76 AFDA

Enero, 2019

ÍNDICE PRINCIPAL

Pregón: Con poco tiempo.
Ancianos bíblicos: El anciano Jacob (II). Zereutes
Joyas teológicas de arte (IV): La Trinidad. El Greco. Eduardo Malvido
Efemérides: Salamanca: universidad ochenta años centenaria. Teódulo G.R.
Hemos leído: El secreto de Amaranta. J.M. Blanco Corredoira
Patio de recreo: Doce uvas, doce. Á.H.
Alta política con estilo: Desde nuestro modesto rincón. R. Duque de Aza
Rincón de Apuleyo: Cumpleaños del Niño Jesús.
Soneto desde el sentimiento: Rey de reyes. Á.H.
Afderías: Afda, afderías. CUR
Educación física: Forma del ejercico físico (II).  F. Sáez


               


CON POCO TIEMPO

Ya no tenemos tiempo de empezar nuevas rutas intelectuales. Hemos hecho largo camino. Hemos leído algunos de nuestros grandes clásicos del pensamiento y de la palabra, filósofos y literatos. Han sido nuestros grandes compañeros sobre el empedrado camino de la existencia. Siguen con nosotros. Afortunadamente nos escoltan todavía.
Entrados ya en la década de los ochenta o la de los noventa, renunciamos a nuevas vías, nos sentamos cansados sobre una piedra de la cuneta -¡qué duras ya las piedras!- y nos detenemos a escucharles de nuevo. Hemos vuelto a los clásicos, escuchamos sus lecciones de ayer.
Abrimos los mejores libros de nuestra juventud apasionada, los que empleamos en nuestro cálido magisterio, los de nuestros ratos de silencio que algunas noches nos regalaba el Cielo tras febriles jornadas. Volvemos a ellos. Les miramos a los ojos, a través de las páginas que acabamos de volver a abrir.
Abrimos uno de nuestros libros de pensamiento. En él se habla de cuatro filósofos alemanes, amigos nuestros: de Theodor Haecker, de Peter Wust, de Ferdinand Ebner y de Erich Przywar.
Nosotros habíamos estudiado con fruición la teoría de los valores de Max Scheler. Volvemos a leer con gusto lo que nos dice Peter Wust de su maestro de Colonia: “Me encontré con un verdadero genio del espíritu. Inefablemente hermosos fueron los años que me cupo en suerte vivir en la cercanía de este gran hombre. A partir de 1922 nos reuníamos en pequeño círculo y su magisterio privilegiado derramaba rayos de luz sobre nosotros de modo parecido a como habrían oído a Platón sus discípulos en su día en la Escuela de la Academia ateniense…. Por siempre, siguió siendo para mí una figura singular a la que me sentía unido constantemente por lazos de agradecimiento y de la más honda reverencia”.
Leemos esto y lo vemos como el espejo de lo que para nuestra generación y las siguientes -porque nada pudo dejar de ser de una nueva manera tras de él- fue Orizana.
Nos zambullimos en el pensamiento y en el recuerdo de Peter Wust y en el entrañable y sabio recuerdo de Orizana. Pronto nos encontraremos con ellos y podremos proseguir la búsqueda de la Luz, que el tiempo interrumpió con su marcha. De entonces acá nos han surgido mil preguntas que les haremos para escucharles.
Mientras, leemos a nuestros clásicos del pensamiento y el estilo. 










EL ANCIANO JACOB (ii)

La bendición al faraón
Los años son una bendición de Dios.
Dios bendice a los ancianos con una vida larga 
que les va dejando un poso de experiencias. 
Esta bendición les hace superiores a los demás mortales. 
Es el caso de Jacob.

   Jacob acaba de llegar a Egipto. Allí, el poder del faraón es enorme, extremo.



Para nosotros los griegos serán siempre unos niños, le dijeron a Platón los sacerdotes de Tebas. Los egipcios presumían, con razón, de cultura milenaria. Jacob en Egipto es un mero beduino, un extranjero, un emigrante. Pero en la Biblia es Jacob quien va a bendecir al faraón y no a la inversa, también aquí el superior al inferior. 
José presenta a su padre al faraón. El faraón le pregunta que cuántos años tiene: “Ciento treinta han sido los años de mi carrera, pocos y malos, no llegan a los que vivieron mis padres”. Es la carta de presentación de Jacob con dos argumentos: que es el padre de José y que está cargado de años. 

Jacob bendice al faraón “y salió de su presencia”.

En esta viñeta nos vemos agrandados por el paso de los muchos años y la bendición de Dios que nos ha acompañado hasta la ancianidad en la que nos vemos cargados de años como el patriarca.
Zereutes 
Ancien élève de Évode Beaucamp 
y de Francesco Spadafora


JOYAS TEOLÓGICAS DEL ARTE (4)

Doménicos Theotocópoulos, “El Greco” (1541-1614), realizó esta pintura de “La Trinidad”, 
óleo sobre lienzo de 300 cm de alto x 179 cm de ancho, hacia el año1579. 
Actualmente el cuadro se halla en el Museo Nacional del Prado, Madrid.


Todos tenemos en la retina esas figuras de “El Greco” estilizadas y sinuosas como llamas, casi volátiles, en las que el espíritu impulsa y eleva el cuerpo hacia las alturas (Adoración de los pastores, La resurrección de Jesús, la parte superior del Entierro del Conde de Orgaz…). Pero la pintura del genial pintor cretense no alcanzó la cima del expresionismo “manierista” ya desde los comienzos de su carrera pictórica. (Conviene aclarar que hablamos del manierismo de El Greco no en el sentido de un estilo arbitrario y artificial, sino como una reacción al equilibrio y armonía del alto renacimiento en las “formas” (color, ejes, simetría, claridad…) y a la misma concepción de la pintura al servicio de los sentimientos del artista, en el caso de El Greco al servicio de su religiosidad apasionada.

Por el contrario, la primera larga etapa de la vida del artista nada tenía que ver con el manierismo. No se olvide que el que sería llamado en italiano “Il Greco”, “El Griego”, vivió en Creta hasta sus 26 años y que ya ejercía como maestro pintor antes de emprender su marcha a Venecia y a Roma. La tradición pictórica imperante en la isla era la de los iconos y mosaicos bizantinos. Contamos con un cuadro de pequeñas dimensiones (61 x 45 cm), realizado al final de su época de habitante en Creta, cuyo título “La dormición de la Virgen” corresponde a uno de los temas clásicos de la pintura bizantina y cuya composición recuerda las características de la tradición iconográfica de la Iglesia oriental (falta de perspectiva, fondo dorado, rostros estereotipados…). Para comprender la pintura posterior de El Greco, siempre habrá que tener en cuenta el influjo del arte bizantino, impregnado de ferviente espiritualidad y regulado por una técnica secular, en la formación humana y pictórica del maestro pintor de Creta.

Creta pertenecía en aquel tiempo a la república de Venecia, en la que florecía la pintura de Tiziano, Tintoretto… Se cree que El Greco partió en 1567 a la república veneciana. No se sabe cuánto tiempo vivió en Venecia ni las relaciones artísticas concretas mantenidas con los pintores consagrados de la capital de la república. Lo cierto es que El Greco asumió en sus cuadros los principios del manierismo —superar las obras de arte que nos ofrece la naturaleza, dar primacía a la imaginación y a la pasión sobre las pautas armoniosas que nos han legado los clásicos en las “formas”— que percibía en las pinturas de Tiziano (“La Asunción”) y sobre todo de Tintoretto (“El lavatorio”, “La crucifixión”).


Hay más coincidencia entre los expertos en cuanto a la estancia de Doménicos Theotocópoulos en Roma, de 1570 a 1576, y a su conocimiento de las pinturas de Miguel Ángel. Del pintor de la Capilla Sixtina, El Greco tomará para sí la fiel anatomía, y también la robustez de los cuerpos del pintor y escultor de Florencia.



Como muestra ilustrativa del impacto causado por los citados maestros de la pintura en El Greco, nombremos su cuadro “Expulsión de los mercaderes del templo”, fechado en 1571, la primera versión de las cinco que hará el artista a lo largo de los años posteriores. En dicho cuadro se advierten las características del expresionismo manierista: gran perspectiva arquitectónica formada por columnas, arcos y edificios romanos; espacio principal con la figura de Jesús en el centro de un grupo abigarrado de personas y un espacio lateral con personas aisladas, ambos espacios amplios y unificados por la luz y el color; cuerpos en movimientos retorcidos y tensos, que dejan al descubierto o que transparentan los múltiples miembros de la anatomía humana… Es interesante comparar esta primera versión del cuadro con la que tenemos en la iglesia de san Ginés, calle Arenal, Madrid, donde las figuras aparecen más estilizadas, la escena se centra únicamente en Jesús, hay evocaciones bíblicas (a la izquierda estatua de Adán y, en su pedestal, la expulsión del paraíso; al fondo el tabernáculo donde se guardaba la ley de Moisés o la Torá), y, en general, se ha entenebrecido el aire…

En 1577 El Greco llega a Toledo. ¿Motivo? Quizás el poder optar con su talento y formación a ganarse un puesto destacado en el mundo de la pintura, viendo, por un lado, que en Roma se encargaban valiosos trabajos a los discípulos de Miguel Ángel y, por otro lado, que en España había una actividad artística inusual alrededor de la construcción de El Escorial, 1563-1584, promovida por el monarca Felipe II. Dentro de la motivación señalada, la razón inmediata de su venida a Toledo obedeció a que don Diego de Castilla, deán de la catedral de Toledo, encargó a El Greco, por mediación de su hermano, gran amigo del pintor cretense, la realización del retablo de santo Domingo el Antiguo.


Establecido en Toledo, El Greco comienza a llevar a cabo los encargos que le van haciendo, y su fama va creciendo y mejorando con ella su condición económica. 

Entre 1577 y 1579, El Greco ejecuta con maestría y devoción sublimes el encargo del deán para el retablo mayor de la iglesia de santo Domingo el Antiguo, de Toledo: “La Trinidad”, que es la joya teológica del presente comentario. Poco después termina de pintar el magnífico “Expolio”, que está expuesto en la sacristía de la catedral de Toledo. Parece ser que el rey Felipe II asistió en Toledo a la procesión del Corpus de 1579 y que al contemplar conmovido el “Expolio” pudo entonces encargar a El Greco participar en la decoración de la basílica de El Escorial.  

Entre 1580 y 1582, El Greco pintó el “Martirio de san Mauricio y la Legión Tebana”, representación que no agradó al monarca. Felipe II esperaba que el martirio de Mauricio y de los soldados de toda una legión convertida al cristianismo conmoviera al espectador y lo fortaleciera en su fe, mientras que El Greco ofrecía en el plano principal a san Mauricio en diálogo silencioso con sus capitanes, y en plano secundario y apenas perceptible el sacrificio de los mártires. 


Pienso que en el siguiente comentario sobre “La Trinidad” puede quedar claro por qué el “Martirio de san Mauricio” no gustó al rey Felipe II y sí, en cambio, le había gustado el “Expolio” y le habría complacido “La Trinidad”.
Esta pintura ofrece rasgos de la escuela veneciana y romana como también de la iconografía bizantina.
En cuanto al influjo de la pintura de Tintoretto, observamos el movimiento de las figuras, los colores (azul, verde, rojo, amarillo), los focos de luz, la perspectiva trazada de abajo arriba de toda la escena… La anatomía del cuerpo yacente de Jesucristo y su robustez evocan al Miguel Ángel de la capilla Sixtina.

Sin embargo, también se aprecian características de la técnica pictórica del arte bizantino: la unidad del conjunto, la pureza de los ejes que se centran en la figura del Cristo, el fondo dorado de la parte superior donde revolotea con viveza la Paloma-el Espíritu Santo…
Pero, sobre todo, es la espiritualidad de los iconos bizantinos lo que palpita en la representación de la Santa Trinidad. El triángulo que forman las Tres Personas atrae con fuerza fascinante al espectador. No es una representación más al uso bizantino, donde las dos Figuras divinas se hacen serenamente presentes durante la sangrienta crucifixión del Señor. Aquí es en el plano celeste, esto es, en la comunión “ad intra” de la Divinidad, donde el Padre contempla al Hijo cuando Este acaba de morir. La mirada del Padre, también la del Espíritu Santo, nos están diciendo que las dos divinas Personas han compartido con el Hijo su pasión y ahora lo miran, víctima inocente, totalmente exangüe. El Greco logra que sintamos la com-pasión del Padre y del Espíritu Santo hacia el Hijo muerto. Nosotros estamos acostumbrados a contemplar el dolor de la Madre ante la muerte de su hijo (“La Piedad”, de Miguel Ángel). La mayor compasión, sin embargo, es la del Padre y del Espíritu Santo para con el Hijo muerto en brazos de la Primera Persona. Pienso que el verdadero título del presente cuadro no es el de la “Trinidad”, sino el de la “Piedad” de las dos divinas Personas. Al que lo ve por primera vez no es posible que se le olvide la ternísima acogida que el Padre, y con Él el Espíritu Santo, dispensan al Hijo entregado por los hombres hasta el abismo sin fondo de la muerte. Es ese rostro a punto de llorar del Padre el que se queda grabado para siempre en la retina del espectador.

¡Cómo contrasta la acogida amorosa del Padre y del Espíritu Santo al Hijo recién muerto con la reacción de la compañía angélica del entorno de la Santa Trinidad!: los ángeles de la izquierda y de la derecha más próximos al espectador observan tristes el trágico suceso de la muerte del Señor; los ángeles restantes ni se atreven siquiera a mirarlo…
Cuadros como este de El Greco sí que conmueven y afianzan en su fe a los creyentes. ¡Lástima que el genial pintor de Creta no lograra trasladar la apasionada espiritualidad de la pintura bizantina al lienzo del martirio de san Mauricio y de la Legión Tebana! En mala hora se dejó llevar por el manierismo de Tintoretto…
EDUARDO MALVIDO
Maestro, catequista y teólogo


EFEMÉRIDES

                   4 SALAMANCA: UNIVERSIDAD OCHO VECES CENTENARIA




La cultura y la ciencia españolas y universales han celebrado en 2018 los ocho siglos de la creación de la Universidad de Salamanca. Pocos acontecimientos culturales expresan tanto con solo nombrarlos; pocos nombres evocan tanta excelencia como Salamanca. Séame permitido recordar, siquiera breve y humildemente, esta gran efeméride.


Los comienzos


La Universidad de Salamanca nació años después de que comenzara su andadura la primera universidad española: la de Palencia, que fundara el obispo Tello Téllez. La dejadez de los reyes por la universidad palentina hizo que Alfonso IX de León, influido por sus nobles y sus hombres de letras, fundara universidad salmantina. Así rezan los latines de la Crónica General en su capítulo 993: “Hic salutari consilio evocavit magistros peritisimos in sacris scripturis et constituit scholas fieri Salmanticae” (ver V. Beltrán de Heredia, Los orígenes de la Universidad de Salamanca, Universidad de Salamanca, 1983, p. 10). Sucedía esto hacia finales de 1218.
La primacía de la universidad salmantina sobre la primera fundada en España no se debe a rencillas académicas o a disputas teológicas; tampoco a favoritismos de la realeza: parece ser que se debía a que ambas mantenían una “contextura antitética”, pues la palentina reproducía el molde parisiense, es decir, de corte más bien teológico y de humanidades, mientras que la salmantina era “un reflejo de la boloñesa”, centrada en el Derecho y leyes (id, p. 12). Solo en el siglo XIV introdujo el estudio de la Teología. Sabemos que pronto el rey Fernando III reforzará y protegerá la incipiente estructura de las Escuelas, pero que será Alfonso el Sabio quien la organice y consagre su status a través de su documento casi fundacional. El Rey Sabio dotó a la universidad de unos estatutos que definían su sistema de financiación y creaban el cargo de bibliotecario y nuevas cátedras.


Vinculada a la Iglesia


La Universidad de Salamanca nació y vivió sus primeros tiempos muy vinculada a la Iglesia. Durante siglos la Universidad conservó su título de “Pontificia” que perdió en 1852 cuando desaparecieron sus dos facultades eclesiásticas (Derecho Canónico y Teología). La vinculación a la Iglesia, normal en aquellos tiempos medievales, se reflejaba en la financiación, que le llegaba de parte de la Iglesia, en el alumnado (mayormente español, masculino y clerical) o en los locales donde impartía su enseñanza: al principio, los claustros de la Catedral Vieja.


La universidad de Salamanca gozaba de gran prestigio en España y en Europa. Su universalidad no le venía tanto de sus alumnos (estos eran casi todos españoles y portugueses) sino de la procedencia de sus profesores, del uso de la lengua europea –el latín- y, sobre todo, por la licentia ubique docendi”,documento otorgado por el papa Alejandro IV que reconocía la validez de los títulos de la Universidad de Salamanca en todo el mundo. Es importante destacar también que esta universidad fue la primera universidad de Europa que contó con una biblioteca pública y se convirtió en referencia de toda universidad española.



Algunos rasgos definidores
Ante una riquísima historia de ochocientos años no se me ocurrirá presentar un siempre incompleto resumen; para nuestro blog me parece más adecuado espigar unos cuantos rasgos definidores de la larga vida de esta prestigiosa universidad. Lo que constituyó su identidad y su proyección en el ámbito universitario español y universal.
La universidad salmantina impresiona por su arquitectura. La arquitectura de los saberes, pero también la arquitectura que se distribuye por espacios antiguos y modernos. Mencionemos siquiera, dentro de la gran riqueza, el claustro y las capillas románicos de la Catedral Vieja, cuna de los primeros tiempos universitarios; el gótico de los claustros, el renacentista de su universalmente famosa fachada plateresca y del Patio de las Escuelas Menores... O el sabor original de algunas aulas, como la de Fray Luis de León.
Hemos de mencionar asimismo su espléndida biblioteca, una de las más completas de su tiempo, émula de la biblioteca de Alejandría, y con el orgullo de recoger en sus numerosos volúmenes “todos los saberes de la época”. La Biblioteca sigue siendo hoy un lugar que impresiona, un espacio que conserva el saber que perdura a través el tiempo...
La Universidad salmantina dejó huella perenne en miles de estudiantes que, desde la península ibérica, sobre todo, salían con sus títulos a seguir aprendiendo o a enseñar en otras universidades europeas. Sería imposible enumerar alumnos eminentes salidos de sus aulas. Pero séanos permitido destacar el carácter pionero de esta universidad en la presencia de la mujer en sus aulas: se afirma que “probablemente las primeras alumnas universitarias del mundo fueron Beatriz Galindo y Lucía de Medrano”. Y parece cierto que esta última “fue la primera mujer que dio clases en una universidad”.
Es imposible pensar en la Universidad de Salamanca sin que nos impacte el esplendor de uno de sus momentos más brillantes: la llamada Escuela de Salamanca. Cuando la Universidad se decantó por el humanismo, floreció en Salamanca una pléyade de eminencias en la cultura, en el Derecho y en la Teología. “Los integrantes de la Escuela renovaron la Teología, sentaron las bases del Derecho de gentes moderno, del derecho internacional y de la ciencia económica moderna”. Su participación en el Concilio de Trento ha sido uno de sus mayores timbres de gloria. Basta con nombrar a Fray Luis de León, Francisco de Vitoria, Domingo Soto...
La citada Escuela de Salamanca no fue la única ocasión en la que confluyeron en nuestra universidad conjuntos de profesores que sellaron con su saber y autoridad épocas enteras. En tiempos de la Ilustración la Universidad salmantina fue un foco de irradiación múltiple, con figuras como el poeta Meléndez Valdés, el matemático y filósofo Miguel Martel y los poetas Nicasio Gallego y Manuel José Quintana A esta generación también pertenece Diego Muñoz Torrero, figura importante en la elaboración de la Constitución de Cádiz. Siglos después, superada la época de decadencia, y ya en el siglo XX, se volvió a juntar un magnífico elenco de profesores: el rector Antonio Tovar, Miguel Artola, Ruiz-Jiménez, Tierno Galván, Zamora Vicente... y dominando sobre todos ellos la insigne figura del Rector Miguel de Unamuno, tan ligado a la Universidad y a Salamanca.
Dejamos atrás las vicisitudes acaecidas a la Universidad, su decadencia y el eclipse del carácter de guía y de referencia en el siglo XIX y su posterior recuperación mediado el siglo XX. La celebración del VII Centenario fue ocasión para un reconocimiento y una revalorización de la Universidad: recibió el homenaje de 70 universidades de todo el mundo. Por otra parte, los Rectores Unamuno y A. Tovar fueron artífices de la vuelta de la Universidad salmantina al esplendor y la excelencia. Algunos datos avalan esta afirmación: la calidad de sus estudios, el incremento de sus especialidades académicas y el aumento del alumnado. La Universidad potenció las facultades de Medicina y desarrolló no sólo la docencia sino la investigación (Oftalmología, Obstetricia y Ginecología), Derecho y Filosofía y Letras, que gozaron de enorme prestigio. También se ha convertido hoy en una “referencia mundial” en la bioquímica y en informática.
La facultad de Filosofía y Letras creó el Curso Superior de Filología Hispánica, muy apreciado y concurrido, sobre todo por los jóvenes extranjeros. Estos subrayan su carácter universal, bien visible en las calles salmantinas -todo bullicio juvenil- especialmente en los cursos de verano para extranjeros: los jóvenes estudiantes llevan el nombre de Salamanca y de su Universidad por los cinco continentes.

Decíamos ayer, diremos mañana”
La Universidad salmantina conserva hoy viva la memoria de su secular historia y en su arquitectura nos ofrece tesoros inapreciables que son testigos vivos y permanentes de su riqueza humana y cultural. Volvemos a recordar no sólo la fachada plateresca, perenne lección de historia y de arte –y que suele pasar casi desapercibida para los turistas que buscan “otra cosa”- sino los claustros luminosos, la magnífica escalera historiada, la gran Biblioteca, la Capilla gótica, las aulas de Fray Luis o de F. Salinas... las Escuelas Menores... El paso de los siglos no ha disminuido ni su riqueza ni su esplendor. Tempus distinctum, aequabilis domus, un lema de la exposición en las Escuelas Menores con ocasión de estos ocho siglos de historia.

Unida a la Historia de España en los momentos de esplendor y en los de decadencia, la Universidad de Salamanca ha sido testigo fiel de sus luces y de sus sombras. Finalizamos, con el autor cuyo escrito hemos seguido en esta breve reseña, ofreciendo tres ejemplos de esta Universidad que ha sido referencia en la ciencia y en la cultura para el mundo: Fray Luis de León, encarcelado por la Inquisición, que en la prisión anotó: ”aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado” y que reanudó su enseñanza con el famoso “Decíamos ayer...”; Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca, que sentó las bases del “derecho internacional y de la convivencia civilizada”, y Miguel de Unamuno, defensor de la universidad como “templo de la inteligencia” y buceador profundo en la realidad humana, en el “sentimiento trágico de la vida”. Tres ilustres humanistas cuyas estatuas, presentes en diversos puntos de la ciudad, “nos recuerdan la singularidad personal de toda aportación extraordinaria”. Y a fe que la Universidad de Salamanca sigue, ochocientos años después, uniendo tradición y futuro en un magnífico esfuerzo de superación y de creatividad. Como reza el lema de su cartel publicitario: “Decíamos ayer, diremos mañana”.

Teódulo GARCÍA REGIDOR

Maestro, profesor del Centro Universitario La Salle

El secreto de Amarante. Misterios y leyendas al borde del Camino de Santiago 
BLANCO CORREDOIRA, José María
Ed. Sial Pigmalión, Madrid, 2018

He aquí un libro en sintonía con nuestro estilo y de uno de nosotros. Con él se ha presentado en la Casa de Galicia de Madrid,el 13 de diciembre pasado, un delicioso conjunto de relatos agrupados bajo el título de “El secreto de Amarante”. Casi todos ellos transcurren en la comarca lucense de la Ulloa, de la que su autor dice: “… de todos los parajes de este rincón o fin de la tierra, existe una comarca que es la más bella y mágica de todas, esta es la Ulloa. Perdido en su fiero verdor, el viajero comprueba que la cadencia del tiempo aquí es otra. La huella del hombre es leve y de piedra. El Camino de Santiago se adentra por sus bosques hasta su penúltima etapa, en el corazón mismo de Galicia”. Antes aún, en el prefacio del libro el autor hace también la advertencia clásica de que el viajero no debería asomarse allí sino es con una predisposición hacia el asombro.

La narrativa de Blanco Corredoira alcanza en esta obra una afinación muy poética y con mucho gancho, ya que los relatos tratan todos de hechos insólitos. Algunos de ellos son históricos, y el autor se muestra en ellos muy riguroso en el tratamiento de las citas y documentos. En ellos se refieren las disputas, desafueros y crímenes de las grandes casas de la comarca, los Ulloa, Amarante, Seixas…; o la historia de Pambre, una de las pocas fortalezas de Galicia que resistieron a los embates de los irmandiños. Otros relatos son más abiertamente fantásticos, y recrean esas historias sobre las que las gentes fueron perdiendo el dato exacto, dando pie a la leyenda. Semejante recorrido por la Galicia del interior podría también recibir el título de “Cuentos de la Ulloa”, pues que Blanco Corredoira dice de sí: “yo no soy más que un amable cuentista”. Por otra parte, podemos confirmar que su estilo ciertamente es amable, en el sentido latino, digno de ser apreciado.
Blanco Corredoira ha publicado antes dos novelas históricas, “Añoranza de guerra” y “Objetivo Skorzeny”, ambas con la editorial “La esfera de los libros”, que en su día reseñamos en AFDA y tuvieron muy buena acogida.




          DOCE UVAS, DOCE

Diez es un número redondo, cerrado, sin escapatoria. El doce, con dos unidades más, da un respiro, lleva propina.
Como el tres o el siete, el doce es número bíblico. Doce tribus, doce jueces, doce apóstoles… La Nueva Jerusalén que describe el Apocalipsis, tiene doce puertas, guarnecidas con doce perlas y guardadas por doce ángeles, tres orientadas hacia cada punto cardinal.  Y sus muros doce cimientos, fraguados con doce diferentes piedras preciosas. Se extiende doce mil estadios a lo ancho y doce mil a lo largo, y su muro alcanza los ciento cuarenta y cuatro -doce por doce- codos. Doce son también los frutos del Árbol de la Vida.
Es el doce un número que señala consumación, obra completa, perfecta y acabada. Doce signos tiene el zodíaco, doce son los meses del año, doce  las horas que completan el día y doce las de la noche.
El doce es cifra que parece gustar de acompañarnos en distintas circunstancias, no siempre solemnes. Doce eran los principales dioses en la mitología griega, doce fueron los caballeros de la Tabla Redonda, doce son las estrellas de la bandera de Europa… Doce cascabeles –dice la canción- adornan las crines del caballo y doce claveles prendidos en el pelo lleva la romera.
Doce son también las campanadas que despiden el año, y que golpean en nuestro ánimo, como aldabonazos, envueltas en un sentimiento agridulce. De alegría porque con el año que muere se van hacia el olvido momentos vividos con tristeza, angustias y temores que desearíamos enterrar. Y de tristeza, porque también con él se alejan recuerdos de gratas experiencias que no quisiéramos olvidar.
El sentimiento se acentúa cuanto más intensas y numerosas son las experiencias vividas y se perciben como escasas las que restan por vivir. Las aguas que nacieron en torrentera están llamadas a crecer y ven lejano su final. Luego se serenan, y su paso tranquilo y reposado se alimenta del suave murmullo del agua, la vida que coletea en su corriente, el canto de las aves y la apacible sombra de los árboles que acompañan su discurrir. Luego, a medida que el final se aproxima y se avista cada vez más próxima la mar serena y apacible, se afloja el paso y se buscan nuevas orillas en las que detenerse y reposar.
Resulta evidente que el tiempo discurre a ritmo distinto según las circunstancias. No se consumen los segundos finales del partido de igual manera para quienes ven cercana la victoria que para quienes se afanan en un último esfuerzo por no perder. Son más largas las horas del viajero que ansía llegar a su destino y más cortas las del que regresa, con menor ilusión y mayor fatiga acumulada.
Despedir un año y recibir al siguiente presenta, como casi todo en la vida, su cara y su cruz. La cara, lo que tiene de borrón y cuenta nueva, la ilusión renovada que representa lo que todos percibimos como el inicio de una nueva oportunidad. La cruz, el convencimiento de que una nueva lasca se  desprende de nuestro calendario, y de que éste tiene las  hojas contadas. En  cualquier caso, es un año nuevo el que se nos concede, y debemos por ello estar alegres y sentirnos agradecidos.
Como corresponde a la ocasión, mi poema tiene esta vez doce versos y -no podía ser de otro modo- todos ellos dodecasílabos.
La torre de la plaza ya está encendida;
el reloj, en su centro, ya iluminado;
el plato con las uvas ya preparado,
y el aliento de todos sobrecogido.

Suenan las campanadas, el año muere
y a la torre se asoma un recién nacido
que de verde esperanza viene vestido,
y promete al deseo lo que quisiere.

Lancemos serpentinas y descorchemos
el cava en nuestras copas. Será el torrente
que dé aliento a la nueva, fresca, corriente
de renovada vida con que soñemos.

ÁNGEL HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación. Emérito UCJC
                                           


DESDE NUESTRO MODESTO RINCÓN
En nuestros siglos de Oro, mientras levantaban entre nosotros sus murallas defensivas los castillos de la ortodoxia, nuestros profesores, navegantes y misioneros se abrían y dispersaban por la Europa que era suya, por el Occidente que acaban de descubrir y de sur a norte por el viejo Oriente. El movimiento era doble:
- Hacia dentro, repliegue que quería pisar seguro (por ejemplo, que conocemos, el eximio profesor de Salamanca, Mancio de Corpus Christi dictaba sus clases. Lo que enseñaba era lo que dictaba y llevaba más que pensado, ni una coma de menos ni una coma de más. La lupa más exigente de la Inquisición no podría agrandar la mácula que no existía. Avanzaba, recreaba, levantaba nuevos saberes, granito sobre granito).
- Hacia fuera, disponíamos de alas de águila que sobrevolaban un Imperio en el que no se ponía el sol. Profesores dispersos por Europa y América, navegantes y conquistadores de nuevos mundos, hombres modestos que hacían surco a surco España en un Nuevo Continente, frailes misioneros, arte a raudales que regalar a siglos venideros...
Afortunadamente no estamos hoy solos en el nuevo empeño de volver a España a su cielo. Pero, desde nuestro obligado rincón en este castillo de los muchos años que ya nos flagelan, respondemos de nosotros en la urgente aventura de buscar la verdad y su libertad, la educación católica y española, cultivar el estilo de nuestros mejores…
Y esto, en la retaguardia de la mejor España, como en aquellos siglos de Oro, Santa Teresa, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz o don Pedro Calderón de la Barca. Ellos fueron ayer nuestro espejo en el trabajo nuestro de hoy del magisterio y del estilo. 


Aplicados cada uno de nosotros desde nuestro rincón, milites que mantienen en alto la cruz que se alzó en Covadonga, presidió nuestros siglos de Oro, saltó a America…, mantenemos vigentes el Espíritu y la  Cultura.

RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento

Bachillerato Internacional
N.B.
  • El misionero no solo convierte, enseña o no es misionero.
  • Lo aprendimos en Berdiaef: la cultura es siempre un cultivo del espíritu.





CUMPLEAÑOS DEL NIÑO JESÚS

               I

¿Y qué le regalo yo

al Niño Jesús nacido
en un establo animal
y en el invernal solsticio?
¿Le daré leche con miel
del Monte de los Olivos?
¿Le llevaré malvarreales,
jazmines, moras, jacintos,
azucenas y gladiolos,
claveles, rosas y lirios?
¿Le entregaré mazapanes,
milhojas, bombones, piños,
sobaos, perrucas, turrones,
mandarinas y pestiños?
¿O dejaré que José
vara de nardo bendito
del Valle de Josafat
y su padre putativo—
escoja lo que más quiera
con María, cristal prístino,
por el que atravesó el Rayo
sin mancharse lo más mínimo,
Rayo que es Dios poderoso,
Rayo que es uno y es trino,
más humilde que violeta
y más brillante que Sirio?
A la ventura del Cielo
quedó en la tierra caído,
sufriendo otras tres caídas
caminito del martirio
cuando ya treinta y tres años
cumpliera el recién nacido
con una lanza en el pecho
de amor, siempre amor, herido
por el romano guardián
que le tuvo a su servicio.

                   II
          Él es el verbo encarnado,
          Él es la Senda y la Vida,
          El es la Luz esplendente,
          la Luz transida y divina,
          el Sol de la humanidad
          de la inocencia perdida
          desde que en el Paraíso
          Luzbel se hizo sierpe bífida
          tentando a Eva en el Árbol
          del Mal, desnuda estaría
         y sin la hoja de parra
          que más tarde la cubría,
          vergonzosa de pecar
          pues la manzana mordía,
          una manzana en discordia
          tan bella como prohibida.
          En Él creo y creeré
          y cumpliré su doctrina
          escrita en Diez Mandamientos
          de piedra moisesina
          perdurable por los siglos
          de los siglos que aún nos signan.
          Ya colgada de los sauces
          de Babilonia la lira
          de David llora en los salmos
          el éxodo israelita
          acordándose de cuando
          eran libres y sin cuitas
          allí donde se posaron
          tras el Mar Rojo en la huida
          perseguidos por los carros
          de la ira faraonita.

                              III
     Cumpleaños de Jesús, 
     que nos trajo el Cristianismo
     con doce apóstoles mártires,
     todos ellos sacratísimos,
     que extendieron sus palabras,
     igual que granos de trigo,
     a los confines de un mundo
     nuevo, virgen y extrañísimo
     en el que la Cruz impera
     en la frente de los indios.
     Amén digamos a Dios
      que por todos se hizo Niño
      una santa Nochebuena
     hace ya veinte y un siglos.
     Amén, Señor de los hombres.
     Adiós con Dios, que es contigo.























   AFDa,

    afdeRÍAS


  • Siste, viator! se le dijo a AFDA y se paró por el espacio de una
 comida de Amistad Lasallana de las que anuncian la Navidad a
tiro de días. Fue el 15 de diciembre de 2018, día de Santa
 Cristina. Y fue en el restaurante tartamudo de nombre: Duduá,
en Madrid.

 
  • Se recordó en esa ocasión su nacimiento, el de AFDA,
 en Almería como revista oral, que no pasó del número cero.

    • Guadiana de papel impreso, reapareció AFDA como “primera etapa” en la Escuela de Magisterio en los creativos años de feliz memoria de 1961-1963: portada a todo sol, planchas de ciclostil y gelatina, rótulos de imprenta que entendía de cíceros, de caja baja y de caja alta…
  • Volvía AFDA a tener las dos AA de la admiración por lo que era y de la admiración por lo que prometía e iba a ser. Con su F tendía la visera de marquesina que habría de protegerla del deslumbramiento del estilo al que se aferraba y del que iba a hacer gala.

  • La D de diva y, a ratos, de divina. Además de D de su embarazo de cada número.
    • En 1963, a AFDA se la tragó la tierra, como al mentado Guadiana, para reaparecer el 28 de marzo de 1983, su número cero de la “segunda etapa”, clarinazo filo de permanente amanecer de Amistad Lasallana.

  • AFDA de papel es ya un himalaya cuando, alcanzados los 316 números, que inició CUR y siguió ALPE, inicia una nueva marcha en la que seguir como portavoz de Amistad Lasallana.


AFDA se hizo deslumbrante blog, con plumas y teclados de primeros espadas del pensamiento, del magisterio, el estilo y la cultura en 2008. Mes a mes, hasta hoy, que anda por el n.º 76.
  
Oral, de papel y blog, de noche su firmamento es el de las mil estrellas para el “magisterio y el estilo”.
    CUR



  • FORMA DEL EJERCICIO FÍSICO (II)

    LOCALIZACIÓN ESPACIAL 

    La forma del ejercicio físico hace referencia a sus aspectos externos y visibles. Trataremos en esta entrega de la localización espacial de la persona en cuanto a su relación con el movimiento corporal. Su estructura espacial organizada a través de planos, ejes y puntos de confluencia de fuerzas. Aunque parezcan cuestiones bastante técnicas, son básicas para establecer el espacio en el que se organiza una persona.


    Según el desplazamiento que efectúe el individuo en el espacio cercano, se establecerá la organización espacial y, por tanto, la localización del cuerpo teniendo en cuenta dichos desplazamientos. Estos movimientos pueden involucrar a parte del cuerpo o al conjunto de la persona.


    Los tipos de desplazamientos que puede efectuar una persona durante la ejecución de unos determinados movimientos o ejercicios físicos estarán relacionados con la calidad y magnitud de los mismos. Pueden ser, por tanto, movimientos de uno o de varios miembros o segmentos corporales, o pueden ser movimientos del conjunto de la persona. En este caso se producirán trayectorias que describirán el tipo de desplazamiento realizado; y, por tanto, también servirán como pauta para analizar la clase de ejercicio físico que se practica. Por ejemplo: flexiones de tronco, círculos de brazos o montar en bici, son movimientos segmentarios; correr, nadar o saltos de trampolín, son desplazamientos del conjunto de la persona, aunque también efectúe movimientos segmentarios.
    Pero antes de adentrarnos en los diferentes tipos de movimientos, enumeraremos unos conceptos previos; estos son: los planos y los ejes anatómicos básicos internos, más el centro de gravedad corporal.

    Deberemos distinguir entre los planos y ejes internos, que no varían aunque la persona cambie de posición o de postura, y los planos externos, que son siempre fijos y estables; éstos últimos son los planos horizontal, vertical e inclinado.

    Planos internos básicos

    Los planos básicos internos o anatómicos son tres; cada uno de ellos divide al conjunto del cuerpo en dos mitades, desde el punto de vista morfológico o del peso corporal; son:
        • Plano frontal: divide el cuerpo en parte anterior y posterior

        • Plano sagital: divide el cuerpo en parte derecha e izquierda

        • Plano transversal: divide el cuerpo en parte superior e inferior
    El plano básico respectivo pasa por el CDG. También pueden establecerse planos paralelos al básico que no atraviesen el CDG; en este caso se le añadirá el prefijo para. Por ejemplo, se denomina plano parasagital, al que pasa por la línea de los hombros.
    Al plano transversal suele denominarse, en la literatura del ámbito médico, también “horizontal”, término no válido para el ejercicio físico, puesto que en cuanto la persona abandone la posición vertical ya dejará de ser horizontal para adoptar otra posición.

    Ejes internos básicos
    A su vez, existen unos ejes básicos, internos, que atraviesan perpendicularmente cada uno de los planos, de la siguiente manera:
    • Eje antero-posterior: atraviesa el plano frontal.
    • Eje lateral: atraviesa el plano sagital.
    • Eje longitudinal: atraviesa el plano transversal.
    Cada segmento o miembro corporal tiene, a su vez, sus planos y sus ejes respectivos correspondientes con los básicos.


    Haremos la puntualización en cuanto a la denominación de ejes que circulan en diferentes medios, con influencia del ámbito médico: el eje lateral suele nombrarse como “transversal”, lo que es erróneo puesto que se confunde con el plano del mismo nombre, además de que podría ser también el eje antero-posterior; y el eje longitudinal es referido como “vertical”, que deja de ser tal cuando la persona abandona esa posición en sus movimientos, como ya apuntábamos en cuanto al plano transversal.

    Francisco Sáez Pastor
    Universidad de Vigo