que enseñan por el mero hecho de que ese es su trabajo”. Irina, por su parte, recuerda a un profesor, Gregorio,  en el primer curso de Primaria: “sólo le tuve un año, pero cada día que pasé con él me daba cuenta de que en un futuro quería ser como él, pues de él aprendió a “enseñar con amor, paciencia y comprensión”.  A veces  la imagen del profesor se idealiza y ese ideal actúa como impulso hacia una altura que se considera inalcanzable. Carmen de la Fuente, sintió esa fascinación por  sus profesores (“a algunos no les olvidaré jamás”) y su opción por el magisterio está influida por la altura inalcanzable de esa imagen: “intentaré imitarlos para conseguir ser al menos la mitad de buena profesora que han sido ellos”.

Hay quien, a pesar de las dificultades de los primeros años escolares  (“me costó muchísimo adaptarme al mundo escolar”)  encuentra en la escuela un ambiente tan positivo y reconfortante que va a quedar como un subsuelo afectivo en el que prenderá, años más tarde, la planta del  magisterio. Javier Alarcos habla de “la suerte que he tenido de haber pasado por varios colegios a lo largo de mi vida; y digo suerte porque, a pesar de que pueda guardar mejor o peor recuerdo de los centros, soy consciente de que  todos ellos me han aportado algo importante en mi vida”. Y aunque  en esos momentos no  surgiera nítido el deseo, se mantuvo  latente y luego maduró. Como en el caso de de Pedro Z. que  de niño “observaba a mis profesores y comencé a  pensar que me gustaría ser como ellos, es decir, alegres, pacientes, que sabían muchas cosas y, sobre todo, que se preocupaban mucho por mí…”.  Sólo  después, en el Bachillerato, este recuerdo  se hace realidad y los sentimientos de niño  se convierten  en opciones de joven.

Seducción o ejemplo, testimonio o influjo positivo lo que todos destacan es el componente afectivo de un doble sentido: se observa en el maestro una dosis no pequeña de afecto y  se experimenta una entrega, signos  evidentes  del amor que ha de preside toda relación educadora auténtica. Algo que han dicho siempre los buenos pedagogos: el amor al alumno, que trata magníficamente G. Gusdorf en su ya viejo libro (Para qué los profesores) o el “estar con el otro”, “estar al lado del otro” a que se refiere  el también pedagogo francés Ph. Meirieu.

Teódulo GARCÍA REGIDOR 
                                                                        



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CASTILLO INTERIOR DE MAGISTERIO


LA ORACIÓN DE LA MAESTRA







¿Cómo no convertir nuestra misión de maestros en una auténtica y honda plegaria? Así lo hace la maestra y poetisa Gabriela Mistral (1889-1957). 



* Y, claro, la primerísima mirada es para el "Maestro de los maestros", de quien ella, como nosotros, nos hemos adueñado del más preciado de los títulos: el de "Maestro-Maestra" (1ª estrofa).

* Y como Jesús es el Maestro no porque le regalaran el nombre, sino por lo que fue y por lo que hizo en su vida terrena, la poetisa va pidiendo al Señor lo que más rebosa en el Maestro en contraste con lo que más le falta a ella: amor y comprensión de madre para con sus alumnas, fácilmente dadas al desentendimiento y al olvido de su maestra (2ª estrofa): 

* fuerza para hacer realidad viva y presente a Jesús o al Evangelio-Jesús, a pesar de "mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre" (3ª estrofa); 

* sencillez y profundidad a la vez en sus lecciones cotidianas sobre las maravillas de las letras y de las ciencias, sin empequeñecerlas ni nublarlas con los afanes materiales y personales (4ª estrofa);

* por último, un corazón entusiasta y voluntarioso que abrace a las alumnas dándoles la impresión de estar en una escuela de elegantes columnas y de fuertes sillares, y no en su escuela de carcomidos ladrillos. La maestra chilena termina la 5ª estrofa con unos versos tremendistas, evocando el trágico final del "Maestro de los maestros". ¡Líbrenos el Señor de terminar nuestros días con la lanza de algún resentido alumno en el costado!

Eduardo Malvido


LA ORACIÓN DE LA MAESTRA


Señor, tú que enseñaste, perdona que yo enseñe;
que lleve el nombre de maestra
que tú llevaste por la tierra.
Dame el amor único de mi escuela;
que ni la quemadura de la belleza
sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.

Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto.
No me duela la incomprensión
ni me entristezca el olvido de las que enseñé.
Dame el ser más madre que las madres,
para poder amar y defender como ellas
lo que no es carne de mis carnes.

Muéstrame posible tu evangelio en mi tiempo
para que no renuncie a la batalla de cada día
y de cada hora por él.
Hazme fuerte, aún en mi desvalimiento de mujer,
y de mujer pobre;
hazme despreciadora de todo poder que no sea puro,
de toda presión que no sea
la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.

Dame sencillez y dame profundidad;
líbrame de ser complicada o banal en mi lección diaria.
Dame levantar mis ojos de mi pecho con heridas
al entrar cada mañana en mi escuela.
Que no lleve a mi mesa de trabajo
mis pequeños afanes materiales,
mis mezquinos dolores de cada hora.
Aligérame la mano en el castigo
y suavízamela más en la caricia.
Reprenda con dolor para saber que he corregido amando.

Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos.
La envuelva la llamarada de mi entusiasmo
su atrio pobre, su sala desnuda.
Mi corazón le sea más columna y mi voluntad más oro
que las columnas y el oro de las escuelas ricas.
Y, por fin, recuérdame,
desde la palidez del lienzo de Velázquez,
que enseñar y amar intensamente sobre la tierra
es llegar al último día
con el lanzazo de Longinos de costado a costado.


Gabriela Mistral





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Se nos ha muerto Ignacio Segovia Juárez, uno de nuestros adelantados en el alto magisterio que vivimos ayer y seguimos profesando hoy.

Era mayor que nosotros. Le conocimos, admiramos y tratamos como a maestro de una pieza, cabal caballero cristiano, español de pro…

Entre nosotros se dice que se asomaba al gran teatro de este mundo con los ojos de su espíritu de fe, que lo emprendía todo con la vista puesta en Dios y que todo lo atribuía al Dios Todopoderoso y Providente. Indudablemente fue un hombre de fe.

Su paso por este mundo deja la estela propia de un sabio humanista, rara avis en nuestros necios tiempos, la de un poeta de altos vuelos que rimaba lo clásico con lo barroco, la del pensador de las hermosas síntesis. Le haría sonreír el romano STTL de más arriba y lo abrazaría con gusto al lado del RIP cristiano porque ahora ya ha hallado en Cristo la Paz cristiana y el Humanismo que buscó. Tras su largo camino, descansa ya en la ancha Paz que suma todo lo bueno humano y divino, afirmativo y sumador que él fue.

Sarmiento de la misma vid, le teníamos por amigo y por uno de esos generosos vinos con los que el bíblico Señor de la viña ha venido alegrando nuestros corazones de viadores. 

Nos duele su partida para la eternidad. RIP y STTL.
VIADOR CUR


*  Ángel Hernández, que como Ignacio Segovia fue alumno del sin par y glorioso Colegio de Santa Susana, de Madrid, nos cuenta que nuestro buen amigo muy probablemente hiciera una personal interpretación de las letras iniciales del Sit tibi terra levis, hallando en ello ocasión para manifestar su fe y mostrar la alegría que el sólo pensamiento del salto hacia la eternidad le proporcionaba: Soy ToTalmente Libre, STTL.


117 AFDA

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