68. AFDA

  

ÍNDICE PRINCIPAL
 
Pregón: Blog AFDA, 68
Relato bíblico del mes: Amós, un profeta vaquero. Zereutes
Escuela de ayer, de hoy y de mañana: Foco de cultura. CUR
Dios es amor: El 4º milagro. La resurrección de Jesús de Nazaret. E. Malvido
Alta política con estilo: Media docena de intelectuales en el Congreso. R. Duque de Aza
Cela, una novela cada mes: Madera de boj. Á. Hdez.
Afderías: Altos provechos de las disciplinas de estudio. CUR
Soneto del sentimiento: Febrero. Á.H.
Rincón de Apuleyo: Asamblea de los animales.
Hemos leído: Castrillo habla. R. García de los Ríos
Educación física: Movimientos involuntarios. F. Sáez


FEBRERO, 2018




  Amigos, un nuevo número del blog AFDA, el 68
Febrero de 2018


Os venimos hablando a gritos de lo que más os importa y nos importa a vosotros y a nosotros como humanistas, cristianos y españoles. Volvemos a la carga con el presente nº 68 de AFDA. 

Desde nuestra torre del homenaje izamos en alto la enseña de España, glorificamos al Cielo con nuestros artículos y con ellos, por nuestra parte, mantenemos abierto el universal horizonte del Catolicismo. En ningún momento alejamos las yemas de los dedos de las teclas del estilo. 

Nuestras alas en vuelo planean hacia el magisterio. Nuestro lema sigue siendo el contundente tot lumina tot limina de nuestros maestros y, con ellos, desde nuestra modestia y parquedad, estamos en primer línea, al filo del amanecer, AFDA.  
 
Al margen del salterio, AFDA es nuestra manera de hablar con el Cielo -incienso y oración debidos-, a nuestro Dios Todopoderoso, autor del Cosmos y de la Gran Esperanza de nuestro Paraíso Eterno.






AMÓS, UN PROFETA VAQUERO


Amós había nacido en Tecua, un pueblecito a unos 80 kilómetros de Belén. Sus padres eran granjeros. Amós creció entre el pastoreo, el ordeñe y los trabajos que dan las vacas.  A Amós todo parecía prepararle un porvenir de vaquero más o menos rico en el reino de Judá.

Pero ni la naturaleza humana ni los primeros años de la vida, tan decisivos, ni las circunstancias familiares y sociales lo son todo. En el caso de Amós, desde luego, no lo fueron. 

De la dura y a la vez apacible tranquilidad del campo en la que vivía Amós, vino a sacarle una fuerza interior irresistible que le condujo a abandonarlo todo, sus vacas, su granja y los campos de higueras de sus padres, y a dirigirse como profeta al reino del Norte, a Israel. 

-  Yo no soy profeta –argumentaba Amós- ni pertenezco al gremio de los profetas. Yo soy ganadero y cultivo higueras

Amós se resistía. Pero la voz de Dios era más fuerte que su resistencia. Amós cedió a la voz de Dios, una voz que le arrancaba de su infancia en la granja con la que se consideraba unido de por vida. Era el mismo Dios quien le llamaba a abandonar su mundo rural, la granja y el campo. Amós, sumiso a la voz de lo Alto, confesaría:

-  El Señor me arrancó de mi ganado y me mandó a profetizar a su pueblo Israel.


Todo esto ocurría  en el siglo VII antes de Cristo. Amós predicó en un reino entonces próspero, Israel, demasiado confiado en sus propias fuerzas. Amós les decía a los israelitas muchas cosas. La más importante y que las resumía todas: que hay que vivir como Dios quiere y que de no hacerlo así, vendría el día de Yahvé, el día purificador y grande.

A Amós, dócil profeta de Yahvé,  se le notaba que había sido vaquero. Vaquero de alma y de costumbres y expresiones. Su infancia campesina le acompañó durante toda su vida. La veía en sueños. Despierto, se le ponía delante y hablaba de todo con lenguaje de vaquero, como si a lo que iba a decir se le pusiera un filtro de sus vivencias de niño de campo y de granja. 

Y es que no había perdido su condición de vaquero. En medio de la Naturaleza y de su soledad silenciosa se había abierto su existencia a la vida y, dentro de ella, a la llamada de Dios. Entre las vacas se había hecho un contemplativo y un hombre piadoso, allí adquirió el coraje y la generosidad, la nobleza  y la firmeza que eran su gran tesoro. Esa infancia y adolescencia tenían toda una enorme fuerza sobre el resto de su vida.

Ved con qué imágenes, con qué expresiones y con qué palabras de vaquero se expresaba Amós. Abrid su libro, uno de los profetas menores de Israel: 

“En todas las viñas habrá llanto (…) el buen jinete no se salvará (…) Yo os aplastaré en el suelo, como un carro cargado de gavillas (…)  Vuestras higueras y olivares los devorará la langosta (…)”.

Y cuando profetiza la esperanza del Dios Bueno que siempre acude en ayuda de los suyos:

“Aquel día levantará la choza caída de David, el pastor (…) Mirad que llegan días –oráculo del Señor- en los que el que ara seguirá de cerca al segador y el que pisa las uvas al sembrador (…) Fluirá licor de los montes y ondearán los collados (…) Los plantaré en su tierra y ya no los arrancarán de la tierra que les di, dice el Señor, tu Dios”.
Zereutes
Ancien élève de Évode Beaucamp 
y de Francesco Spadafora

 
5 Foco de cultura

Escuela de ayer


La Escuela fue ayer en numerosas ocasiones un “foco de cultura” para el barrio y para  la ciudad.
Era un referente cultural para su entorno.

Conferencias,  obras de teatro, festivales deportivos,  fiestas nacionales o locales que celebrar a toda pompa, revista colegial…  Asociaciones de  padres de alumnos y de antiguos  alumnos…  Catequesis fuera del centro.


Escuela de hoy

La Escuela hoy es una más ente otras muchas idénticas unas a otras,
meras escuelas en función de mínimos de aprendizaje
y de la mediocridad de los Gobiernos.

Escuela del mañana

¿Qué tipo de escuela puede florecer y lograremos que sobreviva mañana sobre un suelo mundial 
que hoy domina poderoso el Grupo Bilderberg?

Delante, la meta la tenemos, la mejor. En retaguardia no nos habrá de faltar ni la Historia, ni el alto Cielo, ni un enorme empeño, ni una vigorosa ilusión.

CUR



EL 4º MILAGRO DEL DIOS AMOR 

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS DE NAZARET
  

El hombre que vivió agradando plenamente a Dios

Antes de comenzar su vida pública como el predicador del Reino de Dios, Jesús recibe el bautismo de manos de Juan el Bautista. Los Evangelios sinópticos (Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-27) terminan la escena del bautismo de Jesús con estas palabras provenientes del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”. Estas palabras escritas bastantes años después de la muerte y resurrección de Jesús reflejan ciertamente la fe de los primeros cristianos en la filiación divina de Jesús (“mi Hijo amado”), pero también la complacencia del Padre en la manera histórica de Jesús de dar comienzo a su actividad pública: recibiendo como uno más entre la gente sencilla un bautismo para remisión de los pecados que Juan el bautista impartía gratis, en vez de acudir al templo de Jerusalén haciendo una ofrenda que costaba dinero para purificación de los pecados.
A lo largo de su ministerio itinerante como anunciador del Reino de Dios, Jesús continuó con su actuación no mesiánica: se dirigía preferentemente a los pobres, a los ignorantes, a los enfermos, a los pecadores, a los infravalorados y marginados…, y repetidas veces leemos en los Evangelios, y en especial en el Evangelio de Juan (cf Jn 5,19), que Jesús les habla y actúa con ellos, no por iniciativa propia, sino ateniéndose fielmente al deseo ardiente y a la voluntad compasiva de Dios Padre para con la gente maltratada por las autoridades religiosas y por los poderosos del país.

A Jesús lo único que le impulsa y preocupa de verdad en su hablar y en su obrar es agradar al Padre y no hay nada ni nadie —ni la incomprensión de sus propios discípulos ni la reacción hostil de los líderes del judaísmo— que le haga desviarse un milímetro en su fidelidad al Padre.
Los dirigentes judíos rechazaron a Jesús no tanto por su modo solidario de actuar con la gente menospreciada, sino porque afirmaba claramente que era el mismo Dios quien actuaba así a través de él: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios” (Jn 10,33).
Ni siquiera en el final antimesiánico de su muerte en cruz, consecuencia históricamente previsible, Jesús dudó, en medio de su soledad angustiosa, de la fidelidad resucitadora del Padre para quien en vida le había complacido totalmente: “Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que `Yo soy`, y que no hago nada por mi propia cuenta, sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él” (Jn 8,28-29).

La resurrección de Jesús: un hecho de excepcional categoría metafísica
 “Dios [Padre] ha resucitado a Jesús” es la primera proclamación que hicieron los Apóstoles como cristianos. Jesús de Nazaret es el primero y, hasta el día de hoy, el único resucitado. Nosotros, los creyentes cristianos, seguimos siendo mortales. La resurrección de Jesús tampoco ha cambiado el rumbo de la historia ni de nuestras historias. En consecuencia, no nos creemos en el fondo que en Jesús haya ocurrido algo que rompa y desborde nuestros verdaderos límites humanos: la muerte y el imperio entre nosotros de la injusticia, desigualdad, abuso, enfrentamiento, explotación…
Pienso que no reparamos ni tomamos en serio la realidad del hecho de la resurrección de Jesús ni el contenido significativo de la resurrección. Por el contrario, los primeros discípulos sí que se sorprendieron del acontecimiento de la resurrección de Jesús y de lo que significaba, y creyeron de verdad,
Ellos, como creyentes judíos, creían en la resurrección universal y futura de los muertos. No esperaban que ocurriera tan pronto la resurrección y, menos aún, que resucitara de entre los muertos solamente uno, el Crucificado, como tampoco esperaban el modo totalmente nuevo de ser del único Resucitado.
Los primeros cristianos confiesan que Jesús, a pesar de haber muerto, está vivo y, al mismo tiempo, declaran que vive para siempre gloriosamente. En el mismo hecho de la resurrección de Jesús tuvieron lugar simultáneamente los dos contenidos: su victoria definitiva sobre la muerte y su ascensión a la gloria del Padre. Si Lucas en los Hechos de los Apóstoles distancia la resurrección de Jesús de entre los muertos respecto de su exaltación gloriosa en 40 días y en 50 días de cara a Pentecostés, es  —una vez superado el cálculo erróneo de una inmediata parusía del Jesús glorioso—, para facilitar a los cristianos la comprensión del nacimiento de una nueva era en la historia de la salvación: la era de la Iglesia animada y guiada por el Espíritu Santo. En cambio, los hechos resurrección-ascensión-pentecostés ocurrieron en Jesús al mismo tiempo el día de Pascua.
Volviendo a las dos afirmaciones que los primeros cristianos sostenían a la vez acerca de Jesús resucitado, a saber, que Jesús, a pesar de haber muerto, está vivo y que vive gloriosamente, sentado a la derecha del Padre, hay que reconocer que ambas afirmaciones se salen del orden de la creación y de la historia. Metafísicamente hablando, son acciones totalmente extraordinarias. Y solo Dios puede ser su Autor. A raíz del acontecimiento de la resurrección de Jesús, el Dios de los cristianos es conocido como “Aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús, Señor nuestro” (Rom 4,24).


La resurrección o la respuesta agradecida del Padre al Hijo humanado siempre complaciente
En este apartado, más que la excepcional categoría metafísica de la resurrección de Jesús, una acción sin analogías en la naturaleza ni en la historia, nos interesa poner de relieve la respuesta agradecida de Dios Padre a la fidelidad complaciente de Jesús para con Él a lo largo de toda su existencia humana. Lo resaltaremos concretamente en tres respuestas dadas por Dios Padre a otros tantos puntos de la vida y muerte de Jesús:
1.     Respecto a la condena injusta a muerte de Jesús
A la mirada de los testigos de la resurrección de Jesús, era patente que Dios Padre, con su intervención resucitadora, declaraba inocente a quien el sanedrín había sentenciado a muerte y a quien Poncio Pilato había mandado ejecutar como contrario a la soberanía del emperador: “Jesús, rey de los judíos”.

2.     Sobre el modo original de Jesús de vivir como “Mesías”
Dios Padre, resucitando a Jesús, proclamaba a los ojos cristianos que Jesús, a pesar de su vida no mesiánica y de su muerte antimesiánica, era el auténtico Mesías prometido por Yahvé desde hacía siglos al pueblo de la Alianza. La primera confesión de fe cristiana fue muy probablemente “Jesús es el Mesías=Cristo”, que al fusionarse se fijó como nombre en “Jesucristo”. Seguramente Jesús de Nazaret no se intituló “Mesías” en su vida histórica. En los Evangelios sí que se le llama muchas veces, ya sea por boca de los mismos discípulos, de los enfermos, de los demonios… Los primeros discípulos aprovecharon la composición posterior de los Evangelios para confesarlo “Mesías”, y así “reparar” la falta de fe en Jesús como Mesías en su convivencia con el Maestro.

3.     Hijo de Dios Padre en sentido real
En sentido metafórico son muchos los puntos de vista desde los cuales Dios es denominado “Padre” de los seres humanos. La razón más extendida en las diversas religiones es la consideración de Dios como origen de la vida. Si llamamos “padres” a nuestros progenitores, ¿cómo no considerar “Padre” al Manantial de la vida? Otra argumentación es la que se basa en una alianza establecida entre Dios y un grupo, por la que Dios se compromete a proteger y a favorecer la historia de los suyos a cambio de que estos cumplan con las exigencias dictadas por Dios a través de mediadores humanos. Otra manera de relacionarse el ser humano con Dios como “Padre” es a través de la mística. Esta vía es más bien de carácter subjetivo. Etcétera.
Solamente en el caso de Jesús hablamos de una relación real de “Padre” a “Hijo”, y viceversa, que se puso de manifiesto precisamente a la luz del acontecimiento de la resurrección de Jesús cuando este se encontraba en el punto 0 de la existencia humana, punto en el que se introduce la muerte y amenaza con la destrucción total. Fue entonces cuando, antes de que la muerte tomara posesión definitiva del muerto y sepultado Jesús, el Padre-engendrador-de-vida-sempiterna engendró [en el Amor del Espíritu Santo]  como Padre real a su Hijo siempre complaciente Jesús, quien como Hijo real recibió del Padre [en el Amor del Espíritu Santo]  la plenitud de la vida divina.
EDUARDO MALVIDO
Maestro, teólogo y catequista




UNA MEDIA DOCENA DE INTELECTUALES 

                                     EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

 
En las Cortes constituyentes de 1931 se daba lo que entonces se llamaría “la isla de la intelectualidad”. En ella estaban Ortega y Gasset, Marañón, Pérez de Ayala. También hubo islotes aislados de buena roca rompeolas, como Unamuno y Jerónimo García Gallego. Contemporáneos suyos fueron oradores de la talla del literato Manuel Azaña y el entonado José María Gil Robles. Más adelante llegaría a las Cortes de entonces el joven José Antonio Primo de Rivera de palabra precisa y estilo católico y muy español. 

Es lo que hoy echamos de menos. Que no haya quien pare con autoridad la marejada de vulgaridades, de chabacanería y de lugares comunes que, desde tan representativa tribuna, nos sirven al pueblo español, merecedor de más alto nivel, por su historia y por su silenciada realidad presente. 

Nuestros mejores de España y de su Imperio en los siglos de Oro se proclamaban humanistas. Es decir, se proponían acentuar en su persona y con hechos todo lo humano que había en ellos. Y hacerlo equilibradamente conjugando inteligencia, sentimiento, pasión y voluntad. Sentir, apasionarse, amar, recrearse, eran verbos que entraban en su ideal, al lado de los humanistas de entender y comprender. 

A aquellos intelectuales de la República les faltó la alta idea de España y el llegar a punto, como exige la política, praxis en el momento preciso, ni antes ni después. Se quedaron en intelectuales. Pero, hoy, ni eso. Así, el actual espectáculo es de ordinario lamentable.  

Lo ideal para el Parlamento, hombres completos. Todos habrían de ser cerebros y cálido corazón en posesión de una vasta cultura. Con suficiente elegancia intelectual y adecuada preparación profesional.


¡En su defecto, como mínimo, media docena de intelectuales

  


RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional







Madera de boj


Versión reducida (ver en la Addenda la versión extendida)



Si tenemos en cuenta que cuando en 1989 a Cela le fue concedido el Nobel de Literatura estaba ya enfrascado en la que sería su última novela, los diez años transcurridos nos llevan a pensar en que se trata de una obra, además de generosa en extensión, concienzudamente elaborada.

Cabe, lógicamente, suponer, que cuando los años se van echando encima, la fatiga de la mente es mayor, los reflejos más lentos y la resistencia menor. Aunque, en valiosa contrapartida, la técnica aprendida y la experiencia acumulada compensan con creces tales deficiencias. No diremos, acudiendo al tópico, que “Madera de boj” es, por tratarse de su última novela, el testamento del escritor. Sí, que esta circunstancia se deja sentir en la obra, y que la muerte, sentida sin lugar a dudas más próxima, está presente con especial  protagonismo. Como en anteriores producciones, el autor se mantiene fiel a su idea de que la novela es reflejo de la vida, y como tal no puede tener argumento previo ni más desenlace que la muerte, esa pirueta que no es siempre igual. Cela,  a un tiempo  protagonista,  testigo y  narrador, se muestra contrario a la clásica estructura de planteamiento, nudo y desenlace. La preocupación por el orden –dice- es enfermiza y tiene poco sentido, pues cuando creemos que vamos a un sitio, la vida empieza a girar enloquecidamente  y nos lleva cubiertos de mierda a donde le da la gana. La expresión de este girar permanente se expresa a través de una estructura circular y cíclica.

Si la fragmentación y la reiteración hasta la letanía son signos inequívocos del estilo celiano, en “Madera de boj” la atomización es extrema y el retorno insistente. Cuenta el autor con abundante documentación –fruto de un concienzudo trabajo de campo- sobre temas muy distintos y a la vez muy próximos: historia próxima y lejana, mitos, tradiciones, leyendas, dichos, supersticiones, conjuros, creencias… y una cumplida relación de naufragios ocurridos en el litoral gallego o en su proximidad. Y parece como si, desarrollados por separado y completada la redacción de cada asunto, los hubiera troceado y barajado después, y ofrecido el resultado, aparentemente caótico, a la consideración del lector. No existe protagonista, pero sí un personaje central: la Costa da Morte. Si “Mazurca para dos muertos” nos acercaba a la Galicia campesina, la de tierra adentro, en  esta  ocasión  Cela rinde homenaje a la Galicia  marinera. El mar es, sin duda, elemento fundamental en “Madera de boj”. Son muchas las ocasiones en que a lo largo de la obra se hace presente el mar, y en todas ellas con especial sentimiento poético que nace de la proximidad de la tierra que vio nacer a don Camilo y que despierta en él lo más primitivo y ancestral. El arraigo a la propia tierra es irrenunciable. El  alma gallega de Cela se evidencia a cada paso. El autor, a un tiempo protagonista, testigo y narrador, siente con la tierra, su tierra, y con la gente, su gente, y nos hace partícipes de ese sentimiento colectivo. Esa proximidad a la tierra lleva al autor a mantener  permanente contacto con la naturaleza y a descubrirnos, aquí y allá, elementos que la conforman y consideraciones claramente ecologistas. Se denuncia la caza indiscriminada de la ballena y se advierte sobre las graves  consecuencias. Se lamenta la agresión de que son objeto ríos y playas. Y en varias ocasiones, al referir determinados naufragios, se pone la atención en el vertido de crudo, lamentable situación que llega a considerarse acción propia del diablo. El mar sigue presente cuando se detallan artes de pesca, cuando  se  describen maniobras o  formas de navegación, o se refieren, en ocasiones con detalle, tormentas o naufragios.

Sexo y muerte, eros y tánatos, dos temáticas siempre presentes en la novelística celiana; en esta ocasión la presencia de la segunda, mucho más patente. En ocasiones se hace presente un cadáver, se asiste a un velatorio  o  se  da  sepultura  al  difunto. Relación entre vivos y muertos, comentarios  con  ligero  tono   macabro. Muertos son también los ahogados, no siempre consecuencia de naufragio. Y forman parte también de la nómina de difuntos quienes deciden atentar contra la vida propia. Próximos a la muerte, los muertos vivientes y las almas en pena. De las ánimas se comenta bastante, como no podía ser menos en un contexto de meigas y misterio. Frecuentes  alusiones a la Santa Compaña y a fantasmas y apariciones. En “Madera de boj” caben todas las fantasías y están presentes todos los misterios: animales fabulosos, leyendas, supersticiones, conjuros, meigas, demonios… Tradiciones y leyendas se evocan también, como una letanía más. Meigas  en Galicia, haberlas, haylas.  Sobre  su origen, condición y    facultades   se  hacen   también  apreciaciones. También las supersticiones forman parte de esa tradición oscurantista. Y creencias religiosas, también de tradición popular, no muy distantes de la superstición. También en el ámbito de las creencias y del misterio, el demonio, sus poderes malignos, los endemoniados y el exorcismo. Y en ese contexto mistérico y oscurantista, abundantes referencias al purgatorio o al infierno y a las penas que padecen los condenados.


Historia y leyenda, realidad y ficción. Hemos venido reconociendo elementos que pertenecen al ámbito de la fantasía o de la trascendencia, saldremos ahora al encuentro de lo más próximo y tangible. Llama la atención el conocimiento que el autor demuestra tener del contexto en que se desarrolla la novela. La Costa da Morte se recorre palmo a palmo, punta por punta donde se recuerda tuvo lugar algún naufragio. Se describen al  detalle  lugares especialmente peligrosos para la navegación, y las difíciles maniobras que requieren. No faltan elementos mitológicos, o datos sobre sucesos históricos más o menos próximos. Y no podía Cela pasar de largo sin hacer alguna referencia a la guerra civil española.

Descendiendo al terreno de lo cotidiano, remedios, dichos y retahílas, recetas y observaciones gastronómicas, juegos y deportes… Asuntos triviales, como  recetas culinarias o consejos gastronómicos, y, más coloquial si cabe, la amplia relación de apodos.

Un tipo de personaje que no suele faltar a la cita en la novelística celiana y al que don Camilo suele tratar con clara sensibilidad y especial  cariño dentro de la crudeza en el reconocimiento de sus deficiencias y  de la exclusión  social sobrevenida, es el parvo, el ‘tonto’ del pueblo. En “Madera de boj” aparecen seis personajes que presentan un grado mayor o menor de deficiencia. Tampoco el sarcasmo y la humorada podían faltar, conociendo al autor. Algún comentario, jocoso y escatológico a un tiempo, también se deja caer.

Eros y tánatos, decíamos, elementos recurrentes. En “Madera de boj”, más la muerte que el sexo; aunque este, aunque en menor  medida que en otras obras, también está presente. Desde el inocente magreo, a la orgía o al bestialismo. Sobre muchas otras cuestiones se recuperan máximas o se hacen reflexiones: la envidia, el machismo, las actitudes racistas…

Haremos finalmente algunas consideraciones sobre el aspecto formal y sobre el título que Cela quiso para esta obra. Aparte la variedad y propiedad del léxico y la extraordinaria  facilidad  que  el  autor, como en el resto de sus creaciones literarias, pone de manifiesto, hay en ésta un añadido que se hace preciso resaltar. Si en La catira don Camilo nos sorprendió con el uso del guajiro venezolano, posiblemente reinventado en algunos de los términos y expresiones utilizados, ahora nos ofrece, usados con la mayor naturalidad y oportunidad, la jerga de la Galicia marinera y un popular castrapo –híbrido a mitad de camino entre el gallego y el castellano-, e incluso se ilustra, a quien interese, sobre la singularidad del pesco y su peculiar fonética. Respecto de la estructura formal, insistiremos en la fragmentación, dispersión y reiteración permanente, habituales en sus novelas. Añadir también que la heterodoxia se expresa una vez más en la voluntaria desatención a determinadas pautas ortográficas. Sin llegar al extremo de “Oficio de tinieblas 5”, donde mayúsculas, comas o puntos están totalmente ausentes, “Madera de boj” mantiene las normas que dictan los cánones ortográficos a excepción de una, ciertamente importante: el uso de los puntos. Sólo uno, el final, hace acto de presencia. El resultado, un ritmo rápido, vertiginoso, que en un principio puede resultar extraño, molesto incluso, pero que a medida que uno se habitúa, casi se agradece.

¿Por qué “Madera de boj”? ¿Es título aleatorio, o se trata de un intencionado símbolo, que lleva implícito un mensaje del autor? A Dick, hermano de Cam, bisabuelo materno del narrador y cazador de ballenas en las Azores, se le atribuye una clara  obsesión: hacerse una casa con las vigas de madera de boj, pero los caprichos no pueden escapar a las disposiciones de la  Divina Providencia, y se murió antes. Al parecer, Cam, su hermano, tuvo la misma intención, pero le faltaron constancia, salud, merecimientos y arrestos. El sueño de Cam y la obsesión de su hermano Dick acabaron por convertirse en un reto familiar, que hasta el presente nadie logró superar. ¿Por qué nadie lo consiguió? ¿Dónde estriba la dificultad? La madera de boj es dura, compacta y de bello  pulimento, pero es difícil cortar vigas de madera de boj, no pueden ser muy grandes, para hacer una casa con madera de boj hace falta siempre tiempo y arraigo.



Nadie tuvo jamás una casa con las vigas de madera de boj. El caso es que Cela –‘el que resiste gana’- tampoco se conformó con estos útiles  de  consolación,  sino que pareció heredar el sueño de sus antepasados. Hay quienes han querido ver representado en el título la persistencia, el esfuerzo que Cela hizo hasta el final  por sacar adelante esta última obra. ”No crean que voy a darles las gracias  por ayudarme  a morir  con  las botas puestas, aún  no me ha llegado la hora”, decía  don  Camilo a los asistentes al acto de presentación de su novela en el paraninfo de la Universidad de Barcelona. Consideramos que la simbología es doble. De una parte, la firme voluntad, la consistencia y la perseverancia en el esfuerzo que siempre caracterizaron al autor, y que de manera singular se pusieron de manifiesto en la publicación de “Madera de boj”, obra prieta, densa, consistente, como la carne de boj, de lento pero firme crecimiento. Y de otra, el arraigo necesario para conseguirlo. Arraigo a la tierra, que Cela siempre supo suya, por alejado y distante que en ocasiones los avatares de la vida quisieran situarle. Por Cornualles, Bretaña y Galicia pasa un camino sembrado de cruces y de pepitas de oro que termina en el cielo de los marineros muertos en la mar, las palabras con que Cela  pone fin a su novela. Un camino, ¿el de Santiago? Cualquier camino, le llevará, no importa desde donde, a su Galicia natal.

ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro, doctor en Ciencias de la Educación y estudioso de Cela



Altos provechos de las disciplinas de estudio


  • Con las matemáticas aprendimos que todo cuanto existe o imaginamos tiene esqueleto.


  • La física en el laboratorio en nuestra Escuela de Magisterio nos enseñó que los experimentos no siempre salen bien, pero que son como dice el libro.

  
  • De la química, una gran lección: que en todo, aún para los más sabios, es preciso volver de cuando en cuando a la tabla de los elementos. Experimentado, lo había apuntado Marañón.
  
  • Las ciencias naturales nos enseñaron a tomar posesión de los bosques y de los jardines, llamando a cada maravilla natural y a las malas hierbas por su nombre propio.

  •  En las clases de lengua nos trilló la gramática como a todos  y dimos en ella granzas, rémora de la lengua en vuelo. 

  • Pero llegó Orizana y hubo lengua triunfal al detalle y al por mayor.  

  • Por la declamación supimos que con las piedras de Demóstenes en la boca no se garantizaba al orador.  

  • De la Historia nos queda el polvo de los siglos y en el alma a fuego el granítico edificio del monasterio de El Escorial.  
 
  • La geografía nos dio la sed de suplir sus vacíos y el apremio de recorrernos el redondo mundo de las esferas mundiales y de patinar sobre el plano de tela de los mapas que nos colgaban delante de la pizarra. 

  • La filosofía nos inició en nuestro primer amor –a algunos se nos hizo pasión con el trato-, la joven Sofía. En él permanecemos de por vida, sin darnos treguas, unión indeleble. 

  • Lo bueno y lo malo del francés es que nos hicieron aprender la lengua de Boileaux a la par que la de la calle. 





  •  Lo mejor de las clases de griego eran las historias de espartanos, las Termópilas, Ulises, etc. 

  • La religión no la terminamos de aprender, nos aprehendió ella, nos arrebató a los cielos, como al profeta Elías.

  • El dibujo venía en la escuela después de la clase de lengua, así que nos enseñó que en la vida no siempre pintan bastos ni tampoco oros y que no es tan fiero el león como lo pintan. También, que era buena pintar algo en la vida. 


Addenda

  • El “redactar, redactar, redactar” de E. d´Ors nos puso alas y la lectura de la colección Ribadeneira nos dio aire y cielo. Volamos alto y lejos.

  • Sucesivamante, lápiz-estilo, pluma-estilo, tecla-estilo, teclado-estilo, y nos nacía con la ayuda de inteligentes amigos el Método Redacta, único graduado y completo en España y en Europa, primer premio de innovaciones didácticas del CDL, 1980. 
CUR











ASAMBLEA DE LOS ANIMALES





Bestias, animales,
alimañas, bichos,
insectos, ballenas,
peces, pajaricos,
vivales, bivalvos,
todos entredichos,
los alados altos,
los terrestres rísquidos,
los mareadores
de los mares líquidos,
los vegetarianos
y los muy carnívoros,
seáis bien-vinientes,
seáis recibidos,
en esta asamblea
de pobres y ricos,
de gordos y escuálidos,
de tontos y listos,
de fuertes y débiles,
tiernos y pacíficos…
y atended al dato,
fábula o cuentillo.

Siempre a San Antonio
habréis por padrino,
junto a primos, primas,
yernos, tías, tíos,
abuelos o tatas
(tatuarlos hoy mismo)
y mereceréis
o premio o castigo.
Depende de a cual
de los dos principios
os lleve la mente
u os incline el vicio.
 

Águila es el rey,
zorro es el político,
lobo el anticuario,
víbora el omnívoro,
tortuga el vagante,
farsante el amigo,
caballo el autómono,
buitre el rato(n) prístino,
búho el escritor,
hormiga el sufrido
siervo del señor
por paja o por trigo,
cigarra el poeta
no épico, lírico,
urraca Pujol
y el que fue consigo
a abrirle las arcas
del catalanismo,
pulpo el corruptor,
bisonte el mamífero,
elefante el trompa,
cabrón el cornífero,
toro el que se enfrenta,
el que no, cochino,
y de tal manera
miles de pardillos
o arrebata capas,
sombreros y abrigos
de aquello que pilla
para su amplio ombligo.

Basta ya por hoy.
Simplemente aviso.









Castrillo habla, 
JORGE    URDIALES    YUSTE,   
Ediciones Cinca, Madrid, 2017.


Miguel Delibes nos dejó un libro maestro: Castilla habla, al que acudimos cuando queremos escuchar su voz, la del maestro y la de Castilla. Castrillo habla es libro más limitado. Si habla más bajo que el del maestro, no habla menos claro. Su voz es también la de Castilla. 

El lector tiene en sus manos la vida y costumbres del Castrillo Tejeriego (Valladolid) de sus últimos 100 años. El autor ha llevado el nombre del pueblo a muchos de sus artículos. Con la excusa de difundir la obra de Miguel Delibes, ha nombrado una y otra vez a las gentes, los pagos, las fiestas, las calles y el transcurrir cotidiano de Castrillo Tejeriego. 

No solo de artículos ya publicados vive este libro. Se nutre también de algunas entrevistas a pie de calle y de corral y hasta con unos cuantos poemas de su poetisa, Palmira San José.

Este libro le quiere decir al mundo cómo Castrillo habla, trabaja, anda, siente y padece, mira al cielo, espera la lluvia, acoge al forastero, celebra la fiesta de Capilludos o recuerda a sus antepasados. Es una pequeña muestra de los quehaceres de un lugar castellano que señorea el Valle del Jaramiel, entre el río Duero y el río Esgueva, que tiene alma propia. A fin de cuentas, como diría Delibes, el pueblo permanece… 

Castrillo permanece y nos habla.            

 R. García de los Ríos


               
         








MOVIMIENTOS INVOLUNTARIOS

Los  movimientos involuntarios se escapan a la propia intención de efectuarlos. Al tratarlos, nos referiremos solamente a movimientos de base fisiológica, no patológica, puesto que éstos últimos no pertenecen al ámbito de la educación física.
Algunos autores dividen los movimientos involuntarios en dos grupos: asociados  y automáticos. División que seguimos por considerarla esclarecedora y didáctica. Por la misma razón establecemos la distinción entre los movimientos involuntarios y los movimientos reflejos, que los trataremos de manera separada.
Los movimientos asociados también se conocidos como sincinesias. Éstas son  movimientos involuntarios de alguna parte del cuerpo que coinciden con movimientos voluntarios efectuados en un lugar distinto del mismo cuerpo. Se realizan simultáneamente con otros voluntarios; por ejemplo, mover los brazos al andar. Son propios de niños con su sistema nervioso aún inmaduro; a medida que éstos  maduran, se deshacen de sincinesias inútiles.

Existen diferentes tipos de sincinesias. De imitación: al mover una mano en prono-supinación, la otra mano tiende a realizar la misma acción; propia de niños de 5-10 años.  Axiales: un movimiento voluntario desencadena otro involuntario; por ejemplo, al abrir la boca se abren las manos; propios de niños de 0 a 6 años. Coordinativos: la ejecución de una acción más o menos compleja induce a la realización de otro acto motor asociado; por ejemplo, al hacer el esfuerzo de escribir, sacar la lengua; propio también de niños.
Los movimientos automáticos, en sus expresiones más conocidas, se encuentran entre los movimientos voluntarios y los reflejos. Pueden distinguirse tres categorías: de protección, expresivos y secundarios. De protección o defensa: aquellos movimientos que de manera instantánea nos alejan de un peligro o nos hacen reaccionar ante una agresión; algunos de ellos son de una complejidad funcional muy elevada, desencadenando también, respuestas de estrés emocional. Expresivos: dan origen a expresiones faciales segmentarias o globales ante unas determinadas  situaciones como pueden ser de angustia, de alegría, etc. Secundarios: aparecen después de la repetición de movimientos voluntarios; se percibe y controla el inicio del movimiento pero no el transcurso del mismo; el final puede percibirse de manera consciente; como ejemplos más característicos se encuentran la bipedestación, la locomoción y la respiración; son denominados movimientos rítmicos por algunos autores.

Francisco Sáez Pastor
Universidad de Vigo



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Envíanos tus comentarios