Junio,
2019
ÍNDICE PRINCIPAL
Pregón:
Encuentro de Primavera, 2019.
Syntassomai
soi, Christe
Ancianos
bíblicos (IX): Los 24 ancianos del Apocalipsis. Zereutes
Joyas
teológicas de arte (IX): Isabel Guerra. Eduardo
Malvido
Alta
política con estilo: España libre. R.
Duque de Aza
Efemérides:
La puerta de entrada, un siglo después. Teódulo
G.R.
Soneto
desde el sentimiento: En Silos, al filo del
amanecer. Á.H.
Cumplimos
diez años: Diez primaveras, diez encuentros.
Á.H.
Afderías:
Los primeros abrazos del EP 2019.
CUR
Rincón
de Apuleyo: Festín de variedades líricas
Educación
física: Intervención muscular. F.
Sáez
Al
décimo Encuentro de
Primavera entre
Madrid, Aranjuez y Alcalá de Henares, año 2019, hemos acudido un
puñado de viejos maestros de la Escuela de Magisterio de La Salle de
Madrid. Pero en este nuevo filo de nuestro constante amanecer no se
ha puesto falta a nadie, porque todos han acudido ya que de alguna
forma han estado si no presentes, en el recuerdo, en la nostalgia y
en el empeño de mantener en alto hacia el futuro el estilo y la
educación que profesamos ya en la Escuela de nuestra juventud.
Van
cayendo los años sobre nosotros, pero ante el mundo al revés, que
no es aquel por el que nosotros nos dejamos el alma, nada en nuestro
interior se desmaya ni marchita, por el contrario, todo valor
humanista, español y cristiano se adensa.
Nos
ilusiona pensar que de algún modo y desde nuestro reducido rincón
somos un nuevo “resto de Israel” cuando ante nuestros ojos avanza
la noche de la mediocridad, de la ignorancia y de la mala fe.
SYNTASSOMAI SOI, CHRISTEA los primeros cristianos les fascinó la grandeza del servicio de milicia que prestaban a su rey Cristo, el Señor, Adonaí en la Biblia. Solo aquella fascinación inicial podía justificar la fuerza misteriosa con la que se impuso a fuego la pequeña y perseguida Iglesia naciente. Sin concluir el siglo I, el año 96, se dirigía el papa Clemente a los cristianos con estas palabras:
Prestad, varones y hermanos, un servicio de milicia, con toda constancia, bajo las leyes intachables de Cristo.

San Ignacio, obispo de Antioquía, uno de los padres apostólicos, en ese mismo tiempo, dibujaba en una de sus cartas para estos soldados de Cristo la misma imagen de la militia Christi:
¡Ganaos el placet de vuestro Señor de armas, pues él recibió la soldada! ¡No desertéis de él! Que el bautismo sea vuestra armadura; vuestra fe, el yelmo; el amor, la lanza; la paciencia, la coraza.
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San Clemente de Alejandría Titus Flavius Clemens |
Conscientes de ingresar en el ejército de los caballeros de Cristo, Clemente de Alejandría, acordándose de su bautismo, pudo avisar a los suyos de tan divino peligro:
¡Qué peligro tan sublime el de pasarse al frente de Dios!

Descendimiento de Cristo. 1966
Como
apunta ella misma: “Se acabaron los tiempos de las estampas”, que
reproducen en pequeño las escenas sagradas de la pasión, muerte y
resurrección del Señor…
En las obras de la pintora cisterciense aparecen jovencitas o mujeres adultas que no miran al espectador absorbiendo su atención, sino que se miran a sí mismas, o reflejan distraídamente una vivencia interior; otras veces se nos muestran plantas, frutas, jarrones, botes, utensilios de cocina… rezumando belleza, serenidad, convivencia pacífica. Tanto en las personas como en los objetos es determinante el impacto de la luz, que dota de radiante espiritualidad a las diversas realidades pintadas por la artista. Para mí, el estilo personal de Isabel Guerra podría ser incluido en el movimiento “transrealismo espiritual”.
Nuestra pintora quiere llevar al espectador a ver la
Belleza, al Dios de la
creación y de la historia de la salvación, en lo cotidiano de
nuestra existencia. La maravilla de la presencia de Dios en nuestra
vida no está en que realice un milagro o un prodigio ante nuestros
ojos, sino que se hace presente en lo sencillo y monótono de nuestro
vivir. En el citado libro de Isabel Guerra hay un capítulo con el
título de “La sencilla maravilla”, donde se contraponen algunos
milagros o prodigios bíblicos (de inverosímil historicidad) a las
sencillas maravillas o sucesos reales de la vida humana:
“Fue signo y prodigio que el hijo de la viuda de Sarepta, el hijo de la Sunamita, el hijo de la viuda de Naín, la hija de Jairo volvieran a la vida. Pero es maravilloso salir con vida de la UCI, de un quirófano donde nuestro corazón estuvo abierto… Y ¿no daremos gracias por la maravilla, añorando el prodigio?”
Creo
que ahora podemos adentrarnos en el análisis del cuadro “El
resplandor de su invisible presencia”.
De pronto nos encontramos con una silla vacía. Es el objeto que ocupa el mayor espacio del cuadro. ¿Cómo no reparar en ella? La siguiente imagen que nos viene a la mente es la de la persona o personas que utilizan una silla para sentarse. Ni la silla ni la tela que cubre a medias la silla parecen nuevas. Pudiera ser que la persona que suele o solía sentarse en la silla sea o fuera una persona mayor. No por su tamaño, sino por su claridad, la luz que cae sobre la silla atrae nuestra atención. La luz se hace aún más llamativa al contrastar su blancura con la negrura de la pared del fondo. Después de resaltar la calidad del dibujo especialmente en la ejecución de la silla y la maestría desplegada en la realización del claroscuro particularmente en el paño, aquí mismo podríamos dar por terminada la descripción de un cuadro realista.
Pero este no es el cuadro de Isabel Guerra. ¿Dónde está su transrealismo espiritual? Desde luego no en la silla ni en la tela que, más que cubrir la silla, la abraza. Pero el transrealismo sí que lo encontramos en la luz que atrae y centra en la silla la mirada del espectador, porque en el caso de la monja cisterciense la Luz es el símbolo de Dios. La Luz-que-es-Dios es el Principio y el Fin de todo cuanto existe, y en nuestro mundo secularizado la Luz se refleja en las realidades más ordinarias de nuestra vida, como en esa silla del cuadro. Cualquier vulgar asiento es un destello de la Luz-Dios.
Pero el Dios invisible se hace presente sobre todo en el ser humano. Nosotros hemos sido hechos hijos de la luz en el Hijo, que es resplandor de la gloria del Padre. Y el que dijo “Yo soy la luz del mundo” es el que nos ha enviado a ser luz en medio de las tinieblas propias y ajenas. Finalmente, estamos invitados al banquete de bodas de la Luz, que se celebrará en una Vida sin muerte y donde no será necesario ya mantener encendida la lámpara de la fe.
Mirando el cuadro con los ojos de “la pintora de la luz”, son dos las grandes ausencias en el lienzo que estamos viendo: Dios y la persona de la silla vacía. No es, por tanto, solamente una silla lo que estamos contemplando.
De Dios sabemos que está presente en el blanco resplandor del cuadro, porque Él siempre se encuentra acompañando amorosamente a todas sus creaturas, y en especial a las creaturas humanas. Su Presencia no envejece, renace permanentemente. Es una Presencia luminosa que no conoce la noche ni merma en su intensidad en ningún momento. La Presencia divina no discrimina a los que rechazan su Luz ni a los que viven de espaldas a su luminosidad y a su calor de hogar.
Mientras permanezca asida a su cosmos celeste
La
libertad política, como los edificios en pie, camino del cielo, pide
suelo firme, roca sobre la que clavarse, cimientos. La libertad
social absoluta es una quimera, una veleidad, como el edificio sobre
el santo suelo, sin sujeción ahondada. Se es libre como pueblo
solamente de partir de un orden fundamentante, dentro de un marco de
normas, apoyados sobre piedra segura, inconmovible.
- Y la función sinérgica regula el movimiento para producir una intervención simultánea de agonistas y antagonistas; esta acción permite ajustar movimientos precisos de manera coordinada; una persona podrá así, posar una delicada copa de cristal en una mesa de manera suave y sin brusquedad. La acción de escribir a mano es también una función muscular sinérgica, y también, como lograr encestar un balón.
En la contracción excéntrica, el músculo cede ante la fuerza externa y se alarga; por ejemplo, en el mismo grupo extensor de rodillas al bajar escaleras.
La
contracción pliométrica
es más compleja puesto que en ella se produce un juego de
contracción excéntrica seguida de contracción concéntrica sin
pausa, para aprovechar las propiedades elásticas del músculo;
incluso, con la intervención de reflejos miotáticos. El
prefijo plio
hace referencia a un incremento o potenciación. El salto de comba
sin parada de los pies en el suelo, puede ser un buen ejemplo de
contracción pliométrica; también, las batidas de saltos
acrobáticos o de saltos de longitud atléticos.
los
24 ancianos del apocalipsis
El
Apocalipsis nos abre de par en par las puertas del Paraíso,
superiores a las florentinas de Ghiberti. Su lenguaje es
apocalíptico. Es grandioso. Hemos de traducirlo al nuestro, sin
reducirlo de esplendores.
Abiertas
las puertas, estamos viendo con nuestros ojos a la misma Corte
Celestial. ¿Y qué vemos? Su senado (senex, anciano) compuesto de 24
venerables. Son nuestros dignos representantes. La solemne capa
blanca que visten nos avisa de que están en su oficio, ejerciendo de
senadores.
Estos
ancianos tienen coronas de oro sobre sus cabezas. Se sientan en
tronos. No cabe mayor distinción. Ancianos como reyes. El
Apocalípsis ha ido más lejos que ningún libro sagrado en la
veneración a los muchos años.
Hacen
corro cerrado. En su centro está el trono del mismo Dios. Este
senado celeste viene a ser la gargantilla que prende de su cuello el
Rey de Reyes. Impresionante senado.
-
“En círculo, alrededor del trono, había otros veinticuatro tronos, y sentados en ellos veinticuatro ancianos con capas blancas y coronas de oro en la cabeza”. (Ap 4,4)
No
deliberan ni deciden, como los senados de la Tierra. Hacen algo
mejor: alaban y hacen reverencia. Alaban al Creador del Universo. Le
cantan. Su canto es siempre nuevo, eternamente nuevo, de estreno.
Empezando por la Creación, las infinitas obras de Dios son dignas de
alabanza. El que Dios sea Dios ya es más que motivo para que los 24
ancianos se destoquen de las coronas de oro y las arrojen a los pies
de su Divina Majestad. ¡Dios es grande! ¡Dios es Dios!
La
letra de la canción de los 24 ancianos (12 tribus del A.T. y 12
Apóstoles del N.T.) arranca:
“Tú
mereces, Señor y Dios nuestro, recibir la gloria, el honor y la
fuerza, por haber creado el Universo, por designio tuyo todo fue
creado y existe.” (4,11)
El
Cielo enmudece. El cosmos entero le ha hablado a Dios por boca de
estos ancianos. Ofician una liturgia celeste que es esplendente
liturgia cósmica. Todo cuanto alienta alaba al Señor.
Pronto
nos será dado participar de su maravilla. ¡Felices de
nosotros!
Zereutes
Ancien
élève de Évode Beaucamp
y
de Francesco Spadafora

JOYAS
TEOLÓGICAS DEL ARTE (9)
Isabel
Guerra, nacida en Madrid en 1947, es la autora de este lienzo pintado
al óleo, 65 x 46 cm, titulado “El resplandor de su invisible
presencia” y fechado en 1992
Isabel
Guerra comenzó a pintar con doce años. A los 15 expone sus primeras
pinturas. El talento natural le impulsa a visitar frecuentemente el
museo del Prado y a estudiar las obras de los grandes maestros de la
pintura española: Velázquez, Goya… Completa las intuiciones y las
valoraciones personales con la lectura de libros de críticos del
arte. Siempre formándose de modo independiente y autodidacta.
A los 23 años ingresó en el monasterio de Santa Lucía, de la orden del Císter, que en la actualidad se encuentra en el barrio Casablanca de Zaragoza. El espacio interior y el entorno del monasterio constituyen un ambiente que transpira paz, serenidad, luz, armonía. Pienso que semejante ámbito de vida refuerza aún más la peculiar personalidad pictórica de Isabel Guerra.
Con razón la monja pintora rechaza que su estilo sea clasificado como hiperrealista, estilo relacionado con el fotorrealismo. El hiperrealismo, entendido como fiel reflejo de la realidad, como triunfo rotundo del “objeto” sobre el “sujeto”, no se corresponde con el espíritu independiente e intimista de la pintora madrileña y religiosa.
A propósito de la competencia que la fotografía puede plantearle a la pintura, recuerdo que en una entrevista le preguntaron a Salvador Dalí: “Para usted, ¿qué es una buena pintura?”. Y Dalí respondió: “La pintura es la fotografía en color a pincel. Si Velázquez copia una fotografía lo mejor que sabe y puede le sale un Velázquez. Si un tonto copia una foto le sale una tontería. Si Dalí copia fielmente una foto le sale un Dalí”. O sea, la superioridad la marca el pincel sobre la cámara fotográfica cuando aquel es manejado por el alma de un verdadero artista. De igual manera, Isabel Guerra, aunque se sirva de una foto, su pincel sabe infundir a la imagen sentimientos, deseos, ideales, en dos palabras: “alma humana”, la suya.
Y ¿qué es lo que anida e impulsa al alma de Isabel Guerra? Pienso que es el ansia de la Belleza, que primeramente capta en la naturaleza y después en el interior de sí misma. La pintora cisterciense comienza su libro “El libro de la paz interior” hablando de la Luz con mayúscula, añadiendo que “el símbolo de la luz está presente en el lenguaje religioso universal”. Para Isabel Guerra la luz del día, que nos envuelve y en la que vivimos, es el símbolo de Dios, débil reflejo de la Divinidad. La interactividad entre Dios-Luz y nuestros ojos en el mundo exterior, con claro protagonismo de Dios-Luz, continúa y se incrementa en la interioridad humana. Nuestra monja, “la pintora de la luz”, reconoce que en su alma, aun teniendo que pasar por momentos de tinieblas producidas por su yo rebelde, la presencia del Sol divino se traduce casi permanentemente en paz, esperanza, gozo…
La artista Isabel Guerra vive íntima e intensamente la presencia del que es para ella, y en este orden, Belleza, Bondad y Verdad. El problema surge al querer comunicar su experiencia religiosa artística a los otros. ¿Cómo transmitir las vivencias personales de encuentro con quien es la Hermosura al corazón de una sociedad volcada al exterior y al bullicio?
Llama la atención que la monja cisterciense no pinte los clásicos temas religiosos de los misterios de Jesucristo o de los dogmas de la Virgen María (en su obra hallamos solamente un “Descendimiento de Cristo”, pintado a sus 19 años, y dos Inmaculadas hechas en 2005 y en 2015 respectivamente por encargos ineludibles).
A los 23 años ingresó en el monasterio de Santa Lucía, de la orden del Císter, que en la actualidad se encuentra en el barrio Casablanca de Zaragoza. El espacio interior y el entorno del monasterio constituyen un ambiente que transpira paz, serenidad, luz, armonía. Pienso que semejante ámbito de vida refuerza aún más la peculiar personalidad pictórica de Isabel Guerra.
Con razón la monja pintora rechaza que su estilo sea clasificado como hiperrealista, estilo relacionado con el fotorrealismo. El hiperrealismo, entendido como fiel reflejo de la realidad, como triunfo rotundo del “objeto” sobre el “sujeto”, no se corresponde con el espíritu independiente e intimista de la pintora madrileña y religiosa.
A propósito de la competencia que la fotografía puede plantearle a la pintura, recuerdo que en una entrevista le preguntaron a Salvador Dalí: “Para usted, ¿qué es una buena pintura?”. Y Dalí respondió: “La pintura es la fotografía en color a pincel. Si Velázquez copia una fotografía lo mejor que sabe y puede le sale un Velázquez. Si un tonto copia una foto le sale una tontería. Si Dalí copia fielmente una foto le sale un Dalí”. O sea, la superioridad la marca el pincel sobre la cámara fotográfica cuando aquel es manejado por el alma de un verdadero artista. De igual manera, Isabel Guerra, aunque se sirva de una foto, su pincel sabe infundir a la imagen sentimientos, deseos, ideales, en dos palabras: “alma humana”, la suya.
Y ¿qué es lo que anida e impulsa al alma de Isabel Guerra? Pienso que es el ansia de la Belleza, que primeramente capta en la naturaleza y después en el interior de sí misma. La pintora cisterciense comienza su libro “El libro de la paz interior” hablando de la Luz con mayúscula, añadiendo que “el símbolo de la luz está presente en el lenguaje religioso universal”. Para Isabel Guerra la luz del día, que nos envuelve y en la que vivimos, es el símbolo de Dios, débil reflejo de la Divinidad. La interactividad entre Dios-Luz y nuestros ojos en el mundo exterior, con claro protagonismo de Dios-Luz, continúa y se incrementa en la interioridad humana. Nuestra monja, “la pintora de la luz”, reconoce que en su alma, aun teniendo que pasar por momentos de tinieblas producidas por su yo rebelde, la presencia del Sol divino se traduce casi permanentemente en paz, esperanza, gozo…
La artista Isabel Guerra vive íntima e intensamente la presencia del que es para ella, y en este orden, Belleza, Bondad y Verdad. El problema surge al querer comunicar su experiencia religiosa artística a los otros. ¿Cómo transmitir las vivencias personales de encuentro con quien es la Hermosura al corazón de una sociedad volcada al exterior y al bullicio?
Llama la atención que la monja cisterciense no pinte los clásicos temas religiosos de los misterios de Jesucristo o de los dogmas de la Virgen María (en su obra hallamos solamente un “Descendimiento de Cristo”, pintado a sus 19 años, y dos Inmaculadas hechas en 2005 y en 2015 respectivamente por encargos ineludibles).

Descendimiento de Cristo. 1966
Óleo sobre lienzo, 121 x 166 cm
![]() |
Inmaculada Óleo sobre lienzo, 2 x 1,20 m |
En las obras de la pintora cisterciense aparecen jovencitas o mujeres adultas que no miran al espectador absorbiendo su atención, sino que se miran a sí mismas, o reflejan distraídamente una vivencia interior; otras veces se nos muestran plantas, frutas, jarrones, botes, utensilios de cocina… rezumando belleza, serenidad, convivencia pacífica. Tanto en las personas como en los objetos es determinante el impacto de la luz, que dota de radiante espiritualidad a las diversas realidades pintadas por la artista. Para mí, el estilo personal de Isabel Guerra podría ser incluido en el movimiento “transrealismo espiritual”.
Nuestra pintora quiere llevar al espectador a ver la
![]() |
Inmaculada joven
Pintura digital, 1,95x1,10 m |
“Fue signo y prodigio que el hijo de la viuda de Sarepta, el hijo de la Sunamita, el hijo de la viuda de Naín, la hija de Jairo volvieran a la vida. Pero es maravilloso salir con vida de la UCI, de un quirófano donde nuestro corazón estuvo abierto… Y ¿no daremos gracias por la maravilla, añorando el prodigio?”
De pronto nos encontramos con una silla vacía. Es el objeto que ocupa el mayor espacio del cuadro. ¿Cómo no reparar en ella? La siguiente imagen que nos viene a la mente es la de la persona o personas que utilizan una silla para sentarse. Ni la silla ni la tela que cubre a medias la silla parecen nuevas. Pudiera ser que la persona que suele o solía sentarse en la silla sea o fuera una persona mayor. No por su tamaño, sino por su claridad, la luz que cae sobre la silla atrae nuestra atención. La luz se hace aún más llamativa al contrastar su blancura con la negrura de la pared del fondo. Después de resaltar la calidad del dibujo especialmente en la ejecución de la silla y la maestría desplegada en la realización del claroscuro particularmente en el paño, aquí mismo podríamos dar por terminada la descripción de un cuadro realista.
Pero este no es el cuadro de Isabel Guerra. ¿Dónde está su transrealismo espiritual? Desde luego no en la silla ni en la tela que, más que cubrir la silla, la abraza. Pero el transrealismo sí que lo encontramos en la luz que atrae y centra en la silla la mirada del espectador, porque en el caso de la monja cisterciense la Luz es el símbolo de Dios. La Luz-que-es-Dios es el Principio y el Fin de todo cuanto existe, y en nuestro mundo secularizado la Luz se refleja en las realidades más ordinarias de nuestra vida, como en esa silla del cuadro. Cualquier vulgar asiento es un destello de la Luz-Dios.
Pero el Dios invisible se hace presente sobre todo en el ser humano. Nosotros hemos sido hechos hijos de la luz en el Hijo, que es resplandor de la gloria del Padre. Y el que dijo “Yo soy la luz del mundo” es el que nos ha enviado a ser luz en medio de las tinieblas propias y ajenas. Finalmente, estamos invitados al banquete de bodas de la Luz, que se celebrará en una Vida sin muerte y donde no será necesario ya mantener encendida la lámpara de la fe.
Mirando el cuadro con los ojos de “la pintora de la luz”, son dos las grandes ausencias en el lienzo que estamos viendo: Dios y la persona de la silla vacía. No es, por tanto, solamente una silla lo que estamos contemplando.
De Dios sabemos que está presente en el blanco resplandor del cuadro, porque Él siempre se encuentra acompañando amorosamente a todas sus creaturas, y en especial a las creaturas humanas. Su Presencia no envejece, renace permanentemente. Es una Presencia luminosa que no conoce la noche ni merma en su intensidad en ningún momento. La Presencia divina no discrimina a los que rechazan su Luz ni a los que viven de espaldas a su luminosidad y a su calor de hogar.
De
quien no tenemos noticia es del o de la ocupante de la silla. Opino
que se trata de una silla del monasterio, porque se ven sillas de ese
modelo en otras pinturas de la monja. Hablamos, por tanto, de una
ocupante. La ausencia de la ocupante pienso que no es temporal,
porque, por un lado, ya he dicho que la silla y la tela acusan el
paso de los años y, por otro lado, la exposición en solitario de la
silla apunta, más bien, a un homenaje de la monja cisterciense a
alguna compañera retirada a la enfermería o fallecida.
De
todas formas, lo importante es destacar que hay toda una historia de
relación entre la Presencia invisible de Dios-Luz y de la monja
ocupante de esa silla. En esa relación entre las dos ausencias, la
de Dios y la de una monja cisterciense, que el cuadro silencia, es
presumible que la experiencia monacal habrá pasado por
circunstancias múltiples y diferentes: desorientación - encuentro,
búsqueda – hallazgo, fatiga – alivio, vanidad – humildad,
soledad – compañía…
En
honor a la verdad, aunque las pinturas de Isabel Guerra no me llevan
a una experiencia propiamente transcendente, hay que reconocer que al
menos me transmiten sentimientos de sosiego, de paz, de
concienciación interior, de sencillez, de armonía, de asombro ante
lo bello y lo bondadoso... Echo de menos, sin embargo, aquellas
“estampas” de imágenes sagradas (pastores embelesados ante el
Niño Dios, Cristos que mueren en la paz de un amanecer, santos con
mirada de unión mística…) que con su expresión impregnan en el
espectador sensaciones y emociones producidas por la presencia
rebosante de la misma Divinidad. Será que uno es de otra época...
EDUARDO
MALVIDO
Maestro,
catequista y teólogo
Mientras permanezca asida a su cosmos celeste

Un
edificio que se levanta se ha de someter de buen grado a la ley de la
gravedad, tendrá cimientos o se vendrá abajo. La libertad ha de
asirse a un cosmos moral digno del hombre o no marchará muy lejos,
se desmoronará.
Los
poderes políticos modernos, acechándose, vigilándose y limitándose
mutuamente, aun bien ensamblados, como una estructura metálica
organizada, no logran suplir el prestigio y la fuerza del eje de la
política de otros tiempos, que se asentaba en el poder moral, el
sentido del honor y el peso de una transcendencia.

Dejando aparte otras grandes efemérides de este año –entre ellas los 500 años de la muerte del gran Leonardo da Vinci- me voy a limitar a recordar un centenario doméstico: los cien años de una pequeña –o “menor”- institución que constituyó para la gran mayoría de los cercanos a AFDA el pórtico que nos condujo a otra institución mayor, -La Salle- de la que hoy somos herederos. Me refiero al Noviciado Menor de Griñón, creado en 1919 y “Puerta de entrada” al gran espacio lasaliano. Centenario que tiene hoy una doble connotación: porque ya no existe en España el llamado Noviciado Menor (o Aspirantado) y porque, admitámoslo o no, marcó en muchos de nosotros un rumbo decisivo en nuestras vidas y dejó una huella imborrable.
Esta puerta de entrada nos ofreció, apenas la atravesamos, un mundo nuevo
DIEZ PRIMAVERAS, DIEZ ENCUENTROS
Cada
año al llegar la primavera

El
poder de Isabel la Católica era casi absoluto. Los poderes de
nuestro presidente del Gobierno Pedro Sánchez, hoy, mañana otro,
los controla en teoría el Congreso de los Diputados. Isabel la
Católica se detenía ante la indicación de un orden moral que le
mostraba no más y en voz baja Hernando de Talavera. Sin embargo, el
Congreso de los Diputados y el pueblo español están, de hecho, a
merced del Presidente de turno y de sus ocurrencias, quien no obedece
a norma superior alguna.
Estos
poderes modernos dicen echar sus cimientos en la democracia a la que
obedecen y sirven. Dicen. Nada parecido tenía la reina Isabel que se
confesaba con Hernando de Talavera y le pedía por escrito su parecer
a Melchor Cano. Isabel la Católica, Carlos I, Felipe II sentían
sobre sus cabezas el peso de un Dios y de una moral que les obligaba.
Su poder absoluto era así de relativo. Por contra, el poder relativo
de nuestro presidente viene siendo absoluto, porque no gravita sobre
él un orden moral, un honor histórico ni el peso de la
transcendencia.
El
verdadero poder absoluto, esclavizante, es aquel que prescinde de
Dios. España sólo será libre sobre la roca de una transcendencia
religiosa y de la moral católica que habrá de considerar suya, por
imperativo histórico, al margen de religioso.
RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional

EFEMÉRIDES
LA
PUERTA DE ENTRADA, UN SIGLO DESPUÉS (Griñón, 1919-2019)

Dejando aparte otras grandes efemérides de este año –entre ellas los 500 años de la muerte del gran Leonardo da Vinci- me voy a limitar a recordar un centenario doméstico: los cien años de una pequeña –o “menor”- institución que constituyó para la gran mayoría de los cercanos a AFDA el pórtico que nos condujo a otra institución mayor, -La Salle- de la que hoy somos herederos. Me refiero al Noviciado Menor de Griñón, creado en 1919 y “Puerta de entrada” al gran espacio lasaliano. Centenario que tiene hoy una doble connotación: porque ya no existe en España el llamado Noviciado Menor (o Aspirantado) y porque, admitámoslo o no, marcó en muchos de nosotros un rumbo decisivo en nuestras vidas y dejó una huella imborrable.
(Los
primeros novicios menores llegaron a Griñón, procedentes de Bujedo,
un 23 de octubre de 1919: el escaso personal existente en la Casa
“les dispensó un recibimiento entusiasta, con cohetes y vivas”.
El lugar fue del agrado de los muchachos bujedanos. El día 26 tuvo
lugar la inauguración con gran solemnidad litúrgica y festiva: la
jornada culminó con unos vistosos fuegos artificiales que brillaron
en la noche griñonesa. Enseguida fue echando las raíces que han
caracterizado siempre este lugar lasaliano cuya presencia en Griñón
permaneció desde 1919 hasta 2002).
El inicio de una aventura
El inicio de una aventura
El
Noviciado Menor fue para muchos de nosotros, todavía niños, la
entrada en una vida nueva y diferente, -¡nosotros, que apenas
estábamos empezando a vivir!-. Fue una ruptura, traumática para
algunos, de entrada a la vez –y paradójicamente- en un espacio
reducido y amplio, restrictivo y generoso; fue el paso de una
libertad gozada casi sin límites (al menos en mi caso) a una vida
disciplinada y sujeta...
Por
esa puerta entraron con nosotros nuestras ilusiones, nuestros
inciertos deseos, nuestras imágenes presentidas, nuestros sueños,
nuestros miedos... los espacios y los tiempos que imaginábamos
(estudios, rezos, juegos...), algo, quizás, de lo que no teníamos
una imagen exacta, pero que tampoco resultó estar muy alejado de la
realidad.
Por
esa puerta de entrada se colaron con nosotros experiencias
importantes que pronto se convertirían en nuestros recuerdos:
el calor familiar, la apacible o la dura vida rural, según los
casos; las comodidades urbanas en las que algunos ya estaban
instalados; las amistades incipientes y quizás algún “amor”
prematuro, los aires que fueron moldeando nuestro rostro y nuestro
espíritu y aquel paisaje que nunca pudimos olvidar del todo.
Por
esta puerta entraron también los consejos de nuestros padres, su
insistencia en una obediencia pronta, una disciplina recta y un
estudio intenso. Consejos que algunos guardaron en el fondo de su
corazón, mientras que otros los fueron olvidando poco a poco…
Y
¿qué se quedó fuera? ¿De qué no fue entrada esta puerta de
entrada? Pienso que todo aquello que, en nuestra ingenuidad,
juzgábamos como negativo o inadecuado y a lo que aplicamos una
cándida y a la vez rigurosa autocensura.
Esta puerta de entrada nos ofreció, apenas la atravesamos, un mundo nuevo
Esta
puerta nos ofreció el encuentro de otros nombres, rostros nuevos,
nuevos modos de hablar y nuevos modos de ser y de sentir... aunque
pronto iban a difuminarse esos rasgos propios y reducirse casi todos
a un patrón común. Nos chocaba el argot nuevo que se estilaba en
Griñón, ese lenguaje, que reflejaba la nueva identidad en la que
entrábamos, y que, pronto o tarde, habíamos de adoptar. Y fue
también la entrada en un nuevo ambiente, extraño para la mayoría,
en el que el yo sufría limitaciones, a la vez que se
ensanchaba -¿se diluía también?- en un nosotros amplio y
enriquecedor.
En
este lugar, cuyo ambiente de internado permanente pesaba sobre
nuestros deseos y excitaba nuestra imaginación, vivimos años
felices, crecimos, sentimos el cambio de nuestro espíritu con una
intensidad no menor que la del cambio visible de nuestros cuerpos...
Sufrimos –en el sentido total de la palabra- una
metamorfosis que, favorecida en unos aspectos y limitada en otros,
supimos sobrellevar con la “ayuda” de aquellos a cuya
responsabilidad y cuidado nos encontrábamos.
A
través de esa puerta -Noviciado Menor o Aspirantado”- nos
encontramos con un mundo nuevo –para unos, nuevo de verdad- que era
el mundo de La Salle, con unos nombres, una historia y unos signos
que contribuyeron, asimilados día a día, a configurar ese nosotros
que sentíamos próximo a una familia.
Por
esa puerta entramos ávidamente gozosos al mundo de la cultura.
Esto era algo esencial. Veníamos, muchos de nosotros, de pueblos
donde la cultura y el saber tenían las alas cortas y las raíces
someras. En el Noviciado Menor nos abrimos a la cultura, al saber, a
los saberes incipientes pero necesarios para fundamentar una
posterior y superior cultura. Díganlo si no los ensayos
–¡”intelectuales” en ciernes que éramos!- de nuestros
presuntuosos “Círculos de Estudio”. Aquí se educó nuestra
inteligencia, se dilató nuestro espíritu, emergió nuestra
religiosidad y se formó nuestra moral, quizás sujeta a los aciertos
y a las deficiencias de su tiempo. Aquí nos abrimos a la
literatura y al arte, a las lenguas extranjeras, a la música y al
canto, al juego y al deporte, a caminar por la llanura o a subir
montañas –pocas, en la inmensa llanura griñonesa- , a refrescar
nuestros cuerpos en los ríos o a bracear en charcas o estanques.
Por
esta puerta entramos también en contacto con la naturaleza –que
teníamos tan cerca de nuestros ojos y de nuestras manos-, a labrar
la tierra, y a sentir la gozosa sorpresa de ver la floración de los
árboles y la llegada de los frutos en verano... No se estilaba
hablar de ecología, pero la vivíamos en nuestro intenso y diario
contacto recreador con la naturaleza.
Esta
puerta nos introdujo en un ámbito que, transcurrido su tiempo
obligado, daba paso a otra puerta, donde nos esperaban experiencias
nuevas, estrenados nuestros indecisos o fogosos dieciséis años: el
Noviciado. Nos sentíamos ufanos por un lado pero nos invadía
también cierta nostalgia al tener que abandonar nuestro “primer
hogar”... Y luego vinieron otros estudios, y fuimos enviados a
otros lugares, y los caminos y las experiencias se ensancharon y
variaron... pero no por ello olvidamos aquel lugar primero al que
accedimos por aquella puerta de entrada.
Y
esa puerta se cerró...
Un
día esa puerta se cerró. Después de varios cambios y modelos de
“puerta de entrada”, ahora con el nombre de Aspirantado, se cerró
definitivamente en junio de 2002. Después de años de discusiones,
propuestas, opciones posibles... se tomó la decisión de cerrar el
Noviciado Menor del Distrito de Madrid, cuando ya había sido
clausurado en los demás distritos. Ello suponía ser fieles al
“signo de los tiempos” que cuestionaba la entrada en la “Vida
religiosa”, - ¡en los comienzos del siglo XXI!- a una edad
inmadura y por la puerta ahora inadecuada. El distrito ya había
abierto otra puerta, de mayor relieve -el Postulantado- desde la que
se accedía a un lugar más reducido y al que se entraba con una
mayor edad, mayor convencimiento y, supuestamente, mayor entusiasmo.
Pero
terminemos volviendo a la primera “Puerta de entrada”, el
Noviciado Menor, que se abrió en Griñón hace ahora un siglo y se
cerró 83 años después. Para muchos de nosotros, aquella puerta es
un recuerdo que genera sentimientos encontrados: cierta nostalgia,
pero mucha más alegría, porque podemos hacer memoria de algo o
mucho de lo que allí nació en nosotros y que aún sigue vivo,
aunque de modo muy diferente. Cantábamos en un tiempo “Somos
flores alegres de gentil primavera...”. Flores, hoy,
convertidas en frutos, ya maduros -casi pasados-, pero de un
atractivo y de un sabor lasaliano inigualable. La puerta de entrada
nos condujo a una fuente de riqueza que ha crecido con nosotros. ¡Que
La Salle nos ayude a seguir conservándola.
TEÓDULO
GARCÍA REGIDOR
Profesor
del Centro Universitario La Salle
DIEZ PRIMAVERAS, DIEZ ENCUENTROS
brota
la luz, la vida crece
y
la naturaleza se estremece.
El
letargo acabó. En la rivera
del
río que despierta
y
salpica las rocas del torrente
vuelve
a brotar la flor, y el junco verde
se
cimbrea al compás de la corriente.
La
savia nueva despierta los retoños
en
el valle, la loma o la pradera,
a
la sombra del bosque, en la ladera…
Allá
donde el rescoldo permanece,
aviva
el sol la llama de la vida.
Cada
año, con cada primavera,
quienes
juntos crecimos,
quienes
la misma savia recibimos
y
de las mismas voces aprendimos,
sentimos
la llamada de la sangre
que
una segunda madre nos legara:
el
alma de La Salle, la primera
lección
que se nos diera
cuando
éramos tierna cera virgen
y
a la verdad abríamos el alma.
Pasaron
muchos años, y un buen día
se
nos brindó ocasión para el reencuentro:
homenaje
al maestro, al mentor,
a
quien con su palabra y con su ejemplo
supo
guiarnos y ser nuestro adalid:
Carlos
Urdiales Recio.
Luego
llegó Granada y el regreso
a
los años vividos en el marco
de
la ciudad del Darro, de la Alhambra,
Albaicín,
Sacromonte, mirador de Rolando…
¡Qué
recuerdos!
Siguieron
Málaga, Sevilla, Zaragoza,
Segovia,
Cádiz, Sanlúcar, El Puerto…
Volvimos
a sentir de nuevo el gozo
de
abrazar al amigo.
Plasencia,
Cáceres, Trujillo…
Envueltos
en el arte y en la historia
caminamos,
charlamos, sonreímos.
Aranjuez
quiso ayer ser el testigo
y
hoy Alcalá nos brinda un nuevo marco
donde
poder brindar
por
el hoy, el mañana y el ayer,
de
renovar afectos y emociones,
y
seguir caminando de la mano
hacia
un mismo horizonte, iluminados
por
el filo de un claro amanecer.
Brindad
conmigo, hermanos.
Ángel Hernández Expósito
Maestro. Emérito UCJC
LOS
PRIMEROS ABRAZOS
DEL EP 2019
Junto
al metro de Tribunal y frente al portón barroco de Pedro de Ribera,
que estudiábamos como modélico Museo del Hospicio de Madrid de los
tiempos de Felipe V, hubo en la tarde del 28 de mayo reparto de
abrazos. Algunos parece que traían carrerilla por la distancia y el
deseo reprimido como de hasta un año entero desde los últimos
brazos abiertos, luego cerrados en apretón amigo.
-
Del mío, que no necesita de la ayuda del marcapasos, doy fe que fue amplio como quiera que lo alargaba mi báculo de pastor más que nonagenario de corderos setentones. Ya me diréis a qué os supo y qué os pareció, si os dura su calor.
-
Recordaba yo el 28, en aquella tarde de abrazos, las reconciliaciones con abrazos reglados de los lejanos Jueves Santos, Semanas Santas de la Santa Escuela, cabezazo a izquierda y luego a derecha, poco más.
-
Me fijé y os juro que vi algunos abrazos de sastre, de los que te abrazan y no parece sino que te están tomando medida para una camisa o una nueva chaqueta. Abrazos que a la par que abrazan, te miden las espaldas.
-
Ahora andan de moda los abrazos de masajista, que te frotan la espalda de arriba abajo y de abajo arriba, un buen rato. Los hubo, también.
-
Ítem, vi abrazos de médicos de los que aprietan en silencio para no perderse los latidos del abrazado y te sueltan felices en cuanto terminan de contar las equis pulsaciones por minuto que das. No parece sino que al desabrazarte, te están dando de alta.
-
Había quienes se detenían antes del abrazo, fijos, clavados al suelo, y se miraban primero a los ojos, antes de abrazarse, como por ver de adivinar en su luz el largo camino transcurrido desde el último encuentro. Igualito que si fueran abrazos de ingenieros de caminos.
-
Los viejos compañeros de magisterio, los más (yo, como profesor, a los alumnos que me dieron poca guerra), abrazaban, ilusiones de ancianos, más que al ochetentón presente, al lejano compañero de estudios o al alumno de diecisiete-diecinueve años, en plena flor.
-
La verdad es que no presencié, si los hubo, abrazos como los de los políticos y banqueros que con un movimiento rápido ya saben lo que te pueden sacar de todos los bolsillos, exteriores e interiores, si es que con el abrazo no se lo han llevado ya. A nadie vi que se palpara tras ser abrazado por ver si le faltaba algo.
-
Tengo que confesar que fui testigo de abrazos tiernos, como los que se dan los ángeles en vuelo, propios de aviadores, que no sientes sus huesos y ni sus nervios sino lo mullido del aire que generan las plumas de sus alas.
-
Y la mayoría de los abrazos, os lo juro por las barbas del Profeta, mejor, por mi buen amigo Cohelet, llevaban en su filo el eterno amanecer de nuestra juventud, eran una renovación rotunda de las perennes afirmaciones de la ya añeja gloria que vivimos. Y, añádase, tenían no sé qué del inefable encanto propio de los divinos brazos cruzados de la Gloriosa Virgen del camarín de nuestra Escuela de Magisterio.
CUR
FESTÍN
DE VARIEDADES LÍRICAS
Qué
lento pasa el tiempo,
te
dices en el banco que mira al río,
y
el agua no te escucha, se da contra las rocas
y
sigue su camino.
Sigue
tú el tuyo,
querido
amigo.
&&&&&
Tocas
un cardo
y
las yemas de los dedos duelen;
cortas
una rosa
y
hasta las espinas huelen.
&&&&
Voy
a poner un pie en la tierra
y
tiembla y tiemblo.
“Será
normal”, me digo,
pero
lo cierto es que soy viejo.
&&&&
Vuelvo
la vista atrás
y
no veo mi sombra.
¿Ando
perdido?
No
sé. No importa.
&&&&
Igual
que Antonio el Bueno
a
orillas del Eresma,
me
paseo, escribo y leo
por
el río de mi aldea.
A
un metro del hormiguero,
que
para ella es un kilómetro,
acarrea
la hormiga su comida
para
el invierno.
¡Oh
dulce provisión!
“Ya
llego”, se va diciendo.
&&&&
Remate
de las fábulas:
No
hagáis lo que os muestro.
Las
palabras engañan,
sólo
valen los hechos.
65 INTERVENCIÓN MUSCULAR
Una
característica más de la técnica de los ejercicios físicos es la
intervención muscular. Si sabemos a qué músculos va destinado un
ejercicio concreto, podremos realizar programas de trabajo ajustados
a los objetivos establecidos para fortalecer o elongar los grupos
musculares propuestos y no otros. En el caso de la rehabilitación o
gimnasia correctiva podría tener nulos o malos resultados si este
factor estuviera equivocado.
Así,
por ejemplo, deberemos distinguir entre una flexión de rodillas y el
trabajo del grupo muscular flexor de las rodillas, pues no siempre
coinciden en el desarrollo de la actividad física. Para tratar estas
cuestiones, es preciso tener presentes los factores siguientes: las
funciones
musculares
y los tipos de
contracción
muscular.
Función muscular
Función muscular
Se
entiende por función
muscular las diferentes posibilidades de ejecución relacionadas con
la contracción muscular. Dependiendo de la demanda que exista en un
determinado movimiento o posición, unos mismos músculos pueden
desempeñar unas funciones diferentes en una misma acción mecánica.
Estas
funciones son: agonistas, antagonistas, fijadores y sinergistas.
- La
función agonista
se establece cuando los músculos son los protagonistas de la acción.
- La función antagonista se produce cuando el grupo muscular se relaja para permitir la acción de los agonistas; son sus opuestos. La función fijadora tiene por cometido sujetar o inmovilizar una determinada articulación para permitir la adecuada acción o movimiento de otras articulaciones.
- La función antagonista se produce cuando el grupo muscular se relaja para permitir la acción de los agonistas; son sus opuestos. La función fijadora tiene por cometido sujetar o inmovilizar una determinada articulación para permitir la adecuada acción o movimiento de otras articulaciones.
- Y la función sinérgica regula el movimiento para producir una intervención simultánea de agonistas y antagonistas; esta acción permite ajustar movimientos precisos de manera coordinada; una persona podrá así, posar una delicada copa de cristal en una mesa de manera suave y sin brusquedad. La acción de escribir a mano es también una función muscular sinérgica, y también, como lograr encestar un balón.
Tipos
de contracción muscular
Dependiendo
de la demanda externa en la ejecución de un ejercicio físico, los
músculos pueden contraerse de manera diferente. Existen dos
divisiones, dependiendo de si el ejercicio es estático o dinámico,
con cuatro tipos de contracción muscular.
Si tenemos en cuenta estas premisas podemos clasificar las contracciones musculares como estáticas o isométricas y dinámicas o anisométricas.
Si tenemos en cuenta estas premisas podemos clasificar las contracciones musculares como estáticas o isométricas y dinámicas o anisométricas.
En la
contracción
estática o isométrica la
longitud del músculo no varía al contraerse; no se produce, por
tanto, movimiento durante la contracción; las fuerzas internas y
externas se igualan. El músculo aumenta su tensión sin que se
produzca acortamiento de sus extremos; la contracción se considera,
por tanto, isométrica –igual medida–. La longitud del músculo
permanece inalterada mientras dura la contracción. La tensión
muscular es igual a la resistencia externa.
En la contracción dinámica o anisométricas la tensión creada en el músculo es diferente a la resistencia externa que vencer. En ella sí se produce diferencia de la longitud del músculo durante la contracción. Las contracciones dinámicas pueden ser concéntricas, excéntricas y pliométricas dependiendo de si, durante la contracción, se produce acortamiento, elongación o una combinación de ambas.
En la contracción concéntrica, el musculo supera la fuerza externa y se acorta; por ejemplo, el grupo extensor de rodillas al subir escaleras.
En la contracción dinámica o anisométricas la tensión creada en el músculo es diferente a la resistencia externa que vencer. En ella sí se produce diferencia de la longitud del músculo durante la contracción. Las contracciones dinámicas pueden ser concéntricas, excéntricas y pliométricas dependiendo de si, durante la contracción, se produce acortamiento, elongación o una combinación de ambas.
En la contracción concéntrica, el musculo supera la fuerza externa y se acorta; por ejemplo, el grupo extensor de rodillas al subir escaleras.
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Contracción excéntrica |
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Contracción concéntrica |
En la contracción excéntrica, el músculo cede ante la fuerza externa y se alarga; por ejemplo, en el mismo grupo extensor de rodillas al bajar escaleras.

Francisco
Sáez Pastor
Universidad
de Vigo