72. AFDA

Junio, 2018
ÍNDICE PRINCIPAL 
 
Pregón: Inasequibles al desaliento... positivos.
Personaje bíblico del mes: Moisés, ya mayor. Zereutes
Escuela de ayer, de hoy y de mañana: En vacaciones. CUR
Centenario de Cela: Semblanza de Don Camilo (IV). Á. Hdez.
Alta política con estilo: Unidad de destino en lo universal. R. Duque de Aza
Alta política con estilo: Cínicos. Antonio Peregrín
Nuestras perlas premiadas: Adiós, abuelo. A.H.
Hemos leído…: El camino de Rodrigo. J. Urdiales
Soneto premiado: Jubiloso jubilado. A.H.
Afderías: España. CUR
Rincón de Apuleyo: Los niños prodigio / Dichos… de los instrumentos de trabajo.
Soneto del sentimiento: Vocación de conquista. Á.H.
Educación física: El ejercicio físico.  F. Sáez




  Inasequibles al desaliento
y, por ello, actitudes positivas
 
Precisamente por el Altísimo Señor al que servimos y por el brillante Reino en el que militamos y al que, desde nuestra lejana infancia, hemos intentado agrandar y hacer victorioso, nos distanciamos de las actitudes negativas y nos afirmamos en las positivas, inasequibles al desaliento.
No hay manera de añadirle un codo a nuestra propia estatura, palabra de Dios. Pero si somos limitados en casi todo, no lo somos en absoluto ni por la altura sin medida del Cielo que nos techa, ni por la eternidad sin bordes a la que servimos, ni por el entrañable `olam´ bíblico que Dios nos regaló.
Contando la calderilla humana de que disponemos, no nos salen los números. Pero la enorme ilusión por el Reino con el que soñamos y al que nos acercamos, nos obliga a llevar marcha de legionarios y a ir siempre más lejos. A las dosis de energía que nos dio la Naturaleza le echamos nosotros toda la grandeza del Dios que un día nos sacó de la nada llamándonos por nuestro propio nombre y nos espera, cruzada la vida terrena, ya a un tiro de piedra, con los brazos abiertos.
Estamos seguros de ir a Él, todo Grandeza, Cariño de Padrazo y Belleza Soberana (¡oh, Lope!), solo aquí barruntada.
Y, mientras llegamos, nos mantenemos positivos, inasequibles al desaliento.


Sobre nuestra llegada. De alguno de los nuestros del blog AFDA sabemos que tiene plastificado el versillo de Daniel, que nos enseñaron de chicos: “Los maestros brillarán como brilla el firmamento, y los que educan a otros, como estrellas, perpetuamente” (Dan 12,3). Tiene dispuesto que le entierren con él, para que el ángel que le toque en el hombro para la Resurrección Universal se tropiece con el versillo-salvoconducto del profeta y sepa de qué lado del Justo Juez ha de ponerle. Eso nos tiene dicho. Lo tiene más que asumido. Por eso su paso, como el nuestro, es el propio de los viejos tercios, el que solo afirma y afirma alto y lejos. Se niega a las menudencias negativas, pequeñas y grandes. Inasequibles al desaliento. 


 

MOISÉS, YA MAYOR

Moisés tiene ante sí la Tierra Prometida. Dios, que le quiere mucho, se la muestra, pero, precisamente porque le quiere mucho no le dejará entrar en ella, le ha castigado a no coronar su obra. Va a morir antes. Está Moisés sobre el monte Nebo donde va a acabar sus días. Es el momento en que el Deuteronomio nos dice que “tenía Moisés ciento veinte años sin que se hubiera apagado su ojo ni decaído su vigor” (Dt 34,7).
A los copistas de la Escritura, añadiéndole años al personaje de excepción, no les importa correr las fechas, lo que les importa es que lo recibamos como fue, magno. De todos modos, con esta afirmación del Libro sagrado, a Moisés en este final de su vida nos es forzoso pensarlo como a un vigoroso milagro de la naturaleza.
Es el mismo que en sus inicios nos parecía fágil, débil, pusilánime, tartamudo ante quien se veía inferior. Así, ante la zarza que arde sin consumirse, señal del Todopoderoso y Misterioso Yahvé. 
Yahvé le ordena: “Vete, yo te envío al faraón, rey de Egipto” (Ex 6,11). Moisés se resiste. Ha tenido que salir por pies porque el faraón le iba a dar muerte. Los mismos hebreos, sus compatriotas, le habían rechazado. Moisés se resiste y se resistirá: No tengo facilidad de palabra, y ¿si no me escuchan?, y ¿si no me creen?...
La respuesta de Yahvé es redonda: “Yo te hago un dios para el faraón” (Ex 7,1).
La fuerza, que no le viene de nacimiento, Moisés la recibe de la causa a la que sirve, la de Dios. El será un dios, no por su persona, sino por la misión a la que se ha abrazado.
Donde vaya, irá el mismo Dios, su designio, su Providencia. A él le manda Yahvé. Si parece fuerte, la fortaleza no es suya, es la de Yahvé. La causa de Yahvé es la que actúa. La fuerza de Moisés no es suya, es divina. Moisés es un mero instrumento, un simple recadero.
Séptima dificultad: “Por favor, mi Señor, envía a cualquier otro” (Ex 4,13). Y Yahvé: ”que te acompañe tu hermano Aarón” Y de nuevo: “Yo estaré en vuestra boca” Ex 4,14-15).

Moisés se pone al frente de su misión: liberará a su pueblo de la esclavitud a que se le tiene reducido en Egipto, sellará una alianza perpetua con Yahvé, lo guiará a través del desierto, le abrirá las puertas de la Tierra Prometida. ¡Enorme empresa!
Y es que sus ojos ven a Yahvé. Continuará viéndolo. A los ciento veinte años “no se habían apagado”. Su vigor no ha decaído. Le viene del Señor a quien sirve, de la grandeza de la causa en la que milita. Los obstáculos del camino van a ser innumerables. No importa.
Se suceden las diez plagas, una tras otra, y el faraón se obstina más y más. “El faraón está maltratando a tu pueblo”, se queja Moisés a Yahvé. Con la muerte de los primogénitos de los egipcios el faraón les expulsa del país y enseguida se arrepiente y marcha a exterminar a los desterrados. Todo se le empina a Moisés.
Durante cuarenta años de desierto, Moisés escuchará repetidamente la misma canción del pueblo que acaudilla: “Nos ha sacado de Egipto para hacernos morir en el desierto”.
¿Qué puedo hacer con esta gente?” (Ex 17,4) Y Yahvé: “Yo estaré contigo” (Dt 31,6).
Algunos momentos son para desesperarse: “Perdona su pecado o me borras de tu registro” (Ex 32,30).
La lección de Moisés es magistral. Anciano y moribundo no rematará su misión. Acepta. Podrá decir que ha recorrido el tramo asignado a su misión, mucho más grande que él.
De lo mucho que pensábamos hacer y que emprendimos, hemos hecho parte. Hemos dejado hijos y discípulos que la continúen. Hágase la voluntad de Yahvé. Por muchos años que vivamos, también a nosotros nos detendrá la muerte sobre el monte Nebo, la Tierra Prometida quedará al otro lado del Jordán.

Y si el tramo que se nos asignó lo hemos cumplido y es grande, su grandeza estuvo en la causa a la que servimos, en el Señor en cuyas filas militamos. Como Moisés.
Zereutes
Ancien élève de Évode Beaucamp 
y de Francesco Spadafora




En vacaciones
Escuela de ayer
        
        No era raro que los alumnos tuvieran que redactar la crónica de sus peripecias durante los meses de vacaciones, que llevasen problemas de matemáticas que resolver, y algunos libros de ciencias, historia o literatura de que dar cuenta escrita y oral al regreso al Colegio.
        A los padres se les recomendaba que, fuera de días especiales, consiguieran que sus hijos le dedicaran un par de horas diarias a tareas escolares. Y que les hicieran trabajar en las faenas propias de la casa o con suerte en las del campo. 
 
           Escuela de hoy
       

      Vacaciones totales para muchos.
          Estancias organizadas en el extranjero, para aprender idiomas, para algunos afortunados.
                             Internado para alumnos insuficientes o estorbos.






Escuela del mañana
Cursos online. Internet, profesor imprescindible. “Aprendizaje colaborativo”.
Viajes organizados, Geografía e Historia in situ, idiomas.
Colegios que funcionan en vacaciones y fines de semana: materias y actividades varias, no escolares, de lujo, gratificantes. 

Peligro de no pasar de las emociones. 

 CUR








 
SEMBLANZA DE DON CAMILO (IV)

La amistad, la sal de la vida que no disuelve la muerte”

Hermosa reflexión de don Camilo, tomada de la “Breve carta a un amigo, en “Al servicio de algo”, que ilustra perfectamente lo que pensaba acerca de las relaciones humanas. “La amistad –continuaba- es la sal que brinca por encima de la barrera que separa la vida de la muerte”.

“Nadie debe morir sin haber recibido algo de amor”, comenta repetidas veces el narrador en Cristo versus Arizona, a raíz de la muerte de Euphemia Escabosa, que murió azotada por la mala estrella. Aunque en otro momento asegura que “un hombre no muere hasta que no lo olvidan, hasta que lo van dejando de amar, no hay más muertos que los olvidados”.

Del sentido de la amistad nacía la hospitalidad de que Cela hacía gala y, recíprocamente, le llevaba a aceptar gustoso la de sus amigos. A propósito de esta buena disposición, entiende Rafael Pérez Delgado que la generosa actitud de don Pablo en “La Colmena” para alojar en su casa a Martín Marco es reflejo de la que Cela mantenía en la realidad.

Particularmente esclarecedoras resultan las reflexiones con que el propio don Camilo salpica la correspondencia que dirige a su buena amiga María Zambrano, a quien tiene, como persona y como intelectual, en muy alta estima: “Nada me importa, créame, aquella vaciedad inmensa que usted llama éxito, sino esta otra preñez que usted y yo y aun mil españoles que no conocemos llamamos la mantenida libertad”, le confiesa en carta del 6 de marzo de 1963. Y en la misma tiene un emocionado recuerdo para dos amigos comunes: Emilio Prados y Leopoldo Panero: “Con usted pienso –con usted prefiero pensar- que lo que se salva y nos salva es la persona; aunque haya perdido su palidez y su adolescencia; aunque haya escrito libros en vez de estarse callado y quieto; aunque haya vivido y hecho vivir; aunque poco a poco, vaya muriendo y –lo que también es su propia muerte- vaya viendo morir a los amigos”. Ya tres años antes, en carta de noviembre de 1960, se quejaba de quienes, por el contrario, defraudan la confianza que en ellos se deposita: “Soy hombre que rinde culto al recuerdo, María, aunque a veces -¡cuánta defección, a veces!- lo mejor que al recuerdo pudiera suceder es que dejara de serlo”.

Gustaba Cela de coleccionar los obsequios que recibía de sus amigos: la colección de orinales de porcelana, las botellas firmadas por aquellos… Le satisfacía sentir próximos a sus colaboradores y agradecía el apoyo generoso y desinteresado de sus admiradores. Y se mostraba a su vez dispuesto a prestar ayuda a sus amigos y corresponder a los favores recibidos. Era don Camilo una persona generosa, dadivosa ante la necesidad. Recuerda Charo Conde en “Mi vida con Camilo José Cela” (Hola, 1-2-90) el día en que llegó a casa sin abrigo por habérselo entregado a un pobre que le solicitó una limosna. “Pero si no tienes otro abrigo” –le dijo. Y la respuesta, la que correspondía a su manifiesta generosidad: “¡Bueno, ya se arreglará!”


Un rebelde sin bandera”
Como tal considera a Cela Claude Weil, en un artículo publicado en France-Observateur, en noviembre de 1989 y que lleva por título “Un grande de anti-España”. Cela era ya en los años cincuenta, según comenta su biógrafo García Marquina, una persona popular, requerido para actos de cualquier índole, académicos o festivos, y tenía un gancho especial para atraerse a la gente, por su rotundidad, su casticismo, su claridad, su rudeza y su majestad dominadora. Gentleman o gamberro, humilde o altanero, según la ocasión lo requiriera, sabía adaptarse a cualquier ambiente, siendo altanero con unos y humilde ante otros.

Para algunos resultaba fino y elegante –de “elegante como un lord” lo calificó la revista bonaerense Clarín- o un señor muy mal educado. Ambas consideraciones tenían su parte de razón, según fueran las circunstancias y el observador. No fue infrecuente encontrarlo involucrado en situaciones extravagantes, unas veces reales y otras nacidas del rumor, los celos o la inquina. En cualquier caso, era buen encajador y sabía salir generalmente airoso. Aceptaba sin dificultad al periodista bienintencionado, pero no toleraba a quien le buscaba las cosquillas, y menos aún al que pretendiera sacar partido a costa suya. De ahí su indignación ante la publicación de sus aventuras amorosas en el verano de 1989 por la revista Diez Minutos. Como contrapartida y muestra de su buena disposición, las facilidades que Victorino Polo reconoce haber encontrado al solicitar su colaboración en la preparación del homenaje que la Universidad de Murcia quiso rendirle.

Políticamente, habría que calificarlo de conservador. Es sabido que en la Guerra Civil combatió en el bando ‘nacional’, que prestó sus servicios en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia y que finalizado el conflicto ejerció de censor en periódicos de claro tono franquista, como Arriba o El Español. Pero nunca reconoció haber sido especialmente bien considerado y protegido por el Estado. En realidad, no tenía vocación política y los acontecimientos le situaron en un bando cuando muy bien habían podido situarlo en el contrario. “Yo fui mozo en el reemplazo del 37 –escribe en su “Discurso de la quiebra”, en “Camino para la paz”- y, sin comerlo ni beberlo, conmigo y con mis compañeros de quinta, tiraron al blanco en el campo abierto y en nombre de unos ideales o de los contrarios […] En la cabeza del hombre no cabe ni una sola nación más válida ni más hermosa que la vida, y miente quien diga lo contrario”. “Declaro que no voy a pedir disculpa de nada –escribía en “Memorias, entendimientos y voluntades”- porque pienso que, en todo caso, tendrían que habérmela pedido a mí por haberme metido en todos los berenjenales en que me metieron a palos y sin comerlo ni beberlo, por ejemplo, en la Guerra Civil”. Y en la misma obra, decía sentirse “intelectualmente de izquierdas, socialmente conservador y políticamente liberal”, pero que en realidad “no tenía que ver con nadie”.

Censor censurado, hubo de ver prohibida en su día la publicación de varias de sus obras. Entre sus amigos los hubo de filiaciones políticas distintas, y con todos mantenía una relación cordial. De oportunista político le tildaron algunos; más que de oportunista, cabría calificarlo de escéptico. “La política es una lotería para desocupados; los soñadores, los utopistas y los ideólogos hunden los países”, leemos en “El asesinato del perdedor”. En “El juego de los tres Madroños” Cela sale al paso de quienes actúan en política de manera irresponsable: “Con la democracia, la responsabilidad se diluye y la irresponsabilidad crece lozana y exuberante”. Y en “El mal camino”, de “El color de la mañana, opina que “los políticos son gente fracasada en sus profesiones y hombres de mentalidad mediocre, dudosa moral y portentosa vulgaridad”.

No parece estar muy de acuerdo con que a cada persona le corresponda igual capacidad de decisión, sean cuales fueren su preparación, experiencia y capacidades: “La idea de que todos debemos ser iguales ante las urnas es falsa, pero nadie se atreve a decirlo” –escribe en “El color de la mañana”. Y en lo que tiene que ver con el compromiso político, no desdeñaba su colaboración como ciudadano responsable y comprometido: “Mi secreta vocación –escribía a Juan Bonet en carta de julio del 73- es la de fuerza viva a escala local. Esto es lo bonito”.

En lo que se refiere al pluralismo y al reconocimiento de las diferencias y especial idiosincrasia de las distintas nacionalidades –cuestión tan debatida y ahora tan de actualidad-, se manifestaba abiertamente contrario al centralismo, y reconocía en la diversidad un valor que respetar y mantener: “Afirmo mi vieja convicción –escribe en un artículo publicado en el periódico Informaciones en marzo del 74- de que el meridiano de España no pasa (o no pasa solo) por Madrid. España es un país o puzzle de países, con tantos meridianos como vientos tiene la rosa de los vientos y ahí, precisamente ahí, reside su riqueza”.


"Un hombre honesto”
Soy, o por lo menos aspiro a ser, un hombre honesto que aspira a pasar por este valle de lágrimas procurando hacerle la puñeta a la menor cantidad de gente posible”. En esta declaración de intenciones hecha por Cela en Televisión Española, en 1989, puede decirse que se cifra su condición moral.

No era en absoluto amigo de normas. Reconocía –las reconocía en sí mismo- la voluntad débil y voluble del ser humano y su fragilidad para mantener firmes sus propósitos. “Tengamos valor bastante –escribía en su ensayo “El erotismo en frío”- para digerir el pecado y quitarle plomo a las alas […] El hombre no es un ángel, y se traiciona a sí mismo cuando intenta pasarse con armas y bagajes al bando de los espíritus puros”. 
 
En ocasiones se manifiesta partidario de una moral práctica, como en las palabras que dirige a Millán Astray: “Mi general, la primera obligación del soldado no es morir por la patria, sino que el enemigo muera por la suya”, o de claro escepticismo: “El hombre sano no tiene ideas”, escribe en las notas a la tercera edición de La Colmena. La moral de Cela es la moral de triunfador del “noble” nietzcheano: desprecio de la cobardía, la compasión, la debilidad; estima de cuanto signifique impulso vital, decisión, fortaleza, fe en la propia superación, altura de miras, ambición incluso. 
 
No era ajeno a una buena dosis de hedonismo. No despreciaba el dinero y cuanto este podía reportarle, pero anteponía valores como la justicia, la amistad o la fama. Atendía a lo que le dictaba su propia conciencia interior. Porque –decía- “hay verdades que se sienten dentro del cuerpo, como el hambre o como las ganas de orinar”. Defendía el pensamiento crítico y se mostraba enemigo declarado de los tópicos, el gregarismo, las utopías sociales y las estructuras alienantes. De su sentido de la justicia y de la banalización de que esta es en ocasiones objeto, quiere ofrecer buena muestra, y consideramos lo consigue, en “El asesinato del perdedor”.

Una lectura detenida de sus obras lleva a la conclusión de que Cela no trata en ningún caso de moralizar. Él fabula, imagina o presenta a los ojos del lector la realidad más descarnada. Y deja que sea aquel quien, a la vista de los hechos, experimente su personal catarsis y extraiga sus propias conclusiones. “Esta es –decía en “Alguna ligera realidad”, de “Mesa revuelta- la gran palanca de la literatura: que predica sin dar trigo ni ejemplo”. Era Cela hombre abierto a cualquier idea que se defendiera con la suficiente sensatez. Siempre se mostró dispuesto a aceptar a quien se le acercara desde una actitud inteligente. Aceptó el riesgo que ello suponía en una sociedad mediatizada por la intransigencia y la censura, y en sus Papeles de Son Armadans tuvieron cabida intelectuales de muy diversa ideología, que escribieron con plena libertad, incluso en lenguas vernáculas proscritas por el Régimen.

Una personalidad como la suya, para bien o para mal, a nadie puede dejar indiferente.


Dios es porque sí”
La condición intelectual de don Camilo, permanentemente atento a cualquier vestigio de naturaleza y de vida, no podía dejar al margen el sentido de trascendencia. Entendía la existencia como permanente caminar hacia un final incierto, dejando en cada paso jirones de sí mismo. Combustión constante, irradiando, en la necesaria consunción, luz, calor, vida en definitiva. Esta confesión, recogida en el número 213 de “Papeles de Son Armadans”, lo atestigua: “Tan identifico la vida con la espiral que lleva a la muerte que, sin violencia alguna, entiendo la vida como un incansable caminar hacia la muerte, a pasos isócronos y consciente o inconscientemente deliberados; de ahí que el hombre pruebe día tras día a quemarse aun sabiendo que no es incombustible”.
La muerte, siempre presente, de una u otra forma, con mayor o menor protagonismo, en las producciones celianas. La muerte, parte de la vida; y ambas exigiendo igual compromiso. “Espanta pensar en la vida, espanta pensar en la muerte –leemos en el prólogo a “El bonito crimen del carabinero-. Creo que ese espanto es la savia que ha nutrido estas páginas mías”.

La necesidad de trascendencia le llevó, hacia 1994, a elaborar una teoría que denominó “nostalgia geométrica del azar”, en la que admite la existencia de un factor poderoso que rige el universo, la tendencia de los seres al orden, el equilibrio, la perfecta simetría. “Dios es porque sí y en su afirmación está su propia esencia”. Esta reflexión hacía Cela en “Palabras para inaugurar un museo, de “Al principio de algo”. Este es el Dios cuya existencia intuía, un poder nacido de la propia angustia existencial y del temor al vacío, que dirige el universo, al margen de la fe que pueda suscitar. Don Camilo no era creyente, pero sentía la necesidad de creer.


Hasta aquí la semblanza de don Camilo que queríamos recrear como homenaje. En ella nos hemos limitado a considerar su condición humana: origen, desarrollo vital, carácter, intereses, actitudes, criterios, creencias… Queda para otra ocasión abordar su condición de escritor; su extraordinaria aportación como lingüista, novelista, poeta, bibliófilo…; su altura intelectual, su amplia erudición, su genio innovador…

Desde estas páginas unimos nuestro homenaje al que el 17 de enero de 2002, el día siguiente al de su muerte, le rendía José Saramago en el periódico ABC: “Se le ha juzgado como persona antes que como escritor. Dentro de veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años las rencillas estarán olvidadas y sólo quedará su obra. La obra de un gran irrepetible escritor”. 

ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro, doctor en Ciencias de la Educación y estudioso de Cela

 

unidad de destino en lo 
universal

Aplicados nuestros actuales políticos de aldea en faenas de cocina más o menos actuales y entretenidos con grescas de patio de vecinos no levantarán el vuelo, ni España con ellos, mientras no miren a lo alto y lejos, más allá de las bardas del corral. España fue grande cuando, pensando menos en sí y en su provecho, se aplicó a cumplir tareas universales, sus intelectuales cursaban cátedras fuera de sus fronteras, sus conquistadores ensanchaban el suelo patrio, sus tercios mantenían el orden en Europa y sus literatos escribían para toda criatura nacida y por nacer.

Algo de esto se nos apuntaba en nuestra juventud cuando se nos decía que España era “una unidad de destino en lo universal”. ¡El pitorreo que se ha hecho de esta afirmación tan valiosa, sin querer entenderla!

Aun tenemos algo que decir al mundo desde nuestras limitaciones, no por limitados sino por nuestras raíces católicas de siglos y por nuestra sólida Cultura histórica.

Una muestra bien autorizada del pensamiento de nuestros Siglos de Oro, en los que se hacía posible el vuelo universal de águila que seguimos soñando para España, leemos en nuestro Doctor Eximius:

Francisco Suárez. Universidad de Granada.
"El género humano, aunque dividido en varios pueblos y reinos, siempre tiene alguna unidad, no sólo específica, sino también cuasi política y moral, que indica el proyecto natural del mutuo amor y de la misericordia, que se extiende a todos, aun los extraños y de cualquier nación. Por lo cual, aunque cada estado independiente, república o reino, sea en sí comunidad perfecta y orgánica, no obstante, cualquiera de ellos es también miembro de algún modo de este universo, en cuanto pertenece al género humano, pues nunca aquellas comunidades son aisladamente de tal modo suficientes para sí que no necesiten de alguna mutua ayuda y sociedad y comunicación, a veces para mejor ser y mayor necesidad e indigencia, como resulta propia de la práctica.”
FRANCISCO SUÁREZ, S.J. (1518-1617) 
Tractatus de Legibus Deo Legislatore, Coimbra, 1612

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro, profesor de Teoría del conocimiento

 

CÍNICOS


En su obra Crítica de la razón práctica (1788), Immanuel Kant condensó lo que anteriormente había llamado imperativo categórico en una sola «ley básica de la razón pura práctica» o ley moral, expresándola así: «Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad [la que rige tu conducta] pueda valer siempre como principio de una legislación universal».

Por ello, los revolucionarios poskantianos tacharon esa proposición de Kant de reaccionaria, porque, de alguna manera, reprueba el uso de la necesaria violencia que acompaña a la revolución. Ello no obsta para que alguno de nuestros parlamentarios actuales, uno de esos líderes revolucionarios de salón o populistas de la 'transversalidad' ideológica, haya confesado sentirse epígono de Kant y de su 'Ética' [sic] de la razón pura.

Como prueba apodíctica de la racionalidad kantiana del referido personaje y de la de su pareja política y sentimental, he aquí dos razones que arguyen para justificar la adquisición de una suntuosa mansión en la sierra de Madrid, para dar un salto llamativo desde la 'barricada' vallekana al chalet de lujo.

Una de las razones esgrimidas es que han comprado la propiedad para vivir en ella, no para especular, al contrario de lo que hacen, según ellos, sus antagonistas de clase. Este argumento ofende la racionalidad kantiana tanto como la lógica cartesiana, pues significaría que los miembros de la casta que adquieren un automóvil de lujo, una residencia de máximo confort o prendas ostentosas, además de prisioneros de la avaricia son tan estúpidos que no tienen intención de disfrutar por sí mismos de esos bienes, sino sólo traspasarlos a otras manos para especular con ellos y acumular riqueza.

La otra razón, de parecido calado intelectual, que esgrimen estos militantes radicales antisistema, estos predicadores de la ética, que tan alto pusieron el listón de la ejemplaridad al resto de españoles, es que son conscientes de que a la inmensa mayoría de los ciudadanos sus sueldos miserables no les alcanzan para hacerse de una vivienda confortable como la suya, pero que para eso luchan ellos sin descanso en el Parlamento, para que algún día puedan conseguirlo.

De este último argumento yo deduzco que quizá lo que pretendan, para no tener que esperar ad calendas græcas, es dar cobijo en su morada a una pléyade de selectos okupas, de los que todavía les voten o les coreen, para compartir la espléndida mansión y su casita de invitados, implementando en sus aposentos talleres de aprendizaje y de juego para sus futuros vástagos en un ambiente ecológicamente sano y antirrepresivo, una especie de 'arcádica' comuna feliz o de nueva escuela libertaria de Summerhill adaptada a los tiempos que corren.

Ítem más, creo que no necesitan como avalistas de su hipoteca -la más generosa del mercado- a jerifaltes iraníes o venezolanos, nada fiables por otra parte. Sus enemigos naturales, los banqueros de la casta, siguen al pie de la letra, con interpretación torticera, por supuesto, la máxima evangélica de granjearse amigos con la riqueza que procede de la iniquidad para que, cuando les falte, los reciban en las moradas eternas. (Exégesis: que cuando a los bancos les vayan mal dadas, y estos pseudorrevolucionarios estén algún día en el poder, se acuerden de los favores prestados y les echen una mano, no al cuello, sino para que sean rescatados con dinero público, tal como ha venido haciendo siempre la denostada derecha. ¿O se trata, tal vez, de un favor desinteresado que le hacen los secesionistas catalanes?).

En los años 40 y 50 del pasado siglo, corrían por la piel de este áspero y empobrecido país, unos individuos llamados charlatanes que se subían sobre unos rústicos andamios en las plazas públicas y engatusaban con sus artimañas de malandrines al personal ignorante que los escuchaba boquiabierto. Pues bien, estos tribunos que hoy nos dejan perplejos no son ciertamente los émulos de la brillante oratoria de un Emilio Castelar; su locuacidad se parece más a la de aquellos charlatanes, pícaros hambrientos, que quizá sean sus antecesores genéticos. A pesar de todo, yo tengo la esperanza de que queden en esta tierra nuestra personas honradas que los juzguen a ellos no con palabras sino con su silencio, con su íntimo rechazo y su testimonio ejemplar. Dejando a salvo sus conciencias personales, que nadie tiene derecho a juzgar -aunque sí sus actos, dada su condición de parlamentarios-, me atrevería a aventurar que sí podrían merecer el calificativo de CÍNICOS, no en el sentido filosófico, crítico o irónico original sino en el deshonroso que recoge la RAE: "aquellos que actúan con falsedad o desvergüenza descaradas".

[Nota marginal: cuesta creer que personas, supuestamente tan sagaces, no tuviesen conciencia del tsunami que desencadenarían en su contra, sumando al festín revanchista de sus adversarios políticos el resentimiento sordo y amargo de los suyos. No obstante, otro tsunami en dirección opuesta, acaecido por sorpresa, la caída de Mariano Rajoy, acompañada del grito de "sí, podemos" en el hemiciclo de las Cortes, ha neutralizado al primero... de momento. Pero no me resisto a comentar el texto de la consulta a los inscritos de su partido, que pasará a la historia como ejemplo de marrullería. Aquí está:

       ¿Consideras que Pablo Iglesias e Irene Montero deben seguir al frente de la secretaría general de Podemos y de la portavocía parlamentaria?
        [ ] Si, deben seguir.
     [ ] No, deben dimitir de la secretaría general y de la portavocía parlamentaria y dejar el acta de diputados.

Como se observa en la respuesta, en la opción del 'No' se introduce un 'castigo' añadido que no está contemplado en la pregunta. Sin duda, una zafia maniobra para intentar frenar los noes. Ya puestos, ¿por qué no haber añadido "y deben dejar el partido"? Parecería que quieren dar este aviso a sus amigos: o nosotros (en la dirección) o el caos (en el partido). Esto nos puede dar idea del grado de cinismo de estas personas y del respeto y limpieza con que tratarían a los ciudadanos].


Antonio Peregrín López de Hierro
Mayo/junio de 2018


 

    





Primer premio en el certamen de relato breve

convocado por el C.M. de Sagasta (CAM),

con motivo de las fiestas patronales de Madrid, 2018





ADIÓS, ABUELO

-Adiós, abuelo.
-Hasta luego, zagal.

Con estas palabras se despedían cada mañana nieto y abuelo a la puerta del colegio. Que los padres estaban camino del trabajo, y había que echar una mano.
Con la jubilación recién estrenada, sobraba tiempo. Los hijos ya no requerían su cuidado, aunque sus vidas y la del nieto continuaran siendo una preocupación. Tanto él como su esposa estaban acostumbrados a madrugar. Y acompañar al pequeño y recogerlo a la salida, contribuir de algún modo a su crianza, lejos de constituir una carga, representaba una satisfacción: un par de horas bien empleadas, que no estorbaban el paseo con la abuela por el parque, la lectura reposada, la atención a las pequeñas tareas domésticas o la partida con los amigos.

-¿Me ayudas, abuelo?
-Claro, zagal.

Habían pasado algunos años. Aquel pequeño ya no era tal, sino casi tan alto como el abuelo. No había ya que acompañarlo al colegio, ahora marchaba solo al instituto, con su abono transporte. Pero a aquel adolescente, al que le apuntaba ya el bigote, le encantaba seguir sintiendo próximo al abuelo, y solicitaba su apoyo en las tareas escolares, unas veces por verdadera necesidad, y otras, las más, por disfrutar la satisfacción que el saberse útil despertaba en aquel. Revivir con el nieto la experiencia tantas veces compartida con el hijo, le hacían al abuelo sentirse joven; lejos de constituir una obligación, resultaba una ocupación gratificante.
-Enhorabuena, zagal.
-Gracias, abuelo.

Fue una mañana de junio, tras la ceremonia de graduación. Ver a su nieto convertido en todo un abogado, luciendo la toga, y posar con la familia para la foto de rigor, le llenaba de orgullo. Apoyado en el bastón, que para entonces se había convertido en inseparable compañero, sentía cómo esponjaba su corazón un sentimiento de inefable gozo, que se traducía en una amplia sonrisa de satisfacción. Lástima que para entonces la que fue su compañera inseparable, la madre de sus hijos, no pudiera acompañarles. Solo unos meses antes, les había dejado, tras larga y penosa enfermedad. Aunque todos continuaban sintiéndola muy cerca.
-Te quiero, abuelo.
-Te quiero, zagal.

Con las fuerzas mermadas, aunque con la mente lúcida, permanecía recluido, sin apenas asomarse a la calle, más por debilidad y en evitación de riesgos que por desinterés. Aunque no le faltaba el apoyo de los hijos, fue él quien tomó la decisión de permanecer en su casa, con la asistencia y la necesaria atención de una persona de confianza. Las frecuentes visitas del nieto, solo o acompañado de la novia, eran una caricia, un baño de cariño que le confortaba y compensaba sobradamente la inquebrantable dedicación que mantuvo mientras las fuerzas se lo permitieron.
-Ánimo, abuelo.
-Gracias, zagal.

Su respuesta a las palabras de sincero apoyo del nieto, a las puertas del quirófano, sonó débil, casi imperceptible. Afortunadamente, lograría superar aquella intervención de colon. El asunto era grave, pero la proximidad de los suyos y el apretón de manos de su nieto apoyaron su determinación, sus ganas de vivir. Aunque a partir de entonces su cuerpo y sobre todo su mente no serían los mismos.
-¿Cómo estás, abuelo?
-…….. 

Ya no había respuesta al beso en la frente y al apretón de manos del nieto, sino un gesto inexpresivo y la mirada perdida, incapaz de reconocer. Fueron años dolorosos, de sentir lejos a quien aún podías abrazar, de ver impotente cómo aquella llama, que fue capaz para alumbrar a toda la familia, se iba extinguiendo.
-Hola, abuelo.

El saludo del nieto se acompañaba de un profundo respeto; el mismo respeto y admiración que siempre había sentido hacia el abuelo. Depositó las flores con cuidado sobre el mármol de la lápida, al tiempo que alzaba los ojos y buscaba entre la copa de los cipreses, cegado por la luz que se filtraba entre las ramas, la voz que, ahora sí, firme, serena, renovada, le llegaba de nuevo:

-Hola, zagal. 

ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro, doctor en Ciencias de la Educación 

 

   

 El camino de Rodrigo
Jorge Urdiales Yuste
Ediciones Cinca, Madrid, mayo, 2018




Una novela desde España a Canadá


Y de pronto un día le dijeron a Rodrigo (entonces tenía 9 años) que toda la familia se iría a vivir a Canadá. Calgary, una ciudad del oeste canadiense, iba a ser por… ¿cuánto tiempo? su nueva ciudad. Nuevo colegio, increíbles paisajes, muchísima nieve, frío helador…
Después de cada nueva aventura canadiense Rodrigo volverá a recordar sus travesuras y juegos en un pequeño pueblo de Valladolid, Castrillo Tejeriego. Allí, al pueblo de sus bisabuelos, les había llevado su padre verano tras verano hasta que surgió el viaje a Canadá.
Canadá… Castrillo… Canadá… Castrillo… En esa mezcla de aventuras hispano-canadienses se mueve la novela”. 
Este es el texto que aparece en la contraportada de la novela El Camino de Rodrigo, editado por www.edicionescinca.com.

        El Camino de Rodrigo sigue la estela de El Camino de Miguel Delibes. Aquel era un niño, Daniel el Mochuelo, al que le suceden aventuras diversas en una aldea de Cantabria. Este, Rodrigo, vive la experiencia de tener que ir con su familia al oeste de Canadá por un tiempo indefinido y, a la vez, recuerda sus aventuras de verano en Castrillo Tejeriego. Los dos son niños. Los dos disfrutan jugando en el pueblo. A Rodrigo habrá que añadirle su periplo canadiense.
La novela tiene algo de inventado y mucho de real. En verdad la familia de Rodrigo tuvo que irse a Canadá en 2016 y para Rodrigo aquello fue una aventura. Año y medio en un colegio de habla inglesa, a 20 y 30 ºC bajo cero, con nieve seis meses del año, otro tipo de comidas, otro tipo de deportes…
Escribir una novela lleva un tiempo que no se suele tener. En mi caso, año y medio en Calgary (la ciudad canadiense donde vivíamos) sin tener que trabajar, dio para echar muchas horas al ordenador. Nevaba y nevaba fuera de casa mientras escribía capítulos y los retocaba, los tiraba, hacía otros, cambiaba el sentido de la novela, volvía sobre mis pasos…
Rodrigo es un chico despierto que disfruta en Canadá con lo que le va sucediendo pero que recuerda sus aventuras en España, en un pequeño pueblo de España. A cada nueva aventura allí, en Calgary, Rodrigo recuerda enseguida sus juegos de verano en el pueblo vallisoletano: el día que se coló en un corral abandonado y encontró una llave, la vez que se quedó encerrado en la iglesia, aquella tarde que les pilló la tormenta fuera del pueblo…
La novela, apta para todos los públicos, entretenida, digo yo que hará más ilusión a los que quieran conocer como es, hoy, Canadá. Y, por supuesto, a los que han pasado su infancia en un pueblo. O a los que, como Rodrigo, han veraneado en un pueblo.
El Camino de Rodrigo es una buena lectura de verano, fresca, distendida, que lleva el estilo de los libros de Miguel Delibes hasta en su lenguaje.

Jorge Urdiales Yuste, autor de la novela

                      


 Primer premio en el certamen de poesía

convocado por el C.M. de Sagasta (CAM),

con motivo de las fiestas patronales de Madrid,

2018




      JUBILOSO JUBILADO


Él camina tranquilo, a su manera:
calmo el andar, el gesto sonriente,
Las sienes plateadas, y en la frente
viejos surcos de antigua sementera.

Dejaron ya sus manos la mancera,
pero sabe de aradas y simiente,
de hielos duros y del sol ardiente,
de la labor callada y de la espera.

El que torrente fue, hoy aparece
caudaloso, sereno, sosegado,
y en su cauce la vida reverdece.

Acércate seguro, confiado,
a beber la experiencia que te ofrece,
camino ya del mar, el jubilado.

Ángel Hernández




ESPAÑA

  • ¡Nuestro don Miguel de Unamuno!: La letra eñe de España es el amuleto que nos guarda de que pueda morir, la que nos garantiza su inmortalidad. Esta letra, si es su talón de Aquiles, también es la señal de su predestinación enclavada en medio de su alfabeto.
  • ¿No veis que la tilde de la eñe no toca el suelo, que es puro vuelo, oleaje de ave que señorea un inmenso espacio?


  • Los inviernos de España anuncian siempre que volverá a reír la primavera, estación lograda en que la Patria se recobra, toma nuevo aliento y vuelve España a empezar: así en Covadonga, con don Pelayo; en la Concordia de Segovia, con los RR. CC., y en Melilla, con el Alzamiento Nacional.
  • Ejercicio escolar. Colocar en cada cita anterior, el año que corresponda: 722, 1475, 1936.



  • Del siglo XVIII, 1782, es la malintencionada pregunta de la Enciclopedia Metódica francesa formulada por Masson: “¿Qué se debe a España, qué ha hecho España por Europa?”. Monsieur Masson sigue sin enterarse todavía. Con solo citar tres nombres estaría más que sobrada la aportación de España al planeta Tierra: Cervantes, Santa Teresa, don Juan de Austria.
  • Las autonomías españoles del XXI, cada vez más autonosuyas y menos españolas. Cascabeles para los gatos.

  • Pero una española Castilla reducida a la mera Castilla seguirá siendo Castilla, es decir, el vientre en cinta y en perenne parto de España, su alma mater.
    CUR

















LOS NIÑOS PRODIGIO





¿Cuántos niños “prodigio”
he conocido?
Tantos como se han ido
en el litigio
entre padres y profes
mal avenidos
tras los atrofies
sobrevenidos
en la pubertad.

¡Ay, niños, niños!

La vida se tuerce
con o sin sentido
igual que el alerce
derecho ascendido
que pide piedad.

¡Ay, niños, niños!

Niños prodigiosos,
listos, talentosos…
seáis bienvenidos
por tan bien nacidos
y tan memoriosos.

¡Ay, niños, niños!

Que la adolescencia
no mate esa esencia
natal virtuosa
y que la inocencia
brille jubilosa.

¡Ay, niños, niños…!

A volar, mariposas.





DICHOS Y HECHOS PRÁCTICOS                   
              DE LOS INSTRUMENTOS DE TRABAJO



Parece ser que los instrumentos y herramientas de trabajo se comunican entre sí en buena armonía. 

Al menos eso es lo que piensa el poeta.

Véanlos dialogar en la faena y aplíquense el ejemplo —los ejemplos— que nos proporcionan a diario.








     Le dijo la Azada a la Azadilla:
yo cavo más que tú, chiquilla.
Y ella no se azoró,
sino que trabajó y trabajó
sin cansarse para nada,
pues de hierro está forjada.


Y le dijo al Azadón:
¿cómo es que eres tan grandón?
Así me han hecho, señora,
para romper la tierra a toda hora.
No sé otra cosa que hacer
más que enterrarme y revolver.

Le dijo la Azuela al Hacha:
yo cacho, tú cachas,
vayamos a pachas.
Pero el Hacha se le impuso
y cada cual siguió a su uso
cortando y recortando
igual lo duro que lo blando.
Uno no debe entrometerse
en lo que el otro ha decidido entretenerse.

Le dijo el Pico a la Pala:
¡ala, ala!,
que ya desterroné lo que te agrada,
llévatelo de una palada.
Y la Pala obedeció
y todo limpio lo dejó.

Le dijo el Rastrillo al Bieldo:
quieto, quieto, que te envuelvo.
Y el Bieldo quedó a esperar
para después aventar,
mientras que el terco Rastrillo
le acarreaba las hojas a porrillo.
Eso es colaborar
y lo demás es molestar.

Le dijo el Gañán al Trillo:
corre, corre, que te pillo, chinarrillo.
Y el Trillo, al tiro del burro,
dejó de hacerse el cazurro,
de manera que la parva arrellanada
se tendió sobre la era separada,
con la paja por un lado
y al otro el grano dorado.
Muy bien, muy bien,
pensó el Gañán sin desdén.

Le dijo el Agua al Botijo:
¡qué fresca me pones, hijo!
Y el Botijo corcovado
hizo glú, glú repantigado.
Y es que dar gusto a la panza,
sólo lo da la alabanza.

Dijo la Punta al Martillo
porque le sacara brillo:
clávame, si es que lo quieres,
pues uno de mis deberes
es hundirme en la madera
a tu farruca manera.
Y el Martillo, dale y dale,
respondió: de esta no sale.
Y no salió,
pero qué contenta se quedó.

Estas tretas son usuales
entre compis pariguales.
Tanto haces, tanto vales.
¡Ojalá que los humanos,
que para eso tienen manos,
se comporten como ellos,
esos instrumentos bellos
al servicio del trabajo. ¡Carajo!




 







EL EJERCICIO FÍSICO


Cuando se habla de ejercicio, desde el punto de vista de las ciencias de la conducta humana, conviene distinguir entre actividad física, que puede tener una base recreativa u ocupacional, y ejercicio físico, que se puede considerar como una actividad física emprendida de manera intencional y voluntaria.
Enumeraremos algunas definiciones y referencias que diversos autores de esta disciplina hacen sobre el ejercicio físico, como una manera de establecer con más precisión el sentido de este concepto. Podemos encontrar expresiones como: “manifestación práctica del movimiento en el campo de la actividad física y deportiva”; o “conjunto de movimientos corporales realizados por el individuo, que poseen unas determinadas características, con el objetivo de obtener una mejora relacionada con las capacidades físicas y con el rendimiento físico”. También: “el ejercicio físico es un acto voluntario, aceptado libremente, con intención de mejora personal”. El deporte, por tanto, se considera una expresión más del ejercicio físico.

 No todo el movimiento ni toda la actividad física realizada puede considerarse ejercicio físico; para que así sea deben reunirse unos determinados requisitos en su planteamiento. Las características diferenciadoras del ejercicio físico sobre el movimiento realizado de cualquier actividad motriz deben presentar los siguientes factores: intencionalidad, intensidad, forma y técnica. 
 
La intencionalidad se centra en conseguir objetivos para obtener beneficios de tipo físico a través de la mejora de las cualidades físicas.

La intensidad se ocupa del aspecto cuantitativo; es decir, de la relación con el tipo de estímulo que se proporciona al individuo: de intensidad baja, media o alta”.

La forma hace referencia a consideraciones espaciales y del aspecto exterior del ejercicio, como las fases del ejercicio, las posiciones, la estructura –que sea analítica, global o sintética– o el carácter –natural o construido–.
La técnica de trabajo, trata los aspectos de tipo interno, como las fuerzas causantes del movimiento, las clases de patrones de movimiento o la acción y localización muscular.


Pongamos un ejemplo para ilustrar estas afirmaciones: si efectuamos una carrera para no perder un autobús, este esfuerzo no puede considerarse ejercicio físico sino una manera de actividad, puesto que le falta la intencionalidad de mejora de la condición física y no está regulada su intensidad previamente.
 
Sorprende, por tanto, que la denominación de las Facultades donde se estudia esta disciplina lleven el título de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en vez de denominarse Ciencias del Ejercicio Físico.

Francisco Sáez Pastor
Universidad de Vigo


                      





 
 

2 comentarios:

  1. Para el próximo curso queremos nuevos teclados (antes decíamos nuevas plumas) que perforen la tierra y se disparen al cielo, raíces y vuelo. Si "el mundo va a la deriva", como se decía en el Auto de los RR. Magos, nosotros tenemos un magisterio y un estilo para bien de la Cristiandad, de España y del hombre. AFDA

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  2. MALVIDO NOS ESCRIBIÓ.
    Enhorabuena también por el nº 72. He comprobado una vez más que los colaboradores habituales rayáis a gran altura en temas de educación, cultura, política, literatura, lasalianismo y hasta de Biblia, y que tenéis una expresión literaria y poética de muchos quilates. No me extraña que os llevéis los premios..

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