Junio,
2018
ÍNDICE
PRINCIPAL
Pregón:
Inasequibles
al desaliento... positivos.
Personaje
bíblico del mes:
Moisés, ya mayor. Zereutes
Escuela
de ayer, de hoy y de mañana:
En vacaciones.
CUR
Centenario
de Cela: Semblanza
de Don Camilo (IV). Á.
Hdez.
Alta
política con estilo:
Unidad de destino en lo universal.
R. Duque de Aza
Alta
política con estilo:
Cínicos.
Antonio Peregrín
Nuestras
perlas premiadas:
Adiós, abuelo. A.H.
Hemos
leído…: El
camino de Rodrigo.
J. Urdiales
Soneto
premiado: Jubiloso
jubilado.
A.H.
Afderías:
España.
CUR
Rincón
de Apuleyo:
Los niños prodigio / Dichos… de los instrumentos de trabajo.
Soneto
del sentimiento: Vocación
de conquista.
Á.H.
Educación
física:
El ejercicio físico. F.
Sáez
Inasequibles
al desaliento
y,
por ello, actitudes positivas
Precisamente
por el Altísimo Señor al que servimos y por el brillante Reino en
el que militamos y al que, desde nuestra lejana infancia, hemos
intentado agrandar y hacer victorioso, nos distanciamos de las
actitudes negativas y nos afirmamos en las positivas, inasequibles al
desaliento.
No
hay manera de añadirle un codo a nuestra propia estatura, palabra
de Dios. Pero si somos limitados en casi todo, no lo somos en
absoluto ni por la altura sin medida del Cielo que nos techa, ni por
la eternidad sin bordes a la que servimos, ni por el entrañable
`olam´
bíblico que Dios nos regaló.
Contando
la calderilla humana de que disponemos, no nos salen los números.
Pero la enorme ilusión por el Reino con el que soñamos y al que nos
acercamos, nos obliga a llevar marcha de legionarios y a ir siempre
más lejos. A las dosis de energía que nos dio la Naturaleza le
echamos nosotros toda la grandeza del Dios que un día nos sacó de
la nada llamándonos por nuestro propio nombre y nos espera, cruzada
la vida terrena, ya a un tiro de piedra, con los brazos abiertos.
Estamos
seguros de ir a Él, todo Grandeza, Cariño de Padrazo y Belleza
Soberana (¡oh, Lope!), solo aquí barruntada.
Y,
mientras llegamos, nos mantenemos positivos, inasequibles al
desaliento.
Sobre
nuestra llegada. De
alguno de los nuestros del blog AFDA sabemos que tiene plastificado
el versillo de Daniel, que nos enseñaron de chicos: “Los
maestros brillarán como brilla el firmamento, y los que educan a
otros, como estrellas, perpetuamente” (Dan 12,3).
Tiene dispuesto que le entierren con él, para que el ángel que le
toque en el hombro para la Resurrección Universal se tropiece con el
versillo-salvoconducto del profeta y sepa de qué lado del Justo Juez
ha de ponerle. Eso nos tiene dicho. Lo tiene más que asumido. Por
eso su paso, como el nuestro, es el propio de los viejos tercios, el
que solo afirma y afirma alto y lejos. Se niega a las menudencias
negativas, pequeñas y grandes. Inasequibles al desaliento.
MOISÉS,
YA
MAYOR
Moisés tiene ante sí la Tierra Prometida. Dios, que le quiere mucho, se la muestra, pero, precisamente porque le quiere mucho no le dejará entrar en ella, le ha castigado a no coronar su obra. Va a morir antes. Está Moisés sobre el monte Nebo donde va a acabar sus días. Es el momento en que el Deuteronomio nos dice que “tenía Moisés ciento veinte años sin que se hubiera apagado su ojo ni decaído su vigor” (Dt 34,7).

No era raro que los alumnos tuvieran que redactar la crónica de sus peripecias durante los meses de vacaciones, que llevasen problemas de matemáticas que resolver, y algunos libros de ciencias, historia o literatura de que dar cuenta escrita y oral al regreso al Colegio.
Escuela del mañana

MOISÉS,
YA
MAYOR
Moisés tiene ante sí la Tierra Prometida. Dios, que le quiere mucho, se la muestra, pero, precisamente porque le quiere mucho no le dejará entrar en ella, le ha castigado a no coronar su obra. Va a morir antes. Está Moisés sobre el monte Nebo donde va a acabar sus días. Es el momento en que el Deuteronomio nos dice que “tenía Moisés ciento veinte años sin que se hubiera apagado su ojo ni decaído su vigor” (Dt 34,7).
A
los copistas de la Escritura, añadiéndole años al personaje de
excepción, no les importa correr las fechas, lo que les importa es
que lo recibamos como fue, magno. De todos modos, con esta afirmación
del Libro sagrado, a Moisés en este final de su vida nos es forzoso
pensarlo como a un vigoroso milagro de la naturaleza.
Es
el mismo que en sus inicios nos parecía fágil, débil, pusilánime,
tartamudo ante quien se veía inferior. Así, ante la zarza que arde
sin consumirse, señal del Todopoderoso y Misterioso Yahvé.
Yahvé
le ordena: “Vete, yo te
envío al faraón, rey de Egipto” (Ex
6,11). Moisés se resiste. Ha tenido que salir por pies porque el
faraón le iba a dar muerte. Los mismos hebreos, sus compatriotas, le
habían rechazado. Moisés se resiste y se resistirá: No tengo
facilidad de palabra, y ¿si no me escuchan?, y ¿si no me creen?...
La
respuesta de Yahvé es redonda: “Yo
te hago un dios para el faraón”
(Ex 7,1).
La
fuerza, que no le viene de nacimiento, Moisés la recibe de la causa
a la que sirve, la de Dios. El será un dios, no por su persona, sino
por la misión a la que se ha abrazado.
Donde
vaya, irá el mismo Dios, su designio, su Providencia. A él le manda
Yahvé. Si parece fuerte, la fortaleza no es suya, es la de Yahvé.
La causa de Yahvé es la que actúa. La fuerza de Moisés no es suya,
es divina. Moisés es un mero instrumento, un simple recadero.
Séptima
dificultad: “Por favor,
mi Señor, envía a cualquier otro”
(Ex 4,13). Y Yahvé: ”que
te acompañe tu hermano Aarón” Y
de nuevo: “Yo estaré
en vuestra boca” Ex
4,14-15).
Moisés
se pone al frente de su misión: liberará a su pueblo de la
esclavitud a que se le tiene reducido en Egipto, sellará una alianza
perpetua con Yahvé, lo guiará a través del desierto, le abrirá
las puertas de la Tierra Prometida. ¡Enorme empresa!
Y
es que sus ojos ven a Yahvé. Continuará viéndolo. A los ciento
veinte años “no se
habían apagado”. Su
vigor no ha decaído. Le viene del Señor a quien sirve, de la
grandeza de la causa en la que milita. Los obstáculos del camino van
a ser innumerables. No importa.
Se
suceden las diez plagas, una tras otra, y el faraón se obstina más
y más. “El faraón
está maltratando a tu pueblo”,
se queja Moisés a Yahvé. Con la muerte de los primogénitos de los
egipcios el faraón les expulsa del país y enseguida se arrepiente y
marcha a exterminar a los desterrados. Todo se le empina a Moisés.
Durante
cuarenta años de desierto, Moisés escuchará repetidamente la misma
canción del pueblo que acaudilla:
“Nos ha sacado de Egipto para hacernos morir en el desierto”.
“¿Qué
puedo hacer con esta gente?”
(Ex 17,4) Y Yahvé: “Yo
estaré contigo” (Dt
31,6).
Algunos
momentos son para desesperarse: “Perdona
su pecado o me borras de tu registro”
(Ex 32,30).
La
lección de Moisés es magistral. Anciano y moribundo no rematará su
misión. Acepta. Podrá decir que ha recorrido el tramo asignado a su
misión, mucho más grande que él.
De
lo mucho que pensábamos hacer y que emprendimos, hemos hecho parte.
Hemos dejado hijos y discípulos que la continúen. Hágase la
voluntad de Yahvé. Por muchos años que vivamos, también a nosotros
nos detendrá la muerte sobre el monte Nebo, la Tierra Prometida
quedará al otro lado del Jordán.
Y
si el tramo que se nos asignó lo hemos cumplido y es grande, su
grandeza estuvo en la causa a la que servimos, en el Señor en cuyas
filas militamos. Como Moisés.
Zereutes
Ancien
élève de Évode Beaucamp

En
vacaciones
Escuela
de ayer

No era raro que los alumnos tuvieran que redactar la crónica de sus peripecias durante los meses de vacaciones, que llevasen problemas de matemáticas que resolver, y algunos libros de ciencias, historia o literatura de que dar cuenta escrita y oral al regreso al Colegio.
A
los padres se les recomendaba que, fuera de días especiales,
consiguieran que sus hijos le dedicaran un par de horas diarias a
tareas escolares. Y que les hicieran trabajar en las faenas propias
de la casa o con suerte en las del campo.
Escuela
de hoy
Estancias
organizadas en el extranjero, para aprender idiomas, para algunos
afortunados.
Internado
para alumnos insuficientes o estorbos.
Escuela del mañana
Cursos
online. Internet, profesor imprescindible. “Aprendizaje
colaborativo”.
Colegios
que funcionan en vacaciones y fines de semana: materias y actividades
varias, no escolares, de lujo, gratificantes.
Peligro de no pasar de las emociones.
Peligro de no pasar de las emociones.
CUR
SEMBLANZA
DE DON CAMILO (IV)
“La amistad, la sal de
la vida que no disuelve la muerte”
“Nadie debe morir sin haber
recibido algo de amor”, comenta repetidas veces el narrador en
Cristo versus Arizona, a raíz de la muerte de Euphemia
Escabosa, que murió azotada por la mala estrella. Aunque en otro
momento asegura que “un hombre no muere hasta que no lo olvidan,
hasta que lo van dejando de amar, no hay más muertos que los
olvidados”.
Del sentido de la amistad
nacía la hospitalidad de que Cela hacía gala y, recíprocamente, le
llevaba a aceptar gustoso la de sus amigos. A propósito de esta
buena disposición, entiende Rafael Pérez Delgado que la generosa
actitud de don Pablo en “La Colmena” para alojar en su casa a
Martín Marco es reflejo de la que Cela mantenía en la realidad.
Particularmente esclarecedoras
resultan las reflexiones con que el propio don Camilo salpica la
correspondencia que dirige a su buena amiga María Zambrano, a quien
tiene, como persona y como intelectual, en muy alta estima: “Nada
me importa, créame, aquella vaciedad inmensa que usted llama éxito,
sino esta otra preñez que usted y yo y aun mil españoles que no
conocemos llamamos la mantenida libertad”, le confiesa en carta del
6 de marzo de 1963. Y en la misma tiene un emocionado recuerdo para
dos amigos comunes: Emilio Prados y Leopoldo Panero: “Con usted
pienso –con usted prefiero pensar- que lo que se salva y nos salva
es la persona; aunque haya perdido su palidez y su adolescencia;
aunque haya escrito libros en vez de estarse callado y quieto; aunque
haya vivido y hecho vivir; aunque poco a poco, vaya muriendo y –lo
que también es su propia muerte- vaya viendo morir a los amigos”.
Ya tres años antes, en carta de noviembre de 1960, se quejaba de
quienes, por el contrario, defraudan la confianza que en ellos se
deposita: “Soy hombre que rinde culto al recuerdo, María, aunque a
veces -¡cuánta defección, a veces!- lo mejor que al recuerdo
pudiera suceder es que dejara de serlo”.
Gustaba Cela de coleccionar
los obsequios que recibía de sus amigos: la colección de orinales
de porcelana, las botellas firmadas por aquellos… Le satisfacía
sentir próximos a sus colaboradores y agradecía el apoyo generoso y
desinteresado de sus admiradores. Y se mostraba a su vez dispuesto a
prestar ayuda a sus amigos y corresponder a los favores recibidos.
Era don Camilo una persona generosa, dadivosa ante la necesidad.
Recuerda Charo Conde en “Mi vida con Camilo José Cela” (Hola,
1-2-90) el día en que llegó a casa sin abrigo por habérselo
entregado a un pobre que le solicitó una limosna. “Pero si no
tienes otro abrigo” –le dijo. Y la respuesta, la que correspondía
a su manifiesta generosidad: “¡Bueno, ya se arreglará!”
“Un rebelde sin
bandera”

Para algunos resultaba fino y
elegante –de “elegante como un lord” lo calificó la revista
bonaerense Clarín- o un señor muy mal educado. Ambas
consideraciones tenían su parte de razón, según fueran las
circunstancias y el observador. No fue infrecuente encontrarlo
involucrado en situaciones extravagantes, unas veces reales y otras
nacidas del rumor, los celos o la inquina. En cualquier caso, era
buen encajador y sabía salir generalmente airoso. Aceptaba sin
dificultad al periodista bienintencionado, pero no toleraba a quien
le buscaba las cosquillas, y menos aún al que pretendiera sacar
partido a costa suya. De ahí su indignación ante la publicación de
sus aventuras amorosas en el verano de 1989 por la revista Diez
Minutos. Como contrapartida y muestra de su buena disposición,
las facilidades que Victorino Polo reconoce haber encontrado al
solicitar su colaboración en la preparación del homenaje que la
Universidad de Murcia quiso rendirle.
Políticamente, habría que
calificarlo de conservador. Es sabido que en la Guerra Civil combatió
en el bando ‘nacional’, que prestó sus servicios en el Cuerpo de
Investigación y Vigilancia y que finalizado el conflicto ejerció de
censor en periódicos de claro tono franquista, como Arriba o
El Español. Pero nunca reconoció haber sido especialmente
bien considerado y protegido por el Estado. En realidad, no tenía
vocación política y los acontecimientos le situaron en un bando
cuando muy bien habían podido situarlo en el contrario. “Yo fui
mozo en el reemplazo del 37 –escribe en su “Discurso de la
quiebra”, en “Camino para la paz”- y, sin comerlo ni beberlo,
conmigo y con mis compañeros de quinta, tiraron al blanco en el
campo abierto y en nombre de unos ideales o de los contrarios […]
En la cabeza del hombre no cabe ni una sola nación más válida ni
más hermosa que la vida, y miente quien diga lo contrario”.
“Declaro que no voy a pedir disculpa de nada –escribía en
“Memorias, entendimientos y voluntades”- porque pienso que, en
todo caso, tendrían que habérmela pedido a mí por haberme metido
en todos los berenjenales en que me metieron a palos y sin comerlo ni
beberlo, por ejemplo, en la Guerra Civil”. Y en la misma obra,
decía sentirse “intelectualmente de izquierdas, socialmente
conservador y políticamente liberal”, pero que en realidad “no
tenía que ver con nadie”.
Censor censurado, hubo de ver
prohibida en su día la publicación de varias de sus obras. Entre
sus amigos los hubo de filiaciones políticas distintas, y con todos
mantenía una relación cordial. De oportunista político le tildaron
algunos; más que de oportunista, cabría calificarlo de escéptico.
“La política es una lotería para desocupados; los soñadores,
los utopistas y los ideólogos hunden los países”, leemos en “El
asesinato del perdedor”. En “El juego de los tres Madroños”
Cela sale al paso de quienes actúan en política de
manera irresponsable: “Con la democracia, la responsabilidad se
diluye y la irresponsabilidad crece lozana y exuberante”. Y en “El
mal camino”, de “El color de la mañana”, opina que “los
políticos son gente fracasada en sus profesiones y hombres de
mentalidad mediocre, dudosa moral y portentosa vulgaridad”.
No parece estar muy de acuerdo
con que a cada persona le corresponda igual capacidad de decisión,
sean cuales fueren su preparación, experiencia y capacidades: “La
idea de que todos debemos ser iguales ante las urnas es falsa, pero
nadie se atreve a decirlo” –escribe en “El color de la mañana”.
Y en lo que tiene que ver con el compromiso político, no desdeñaba
su colaboración como ciudadano responsable y comprometido: “Mi
secreta vocación –escribía a Juan Bonet en carta de julio del 73-
es la de fuerza viva a escala local. Esto es lo bonito”.
En lo que se refiere al
pluralismo y al reconocimiento de las diferencias y especial
idiosincrasia de las distintas nacionalidades –cuestión tan
debatida y ahora tan de actualidad-, se manifestaba abiertamente
contrario al centralismo, y reconocía en la diversidad un valor que
respetar y mantener: “Afirmo mi vieja convicción –escribe en un
artículo publicado en el periódico Informaciones en marzo
del 74- de que el meridiano de España no pasa (o no pasa solo) por
Madrid. España es un país o puzzle de países, con tantos
meridianos como vientos tiene la rosa de los vientos y ahí,
precisamente ahí, reside su riqueza”.
"Un hombre honesto”
Soy, o por lo menos aspiro
a ser, un hombre honesto que aspira a pasar por este valle de
lágrimas procurando hacerle la puñeta a la menor cantidad de gente
posible”. En esta declaración de intenciones hecha por Cela en
Televisión Española, en 1989, puede decirse que se cifra su
condición moral.
“
No era en absoluto amigo de
normas. Reconocía –las reconocía en sí mismo- la voluntad débil
y voluble del ser humano y su fragilidad para mantener firmes sus
propósitos. “Tengamos valor bastante –escribía en su ensayo
“El erotismo en frío”- para digerir el pecado y quitarle plomo a
las alas […] El hombre no es un ángel, y se traiciona a sí mismo
cuando intenta pasarse con armas y bagajes al bando de los espíritus
puros”.
En ocasiones se manifiesta
partidario de una moral práctica, como en las palabras que dirige a
Millán Astray: “Mi general, la primera obligación del soldado no
es morir por la patria, sino que el enemigo muera por la suya”, o
de claro escepticismo: “El hombre sano no tiene ideas”, escribe
en las notas a la tercera edición de La Colmena. La moral de
Cela es la moral de triunfador del “noble” nietzcheano: desprecio
de la cobardía, la compasión, la debilidad; estima de cuanto
signifique impulso vital, decisión, fortaleza, fe en la propia
superación, altura de miras, ambición incluso.
No era ajeno a una buena dosis
de hedonismo. No despreciaba el dinero y cuanto este podía
reportarle, pero anteponía valores como la justicia, la amistad o la
fama. Atendía a lo que le dictaba su propia conciencia interior.
Porque –decía- “hay verdades que se sienten dentro del cuerpo,
como el hambre o como las ganas de orinar”. Defendía el
pensamiento crítico y se mostraba enemigo declarado de los tópicos,
el gregarismo, las utopías sociales y las estructuras alienantes. De
su sentido de la justicia y de la banalización de que esta es en
ocasiones objeto, quiere ofrecer buena muestra, y consideramos lo
consigue, en “El asesinato del perdedor”.

Una personalidad como la suya,
para bien o para mal, a nadie puede dejar indiferente.
“Dios es porque sí”
La condición intelectual de
don Camilo, permanentemente atento a cualquier vestigio de naturaleza
y de vida, no podía dejar al margen el sentido de trascendencia.
Entendía la existencia como permanente caminar hacia un final
incierto, dejando en cada paso jirones de sí mismo. Combustión
constante, irradiando, en la necesaria consunción, luz, calor, vida
en definitiva. Esta confesión, recogida en el número 213 de
“Papeles de Son Armadans”, lo atestigua: “Tan identifico la
vida con la espiral que lleva a la muerte que, sin violencia alguna,
entiendo la vida como un incansable caminar hacia la muerte, a pasos
isócronos y consciente o inconscientemente deliberados; de ahí que
el hombre pruebe día tras día a quemarse aun sabiendo que no es
incombustible”.
La muerte, siempre presente,
de una u otra forma, con mayor o menor protagonismo, en las
producciones celianas. La muerte, parte de la vida; y ambas exigiendo
igual compromiso. “Espanta pensar en la vida, espanta pensar en la
muerte –leemos en el prólogo a “El bonito crimen del
carabinero”-. Creo que ese espanto es la savia que ha
nutrido estas páginas mías”.
La necesidad de trascendencia
le llevó, hacia 1994, a elaborar una teoría que denominó
“nostalgia geométrica del azar”, en la que admite la existencia
de un factor poderoso que rige el universo, la tendencia de los seres
al orden, el
equilibrio, la perfecta simetría. “Dios es porque sí
y en su afirmación está su propia esencia”. Esta reflexión hacía
Cela en “Palabras para inaugurar un museo”, de “Al
principio de algo”. Este es el Dios cuya existencia intuía, un
poder nacido de la propia angustia existencial y del temor al vacío,
que dirige el universo, al margen de la fe que pueda suscitar. Don
Camilo no era creyente, pero sentía la necesidad de creer.
Hasta aquí la semblanza de
don Camilo que queríamos recrear como homenaje. En ella nos hemos
limitado a considerar su condición humana: origen, desarrollo vital,
carácter, intereses, actitudes, criterios, creencias… Queda para
otra ocasión abordar su condición de escritor; su extraordinaria
aportación como lingüista, novelista, poeta, bibliófilo…; su
altura intelectual, su amplia erudición, su genio innovador…
Desde estas páginas unimos
nuestro homenaje al que el 17 de enero de 2002, el día siguiente al
de su muerte, le rendía José Saramago en el periódico ABC: “Se
le ha juzgado como persona antes que como escritor. Dentro de veinte,
treinta, cuarenta o cincuenta años las rencillas estarán olvidadas
y sólo quedará su obra. La obra de un gran irrepetible escritor”.
ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro, doctor en Ciencias de la Educación y estudioso de Cela
Maestro, doctor en Ciencias de la Educación y estudioso de Cela
unidad de destino en lo
universal
Aplicados
nuestros actuales políticos de aldea en faenas de cocina más o
menos actuales y entretenidos con grescas de patio de vecinos no
levantarán el vuelo, ni España con ellos, mientras no miren a lo
alto y lejos, más allá de las bardas del corral. España fue grande
cuando, pensando menos en sí y en su provecho, se aplicó a cumplir
tareas universales, sus intelectuales cursaban cátedras fuera de sus
fronteras, sus conquistadores ensanchaban el suelo patrio, sus
tercios mantenían el orden en Europa y sus literatos escribían para
toda criatura nacida y por nacer.
Algo
de esto se nos apuntaba en nuestra juventud cuando se nos decía que
España era “una
unidad de destino en lo universal”.
¡El pitorreo que se ha hecho de esta afirmación tan valiosa, sin
querer entenderla!
Aun
tenemos algo que decir al mundo desde nuestras limitaciones, no por
limitados sino por nuestras raíces católicas de siglos y por
nuestra sólida Cultura histórica.
Una
muestra bien autorizada del pensamiento de nuestros Siglos de Oro, en
los que se hacía posible el vuelo universal de águila que seguimos
soñando para España, leemos en nuestro Doctor Eximius:
![]() |
Francisco Suárez. Universidad de Granada. |
"El
género humano, aunque dividido en varios pueblos y reinos, siempre
tiene alguna unidad, no sólo específica, sino también cuasi
política y moral, que indica el proyecto natural del mutuo amor y de
la misericordia, que se extiende a todos, aun los extraños y de
cualquier nación. Por lo cual, aunque cada estado independiente,
república o reino, sea en sí comunidad perfecta y orgánica, no
obstante, cualquiera de ellos es también miembro de algún modo de
este universo, en cuanto pertenece al género humano, pues nunca
aquellas comunidades son aisladamente de tal modo suficientes para sí
que no necesiten de alguna mutua ayuda y sociedad y comunicación, a
veces para mejor ser y mayor necesidad e indigencia, como resulta
propia de la práctica.”
FRANCISCO
SUÁREZ, S.J. (1518-1617)
Tractatus
de Legibus Deo Legislatore,
Coimbra, 1612
RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro, profesor de Teoría del conocimiento
CÍNICOS
En
su obra Crítica
de la razón práctica (1788), Immanuel Kant
condensó lo que anteriormente había llamado imperativo
categórico en una sola «ley básica de la razón
pura práctica» o ley moral, expresándola así: «Obra de tal modo
que la máxima de tu voluntad [la que rige tu conducta] pueda valer
siempre como principio de una legislación universal».
Por
ello, los revolucionarios poskantianos tacharon esa proposición de
Kant de reaccionaria, porque, de alguna manera, reprueba el uso de la
necesaria
violencia que acompaña a la revolución. Ello no obsta para que
alguno de nuestros parlamentarios actuales, uno de esos líderes
revolucionarios de salón o populistas de la 'transversalidad'
ideológica, haya confesado sentirse epígono de Kant y de su 'Ética'
[sic]
de la razón pura.
Como
prueba apodíctica de la racionalidad kantiana del referido personaje
y de la de su pareja política y sentimental, he aquí dos razones
que arguyen para justificar la adquisición de una suntuosa mansión
en la sierra de Madrid, para dar un salto llamativo desde la
'barricada' vallekana
al chalet de lujo.

La
otra razón, de parecido calado intelectual, que esgrimen estos
militantes radicales antisistema,
estos predicadores de la ética, que tan alto pusieron el listón de
la ejemplaridad al resto de españoles, es que son conscientes de que
a la inmensa mayoría de los ciudadanos sus sueldos miserables no les
alcanzan para hacerse de una vivienda confortable como la suya, pero
que para eso luchan ellos sin descanso en el Parlamento, para que
algún día puedan conseguirlo.
De
este último argumento yo deduzco que quizá lo que pretendan, para
no tener que esperar ad
calendas græcas, es dar cobijo en su morada a una
pléyade de selectos okupas, de los que todavía les voten o les
coreen, para compartir la espléndida mansión y su casita de
invitados, implementando en sus aposentos talleres de aprendizaje y
de juego para sus futuros vástagos en un ambiente ecológicamente
sano y antirrepresivo, una especie de 'arcádica' comuna feliz o de
nueva escuela libertaria de Summerhill adaptada a los tiempos que
corren.
Ítem
más, creo que no necesitan como avalistas de su hipoteca -la más
generosa del mercado- a jerifaltes iraníes o venezolanos, nada
fiables por otra parte. Sus enemigos naturales, los banqueros de la
casta,
siguen al pie de la letra, con interpretación torticera, por
supuesto, la máxima evangélica de granjearse amigos con la riqueza
que procede de la iniquidad para que, cuando les falte, los reciban
en las moradas eternas. (Exégesis: que cuando a los bancos les vayan
mal dadas, y estos pseudorrevolucionarios estén algún día en el
poder, se acuerden de los favores prestados y les echen una mano, no
al cuello, sino para que sean rescatados con dinero público, tal
como ha venido haciendo siempre la denostada derecha. ¿O se trata,
tal vez, de un favor desinteresado que le hacen los secesionistas
catalanes?).
En
los años 40 y 50 del pasado siglo, corrían por la piel de este
áspero y empobrecido país, unos individuos llamados charlatanes que
se subían sobre unos rústicos andamios en las plazas públicas y
engatusaban con sus artimañas de malandrines al personal ignorante
que los escuchaba boquiabierto. Pues bien, estos tribunos que hoy nos
dejan perplejos no son ciertamente los émulos de la brillante
oratoria de un Emilio Castelar; su locuacidad se parece más a la de
aquellos charlatanes, pícaros hambrientos, que quizá sean sus
antecesores genéticos. A pesar de todo, yo tengo la esperanza de que
queden en esta tierra nuestra personas honradas que los juzguen a
ellos no con palabras sino con su silencio, con su íntimo rechazo y
su testimonio ejemplar. Dejando a salvo sus conciencias personales,
que nadie tiene derecho a juzgar -aunque sí sus actos, dada su
condición de parlamentarios-, me atrevería a aventurar que sí
podrían merecer el calificativo de CÍNICOS, no en el sentido
filosófico, crítico o irónico original sino en el deshonroso que
recoge la RAE: "aquellos que actúan con falsedad o desvergüenza
descaradas".

¿Consideras
que Pablo Iglesias e Irene Montero deben seguir al frente de la
secretaría general de Podemos y de la portavocía parlamentaria?
[
] Si, deben seguir.
[
] No, deben dimitir de la secretaría general y de la portavocía
parlamentaria y dejar el
acta de diputados.
Como
se observa en la respuesta, en la opción del 'No' se introduce un
'castigo' añadido que no está contemplado en la pregunta. Sin duda,
una zafia maniobra para intentar frenar los noes.
Ya puestos, ¿por qué no haber añadido "y deben dejar el
partido"? Parecería que quieren dar este aviso a sus amigos: o
nosotros (en la dirección) o el caos (en el partido). Esto nos puede
dar idea del grado de cinismo de estas personas y del respeto y
limpieza con que tratarían a los ciudadanos].
Antonio
Peregrín López de Hierro
Mayo/junio
de 2018
-Adiós, abuelo.
-Hasta
luego, zagal.
Con
estas palabras se despedían cada mañana nieto y abuelo a la puerta
del colegio. Que los padres estaban camino del trabajo, y había que
echar una mano.
Con
la jubilación recién estrenada, sobraba tiempo. Los hijos ya no
requerían su cuidado, aunque sus vidas y la del nieto continuaran
siendo una preocupación. Tanto él como su esposa estaban
acostumbrados a madrugar. Y acompañar al pequeño y recogerlo a la
salida, contribuir de algún modo a su crianza, lejos de constituir
una carga, representaba una satisfacción: un par de horas bien
empleadas, que no estorbaban el paseo con la abuela por el parque,
la lectura reposada, la atención a las pequeñas tareas domésticas
o la partida con los amigos.
-¿Me
ayudas, abuelo?
-Claro,
zagal.
Habían
pasado algunos años. Aquel pequeño ya no era tal, sino casi tan
alto como el abuelo. No había ya que acompañarlo al colegio, ahora
marchaba solo al instituto, con su abono transporte. Pero a aquel
adolescente, al que le apuntaba ya el bigote, le encantaba seguir
sintiendo próximo al abuelo, y solicitaba su apoyo en las tareas
escolares, unas veces por verdadera necesidad, y otras, las más, por
disfrutar la satisfacción que el saberse útil despertaba en aquel.
Revivir con el nieto la experiencia tantas veces compartida con el
hijo, le hacían al abuelo sentirse joven; lejos de constituir una
obligación, resultaba una ocupación gratificante.
-Enhorabuena,
zagal.
-Gracias,
abuelo.
Fue
una mañana de junio, tras la ceremonia de graduación. Ver a su
nieto convertido en todo un abogado, luciendo la toga, y posar con la
familia para la foto de rigor, le llenaba de orgullo. Apoyado en el
bastón, que para entonces se había convertido en inseparable
compañero, sentía cómo esponjaba su corazón un sentimiento de
inefable gozo, que se traducía en una amplia sonrisa de
satisfacción. Lástima que para entonces la que fue su compañera
inseparable, la madre de sus hijos, no pudiera acompañarles. Solo
unos meses antes, les había dejado, tras larga y penosa enfermedad.
Aunque todos continuaban sintiéndola muy cerca.
-Te
quiero, zagal.
Con
las fuerzas mermadas, aunque con la mente lúcida, permanecía
recluido, sin apenas asomarse a la calle, más por debilidad y en
evitación de riesgos que por desinterés. Aunque no le faltaba el
apoyo de los hijos, fue él quien tomó la decisión de permanecer en
su casa, con la asistencia y la necesaria atención de una persona de
confianza. Las frecuentes visitas del nieto, solo o acompañado de la
novia, eran una caricia, un baño de cariño que le confortaba y
compensaba sobradamente la inquebrantable dedicación que mantuvo
mientras las fuerzas se lo permitieron.
-Ánimo,
abuelo.
-Gracias,
zagal.
Su
respuesta a las palabras de sincero apoyo del nieto, a las puertas
del quirófano, sonó débil, casi imperceptible. Afortunadamente,
lograría superar aquella intervención de colon. El asunto era
grave, pero la proximidad de los suyos y el apretón de manos de su
nieto apoyaron su determinación, sus ganas de vivir. Aunque a partir
de entonces su cuerpo y sobre todo su mente no serían los mismos.
-¿Cómo
estás, abuelo?
-……..
Ya
no había respuesta al beso en la frente y al apretón de manos del
nieto, sino un gesto inexpresivo y la mirada perdida, incapaz de
reconocer. Fueron años dolorosos, de sentir lejos a quien aún
podías abrazar, de ver impotente cómo aquella llama, que fue capaz
para alumbrar a toda la familia, se iba extinguiendo.
-Hola,
abuelo.

-Hola,
zagal.
Jorge
Urdiales Yuste
Ediciones
Cinca, Madrid,
mayo, 2018
Una
novela desde España a Canadá
“Y de pronto un día le
dijeron a Rodrigo (entonces tenía 9 años) que toda la familia se
iría a vivir a Canadá. Calgary, una ciudad del oeste canadiense,
iba a ser por… ¿cuánto tiempo? su nueva ciudad. Nuevo colegio,
increíbles paisajes, muchísima nieve, frío helador…
Después de cada nueva
aventura canadiense Rodrigo volverá a recordar sus travesuras y
juegos en un pequeño pueblo de Valladolid, Castrillo Tejeriego.
Allí, al pueblo de sus bisabuelos, les había llevado su padre
verano tras verano hasta que surgió el viaje a Canadá.
Este es el texto que
aparece en la contraportada de la
novela El Camino de
Rodrigo, editado
por www.edicionescinca.com.

La novela tiene algo de
inventado y mucho de real. En verdad la familia de Rodrigo tuvo que
irse a Canadá en 2016 y para Rodrigo aquello fue una aventura. Año
y medio en un colegio de habla inglesa, a 20 y 30 ºC bajo cero, con
nieve seis meses del año, otro tipo de comidas, otro tipo de
deportes…
Escribir una novela lleva un
tiempo que no se suele tener. En mi caso, año y medio en Calgary (la
ciudad canadiense donde vivíamos) sin tener que trabajar, dio para
echar muchas horas al ordenador. Nevaba y nevaba fuera de casa
mientras escribía capítulos y los retocaba, los tiraba, hacía
otros, cambiaba el sentido de la novela, volvía sobre mis pasos…
Rodrigo es un chico despierto
que disfruta en Canadá con lo que le va sucediendo pero que recuerda
sus aventuras en España, en un pequeño pueblo de España. A cada
nueva aventura allí, en Calgary, Rodrigo recuerda enseguida sus
juegos de verano en el pueblo vallisoletano: el día que se coló en
un corral abandonado y encontró una llave, la vez que se quedó
encerrado en la iglesia, aquella tarde que les pilló la tormenta
fuera del pueblo…
La novela, apta para todos los
públicos, entretenida, digo yo que hará más ilusión a los que
quieran conocer como es, hoy, Canadá. Y, por supuesto, a los que han
pasado su infancia en un pueblo. O a los que, como Rodrigo, han
veraneado en un pueblo.
El Camino de Rodrigo
es una buena lectura de verano, fresca, distendida, que lleva el
estilo de los libros de Miguel Delibes hasta en su lenguaje.
Jorge Urdiales Yuste, autor de la novela

JUBILOSO
JUBILADO
¿Cuántos niños “prodigio”
Parece ser que los instrumentos y herramientas de trabajo se comunican entre sí en buena armonía.
Al menos eso es lo que piensa el poeta.
Véanlos dialogar en la faena y aplíquense el ejemplo —los ejemplos— que nos proporcionan a diario.
Le dijo la Azada a la Azadilla:
Le dijo la Azuela al Hacha:
Enumeraremos algunas
definiciones y referencias que diversos autores de esta disciplina
hacen sobre el ejercicio físico, como una manera de establecer con
más precisión el sentido de este concepto. Podemos encontrar
expresiones como: “manifestación
práctica del movimiento en el campo de la actividad física y
deportiva”; o “conjunto de movimientos corporales realizados por
el individuo, que poseen unas determinadas características, con el
objetivo de obtener una mejora relacionada con las capacidades
físicas y con el rendimiento físico”. También: “el ejercicio
físico es un acto voluntario, aceptado libremente, con intención de
mejora personal”. El deporte, por tanto, se considera una expresión
más del ejercicio físico.
Jorge Urdiales Yuste, autor de la novela

Primer
premio en el certamen de
poesía
convocado
por el C.M. de Sagasta (CAM),
Él
camina tranquilo, a su manera:
calmo el andar, el gesto sonriente,
Las sienes plateadas, y en la frente
viejos surcos de antigua sementera.
calmo el andar, el gesto sonriente,
Las sienes plateadas, y en la frente
viejos surcos de antigua sementera.
Dejaron
ya sus manos la mancera,
pero sabe de aradas y simiente,
de hielos duros y del sol ardiente,
de la labor callada y de la espera.
pero sabe de aradas y simiente,
de hielos duros y del sol ardiente,
de la labor callada y de la espera.
El
que torrente fue, hoy aparece
caudaloso, sereno, sosegado,
y en su cauce la vida reverdece.
caudaloso, sereno, sosegado,
y en su cauce la vida reverdece.
Acércate
seguro, confiado,
a beber la experiencia que te ofrece,
camino ya del mar, el jubilado.
a beber la experiencia que te ofrece,
camino ya del mar, el jubilado.
Ángel
Hernández

ESPAÑA
-
¡Nuestro don Miguel de Unamuno!: La letra eñe de España es el amuleto que nos guarda de que pueda morir, la que nos garantiza su inmortalidad. Esta letra, si es su talón de Aquiles, también es la señal de su predestinación enclavada en medio de su alfabeto.
-
¿No veis que la tilde de la eñe no toca el suelo, que es puro vuelo, oleaje de ave que señorea un inmenso espacio?
-
Los inviernos de España anuncian siempre que volverá a reír la primavera, estación lograda en que la Patria se recobra, toma nuevo aliento y vuelve España a empezar: así en Covadonga, con don Pelayo; en la Concordia de Segovia, con los RR. CC., y en Melilla, con el Alzamiento Nacional.
-
Ejercicio escolar. Colocar en cada cita anterior, el año que corresponda: 722, 1475, 1936.
- Del siglo XVIII, 1782, es la malintencionada pregunta de la Enciclopedia Metódica francesa formulada por Masson: “¿Qué se debe a España, qué ha hecho España por Europa?”. Monsieur Masson sigue sin enterarse todavía. Con solo citar tres nombres estaría más que sobrada la aportación de España al planeta Tierra: Cervantes, Santa Teresa, don Juan de Austria.
- Las autonomías españoles del XXI, cada vez más autonosuyas y menos españolas. Cascabeles para los gatos.
-
Pero una española Castilla reducida a la mera Castilla seguirá siendo Castilla, es decir, el vientre en cinta y en perenne parto de España, su alma mater.CUR
LOS NIÑOS PRODIGIO
¿Cuántos niños “prodigio”
he conocido?
Tantos como se han ido
en el litigio
entre padres y profes
mal avenidos
tras los atrofies
sobrevenidos
en la pubertad.
¡Ay, niños, niños!
La vida se tuerce
con o sin sentido
igual que el alerce
derecho ascendido
que pide piedad.
¡Ay, niños, niños!
Niños prodigiosos,
listos, talentosos…
seáis bienvenidos
por tan bien nacidos
y tan memoriosos.
¡Ay, niños, niños!
Que la adolescencia
no mate esa esencia
natal virtuosa
y que la inocencia
brille jubilosa.
¡Ay, niños, niños…!
DICHOS
Y HECHOS PRÁCTICOS
DE LOS INSTRUMENTOS DE TRABAJO
Parece ser que los instrumentos y herramientas de trabajo se comunican entre sí en buena armonía.
Al menos eso es lo que piensa el poeta.
Véanlos dialogar en la faena y aplíquense el ejemplo —los ejemplos— que nos proporcionan a diario.
Le dijo la Azada a la Azadilla:
Y ella no se azoró,
sino que trabajó y trabajó
sin cansarse para nada,
pues de hierro está forjada.
Y le dijo al Azadón:
¿cómo es que eres tan
grandón?
Así me han hecho, señora,
para romper la tierra a toda
hora.
No sé otra cosa que hacer
más que enterrarme y
revolver.
Le dijo la Azuela al Hacha:
yo cacho, tú cachas,
vayamos a pachas.
Pero el Hacha se le impuso
cortando y recortando
igual lo duro que lo blando.
Uno no debe entrometerse
en lo que el otro ha decidido
entretenerse.
Le dijo el Pico a la Pala:
¡ala, ala!,
que ya desterroné lo que te
agrada,
llévatelo de una palada.
Y la Pala obedeció
Le dijo el Rastrillo al
Bieldo:
quieto, quieto, que te
envuelvo.
Y el Bieldo quedó a esperar
para después aventar,
mientras que el terco
Rastrillo
le acarreaba las hojas a
porrillo.
Eso es colaborar
y lo demás es molestar.
Le dijo el Gañán al Trillo:
corre, corre, que te pillo,
chinarrillo.
Y el Trillo, al tiro del
burro,
dejó de hacerse el cazurro,
de manera que la parva
arrellanada
se tendió sobre la era
separada,
con la paja por un lado
y al otro el grano dorado.
Muy bien, muy bien,
pensó el Gañán sin desdén.
Le dijo el Agua al Botijo:
¡qué fresca me pones, hijo!
Y el Botijo corcovado
hizo glú, glú repantigado.
Y es que dar gusto a la panza,
sólo lo da la alabanza.
Dijo la Punta al Martillo
porque le sacara brillo:
clávame, si es que lo
quieres,
pues uno de mis deberes
es hundirme en la madera
a tu farruca manera.
Y el Martillo, dale y dale,
respondió: de esta no sale.
Y no salió,
pero qué contenta se quedó.
Estas tretas son usuales
entre compis pariguales.
Tanto haces, tanto vales.
¡Ojalá que los humanos,
que para eso tienen manos,
se comporten como ellos,
esos instrumentos bellos

Cuando se habla de ejercicio,
desde el punto de vista de las ciencias de la conducta humana,
conviene distinguir entre actividad
física,
que puede tener una base recreativa u ocupacional, y ejercicio
físico, que se
puede considerar como una actividad física emprendida de manera
intencional y voluntaria.

No todo el movimiento ni toda
la actividad física realizada puede considerarse ejercicio
físico; para que
así sea deben reunirse unos determinados requisitos en su
planteamiento. Las características diferenciadoras del ejercicio
físico sobre el movimiento realizado de cualquier actividad motriz
deben presentar los siguientes factores: intencionalidad,
intensidad, forma
y técnica.
La intencionalidad
se centra en
conseguir objetivos para obtener beneficios de tipo físico a través
de la mejora de las cualidades físicas.
La intensidad
se ocupa del aspecto cuantitativo; es decir, de la relación con el
tipo de estímulo que se proporciona al individuo: de intensidad
baja, media o alta”.
La forma
hace referencia a consideraciones espaciales y del aspecto exterior
del ejercicio, como las fases del ejercicio, las posiciones, la
estructura –que sea analítica, global o sintética– o el
carácter –natural o construido–.
La técnica
de trabajo, trata los aspectos de tipo interno, como las fuerzas
causantes del movimiento, las clases de patrones de movimiento o la
acción y localización muscular.
Pongamos un ejemplo para
ilustrar estas afirmaciones: si efectuamos una carrera para no perder
un autobús, este esfuerzo no puede considerarse ejercicio físico sino una
manera de actividad, puesto que le falta la intencionalidad
de mejora de la condición física y no está regulada su intensidad
previamente.
Sorprende, por tanto, que la
denominación de las Facultades donde se estudia esta disciplina
lleven el título de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en
vez de denominarse Ciencias del Ejercicio Físico.
Francisco Sáez Pastor
Universidad de Vigo