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SOBRE LA INFANCIA
DE MIGUEL DELIBES
La infancia es uno de los cuatro temas clave en la obra del escritor Miguel Delibes. Niños de distintas procedencias salpican los libros del maestro vallisoletano: Daniel el Mochuelo, quizá el más conocido, El Nini, Germán el Tiñoso, Roque el Moñigo, Quico, la Uca-Uca, Pedro…
Delibes pasó una infancia entrañable. Su carácter pesimista se manifestó después, con el paso de los años. De pequeño disfrutó unos cuantos veranos en el pueblo cántabro de Molledo, entre prados, vacas en los establos y boñigas por las calles. Uno o dos veranos más estuvo en Quintanilla de Onésimo, a 20 minutos actuales de su casa de Valladolid. Incluso otras veces pasó temporadas en Boecillo, en donde aprendió a montar en bici.
También tuvo una vida feliz en su primer colegio, el de las carmelitas. Y algo parecido se podría decir de su paso por el colegio de Lourdes para estudiar el Bachillerato.
En una casa rodeado de
hermanos, hasta 8 fueron en total, el niño Miguel tuvo una infancia
tranquila y agradable. En aquellos años 20 de su infancia más
tierna se podía jugar en la calle. Apenas pasaban coches por la
acera de Recoletos de Valladolid. Era Miguel un niño estudioso y
disciplinado que también sabía disfrutar del campo, los juegos y el
aire libre. No había cumplido los 8 años cuando ya sabía lo que
era acompañar a su padre en una jornada de caza. La zona de los
montes Torozos les pillaba cerca de la ciudad. Su primera perdiz la
cazaría en La Sinova, un caserío situado entre Castrillo Tejeriego
y Villavaquerín, en la provincia de Valladolid.
Sus estudios de Bachillerato no fueron menos exitosos que los de Primaria. Cerca de su casa se encontraba el colegio de los Hermanos de La Salle, el colegio de Lourdes y allí pasó seis años, de 1º a 6º de Bachillerato. Rara vez bajaban sus notas del notable. Alumno trabajador, aprendió a redactar de la mano del Hermano José María. Realmente Delibes lo conoció como Fermín, porque en aquellos años de la Segunda República los hermanos de La Salle (y el resto de órdenes religiosas) tenían prohibido vestir el hábito y llamarse por su nombre de hermanos.
Estoy convencido que la infancia fue la mejor etapa vital de Miguel Delibes. Después aumentarían sus preocupaciones y sus miedos. Le llegó el éxito como escritor, eso sí, pero perdió gran parte de la paz y la felicidad de la que había gozado como niño.
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