Enero, 2019
ÍNDICE
PRINCIPAL
Pregón: Con poco tiempo.
Ancianos
bíblicos:
El anciano Jacob (II). Zereutes
Joyas
teológicas de arte (IV): La Trinidad. El Greco. Eduardo
Malvido
Efemérides: Salamanca: universidad ochenta años centenaria. Teódulo
G.R.
Hemos leído: El secreto de Amaranta. J.M. Blanco Corredoira
Hemos leído: El secreto de Amaranta. J.M. Blanco Corredoira
Patio de recreo: Doce uvas, doce. Á.H.
Alta
política con estilo: Desde nuestro modesto rincón.
R. Duque de Aza
Rincón
de Apuleyo: Cumpleaños del Niño Jesús.
Soneto
desde el sentimiento: Rey de reyes.
Á.H.
Afderías: Afda, afderías. CUR
Educación
física:
Forma del ejercico físico (II). F.
Sáez
CON POCO TIEMPO
Ya no
tenemos tiempo de empezar nuevas rutas intelectuales. Hemos hecho
largo camino. Hemos leído algunos de nuestros grandes clásicos del
pensamiento y de la palabra, filósofos y literatos. Han sido
nuestros grandes compañeros sobre el empedrado camino de la
existencia. Siguen con nosotros. Afortunadamente nos escoltan
todavía.
Entrados
ya en la década de los ochenta o la de los noventa, renunciamos a
nuevas vías, nos sentamos cansados sobre una piedra de la cuneta
-¡qué duras ya las piedras!- y nos detenemos a escucharles de
nuevo. Hemos vuelto a los clásicos, escuchamos sus lecciones de
ayer.
Abrimos
los mejores libros de nuestra juventud apasionada, los que empleamos
en nuestro cálido magisterio, los de nuestros ratos de silencio que
algunas noches nos regalaba el Cielo tras febriles jornadas. Volvemos
a ellos. Les miramos a los ojos, a través de las páginas que
acabamos de volver a abrir.
Abrimos
uno de nuestros libros de pensamiento. En él se habla de cuatro
filósofos alemanes, amigos nuestros: de Theodor Haecker, de Peter
Wust, de Ferdinand Ebner y de Erich Przywar.
Nosotros
habíamos estudiado con fruición la teoría de los valores de Max
Scheler. Volvemos a leer con gusto lo que nos dice Peter Wust de su
maestro de Colonia: “Me encontré con un verdadero genio del
espíritu. Inefablemente hermosos fueron los años que me cupo en
suerte vivir en la cercanía de este gran hombre. A partir de 1922
nos reuníamos en pequeño círculo y su magisterio privilegiado
derramaba rayos de luz sobre nosotros de modo parecido a como habrían
oído a Platón sus discípulos en su día en la Escuela de la
Academia ateniense…. Por siempre, siguió siendo para mí una
figura singular a la que me sentía unido constantemente por lazos de
agradecimiento y de la más honda reverencia”.
Leemos
esto y lo vemos como el espejo de lo que para nuestra generación y
las siguientes -porque nada pudo dejar de ser de una nueva manera
tras de él- fue Orizana.
Nos
zambullimos en el pensamiento y en el recuerdo de Peter Wust y en el
entrañable y sabio recuerdo de Orizana. Pronto nos encontraremos con
ellos y podremos proseguir la búsqueda de la Luz, que el tiempo
interrumpió con su marcha. De entonces acá nos han surgido mil
preguntas que les haremos para escucharles.
Mientras, leemos a nuestros clásicos del pensamiento y el estilo.
EL ANCIANO JACOB (ii)
Mientras, leemos a nuestros clásicos del pensamiento y el estilo.
EL ANCIANO JACOB (ii)
La
bendición al faraón
Los
años son una bendición de Dios.
Dios
bendice a los ancianos con una vida larga
que
les va dejando un poso de experiencias.
Esta
bendición les hace superiores a los demás mortales.
Es
el caso de Jacob.
Jacob
acaba de llegar a Egipto. Allí, el poder del faraón es enorme,
extremo.
Para nosotros los griegos serán siempre unos niños,
le dijeron a Platón los sacerdotes de Tebas. Los egipcios presumían,
con razón, de cultura milenaria. Jacob en
Egipto es un mero beduino, un extranjero, un emigrante. Pero en la
Biblia es Jacob quien va a bendecir al faraón y no a la inversa,
también aquí el superior al inferior.
José presenta a su padre al faraón. El faraón le pregunta que cuántos años tiene: “Ciento treinta han sido los años de mi carrera, pocos y malos, no llegan a los que vivieron mis padres”. Es la carta de presentación de Jacob con dos argumentos: que es el padre de José y que está cargado de años.
Jacob bendice al faraón “y salió de su presencia”.
En esta viñeta nos vemos agrandados por el paso de los muchos años y la bendición de Dios que nos ha acompañado hasta la ancianidad en la que nos vemos cargados de años como el patriarca.
José presenta a su padre al faraón. El faraón le pregunta que cuántos años tiene: “Ciento treinta han sido los años de mi carrera, pocos y malos, no llegan a los que vivieron mis padres”. Es la carta de presentación de Jacob con dos argumentos: que es el padre de José y que está cargado de años.
Jacob bendice al faraón “y salió de su presencia”.
En esta viñeta nos vemos agrandados por el paso de los muchos años y la bendición de Dios que nos ha acompañado hasta la ancianidad en la que nos vemos cargados de años como el patriarca.
Zereutes
Ancien
élève de Évode Beaucamp
y
de Francesco Spadafora
JOYAS
TEOLÓGICAS DEL ARTE (4)
Doménicos
Theotocópoulos, “El Greco” (1541-1614), realizó esta pintura
de “La Trinidad”,
óleo sobre lienzo de 300 cm de alto x 179 cm
de ancho, hacia el año1579.
Actualmente el cuadro se halla en el
Museo Nacional del Prado, Madrid.
Todos
tenemos en la retina esas figuras de “El Greco” estilizadas y
sinuosas como llamas, casi volátiles, en las que el espíritu
impulsa y eleva el cuerpo hacia las alturas (Adoración
de los pastores, La resurrección de Jesús, la
parte superior del Entierro
del Conde de Orgaz…).
Pero la pintura del genial pintor cretense no alcanzó la cima del
expresionismo
“manierista”
ya desde los comienzos de su carrera pictórica. (Conviene aclarar
que hablamos del manierismo de El Greco no en el sentido de un estilo
arbitrario y artificial, sino como una reacción al equilibrio y
armonía del alto renacimiento en las “formas” (color, ejes,
simetría, claridad…) y a la misma concepción de la pintura al
servicio de los sentimientos del artista, en el caso de El Greco al
servicio de su religiosidad apasionada.
Por
el contrario, la primera larga etapa de la vida del artista nada
tenía que ver con el manierismo. No se olvide que el que sería
llamado en italiano “Il Greco”, “El Griego”, vivió en Creta
hasta sus 26 años y que ya ejercía como maestro pintor antes de
emprender su marcha a Venecia y a Roma. La tradición pictórica
imperante en la isla era la de los iconos y mosaicos bizantinos.
Contamos con un cuadro de pequeñas dimensiones (61 x 45 cm),
realizado al final de su época de habitante en Creta, cuyo título
“La dormición de la Virgen” corresponde a uno de los temas
clásicos de la pintura bizantina y cuya composición recuerda las
características de la tradición iconográfica de la Iglesia
oriental (falta de perspectiva, fondo dorado, rostros
estereotipados…). Para comprender la pintura posterior de El Greco,
siempre habrá que tener en cuenta el influjo del arte bizantino,
impregnado de ferviente espiritualidad y regulado por una técnica
secular, en la formación humana y pictórica del maestro pintor de
Creta.
Creta
pertenecía en aquel tiempo a la república de Venecia, en la que
florecía la pintura de Tiziano, Tintoretto… Se cree que El Greco
partió en 1567 a la república veneciana. No se sabe cuánto tiempo
vivió en Venecia ni las relaciones artísticas concretas mantenidas
con los pintores consagrados de la capital de la república. Lo
cierto es que El Greco asumió en sus cuadros los principios del
manierismo —superar las obras de arte que nos ofrece la naturaleza,
dar primacía a la imaginación y a la pasión sobre las pautas
armoniosas que nos han legado los clásicos en las “formas”—
que percibía en las pinturas de Tiziano (“La Asunción”) y
sobre todo de Tintoretto (“El lavatorio”, “La crucifixión”).
Hay
más coincidencia entre los expertos en cuanto a la estancia de
Doménicos Theotocópoulos en Roma, de 1570 a 1576, y a su
conocimiento de las pinturas de Miguel Ángel. Del pintor de la
Capilla Sixtina, El Greco
tomará
para sí la fiel anatomía, y también la robustez de los cuerpos del
pintor y escultor de Florencia.
Como
muestra ilustrativa del impacto causado por los citados maestros de
la pintura en El Greco, nombremos su cuadro “Expulsión de los
mercaderes del templo”, fechado en 1571, la primera versión de las
cinco que hará el artista a lo largo de los años posteriores. En
dicho cuadro se advierten las características del expresionismo
manierista: gran perspectiva arquitectónica formada por columnas,
arcos y edificios romanos; espacio principal con la figura de Jesús
en el centro de un grupo abigarrado de personas y un espacio lateral
con personas aisladas, ambos espacios amplios y unificados por la luz
y el color; cuerpos en movimientos retorcidos y tensos, que dejan al
descubierto o que transparentan los múltiples miembros de la
anatomía humana… Es interesante comparar esta primera versión del
cuadro con la que tenemos en la iglesia de san Ginés, calle Arenal,
Madrid, donde las figuras aparecen más estilizadas, la escena se
centra únicamente en Jesús, hay evocaciones bíblicas (a la
izquierda estatua de Adán y, en su pedestal, la expulsión del
paraíso; al fondo el tabernáculo donde se guardaba la ley de Moisés
o la Torá), y, en general, se ha entenebrecido el aire…
En
1577 El Greco llega a Toledo. ¿Motivo? Quizás el poder optar con su
talento y formación a ganarse un puesto destacado en el mundo de la
pintura, viendo, por un lado, que en Roma se encargaban valiosos
trabajos a los discípulos de Miguel Ángel y, por otro lado, que en
España había una actividad artística inusual alrededor de la
construcción de El Escorial, 1563-1584, promovida por el monarca
Felipe II. Dentro de la motivación señalada, la razón inmediata de
su venida a Toledo obedeció a que don Diego de Castilla, deán de la
catedral de Toledo, encargó a El Greco, por mediación de su
hermano, gran amigo del pintor cretense, la realización del retablo
de santo Domingo el Antiguo.
Establecido
en Toledo, El Greco comienza a llevar a cabo los encargos que le van
haciendo, y su fama va creciendo y mejorando con ella su condición
económica.
Entre
1577 y 1579, El Greco ejecuta con maestría y devoción sublimes el
encargo del deán para el retablo mayor de la iglesia de santo
Domingo el Antiguo, de Toledo: “La Trinidad”, que es la joya
teológica del presente comentario. Poco después termina de pintar
el magnífico “Expolio”, que está expuesto en la sacristía de
la catedral de Toledo. Parece ser que el rey Felipe II asistió en
Toledo a la procesión del Corpus de 1579 y que al contemplar
conmovido el “Expolio” pudo entonces encargar a El Greco
participar en la decoración de la basílica de El Escorial.
Entre
1580 y 1582, El Greco pintó el “Martirio de san Mauricio y la
Legión Tebana”, representación que no agradó al monarca. Felipe
II esperaba que el martirio de Mauricio y de los soldados de toda una
legión convertida al cristianismo conmoviera al espectador y lo
fortaleciera en su fe, mientras que El Greco ofrecía en el plano
principal a san Mauricio en diálogo silencioso con sus capitanes, y
en plano secundario y apenas perceptible el sacrificio de los
mártires.
Pienso
que en el siguiente comentario sobre “La Trinidad” puede quedar
claro por qué el “Martirio de san Mauricio” no gustó al rey
Felipe II y sí, en cambio, le había gustado el “Expolio” y le
habría complacido “La Trinidad”.
Esta
pintura ofrece rasgos de la escuela veneciana y romana como también
de la iconografía bizantina.
En
cuanto al influjo de la pintura de Tintoretto, observamos el
movimiento de las figuras, los colores (azul, verde, rojo, amarillo),
los focos de luz, la perspectiva trazada de abajo arriba de toda la
escena… La anatomía del cuerpo yacente de Jesucristo y su robustez
evocan al Miguel Ángel de la capilla Sixtina.
Sin
embargo, también se aprecian características de la técnica
pictórica del arte bizantino: la unidad del conjunto, la pureza de
los ejes que se centran en la figura del Cristo, el fondo dorado de
la parte superior donde revolotea con viveza la Paloma-el Espíritu
Santo…
Pero,
sobre todo, es la espiritualidad de los iconos bizantinos lo que
palpita en la representación de la Santa Trinidad. El triángulo que
forman las Tres Personas atrae con fuerza fascinante al espectador.
No es una representación más al uso bizantino, donde las dos
Figuras divinas se hacen serenamente presentes durante la sangrienta
crucifixión del Señor. Aquí es en el plano celeste, esto es, en la
comunión “ad intra” de la Divinidad, donde el Padre contempla al
Hijo cuando Este acaba de morir. La mirada del Padre, también la del
Espíritu Santo, nos están diciendo que las dos divinas Personas han
compartido con el Hijo su pasión y ahora lo miran, víctima
inocente, totalmente exangüe. El Greco logra que sintamos la
com-pasión del Padre y del Espíritu Santo hacia el Hijo muerto.
Nosotros estamos acostumbrados a contemplar el dolor de la Madre ante
la muerte de su hijo (“La Piedad”, de Miguel Ángel). La mayor
compasión, sin embargo, es la del Padre y del Espíritu Santo para
con el Hijo muerto en brazos de la Primera Persona. Pienso que el
verdadero título del presente cuadro no es el de la “Trinidad”,
sino el de la “Piedad” de las dos divinas Personas. Al que lo ve
por primera vez no es posible que se le olvide la ternísima acogida
que el Padre, y con Él el Espíritu Santo, dispensan al Hijo
entregado por los hombres hasta el abismo sin fondo de la muerte. Es
ese rostro a punto de llorar del Padre el que se queda grabado para
siempre en la retina del espectador.
¡Cómo
contrasta la acogida amorosa del Padre y del Espíritu Santo al Hijo
recién muerto con la reacción de la compañía angélica del
entorno de la Santa Trinidad!: los ángeles de la izquierda y de la
derecha más próximos al espectador observan tristes el trágico
suceso de la muerte del Señor; los ángeles restantes ni se atreven
siquiera a mirarlo…
Cuadros
como este de El Greco sí que conmueven y afianzan en su fe a los
creyentes. ¡Lástima que el genial pintor de Creta no lograra
trasladar la apasionada espiritualidad de la pintura bizantina al
lienzo del martirio de san Mauricio y de la Legión Tebana! En mala
hora se dejó llevar por el manierismo de Tintoretto…
EDUARDO
MALVIDO
Maestro,
catequista y teólogo
EFEMÉRIDES
4
SALAMANCA: UNIVERSIDAD OCHO VECES CENTENARIA
La cultura y la ciencia españolas y universales han celebrado en 2018 los ocho siglos de la creación de la Universidad de Salamanca. Pocos acontecimientos culturales expresan tanto con solo nombrarlos; pocos nombres evocan tanta excelencia como Salamanca. Séame permitido recordar, siquiera breve y humildemente, esta gran efeméride.
Los comienzos
La Universidad de Salamanca
nació años después de que comenzara su andadura la primera
universidad española: la de Palencia, que fundara el obispo Tello
Téllez. La dejadez de los reyes por la universidad palentina hizo
que Alfonso IX de León, influido por sus nobles y sus hombres de
letras, fundara universidad salmantina. Así rezan los latines de la
Crónica General en su capítulo 993: “Hic
salutari consilio evocavit magistros peritisimos in sacris scripturis
et constituit scholas fieri Salmanticae” (ver V. Beltrán
de Heredia, Los orígenes de la Universidad de Salamanca,
Universidad de Salamanca, 1983, p. 10). Sucedía esto hacia
finales de 1218.
La primacía de la
universidad salmantina sobre la primera fundada en España no se debe
a rencillas académicas o a disputas teológicas; tampoco a
favoritismos de la realeza: parece ser que se debía a que ambas
mantenían una “contextura antitética”, pues la palentina
reproducía el molde parisiense, es decir, de corte más bien
teológico y de humanidades, mientras que la salmantina era “un
reflejo de la boloñesa”, centrada en el Derecho y leyes (id, p.
12). Solo en el siglo XIV introdujo el estudio de la Teología.
Sabemos que pronto el rey Fernando III reforzará y protegerá la
incipiente estructura de las Escuelas, pero que será Alfonso el
Sabio quien la organice y consagre su status a través de su
documento casi fundacional. El Rey Sabio dotó a la universidad de
unos estatutos que definían su sistema de financiación y creaban el
cargo de bibliotecario y nuevas cátedras.
Vinculada a la Iglesia
La Universidad de Salamanca
nació y vivió sus primeros tiempos muy vinculada a la Iglesia.
Durante siglos la Universidad conservó su título de “Pontificia”
que perdió en 1852 cuando desaparecieron sus dos facultades
eclesiásticas (Derecho Canónico y Teología). La vinculación a la
Iglesia, normal en aquellos tiempos medievales, se reflejaba en la
financiación, que le llegaba de parte de la Iglesia, en el alumnado
(mayormente español, masculino y clerical) o en los locales donde
impartía su enseñanza: al principio, los claustros de la Catedral
Vieja.
La universidad de Salamanca
gozaba de gran prestigio en España y en Europa. Su universalidad
no le venía tanto de sus alumnos (estos eran casi todos españoles y
portugueses) sino de la procedencia de sus profesores, del uso de la
lengua europea –el latín- y, sobre todo, por la licentia
ubique docendi”,documento otorgado por el papa Alejandro
IV que reconocía la validez de los títulos de la Universidad de
Salamanca en todo el mundo. Es importante destacar también que esta
universidad fue la primera universidad de Europa que contó con una
biblioteca pública y se convirtió en referencia de toda
universidad española.

Algunos rasgos
definidores
Ante una riquísima historia
de ochocientos años no se me ocurrirá presentar un siempre
incompleto resumen; para nuestro blog me parece más adecuado espigar
unos cuantos rasgos definidores de la larga vida de esta prestigiosa
universidad. Lo que constituyó su identidad y su proyección en el
ámbito universitario español y universal.
La universidad salmantina
impresiona por su arquitectura. La arquitectura de los
saberes, pero también la arquitectura que se distribuye por espacios
antiguos y modernos. Mencionemos siquiera, dentro de la gran riqueza,
el claustro y las capillas románicos de la Catedral Vieja, cuna de
los primeros tiempos universitarios; el gótico de los claustros, el
renacentista de su universalmente famosa fachada plateresca y del
Patio de las Escuelas Menores... O el sabor original de algunas
aulas, como la de Fray Luis de León.
Hemos de mencionar asimismo
su espléndida biblioteca, una de las más completas de su
tiempo, émula de la biblioteca de Alejandría, y con el orgullo de
recoger en sus numerosos volúmenes “todos los saberes de la
época”. La Biblioteca sigue siendo hoy un lugar que impresiona, un
espacio que conserva el saber que perdura a través el tiempo...
La Universidad salmantina
dejó huella perenne en miles de estudiantes que, desde la península
ibérica, sobre todo, salían con sus títulos a seguir aprendiendo o
a enseñar en otras universidades europeas. Sería imposible enumerar
alumnos eminentes salidos de sus aulas. Pero séanos permitido
destacar el carácter pionero de esta universidad en la presencia de
la mujer en sus aulas: se afirma que “probablemente las primeras
alumnas universitarias del mundo fueron Beatriz Galindo y Lucía de
Medrano”. Y parece cierto que esta última “fue la primera mujer
que dio clases en una universidad”.
Es imposible pensar en la
Universidad de Salamanca sin que nos impacte el esplendor de uno de
sus momentos más brillantes: la llamada Escuela de Salamanca.
Cuando la Universidad se decantó por el humanismo, floreció en
Salamanca una pléyade de eminencias en la cultura, en el Derecho y
en la Teología. “Los integrantes de la Escuela renovaron la
Teología, sentaron las bases del Derecho de gentes moderno, del
derecho internacional y de la ciencia económica moderna”. Su
participación en el Concilio de Trento ha sido uno de sus mayores
timbres de gloria. Basta con nombrar a Fray Luis de León, Francisco
de Vitoria, Domingo Soto...
La citada Escuela de
Salamanca no fue la única ocasión en la que confluyeron en nuestra
universidad conjuntos de profesores que sellaron con su saber
y autoridad épocas enteras. En tiempos de la Ilustración la
Universidad salmantina fue un foco de irradiación múltiple,
con figuras como el poeta Meléndez Valdés, el matemático y
filósofo Miguel Martel y los poetas Nicasio Gallego y Manuel José
Quintana A esta generación también pertenece Diego Muñoz Torrero,
figura importante en la elaboración de la Constitución de Cádiz.
Siglos después, superada la época de decadencia, y ya en el siglo
XX, se volvió a juntar un magnífico elenco de profesores: el rector
Antonio Tovar, Miguel Artola, Ruiz-Jiménez, Tierno Galván, Zamora
Vicente... y dominando sobre todos ellos la insigne figura del Rector
Miguel de Unamuno, tan ligado a la Universidad y a Salamanca.
Dejamos atrás las
vicisitudes acaecidas a la Universidad, su decadencia y el eclipse
del carácter de guía y de referencia en el siglo XIX y su posterior
recuperación mediado el siglo XX. La celebración del VII Centenario
fue ocasión para un reconocimiento y una revalorización de la
Universidad: recibió el homenaje de 70 universidades de todo el
mundo. Por otra parte, los Rectores Unamuno y A. Tovar fueron
artífices de la vuelta de la Universidad salmantina al esplendor
y la excelencia. Algunos datos avalan esta afirmación: la
calidad de sus estudios, el incremento de sus especialidades
académicas y el aumento del alumnado. La Universidad potenció las
facultades de Medicina y desarrolló no sólo la docencia sino la
investigación (Oftalmología, Obstetricia y Ginecología), Derecho y
Filosofía y Letras, que gozaron de enorme prestigio. También se ha
convertido hoy en una “referencia mundial” en la bioquímica y en
informática.
La facultad de Filosofía y
Letras creó el Curso Superior de Filología Hispánica, muy
apreciado y concurrido, sobre todo por los jóvenes extranjeros.
Estos subrayan su carácter universal, bien visible en las calles
salmantinas -todo bullicio juvenil- especialmente en los cursos de
verano para extranjeros: los jóvenes estudiantes llevan el nombre de
Salamanca y de su Universidad por los cinco continentes.
“Decíamos ayer,
diremos mañana”


Unida a la Historia de España
en los momentos de esplendor y en los de decadencia, la Universidad
de Salamanca ha sido testigo fiel de sus luces y de sus sombras.
Finalizamos, con el autor cuyo escrito hemos seguido en esta breve
reseña, ofreciendo tres ejemplos de esta Universidad que ha sido
referencia en la ciencia y en la cultura para el mundo: Fray Luis
de León, encarcelado por la Inquisición, que en la prisión
anotó: ”aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado” y que
reanudó su enseñanza con el famoso “Decíamos ayer...”;
Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca, que sentó las
bases del “derecho internacional y de la convivencia civilizada”,
y Miguel de Unamuno, defensor de la universidad como “templo
de la inteligencia” y buceador profundo en la realidad humana, en
el “sentimiento trágico de la vida”. Tres ilustres humanistas
cuyas estatuas, presentes en diversos puntos de la ciudad, “nos
recuerdan la singularidad personal de toda aportación
extraordinaria”. Y a fe que la Universidad de Salamanca sigue,
ochocientos años después, uniendo tradición y futuro en un
magnífico esfuerzo de superación y de creatividad. Como reza el
lema de su cartel publicitario: “Decíamos ayer, diremos
mañana”.
Teódulo
GARCÍA REGIDOR
Maestro,
profesor del Centro Universitario La Salle
El
secreto de Amarante. Misterios y leyendas al borde del Camino de
Santiago
BLANCO
CORREDOIRA, José María
Ed.
Sial Pigmalión, Madrid, 2018
He
aquí un libro en sintonía con nuestro estilo y de uno de nosotros.
Con él se ha presentado en la Casa de Galicia de Madrid,el 13 de
diciembre pasado, un delicioso conjunto de relatos agrupados bajo el
título de “El secreto de Amarante”. Casi todos ellos transcurren
en la comarca lucense de la Ulloa, de la que su autor dice: “…
de todos los parajes de este rincón o fin de la tierra, existe una
comarca que es la más bella y mágica de todas, esta es la Ulloa.
Perdido en su fiero verdor, el viajero comprueba que la cadencia del
tiempo aquí es otra. La huella del hombre es leve y de piedra. El
Camino de Santiago se adentra por sus bosques hasta su penúltima
etapa, en el corazón mismo de Galicia”. Antes
aún, en el prefacio del libro el autor hace también la advertencia
clásica de que el viajero no debería asomarse allí sino es con una
predisposición hacia el asombro.
La
narrativa de Blanco Corredoira alcanza en esta obra una afinación
muy poética y con mucho gancho, ya que los relatos tratan todos de
hechos insólitos. Algunos de ellos son históricos, y el autor se
muestra en ellos muy riguroso en el tratamiento de las citas y
documentos. En ellos se refieren las disputas, desafueros y crímenes
de las grandes casas de la comarca, los Ulloa, Amarante, Seixas…; o
la historia de Pambre, una de las pocas fortalezas de Galicia que
resistieron a los embates de los irmandiños.
Otros relatos son más abiertamente fantásticos, y recrean esas
historias sobre las que las gentes fueron perdiendo el dato exacto,
dando pie a la leyenda. Semejante recorrido por la Galicia del
interior podría también recibir el título de “Cuentos de la
Ulloa”, pues que Blanco Corredoira dice de sí: “yo
no soy más que un amable cuentista”.
Por otra parte, podemos confirmar que su estilo ciertamente es
amable, en el sentido latino, digno de ser apreciado.
Blanco
Corredoira ha publicado antes dos novelas históricas, “Añoranza
de guerra” y “Objetivo Skorzeny”, ambas con la editorial “La
esfera de los libros”, que en su día reseñamos en AFDA y tuvieron
muy buena acogida.
Diez es
un número redondo, cerrado, sin escapatoria. El doce, con dos
unidades más, da un respiro, lleva propina.
Como el
tres o el siete, el doce es número bíblico. Doce tribus, doce
jueces, doce apóstoles… La Nueva Jerusalén que describe el
Apocalipsis, tiene doce puertas, guarnecidas con doce perlas y
guardadas por doce ángeles, tres orientadas hacia cada punto
cardinal. Y sus muros doce cimientos, fraguados con doce
diferentes piedras preciosas. Se extiende doce mil estadios a lo
ancho y doce mil a lo largo, y su muro alcanza los ciento cuarenta y
cuatro -doce por doce- codos. Doce son también los frutos del Árbol
de la Vida.

El doce
es cifra que parece gustar de acompañarnos en distintas
circunstancias, no siempre solemnes. Doce eran los principales dioses
en la mitología griega, doce fueron los caballeros de la Tabla
Redonda, doce son las estrellas de la bandera de Europa… Doce
cascabeles –dice la canción- adornan las crines del caballo y doce
claveles prendidos en el pelo lleva la romera.
Doce son
también las campanadas que despiden el año, y que golpean en
nuestro ánimo, como aldabonazos, envueltas en un sentimiento
agridulce. De alegría porque con el año que muere se van hacia el
olvido momentos vividos con tristeza, angustias y temores que
desearíamos enterrar. Y de tristeza, porque también con él se
alejan recuerdos de gratas experiencias que no quisiéramos olvidar.
El
sentimiento se acentúa cuanto más intensas y numerosas son las
experiencias vividas y se perciben como escasas las que restan por
vivir. Las aguas que nacieron en torrentera están llamadas a crecer
y ven lejano su final. Luego se serenan, y su paso tranquilo y
reposado se alimenta del suave murmullo del agua, la vida que coletea
en su corriente, el canto de las aves y la apacible sombra de los
árboles que acompañan su discurrir. Luego, a medida que el final se
aproxima y se avista cada vez más próxima la mar serena y apacible,
se afloja el paso y se buscan nuevas orillas en las que detenerse y
reposar.

Despedir
un año y recibir al siguiente presenta, como casi todo en la vida,
su cara y su cruz. La cara, lo que tiene de borrón y cuenta nueva,
la ilusión renovada que representa lo que todos percibimos como el
inicio de una nueva oportunidad. La cruz, el convencimiento de que
una nueva lasca se desprende de nuestro calendario, y de que
éste tiene las hojas contadas. En cualquier caso, es un
año nuevo el que se nos concede, y debemos por ello estar alegres y
sentirnos agradecidos.
Como
corresponde a la ocasión, mi poema tiene esta vez doce versos y -no
podía ser de otro modo- todos ellos dodecasílabos.
La
torre de la plaza ya está encendida;
el
reloj, en su centro, ya iluminado;
el
plato con las uvas ya preparado,
y el
aliento de todos sobrecogido.
Suenan las campanadas, el
año muere
y a
la torre se asoma un recién nacido
que
de verde esperanza viene vestido,
y
promete al deseo lo que quisiere.
Lancemos
serpentinas y descorchemos
que
dé aliento a la nueva, fresca, corriente
de
renovada vida con que soñemos.
Maestro.
Doctor en Ciencias de la Educación. Emérito UCJC

DESDE
NUESTRO MODESTO RINCÓN

-
Hacia dentro, repliegue que quería pisar seguro (por ejemplo, que
conocemos, el eximio profesor de Salamanca, Mancio de Corpus Christi
dictaba sus clases. Lo que enseñaba era lo que dictaba y llevaba más
que pensado, ni una coma de menos ni una coma de más. La lupa más
exigente de la Inquisición no podría agrandar la mácula que no
existía. Avanzaba, recreaba, levantaba nuevos saberes, granito sobre
granito).
-
Hacia fuera, disponíamos de alas de águila que sobrevolaban un
Imperio en el que no se ponía el sol. Profesores dispersos por
Europa y América, navegantes y conquistadores de nuevos mundos,
hombres modestos que hacían surco a surco España en un Nuevo
Continente, frailes misioneros, arte a raudales que regalar a siglos
venideros...
Afortunadamente
no estamos hoy solos en el nuevo empeño de volver a España a su
cielo. Pero, desde nuestro obligado rincón en este castillo de los
muchos años que ya nos flagelan, respondemos de nosotros en la
urgente aventura de buscar la verdad y su libertad, la educación
católica y española, cultivar el estilo de nuestros mejores…

Aplicados
cada uno de nosotros desde nuestro rincón, milites que mantienen en alto la cruz que se alzó en Covadonga, presidió nuestros siglos de Oro, saltó a America…, mantenemos vigentes el Espíritu y la Cultura.
RAMIRO
DUQUE DE AZA
Maestro.
Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato
Internacional
N.B.
- El misionero no solo convierte, enseña o no es misionero.
- Lo aprendimos en Berdiaef: la cultura es siempre un cultivo del espíritu.
CUMPLEAÑOS DEL NIÑO JESÚS
I
…¿Y qué le regalo yo
…¿Y qué le regalo yo
al
Niño Jesús nacido
en
un establo animal
y
en el invernal solsticio?
¿Le
daré leche con miel
del
Monte de los Olivos?
jazmines,
moras, jacintos,
azucenas
y gladiolos,
claveles,
rosas y lirios?
¿Le
entregaré mazapanes,
milhojas,
bombones, piños,
sobaos,
perrucas, turrones,
mandarinas
y pestiños?
¿O
dejaré que José
—vara
de nardo bendito
del
Valle de Josafat
y
su padre putativo—
escoja
lo que más quiera
con
María, cristal prístino,
por
el que atravesó el Rayo
sin
mancharse lo más mínimo,
Rayo
que es Dios poderoso,
Rayo
que es uno y es trino,
más
humilde que violeta
y
más brillante que Sirio?
A
la ventura del Cielo
quedó
en la tierra caído,
sufriendo
otras tres caídas
caminito
del martirio
cuando
ya treinta y tres años
cumpliera
el recién nacido
con
una lanza en el pecho
de
amor, siempre amor, herido
por
el romano guardián
que
le tuvo a su servicio.
II
Él
es el verbo encarnado,
Él
es la Senda y la Vida,
El
es la Luz esplendente,
la
Luz transida y divina,
el
Sol de la humanidad
de
la inocencia perdida
Luzbel
se hizo sierpe bífida
tentando
a Eva en el Árbol
del
Mal, desnuda estaría
y
sin la hoja de parra
que
más tarde la cubría,
vergonzosa
de pecar
pues
la manzana mordía,
una
manzana en discordia
tan
bella como prohibida.
En
Él creo y creeré
y
cumpliré su doctrina
escrita
en Diez Mandamientos
de
piedra moisesina
perdurable
por los siglos
de
los siglos que aún nos signan.
Ya
colgada de los sauces
de
Babilonia la lira
de
David llora en los salmos
el
éxodo israelita
acordándose
de cuando
eran
libres y sin cuitas
allí
donde se posaron
tras
el Mar Rojo en la huida
perseguidos
por los carros
de
la ira faraonita.
III
que
nos trajo el Cristianismo
con
doce apóstoles mártires,
todos
ellos sacratísimos,
que
extendieron sus palabras,
igual
que granos de trigo,
a
los confines de un mundo
nuevo,
virgen y extrañísimo
en
el que la Cruz impera
en
la frente de los indios.
Amén
digamos a Dios
que
por todos se hizo Niño
una
santa Nochebuena
hace
ya veinte y un siglos.
Amén,
Señor de los hombres.
AFDa,
afdeRÍAS
- Siste, viator! se le dijo a AFDA y se paró por el espacio de una
comida de Amistad Lasallana de las que anuncian la Navidad a
tiro de días. Fue el 15 de diciembre de 2018, día de Santa
Cristina. Y fue en el restaurante tartamudo de nombre: Duduá,
en Madrid.
- Se recordó en esa ocasión su nacimiento, el de AFDA,
en Almería como
revista oral, que no pasó del número cero.
- Volvía AFDA a tener las dos AA de la admiración por lo que era y de la admiración por lo que prometía e iba a ser. Con su F tendía la visera de marquesina que habría de protegerla del deslumbramiento del estilo al que se aferraba y del que iba a hacer gala.
- La D de diva y, a ratos, de divina. Además de D de su embarazo de cada número.
-
En 1963, a AFDA se la tragó la tierra, como al mentado Guadiana, para reaparecer el 28 de marzo de 1983, su número cero de la “segunda etapa”, clarinazo filo de permanente amanecer de Amistad Lasallana.
- AFDA de papel es ya un himalaya cuando, alcanzados los 316 números, que inició CUR y siguió ALPE, inicia una nueva marcha en la que seguir como portavoz de Amistad Lasallana.
AFDA
se hizo deslumbrante blog, con plumas y teclados de primeros espadas
del pensamiento, del magisterio, el estilo y la cultura en 2008. Mes
a mes, hasta hoy, que anda por el n.º 76.
Oral,
de papel y blog, de noche su firmamento es el de las mil estrellas
para el “magisterio y el estilo”.
CUR
-
FORMA DEL EJERCICIO FÍSICO (II)LOCALIZACIÓN ESPACIALLa forma del ejercicio físico hace referencia a sus aspectos externos y visibles. Trataremos en esta entrega de la localización espacial de la persona en cuanto a su relación con el movimiento corporal. Su estructura espacial organizada a través de planos, ejes y puntos de confluencia de fuerzas. Aunque parezcan cuestiones bastante técnicas, son básicas para establecer el espacio en el que se organiza una persona.
Según el desplazamiento que efectúe el individuo en el espacio cercano, se establecerá la organización espacial y, por tanto, la localización del cuerpo teniendo en cuenta dichos desplazamientos. Estos movimientos pueden involucrar a parte del cuerpo o al conjunto de la persona.
Los tipos de desplazamientos que puede efectuar una persona durante la ejecución de unos determinados movimientos o ejercicios físicos estarán relacionados con la calidad y magnitud de los mismos. Pueden ser, por tanto, movimientos de uno o de varios miembros o segmentos corporales, o pueden ser movimientos del conjunto de la persona. En este caso se producirán trayectorias que describirán el tipo de desplazamiento realizado; y, por tanto, también servirán como pauta para analizar la clase de ejercicio físico que se practica. Por ejemplo: flexiones de tronco, círculos de brazos o montar en bici, son movimientos segmentarios; correr, nadar o saltos de trampolín, son desplazamientos del conjunto de la persona, aunque también efectúe movimientos segmentarios.Pero antes de adentrarnos en los diferentes tipos de movimientos, enumeraremos unos conceptos previos; estos son: los planos y los ejes anatómicos básicos internos, más el centro de gravedad corporal.Deberemos distinguir entre los planos y ejes internos, que no varían aunque la persona cambie de posición o de postura, y los planos externos, que son siempre fijos y estables; éstos últimos son los planos horizontal, vertical e inclinado.Planos internos básicos
-
Plano frontal: divide el cuerpo en parte anterior y posterior
- Plano sagital: divide el cuerpo en parte derecha e izquierda
- Plano transversal: divide el cuerpo en parte superior e inferior
El plano básico respectivo pasa por el CDG. También pueden establecerse planos paralelos al básico que no atraviesen el CDG; en este caso se le añadirá el prefijo para. Por ejemplo, se denomina plano parasagital, al que pasa por la línea de los hombros.
Al plano transversal suele denominarse, en la literatura del ámbito médico, también “horizontal”, término no válido para el ejercicio físico, puesto que en cuanto la persona abandone la posición vertical ya dejará de ser horizontal para adoptar otra posición.Ejes internos básicosA su vez, existen unos ejes básicos, internos, que atraviesan perpendicularmente cada uno de los planos, de la siguiente manera:-
Eje antero-posterior: atraviesa el plano frontal.
-
Eje lateral: atraviesa el plano sagital.
-
Eje longitudinal: atraviesa el plano transversal.
Cada segmento o miembro corporal tiene, a su vez, sus planos y sus ejes respectivos correspondientes con los básicos.
Haremos la puntualización en cuanto a la denominación de ejes que circulan en diferentes medios, con influencia del ámbito médico: el eje lateral suele nombrarse como “transversal”, lo que es erróneo puesto que se confunde con el plano del mismo nombre, además de que podría ser también el eje antero-posterior; y el eje longitudinal es referido como “vertical”, que deja de ser tal cuando la persona abandona esa posición en sus movimientos, como ya apuntábamos en cuanto al plano transversal.Francisco Sáez PastorUniversidad de Vigo -