AFDA 11


  PORTAVOZ DE MAGISTERIO Y ESTILO

--------- 1 DE NOVIEMBRE -------

NÚMERO ONCE

ÍNDICE. AFDA, 1 de noviembre, 2011
Pregón: Función social.
Reflexión: El arbolito enfermo. 
Hemos oído: Piano a cuatro manos.
Rincón de Apuleyo y de nuestros poetas: Las primeras lluvias. Soneto desde el sentimiento: Gracias. Alegoría.
Afderías: Malaguerías.
Nuestra Escuela de Vanguardia: Los maestros del mañana. II Una vocación germinal.
El genio pedagógico de San Juan Bautista de la Salle: El silencio en la Guía de las EE. CC.
Nuestro castillo interior: Elogio y orgullo del Barroco. 

ADDENDA
Una frase bíblica al mes: Si cruza junto a mí, no lo veo. 
Documentos de oro: Metafísica del arte, Max Scheler.
Colaboraciones: De piedras y canteros. Mejores ejemplares del Arte Prerrománico.
Tarimilla literaria: Poemario escolar. Cantares de Castilla. Esto quería la niña Teresa.
Fotografías: Andalucía, 4 de octubre.




PREGÓN

FUNCIÓN SOCIAL


En pañales
Después de profesar en el Credo de los Apóstoles durante veinte siglos, el dogma de la Comunión de los Santos y la formidable realidad del Cuerpo Místico de Cristo, tras la Rerum Novarum de León XIII y siguientes encíclicas sociales y después de Marx, del Comunismo y de las Internacionales Socialistas… andamos en pañales en cuanto a clima social. ¿Qué grupos humanos respiran en su espacio y a cuáles les es familiar la idea de que las cosas y las personas han de cumplir una función social, la de que a todos se nos ha dado la existencia en función y al servicio de todos?


Un sayo de mi capa
En castellano corre como bueno que todo hijo de vecino es libre de hacer de su capa un sayo. La jovencita liberada asegura que su cuerpo es suyo y así que hará con él lo que le plazca o le pida el apetito. Mi dinero es mío, afirman ricos y pobres, me lo gastaré en lo que quiera, no tengo que dar cuentas a nadie porque es muy mío. Estas consideraciones ni son cristianas ni son humanas.
Cuanto nos predicamos como propio –inteligencia, formación, profesión, bienes diversos…- no es exclusivamente nuestro sino que ha de estar al servicio de unos fines sociales. (Para un cristiano la propiedad no es sinónimo de privatividad  sino de comunicatividad). 


El trabajo, deber social sin relevo
Hace tiempo que los de AFDA nos dijimos, y en ello nos reafirmamos hoy, que el hombre no trabaja sólo porque necesita ganarse el pan y la sal con su trabajo, y que éste no es una prestación forzosa para conseguir un salario, sino que el trabajo es un derecho y un deber moral y social. Nadie debe sustraerse de trabajar mientras las fuerzas de la inteligencia o del brazo no le doblen.

En consecuencia, el magisterio y el estilo propios de AFDA, “portavoz de magisterio y estilo”, en cuanto puedan suponer algún tesoro propio nuestro, no tienen llave que echar ni vueltas que darle a la cerradura que la aparte para nosotros solos. Seguirán trabajando para todos y siendo en nosotros una imperativa carga de servicio.

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En nuestra juventud estudiamos al pedagogo suizo Enrique Pestalozzi. 

Coincidíamos con él sobre la importancia de la intuición.
“El método intuitivo es el camino correcto que debemos seguir”.
Lo aplicábamos a lo que iniciamos entonces,
el “Método Redacta”, de expresión escrita:
“Para redactar bien, lo primero, observar bien”,
es decir, ver por fuera y por dentro, intuir.

El trabajo de la lengua tenía para él preponderante importancia.
Se nos aconsejó que leyéramos “Cómo enseña Gertrudis a sus hijos”.
Leímos, eso sí, unas “Fábulas” suyas.

Algunas de aquellas fábulas las contamos luego a nuestros alumnos
en los tres a cinco minutos de reflexión que empleábamos
al filo de la mañana, al comenzar las tareas escolares del día.

Ésta es una de ellas. La recordaréis.
CUR  
Pestalozzi
EL ARBOLITO ENFERMO

Un padre había plantado un árbol para su hijo niño. El niño había crecido a la par que el arbusto. Le quería como se quiere a un hermano y le cuidaba como cuidaba a sus conejos y sus corderos.
Pero el arbolito estaba enfermo. Día tras día amarilleaban sus hojas. Desolado, el niño las arrancaba a medida que las hojas se secaban y todas las tardes refrescaba el pie del arbolito con agua limpia y clara.
En una ocasión, el doliente arbolito se inclinó sobre su joven amigo y le dijo: “el mal que me mata está en mis raíces; si remedias eso, reverdecerán mis hojas ellas solitas.
El niño se puso a cavar alrededor del tronco y descubrió un nido de topos en sus raíces.

*
Cuando el pueblo sufre por su indigencia, hay que ser insensato  para suponer, con mirada de observador superficial, que se le ayuda suprimiendo las señales exteriores de su miseria. El hombre sensato, cuando vea sufrir al pueblo, se pondrá a cavar en busca de los topos que anidan en la sombra, bajo tierra, donde pueden, sin ser vistos, morder y destruir las tiernas raíces de la abundancia común.

Pestalozzi, Fables. Ed. Egloff, Zurcí, 1936

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HEMOS OÍDO


ALBERTO GONZÁLEZ  CALDERÓN  y   ARNOLD W. COLLADO

 

-         piano a 4 manos –

 


ALBERTO nace en Jerez de la Frontera, donde comienza sus estudios musicales con cinco años. Obtiene el título superior en Sevila con Ramón Coll. Hace su debut a los trece años con el concierto Kv. 466 de Mozart para piano y Orquesta.

              ARNOLD nace en Bremen  y es en Sevilla donde cursa los estudios de piano en el Conservatorio Superior de Música “Manuel Castillo”, siendo sus profesores Josefa Hernández y  Pilar Bilbao. Es Profesor Superior de Piano, por oposición, desde 1991.

         El dúo de "Piano 4 Manos", que está integrado por Alberto González Calderón y Arnold W. Collado, se formó en el año 2001 con el objeto de llevar a cabo un proyecto de interpretación de la música sinfónica (Integral de las Sinfonías) del compositor genial e indiscutible L. V. Beethoven. Desde entonces y hasta la actualidad han ofrecido numerosos recitales en los que la música del maestro de Bonn ha sido el eje central de sus conciertos.   La modalidad  “Piano a 4 manos”  nos transporta a épocas pasadas y a la tradición romántica de difundir la música orquestal a quienes no podían escucharla.
            Alberto y Arnold, dos artistas de reconocido prestigio, han realizado la transcripción para cuatro manos de La Suite Española, de Isaac Albéniz, quizás su obra más popular e interpretada. 
  
       La Suite española de Isaac Albéniz
            Las obras que componen este cuaderno para un solo intérprete, quedan en las manos de estos dos pianistas con nuevas galas de inspirada pureza musical, sin tamizar siquiera uno de los colores que creó su autor.

       Las nueve sinfonías de Beethoven
             Las transcripciones que interpretan fueron realizadas por un compositor y editor nacido el mismo año en que falleció el maestro de Bonn, Hugo Ulrich. Tuve la fortuna de oírles interpretar la tercera, la quinta y la séptima. Era la orquesta traída a los oyentes con sus veinte dedos. Existe una versión de Frank Listz  de las sinfonías beethovenianas para un intérprete; pero, aun siendo Listz, nunca diez dedos pueden extraer al piano tantos matices orquestales. Una experiencia gratísima e inolvidable.

      Sinfonía nº 9  “Nuevo mundo” de Antonin Dvorak
             Obra cumbre orquestal del autor, tan popular y conocida, que cautiva desde el principio al final por su extraordinaria belleza.  Pues bien, el propio Dvorak  hizo una versión de esta sinfonía para “piano a 4 manos”, que quedó relegada en el tiempo sin que se ofreciera jamás en público. Arnold y Alberto  la estrenaron en primicia mundial en Sevilla.
                                                                                                                                      D. Coca
Más documentación en Google

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LAS PRIMERAS LLUVIAS


No hay cielo, amigo mío;
lo taparon las nubes
con su algodón de frío.

Y tú, tú ya no subes
adonde se adormecen
los ángeles querubes

de la infancia que mecen
los sueños de la vida
porque desaparecen.

Mi pluma te convida
entonces a otros cielos
de permanente huida.

¡Venga, a los nuevos vuelos
de la escuela querida
con todos sus señuelos,

aquellos en que anida
la innata vocación:
son el final de la partida!

Hoy tengo el corazón
en la enseñanza repartido.
Doy todo lo vivido
por solo  esa lección.










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MALAGUERÍAS - MALAGUERÍAS-MALAGUERÍAS

  • Éramos ONCE y en Málaga nos pusimos ciegos, pero seguro que volveremos a vernos.
  • Picasso honra a los malagueños; Velázquez se los lleva, de largo, de calle.
  • Vitorianos en Pimpi, vinos en Guarda, gambas en Vicente, helados en Casa Mira…El señor Marqués  se aupaba a la entrada de Larios y se le iban los pies.

Cenachero
  • A la entrada de la Alameda, el cenachero se moría de envidia viéndonos pasear con hermosas biznagas de jazmín colgadas del brazo.
  • En ‘La Canasta’, a la salida de Chinitas,  hacen unas tortas locas que quitan el sentido.

  • En el Palo preguntamos: ¿qué fue primero: el pincho moruno o el espeto de sardinas?
  • Los espeleólogos no encontraron en Nerja a Polifemo, pero sí su vieja fábrica de pirulís.
  • En Nerja, en el Balcón de Europa, las mocitas se quitan los tacones y se sienten Marías de las Mercedes, del brazo de Alfonso XII.

  • Frigiliana, Torrox, Vélez-Málaga…, retazos de percal blanco lavados en la costa y tendidos al sol de la Axarquía.
  • Torre del Mar, a la caída del sol, es un precioso recortable bañado en purpurina.
  • A juzgar por la panorámica, siendo de Antequera deberías apellidarte ‘De la Torre’.

  • El bienmesabe, pastel que preparan las clarisas de Antequera, está entre el bocato di cardinale y la teta de novicia.
  • En Archidona, los niños cantan: ocho esquinitas tiene mi plaza, ocho angelitos que a mí me guardan.
  • Las peñas llevan chapela.
  • Los flamencos llegados a la laguna de Fuente de Piedra cantan y bailan por verdiales.

  • En el Torcal todas las peñas llevan chapela.
  • Bandadas de gaitanes cruzan el desfiladero que abrió la quilla de un viejo galeón varado en la Hoya del Guadalhorce.
  • El Torcal de Antequera.
  • En Ronda, para Tajo el del Puente Nuevo y para tajadas las de rabo de toro en ‘Pedro Romero’.
  • En Puerto Banús abundan barquitos y ‘carros’ la mar de dignos; lo que no se ven son indignados.
  • Torremolinos, Marbella, Fuengirola…, gigantes fatigados que se acercan a la playa para aliviar su cansancio con la caricia del mar.
  • Marbella, pequeño y pintoresco pueblo marinero, convertido en populosa ciudad de grandes avenidas. ¡Hay que ver, cómo crecen las villas regadas con petróleo!

  • Los burros-taxi de Mijas se alinean, curiosamente, junto al Ayuntamiento.
  • Nunca imaginé que en el sur mediterráneo tanta montaña compitiese para besarse con el mar.
  • A Málaga la alimentan una fértil tierra y un mar generoso, y crece y crece a costa del sol.

  • Una silenciosa AVE que, volviendo a sus orígenes, renunció a las alas y aprendió a reptar, nos acercó, ‘volando’ y sin vértigos, al encuentro feliz con los amigos.
ÁH

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LOS MAESTROS DEL  MAÑANA

 II       Una vocación germinal

 A la pregunta de “por qué quiero ser maestro”,  varias respuestas  reflejan algo así como una vocación germinal. Hay jóvenes que han crecido en un ambiente familiar de tradición educadora y la semilla del magisterio ha ido germinando en un clima propicio. A la hora de elegir una profesión casi cabría decir que la profesión de magisterio “les ha elegido a ellos”: tal ha sido la impregnación del ambiente. Para Carmen, el ambiente familiar  ha sido esencial en su vocación: “Desde que nací he vivido en un ambiente relacionado con la educación. Además de mis padres, también mi hermana era profesora… Durante toda mi vida he visto cómo mis padres corregían exámenes y yo, desde pequeña, soñaba con corregirlos. Desde entonces he querido seguir el ejemplo de mis padres siendo maestra”. Por eso, cuando trató de elegir una carrera, eligió magisterio: “no lo dudé ni un segundo, ya que tenía muy claro qué es lo que quería hacer”.
La familia es, pues, uno de esos lugares de impregnación o de contagio: los padres u otros familiares que son maestros ejercen un influjo tan positivo que puede llegar a ser configurador de la opción que van a tomar los niños “cuando sean mayores”: el magisterio. Este es el caso de Pilar (“En mi familia también hay maestros, como mi tía y mi abuela. La relación con ellas es muy estrecha y quizás me influyeron a la hora de tomar esta decisión”). Nicolás, hoy estudiante de Grado de  Educación Primaria, en contraste con su negativa experiencia de colegial, encuentra en su  casa el aliento del magisterio: su madre, su tía y ahora su madrastra “son maestras y han dedicado sus vidas a la enseñanza, permitiéndome ver más de cerca el lado más humanitario de esta hermosa profesión”.

Otras veces la vocación se clarifica en un proceso  vivido en contacto con alguien que también ostenta la doble condición de maestra y de familiar; no se madura  en la familia, sino más bien en la escuela, en una incipiente y guiada práctica escolar. Así sucede a María José, quien siente una gran inclinación desde pequeña a cuidar a los niños, y que, ya mayorcita, tiene la oportunidad de practicar en la escuela de su tía maestra. Será  el contacto con ella –su buen hacer, su testimonio y, sobre todo, sus palabras de clarificación y de aliento- lo que ayude a Mª José a despejar el horizonte: las dudas desaparecieron y “vi con claridad que iba a ser maestra”.


Esa experiencia puede darse a veces sin influjo familiar. Aparece en forma de juego infantil repetido, que va cobrando carta de naturaleza. Mª Ángeles  cuenta: “la verdad es que desde pequeñita siempre me ha gustado educar. Cuando teníamos que estudiar lengua o conocimiento del medio colocaba a mis muñecas y les explicaba lo que había aprendido en clase; ¡Si los nenucos hablaran… las cosas que sabrían!”. Y de los nenucos a los ositos de peluche: también Raquel jugaba con ellos “a ser maestra” y “les enseñaba a sumar, a restar, a leer y a dibujar”; un ejercicio que, reconoce,  ha desembocado en algo que fue “mucho más allá” de un mero juego. Por su parte, Lorena hace de niñera y de maestra de su hermana menor y también, ya crecida ésta, juegan las dos juntas a “ser profesoras”. Hoy aquel juego de niñas  se ha convertido en una realidad: las dos hermanas, Laura y Lorena, estudian juntas  magisterio.

Las sucesivas experiencias educativas (campamentos de verano, ejercicio de monitoras con los niños pequeños de su colegio…) van modulando, definiendo una opción imprecisa pero que se  desarrolla  “naturalmente”.  Irene “convierte a su hermano en alumno” ya que “desde pequeñita siempre me gustó jugar a ser profesora… y no sabía jugar a otra cosa”. Finalmente, otros afirman sencillamente que desde niños “tenían claro” lo que querían ser: maestros. Y nunca variaron su  decisión infantil: “No sé cuándo tomé esta  decisión; creo que es algo que llevo  desde siempre dentro de mí”, dice Sara.

En el título de  este segundo relato he empleado el término “vocación”. He preguntado en las clases si a la opción por el magisterio y al ejercicio del mismo  se los puede llamar vocación… La respuesta de los “recién llegados” a los estudios de magisterio es rotunda, claramente afirmativa: “sí, es vocación”. Para muchos es una semilla sembrada  en sus primeros años, que va germinado al calor del hogar o a través de experiencias educativas gratificantes e iluminadoras. Luego, familiares o maestros van a facilitar su crecimiento, pero esa semilla está ya dentro de cada uno. Así lo afirma  un alumna que no firma su escrito: “Desde muy pequeñita me gustó jugar a ser profesora y no sabía jugar a otra cosa”… “Elegí magisterio creo que por vocación, porque sin ella es imposible valer para esto”.

                                                                                Teódulo GARCÍA REGIDOR


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Se nos fue el H. José María Valladolid. 
Perdimos el regalo de las inapreciables investigaciones 
que nos venía ofreciendo como primicias 
sobre el genio pedagógico de Juan Bautista de La Salle.  
Dios le haya premiado ya.

Nos sentíamos huérfanos de tan alta 
y lúcida investigación y  magisterio.

La Providencia parece venir en ayuda 
de nuestra escuela de vanguardia 
y de los lectores de AFDA. 
Nos llega desde Méjico.
El H. Jorge Bonilla nos manda un apunte de sus trabajos, 
a modo de muestra, por ver si cuadra con el estilo y propósito nuestro blog.
El H. Jorge Bonilla es una autoridad en educación 
por su pensamiento humanista y pedagógico. 
Ejerce como tal autoridad no sólo en su patria, Méjico, 
sino en toda Hispanoamérica. 
Su pensamiento brillante y profundo es muy apreciado 
entre  los Hermanos de La Salle  y fuera de su Instituto. 



EL SILENCIO EN LA “GUÍA DE LAS ESCUELAS” 





Jorge Bonilla S.S., FSC
 Pachuca, México, Reunión 8 de diciembre 2010 

¿Por qué San Juan Bautista de la Salle le atribuye tanta importancia al silencio como elemento formal en la estructura interior de una persona y como importante elemento formativo? Lo que equivale a preguntar ¿por qué un buen maestro ha de manejar la palabra con maestría? Palabra y silencio vienen a constituir dos términos incluyentes.

El silencio es  el mejor camino hacia el lenguaje. Si reflexionamos sobre la palabra, ella se manifiesta en el silencio de la noche: “cuando estaba la noche a la mitad de su carrera, tu omnipotente palabra Señor, bajó sobre la tierra” Sab 18, 14-15.  Lo primero que hay que preguntarse ¿de qué noche se trata? ¿Por qué ‘a la mitad de su carrera’? ¿Cuál es esa ‘omnipotente palabra’? ¿Qué efectos produce en el hombre? Sin hacer exégesis puntual de este verso de la Escritura, que baste por ahora vincular dos vocablos: silencio y palabra ambos en movimiento y con un enorme poder transformador.

El hombre está determinado por el silencio, le permite expresarse a sí mismo en su intimidad y profundidad. Lo coloca psicológicamente en una escala de valores. El maestro debiera tener la preocupación por expresar su ser de modo tan perfecto a como Dios expresa el suyo en Jesucristo.  Aunque la diferencia es grande: el Verbo de Dios es una persona, el verbo del hombre es una idea. 

Las palabras que uno pronuncia o escribe o escucha o lee siempre van precedidas de un universo al cual pertenece la persona que la pronuncia, la escribe,  la escucha o lee.  Los términos que utiliza un español y un mexicano, aun siendo los mismos, a la postre no significan lo mismo  al señalar contextos culturales diferentes. Ya pueden los diccionarios proporcionar definiciones sabias de las palabras, la contextualización la da el que la proclama. Por la palabra el hombre expresa su ser, sin ella pierde su centro de gravedad. Con ella adjetiva su entorno 
‘Palabra’ en latín se dice ‘verbo’ y en griego ‘logos’. La palabra por antonomasia es Jesucristo. Cristo no es color, forma o piedra (Bonhoeffer). Cristo está presente como palabra, Él es La Palabra, el Logos, el Verbo.  

La palabra comunica un significado unívoco y claro, por eso su estructura fundamental es la interlocución más la idea, sin esto no hay palabra. El contexto de la palabra es el cosmos, por ella existe el mundo  Gén 1,2. De aquí se deduce que la palabra ha de tener claridad y univocidad, sin esto se da el caos.  Y para salir de él, solo la palabra puede hacer este trabajo, que si lo hace se podrá decir como Yahvé cuando terminó de separar la tiniebla de la luz: “Y vio Dios que lo que había hecho era bueno” cfr Gén 1.  

Cuando pensamos que el Logos divino entra en el logos humano (Navidad) si bien es la humillación de Dios, para el hombre constituye su máxima posibilidad por estar cercano a su imagen y semejanza: con la presencia del Logos, el del hombre, se ha transformado para siempre. Con qué acuciosidad un educador ha de meditar sobre el alcance existencial de su palabra: la que dice para él, y la que dice para el otro. 
  
En san Juan Bautista de la Salle, por su pre-formación y luego su formación,  toda palabra al salir de su ser interior va preñada de su experiencia social: la de sus  primeros años en familia y progresivamente en sus contactos diversos con los suyos, hasta que se instala y hace suyos los que más tarde constituyeron los Hermanos. Su formación académica funda una experiencia en un mundo más allá de Francia, su Patria. Estos dos universos estructuraron una experiencia, en Juan Bautista de La Salle, de una solidez que la suponemos por la seriedad de sus propuestas verbales y escritas y por su silencio intencionado cuando meditaba o escribía. Tan cierto es esto, que sus decires han trascendido tiempo: llevan más de tres siglos presentes en muchos calendarios del mundo y espacio: ya han brincado hace muchos lustros sus fronteras iniciales. 

Señal de madera de boj.
Emite un sonido seco, nítido y grato.
Pero hay que  recordar que durante toda su vida fueron largos momentos pasados en silencio contemplativo, noches enteras  que él dedicaba a escuchar, callado, los mensajes de la Palabra, arrodillado en el duro piso de la catedral de Reims, su ciudad natal. Silencio y palabra, palabra y silencio en cada persona debieran formar un entreverado  armado con material constituido de sabias prioridades:   
              
“Tened la certeza de que en el silencio es donde se aprende a hablar bien.” SJBS Med. 135.1  

Si ahondamos más en el silencio de la Salle comprenderíamos mejor el porqué de su “pedagogía silenciosa”  tanto más valiosa hoy entre nosotros que vivimos en ambientes que manifiestan horror al silencio, como si fuera el verdugo del alma. El Cardenal Carlo Maria Martini, S.J. obispo emérito de Milán, decía a los Hermanos reunidos en Roma para su 44° Capítulo General:

 …El silencio: es necesario aprender a salir de esa servidumbre perversa de ruidos y charlas continuas, de una música inconsistente que solo hace ruido y encontrar cada día, al menos, una media hora de silencio y media jornada en la semana para pensar en sí mismo, reflexionar y orar más ampliamente.  Esto parece difícil pero cuando se da ejemplo de tranquilidad y de paz interior fruto de esta práctica, los jóvenes se animan y descubren que esto es fuente insólita de vida y gozo. 

Por eso ahora nosotros, tomando el logos de La Salle, tratamos de inculturarlo en nuestro medio pachuquense mediante un silencio oportuno y reverencial: ¿cómo es posible que palabras pronunciadas hace tanto tiempo sigan vigentes? Por ahora nos interesa la Guía de las Escuelas. Junto con todo el conjunto de sus obras forman un hermoso bloque de 1575 páginas limpias de introducciones y comentarios. La Biblia de Jerusalén en su edición ordinaria, cuenta 1875 páginas considerando: introducción general, luego una para cada libro Santo. Indices: temático, cronológico, vocabulario… Esas 1575 de páginas creadas a base del silencio y de la palabra de un solo hombre. Esta Guía no es una obra aislada, tiene el espíritu de una época. 

1.1.3 ..que no hagan bullicio gritando 
1.1.9 ..entren a clase con profundo respeto en atención a la presencia de Dios.  
1.1.10 ...al entrar a clase todos guardarán silencio.                   
1.1.12.. en ausencia del maestro no pueden hablar o hacer el menor ruido. 
1.2.1 El maestro caminará con suma modestia y en silencio 
1.2.7 Desde que los maestros se sienten en sus puestos [..] permanecerán en silencio..  

El maestro: 

9.3.2 Procurará interrogar mucho y hablar muy poco.. 
9.3.3 Hablará siempre de manera tal que inspire respeto.. 
9.3.4 Tendrá cuidado de no hablar con dejadez o de forma que produzca aversión 10.3.4 Tendrá cuidado que sus alumnos no se separen uno de otro en las calles 
[..] que caminen siempre en silencio 
11.3 Deberá tener  cuidado para observar estricto silencio en clase. 
12.0.1 De poco le servirá que se esforzara en lograr que se guarde silencio si él mismo no lo guarda
... ... ... Hay muchos pasajes más en la Guía que ponen de manifiesto dos cosas: 
           1ª   el silencio es altamente formativo (uso de la señal, las palmadas). 
         2ª   la palabra. Su uso, en La Salle,  se resume en esta frase de San Bernardo: “sean tus palabras pocas, verdaderas y de Dios”    

Al insistir La Salle en la guarda del silencio, en general, no solo en clase, y del uso inteligente de la palabra, es consecuencia de la convicción que tiene de esas dos realidades como  la base de una estructura antropológica seria y firme. No solo se habla de estrategias pedagógicas. Silencio y palabra en el maestro, silencio y palabra en el alumno, dos realidades que han de ser manejadas con propiedad. Constituye un desafío para el maestro llegar a vivir estos paradigmas.   Constituye también un ideal lograr que sus alumnos sean serios en lo fundamental al usar el lenguaje correcto y usar del silencio como de un bello recurso para crecimiento personal. 

El arte de interrogar, el usar las ‘señales’ adecuadas, saber reprender, aprender a preguntar…  son espacios que un maestro ha de ocupar con plena suficiencia. Lo importante está en que no se considere aislado en sus tiempos y espacios, ¿Es útil, para lograr este crecimiento personal permanente y progresivo, la conformación, en nuestra universidad,  de una comunidad magisterial con lazos profesionales y afectivos?

 Termino con una reflexión sobre el silencio y su referente la palabra.  La vida vivida en el uso sensato y combinado  palabra-silencio-palabra o silencio-palabra-silencio genera procesos intelectuales que colocan a la persona mucho más arriba de un indicador percibido solo por instinto profesional , y la va haciendo capaz de percibir con qué palabras construye o con qué palabras destruye. Con cuáles se incluye o lo incluyen en entornos vitales. Si quisiera saber un maestro por dónde ha caminado su espíritu en un día, sólo tiene que recordar  las palabras que ha pronunciado durante su jornada. ¡Y en silencio dar un fallo sobre la densidad ética de su lenguaje y de su praxis! Esto se puede hacer en compañía de otros. Una última idea: cuando una cultura personal o colectiva muestra síntomas de decaimiento, lo primero que hay que evaluar es el lenguaje. 

Estimad y guardad gustosos el silencio, porque es custodio de todas las virtudes y obstáculo de todos los vicios¸ pues impide las murmuraciones, las palabras contra la caridad, verdad y modestia, y hace que no se  ocupe uno más que en cosas necesarias, ni se disipe en conversaciones  demasiado  exteriores ni con palabras inútiles.  
San Juan Bautista de la Salle: Colección. Pág.155. 
París 28 de noviembre de 1913. 


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ELOGIO Y ORGULLO DEL BARROCO
El Carmen. Antequera.
En nuestro “Castillo interior” se tiene el barroco por arte magno.
Los franceses y los pueblos de Europa que por sus raíces mentales y preferencias históricas no han sido capaces de crearlo, con frecuencia lo ven y presentan como arte decadente. Así, para el pensador francés Jacques Maritain, escolástico, racionalista y cartesiano, el barroco no es ni más ni menos que una degeneración de la civilización cristiana de la Edad Media.

Es cierto que el barroco, con cimientos medievales y renacentistas, nació en parte  como una protesta frente al espíritu mercantilista naciente en Holanda e Inglaterra. Formado en la lucha de la Contrarreforma, el barroco viene a ser el fruto de una cultura que vive inmersa en un triunfante momento de exaltación creadora, que se consume en Dios y en el hombre, cultura antieconómica, que gasta su oro y su capital, alegre y espléndidamente, en un todo o nada. Todo por el amor de Dios y de la Cristiandad y que se pierda el mundo.

Iglesia de San Luis. Sevilla.
Christopher Dawson, filósofo de la cultura, ve la retirada de Alejandro Farnesio de París como uno de los momentos cruciales de la Historia. La derrota de los tercios españoles supuso la victoria del espíritu cerrado sobre el abierto, del cauteloso sobre el exaltado, del calculador y prudente sobre el enamorado. Se estaba dando por terminada por esas fechas la época de las grandes empresas de amor. El barroco es una empresa de amor.

No obstante, el barroco continuó la lucha.

El barroco hace justicia a lo divino y a lo humano. Con el barroco el espíritu del hombre se había abierto a Dios con un amor que saltaba desde la exaltación del yo personal que había traído el Renacimiento. En esto iba más allá de la Edad Media. Era un arte altamente teatral, pero lo era desde esa clave metafísica que, abarcando lo clásico, lo finito, podía fundirlo con lo infinito. Como en los tiempos del Paraíso, Dios podía volver al mundo y deleitarse con los hijos de los hombres. Afirmaba el barroco el mundo, al que daba carácter sacro, y se rendía extático ante el Dios de todos los Esplendores. Si la Edad Media fue, de algún modo, una primavera virginal e infantil, el barroco era el otoño que tenía conciencia de lo desmedido de su propia grandeza y de la herencia temporal que había recibido. Esto hizo que su rendición ante Dios fuera una obra de arte.

El retablo barroco sale a la calle y se hace fachada del Obradoiro en Santiago de Compostela.
El barroco pide calle, campo y dilatado y gran horizonte.

No es de extrañar que el barroco levantara iglesias en las que todo invitaba a la alegría de las lujosas salas de baile de los palacios. El Reino de los Cielos ya había empezado en aquellos sagrados espacios de los que, por otra parte, no quedaría piedra sobre piedra. Los templos católicos resultaban ser antesalas del Cielo. A ellos bajaba el mismo Dios. A ellos se iba a diario o una vez a la semana a celebrar el banquete de bodas del Cielo con la Tierra. Centraba la fiesta o celebración el Santísimo, en trono-sagrario de Gran Rey, escoltadas las espaldas por un soberbio retablo al que se habían encaramado las imágenes de múltiples santos y ángeles, representantes de la Corte Celestial. Los santos de la tierra estarían de rodillas o en pie sobre el suelo de las naves. La Naturaleza se sumaba a la gran fiesta con motivos vegetales, racimos de uvas, hojas de parra, espigas de trigo…, el Universo cantaba en los templos barrocos las glorias del Dios Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra. Todo en ellos estallaba en luz, música polifónica, oro y oro. La Creación entera exultaba ante su Divina Majestad.

David. Bernini.
Por donde pasó y triunfó el barroco –Austria, Alemania meridional, gran parte de Italia y España- la vida tenía un sabor más rico y un ritmo más vital que en los países en los que triunfó el espíritu burgués. Todavía hoy, a distancia de aquellos tiempos, los hombres del norte buscan el rescoldo y las huellas de aquel espíritu en los pueblos católicos del sur. El barroco sacudió a la mejor Europa y al mundo de alegría y dio sentido a la vida a la española y a su muerte, a sus conquistas, triunfos y hasta a sus derrotas. Su genio hiperbólico y generoso encontró un escape y un campo ubérrimo en el nuevo Mundo y se derramó por las Españas de la América Española, que aún hoy conservan el humus de su condición barroca y católica.  
Carlos Urdiales Recio
(Puede continuar)



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