Noviembre, 2019
ÍNDICE
PRINCIPAL
Pregón:
Avanza
el desierto, ¡arriba, pues!
Cuadros
sobre el más allá (II):
Incredulidad
de Sto. Tomás. Caravaggio.
E.
Malvido
Páginas
recuperadas (2):
Unas
palabras de Ortega.
Teódulo
G.R.
Alta
política con estilo:
Cuestión
de marco.
R.
Duque de Aza
Libros:
Los
misterios del camino de Santiago.
J.M.B. Corredoira
Casicuento:
Los
sueños de Akín.
Á.
H.
Soneto
desde el sentimiento:
No
desesperes.
Á.H.
Rincón
de Apuleyo:
Elegía
de los peces muertos.
Afderías,
2
:
El
búho y el elefante.
CUR
Educación
física: Acción
mecánica.
F.
Sáez
¡ARRIBA,
PUES!
Nos lo había dejado dicho el Cohelet, en el siglo III a. C.: “No preguntes: ¿Por qué los tiempos pasados eran mejores que los de ahora? Eso no lo pregunta un sabio” (7,10).
Y
dieciséis siglos más tarde, ante la puerta de entrada del
Renacimiento español, Jorge Manrique nos recriminaba: “Cómo a
nuestro parescer / cualquiera tiempo pasado fue mejor”.
Y es
cierto. Hubo tiempos pasados peores que el nuestros. Pero también es
cierto que estos presentes años nuestros, en España, marcan un
evidente retroceso moral y de cultura respecto de la realidad
que conocimos los que guardamos memoria de algunas décadas del siglo
XX.
Asistimos
a un avance de desierto que todo lo seca, demoledor. Avanza entre
nosotros la incultura y las añejas costumbres cristianas se aflojan
y difuminan. No hay más que prestar oído al habla al día, pobre
en número de palabras, ausente de matices, atada a términos
generales... Y por mostrar otro frente de bulto y generalizado,
observar la forma de vestir descuidada, inelegante, de pelanas
desastrado hasta en los estamentos cumbres de la política y de la
sociedad.
¿Qué
se hizo del “buen gusto” del tiempo de los RR. CC.? ¿Qué se
hizo del legendario honor de los Siglos de Oro y del sagrado pudor de
antaño? ¿Qué de los modales corteses de saludo y de gesto?
En los colegios: ¿qué del respeto al profesor?, ¿qué de la
pulcritud de los ejercicios de clase y tareas de casa?

Y paciencia y tesón. Recordad la afirmación de madame Swelchine o de Alejandro Dumas, padre, quizá a los dos: “El bien es lento, porque sube; el mal es rápido porque baja”.

Michelangelo
Merisi, il Caravaggio (1571-1610), “La incredulidad de santo
Tomás”,
entre 1602-1603, pintura al óleo sobre lienzo, 107 cm x 146 cm.
entre 1602-1603, pintura al óleo sobre lienzo, 107 cm x 146 cm.
Los
cuadros de Caravaggio me tenían impresionado. No me era posible
olvidar esos rostros llenos de las más diversas y opuestas
expresiones ni de los personajes aunados todos ellos ante algún
suceso insólito, justo, mientras se estaba produciendo ese algo
sorprendente. Su talla de genio de la pintura era indiscutible, pero
tanta sangre, tanto martirio, tanta muerte me tenían intrigado.
¿Tendría que ver con su vida? Estaba casi seguro de que sí.
Y
me puse a saber algo de su existencia. El dato de que solo vivió
casi 39 años me llevó a pensar enseguida que no podía tratarse de
la historia normal de un pintor que había triunfado con sus obras
artísticas y que había creado escuela.
Así
es que empecé a anotar hechos en su corta existencia que hacían
previsible y predecible el final prematuro de la vida de nuestro
célebre pintor.
Yo
estaba acostumbrado a oír o a leer que los grandes artistas llevaban
una vida acorde con la vida de sus mecenas: Velázquez, Rubens, Goya…
Me extrañaba mucho que este no fuera el caso de Michelangelo Merisi
da Caravaggio. Más aún, me resultaba incomprensible un pintor
admirado y admirable por su arte con una vida de violencia y de
provocación delictiva social. Luego me enteré de que el caso
antisocial de Caravaggio se había dado en otros artistas: por
ejemplo, en Italia Cellini y en España Alonso Cano. Pero ¿cómo
encontrar alguna explicación coherente entre el pintor
revolucionario lombardo y su vida atentatoria del orden social
establecido?
Últimamente
se ha ido imponiendo la hipótesis de que Caravaggio había vivido de
una manera natural en los bajos fondos de la sociedad de Milán y de
Roma y de que había llegado a animar y a gestionar como proxeneta a
todo un colectivo de prostitutas, corporación que originaba una
serie predecible de disputas entre la población noble y baja de la
sociedad. El propio Caravaggio contaba con habilidades para llevar
adelante un negocio tan peligroso como lucrativo. Habilidades de tipo
coercitivo porque, por un lado, era de fuerte constitución física:
“un joven fornido,
de unos veinte o veinticinco años, con barba negra más bien rala,
cejas pobladas y ojos negros, vestido de negro, más bien desaliñado,
con unas calzas negras que están un poco gastadas y que tiene una
espesa mata de pelo que le cae sobre la frente”,
como testimonia sobre él el barbero Lucas en unas actas de una
investigación judicial; y porque, por otro lado, se manejaba bien
con la espada. Esta hipótesis hace creíble la lista interminable de
delitos que aparecen registrados en los procesos judiciales que se
han logrado verificar como sucesos reales: altercados, riñas,
insultos, denuncias, amoríos, tenencias ilegales de armas,
calumnias, duelos…
¿Tendría
que ver esta vida de los bajos y peligrosos fondos de nuestro pintor
lombardo con sus obras pictóricas? Viendo los temas que trata al
principio, cuando cuenta con el mecenazgo del cardenal Francesco Del
Monte, y después, cuando es apoyado por la nobleza y las
instituciones eclesiásticas, viendo los que figuran como personajes
de las diferentes escenas bíblicas (pordioseros, prostitutas,
homosexuales… con los que ha convivido), se llega a la conclusión
de que en las pinturas de Caravaggio se refleja muchísimo de la
biografía del propio artista. Así, el cuadro de “los tahúres”
y el de “la buenaventura” evocan el engaño y el robo que los
jugadores de cartas y las gitanas llevan a cabo a cuenta de los
jóvenes nobles engañados y robados que Caravaggio había observado
tantas veces en las plazuelas y callejas de la Roma suburbana (ver
esos cuadros en Google). Y cuando le llegan encargos de las diversas
iglesias y parroquias, Caravaggio sorprende a los patrocinadores
eclesiásticos y religiosos con la presencia de representantes de la
baja condición humana en el papel de san Mateo, de san Pedro, de san
Pablo… (ver los cuadros de “la vocación de san Mateo”, su
“martirio”, “la conversión de Pablo” en Google).
Además
de los inesperados personajes que figuran en sus representaciones
pictóricas, el pintor milanés crea el fondo negro de donde emergen
los personajes con una visión tridimensional para los espectadores.
Es la famosa técnica del “tenebrismo”.
Todavía
debemos hablar de otra característica de Caravaggio: Cuando nuestro
artista pinta una escena bíblica, la dota de un dinamismo teatral
alcanzando en su desarrollo el clímax de la acción. No nos extraña
que haya compañías teatrales que reconstruyan escénicamente
algunos cuadros del revolucionario pintor italiano.
En
cuanto a la proyección biográfica de Caravaggio en sus pinturas,
hay un antes y un después en la fecha del 28 de mayo de 1606, cuando
nuestro pintor mutila y causa finalmente la muerte de Ranuccio
Tomassoni, por la que es condenado por el Papa Pablo V a morir
decapitado.
Michelangelo
Merisi, ayudado una vez más por miembros de la familia de los
Colonna, huye a Nápoles. Los cuatro años finales de su vida
(1606-1610) fueron para el pintor milanés un huir constante de los
emisarios del Papa por diferentes lugares de la costa mediterránea
(Nápoles, Malta, Siracusa, Mesina, Palermo, y otra vez Nápoles) y
un deseo sincero de obtener el perdón papal. Con esta intención
última llegó a Malta y después de algún tiempo de integración en
la sociedad maltesa consiguió ser nombrado caballero en la
influyente Orden de los Caballeros de San Juan, El Gran Maestre de la
Orden de Malta (ver en Google el retrato del Gran Maestre pintado por
Caravaggio) tuvo que pedir doble dispensa al Papa para investir
caballero a Michelangelo Merisi, puesto que la investidura estaba
prohibida a los culpables de homicidio. También podemos contemplar
en la concatedral de san Juan de La Valeta la impactante pintura
“Decapitación de san Juan Bautista”, única obra firmada por su
Autor: “f Michelangelo”. La “f” puede entenderse como el
habitual “fecit”, o bien como “fray”, como un miembro más de
la Orden de los Caballeros de san Juan (véase en Google el cuadro
mencionado).
Después
de escaparse “misteriosamente” de la cárcel de la fortaleza del
Santo Ángel, Malta, otra vez en Nápoles nuestro Artista quiere ir a
Roma a congraciarse con el Papa. Pero envuelto de nuevo en otro
episodio de violencia en la taberna del Cerriglio, la más famosa de
Nápoles, Caravaggio sale muy mal parado. Como prueba de
arrepentimiento, el genial artista lombardo pinta el alucinante
cuadro “David con la cabeza de Goliat”.
Aquí
sí que el pintor se expresó en las dos figuras que componen el
cuadro. Por un lado, la cabeza del gigante filisteo casi se topa con
nuestro rostro y con nuestro grito de horror. Es la cabeza del propio
Caravaggio tal como quedó tras la tremenda paliza que, según algún
cronista, le propinaron los mercedarios enviados por la poderosa
Orden de los Caballeros de san Juan. Por otro lado, tenemos la joven
figura de David que mira al enorme Goliat no con la mirada triunfal
de quien acaba de realizar la hazaña de librar a su pequeño pueblo,
Israel, de las fuerzas superiores del pueblo filisteo. Por el
contrario, a David le invade un sentimiento de compasión y
misericordia hacia el rostro que lleva marcadas las heridas y
cicatrices del pendenciero Caravaggio. Ante la probabilidad de morir
decapitado como Goliat, es el mismo Michelangelo Merisi quien
mediante la figura de David solicita del Papa clemencia y perdón.
Se
sabe que Caravaggio partió de Nápoles rumbo a Roma en una
embarcación con la esperanza de ser absuelto de su homicidio por el
Papa. De las circunstancias y de la causa de su muerte existen muchas
versiones. La fecha que se da de su muerte es el 18 de julio de 1610.
Hacemos nuestras las palabras sentenciales de un cronista:
“Murió malamente, como malamente había vivido”.
Y
ahora sí vamos a interpretar el cuadro de Michelangelo Merisi da
Caravaggio, “La incredulidad de santo Tomás”, desde el punto de
vista de la escatología cristiana.
El
cuadro ofrece a simple vista las características peculiares del
pintor lombardo que hemos mencionado en párrafos anteriores: el
naturalismo, que no idealiza en modo alguno la realidad; la técnica
de fondos oscuros o negros, de donde los cuerpos surgen de forma
voluminosa, como bajo o mediorelieves esculpidos; y, en tercer lugar,
el movimiento dramático o trágico de la escena hasta alcanzar el
clímax de la misma. En “La incredulidad de santo Tomás” destaca
sobre todo esta última peculiaridad: los cuatro personajes, incluido
Jesús, viven expectantes el momento en que Tomás introduce su dedo
en el costado recién abierto del Nazareno…
Puesto
que el tema de este cuadro, pictóricamente muy novedoso, es una de
las apariciones de Jesucristo resucitado, ¿cómo debemos valorarlo
desde la escatología cristiana?
Cuando
los primeros cristianos afirman la resurrección de Jesús de entre
los muertos, la entienden simultáneamente
con estos dos contenidos:
1
Que Jesús de Nazaret, a pesar de haber muerto, vive actualmente
en cuerpo y alma; y
2
pero que vive gloriosamente transformado en su cuerpo y en su alma.
¿Cómo
se utilizan esos dos contenidos en el NT? Podemos responder a la
pregunta diciendo en resumen que dichos contenidos son tratados de
dos maneras distintas: “histórica” o “físicamente” en los
Evangelios, y “escatológicamente” cuando algún testigo de Jesús
resucitado cuenta, caso único de Pablo, la aparición que tuvo de
Jesucristo resucitado.
Como
los relatos evangélicos son los más conocidos y como la obra de
Caravaggio Merisi “La incredulidad de santo Tomás” sigue al
Evangelio de Juan 20,24-29, vamos a extendernos un poco más en las
escenas de las apariciones de Jesús resucitado que figuran en los
Evangelios.
Los
Evangelios se limitan en casi todos los relatos de apariciones al
primer contenido. Lo más natural era que Jesús hubiera muerto y
corrompido su cuerpo. Los discípulos, por el contrario, confiesan
que quien se les aparece no es el espíritu del difunto Jesús, sino
que el Señor se les ha mostrado vivo en cuerpo y alma en las
apariciones. Por eso, en las escenas de las apariciones, Jesús
resucitado se les hace visible, les habla, los llena de paz a pesar
de que lo abandonaron en la muerte por crucifixión, come con ellos…,
a diferencia de los espíritus de los muertos, que no se hacen
visibles, no hablan, no colman de paz a los que les hayan defraudado,
no comen con los vivos…
También
encontramos en los relatos evangélicos de apariciones del Resucitado
algunos pocos datos que desentonan con el lenguaje físico habitual:
1
En Jn 20,19 y 20,26 se lee que, estando cerradas las puertas, Jesús
resucitado se presentó en medio de ellos… Si Jesús tuviera un
cuerpo como el que tuvo en vida, ¿podría atravesar un espacio
cerrado y presentarse súbitamente delante de los discípulos?
2
Mc 16,19 dice que el mismo Jesús resucitado, después de hablar a
sus discípulos, “fue elevado al cielo” ¿Puede un cuerpo que
habla como hablamos nosotros moverse o ser movido en vertical?
3
Mt 28,17 notifica que, cuando el Señor resucitado se les apareció
en Galilea, los discípulos lo adoraron, pero no todos, puesto que
algunos dudaron… Si las apariencias de Jesús eran las físicas de
siempre, ¿cómo no fue reconocido por todos?
Pablo,
en cambio, es un caso aparte. El Apóstol de los gentiles destaca
solo el segundo contenido. Cuando se compara con los Apóstoles, el
último testigo del Resucitado alude al lenguaje de la visión física
(1Cor 9,1: “¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto
yo a Jesús, Señor nuestro?”), pero no encontraremos un relato de
la aparición de Jesús a él como en los Evangelios. Por el
contrario, Pablo habla de su encuentro con el Resucitado en términos
de experiencia interpersonal: “Aquel que me separó desde el seno
de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar a su Hijo
en mí, para que le anunciase entre los gentiles…” (Gal 1,15-16);
“Continúo mi carrera para alcanzarlo [a Cristo resucitado] como
Cristo Jesús me alcanzó a mí [camino de Damasco]” (Fil 3,12).
Cuando
Pablo habla de Jesús resucitado lo hace de alguien que pertenece a
otro orden distinto y superior al de la naturaleza: al orden de la
realidad escatológica. En vano se empeña Pablo en describirlo
recurriendo a realidades asombrosas del orden natural. El primer
ejemplo que Pablo propone a los corintios (1Cor 15,35-38), apenas lo
analizamos, se nos viene abajo. Sí, la semilla que se siembra y
muere no tiene equivalencia alguna en el color, tamaño, olor, peso,
sabor, con la planta que va a brotar de la semilla, por ejemplo, un
grano de trigo. Porque tanto la semilla como el trigo espigado no se
salen del orden natural, y la planta que florezca seguirá siendo
siempre una realidad cambiable y perecedera. Algo más acertado se
manifiesta el Apóstol de los gentiles al contrastar la
perdurabilidad de los cuerpos celestes (sol. luna, estrellas) con la
caducidad de los cuerpos terrenales (carne de los hombres, de los
animales, de las aves y de los peces), para concluir declarando: “Del
mismo modo que hemos llevado la imagen del hombre terrestre (Adán),
llevaremos también la imagen del celeste (Jesús resucitado)” (1
Cor 15,49).
Pienso
que Romano Guardini −saliéndose de cambios asombrosos en el orden
natural− estuvo mucho más acertado al transcribir en palabras
humanas la experiencia de Pablo en la aparición escatológica de
Jesús resucitado:
“Acaso
no nos engañemos si pensamos que no tanto contempla a Cristo como
figura y rostro, cuanto lo siente como potencia. Con esto no queremos
naturalmente significar una energía religiosa impersonal, sino
siempre a él, al Jesús real Dios-hombre, al Señor personal. Pero
no experimentado como figura, sino como poder, como principio de
operación, gobierno y creación. Como fuerza creadora que lleva a
cabo una obra enorme, que solo puede parangonarse con la creación
del mundo.”
Volvamos
finalmente a la aparición del Resucitado al apóstol Tomás pintada
por Michelangelo Merisi da Caravaggio.
En
los textos de apariciones de Jesús resucitado que figuran en los
Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, la iniciativa parte
siempre del Señor glorificado. Esta iniciativa del Resucitado
también se observa en el caso de Pablo. Es el propio Resucitado el
que se aparece o el que se deja ver por el testigo elegido por él.
En la aparición a Tomás (Jn 20,24-29) pintada por Caravaggio, no se
tiene en cuenta, sin embargo, esta constante de los relatos de
apariciones del Resucitado, sino que centra la escena en la
incredulidad del Apóstol. El protagonista no es el resucitado Jesús,
sino el incrédulo Tomás.
Está
claro también que el pintor milanés se limita a pintar únicamente
el contenido primero de la resurrección de Jesucristo: “Que Jesús
de Nazaret, a pesar de haber muerto, vive actualmente en cuerpo y
alma”. Yo diría incluso que Caravaggio se queda corto en la
traducción pictórica del contenido primero. Fijémonos en la figura
de Jesús: no lleva una túnica reluciente y elegante, sino que
parece más bien el sudario con su color blanco mortecino; cabello
descuidado con greñas; hendidura manipulable en el costado. A decir
verdad, los otros tres personajes están mejor vestidos, peinados y
parecen más vivos que el Resucitado.
El
único aspecto que apunta a las dotes extraordinarias de un cuerpo
resucitado que observamos en el Evangelio de Juan (20,26: “Ocho
días después… se presentó Jesús en medio estando las puertas
cerradas…”), la técnica pictórica del claroscuro permitió al
artista omitir por completo el detalle de las puertas… Con el fondo
oscuro o negro, Caravaggio ahorraba en sus cuadros espacios por
pintar y podía concentrarse con más intensidad en los personajes
que le interesaban.
Por
lo que se refiere al elemento simbólico más trascendente, más
escatológico, el de la luz, en el cuadro que comentamos la
luminosidad proviene de fuera de los personajes, no emana ni irradia
de la figura del Resucitado, como veíamos en la pintura de Edward
Knippers.
El
Evangelio de Juan termina el relato de la aparición de Jesús
resucitado al apóstol recalcitrante con la bienaventuranza:
“Dichosos los que no han visto y han creído”. Desde luego esta
bienaventuranza no tenía como destinatario al apóstol Tomás, sino
a aquellos que, sin haber recibido ninguna aparición de Jesús
resucitado, han creído no obstante en la resurrección de
Jesucristo, fiándose de los testigos de las apariciones del Señor
glorificado. Tampoco nuestro admirado Pintor entraría a formar parte
de estos bienaventurados creyentes.
¿Coincidirá
entonces Michelangelo Merisi con la intencionalidad del evangelista
Juan al narrar otra aparición del Resucitado a los Apóstoles, esta
vez contando con la presencia de Tomás? Opino que tampoco. La
incredulidad de Tomás no se dirige, según el cuarto Evangelista, al
acontecimiento escatológico de una Resurrección, sino a la
identidad del Resucitado. Lo que no cree el Apóstol Tomás es en que
sea Jesús, el Crucificado, el Sujeto resucitado por Dios: “Si no
veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi mano en su
costado, no creeré” (Jn 20,25). Lo cierto es que Tomás, después
de cerciorarse de que la identidad del Resucitado era la de Jesús,
el Crucificado, reaccionó proclamando la fe más directa y
explícita de todo el NT en la divinidad de Jesús Resucitado:
“¡Señor mío y Dios mío!”. A Caravaggio, temeroso de morir en
cualquier callejón o cruce de caminos, le bastaba con creer que
Jesús había vencido a la muerte. Caravaggio no estaba interesado en
comprobar la identidad del Resucitado, sino en verificar si alguien
como Jesús había vencido a la muerte y si realmente estaban
cicatrizadas sus heridas mortales. Para él era suficiente esa simple
verificación.
Más
de uno puede echarme en cara que reduzco en exceso la actitud
creyente del pintor lombardo al sugerir que Caravaggio solo quería
mantenerse vivo en cuerpo y alma en esta existencia. ¿Acaso no es
esta la actitud de muchos cristianos que esperan de Dios únicamente
una nueva re-creación que devuelva a los difuntos a esta existencia
terrena pero sin muerte ni sufrimiento alguno, y se les antoja
increíble que la resurrección de los muertos, ya sucedida en
Cristo, signifique muchísimo más que esa ansiada re-creación:
participar a imagen y semejanza de la vida del Hijo humanado
gloriosamente en compañía del Padre y del Espíritu Santo?
EDUARDO
MALVIDO
Maestro, catequista y teólogo


San
Ignacio de Loyola le dice al Emperador con letras lo que el Tiziano
le había pintado con pinceles en “La Gloria”. Todo un programa
político de alto vuelo en tres renglones:
“Grandeza y carga ha puesto la Providencia de Dios, nuestro Creador
y Señor, sobre vuestra Majestad, y os infundió ánimo para hacer
vuestros los problemas de la salud general y de la gloria de Dios”.

De pie,
recostado sobre una de las acacias del paseo, el joven Akín presta
atención a los transeúntes, al tiempo que por el rabillo del ojo
vigila la previsible llegada de la patrulla policial. En el suelo,
extendidas sobre una lonilla gris, las grabaciones pirata de los
últimos éxitos cinematográficos. Tres por cinco euros. A su venta
furtiva dedica buena parte de la jornada, largas horas de tediosa
dedicación salpicadas de eventuales escapadas a toda prisa por
callejuelas próximas, para evitar la incautación del género. Se lo
han dejado muy claro: él sería el único responsable del material
requisado, y los mafiosos que se lo han confiado ya encontrarían la
forma de cobrarse de un modo u otro la mercancía perdida.
Una media de veinte a treinta discos vendidos a lo largo de ocho o diez horas de dedicación, le reportan un beneficio en torno a los diez o doce euros diarios con los que poder sobrevivir. Mal comido y ligeramente vestido, mantiene una permanente sonrisa que contrasta con su evidente penuria. Pero su actitud no obedece a ninguna forma de disimulo: Akín se siente verdaderamente un hombre feliz.

Cuando llegada la noche comparte alcoba con cinco indigentes y da reposo a sus maceradas piernas en una ‘cama caliente’ alquilada por seis horas previo pago de cinco euros, acaricia entre sus dedos los dos o tres euros sobrantes del bocadillo y la cerveza, única frugal comida que puede permitirse cada día, aparte el vaso de leche caliente de media mañana y la botella de agua que rellena en la fuente de una plaza cercana. Inseparable compañera que su mano izquierda sujeta permanentemente en sus desplazamientos, mientras con la derecha tira de los cordones que enlazan los extremos de la lona y la cierran a modo de hatillo para poder echársela a la espalda.
La
travesía no concluyó con éxito, pues la patera zozobró y acabó
naufragando. Muchos ahogaron su sueño en el Estrecho, sólo los más
jóvenes pudieron soportar la frialdad de las aguas, y de entre estos
únicamente los capaces de nadar sin desfallecimiento más de tres
millas –Akín entre ellos- consiguieron arribar a la costa
almeriense. A partir de ahí, la permanente zozobra de la huida, el
temor de ser aprehendido en cualquier momento y repatriado sin
remedio.
Ahora,
ya en Madrid desde hace seis meses, le ampara el anonimato propio de
la gran ciudad. Después de todo lo sufrido, se siente privilegiado
por haber conseguido lo que muchos otros no pudieron lograr. Unos,
con su mismo esfuerzo, sólo obtuvieron la deportación; otros
perdieron la vida en el intento, sumergidos en el mar o asfixiados en
los bajos de un camión. Y muchos de los que llegaron y consiguieron
alcanzar la orilla y pisar el asfalto de la civilización han de
soportar continuas vejaciones. Él, a pesar de su situación de
evidente penuria, se considera privilegiado. Quizá algún día la
fortuna le sonría y consiga alcanzar una vida digna. Da gracias al
cielo por ver cada mañana amanecer, y sonríe. No parecen afectarle
la indiferencia –tampoco el menosprecio- de la gente, ni el
miserable regateo que algunos hacen sobre el mínimo beneficio que le
reportan sus ventas.
ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
ELEGÍA DE LOS PECES MUERTOS
2 el búho y el elefante
CUR
67
Acción mecánica
La
acción mecánica de los ejercicios físicos se ejerce en todos los
movimientos que pueden realizarse con las posibilidades de
organización espacial que se establece en el cuerpo humano en sus
respectivos planos y ejes, y por efecto de la contracción de los
diversos grupos musculares.
El
movimiento corporal voluntario que genera el desplazamiento de uno o
varios segmentos corporales está producido por acciones
musculares. Esto es, por la contracción, consciente o
inconsciente, de los músculos estriados. Interactúan unas partes
con otras del propio cuerpo.
La
rotación axial del antebrazo con el codo flexionado 90º y pegado al
cuerpo produce postura de supinación con la palma de la mano
dirigida hacia arriba y el pulgar hacia fuera, y postura de pronación
con la palma de la mano hacia abajo y el pulgar hacia dentro. Estas
postura, menos acusadas, se producen también en los pies.

PÁGINAS
RECUPERADAS (2)
UNAS
PALABRAS DE ORTEGA
En
estos tiempos en los que la política parece estar en un momento
–“largo momento”- de decadencia; en esta crisis que parece no
tener fácil salida; en este tiempo de pequeños reinos de taifas
generadores de minúsculos horizontes, resulta inquietante la
carencia de hombres de estado y de objetivos nacionales, la
ausencia de voces clarividentes y con autoridad. Por eso, me parece
adecuado traer a AFDA unas palabras recobradas de nuestro mejor
pensador del siglo pasado... Ortega y Gasset.
El
diario El Sol,
obra de Ortega, fue la tribuna favorita para la expresión de sus
ideas. (No olvidemos que buena parte de su obra la escribió en la
prensa). Hace justamente un siglo (1918-1920) España atravesaba por
una fuerte crisis, en su política, en su sociedad, en sus hombres.
Como otros, -políticos y pensadores- Ortega, crítico con la
política de A. Maura, suspiraba por la España nueva, que para él
sería generada no por una “revolución desde arriba”, sino por
unas minorías fuertes, bien formadas, influyentes. El 12 de agosto
de 1918 escribía esto: “Ni
en España ni en ninguna otra nación se eleva la gran masa colectiva
a la conciencia de sí misma. Por esta razón es y será eternamente
imprescindible para todo cuerpo social la existencia de una minoría
de cabezas claras donde venga a condensarse la reflexión que falta a
la mayoría. El caso doloroso de nuestro pueblo es que esa minoría
parece no existir”
(La verdadera cuestión
española, El Sol,
12 de agosto de 1918)
Pasado
el verano de ese mismo año, Ortega volvía a la carga: la España
oficial no funciona (los políticos -la “vieja política”- son
una fuerza inútil, un peso muerto), pero es posible otra España que
ya “aspira a una
existencia plenaria, a una vida de perfecta modernidad, donde las
cosas se hagan bien por los hombres más adecuados, donde la
seriedad, la justicia y la pulcritud sean, cuando menos, la norma y
lo usual” (“La paz y
España”, El Sol,
7-10-18).
Y
entrado el otoño, vuelve Ortega a incidir en esa otra España que
todavía no existe, pero que será pronto una realidad si hay un
cambio profundo, radical; no se trata de un cambio de políticos, ni
siquiera de política: es algo mucho más profundo. Para otra España
se necesitan “otros hombres”:
“No se trata de hacer pasar el Gobierno de las manos de unos
individuos a las manos de otros individuos. Se trata de sustituir
radicalmente el eje histórico de la existencia nacional, de
entregar a España a otras clases y maneras de hombres. No es tiempo
de blanduras ni acomodos. ¡Vosotros, los mejores, quienquiera que
seáis; los que tenéis inteligencia y coraje suficientes: disponeos
a resumir la historia no vivida de tres siglos, en una historia
ardiente de tres años” (Ortega, “Los
momentos supremos expulsión de las ‘derechas’,
El Sol, 30- 10- 18).
Y
entre los “hombres nuevos”, los jóvenes. En otro artículo
-“Introducción casi lírica” – escrito dentro de la polémica
suscitada por la renovación de los miembros de la Junta de
Ampliación de Estudios y desde el espíritu institucionista (se
celebraba -1926- el cincuentenario de la fundación de la Institución
Libre de Enseñanza) arenga a los jóvenes a vivir intensamente su
momento, su oportunidad: “¿Por
qué las generaciones del presente no han de reunirse en torno al
propósito de construir una España ejemplar, forjando una nación
magnífica del pueblo decaído y chabacano que nos han legado?
¡Formad vuestro
equipo! Vamos a intentar una nueva forma de vida española, más
grácil, más enérgica, más elegante, más histórica. Sintamos el
orgulloso afán de reingresar en la Historia, de poner la mano sobre
ella y crear destino”. (...) “Esto es lo único –y ya es
bastante- permitido al hombre: embarcarse con resolución en la
circunstancia y diestramente captar el viento en la vela. Por eso
los griegos hacían un dios del kairós, el momento oportuno. Ha
llegado para España la buena sazón. ¡Veremos si sabéis
aprovecharla, jóvenes! ¡Alerta, formad vuestro equipo!
(Dislocación y
restauración de España. Introducción casi lírica,
El Sol, 14 de junio de
1926).
****
**** ****
Estas
son sus palabras, escritas hace un siglo y hoy vigentes aún. Porque
también hoy, sean hombres maduros o jóvenes, España necesita de
quienes, olvidados de sí mismos, muestren el coraje suficiente para
tomar el timón del barco de la patria desnortada y se atrevan a
conducirla hacia horizontes nuevos. Hombres, maduros o jóvenes, que
sean capaces de remover la tierra y de irrigar unas raíces más
bien resecas, de manera que pronto la patria pueda florecer
espléndida. Ideologías y confesiones aparte, se trata, como dice el
Ortega, de dejar de ser anónimos y diminutos individuos y de sentir
“el orgulloso afán de
reingresar en la Historia, de poner la mano sobre ella y crear
destino”.
TEÓDULO GARCÍA REGIDOR
Maestro. Profesor del Centro Universitario La Salle

Como
quiera que todo lo que por tener vuelo necesita cielo en que apoyar
sus alas para remontarse, la política -ángel de la sociedad en
vuelo- lo precisa espacioso, bien oxigenado, de gran horizonte y
altura que no se le regatee.
No
basta con plantearse para mejorar la sociedad con recurrir a medidas
que puedan expresarse con las unidades del sistema métrico. Se
precisa algo más, mucho más. El espíritu tiene otras unidades de
medida.
Bastará
con recordar el espacio espiritual, el marco de espíritu y de
costumbres profesadas, en que se movían nuestros abuelos del siglo
XVI en España, en América y en Europa para, en comparación,
constatar la debilidad y pobreza de nuestros tiempos.
Nuestros
tiempos no pueden ser los suyos, cierto. Pero, la explicación es
otra, más honda y clara. Ellos disponían de un aire, del que hoy
nosotros carecemos, en el que movían sus alas de españoles. Tras
cinco siglos de Historia sería normal que el aire fuera nuevo, otro,
pero aire, valores. Sobre un planeta sin aire, el vuelo es imposible
por más que se muevan del mejor modo las mejores alas.
Juzgue
el lector. Asómese con nosotros al cuadro de “La Gloria” del
Tiziano, que el Emperador le encargó al pintor veneciano a mediados
del siglo XVI. Bastará con este botón de muestra. Hoy está en el
Museo del Prado. Lo hizo llevar al Monasterio de Yuste para tenerlo
delante, mientras se preparaba a bien morir.
Luego,
que el lector sentencie.
El
21 de setiembre de 1558 moría en la soledad del monasterio de San
Jerónimo de Yuste el Emperador, Carlos I. Había dejado su corona a
los pies de la Santísima Trinidad, el 25 de octubre de 1555, tal
como lo había pintado a su instancia el Tiziano en su cuadro de “La
Gloria”.
El
Emperador había vivido de cara a Dios. En la oración fúnebre por
el Emperador, su compañero de juventud, virrey de Cataluña,
Francisco de Borja, había dicho:
“El Emperador me dijo que con frecuencia desde su juventud había
dedicado todos los días cierto tiempo a la oración”.
Por eso, en mayo de 1543 le dejó dicho a su hijo Felipe: “Hijo
mío, es necesario que, con todas vuestras fuerzas, os guiéis según
el criterio de Dios, para que os conceda la gracia de servirle y al
mismo tiempo de conseguir gloria y fama eternas...”.
Y,
pensando en su renuncia y abdicación, hablaba:
“¿Qué significa propiamente nuestra renuncia al mundo si la
comparamos con lo que hizo el padre Francisco de Borja?

El
viejo y el nuevo mundo de Dios, con su impronta transcendente, era el
aire que hacía posible el vuelo imperial de Carlos I y de la España
de su tiempo.
Recordando
estas y otras realidades que el lector sabrá, sentencie y diga,
ahora, lo que le falta a nuestros tiempos.
RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional
Los
misterios del Camino de Santiago
Blanco
Corredoira, J. M.
Ed.
Almuzara, octubre, 2019
José
María Blanco Corredoira es uno de los nuestros, de la casa, miembro
de nuestro blog, por su formación, por su ideario y por su estilo.
Esta es la séptima publicación con la que nos regala y prestigia a
quienes le tenemos por amigo y compañero de armas en pro de la
excelencia En sus escritos conoce bien lo que ofrece a los lectores
por haberlo vivido o por haberse informado previamente con
minuciosidad de quien cuida el detalle. Lo leeréis con verdadero
deleite. Os instruirá y recreará.
CUR
La
editorial Almuzara nos ofrece un atractivo trabajo que recoge un
compendio de antiguas leyendas que fueron surgiendo a lo largo del
Camino de Santiago, milagros en los que intervino el Apóstol y una
ajustada explicación de cómo surgió el culto jacobeo. En cierto
modo se trata de una ruta legendaria de Santiago, porque las
historias que aquí se cuentan transcurren por todo el itinerario
histórico y por varios de los muchos caminos que llevan hasta
Compostela.
Como
explica su autor, Blanco Corredoira, el Camino de Santiago ha sido
una ruta pródiga en hechos insólitos que la tradición ha ido
recogiendo en forma de leyendas. A su vez, “toda la historia del
Apóstol Santiago y de cómo surgió el culto jacobeo está bañada
por la intrigante neblina de lo incierto”, por lo que las antiguas
crónicas –como el Códice Calixtino- son también, por sí mismas,
el árbol del que surge la frondosa tradición épica.
Hechos
tan curiosos como la forma en qué se redescubrieron los restos del
Apóstol, extraviados durante siglos dentro de la catedral; del robo
piadoso de las reliquias que llevó a cabo el obispo Gelmírez; del
paso honroso de Suero de Quiñones; del compromiso guerrero de los
caballeros de la Orden de Santiago; de los hechizos y tentaciones del
Camino…, de todo ello se habla en este libro de forma magistral,
con una prosa elegante y magnética. El lector que comience a leer
estas historias se sentirá atrapado por el encanto que anunciaba
Cunqueiro y que recuerda el autor: “y conformaba mi alma para el
asombro, sin el cual, sin la expectación ante el posible prodigio,
hacer este camino es vanidad”.

LOS
SUEÑOS DE AKÍN
Recientemente
os presentaba el casicuento como una llave para traspasar la
cotidianeidad y atisbar una realidad lejana pero posible, envuelta
en una nube de fantasía y traspasada por un hálito de esperanza. Un
género sin
pretensiones que cabría encuadrar dentro del realismo mágico. Dos son los casicuentos que os llevo ofrecidos: “Rojo sobre blanco”, en AFDA 81, donde Patxi, antiguo militante etarra vive un episodio que sacude su fatigada conciencia y le brinda una oportunidad de reconciliación. Y “En favor de la paz”, en AFDA 82, secuencia protagonizada por Patrick, joven soldado americano que colocado sin motivación personal en un conflicto que le resulta ajeno, es capaz de dar lo mejor de sí mismo para proteger a dos pequeños inocentes y evitar, aun a riesgo de su vida, que resulten víctimas de una absurda e injustificada contienda.
pretensiones que cabría encuadrar dentro del realismo mágico. Dos son los casicuentos que os llevo ofrecidos: “Rojo sobre blanco”, en AFDA 81, donde Patxi, antiguo militante etarra vive un episodio que sacude su fatigada conciencia y le brinda una oportunidad de reconciliación. Y “En favor de la paz”, en AFDA 82, secuencia protagonizada por Patrick, joven soldado americano que colocado sin motivación personal en un conflicto que le resulta ajeno, es capaz de dar lo mejor de sí mismo para proteger a dos pequeños inocentes y evitar, aun a riesgo de su vida, que resulten víctimas de una absurda e injustificada contienda.
En el
casicuento que hoy os ofrezco el protagonista es el nigeriano Akín,
personaje nacido en Agadez, pequeña comunidad urbana en el corazón
del Sáhara, a quien la fortuna no ha querido conceder nada que no
sea la más profunda pobreza, y que empujado por la necesidad
emprende un duro peregrinaje en busca de una tierra de promisión
donde sentir algún alivio y soñar con una mínima dignidad. Como en
cualquier cuento que se precie, la fortuna –o cabría decir más
bien la solidaridad humana- acaba sonriendo al protagonista y
concediéndole un resquicio por el que pueda llegar a vislumbrarse un
rayo de esperanza.
Soy
consciente de la controversia que suscita la emigración y los
problemas que desde ella se plantean, alimentados en muchos casos por
intereses inconfesables. Pero invito a la reflexión: ¿está
legitimado el primer mundo en que tuvimos la fortuna de nacer para
cerrar la puerta a quienes desde hace siglos venimos esquilmando?
………………………………………………………………..

Una media de veinte a treinta discos vendidos a lo largo de ocho o diez horas de dedicación, le reportan un beneficio en torno a los diez o doce euros diarios con los que poder sobrevivir. Mal comido y ligeramente vestido, mantiene una permanente sonrisa que contrasta con su evidente penuria. Pero su actitud no obedece a ninguna forma de disimulo: Akín se siente verdaderamente un hombre feliz.

Cuando llegada la noche comparte alcoba con cinco indigentes y da reposo a sus maceradas piernas en una ‘cama caliente’ alquilada por seis horas previo pago de cinco euros, acaricia entre sus dedos los dos o tres euros sobrantes del bocadillo y la cerveza, única frugal comida que puede permitirse cada día, aparte el vaso de leche caliente de media mañana y la botella de agua que rellena en la fuente de una plaza cercana. Inseparable compañera que su mano izquierda sujeta permanentemente en sus desplazamientos, mientras con la derecha tira de los cordones que enlazan los extremos de la lona y la cierran a modo de hatillo para poder echársela a la espalda.
Cada
noche, antes de que el sueño le venza, gusta de volcar sobre la cama
la pequeña bolsa en que acumula los pequeños ahorros; recuenta las
monedas y se siente afortunado. Akín –muchacho
valiente- es el nombre que sus padres eligieron para él.
Y él había ha sabido corresponder, ha demostrado sobradamente
serlo.
Lejos
quedaron las interminables jornadas de fatiga, de hambre y de sed,
hasta el agotamiento. Desde Agadez, su pueblo natal, a través de las
tierras desérticas de Níger primero y de Argelia después; la
penosa travesía por la cordillera del Atlas y el permanente tránsito
desde el frío helador de las noches a la abrasadora insolación de
los días. Meses enteros de interminable desesperación, desde que
abandonara su casa, a sus padres, a sus ocho hermanos y les librara
de una boca menos para compartir lo poco que en contadas ocasiones la
habitual hambruna concedía.
Atrás
ha dejado también el recuerdo de la larga espera, las acampadas en
las colinas próximas a la frontera de Melilla. Semanas que se le
hicieron siglos, hasta el día en que junto a varios centenares de
inmigrantes, que como él esperaban el momento propicio, intentó el
asalto a la valla. Asalto frustrado, del que ahora sólo conserva la
huella de profundas cicatrices en sus piernas heridas.
Vino
después la arriesgada empresa de traspasar la frontera argelina. Y
en el puerto de Orán, los trabajos de descargador en el muelle,
agotadores y mal pagados, pero que para Akín significaron una nueva
esperanza. Catorce meses de duro trabajo y veinte mil dinares
ahorrados, algo menos de 200 euros; y con ellos, la posibilidad de
hacerse hueco en una patera atestada de africanos que, como él,
perseguían el sueño de alcanzar Europa.


Akín
sonríe feliz, y hasta Agadez, en Níger, a sus padres y a sus ocho
hermanos les llega, a través del viento seco del norte, el aliento
de su fresca sonrisa.
ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro.
Doctor en Ciencias de la Educación. Emérito UCJC
Ciudadano
del mundo
ELEGÍA DE LOS PECES MUERTOS
¿Habrá
imagen más brillante
que
la de los peces vivos
por
las aguas escamándose?
Pues
ahora yacen muertos
en
las playas arenantes
de
San Javier, Santa Pola,
Torrevieja
y Los Alcáceres.
en
ríos, lagos y mares
o
dulces o ensalinados
tercamente
paseándose,
acaban
sin respirar
por
sus branquias galopantes,
y
nadie los quiere ver
ni
se los almuerza nadie
ya
que están contaminados
por
plásticos y metales
que
arrojó la mayoría
de
sus actuales bañantes.
No
se subastan pescados
porque
pueden ser letales.
y
la redes residuales
se
enmarañan en los puertos
esperando
el abordaje
a
la alta mar traicionera
de
motores y velámenes.
Pescadores,
a pescar
siempre
en las profundidades,
donde
se esconden los peces
entre
corales brillantes.
Allí
hay más vida que afuera,
allí
no se muere nadie.
2 el búho y el elefante
-
¡Está! De repente, taladra la opaca oscuridad de la noche, abre un boquete en la maciza negrura y ahí está el búho de los ojos grandes y manto de sombra.
-
Mira todo a la vez, clava sus ojos redondos en un horizonte de 180º. ¿Ve más de lo que vemos los tristes mortales y más allá de la negrura negra?
-
Le gustan las alturas: la rama más alta del árbol y las chimeneas de los tejados. En esto nos das ejemplo. Y, aunque eres roedor, no te interesa la carroña. Cazas rápido y limpio. Otro ejemplo. Y el ver y mirar, tan potentes, el mayor.
-
El elefante cuando camina viene siempre de antes del Diluvio. A lo sumo, de recién salido del Arca de Noé.
-
Es un monumento en marcha, un zigurat sobre cuatro columnas dóricas.
-
En los libros de Historia trasporta a lomos castillos enteros y se salta los Alpes, si se lo desea Aníbal Barca.
-
Te pisa un pie y ya no vuelves a andar en toda tu vida.
-
Muy religioso, alarga y alarga con devoción sus colmillos, por si con ellos hacen cristos de marfil o vírgenes gloriosas.
Según
Agosti (1974), esta división atiende al ejercicio según sus
características mecánicas en función del tiempo y del
espacio.
Los
análisis anatómicos del movimiento se efectúan teniendo en cuenta
las articulaciones, el grupo muscular protagonista, el tipo de
contracción muscular, los planos sobre los que se efectúa el
movimiento y los ejes de referencia.
Acciones
musculares

El
movimiento corporal voluntario que genera el desplazamiento de uno o
de varios segmentos corporales está producido por la contracción,
consciente o inconsciente, de los músculos estriados. Interactúan
unas partes con otras del propio cuerpo.
El
movimiento generado por la propia acción muscular crea fuerzas
internas; éstas no pueden hacer variar por sí mismas las
trayectorias del centro de gravedad ni poner en movimiento todas las
partes del sistema a la vez. Para hacer variar la trayectoria del
centro de gravedad, común a todo el cuerpo, han de intervenir
fuerzas externas. El hombre sólo dirige directamente las
fuerzas internas de tracción muscular.
Los
músculos estriados –que intervienen en la motricidad–, pueden
proporcionar entre el 40% y el 45% del peso corporal de un adulto.
El “sistema muscular voluntario” comprende unos 435 músculos, de
los cuales sólo unos 75 intervienen en el proceso de los
movimientos deportivos significativos (Rasch y Burke, 1985).
Movimiento
articular básico
Para
describir un ejercicio físico hemos de especificar la dirección del
mismo en relación a los ejes y planos del cuerpo en posición
anatómica; es la localización espacial. El movimiento
articular básico presenta las siguientes acciones mecánicas:
flexión-extensión, abducción-aducción y rotación axial o
giro.
Así
mismo, los músculos que generan dichos movimientos adoptan el nombre
de la acción que ejecutan. Diríamos, por tanto, músculos flexores
de codos o extensores de rodilla.
Las
denominaciones de movimiento siempre deberán referirse a las
articulaciones que permiten el movimiento, nunca al segmento que se
desplaza. Sería flexión de codos pero no flexión de brazos. No
obstante, la expresión de usar el nombre del segmento en vez del
nombre de la articulación para describir un movimiento está muy
extendida.
Movimientos
de flexión-extensión
De
modo absoluto, se denominan flexiones a los movimientos que
acercan dos segmentos corporales, y extensiones, a su
separación. De modo relativo, son flexiones los movimientos
que se realizan hacia delante; y extensiones, los que se
realizan hacia atrás; ambos en el plano sagital de la persona. Las
rodillas son excepción; realizan flexión posterior, hacia
atrás, en su movimiento articular.
Cuando
la extensión es muy acusada y sobrepasa ampliamente ciertos límites
fisiológicos o de movilidad normal con objeto de rendimiento
deportivo, se denominan hiperextensiones, principalmente para
la espalda. Aquí existe una discrepancia terminológica con
el ámbito médico, pues en éste ya utilizan ese término ante una
mínima extensión superior al mencionado límite fisiológico.
Movimientos de abducción-aducción
Se
denomina abducción
a la separación
de un miembro de la postura
anatómica base de su
plano frontal, y aducción
a su acercamiento. Ésta última es en realidad una recuperación de
la abducción o aducción relativa, puesto que la aducción pura no
se da, al impedirlo el propio tronco; habría que realizar
previamente una ligera flexión o extensión del hombro –llevar el
brazo hacia delante o hacia atrás– para esquivar el tronco y
seguir el movimiento de aducción..
Rotación
axial
Son
giros efectuados sobre el eje longitudinal de los segmentos. Se
produce sin que haya desplazamiento de las zonas corporales. Cuando
se realizan en los miembros superiores o inferiores, las rotaciones
son internas o externas.
Partiendo
de la postura anatómica, se produce rotación interna cuando
la cara anterior del miembro se dirige hacia dentro, y rotación
externa cuando se dirige hacia fuera.

Son
la suma de los movimientos de flexo-extensión y de
aducción-abducción. En su recorrido, el segmento describe un cono
cuyo vértice se sitúa en la articulación sobre la que rota: cono
de circunducción.
Francisco
Sáez Pastor
Universidad
de Vigo