Diciembre,
2018
ÍNDICE
PRINCIPAL
Pregón:
¡Misterio!
Ancianos
bíblicos:
El anciano Jacob
(I). Zereutes
Joyas
teológicas de arte (III):
Regreso
del hijo pródigo.
Eduardo
Malvido
Efemérides:
Los
70 años de la Escuela de Magisterio La Salle.
Teódulo
G.R.
Alta
política con estilo:
Cultura
y ascesis, deberes sagrados.
R. Duque de Aza
Rincón
de Apuleyo:
Lenguaje
políticamente correcto. Rimas humanas
Soneto
desde el sentimiento:
Sombras
de invierno.
Á.H.
Afderías:
Compostelerías
nuestras.
CUR
Educación
física:
Forma
del ejercico físico.
F.
Sáez
El
alma de la maravilla de las cosas duerme en el fondo de todas ellas.
Es lo que llamamos misterio. Lo que ocurre es que no vemos a primeras
dónde está el misterio ni en qué lugar con nuestro roce con las
cosas saltará la chispa que fulgure por unos instantes y haga
posible que se inicie un fuego que nadie detenga.
Me
ocurrió hace días en un encuentro con un alumno que asistió a mis
clases hace la friolera de sesenta y tantos años. Me dijo que le
decidió de por vida para el arte una clase de la que ni guardo
recuerdo. Por lo visto les presentaba yo aquel día a mis alumnos el
Pórtico de la Gloria. Yo ni lo recuerdo. Quizá terminé mi
comentario con lo que suelo decir cuando hablo de esta maravilla de
nuestro románico, que estoy seguro que será transportado piedra a
piedra, enterito, al Reino de los Cielos, cuando suene el fin de los
tiempos y todo vuelva al polvo del que salió, lo merece.

Yo
había hecho de mero catalizador, de conductor de aquella energía
sobrehumana.
La
moraleja: cuidar todo, que todo encierra en sus adentros misterio y
alma de maravilla, estar siempre dispuesto a la función de
catalizador, de buen conductor de una energía superior. Si todo lo
haces bien, adelantas con lo que haces el pedernal del que puedan
saltar chispazos de la luz de un gran incendio.
EL
ANCIANO JACOB (I)
Jacob
o Israel
En el árbol bíblico de los grandes patriarcas de Israel Jacob es el tercero. Yahvé es el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Del tronco de Jacob surgirán las doce tribus de Israel. De él tomarán el nombre de israelitas: Jacob es Israel.

A su regreso a Canaán, Jacob ha peleado con un ángel toda una noche. Ha salido vencedor, aunque herido. El ángel se ha visto obligado a bendecirlo y, por la lucha sostenida, le ha dado el nombre de Israel, “porque has luchado con Dios y con los hombres”. Ni más ni menos que lo que ha sido nuestra vida hoy de ancianos. Hemos luchado con Dios y con los hombres.
Desgarro de fiera
Jacob
tiene parte en los males que desencadena la envidia y el odio de sus
hijos por José. Los ha alimentado con su preferencia por José que
es el hijo de la esposa preferida, Raquel, y “porque José había
nacido cuando ya era entrado en años”. No había aprendido o se le
había olvidado lo ocurrido en su casa con su hermano Esaú, que le
odió a muerte por las fatales preferencias de Isaac y de Rebeca.
José viste una espectacular túnica con mangas, propia de un
príncipe, y les cuenta a sus hermanos y a su padre unos sueños de
grandeza que no aguanta ninguno. La reprensión de Jacob es demasiado
blanda porque no se está enterando del problema familiar que tiene
en casa con hijo tan querido y de tan buena planta entre sus
hermanos.
Crece
la tensión que va a dar en tragedia. La detiene el mayor de los
hermanos, Rubén, hijo de Lía. Venderán a José como esclavo y le
dirán a su padre que ha muerto entre los dientes de una fiera. Jacob
se queda con la anécdota, no se detiene a pensar en las causas de la
muerte de su hijo y se abandona a una pena morbosa que alimenta como
para que la muerte se lo lleve a él también.
Con
su comportamiento parece decirnos: Ojo al parche, anciano, que ya no
reaccionas como antaño, pero has de ver las cosas con detenida
profundidad sin quedarte en la superficie. Busca las causas, no te
pares en los hechos. Que nunca te señoree el morbo de la pena más
justificada.
ZEREUTES
Ancien élève de Évode Beaucamp
Ancien élève de Évode Beaucamp
y
de Francesco Spadafora
"Regreso
del hijo pródigo”
Rembrandt van Riij
(1606-1669) pintó el “Regreso del hijo pródigo” hacia el año
1668. Es un lienzo al óleo de grandes dimensiones: 262 cm x 205 cm.
El cuadro se exhibe en el Museo del Ermitage, San Petersburgo.
El título del cuadro me hizo
pensar enseguida en la parábola del evangelista Lucas 15,11-32.
¿Quién no conoce el relato evangélico? Una primera parte en la que
el hijo menor pide por adelantado la parte de la herencia que le
correspondería tras el fallecimiento de su padre y sale de su hogar
a otro país para disfrutar de los placeres de una vida libertina. En
la segunda parte asistimos a la situación de un hombre arruinado y
degradado de su anterior condición social, hasta el extremo de no
poder comer ni siquiera como los cerdos a los que tiene que atender.
Es entonces cuando decide interesadamente volver adonde su padre con
la esperanza de ser tratado como uno de los jornaleros de la finca
del padre. En la tercera parte acontece la sorpresa más inesperada:
el padre que lo vio venir a lo lejos, corrió a su encuentro, se echó
a su cuello y le pobló la cara con sus besos. Y sin dejar hablar a
su hijo vestido andrajosamente, ordenó a sus siervos que le trajeran
el mejor vestido y las más vistosas sandalias y que prepararan todo
para celebrar una gran fiesta. Viene después una última parte en la
que constatamos las reacciones del todo contrarias entre el padre y
el hijo mayor ante el regreso del hermano menor.
Con este relato en la memoria
miré el cuadro de Rembrandt. Al instante advertí estas diferencias
entre el texto de Lucas y la pintura del maestro holandés:
-
El encuentro no tiene lugar en ningún camino…
-
Se nos omite toda alusión a la primera parte, a la vida disoluta del muchacho. De la caída del hijo menor en la ruina y en la miseria dan testimonio únicamente los harapos que lo cubren…
-
El padre es un anciano que mira con los ojos casi cerrados al hijo. Nada de él nos hace pensar que sea el padre de la parábola de Lucas que ve a lo lejos a su hijo y que sale corriendo a su encuentro…
-
La orden dada por el padre a los siervos de que trajeran vestidura y calzado nuevos no tiene eco en la escena pintada por Rembrandt. Se diría que el pincel del maestro del claroscuro se detuvo en el encuentro misericordioso del padre con el hijo…
-
Tampoco hay alusiones perceptibles de la gran fiesta que el padre anuncia que se va a celebrar…
-
Ni sale tampoco el padre al encuentro del hijo mayor para explicarle el motivo del banquete que ha mandado organizar ni las razones que alega este último para no participar en la fiesta…
El protagonista del lienzo y
el personaje claramente identificado es la figura del padre de los
dos hijos. No es ciertamente el padre de la parábola de Lucas que a
la vista lejana del hijo pequeño corre veloz a su encuentro, pero
Rembrandt ha sabido llenarlo de misericordia y de ternura de modo que
la escena pintada supera la descripción literaria del evangelista
Lucas. Rembrandt nos presenta la enorme figura del padre delante del
espectador, agrandándolo aún más con la suave luminosidad que
desciende sobre el hijo arrodillado y va a reflejarse en el lado
izquierdo del rostro del hijo mayor. A la luz que sobre todo
entrelaza al padre con el hijo menor, acompaña el doble gesto
amoroso y acogedor de la cabeza levemente inclinada del padre hacia
el hijo y sus dos manos posadas sobre la espalda del hijo pequeño.
La túnica de color rojo cálido que cae de los hombros del padre
sobre el hijo da la sensación de ser dos alas hospitalarias.
El personaje del cuadro de
Rembrandt que plantea la pregunta sobre su identidad es precisamente
la del “hijo pródigo”. ¿Es sin más el hijo pródigo de la
parábola de Lucas? Antes de responder a esta pregunta conviene
recordar una serie de datos. Los expertos afirman que esta joya del
arte barroco es la última que pintó el maestro holandés. La datan
entre los tres años últimos (1666-1669) de la vida del artista. En
esos años Rembrandt se encuentra totalmente arruinado y vive en
extrema soledad con el recuerdo doloroso de haber perdido a sus dos
esposas (Saskia y Hendrickje), sobre todo a la primera y a sus dos
hijas en vida de ella y más tarde, el año anterior a su propia
muerte, a su hijo Titus. Fue a partir de la muerte de Saskia, que
murió con tan solo 30 años, cuando la pintura de Rembrandt se tornó
claroscura y tenebrista, y su técnica del pincel más sobria y
vigorosa. También los católicos debemos recordar que Rembrandt era
protestante, concretamente calvinista, y que los protestantes
interpretan las Santas Escrituras guiándose por sus propios
criterios, sin atender al magisterio de la Iglesia.
Por las razones apuntadas,
pienso que el hijo pródigo que aparece en el lienzo pintado al óleo
es el mismo Rembrandt en su vejez desolada que solo encuentra calma y
acogida compasiva en el regazo de Dios. La cabeza rapada y el rostro
agotado en su perfil izquierdo reflejan el final esperanzado de la
trayectoria existencial del ser humano Rembrandt van Riij. Los pies
del hijo pródigo no corresponden al rostro de un bebé neonato que
describen algunos intérpretes, sino que son los pies del propio
artista al término de sus días.
Entendido de esta manera el
cuadro del afamado pintor, se explican las originalidades que hemos
anotado arriba respecto de la parábola del evangelio de Lucas. Basta
comparar el aguafuerte que Rembrandt dibujó en 1636, al menos
treinta años antes, sobre el texto evangélico de Lucas para
apreciar las novedades personalizantes que el maestro holandés
introdujo en su
parábola en los últimos años de su vida.
Aguafuerte 13,6 x 15,6
cm dibujado por Rembrandt en 1636 como consta en la parte superior
del 1er peldaño. Refleja mejor el evangelio de Lucas que la tela
pintada al óleo por el artista hacia 1668, si bien en el aguafuerte
está ausente el hijo mayor.
En cuanto al hijo mayor que sí
aparece en el cuadro último de Rembrandt, nótese que su fría y
distante presencia contrasta con la actitud acogedora que el padre
muestra hacia su hijo pequeño. ¿Corresponde el hijo mayor a la
identidad de los fariseos que se creían merecedores de los dones
recibidos de Dios y que no se contentaban con gozar de la presencia
amorosa del padre de la parábola de Lucas? Opino que la identidad
del hijo mayor es también la del propio Rembrandt. Obsérvese que la
cara del hijo arrodillado no mira para nada a su hermano que se niega
a darle el abrazo reconciliador del padre. Es como si Rembrandt
dijera al espectador que reniega de su anterior apego a la actitud
autosuficiente de los años de prosperidad económica, en los cuales
él mismo no depositaba en Dios su confianza y esperanza de cara al
futuro de su existencia.
3 LOS SETENTA AÑOS DE LA ESCUELA DE MAGISTERIO
Aunque la fecha no tiene el reclamo de otras efemérides (Bodas de Oro, Centenario...), la celebración que durante este curso hace el Centro Superior de Estudios Universitarios (Aravaca) de los setenta años de la primitiva Escuela Normal “La Salle”, me invita a glosar este acontecimiento, de gran significado para no pocos de entre los lectores de AFDA.
La Escuela de Magisterio de Griñón, nacida en el año 1948, gracias a la conjunción de dos mentes extraordinarias –los Hermanos Guillermo Félix y Claudio Gabriel, “Orizana”, celebra sus setenta años de una existencia fecunda y luminosa.
Esta reseña no puede, obviamente, ser una crónica de estas siete décadas, sino que desea, más bien, exponer una breve visión personal y destacar algún periodo concreto en el cual descolló de manera sobresaliente. Dejando, por una parte, sus gloriosos años fundacionales, inspirados por la gran personalidad del H. Claudio Gabriel, años que significaron la irrupción valiente y generosa de una nueva institución lasaliana en el mundo de la pedagogía y la emergencia de unas brillantes generaciones de maestros, y descartando, por otra parte, entrar en la compleja y rica variedad de propuestas universitarias en la “actual versión” de la Escuela -el Centro Superior de Estudios Universitarios-, deseo centrarme en lo que se puede llamar, sin hipérbole ni autoalabanza inapropiada, una “Década prodigiosa” o, en lenguaje más realista, una “década decisiva” para la Escuela. Me refiero al periodo que abarca desde 1968 a 1978.
En estos años la
transformación de la Escuela de Magisterio fue radical: comenzó con
una renovación
(casi revolución) metodológica
en las aulas de Griñón (desde las exigencias del Plan de 1967) y
terminó con la adscripción de la Escuela de Magisterio por la
Universidad Autónoma de Madrid, como "Escuela Universitaria”.
Un recorrido en el que la Escuela realizó un despliegue de
creatividad, adaptación, capacidad de servicio pedagógico y
valentía. La renovación realizada a través de los “métodos
activos” y de la “educación individualizada” y “educación
personalizada” fue un reclamo incesante para profesores y pedagogos
en los últimos años de Griñón y en los de su presencia en
Aravaca. La Comisión Episcopal de Enseñanza le concedió el título
de Centro Piloto,
debido a sus esfuerzos en pro de la renovación de la pedagogía de
aquellos años. “El
Centro Piloto, decía
la Comisión
Episcopal, lo hacen, sobre todo, los profesores”.
Y el profesorado manifestó una dedicación encomiable y una
capacidad de renovación más allá de las exigencias oficiales.
En el periodo que va desde el curso 1967-1968 al de 1978-1979, once cursos, la Escuela de Magisterio de La Salle vive un tiempo de crecimiento y reconversión que hace de estos años un tiempo crucial de su historia septuagenaria.
Como decimos , el cambio exigido por el Plan de estudios de 1967 provocó, entre otras cosas, el traslado de la sede a Madrid, el cambio de estructura y de alumnado, la construcción de un nuevo edificio –una empresa que fue mucho más allá de la creación de un edificio material- , la declaración de la Escuela como centro de “Interés social”, la selección de la Escuela La Salle y su permanencia en el proceso de reducción de Escuelas de Magisterio de la Iglesia, el obligado cambio de “Escuela Normal” a “Escuela Universitaria”, su reconocimiento como “Centro experimental”, y la llegada a su “mayoría de edad universitaria” al quedar adscrita a la Universidad Autónoma de Madrid como “Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de E.G.B.” (1978). Estos hechos han llenado una etapa fecunda de la que fue Escuela Normal y hoy es Centro Superior de Estudios Universitarios. En estos años la actividad docente de la Escuela fue de una intensidad sobresaliente: los cursillos de renovación y de capacitación en la nueva pedagogía fueron una de las actividades estrella en esta década.
En 1992 se celebraron las Bodas de Oro de la Escuela. Ya era un centro Universitario que había crecido no sólo en los campos propios de la Escuela de Magisterio, sino también en otros ámbitos (Educación Social, Terapia ocupacional, Escuela de Negocios...), y que se completaría y ampliaría con nuevas carreras universitarias Fisioterapia, Instituto de Rehabilitación Funcional) y nuevos grados, surgidos últimamente del llamado Proceso Bolonia (Cursos de Posgrado, Máster...). También llegó la incorporación del Instituto San Pío X y su variedad de estudios religiosos y catequéticos. Hoy es un Centro variado que sigue creando nuevas especialidades, aunque no ha llegado todavía a ser una Universidad en sentido pleno y propio. Pero esto no obsta para que su campus sea un lugar de cultivo intelectual, de investigación y de innovación pedagógica.
Afrontar los desafíos
Toda la riqueza actual de este Centro Universitario en el que se ha convertido aquella pequeña Escuela ha sido posible –sigue siéndolo- porque ha habido personas
capaces de ver y de afrontar los retos de cada momento histórico. Hombres y mujeres que vieron más allá de los limitados horizontes del pasado- también del presente- y se apresuraron a superarlos. Desde las innovaciones de la Escuela en Griñón hasta las magníficas realizaciones de hoy, la Comunidad Universitaria ha sido capaz de salir airosa de los nuevos retos que la sociedad le ha ido planteando.
Volviendo a la “década decisiva” de los años 1968 a 1978 (tomando este periodo como ejemplo de lo que se hizo entonces y se continuó amplísimamente en años posteriores) es justo reconocer que los desafíos que se presentaban en aquellos años cruciales fueron claramente detectados por los miembros del Claustro de la Escuela, especialmente por su Director, H. F. Alcalde, y felizmente superados:
EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista y teólogo
EFEMÉRIDES
3 LOS SETENTA AÑOS DE LA ESCUELA DE MAGISTERIO
“S. J. B. DE LA
SALLE”
Aunque la fecha no tiene el reclamo de otras efemérides (Bodas de Oro, Centenario...), la celebración que durante este curso hace el Centro Superior de Estudios Universitarios (Aravaca) de los setenta años de la primitiva Escuela Normal “La Salle”, me invita a glosar este acontecimiento, de gran significado para no pocos de entre los lectores de AFDA.
La Escuela de Magisterio de Griñón, nacida en el año 1948, gracias a la conjunción de dos mentes extraordinarias –los Hermanos Guillermo Félix y Claudio Gabriel, “Orizana”, celebra sus setenta años de una existencia fecunda y luminosa.
Esta reseña no puede, obviamente, ser una crónica de estas siete décadas, sino que desea, más bien, exponer una breve visión personal y destacar algún periodo concreto en el cual descolló de manera sobresaliente. Dejando, por una parte, sus gloriosos años fundacionales, inspirados por la gran personalidad del H. Claudio Gabriel, años que significaron la irrupción valiente y generosa de una nueva institución lasaliana en el mundo de la pedagogía y la emergencia de unas brillantes generaciones de maestros, y descartando, por otra parte, entrar en la compleja y rica variedad de propuestas universitarias en la “actual versión” de la Escuela -el Centro Superior de Estudios Universitarios-, deseo centrarme en lo que se puede llamar, sin hipérbole ni autoalabanza inapropiada, una “Década prodigiosa” o, en lenguaje más realista, una “década decisiva” para la Escuela. Me refiero al periodo que abarca desde 1968 a 1978.
La década decisiva
(1968-1978)

En el periodo que va desde el curso 1967-1968 al de 1978-1979, once cursos, la Escuela de Magisterio de La Salle vive un tiempo de crecimiento y reconversión que hace de estos años un tiempo crucial de su historia septuagenaria.
Como decimos , el cambio exigido por el Plan de estudios de 1967 provocó, entre otras cosas, el traslado de la sede a Madrid, el cambio de estructura y de alumnado, la construcción de un nuevo edificio –una empresa que fue mucho más allá de la creación de un edificio material- , la declaración de la Escuela como centro de “Interés social”, la selección de la Escuela La Salle y su permanencia en el proceso de reducción de Escuelas de Magisterio de la Iglesia, el obligado cambio de “Escuela Normal” a “Escuela Universitaria”, su reconocimiento como “Centro experimental”, y la llegada a su “mayoría de edad universitaria” al quedar adscrita a la Universidad Autónoma de Madrid como “Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de E.G.B.” (1978). Estos hechos han llenado una etapa fecunda de la que fue Escuela Normal y hoy es Centro Superior de Estudios Universitarios. En estos años la actividad docente de la Escuela fue de una intensidad sobresaliente: los cursillos de renovación y de capacitación en la nueva pedagogía fueron una de las actividades estrella en esta década.
En 1992 se celebraron las Bodas de Oro de la Escuela. Ya era un centro Universitario que había crecido no sólo en los campos propios de la Escuela de Magisterio, sino también en otros ámbitos (Educación Social, Terapia ocupacional, Escuela de Negocios...), y que se completaría y ampliaría con nuevas carreras universitarias Fisioterapia, Instituto de Rehabilitación Funcional) y nuevos grados, surgidos últimamente del llamado Proceso Bolonia (Cursos de Posgrado, Máster...). También llegó la incorporación del Instituto San Pío X y su variedad de estudios religiosos y catequéticos. Hoy es un Centro variado que sigue creando nuevas especialidades, aunque no ha llegado todavía a ser una Universidad en sentido pleno y propio. Pero esto no obsta para que su campus sea un lugar de cultivo intelectual, de investigación y de innovación pedagógica.
El espíritu antes que las
estructuras
Una de las características
de la renovación pedagógica de la Escuela Normal “San Juan
Bautista de La Salle”, tanto en Griñón como en su presencia en
Aravaca, ha sido el cultivo del espíritu
pedagógico -nacido
de la relación e integración entre profesores y alumnos-, incluso
por encima de las instalaciones o los medios materiales. Ya se vio en
Griñón, en las primeras transformaciones que se realizaron –fruto
de la urgencia y de cierta improvisación- o en los momentos
difíciles, antes de la construcción del nuevo edificio de Aravaca:
parece que la vida
rebosante de las aulas y de los grupos de trabajo impresionaba y
contaba más que la calidad de las instalaciones.
El Director de Centros Experimentales del ICE de la Universidad
Autónoma de Madrid, D. Carlos Álvarez Querol, se encontró con las
instalaciones provisionales y un tanto deficientes en el tiempo de la
transición de Griñón a Aravaca. Aquí, “a
pesar de lo inadecuado del contexto material, queda gratamente
impresionado del espíritu y vida que aprecia en el desarrollo de las
actividades entre profesores y alumnos”,
dicen las crónicas. Este pequeño ejemplo es doblemente valioso ya
que se estaba entonces en la Escuela en trámite para “conseguir la
declaración y reconocimiento de Centro
Experimental de
Formación del Profesorado”. Celosos como solían ser los
inspectores o las autoridades en lo tocante a instalaciones y medios
materiales y didácticos, aquí “el
espíritu y la vida”
del centro pasaron muy por encima de ellos. El espíritu se palpaba
al adentrarse en la convivencia; la vida, en multitud de ejemplos
reveladores de lo que se era capaz de hacer, aun con medios
precarios.Afrontar los desafíos
Toda la riqueza actual de este Centro Universitario en el que se ha convertido aquella pequeña Escuela ha sido posible –sigue siéndolo- porque ha habido personas
capaces de ver y de afrontar los retos de cada momento histórico. Hombres y mujeres que vieron más allá de los limitados horizontes del pasado- también del presente- y se apresuraron a superarlos. Desde las innovaciones de la Escuela en Griñón hasta las magníficas realizaciones de hoy, la Comunidad Universitaria ha sido capaz de salir airosa de los nuevos retos que la sociedad le ha ido planteando.
Volviendo a la “década decisiva” de los años 1968 a 1978 (tomando este periodo como ejemplo de lo que se hizo entonces y se continuó amplísimamente en años posteriores) es justo reconocer que los desafíos que se presentaban en aquellos años cruciales fueron claramente detectados por los miembros del Claustro de la Escuela, especialmente por su Director, H. F. Alcalde, y felizmente superados:
a) El
reto de la renovación didáctica:
(saber discernir el valor de la pedagogía que entonces apuntaba como
novedad eficaz: la aplicación del “Método Faure”). La
dirección de la Escuela veía “la
conveniencia de preparar y capacitar a los maestros que se forman en
la Escuela para realizar con garantía... la aplicación de los
principios y método de la educación ‘activa, personalizada y
socializadora’ que propugna este sistema” (F.
Alcalde). Quienes conocimos la Escuela de los años cincuenta y la de
los primeros sesenta, no podemos por menos de admirarnos de la
renovación radical, y del nuevo
estilo al que le
empujaba la revolución metodológica.
b) El reto de la modificación de la estructura de la Escuela (paso de Escuela de Magisterio a Escuela Universitaria y adquisición de un nuevo nivel de exigencia). Este reto, superado después de ímprobos trabajos –negociaciones, diálogos, planes y programas- ha sido uno de los mayores logros en cuanto a la continuidad de la Escuela y un cambio radical en su estructura, de sus destinatarios y de sus opciones profesionales.
c) El reto de la pronta y cualificada formación de su profesorado (respuesta a las exigencias de formación y de títulos para la nueva Escuela): los profesores, escasos en número y en títulos se veían abocados a superar ambas realidades; lo primero, porque las exigencias académicas eran mayores, la formación más rigurosa y los títulos acordes con los que se exigían a los profesores normalistas del Estado; lo segundo, porque necesariamente el claustro de las Escuelas Normales, ya pronto universitarias, debían especializarse y asumir funciones varias, dada la modificación de la estructura del Sistema educativo y de la rica y compleja organización del plan de estudios...
b) El reto de la modificación de la estructura de la Escuela (paso de Escuela de Magisterio a Escuela Universitaria y adquisición de un nuevo nivel de exigencia). Este reto, superado después de ímprobos trabajos –negociaciones, diálogos, planes y programas- ha sido uno de los mayores logros en cuanto a la continuidad de la Escuela y un cambio radical en su estructura, de sus destinatarios y de sus opciones profesionales.
c) El reto de la pronta y cualificada formación de su profesorado (respuesta a las exigencias de formación y de títulos para la nueva Escuela): los profesores, escasos en número y en títulos se veían abocados a superar ambas realidades; lo primero, porque las exigencias académicas eran mayores, la formación más rigurosa y los títulos acordes con los que se exigían a los profesores normalistas del Estado; lo segundo, porque necesariamente el claustro de las Escuelas Normales, ya pronto universitarias, debían especializarse y asumir funciones varias, dada la modificación de la estructura del Sistema educativo y de la rica y compleja organización del plan de estudios...
d) El
reto de encontrar los medios técnicos y didácticos
más acordes con las nuevas necesidades pedagógicas, lo que suponía
una aguda visión para discernir los más actuales y eficaces, y una
inversión económica notable. Sobresale entre ellos el reto de
construir un edificio que no respondía a los cánones del pasado,
sino a las exigencias pedagógicas del presente y del futuro; y el
mantenerse durante años fieles a una pedagogía que fue
experimentada y acogida como propia.
e) El
reto de responder a las necesidades sociales: la
carrera de Magisterio ha agrupado a alumnos cuyo nivel socioeconómico
no ha sido, generalmente, muy elevado. Muchos alumnos han
experimentado las dificultades de compaginar el trabajo con el
estudio que dicho trabajo contribuía a facilitar. Por eso desde los
propios estudios –a pesar de ser realizados en una institución
docente privada- se sentía la necesidad y la posibilidad de un
cambio profundo de la sociedad a través de la educación. A ello
contribuyó no sólo la declaración de la Escuela como centro “de
interés social”, sino la perspectiva global de los estudios y del
ambiente y espíritu
de la Escuela.
“Magisterio y estilo”
El magisterio
de la Escuela “S.J.B. de La Salle”, en Griñón o en Aravaca, no
requiere comentarios. Y lo del estilo
no es meramente retórico, sino concreto y visible. Desde sus
orígenes, el estilo sobresalió como un rasgo característico e
inequívoco. Luego, se mantuvo, se moduló, se incrementó. También
en esta década decisiva. Como observaba el gran H. Mencía al
comentar la puesta en marcha del curso 1973: “la
incorporación de los alumnos al estilo de trabajo se realizaba con
tanta mayor facilidad cuanto más logrado
tiene la Escuela
su propio
estilo”.
No cabe duda de que Mencía, buen conocedor de nuestra Escuela,
acentuó en los años setenta algo que, desde sus orígenes hasta
hoy, ha sido, junto al magisterio,
característica esencial: el estilo.
Y que deseamos se mantenga y acreciente en los setenta años
próximos...¡por lo menos!
Teódulo GARCÍA REGIDOR
Profesor del Centro
Universitario La Salle
CULTURA Y ASCESIS, DEBERES SAGRADOS

Sabemos
que si trabajamos la lengua, el arte, los conceptos, la poesía, la
música o la pintura, la ciencia… estamos abriéndole paso al Reino
de Dios y sirviendo a España.
Y
afirmamos en nuestro lenguaje barroco que el paso de marcha de este
camino de la Cultura es de ascesis. Cuando
la Cultura marcha, canta su canción la ascética del sacrificio.
¿Quién ha dicho que la política, si es de veras política, no es
sacrificio, áspero sacrificio? No importará el esfuerzo si se tiene
vocación o voluntad política. Lo que importa es marchar, para
llegar colectivamente a la alta meta, la sociedad perfecta de
nuestros clásicos.
En
política, no se ha de buscar el propio provecho. La
cultura es desinteresada,
nos decía Berdiaef, la civilización, no. Nosotros tenemos clara la
razón de que así sea porque la civilización busca el bien-estar
y la cultura el bien-ser.

En
busca del ser nos encontraréis. Estamos por la Cultura. No haremos
distinción entre el negocio de la propia salvación y bien ser y
nuestro deber de cultivar el espíritu.
Este deber nuestro es sagrado.
RAMIRO
DUQUE DE AZA
Coordinador
de Bachillerato Internacional
N.B.
Del
mismo La Salle, tan ponderado, es
la afirmación de que “el
educador no debe hacer diferencia entre sus deberes de estado
(función educativa y de promoción humana) y la tarea de su salvación”.
(función educativa y de promoción humana) y la tarea de su salvación”.
Cantar
canciones sexis no se deben cantar,
machismo
portan ellas y no hay por qué humillar.
La
mujer no es objeto que hayas de desear,
es
persona utilísima más allá del hogar.
sexo
débil, petunia, clavellina o manzana.
Podría
figurarse que estáis pidiendo cama.
Llamadla
por su nombre: Pepa, Concha, Rosana…
No
susurréis boleros ni tangos a su oído:
el
susurro amoroso será mal entendido
y
si intentáis gozosos apretarle el vestido
un
guantazo bien dado tendréis por atrevido.
Aquellos
caballeros que hacían poesías
con
“cabellos de oro” y lindas pleitesías:
(“dientes
como marfiles”, “pechos como alcancías”
o
“piernas de alabastro”…) ya no abren celosías.
Lo
correcto es hoy tía, no “tia buena o bombón,
“boca
rosa de rosa”, “piel de melocotón”
o
“ánfora de cristal”… más propios de bufón.
Por
mucho que se estimen, no usan el corazón.
médica
e ingeniera, poetisa y soldada.
Con
eso solamente se sentirá pagada,
reconocida,
abierta, mimada y alabada.
Al
llegar Navidad, pronuncia que es Solsticio
de
invierno y lo proclamas como único principio
de
todas las demás fiestas que dan inicio:
De
corrección política servil serán indicio.
No
Reyes Magos rubios, Reinas a tutiplén,
Reinas
bien travestidas, Reinas negras también.
Ensalzarán
tu estilo… y quedarás fetén
caminito
del circo convertido en Belén.
No
te prives. Carmena, la alcaldesa bigarda,
te
pondrá sus costillas como apoyo y albarda
de
las provocaciones… con la poli a tu guarda
Me
retiro y te dejo con el consejo recto:
Seas
mujer u hombre, juvenil o provecto,
usa
siempre el lenguaje político correcto
y
no te tildarán de estantigua o abyecto.
RIMAS
HUMANAS
Así
como Juan Ruiz, Arcipreste de Hita,
aguijaba
al lector con numerosas citas
del
Ovidio Nasón, hoy Podemita,
quiero
yo reescribiros un lindo poemita.
Va
en sílabas contadas al igual que sus versos
aunque
acaso resulten hirientes por perversos.
No
sé si atinaré a hacerlos claros, tersos,
como
los que él plasmó al gusto de árabes, judíos y conversos.
“Libro
de Buen Amor”, su testamento rico,
supone
para mí, que en ello soy borrico,
un
acicate, un punto, un acerico
de
alfilerazos prestos a sacarme de quicio.
Digo
yo y digo bien, sin excusa de sabio,
que
tanto por la pluma como por el labio,
dispuesto
me hallo a hacerles desagravio
a
aquellos que les pique y cause agravio.
Cuento,
pues, que esta vida que nos trae y nos lleva
adonde
cae el sol, vuela el viento y también nieva,
lo
mismo nos deleita que subleva.
Habremos
de aceptar tal triple prueba.
La
verdad es palabra noble, valiente y justa
que
sólo a los homínidos asusta,
pero
actúa al igual que actúa la fusta
cuando
la cuádriga domada su paso desajusta.
Quien
que sea quienquién que de infiel se las dé
que
tome otro camino y a la remanguillé
se
vaya si es que puede por su pie
adonde
por decencia no diré.
Ni
a mí ni a nadie quiero yo prisionero
de
ningún mensajero traicionero
ni
de ningún hipócrita parlero
que
le traiga y le lleve al retortero.
La
vida límpida y el alma en paz serena,
mejor
con sol que con la luna llena,
mejor
con alegría que con pena.

COMPOSTELERÍAS
NUESTRAS
-
Al Cantar de Mío Cid le falta precisamente el fragmento que cuenta la peregrinación del Campeador al sepulcro del Apóstol Santiago.
-
La bandera de Europa debería llevar en el centro de las estrellas de sus países miembros la concha de peregrina de Santiago.
- No somos palmeros que van al Sepulcro de Cristo en Jerusalén ni romeros de la Roma de San Pedro, somos permanentes peregrinos del Camino de Santiago Apóstol. Nuestra concha tiene cuatro letras a fuego: AFDA.
- Inmediatamente detrás de la estrella de los Campos del Apóstol Santiago, detrás de Compostela, el filo del amanecer nuestro.
- Así como en el escudo de los Quirós se leía: “Antes de que el sol fuera sol y los peñascos, peñascos: los Quirós eran Quirós y los Velasco, Velasco”, en el nuestro pone: “Después del más perro anochecer, el filo de nuestro amanecer”.
Con
cada nuevo día, en marcha, porque somos peregrinos en camino hacia
el Gran Día en el que nos espera nuestro Apóstol, Santiago el
Mayor, Boanerges, Hijo del Trueno.
Siempre
nos habéis encontrado en el Camino de Santiago. No hemos sabido
hacer otra cosa. Lo nuestro ha sido andar y andar, sino del
peregrino.
Quien
escribe estas afderías se detuvo y detiene en todos los castillos
templarios del Camino a saludar unos instantes a sus caballeros.
Dios le dio alma y espada de templario. Es su debilidad. Sabed
perdonárselo.
EL EJERCICIO FÍSICO
Las fases del ejercicio surgen de la gimnasia sueca del siglo XIX, establecida por P. E. Ling. Él dividía un ejercicio en tres fases, basadas en una concepción puramente analítica y muy estática del ejercicio: posición inicial, desarrollo del ejercicio y posición final.
Hernández Vázquez y Manchón, en 1980, dividen el ejercicio también en tres fases, aunque con unos planeamientos más dinámicos; más cercanos a los movimientos sintéticos, afines con la Gimnasia neosueca. Son: comienzo del ejercicio, ejecución del ejercicio y conclusión del mismo. Equivalen a la clasificación de Ling aunque con una concepción más evolucionada.
Ambas divisiones del ejercicio físico parten de planteamientos analíticos, integradas por movimientos construidos de fácil ejecución. Permiten por tanto, la locación de la musculatura protagonista y perfilan adecuadamente la finalización de un ejercicio y el comienzo del siguiente. Establecen así las correspondientes repeticiones. La posición final suele coincidir con la posición inicial del siguiente ejercicio.
Esta
clasificación también permite cuantificar la carga y la duración
del ejercicio al definir las repeticiones. Permite, así mismo,
aclarar el grado de participación corporal y la naturaleza del
ejercicio físico.
La fase preparatoria consta de los movimientos que colocan al individuo en disposición de ejecutar la acción completa y adecuada. Establece las magnitudes de fuerzas y de energías mecánicas que van a condicionar al conjunto del movimiento. De las acciones preparatorias dependerá la calidad del movimiento en su conjunto.
La fase final es
aquella donde se consigue la culminación del movimiento y se
completa, por tanto, el ejercicio. En ella se recogen los resultados
de la ejecución de las anteriores fases. También suele ser la fase
más vistosa y de mayor amplitud del movimiento. Aunque también en
ella se manifiestan los fallos, casi siempre producidos por algún
movimiento defectuoso o escaso en las anteriores fases.
Francisco Sáez Pastor
CUR
EL EJERCICIO FÍSICO
FORMA DEL EJERCICIO
FÍSICO
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Gimnasia artística |
En
entregas anteriores habíamos expuesto que el ejercicio físico se
diferencia de la mera actividad física –utilitaria en la vida
cotidiana y en la laboral– porque aquel, para su ejecución,
precisa reunir unas determinadas características; estás eran
cuatro: tener intención de realizarlo, que tenga una determinada
intensidad para que el ejercicio proporcione los rendimientos
previstos, forma y técnica.
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Gimnasia artistica |
Ya tratamos los dos primeros;
este mes empezaremos por la tercera característica, más técnica y
analítica que aquellas. Trataremos de desarrollar el tema con
suficiente claridad y agilidad.
La característica de forma
del ejercicio físico hace referencia a los aspectos externos y
visibles del ejercicio tales como la organización del movimiento
dividiéndolo en sus correspondientes fases, la organización y
localización espacial, la participación cuantitativa del cuerpo en
el movimiento y la naturaleza y origen del ejercicio.
Fases del ejercicio
Para
poder clasificar, localizar y cuantificar el ejercicio
físico, preferentemente
de movimiento, es preciso desglosarlo en sus diferentes partes; sin
prefijar con exactitud su recorrido, pues dependerá del tipo de
ejercicio seleccionado.
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Gimnasia neosueca |
Las fases del ejercicio surgen de la gimnasia sueca del siglo XIX, establecida por P. E. Ling. Él dividía un ejercicio en tres fases, basadas en una concepción puramente analítica y muy estática del ejercicio: posición inicial, desarrollo del ejercicio y posición final.
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Gimnasia neosueca |
Hernández Vázquez y Manchón, en 1980, dividen el ejercicio también en tres fases, aunque con unos planeamientos más dinámicos; más cercanos a los movimientos sintéticos, afines con la Gimnasia neosueca. Son: comienzo del ejercicio, ejecución del ejercicio y conclusión del mismo. Equivalen a la clasificación de Ling aunque con una concepción más evolucionada.
Ambas divisiones del ejercicio físico parten de planteamientos analíticos, integradas por movimientos construidos de fácil ejecución. Permiten por tanto, la locación de la musculatura protagonista y perfilan adecuadamente la finalización de un ejercicio y el comienzo del siguiente. Establecen así las correspondientes repeticiones. La posición final suele coincidir con la posición inicial del siguiente ejercicio.
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Gimnasia sueca |
Para
ejercicios más complejos y dinámicos, las fases expuestas quedan
escasas e, incluso, obsoletas. La clasificación más ajustada al
perfil analítico del ejercicio la establecen los rusos Smoleuskiy
y Gaberdouskiy en 1996. También
tiene tres fases; son: preparatoria, principal
y final. Tiene su aplicación en las modalidades de la gimnasia de
competición, con movimientos que llegan a ser, a veces, sumamente
complejos y de difícil ejecución.
La fase preparatoria consta de los movimientos que colocan al individuo en disposición de ejecutar la acción completa y adecuada. Establece las magnitudes de fuerzas y de energías mecánicas que van a condicionar al conjunto del movimiento. De las acciones preparatorias dependerá la calidad del movimiento en su conjunto.
En la fase principal se
producen las acciones más importantes del ejercicio en cuestión. Es
la fase de las acciones musculares más importantes, necesarias para
la culminación del movimiento; también, es la fase de recibir la
energía mecánica para transformarla y redistribuirla de la manera
más adecuada. En ella el ejercicio consigue su característica
propia, definida y diferenciada de otros ejercicios.
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Gimnasia sueca |
Francisco Sáez Pastor
Universidad de Vigo