ÍNDICE
PRINCIPAL
Pregón:
EP 2020
Cuadros
sobre el más allá (VIII)“
El beso”. Gustav Klimt . E.
Malvido
Páginas
recuperadas (8):
En busca de una revista. Teódulo
G.R.
Alta
política con estilo: En
cuanto a la Patria, siempre esperanzados.
R.
Duque de Aza
Casicuento:
Alas de
plástico.
Á. Hernández
Poetas:
Confinados, mas
no anestesiados.
¿Hora de
carroñeros. Á.H.
Rincón
de Apuleyo: Caperucita.
El lobito malo.
Afderías,
6: Los osos y el
escarabajo pelotero. CUR.
Pandemierías:
Á.H.
Educación
física: Profundización
en la EF de Base, 9-12 años.
F.
Sáez
Diego
Coca y su mes de las flores.

EP 2020
En este mes de mayo, el anual Encuentro de Primavera este 2020 va a ser interior. Este pregón nos convoca -espacio y tiempo- a crear en estas circunstancias un espacio ideal y a tener precisamente un tiempo de conexión entre quienes militamos en el servicio del Reino de Dios en el concreto frente del magisterio y del estilo, para que, a distancia, nos encontremos y reavivemos entre nosotros las esencias mismas de nuestras personales raíces, las que nos definen como personas singulares.

Todo
el esfuerzo de hombres -lo
venimos profesando desde 1961-1963- se nos ha ido en definitiva en
un bracear hacia nuestra propia definición como personas y como
grupo. Entonces lo estudiábamos literalmente así (consta en los
apuntes de clase):
"El
hombre que decidiera su vida y sus pasos en la búsqueda de la
palabra sagrada que le revelara quién es él, merecería el título
de filósofo, con más propiedad que tantos y tantos escritores y
profesionales de la cátedra. Esa palabra mágica – por paradoja,
inefable- sería la epifanía de su personalidad. Es decir, la
sabiduría auténtica.”
Así,
pues, es el deseo neto de AFDA que desde el interior del yo que somos
uno a uno y como grupo tenga lugar este Encuentro de Primavera de
2020.

(VIII)
AMOR COMPENETRADO DE LOS RESUCITADOS ENTRE SÍ
Gustav
Klimt (1862-
1918), pintor austríaco
"El
beso" (1907-1908)
Mural
de 180 cm x 180 cm. Palacio Belvedere, Viena
El
Catecismo Romano no fue un innovador al elaborar las “dotes
de los cuerpos resucitados” (cfr. artículo 11º del Credo de
los Apóstoles: “Creo en la resurrección de la carne”), sino
que se limitó a acoger en sus páginas el trabajo teológico
emprendido siglos atrás por los Padres y los teólogos sobre el caso
singular de la resurrección de Jesús según relatan los Evangelios
y “apoyándose en la doctrina de san Pablo”.
Las
propiedades maravillosas de los cuerpos resucitados que el Catecismo
de Trento señala a la luz de Jesús resucitado son concretamente
estas: impasibilidad, claridad, agilidad y sutileza. Antes de
explicar cada una de las dotes de los cuerpos resucitados conviene
recordar que las cuatro propiedades pertenecen a la nueva manera de
ser hombres que solo la acción resucitadora de Dios hace posible. El
Catecismo Romano es plenamente consciente de que la
intervención resucitadora de Dios comporta una transformación
radical del ser humano histórico. A partir de dicha renovación
antropológica, es desde donde el Catecismo Romano ejemplifica
los rasgos sorprendentes que los Evangelios atribuyen a la figura del
Resucitado: así, por ejemplo, se aclara el paso del Crucificado de
la muerte a la vida desde la dote de la impasibilidad; o se explica
el resplandor o la gloria divina que envuelve al Apareciente desde la
dote de la claridad; o se ilustra la ascensión del Resucitado desde
la dote de la agilidad; o, finalmente, se esclarece la súbita y
franqueante comparecencia del Resucitado en medio de sus Apóstoles
reunidos a puerta cerrada desde la dote de la sutileza.
Pero
es Pablo quien señala que es el don del Espíritu Santo quien
también interviene en la resurrección de los muertos transformando
el cuerpo y el principio que anima a este (“alma” o “psyjé”)
en el Hombre escatológico. Dice el testigo del Resucitado: “Así
también en la resurrección de los muertos… se siembra un cuerpo
viviente (“soma psyjikón”), resucita un cuerpo espiritual”
(“soma pneumatikón”) (1 Cor 15,44).
Así
calificado el cuerpo resucitado como un cuerpo espiritualizado o
“pneumatizado”, se comprenden algo más las dotes del cuerpo
resucitado de las que habla el Catecismo Romano: la
“impasibilidad”, que consiste en no tener que padecer ni morir,
es natural en alguien que mediante la resurrección participa de la
Vida de Dios; la “claridad” tiene que transparentarse en un ser
humano que goza de la Gloria divina; la “agilidad” del cuerpo
resucitado es comprensible si se tiene en cuenta su intimísima unión
con la movilidad y velocidad que caracterizan a su pensamiento
también transformado espiritualmente; por último, la “sutileza”
o “sutilidad”, consistente en poder atravesar toda clase de
realidades materiales, indica claramente la superioridad de los
cuerpos espiritualizados gracias al acontecimiento de la resurrección
de los justos.
La
felicidad de los justos resucitados no se reduce, sin embargo, al
funcionamiento en sí de las mencionadas cualidades de sus cuerpos
“pneumatizados”, sino que todas esas propiedades escatológicas
confluyen en la siguiente finalidad superior: disfrutar de la máxima
felicidad amando al Hijo humanado gloriosamente y a los demás seres
humanos resucitados.
En
este punto es donde cobra singular importancia la propiedad de la
sutileza, puesto que, si bien atraviesa las simples realidades
materiales, el amor entre los bienaventurados los lleva a unirse
mutuamente entre ellos. La comunión de los cuerpos espiritualizados
es la manera escatológica de amarse: no existe otra forma tan
perfecta de amar y de gozar en el amor. Las palabras dirigidas a
María Magdalena que el evangelista Juan pone en boca de Jesús
resucitado: “Noli me tangere”, “no te empeñes en tocarme”
(Jn 20,17), pone de manifiesto que no puede darse ningún gesto de
amor entre dos seres humanos que se encuentran en dos estados de ser
honda y radicalmente diferentes.
Consecuentemente
con lo dicho, no se puede aplicar la dote de la sutileza o sutilidad
a la relación amorosa entre los seres resucitados. Habrá que pensar
en otra dote distinta de las propiedades tradicionales. Por esta
razón he llamado “amor compenetrado” al acto de amarse entre los
resucitados. Para evitar cualquier alusión al acto sexual entre los
seres humanos mortales, podemos utilizar la expresión de “amor de
aunamiento” o de “unificación” de los resucitados entre sí.
¿Cómo
será el amar y ser amado en el cielo a nuestro Señor Jesucristo y a
los otros resucitados? Nadie humano sabe el cómo, pero sí que
sabemos que no se tratará de un amor virtual, sino de un amor real
que nos colmará de la máxima felicidad.
Después
de estas aclaraciones de tipo escatológico, podemos acercarnos a
admirar y a analizar críticamente el bellísimo cuadro “El beso”,
de Gustav Klimt.
¿Quién
fue Gustav Klimt? Nació en 1862 en Baumgarten, pequeña ciudad
cercana a Viena; hoy día corresponde al distrito XIV de la capital
de Austria. De familia humilde y numerosa (3 varones y 4 mujeres),
nuestro Gustav recibió a los 14 años, gracias a su talento, una
beca para ingresar en la Escuela de Artes y Oficios de Viena, donde
se formó como pintor y decorador hasta sus 21 años, 1883.
A
los 26 años, 1888, el mismo emperador Francisco José I de Austria
le otorgó la Orden de Oro al Mérito por haber pintado sorprendentes
alegorías en los interiores de edificios públicos que dan a la
Ringstrasse (Avenida de circunvalación) de la capital.
A
comienzos de 1890 comienza a pasar días en el lago Ater (Atersee),
al sureste de la Alta Austria, junto con su hermano Ernst, con la
esposa de este (Helene Flögel) y con la hermana de esta, Emilie
Flögel. En este tiempo Gustav Klimt pinta paisajes, tema que es una
excepción en el catálogo habitual de sus obras. Es además en esas
estancias en Atersee donde entabla relación con Emilie, relación
que durará hasta la muerte de nuestro protagonista.
En
1892 muere su padre, de profesión grabador de oro, y también su
hermano Ernst, decorador de interiores en instituciones públicas
como él. Ambas muertes dejaron huella profunda en el ánimo del
famoso pintor vienés, haciéndole entrar en crisis creativa.
En
todos estos años su producción pictórica se atiene al estilo
académico en el que había sido formado y en el que se había
consagrado como artista, si bien aparecen en esas obras rasgos de su
arte posterior: predilección por las figuras femeninas, carácter
decorativo…
Hubo
artistas que querían romper con el academicismo conservador. Uno de
ellos era precisamente Gustav Klimt, quien fundó con otros, pintores
y arquitectos, el movimiento “La Secesión vienesa” en 1897. Su
primer presidente fue el mismo Klimt. Se unieron para promocionar las
obras de los artistas jóvenes y sus propias obras.
Nuestro
original pintor formó parte activa del nuevo movimiento hasta 1907.
A esta nueva y última etapa de la vida de Gustav Klimt pertenece su
fresco “El beso” (1907-1908).
En
su lecho de muerte solamente llamó a Emilie Flögel. Gustav Klimt no
dejó nada escrito. De su correspondencia, se sabe que mandaba
postales únicamente a Emilie Flögel desde los lugares adonde
viajaba. Murió por neumonía el 6 de febrero de 1918. Tras su
muerte, le llovieron demandas de paternidad de al menos 14 mujeres
para sus hijos.
A
la vista del gran mural, el espectador es atraído magnéticamente
hacia el beso que él y ella están sellando como expresión
inequívoca de su amor. El enamoramiento funde en un solo cuerpo las
dos figuras. Un mismo manto los cubre, aun cuando se observan motivos
ornamentales diferentes: florales y puntos brillantes como diamantes
en el caso de la mujer, y figuritas geométricas (rectángulos en
negro, pequeños cilindros en blanco y cuadraditos), que rebajan el
tono amarillo del manto común en el caso del varón.
El
fondo dorado donde se enmarca la unión de los dos amantes se diría
que la eleva a un plano divino, fondo dorado que tenía esa
significación sagrada en los iconos bizantinos.
¿Se
ajusta esta interpretación a la del Autor de “El beso”? O dicho
de otro modo: ¿cabe incluso pensar que en “El beso” el pintor
austríaco presenta como sagrado el amor de los dos enamorados?
Recordemos
que a Klimt no le gustaba reproducir la realidad objetiva que la
naturaleza nos impone. Se dijo que los paisajes pintados
originalmente en Atersee no volvieron a aparecer en obras
posteriores. Otro dato más de que la pintura del líder de la
“Secesión” rehuía el realismo: Como la forma de la materia o de
los cuerpos es tridemisional, el artista vienés, con la técnica de
los panes de oro y plata, logra en los retratos de mujeres (ver en
Google el retrato de Adeka Bloch Bauer, Emilie Flögel…) y en el
fresco de “El beso” que las representaciones sean planas,
bimensionales.
No
era la primera vez que nuestro independiente y revolucionario artista
escondía sus verdaderas intenciones significativas recurriendo a
mitos y al lenguaje alegórico. En el caso presente pienso que se
trata de una alegoría del amor entre personajes divinos, que recogen
proyecciones de las obsesiones sexuales de Gustav Klimt, esto sí
bellísimamente expresado.
Breve
reseña del mito de Apolo y de Dafne:
Apolo
y Dafne tejen una historia de amor no correspondido, sobre todo por
parte de la mujer. Apolo, dios de las artes, se rió de Eros, dios
del amor, al ver que el joven Eros portaba un arco y flechas. Como
represalia, el dios del amor lanzó una flecha de oro, que
representaba al amor, a la ninfa Dafne y una flecha de plomo que
correspondía al odio al dios Apolo. La flecha de oro clavada en
Dafne despertó amor incontenible en Apolo, mientras que la flecha de
plomo clavada en Apolo provocó el odio en la bella Dafne.
Al tener que huir Dafne de Apolo, rogó a Zeus que Apolo no la alcanzara y caso de tocarla que la convirtiera en un árbol de laurel. Cuando Apolo llegó cerca de ella le prometió que, aunque no pudiera poseerla, la amaría y la honraría siempre. De aquí nació la costumbre de coronar con laurel a los músicos y poetas en la antigua Grecia.
Al tener que huir Dafne de Apolo, rogó a Zeus que Apolo no la alcanzara y caso de tocarla que la convirtiera en un árbol de laurel. Cuando Apolo llegó cerca de ella le prometió que, aunque no pudiera poseerla, la amaría y la honraría siempre. De aquí nació la costumbre de coronar con laurel a los músicos y poetas en la antigua Grecia.
Que
“El beso” reproducía simbólicamente el mito de Apolo y de Dafne
lo comprobamos en estos detalles:
1
En el pelo negro de la cabeza del varón se observan hojillas verdes
de laurel;
2
El rostro de la mujer adopta una postura del todo pasiva. El contacto
físico del varón con el cuerpo de la ninfa ha sido justamente el
momento en que la muchacha ha empezado a convertirse en árbol de
laurel, cumpliendo así Zeus la solicitud de la ninfa;
3
La alfombra donde están fijados los pies de él y las rodillas de
ella recuerda el ramaje o el tronco de color verde del árbol;
4
El espectador ve a su derecha cómo una tira de laurel enrosca los
tobillos de la mujer mezclando el verde del laurel con el amarillo
del manto.
Aparentemente
nos encontramos ante una escena fascinante de amor, que además
engasta en el fondo dorado, con reminiscencias sagradas en el arte
bizantino, egipcio… ¿Dónde está aquí la pasión sexual
incontrolable? Sin duda alguna habría que apuntársela al amante
masculino: es él quien entabla contacto con ella sabiendo que la va
a perder como mujer; compárense la tensión de los dedos de las dos
manos de Apolo con la flacidez de los dedos de las manos de ella; la
posición erecta del varón con el arrodillamiento de la muchacha;
las figuras geométricas que se insertan en la parte del manto de
Apolo son señales verticales, agresivas… Ciertamente, en “El
beso” Gustav Klimt ha sabido esconder su indomado instinto sexual
por la mujer, puesto de manifiesto en algún otro mito, como el de
“Dánae” y sobre todo en sus dibujos y bocetos (ver en Google al
menos el mito de “Dánae”).
Dijimos
que el mito de Apolo y Dafne es una historia de amor no
correspondido, y así lo refleja simbólicamente el pintor. Si ahora
nos fijamos en los resucitados en el cielo, tenemos que afirmar que,
contrariamente a lo que sucede en “El beso” de Gustav Klimt,
tendrán relaciones correspondidas de amor entre sí.
A
estas alturas de lo que llevamos dicho sobre la vida escatológica de
los justos resucitados, ¿hace falta decir que en el cielo no se
darán ni concepciones ni nacimientos de seres humanos como lo fuimos
nosotros? Citamos al más antiguo de los Evangelios, al Evangelio de
Marcos, que tenía muy aclarado cómo amarán los resucitados en el
cielo: “Cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán
mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos”
(Mc 12,25).
¿Cómo
llamar a esa manera de amarse en el cielo? Marcos dice como “los
ángeles”, es decir, incorpóreamente. Creemos que podemos hablar
de “amor compenetrado”, teniendo en cuenta que la transformación
escatológica de nuestra integridad humana permitirá a los
resucitados amarse entre sí compenetradamente.
Está
claro que esta capacidad escatológica de los resucitados de
relacionarse en el cielo con un “amor compenetrado” no tiene
cabida en las dotes tradicionalmente atribuidas a los cuerpos de los
resucitados. No debe identificarse el verbo “penetrar” o
“atravesar” con el “compenetrase”, puesto que esta manera de
relacionarse es propiedad de todos los resucitados entre sí,
mientras que la dote de la “sutileza” o “sutilidad”, la de
“penetrar” o “atravesar”, corresponde en exclusiva a los
resucitados respecto de los cuerpos materiales, microcósmicos o
macrocósmicos.
PÁGINAS RECUPERADAS (8)
EN BUSCA DE UNA REVISTA
Domingo Lázaro fue un hermano marianista, excelente pedagogo, Director del Colegio “El Pilar”, fundador de “Amigos de la Enseñanza”, (precursor de FERE) y creador de una revista –ATENAS- que evolucionó a Educadores y que hoy es la actual “Escuelas Católicas”. El H. D. Lázaro era un hombre clarividente que, entre otras cosas, sufría al ver la desproporción que, según él, había entre la pequeña obra de la Institución Libre de Enseñanza y su gran influjo educativo, y la inmensa obra de las Escuelas de los Religiosos y Religiosas... y su escaso influjo –intelectual, teórico, doctrinal...- en la educación española del momento. Pero quizás lo que más le preocupaba era la desunión que existía entre las Congregaciones Religiosas en los años veinte del siglo pasado. Decía Domingo Lázaro: “el hecho es que tenemos en España más de 1500 colegios de religiosos y religiosas, y no hablo de escuelas de maestros bien cristianos, que muchas hay todavía. Al ver el fichero, me entristezco pensando que todas esas unidades están sin lazo de unión, trabajan sin conocerse, sin plan, sin entusiasmo, llenas de miedo. ¡Lo que se podría hacer con un poco de inteligencia y de unión! Porque tratándose de fuerzas morales, la unión no es adición sino multiplicación. // Se ha empezado a trabajar. Que Dios nos ayude. ¿Se ha llegado a tiempo?”.
La
revista Atenas evolucionó y se llamó después “Educadores”
y actualmente “Revista de las Escuelas Católicas”. Sigue
viva la idea primera, la intuición que tuvo el gran pedagogo
marianista en los años veinte del siglo pasado. Y fue un claro
signo de unión superadora de tantas fuerzas dispersas y no pocas
veces ineficaces en unos años decisivos para la educación católica.
EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista y teólogo
Maestro, catequista y teólogo

PÁGINAS RECUPERADAS (8)
EN BUSCA DE UNA REVISTA
Domingo Lázaro fue un hermano marianista, excelente pedagogo, Director del Colegio “El Pilar”, fundador de “Amigos de la Enseñanza”, (precursor de FERE) y creador de una revista –ATENAS- que evolucionó a Educadores y que hoy es la actual “Escuelas Católicas”. El H. D. Lázaro era un hombre clarividente que, entre otras cosas, sufría al ver la desproporción que, según él, había entre la pequeña obra de la Institución Libre de Enseñanza y su gran influjo educativo, y la inmensa obra de las Escuelas de los Religiosos y Religiosas... y su escaso influjo –intelectual, teórico, doctrinal...- en la educación española del momento. Pero quizás lo que más le preocupaba era la desunión que existía entre las Congregaciones Religiosas en los años veinte del siglo pasado. Decía Domingo Lázaro: “el hecho es que tenemos en España más de 1500 colegios de religiosos y religiosas, y no hablo de escuelas de maestros bien cristianos, que muchas hay todavía. Al ver el fichero, me entristezco pensando que todas esas unidades están sin lazo de unión, trabajan sin conocerse, sin plan, sin entusiasmo, llenas de miedo. ¡Lo que se podría hacer con un poco de inteligencia y de unión! Porque tratándose de fuerzas morales, la unión no es adición sino multiplicación. // Se ha empezado a trabajar. Que Dios nos ayude. ¿Se ha llegado a tiempo?”.
Lo que
le hacía sufrir era la desunión, el individualismo aplicado
a cada una de las congragaciones religiosas. Faltaba un “lazo de
unión” cultural y pedagógico bien visible. Y frente a una revista
–de corte laicista y republicano, la Revista de Pedagogía,
aparecida en 1922- su indignación llegaba a límites
insospechados: era necesario crear otra revista que fuera reflejo de
la fuerza de las escuelas católicas y que impulsara la acción
común en momentos decisivos. Y a ello se dedicó con alma y vida –y
con dificultades internas- nuestro marianista.
El biógrafo del P. D. Lázaro (A. Martínez García, Un alma de educador: R. P. Domingo Lázaro, 1949) afirma que “los jueves por la tarde no hay clases. Algunos jueves, por su despacho aparecen un par de hermanos de las Escuelas Cristianas, con su babero característico, algún hermano marista, algún jesuita, algún sacerdote más. El padre Domingo ha conseguido, a partir de 1927, interesar a unos cuantos en su proyecto de unificación, de “estado mayor de la educación católica”. Van hablando y proyectando: “Nos llamaban la masonería blanca”.
El biógrafo del P. D. Lázaro (A. Martínez García, Un alma de educador: R. P. Domingo Lázaro, 1949) afirma que “los jueves por la tarde no hay clases. Algunos jueves, por su despacho aparecen un par de hermanos de las Escuelas Cristianas, con su babero característico, algún hermano marista, algún jesuita, algún sacerdote más. El padre Domingo ha conseguido, a partir de 1927, interesar a unos cuantos en su proyecto de unificación, de “estado mayor de la educación católica”. Van hablando y proyectando: “Nos llamaban la masonería blanca”.
En
carta del 18 de marzo de 1929 al Superior General, P. M. Schlleich,
D. Lázaro narra las dificultades de años pasados a la busca de una
revista de educación común a las Congregaciones religiosas. He ahí
sus palabras, que son, al mismo tiempo, las “páginas recuperadas”
de este mes, citadas en el libro de A. Martínez García:
“Se
está descristianizando España a todo escape y con toda
tranquilidad, sin que la gente se dé cuenta de ello ni se ponga el
menor obstáculo. Hace quince años que vengo trabajando intensa y
continuamente para ver de aunar voluntades de religiosos de varias
congregaciones, y hablarnos y tratar de entendernos, y organizarnos
y, sobre todo, fundar una revista pedagógica de carácter general,
que exponga ideas y oriente, y traiga noticias e iniciativas… y
establezca cierta unión entre los colegios (religiosos) y de
seglares católicos. Cuatro veces he estado a punto de cantar
victoria…pero a última hora me he encontrado con la ininteligencia
de elementos que por su situación y categoría parece que debieran
ser los más fervorosos de la idea. Hasta ahora, nada entre dos
platos” ( p.241).
“Durante estos últimos cursos académicos don Antonio (Martínez)
y yo hemos tenido varias reuniones periódicamente -por lo menos cada
mes del curso- con los hermanos de las Escuelas Cristianas y con los
maristas. Unas veces nos reuníamos aquí; otras veces, en los
maristas o en los hermanos de las EE.CC. para despistar a la gente.
En estas reuniones tratábamos de los asuntos de educación y de
enseñanza entre nosotros (éramos dos de cada congregación). Algo
se hacía y se soñaba, pero luego los superiores temían por lo
visto algo, v.gr.: que nos embarcaríamos en asuntos comprometedores
o peligrosos… De la revista hemos tratado unas veinte veces. Las
últimas veces asistía incluso un picpuciano1
que era el más listo y decidido. Conforme en principio, salvo los
maristas, que no parecían tener opinión seriamente fundada. Pero se
notaban recelos de congregación a congregación y temores a
suplantaciones y miras a intereses particulares, zancadillas, etc. En
suma, no se ha sacado nada” (p. 241).
Entretanto,
un maestro socialista ha fundado una revista endemoniada2
que tira 10.000 ejemplares y que los maestros leen porque no tienen
otra cosa” (241).
La
revista, ¿llega?
El
H. D. Lázaro habla luego de las ventajas de la posible revista:
canje, hemeroteca para educación en Madrid, los Colegios con escasez
de revistas podrían leer muchas noticias sobre educación…
“Pero los jesuitas, que en un principio entraban en la idea, han
retrocedido, probablemente porque quieren trabajar solos, pues ahora
ya publican en Razón y Fe artículos
pedagógicos que antes no publicaban. No pueden resignarse, por lo
visto, a hacer una labor distinta y anónima en beneficio de todos.
Los hermanos son más desconfiados que los gorriones y se han echado
atrás. He insistido con unos y con otros en que si la revista la
publica una congregación pierde por lo mismo el 80% o 90 % de su
alcance y autoridad entre el magisterio seglar. He dicho y digo que
la tal revista no debe salir a nombre de ninguna congregación, ni
siquiera a nombre de los religiosos docentes, sino desclericalizada,
y aun publicada por un testaferro seglar, si bien organizada,
redactada y sostenida por nosotros” (p. 242).
Y
teme lo peor…
“Todo
se descacharró, por ahora. Entretanto, los de enfrente hacen lo que
les da la real gana, y, repito, van tomando todos los puestos en el
Ministerio de Instrucción Pública, que ahora es de ellos casi
totalmente y serán dueños de toda la enseñanza dentro de muy poco
y darán leyes laicas que se pondrán en práctica. Y nos mandarán a
paseo, cosa que hemos merecido muy bien por tontos y por niños que
no piensan más que en su amor propio y en sus capillitas, y que son
incapaces de elevar los ojos y las miradas por encima de sus
intereses pequeños e inmediatos” (p. 242).
Pasado
algo más de un año y en carta de 20 de abril de 1930 afirma
el H. Lázaro: “Esta misma situación embrollada y en un
ambiente de rencores entre la enseñanza oficial y la enseñanza
privada, hacía necesario tonificar la moral de todos y dar señal de
vida y de seriedad. Nos decidimos a ese efecto no aguardar más para
lanzar la revista, (ATENAS) de la cual se había
hecho ya un estudio bastante detenido. Se tiraron dos números antes
de terminar el curso” (249). Se habían disuelto todas las
dificultades y desatado todos los nudos que habían impedido la
creación de este órgano pedagógico común.
Aún
hoy

Teódulo
GARCÍA REGIDOR
EN
CUANTO A LA PATRIA,
SIEMPRE
ESPERANZADOS
(VIII)

La esperanza teologal no lanza los ojos del alma a Dios, nos adelanta los brazos para el encuentro con Él y suelta nuestra lengua en oración. Las esperanzas humanas juntan a los hombres entre sí y oxigenan el aire social, que se hace más respirable y lo tonifica todo socialmente.

La desesperanza nos vuelve a la caverna de la selva, nos aísla y ahonda y oscurece el recinto de nuestra propia mala sombra, la personal y la colectiva, la individual y la social.
El
hombre actual, desde la Revolución francesa con más fuerza, viene
ensayando la aventura de ir a ver qué le pasa si se le cierra el
espacio a Dios y vive a su aire. Su actitud es el eco de la rebelión
de los ángeles cuando se sienten vivos ante el Dios que les ha hecho
y al que han de servir, su Non
serviam!

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional
ALAS DE PLÁSTICO

ALAS DE PLÁSTICO
Ahora
que por fin vuelvo a recobrar la lucidez que durante un tiempo
parecía haber perdido, echo la vista atrás y trato de hacer
memoria. ¿Casicuento? Creo que el relato que ofrezco puede muy bien
calificarse de tal: angustiosa pesadilla, secuencia de ciencia
ficción que no desaparece, como hubieras deseado, cuando abres los
ojos a la realidad.
Todo
comenzó hace unos meses, mediado enero de este 2020, con las
noticias que en los telediarios se hacían eco de lo que en un
principio parecía una epidemia local y habría de acabar
convirtiéndose en grave pandemia. Comentaban que en Wuhan,
populosa ciudad de la provincia
China de Hubei,
estaba manifestándose de forma virulenta una infección desde el
pasado diciembre. La causa, un coronavirus de origen no claramente
determinado, al que convinieron en llamar Covid-19.
El tema
resultaba entonces lejano y parecía circunscrito a
aquella región del sudeste asiático. La preocupación fue mayor cuando en los inicios de febrero la epidemia brotó en otras zonas, más o menos próximas, y se volvió alarmante al hacer su aparición en Europa, muy especialmente en Italia. La infección se había transformado en pandemia. Y aunque la Organización Mundial de la Salud no la declararía como tal hasta el 11 de marzo, para entonces la situación en Italia, particularmente en la Lombardía, había adquirido tintes dramáticos.
aquella región del sudeste asiático. La preocupación fue mayor cuando en los inicios de febrero la epidemia brotó en otras zonas, más o menos próximas, y se volvió alarmante al hacer su aparición en Europa, muy especialmente en Italia. La infección se había transformado en pandemia. Y aunque la Organización Mundial de la Salud no la declararía como tal hasta el 11 de marzo, para entonces la situación en Italia, particularmente en la Lombardía, había adquirido tintes dramáticos.
Puede
que por entender, ingenua e irresponsablemente, que lo que no se ve
no existe, o -lo que resulta más creíble- por espurios intereses
políticos, las autoridades españolas prefirieron mirar hacia otro
lado y minimizar a los ojos de la
población el evidente riesgo. Por lo que no se tomaron las necesarias medidas preventivas, se desarrollaron –resulta incomprensible- en la primera quincena de marzo, numerosas concentraciones de carácter deportivo, entre ellas el desplazamiento a Milán, en el epicentro de la infección, de hasta tres mil aficionados del Valencia fútbol club, sin control sanitario alguno, y se llevaron a cabo mítines y manifestaciones, algunas de estas no solo permitidas sino alentadas desde determinadas instancias sociales y políticas claramente irresponsables.
población el evidente riesgo. Por lo que no se tomaron las necesarias medidas preventivas, se desarrollaron –resulta incomprensible- en la primera quincena de marzo, numerosas concentraciones de carácter deportivo, entre ellas el desplazamiento a Milán, en el epicentro de la infección, de hasta tres mil aficionados del Valencia fútbol club, sin control sanitario alguno, y se llevaron a cabo mítines y manifestaciones, algunas de estas no solo permitidas sino alentadas desde determinadas instancias sociales y políticas claramente irresponsables.
Luego
vinieron las prisas. Y lo que un día parecía desestimarse por
completo, veinticuatro horas después se tornó en acuciante
problema. Cierre de centros de mayores primero, de centros de
enseñanza después, y finalmente el confinamiento social de la
población y el cese prácticamente total de cualquier actividad
laboral no considerada esencial.
Cuando
el 14 de marzo se ordenó el confinamiento, yo me encontraba ya algo
tocado. Desde un par de días venía notando un leve dolor de
garganta y cierta dificultad para tragar. Pero las molestias fueron
rápidamente a más, y a lo que en un principio me parecieron
muestras de una simple afección gripal, siguió un fuerte acceso de
fiebre, violentos golpes de tos y un progresivo y más que
preocupante ahogo. Se imponía el desplazamiento al servicio de
urgencias. Dada mi avanzada edad –soy ya septuagenario, aunque me
cueste reconocerlo-, fue mi hijo, con cuya familia convivo, quien me
condujo hasta el hospital. Tengo que decir que el panorama que
encontramos resultaba deprimente: salas abarrotadas, eternas esperas,
y creciente sensación de agobio, inseguridad e impotencia.
Al fin
se me realizó el protocolario triaje, y a la vista del estado febril
y claros síntomas de infección, se determinó mi ingreso
hospitalario. Un beso de mi hijo, y un “hasta ahora” cargado de
angustia, que, a tenor de lo que a diario presentaban los
informativos, podría convertirse en un definitivo “adiós”.
Se me
acomodó en un asiento de sky –las sillas de ruedas debían de
estar ya asignadas al completo-, se me administraron fármacos por
vía oral, desconozco si analgésicos, antibióticos o
antiinflamatorios, y se me colocó un vial para el correspondiente
suero que colgaba de un soporte metálico colocado en la proximidad.
Así, en uno de los pasillos, permanecí el resto de la tarde y toda
la noche. Cedió algo la
fiebre, pero la tos y la sensación de ahogo se hicieron cada vez más fuertes y persistentes. A media mañana volvió a subir la temperatura, y la respiración se me hacía muy difícil. Fue entonces cuando se decidió mi traslado directamente a la Unidad de Cuidados Intensivos, quiero entender que por la gravedad de mi estado, al margen de que, por lo que llegaba a mis oídos, la ocupación de las habitaciones estaba al completo.
fiebre, pero la tos y la sensación de ahogo se hicieron cada vez más fuertes y persistentes. A media mañana volvió a subir la temperatura, y la respiración se me hacía muy difícil. Fue entonces cuando se decidió mi traslado directamente a la Unidad de Cuidados Intensivos, quiero entender que por la gravedad de mi estado, al margen de que, por lo que llegaba a mis oídos, la ocupación de las habitaciones estaba al completo.
Tras mi
desplazamiento a la UCI, debí de perder pronto la consciencia de
cuanto ocurría a mi alrededor. Hasta varios días después, según
me dijeron, no volví a responder a los estímulos externos. Fue
entonces cuando empecé a vislumbrar la gravedad y magnitud del
problema. Doctores, enfermeros, ayudantes sanitarios… en permanente
actividad, procuraban ocultar a nuestros ojos la más que patente
agitación. Preocupados, angustiados, trataban con su esfuerzo de
paliar la evidente escasez de medios. A través de la cortinilla que
separaba los box en que nos encontrábamos, pude observar algo que me
dejó perplejo: varios sanitarios se afanaban en confeccionar con
bolsas de basura y cinta americana improvisados delantales, chalecos
y capuchas que colocar sobre sus batas de trabajo. Alas de plástico
para esos ángeles custodios que el cielo había hecho llegar hasta
nosotros.
Así lo
sentí entonces y así los recuerdo. Un par de semanas más se
prolongó mi convalecencia, primero en la UCI y luego en planta. Y
debo decir que no olvidaré jamás la profesionalidad, la dedicación
y el cariño que me dieron. En ausencia de mis hijos, de mis nietos…
ellos fueron mi familia. A varios de ellos dejé de verles en los
últimos días. Quiero pensar que se trató de un merecido descanso,
y que no fueron víctimas del contagio. Me niego a aceptar tamaña
injusticia.
Hoy, ya
en mi domicilio, donde en compañía de mis hijos
completo la preceptiva cuarentena, he sabido lo que hasta ahora se me había ocultado: miles de muertos, funerarias colapsadas, improvisadas morgues…. Nunca lo hubiera podido imaginar, en pleno siglo XXI, y en un país que consideramos desarrollado. ¿En verdad lo somos? ¿cómo hemos podido llegar a esta situación? Habrá que exigir responsabilidades y, sobre todo, tendremos que aprender: no podemos permitirnos volver a tropezar en la misma piedra.
completo la preceptiva cuarentena, he sabido lo que hasta ahora se me había ocultado: miles de muertos, funerarias colapsadas, improvisadas morgues…. Nunca lo hubiera podido imaginar, en pleno siglo XXI, y en un país que consideramos desarrollado. ¿En verdad lo somos? ¿cómo hemos podido llegar a esta situación? Habrá que exigir responsabilidades y, sobre todo, tendremos que aprender: no podemos permitirnos volver a tropezar en la misma piedra.
Durante
mi convalecencia en el hospital, a través de la ventana de la
habitación que compartíamos varios pacientes nos llegaba a diario
el sonido de las sirenas envuelto en el emocionado aplauso de la
población. Cada tarde sigo abriendo mi ventana para aplaudir y para
lanzar un beso de agradecimiento a aquellos ángeles guardianes con
alas de plástico que tanto hicieron por mi vida, Y aplaudo también
a los que, puede que agitando esas alas que ellos mismos con tanto
celo construyeron, han volado hacia el cielo. Seguro estoy de que la
recompensa será eterna, como ha de serlo nuestro reconocimento.
ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación
Emérito UCJC
*** Nota de la Dirección del blog AFDA: Póngase el acento en el cuento del casicuento, no en el casi.
Los amigos del creador de este género literario, Ángel Hérnández Expósito, pueden estar tranquilos que a nuestro amigo el coronavirus ni se le acercó ni él hará nada porque se le acerque.
CONFINADOS,
MAS
NO ANESTESIADOS
Desde
la amarga soledad de este confinamiento
al
que tan dura pandemia nos somete,
quiero
escuchar mi voz, palparme el corazón, oír mi sentimiento
y
notar que, a pesar de los pesares, aún aliento.
Hay
quien, con buena voluntad, por aliviar el sufrimiento,
nos
dice que miremos hacia el cielo,
que
nos felicitemos de verlo tan limpio y tan azul, y es cierto.
Pero
yo me pregunto: ¿y a qué precio?
¿Dónde
están los abrazos, las risas de los niños?
¿Y
dónde las caricias, dónde el andar pausado,
la
paciente sonrisa del abuelo?
Quienes
abrazan el timón que algunos, engañados, les cedieron,
parece
–tan solo lo parece- que no logran hallar un rumbo cierto.
Y
digo que “parece”, pues entiendo que saben lo que quieren,
aunque
-arma vil de rufianes y traidores- continúen mintiendo.
Nos
dicen que nacieron marineros, pero son en verdad de tierra adentro.
Presumen
de saber dónde está el norte, y dicen que callemos,
que
ya ellos -osados ignorantes-, sabrán muy bien cómo llegar a
puerto.
Es
tan grande el orgullo, están tan ciegos,
que
no importa si al fin la nave encalla o queda al descubierto.
Importa
estar arriba, sobre el puente,
aunque
azoten las olas y arrastren sin remedio
a
miles de inocentes a quienes la ineptitud, la ineficacia y la
soberbia
dejaron
al garete e indefensos.
"No
es hora de censuras”, nos repiten, no es momento
de
mostrar ataúdes, ni lágrimas de rostros doloridos,
ni
morgues atestadas, ni lamentos.
Ni
una corbata negra, ni un lazó de crespón en la bandera,
ni
un adiós dolorido a quienes se nos fueron… ni un recuerdo.
Yo
me sumo al merecido aplauso y homenaje
a
cuantos con su esfuerzo, tan solo con su esfuerzo,
consiguen
procurar algún alivio a tanto sufrimiento.
Lamento
que, seguro sin quererlo,
encubran
de algún modo las vergüenzas
de
quienes por desidia, incompetencia o espurios intereses,
negaron
que arreciaba la tormenta, llegaron a destiempo
y
alargaron dolores y agonías.
Confío
en que al final amaine la tormenta
y
puedan restañarse las heridas;
que
el abrazo sentido alivie el duelo
los
amigos… todos los que en silencio se nos fueron.
Y
espero que ya entonces sea el momento:
que
la forzada calma y la quietud
que
amordazan ahora las almas y los cuerpos
clamen
con fuerza, se hagan al fin oír, haya justicia
y
cada cual, patrón o marinero, responda de sus actos.
Por
ahora, solo puedo decirles, ilustres diputados,
señores
del gobierno o dignos magistrados:
confinados,
sin duda; pero, entiéndanlo bien, no anestesiados.
ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación
Emérito UCJC
CAPERUCITA
Caperucita
no sabía
que
el lobo la perseguía
hasta
que él se le acercó.
¿Adónde
vas, hija mía?,
la
dijo y se relamió.
Voy
a llevarle a mi abuela,
que
está pachucha la lela,
esta
cestita de frutas.
¿Quieres
una y la disfrutas
como
la disfruto yo?
a
la fruta, no a la niña,
vaya
por Dios.
Se
hincharía con la abuela
sin
cocerla en la cazuela,
y
por eso se esperó.
¿Moraleja?
Pues
que se zampó a la vieja,
y
este cuento se acabó.
EL
LOBITO MALO
(Cuento
versado)
El
lobito malo,
el
Coronavirus,
travieso,
travieso,
mejor
traviesillo,
se
metió de ronda
en
los seres vivos:
los
hombres, tan fuertes,
tan
francos, tan ricos,
tan
hondos, tan libres,
tan
guapos, tan listos,
armados,
valientes
y
supercreídos.
Hombres
y mujeres
a
la vez, os digo.
Poseyó
a doctoras,
redujo
a políticos,
birló
a economistas
troyanos
y tirios,
voló
allende el mar,
ocupó
intestinos,
y
ya cual parásito
de
abuelos sufridos,
rebosó
las calles,
camas
y edificios
de
las grandes urbes
y
los pueblos chicos.
El
Coronavirus,
perfecto
lobito
chupador
de sangre
igual
que un vampiro,
no
ha alcanzado aún
su
más alto pico
y
al borde nos deja
del
preprecipicio.
Márchate
a la mierda,
lobito,
lobito
más
malo que Judas
que
se cargó a Cristo.
De
Coronavirus
no
quede un resquicio,
Covid-19,
a
ti me remito.
sigue
vivo, vivo,
enterrando
muertos
suspiro
a suspiro.
Malo,
malo, malo,
más
malo no ha habido.
Anda
y que le den
por
donde ha venido
a
hacernos la pascua
el
triste bichito.
Abril, 2020
8 Los osos
Y el escarabajo pelotero
- Los osos solo hacen el oso dentro de los circos. Si no, preguntádselo al muy oso del rey Favila.
-
El oso de Favila aceptó la pelea con el rey. Quiso pasar a la Historia. Lo logró, pero con memoria de habérselo zarpaceado de lo lindo.
-
Cuando un oso adopta postura de bípedo, si los demás mueven sus cabezas de lado a lado, es porque le están diciendo que esa postura no le cuadra, que es ridícula.
-
Lo malo del oso es que nadie le ha dicho ni a él se le ocurre quitarse en verano su abrigo de pieles bueno para el invierno. ¿Nadie se lo dirá?
-
Lo trágico del escarabajo pelotero es que con bola tan grande, que se sigue agrandando, no le queda otra cosa entre sus patas hechas manos más que la esfera sucia del mundo.
-
El escarabajo marcha hacia atrás metalizalmente blindado y, con los ojos en el suelo, no levantará su cabeza ni para mirar el camino hecho. ¡Qué tesón!
-
Su tesón no le ha servido. En el Egipto faraónico le fue mejor. Allí era sagrado. Le pintaban en los muros de sus palacios y le colocaban sobre el mismo corazón de las momias. Garantizaba la resurrección. ¡Cuánto ha caído!
CUR
- Cuando los chinos comenzaron a ponerse mascarillas, les resultaba difícil ‘es-bozal’ una sonrisa.
- Reflexiona y para mientes: si no desmientes a quien te miente y siembra tu mente de mala simiente, o entiendes malamente o estás demente.
- Cuando a las palmas siguen cacerolas, es que hay muy buena gente, y otra que, en vez de protegerte, cuenta bolas.
- Dice San Fermín que cuándo se ha visto que los cabestros dirijan el encierro.
- Hay quienes afirman que esto de la pandemia es como una guerra. Yo tengo la suerte de no haber vivido ninguna, pero reconozco que tenemos un problema ‘de armas tomar’.
- Tras tantos días de encierro, creo tener el síndrome ‘Segismundo’, como el de Calderón: ya no sé cuándo son jueves y cuándo domingos son.
- Este año no ha habido Fallas, pero sí tantos fallos que la gente echa humo.
- El mundo al revés: los perros sacan de paseo a sus dueños, que han de llevar bozal y restregar las ‘patas’ en el felpudo antes de entrar en casa.
- Dicen que las mas-carillas están por las nubes; a ver si llueve y caen más-baratillas.
- Le dices al virus “No es no”, y te responde “Naranjas de la China, na, China na…”
- Estamos con la mascarilla en la barbilla y del corona… hasta la coronilla.
- No entiendo el porqué de las quejas a nuestro dirigentes, cuando son los primeros en dar ejemplo y lavarse las manos.
- El 26 de abril comenzó el desconfinamiento y salieron los niños a la calle. Yo aproveché para dar un paseo con mi señora; nadie podrá censurarme que sacase a pasear a la niña de mis ojos.
Á. H.
![]() |
Atletismo infantil |
Cuando
el alumno alcanza la edad de 9 años ha conseguido un grado de
madurez suficiente para acceder a un trabajo más técnico del que
hasta este momento venía realizando. A esta edad ha afirmado y
organizado su Yo, y tiene interés por la vida social (Gesell, 1977).
Se siente parte activa en el mundo de los demás. Posee una
inteligencia concreta y tiene en cuenta el
porqué de las cosas.
Construye progresivamente el pensamiento social, lógico y moral
(Piaget, 1985).
A partir
de esta edad y hasta los 11-12 años, va aumentando su interés por
la vida social y se mueve entre dos polos esenciales: el grupo
familiar y el grupo de clase en la escuela. Es el momento para que se
introduzca en las primeras nociones de los deportes de equipo y
juegos colectivos, ya que es capaz de aceptar y respetar las reglas
existentes. Puede someterse a la disciplina de unas sesiones de
educación física más complejas que las recibidas en la etapa
anterior y abordar las técnicas deportivas, pues diferencia bien la
actividad de juego de la actividad de trabajo.
La
introducción deportiva a través de juegos y deportes adaptados, más
otros contenidos de ejercicio físico, ha de ser amplia en el sentido
de conocer diversas actividades físicas y deportes como contenido
más concreto de la Educación física de base. La práctica de una
extensa gama de técnicas y situaciones diferentes hará que el
alumno tenga un repertorio amplio de movimientos y de patrones
motores que enriquecerán su educación física, independientemente
de la carga cultural que ello conlleva.
Pero,
¿qué deportes o
actividades físicas favorecen más la formación del niño en este
período? No todos los
deportes y actividades tienen el mismo valor como vehículo de
formación. Algunos deportes, por las situaciones que someten al
individuo con su práctica, poseen mayor poder formativo que otros.
Los principales son el atletismo,
la gimnasia preacrobática y la natación,
considerados deportes básicos porque solamente con su práctica se
mejoran las capacidades físicas en su sentido más amplio.
-
El atletismo es la actividad básica del hombre ante la naturaleza. Marchar, correr, saltar y lanzar están tan asociadas con el ser humano que se hacen imprescindibles. La mayoría de los grupos de ejercicios del Método natural de George Hebert (1913), citado por Langlade (1970), con enfoque lúdico y adaptado a esas edades, puede ser un referente del trabajo de esta actividad.
-
Gimnasia alevín
En
países centroeuropeos, como Francia o Alemania, esta gimnasia es un
contenido obligatorio, y tiene una carga significativa, dentro de la
programación de la educación física escolar. Naturalmente, el
profesorado está formado en esta disciplina, algo que no suele
suceder en el español.
![]() |
Natación alevín |
-
La natación se hace imprescindible para dominar el elemento más abundante en la corteza terrestre, el agua. Supone, además, eludir un peligro potencial grave. Su dificultad se encuentra en la disponibilidad de instalaciones específicas; problema que se puede resolver en muchos colegios ubicados en grandes poblaciones con una adecuada organización.
La
práctica de estas actividades deportivas debe ser complementada con
juegos
de carácter
colectivo
basados en las reglas de deportes como el baloncesto, el fútbol, el
balonmano, el voleibol, etc. Con estos deportes adaptados a la edad
del alumnado, además de fomentar valores como la colaboración en
grupo y el respeto a las reglas de cada deporte, se desarrollan las
capacidades
físicas en su
vertiente perceptiva-motriz:
la percepción espacio-temporal y del esquema corporal además de
las diversas coordinaciones.
![]() |
Fútbol infantil |
La
acción didáctica en esta etapa combinará estrategias globales con
otras analíticas. Son edades de gran facilidad de aprendizaje de
gestos técnicos, los cuales serán asimilados con poco esfuerzo. La
enseñanza técnica deberá estar muy presente en el docente, aunque
sin excesiva imposición. El logro de unos determinados gestos
técnicos suele interpretarlo el alumno de manera positiva.
Combinarán estilos de enseñanza mediante la búsqueda
con estilos de instrucción
directa; éstos
últimos a través de asignación de tareas, predominantemente.
En
cuanto a la adquisición de las capacidades
condicionales
–resistencia, fuerza, velocidad y flexibilidad– deben trabajarse
de manera significativa para obtener un adecuado desarrollo en el
futuro. De no ser así, los niños arrastrarán unas carencias
difíciles de cubrir en etapas posteriores. Naturalmente, este
trabajo deberá hacerse de manera progresiva y disfrazada.
Disfrazada, en el sentido de que se desarrollen estas capacidades a
través de propuestas de trabajos con enfoque lúdico.
![]() |
Gimnasia alevín |
Es un
error desperdiciar esta etapa en trabajos exclusivamente de
capacidades perceptivo-motrices, como suele hacerse en las prácticas
de esta asignatura, y no incidir de manera adecuada en las
capacidades condicionales, principalmente por prejuicios del
legislador, disminuyendo de manera notable el gran potencial de los
niños a esa edad.



De lejanos tiempos gloriosos rescatamos ahora, que nos los pasa su viuda Eva Martínez de Coca, unos dibujos que nuestro entrañable Diego debió de hacer en sus años de magisterio o en los primeros de su fértil docencia.
Francisco Sáez Pastor
Universidad de Vigo
Universidad de Vigo


DIEGO
COCA
Y su MES DE LAS FLORES
De lejanos tiempos gloriosos rescatamos ahora, que nos los pasa su viuda Eva Martínez de Coca, unos dibujos que nuestro entrañable Diego debió de hacer en sus años de magisterio o en los primeros de su fértil docencia.
Ver
el completo del mes de viñetas pinchando más arriba en Addenda, en:
"Diego
Coca y mes de mayo”