Nuestro estilo parte de la imagen (VIII)
Magisterio
La Escuela enseña: Imágenes y narraciones. R. Duque de Aza
La hora del café. Estilo y excelencia (II). CUR
Escuela es el maestro. Versos: Maestros. A. Montero
Rincón de Apuleyo: Las llaves
Estilo
Manifiesto: Se insiste en las narraciones. CUR
La reflexión. El estilo AFDA: granito de sal. CUR
Encuentro de Primavera, 23, 24 y 25 de mayo. Jerez
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Acuarelas: La ermita, el huerto y el río. Teódulo
Encuentro de Primavera, 2022. Jerez de la Frontera. AFDA
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parte de la imagen
(viii)
EL ESTATUTO DE LA IMAGEN EN OCCIDENTE
En el cuadro que nos dejó pintado nuestro entrañable Diego Coca hay más que unas botas abandonadas. Son una obra de arte y no solo por su técnica de pintor epígono de Murillo, a quien tanto admiraba, sino porque nos remite al mundo que apuntaba Romano Guardini: “Toda verdadera obra de arte es en esencia `escatológica´y devuelve el mundo hacia otro, hacia un mundo por venir” (1).
Ese mundo por venir (en acto hoy pese a las nieblas del presente; histórico y pasado, sin terminar de pasar nunca, por su temblor de eternidad en él vigente) nos lleva a pensar en el II Concilio de Nicea (787) y en el Ecuménico VII de Constantinopla (870) que son la victoria sobre los iconoclastas y firman el “estatuto de la imagen” que va a informar y modelar la cultura occidental. No fue el planteamiento de un filósofo ni el de una corriente artística, sino la consecuencia normal de unos sabios padres conciliares que creían en la encarnación del Hijo de Dios que se hizo hombre. Creían en la Divinidad Lejana e Invisible, visible en un hombre “particular” y palpable, Jesús de Nazaret. El Rostro de Dios lo vieron los padres conciliares en aquel hombre de carne y hueso (no mero individuo), materia “particular”, Cristo (“Y el Logos se hizo carne”).
La Iglesia abrió con el estatuto de la imagen un enorme horizonte superior de gloria, “mundo por venir”, y realidad a Occidente. Por contra, esto nos lleva a pensar en el Islam, en las puertas que cerraba sobre sí al decretar el fin de la imagen y en la enorme renuncia consiguiente a la que entregó a los suyos al hacerlo…
Las botas de nuestro Diego desde su abandono no se quedan en él ni en las tinieblas ni en la muerte. Nos parecen y son un el grito de lo particular y concreto que, desde su visibilidad, da carne o materia, a todo un orbe invisible.
Una muestra a mano, que pintó uno de los nuestros, con lo que dio de nuevo figura al “estatuto de la imagen” de Nicea y Constantinopla, colosal rumbo que nos ha dado alas a nosotros y viento a la mejor y más esplendente navegación cultural de Occidente.
NUESTRA ESCUELA ENSEÑA CON
IMÁGENES Y NARRACIONES
Nuestra Escuela parte de la persona y la circunstancia de sus alumnos concretos, de lo que son y pueden llegar a ser, uno a uno y en su grupo, y de las experiencias logradas con las que llegan a la Escuela.
Lo primero que hace, tras haber cursado a fondo psicología y caracterología en la Escuela de Magisterio, es interesarse por la media docena de experiencias con las que cuentan sus concretos alumnos.
Nuestra Escuela busca el nexo que puede unir lo que el alumno ya sabe, la experiencia que tiene, probablemente pobre, con los contenidos de sabiduría que se propone ofrecerle.
En los últimos años la didáctica ha venido aboliendo la narrativa y las imágenes, entregándose a exposiciones técnico-científicas. Así, las Matemáticas, que era una asignatura concreta, viva y hasta deportiva en los años 40 y 50, se volvió, a partir de los 60, hasta en odiosa por su formalismo abstracto.
Otro caso lamentable. Hoy día, sigue enseñando el profesor de lengua sintaxis en las clases de primaria, tormento de sus alumnos (que en un año, el anterior a la Universidad les bastaría para dominarla), con detrimento de lo que realmente podría interesarles y nutrir su intelecto y persona: las fábulas, las obras deslumbrantes de la Literatura, la expresión escrita, el teatro, la lengua viva (trabalenguas, dichos, refranes, canciones populares, versos… todo de oro, en lo que la literatura española es una mina).
Nuestra
Escuela optó por el camino de la épica, del “epos”: menos
abstraciones, más narración y recuerdos. La sabiduría de la vida
no está, como en Oriente, en marchar al Nirvana, en olvidarse de
todo y prescindir de cuanto no nos deje ser libres como pajarillos
sin deberes, sino en llenar y enriquecer las almas de contenidos
naturales y epos literarios.
Lo que nuestra Escuela quiere transmitir se parece al íter de Odiseo en su retorno a Ítaca, interesado por obligaciones y metas concretas: su mujer, la casa, la tierra, una fidelidad que marcha hacia realidades valiosas y particulares.
En nuestro caso: partir hacia la Sabiduría con mayúscula inicial, desde las grandes narraciones bíblicas y clásicas, hacia una vigorosa educación, en definitiva, plenamente humana.
RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional
EL JEFE DE ESTUDIOS SUGIERE
Y LOS PROFESORES COMPARTEN
Estilo y excelencia (II)
* Voluntad de estilo.
* Corrección gramatical y excelencia de redacción de cuanto publica y redacta el Colegio para su fuero interno y hacia fuera de su perímetro escolar. Nada ha de salir del centro sin pasar por una previa corrección de estilo.
* Pulcritud de formas externas de presentación de ejercicios, exámenes, trabajos escritos, que podrán tener diversa calidad científica pero siempre notable pulcritud y ordenamiento. Es preciso que en esto llame la atención donde haga su presencia el Colegio.
* Nuestro ordenamiento no es el del Código de Hammurabi, pero tenemos un ordenamiento. En el Colegio existen “normas de obligado cumplimiento” sobre la presentación de ejercicios, la redacción de monografías, la celebración de exámenes, que han de cumplirse sin concesiones. Si no las hay, habrá que redactarlas. Si ya están vigentes, cumplirlas en todo momento.
Carlos Urdiales Recio
Maestro. Profesor de Escuelas de Magisterio
Emérito UCJC
MAESTROS
Maestros sabios tuve
y fue su humildad sabiduría,
de ellos siempre obtuve
el don que pretendía:
seguir su ejemplo mi lección sería.
y
recuerdos que me trae la infancia;
y, en ellos, no me abstengo
de afirmar mi constancia
por llegar a actuar en consonancia
con quienes, en Griñón,
modelos fueron en vida entregada,
en aulas y en acción,
labor por mí alabada
y, en su bondad, por todos celebrada.
Griñón fuera mi hogar,
donde cumplí mis sueños e ilusiones.
Allí aprendí a orar,
a cultivar mis dones;
y tuve como premio bendiciones.
Estoy
por el regalo que me hiciste,
sin duda, inmerecido.
Un nuevo mundo abriste
en la noble labor que Tú me diste:
Ser, según el modelo,
ferviente y laborioso educador
que hice con gran celo.
De La Salle, deudor,
de seguir su ejemplo, tuve el honor.
Gracias, Señor, te doy
porque, en tus manos, fui el alfarero.
Bien sé - seguro estoy –
no llegué a ser cantero,
mas agradecerte el regalo quiero.
ANTONIO MONTERO SÁNCHEZ
Maestro, profesor de Filosofía
LAS LLAVES
Si San Pedro tiene
las llaves del cielo,
denme a mí las de la tierra,
verán cómo las empleo.
Abriré los corazones
de los blancos y los negros
y llenaré de razones
la luz de su entendimiento.
A los niños dejaré
las llaves para que luego
ellos abran solos
los portales de forjado hierro.
Y a los jóvenes también
regalaré los llaveros
a fin de que entren y salgan
cuando se lo pida el cuerpo.
APULEYO SOTO PAJARES
Maestro, poeta, periodista, juglar
Hacia el gran estilo
MANIFIESTO EN EL QUE SE INSISTE EN LAS NARRACIONES
Entramos en una nueva era
Podrá parecer la Humanidad, en este nuevo horizonte, otra.
Desaparecerán las múltiples enfermedades que hoy nos amenazan, nos doblan y acaban con nosotros. Estaremos tocando la inmortalidad…
Pero las personas seguirán siendo personas. En todo momento: un misterio, un sentido. Lo fundamental permanece.
I/III
Sin “narraciones” nos espera cierta animalidad
Sin “narraciones” dejaremos de ser “personas”. Hemos pasado por sucesivas épocas de Oro, pero, como resultante, marchamos hacia la superficialidad y el nihilismo. Sin “narraciones” nos espera la superficialidad que viene avanzando y la cosificación final. Terminaremos en animales con alguna inteligencia y meros instintos; superviviendo como personas que ya, ciertamente, no serán “personas”.
Platón contra los libros. La Ilíada viva y escrita.
Platón ya ponía en guardia a su gente contra la escritura (primera entrada en una superficialidad del hombre que empezaba a descansar parte de su pensamiento en los libros). Preferían Sócrates y Platón la vivencia y la enseñanza tradicional de los poemas homéricos a los libros.
La cultura griega fue durante siglos, cultura oral. Quien tenía por familiar la Ilíada, por repetida, vivida y presente en las circunstancias de su existencia, estaba muy por encima de quien, quizá rico griego, la tenía y la guardaba en casa hecha escrito y podía volver a ella en cualquier momento. Una cosa era ya en aquellos tiempos la documentación y otra el conocimiento.
CARLOS URDIALES RECIO
Maestro. Profesor de Lengua y literatura
Emérito UCJC
El estilo AFDA: con su granito de sal
Lo que tengo aquí delante, este montoncito blanco, es mineral. Se llama sal. En Química se le da el nombre de cloruro sódico. Es cloruro sódico. La verdad es que yo no sé si se trata de sal marina, que nos viene del mar, o si es sal gema, arrancada de una mina de sal en tierra.
La sal les cae bien a todos los mortales. Nadie admite que le nieguen el pan, pero tampoco la sal, que se le niegue el pan y la sal.
El trabajador por cuenta ajena, a final de mes cobra un salario, que en los orígenes era precisamente una entrega de sal.
Una persona con buena sombra que derrama a su paso por la vida gracia y galanura es una persona salerosa.
La sal da sabor a los alimentos. Sin sal, la comida es sosa. Pero es que una conversación es también sosa, si les falta salero a quienes conversan. Una vida sin sal es una vida igualmente sosa.
La sal cura, impide la putrefacción… tiene mil aplicaciones. Hasta la vemos en el habla, en los andares y en muchas maneras muy diversas de mostrarse uno vivo.
Carlos Urdiales Recio
Maestro. Profesor de Lengua y literatura
Emérito UCJC
"La ermita, el huerto y el río”
Parafraseando el título de la obra de E. Marquina, evoco un paisaje de mi infancia: el huerto donde crecían frutos y hortalizas protegidos por los muros de piedras blancas, el río, silencioso en este tramo y arropado por el chopos y fresnos… y, al fondo, en la loma, la ermita donde subíamos a saludar al San Pedro de las llaves y a pedirle -con el candor de los años- que “nos abriera” las puertas del Cielo.