73 AFDA

               Octubre, 2018
ÍNDICE PRINCIPAL 

Pregón: Empezamos un nuevo curso.
Ancianos bíblicos: Isaac (I). Zereutes
Rincón de Apuleyo: La consolación de la literatura.
Joyas teológicas de arte (I): Eduardo Malvido
Efemérides: Cien años del Instituto-Escuela. Teódulo G.R.
Alta política con estilo: España necesita. R. Duque de Aza
Rincón de Apuleyo: El maestro rural.
Soneto desde el sentimiento: Roja y gualda. Á.H.
Afderías: AFDA, baúl o arcón. CUR
Hemos leído…: Viaje al corazón de España. F.G. de Cortázar. CUR
Educación física: Intencionalidad.  F. Sáez
Colaboraciones: Volver y volver. J.M. Casillas



EMPEZAMOS UN NUEVO CURSO       
    

Aquello en lo que creemos no ha sufrido merma: ni la lengua, ni la historia, ni España, ni la fe católica… En pie sigue la torre de Cardeña, desde la cual los monjes saludaron al Cid, el más grande de los castellanos. La catedral de la Sagrada Familia, nuestra, española, sigue siendo llama de fe en flor y fruto de piedra. La Santina, desde su Covadonga, nos mienta a don Pelayo y mantiene en alto la cruz de la Victoria, de madera de roble. El Ebro le canta su canción de siglos a nuestra Pilarica. La Vía Láctea sigue por el cielo su camino de luz hacia Santiago de Compostela...

A ratos, el panorama entorno se nos muestra desolador (dentro de unos años Europa dejará de ser Europa, España de ser España...) y se nos viene a los labios la canción de Rodrigo Caro A las ruinas de Itálica: “Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora / campos de soledad, mustio collado, / fueron un tiempo Itálica famosa (…) de su invencible gente / solo quedan memorias funerales”.
No disponemos hoy de una política audaz y vigorosa de europeizar y españolizar, en su caso, a los emigrantes. Ningún plan educativo -que habría de ser formidable, certero- parece tener la mínima conciencia de la caída en la casi nada que nos espera. La Cultura Occidental podrá, eso sí, seguir un tiempo en América…
¿Qué hacer?
Rezarle al Cielo Todopoderoso, que todo lo rige, con oraciones nuevas, primeras.
Y, enseguida, lo que es nuestro gran propósito desde el blog AURAS: la vuelta a las raíces de la Europa que gritó Juan Pablo II en Santiago de Compostela, el estilo, la obra perfecta, la lengua en alto, sin un desmayo, la fe profesada con apasionamiento y ciencia, España en el corazón, la verdad profesada que nos hace libres, la belleza que nos alegra el camino, la bondad evangélicas de la paloma y de la serpiente, a la par.
Por nosotros no ha de quedar, estilo y magisterio en marcha. AFDA, en marcha.
 

ANCIANOS                                                                BÍBLICOS

EL ANCIANO ISAAC (I)

En nuestra Historia Sagrada de la infancia Isaac era para nosotros el segundo de los grandes patriarcas: Abrahán, Isaac y Jacob. Su esposa era la bella Rebeca (Rebeca: “muy hermosa”), única esposa. Cuando ahora les abordamos, Rebeca pasa de los cuarenta años. Isaac le está pidiendo a Dios la fecundidad que no tiene su esposa. Dios escucha sus oraciones, pero no tiene prisa y les da gemelos cuando Isaac ya tiene los setenta cumplidos. Con solo dos hijos, Isaac y Rebeca parecen una familia moderna.
Estos hermanos gemelos, educados bajo la misma tienda y el mismo cielo por igual, Esaú y Jacob van a ser de hecho muy distintos.
Sus padres, en un punto lo hacen peor que mal con ellos. Prefieren a un hijo sobre el otro. Isaac prefiere a Esaú. Es el mayor y le gusta la caza del hijo (Gen 25, 28). Nefasta preferencia que se volverá contra el padre cuando el hijo llegue a mayor.
La madre prefiere al agradable y rubio Jacob, menos beduino, más inteligente y menos impulsivo que su hermano.
La cosa se va enconando y cuando con los años Isaac anda ya torpe y tantea más que avanza casi ciego, que siente la muerte cerca, a la hora de bendecir al heredero de la Promesa, llama a Esaú y le dice que salga a cazar y que le prepare el mejor guiso con la caza, como él los sabía hacer para las grandes ocasiones, y que luego le bendecirá.

Con la complicidad de la madre, el hijo menor burla al padre anciano, se hace pasar por el velludo Esaú y le saca a su padre la bendición testamentaria que le corresponde al mayor.
Tras la patriarcal bendición, para Jacob será la legítima descendencia, la fertilidad de los campos, el dominio sobre el hermano, todo bien; a Esaú, sólo le queda el arco de la caza y la lucha.
Zereutes 
Ancien élève de Évode Beaucamp 
y de Francesco Spadafora




LA CONSOLACIÓN DE LA 

LITERATURA, 2018



Me sugiere mi maestro CUR que escriba un libro sobre la consolación de la literatura, parejo o semejante al de Boecio sobre “La consolación de la filosofía”.
El maestro Boecio enseña (manuscrito italiano de 1385).

Un libro, no; no da mi cabeza para tanto y tan largo, pero un artículo sí, te lo prometo, le respondo, y me pongo manos a la obra de la redacción.
Es la literatura mi alimento vital, sustancial. Como el clásico, si no escribo o no leo, no vivo. Por la literatura crezco anímicamente, me emociono y relaciono. Tanto, que me dicen los amigos halagándome: “parece que eres un libro andante y que hablas en verso”. Cierto es. Poseo el sentido del ritmo y de la rima metido entre los dientes: un tesoro que me aflora de la garganta cada vez que me confronto con un contertulio o me enfrento a una charla o conferencia. ¿Y por qué? Porque a lo largo de la existencia he ido rellenando el pozo de la memoria y los recuerdos se me desbordan por la boca, como sin querer, como el agua por el brocal.
Con el Arcipreste de Hita, autor del Libro de Buen Amor, conozco a la mujer y canto sus encantos y conquistas, así como sus sutilezas celestinas. Con Garcilaso se me lía el Tajo por Toledo a la cabeza y se me aparecen sus ninfas en églogas endecasílabas y sus pastoras se me transforman en seres ideales: Camilas, Guiomares, Galateas o Beatrices. En Lope de Vega aprendo el amor divino y humano de sus Rimas, y en Francisco de Quevedo —cojo y miope— reconozco la vanidad del TODO reconvertido en NADA, como le pasaba a Pepe Hierro en su inmortal poema de Nueva York. “Polvo serán, mas polvo enamorado” mis carnes y mis huesos y los suyos de ustedes mis lectores. Eso me digo en cuanto que recuerdo al prisionero de oro enrejado en León y en la Torre de Juan Abad de Ciudad Real o escucho el lamento de la avecilla del romance anónimo: “Que por mayo era, por mayo…”
Boecio, filósofo cristiano romano del siglo V, (protegido por el ostrogodo Odoacro y luego encarcelado y masacrado por orden criminal de ese mismo Emperador) escribió sus pensamientos en la prisión mientras esperaba la muerte (480-525). Y lo hizo para consolarse de la desgracia en la que había caído aquel que tanto sabía de los cambios de la diosa Fortuna: “Hoy estás arriba, mañana abajo; ayer eras feliz y reías, mañana llorarás; ahora fulge el mar en calma, al poco le removerán los enfurecidos vientos”. Y así, más o menos por este estilo, se desarrollan sus meditaciones, muchas de ellas copiadas o imitadas de Sócrates, Platón, Aristóteles y otras cabezas privilegiadas de la antigüedad grecolatina.
Traigo esto a cuento para significar que los filósofos son también literatos, quizá los más sensatos, los más profundos, pues bucean en su interior, en esa su alma eterna platónica porque nunca muere, una vez desasida del cuerpo terrenal. Y como son literatos los grandes pedagogos, en los que indago con avidez por mi profesión fundamental y vocacional, el Magisterio.
Miniatura de 1385, que muestra a Boecio en prisión
Confeccionar un buen artículo en el que brillen las ideas junto con su bella y ajustada expresión literaria, no es moco de pavo, ni menos lo es tampoco abrir la cola de la pluma con la sensatez y humildad a que tiene derecho el lector. Un artículo exige concreción, concisión y contención del/ o los contenidos. No, no hay que pasarse de líneas, so pena de caer en el aburrimiento. Más vale ahorrar palabras que dilapidarlas, por muy eufónicas o significativas que sean. Yo sigo los ejemplos de las “Glosas” de Eugenio D´Ors, las crónicas de Julio Camba y las bienhumoradas críticas de los coetáneos periodistas míos Antonio Burgos y Alfonso Ussía.
Por otra parte, mi cultura no es la de ellos. Mi cultura es menor, corriente y moliente; se atiene a la actualidad, les pone un pie de foto sustantivo, y se adorna y enriquece con citas de mis autores preferidos, aquellos que vivieron y plasmaron parecidas o iguales circunstancias, ya que la historia —lo sabemos— se repite cíclicamente. De ahí la importancia de la memoria y la “educación sentimental”. ¡Qué hermoso haberlas recibido como un don y saber explotarlas en beneficio de los demás, de los otros. Para eso estoy, y muy atentamente, ya que es mi oficio de escritor, pequeño filósofo y pequeño pedagogo educador.
Diría más, pero me callo. Me callo por cortesía elemental. He sido y soy tan feliz, que no he necesitado de la consolación de la filosofía de Boecio ni de la filosofía de los socráticos, presocráticos u otros helenos egregios expandidos por todo el mundo occidental a través de los siglos. La literatura me ha bastado y abastecido suficientemente para estar ahora con vosotros al hilo de Ariadna con el que salir del laberinto en que me metí.
Y gracias mil por seguirme hasta aquí. Amén.
APULEYO SOTO
Maestro y poeta. Periodista. Juglar


JOYAS TEOLÓGICAS DEL ARTE (1)

El pasaje bíblico que dio origen a este icono de Andrei Rublev se halla en Génesis 18,1-15. El relato, después de haber establecido Yahveh su alianza con Abrahán y de haberle prometido una incontable descendencia, narra el anuncio de los tres ángeles del inesperado embarazo de Sara, mujer anciana del también anciano Abrahán…
Apenas hay huellas del pasaje narrado en la pintura del artista: solo las alas angélicas, las finas varas de los viajeros… Pero ni siquiera asoman Abrahán y Sara por alguna esquina.
Lo que realmente capta nuestra atención y despierta nuestro interés son las tres figuras con el mismo rostro. Enseguida nos dejamos llevar por el cadencioso movimiento de las cabezas y por la leve dirección de sus miradas: la imagen a nuestra derecha y la que tenemos frente a nosotros giran sus cabezas hacia el personaje que está a nuestra izquierda. En cuanto al modo de mirar, diríamos que el personaje del centro mira claramente al personaje de su derecha; la amplia mirada de este abarca tanto al personaje del centro como al personaje de la derecha; este último parece mirar solamente al personaje de su izquierda.
La interpretación teológica más elemental nos asegura que la figura que tenemos a nuestra izquierda representa al Padre, la figura que ocupa el centro del icono corresponde al Hijo, y la figura situada a nuestra derecha es la del Espíritu Santo. Antes de seguir adelante, recordemos los símbolos que nuestra teología católica ha utilizado y sigue utilizando: si se alude a la misma divinidad de las Tres Personas, se suele recurrir al lenguaje geométrico (tres círculos concéntricos, el triángulo, el símbolo natural del trébol…); y si nos referimos a cada una de las Personas: el Padre es simbolizado por un anciano venerable, el Hijo por un ser humano adulto, y el Espíritu Santo por una paloma o por un ventarrón o por un fuego incendiario… Dentro de las irremediables limitaciones de todo lenguaje humano sobre Dios Trino y Uno, creemos que el icono que estamos comentando, que pertenece a la Iglesia cristiana ortodoxa, expresa mejor que la teología tradicional de Occidente el misterio de la Trinidad de Personas del Dios Único.
Caben dos interpretaciones del icono: la interpretación histórico-salvadora de la Santa Trinidad (interpretación “ad extra”) y la interpretación inmanente de la Santa Trinidad (interpretación “ad intra”).
Comenzamos por la primera, que tiene que ver con el cadencioso movimiento de las cabezas del Hijo y del Espíritu Santo hacia el Padre. Este es quien tiene la postura más erguida. Le asoma por el pecho la vestimenta interior de color azul símbolo de la divinidad. Una túnica multicolor reviste majestuosamente todo su cuerpo. Su mano derecha gesticula una bendición a sus dos Enviados: el Hijo y el Espíritu Santo.
La identidad del personaje del centro es clara: la de Jesucristo. Él es quien más se mide con el cuerpo del espectador. De su cuello caen en cascada sus dos naturalezas: la naturaleza humana en rojo liso y la naturaleza divina en azul alborotado. A estas dos naturalezas aluden también el dedo índice y el dedo medio de su mano derecha. El Hijo humanado que vemos no es el de la encarnación en el seno de María; tampoco el Hijo de la historia, con su vida pública, con su pasión y muerte: es el Hijo resucitado y glorificado, en el Espíritu Santo, por el Padre.
El Espíritu Santo, a la derecha del observador del icono, muestra el vestido azul de su divinidad. La túnica que le cubre es de color verde dorado, en consonancia lejana con el verde desvaído de la tierra que aparece en los huecos inferiores. Sin dejar el cielo, comprobamos que el Espíritu Santo tiene su pie izquierdo camino de la tierra. El gesto de pie viajero queda aún más resaltado a nuestra vista si prolongamos hacia abajo la vara del Hijo resucitado y la del Espíritu Santo. El artista nos está insinuando que es el Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo glorioso, quien anima la marcha hacia el cielo de la humanidad peregrinante.
Vamos, finalmente, con el juego de las miradas entre las tres Personas de la única divinidad. Entramos ahora en las relaciones existentes entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es decir, en la contemplación inmanente —contemplación “ad intra”— del Dios Trino y Uno.
El Hijo tiene los ojos fijos en el Padre porque procede de Él. El Espíritu Santo también mira sutilmente a los ojos del Padre, cuya mirada es el Faro originante de la luz que reflejan los ojos del Hijo y del Espíritu Santo. Nosotros, los cristianos de la Iglesia católica confesamos en el Credo niceno-constantinopolitano que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (el famoso “Filioque”), pero los cristianos ortodoxos, como el Autor del icono de la Trinidad, se atienen al texto de Juan 15,26 (“…el Paráclito que yo os enviaré…, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre”…) y proclaman que el Espíritu Santo procede solamente del Padre.
Seamos católicos u ortodoxos, el icono de Andrei Rublev nos deja el alma en suspense, contemplando absortos ya sea la misteriosa intervención “ad extra” de nuestro Dios Uno y Trino, ya sea la más misteriosa vida “ad intra” de las Tres Personas divinas.
EDUARDO MALVIDO


Maestro, catequista y teólogo



  


  
EFEMÉRIDES


1 Cien años del Instituto-Escuela (1918-2018)


Se ha cumplido este año el centenario de una institución educativa poco conocida del gran público español: el llamado Instituto-Escuela. Nacido de los deseos reformadores de un ministro liberal, Santiago Alba, y apadrinado por la Institución Libre de Enseñanza (ILE), de F. Giner de los Ríos, el “Instituto-Escuela” tuvo tan sólo 18 años de vida, desde 1918 hasta su extinción al comienzo de la Guerra Civil. Su nombre, un tanto extraño, se debió a la influencia directa de la ILE, uno de cuyos principios educativos era la unidad, el continuum entre la Primera y la Segunda enseñanzas, la Integración entre el Instituto y la Escuela primaria; aunque también parece deberse al hecho de que este peculiar Instituto de segunda Enseñanza quería ser una “escuela” de aprendizaje para el profesorado que era seleccionado para enseñar en sus aulas: los catedráticos avezados serían los “maestros” de los jóvenes profesores que se entrenaban bajo su dirección en esta “escuela” pedagógica.
El Instituto Escuela, hijo, como decimos del liberalismo pedagógico y de la Institución Libre de Enseñanza, nació como fruto de la voluntad de reforma de la enseñanza, especialmente de la Enseñanza Secundaria, que era una demanda extendida en la segunda década del siglo veinte en España; pero se trataba en este caso de una reforma peculiar: lejos de seguir la pauta tradicional (primero la ley, luego la práctica docente, si llegaba), se pretendía iniciar una reforma, impulsada desde arriba, pero llevada a la práctica por profesores escogidos, motivados, trabajando en equipo, lejos de aplicarla por profesores ajenos y desmotivados.


Nacido como un “experimento pedagógico”
Su creador, ministro liberal del primer gobierno de “Concentración nacional”, publicó el Real Decreto de creación del Instituto el día 10 de mayo de 1918. Patrocinado por el Ministerio de Instrucción Pública, de la mano de la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE), Santiago Alba quiso desde el primer momento ofrecer a la pedagogía española el experimento de un centro educativo que fuera capaz de convertirse en impulso renovador para los institutos de segunda enseñanza de España. Y también desde el primer momento fue tan especial como polémico, no sólo por querer introducir en un centro público el modelo educativo de un centro privado, la ILE, sino por el privilegio y la excepción que fueron características esenciales de este centro. En efecto, para lograr su objetivo, el Ministro liberal eligió a dedo a cuantos catedráticos de los institutos públicos juzgó de su agrado, y sin los requisitos exigidos a los catedráticos del resto de institutos. El profesorado gozaba de beneficios por los que suspiraban los docentes de la enseñanza secundaria en España: buen sueldo, reconocimiento público, abundancia de medios, creación de un clima imposible de reproducir en los institutos normales.
El gran objetivo de este Instituto-Escuela, como hemos insinuado, era crear una especie de laboratorio en el que experimentar en vivo la nueva enseñanza que ya existía en Europa y renovar profundamente la enseñanza y la pedagogía en España. Lo logrado en este laboratorio se extendería luego en todos los Institutos de España, según la intención de sus fundadores.

¿Cómo se enseñaba y aprendía en el Instituto- Escuela?
El método empleado en el Instituto-Escuela, propio del movimiento de la “Escuela Nueva” y, por supuesto, de la Institución Libre, era novedoso para la mayoría de los centros educativos españoles. Promovía el contacto con la naturaleza, la primacía de la actividad del educando, la utilización del método cíclico, la ausencia de libros de texto y la elaboración, cada alumno, de sus propios cuadernos de apuntes, la utilización de laboratorios, la relación directa y frecuente con los profesores -que formaban un equipo perfectamente conjuntado-, la creación de un clima de trabajo personal y colectivo, la evaluación continua y la ausencia de exámenes, el fomento de valores dentro de una “educación integral” y la implantación y el desarrollo de contenidos educativos poco o nada desarrollados en la educación tradicional: artes plásticas, visita a museos, educación física y excursiones. Y por encima de todo, “la formación de un espíritu corporativo que mantuviera el honor de la escuela”.
Para lograr todo ello el Estado proporcionaba, además de un profesorado selecto, una cantidad de medios e instalaciones didácticas que, como decimos, no existía en ningún otro instituto público. El presupuesto –raquítico en sus institutos colegas- no era problema, pues se subvencionaba generosamente desde la Junta de Ampliación. Era, pues, una especie de lujo didáctico, de experimento para selectos, un escogido ámbito de educación para los hijos de la burguesía madrileña.

Un centro polémico desde su nacimiento

Ni que decir tiene que desde el principio de su lanzamiento al ruedo de la pedagogía española el I-E fue abiertamente criticado, tanto por los organismos docentes estatales (que advertían una evidente discriminación en favor del nuevo Instituto) como por los centros de enseñanza privados, en especial por los polemistas católicos. ¿Cuáles eran los argumentos más frecuentes y, según ellos, de más peso en la crítica al Instituto Escuela?
Desde el principio el I-E fue sentido como una novedad impulsada “desde arriba”, irritante y provocadora: irritante porque, disfrutando de unas condiciones pedagógicas excepcionales, pareciera que el éxito pedagógico estaba asegurado sin más (éxito del docente y aprendizaje del discente); provocadora de envidias para los profesores de los centros públicos con unas posibilidades y unos medios pedagógicos a “años luz” de los facilitados al Instituto- Escuela por la JAE. Y, junto a esto, sus detractores mostraban enorme desconfianza o desconsideración con respecto al “ensayo”, al “experimento”; éste, según los críticos del I-E, había de hacerse contando con circunstancias normales, no excepcionales. La excepcionalidad de la situación sugería cierta artificiosidad y disminuía su valor educativo y su carácter proyectivo. No es extraño, pues, que mientras el núcleo de selectos estuviera integrado y comprometido en el experimento, los grupos exteriores y ajenos al mismo mantuvieran todo tipo de suspicacias y de críticas; por ejemplo, las circunstancias excepcionales y de privilegio con que fue anunciado, su origen viciado de raíz, dado que era una obra nacida de una institución laica, la ILE, y financiada por la JAE. A todo ello se unía la aviesa intención de extender este modelo de educación laica a toda la educación española.

Vanguardia educativa
Después de unos cuantos años de presencia en la pedagogía Española, el Instituto-Escuela fue considerado en los medios institucionistas como la vanguardia educativa, como lo más representativo y excelente de la educación española y europea. Así se presentaba a los medios extranjeros que venían a España a interesarse por los avances de la pedagogía española o a los desconfiados medios educativos patrios. De todos modos, ante esta “excepción pedagógica” española conviene hacer algunas observaciones: una, el atrevimiento del ministro liberal –empujado por el institucionismo- de crear algo nuevo, aun con aspectos criticables y de resultados inciertos. Sin duda España necesitaba renovar profundamente la enseñanza secundaria y este Instituto quería ser un ejemplo de lo que se podía conseguir cuando se ponían los medios –humanos y materiales- y se dejaba actuar en libertad. Otra, la oposición radical de quienes no formaban parte de este experimento. Es cierto que en este caso la oposición no se redujo a los medios católicos sino también a las instituciones de la enseñanza pública: unos y otros veían – salvando lo positivo de su metodología- aspectos básicos criticables; para la gran mayoría de los medios educativos el nuevo Instituto no dejaba de ser un experimento costoso y en cierto modo inútil.

Valoración de la experiencia
Después del breve recorrido sobre esta experiencia pedagógica nos queda decir alguna palabra sobre sus resultados: ¿cumplió el I-E su objetivo? Es decir, ¿llegó a ofrecer una reforma eficaz para la segunda enseñanza en el ámbito nacional? y ¿se llevaron a la práctica todas sus iniciativas renovadoras? ¿O se quedó, después de años de práctica renovada y de experiencia renovadora en un instituto más de segunda enseñanza, a pesar de su protección oficial privilegiada?
Para quienes fueron protagonistas del Instituto-Escuela –profesores y alumnos- no cabe duda de que cumplió el objetivo de crear una pedagogía nueva, una educación de calidad. Pero no cumplió su objetivo si consideramos su escasa incidencia en la reforma de la segunda enseñanza española, especialmente en la reforma emprendida por el ministro Callejo, en tiempos de Primo de Rivera. En este caso, ni influyó en el espíritu ni en los planes de estudio ni en el método. Tampoco se extendió más allá de su propio ámbito; al menos hasta los años de la Segunda República.
Pero fracasó en aquello para lo que fue proyectado. Esta ha sido la opinión no solo de sus detractores, sino de voces autorizadas del institucionismo. José Castillejo, cerebro de la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE) y alma del I-E, al preguntarse años después si se cumplió o completó el ciclo del Instituto-Escuela, es decir, el de su finalidad y el de su sentido como experimento, él mismo responde que todo experimento tiene un tiempo o un periodo de duración (planificación, consolidación) y un tiempo de aplicación a la realidad que se desea renovar. Y en este sentido las palabras de Castillejo no dejan lugar a dudas: “… y la escuela (el I-E), aunque continuaba siendo excelente en comparación con los demás, dejó de ser un laboratorio de experimentos educativos o un germen para el desarrollo de un nuevo sistema de educación secundaria o un seminario para maestros”.
Dicho de otra manera: el I-E fue perdiendo su carácter de experimento y llegó a ser un instituto de segunda enseñanza de calidad, pero no llegó a influir en la renovación de la enseñanza española. Es cierto que durante la Segunda República tuvo varios ”imitadores” en ciudades como Barcelona, Valencia, Sevilla... pero la Guerra Civil dio al traste con la realidad y con las nuevas esperanzas puestas en él. Hoy es el recuerdo de lo que pudo ser la Segunda Enseñanza española y un icono para exhibir como ejemplo relevante en una época de la educación considerada por algunos como la “Edad de Oro” de la pedagogía española. Icono con valor permanente, a pesar de todo, y del que celebramos, sin apenas relieve social ninguno, su primer centenario.

TEÓDULO GARCÍA REGIDOR. 
Maestro. Profesor del Centro Universitario La Salle



ESPAÑA NECESITA

España necesita unos ejercicios espirituales, al modo de los ignacianos, que la vuelvan a su principio y fundamento, raíces y brío.
La Educación en el mundo moderno, al día, necesita unos ejercicios culturales que asienten sus cimientos y levanten su vuelo de águila.
Las Escuelas educadoras – centros públicos, privados y congregaciones docentes- habrían de plantearse el parar y tomarse el aliento de un mes de ejercicios para ver qué hacen y, sobre todo, qué han de hacer en un mundo nuevo tan distinto del que dejamos atrás.
Se han desplazado los centros de gravedad. En Europa el centro político está ahora y cada vez más en Bruselas. Es hora de pensar en nuestra contribución a la historia europea: contuvimos por el sur al Islam invasor, paramos por el este el golpe turco en Lepanto, regalamos a poniente un nuevo mundo, América, a la Tierra entera…
No hay que esperar que Alemania y Francia, señoras de Europa, nos reconozcan nada. Es cosa nuestra decir lo que fuimos, somos y que hicimos esto y lo otro.
Con los que nos llegan de fuera habremos de ser respetuosos y objetivos, sin que España deje de ser España.
Empezamos siendo bárbaros, fuimos Roma, un tiempo, Bizancio, por siglos árabes y hasta musulmanes, nos gobernó la Casa de Austria, nos fusionamos con América… y en todo momento no dejamos de ser la Península, Hispania o España.
Nos adelantamos a la actual movilidad del mundo global del siglo XXI. En los siglos XVI y XVII la movilidad de nuestros intelectuales y navegantes ya era notable. El mundo era nuestro, en buena parte, español. El mundo deberá seguir siendo parcialmente español. No nos quedaremos en casa.
Habrá que sacudirse lo que nos quede de capillismo, de mentalidad provinciana, de horizontes de aldea y ser ambiciosos, volver a ser católicos de raíz, es decir, universales.

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional







EL MAESTRO 


                      RURAL


(Evocación de la nobel chilena Gabriela Mistral)
Apuleyo Soto
















EL MAESTRO RURAL


El maestro era viejo. Ya se había curtido
en hermosas tareas de enseñanza infantil,
pero aún conservaba su corazón florido
como las dulces flores de junio, mayo, abril.


El maestro era sabio. Rodeado de cuentos,
le habían visto siempre lleno de soledad:
esa dama prudente que ofrece los momentos
más sutiles al hombre de la tercera edad.

El maestro era noble, placentero y leal.
Se llevaba a los niños a las eras verdosas
con un libro de versos de Gabriela Mistral
y allí les enseñaba los lirios y las rosas.

El maestro era bueno. Como el sol. Como el pan.
En su frente volcada sobre la mesa inquieta
acumulaba textos de Cristo y de San Juan,
que le daban un aire de bíblico Profeta.

El maestro era antiguo, tan antiguo y potente
como las esculturas de la Grecia de Atenas,
modeladas a golpes de paciencia insistente
en claro y duro mármol de veteadas venas.

Las madres le recuerdan con una agenda enana
y un boli azul y rojo, apuntando los nombres
de sus hijos, los árboles, la luz de la mañana
y el trabajo estevado del campo de sus hombres.

Aquel que les hacía escribir y soñar
sigue en pie y peina canas muy blancas y muy lábiles
y al borde de la escuela, con un hondo penar,
recuerda los esfuerzos de sus alumnos hábiles.

Adiós, adiós al mundo, dice el maestro, adiós.
Que os vaya bonito, que me dejéis tranquilo,
Solo confía en uno: en su supremo Dios.
Que le tienda la mano, la eternidad al filo.

El maestro evocado era sabio, era bueno,
era viejo y paciente, era muy natural,
era limpio y creyente, era humano y sereno…
Era, pero no es: ¡El maestro rural!

Se acabaron aquellos que daban enseñanza
en la aldea, a los pobres, a los hijos de Adán,
a los que únicamente les danzaba la panza
con una bicicleta y un currusco de pan.













AFDA, 

           BAÚL o arcón


  • Las últimas y más entrañables aspiraciones que fueron nervio de nuestras vidas las vamos dejando una a una en el Mare nostrum de luz que es el blog AFDA. Es nuestra última navegación.
  • Nuestra palabra hoy no tiene la carne ni el hueso de que gozaba al pronunciarse antaño en clase, cuando andábamos por los 40 o al escribirse impresa en libros y revistas entonces o después. Hoy es un mero susurro que se desvanece y terminará en polvo, ceniza de AFDA.
  • Aún les echamos tiempo y cuidamos meticulosos los textos que escribimos para el blog. Aún pasamos por las galeradas, montamos la maqueta que diseña, ajustamos a izquierda y derecha, nos atenemos al rigor de la Ortografía de la Academia… Como si aún estuviéramos en otros tiempos de juventud, de creación y de gloria.


  • Ya andamos por el número 73 y las afderías que escribimos en el 33, en el 17, en el cero… se quedaron bien lejos, olvidadas, quizá. Ni nosotros las recordamos.
  • Pero, ¿quién sabe si lo serio y lo festivo que quedó dicho en un rincón perdido de un olvidado número de AFDA no seguirá hoy o mañana empujando hacia el cielo el árbol de la ilusión, el nervio del Reino que nos fascinó y fascina o haciendo brasa de la pasión que nos encendió hace años?

  • Todo este camino hemos hecho, desde el filo del amanecer al actual filo del atardecer.
  • Y aún en el filo del anochecer de la noche que se nos viene encima continuamos enarbolando el AFDA que amanece.

CUR



Viaje al corazón de España
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR
Arzalia, Madrid, 2018.


Aquellas deliciosas crónicas de viaje que, alforja literaria al hombro, se echó a contarnos por los caminos de nuestras España, Víctor de la Serna, como corresponsal de todos los latidos patrios y de todos los paisajes vivos allá por los años 50 eran pura delicia. Los fuimos leyendo con fruición por entregas que daba la prensa, creo que en el YA (Internet dice ahora que fue en el ABC).

Estas crónicas del “Nuevo viaje al corazón de España” pueden ser las hodiernas, un eco, una réplica que apunte a la altura de las de Víctor de la Serna. Para muchos serán ocasión de un nuevo gozo de fruición.

El autor, premio nacional de Historia de España que le concedió el Ministerio de Cultura en 2008, es un intelectual al día, escribe que da gusto leerle, a lo Cela o a lo Miguel Delibes, sabe el terreno que pisa. Es más bien sobrio que prolijo. Tampoco la riqueza del paisaje español le daba margen a divertirse y quedarse por donde pasa.

A nuestro patriotismo que siempre fue más de lira que de gaita, más intelectual que sensible, “de líneas sin peso y sin volumen, disparado hacia el ámbito eterno donde cantan los números su canción eterna”, le venían que muy rebién aquellos artículos de periódico de Víctor de la Serna. Como que le iban dando cuerpo y “materia” a la “forma” y al ángel de nuestro amor a España. Algo así ocurrirá con las 912 páginas de este libro: nos presentan la prístina “materia” de nuestra geografía, escenario de una densa historia, que complementará nuestro patriotismo idealista y cartesiano y nos dará sumadas la lira renacentista y la gaita de la romántica melancolía.

El lector cargado de años en nuestra España entrañable echará de menos determinados espacios de la Historia que ha vivido. Son tributo que el autor rinde a las tiranías de los tiempos. Los actuales no son fáciles y al reseñador estas ausencias le recuerdan el hecho de que se les olvidó decir ¡adiós! a los madrileños por imperativo ambiente en los tres años que pasaron en el Madrid bolchevique del 36 al 39. El ambiente cierra los labios mejor dispuestos.

Salvados esos silencios, El Loor de España de nuestro Alfonso X, el Sabio, aquí está otra vez en marcha: Pues esta Espanna que decimos tal es como el paraíso de Dios”, cuerpo y alma, gaita y lira.

CUR
Maestro, profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional



EL EJERCICIO FÍSICO

INTENCIONALIDAD


El ejercicio físico realizado por una persona deberá reunir unos determinados requisitos para que pueda considerársele como tal y ser diferenciado de la actividad física. El primero de dichos requisitos consistirá en que la persona tenga intención de realizarlo para lo cual deberá cubrir unos determinados objetivos. 

El ejercicio físico, por tanto, se programará teniendo en cuenta los aspectos que la persona quiere desarrollar. Se deberá relacionar el fin para el que se efectúa, los beneficios que se pretenden obtener y contar con las transformaciones o modificaciones que producirán en el organismo.

La decisión de efectuar ejercicio físico viene dada por la motivación que tenga cada persona para ejecutarlo. Es de carácter voluntario. Sus motivaciones pueden ser diversas. En la actualidad existen tres factores de motivación: estética, de salud y de rendimiento.

De índole estética, puede ser el trabajo encauzado a mantener una figura cercana al modelo corporal establecido; puede ir desde quien pretende adelgazar hasta quienes practican el culturismo para obtener un gran desarrollo muscular.

Por cuestiones de salud; es el caso de quienes deciden realizar ejercicio físico en la vertiente de conseguir mejoras orgánicas, tanto de recuperación de enfermedades o lesiones como de carácter preventivo.

   Para mejorar el rendimiento deportivo con fines competitivos, indistintamente del nivel de cada individuo.

   No será igual un programa de ejercicios de adquisición de fuerza o de hipertrofia muscular que otro encaminado a la adquisición de la resistencia, por poner un ejemplo.

Una vez establecidos los criterios de motivación, deberemos valorar previamente los siguientes interrogantes o cuestiones: ¿a quién va dirigido?, ¿qué cualidades pretendemos desarrollar? y ¿qué nivel de desarrollo pretendemos conseguir?



Para el primer interrogante deberán tenerse en cuenta, como principales factores, la edad, el sexo y el grado de entrenamiento.

Para el segundo, se valorarán los aspectos preferentes que se pretende conseguir, como realizar un trabajo de desarrollo de cualidades para el progreso deportivo, de mejora de las capacidades físicas o de aprendizaje de técnicas para realizar actividades de ocio, como pueden ser el esquí, el patinaje o el surf. También para fines educativos o de rehabilitación, etc.

El tercer factor de motivación se encontraría, por una parte, en el ámbito deportivo, para realizar entrenamientos con vistas a participar en competiciones; y por otra, para mantener la forma física que asegure una vida saludable.

 Según la intencionalidad clasificaremos los ejercicios teniendo en cuenta las cualidades físicas y psicomotoras que pretendemos desarrollar. Si aplicamos el modelo de la biomáquina de Fidelus y Kocjasz (1991), podremos obtener unas conclusiones de ejecución de ejercicio físico fáciles de aplicar, pues según los órganos corporales que queramos ejercitar el trabajo físico se aplicará predominantemente a uno de los siguientes sistemas: de control, de alimentación y motor. 

   Cualquier máquina con trabajo autónomo precisa de estos tres sistemas. Al aplicarlo sobre el cuerpo humano, se conseguirán los resultados que enumeramos a continuación. Si se incide sobre el sistema de control, involucrará al sistema nervioso; pueden obtenerse con su activación mejoras de coordinación, de equilibrio y de velocidad. Con la activación del sistema de alimentación, que afecta al sistema corporal cardiorrespiratorio, pueden obtenerse mejoras de la capacidad de resistencia orgánica. Y con el trabajo del sistema motor, que implica al aparato locomotor, se consigue mejoras de la fuerza y de la flexibilidad.

Francisco Sáez Pastor

Universidad de Vigo

    
 “





VOLVER Y VOLVER



"Volver, volver... a tus brazos otra vez”



¿Preparando la vuelta al cole? No nos debemos olvidar que debemos llevar trazado un 


     PLAN y diseñar una sólida 

   

        ORGANIZACIÓN a la que saber 

      

             DIRIGIR dentro de un modelo de 

                   COORDINACIÓN para comprobar los éxitos con el debido 
            
                           CONTROL





...Y ¿si deseas que te cuente el método de solución de problemas?


Si quieres que te ayude con el tema puedes:


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el método de los cuatro pasos...

        1. Defíneme cuál es el problema.

        2. Di sin rodeos cuál ha sido el motivo que lo ha originado.
        3. Búscale 3 soluciones que se te ocurran aunque sean algo locas.
        4.... ESCOGE LA MEJOR SOLUCIÓN


JOSÉ MARÍA CASILLAS GÓMEZ
Asesor financiero

3 comentarios:

  1. LA CONSOLACIÓN DE LA LITERATURA
    Estupenda reflexión. No cabe decir más con menos palabras; y, además, con la sentida y humilde confesión del poeta. Enhorabuena, Apuleyo: de lo mejor que nos has dado.Á.H.

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  2. EL ANCIANO ISAAC
    Qué bien nos vinieron aquellas historias aprendidas, qué buen instrumento para la educación en valores. Recordarlas siempre resulta agradable y enriquecedor.

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  3. ESPAÑA NECESITA…
    Qué razón tienes, maestro. ¿A qué viene tanto complejo? España tiene razones y méritos sobrados para alzar la voz y hacerse oír. Y seguro que contamos con quien con inteligencia, preparación y energía suficiente, pueda representarla. Si no aparece, la culpa es de quienes tenemos que buscarlo, a través de las urnas o a gritos en las calles.

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