Abril, 2018
ÍNDICE
PRINCIPAL
Pregón:
Observar.
Personaje
bíblico del mes:
Isaías,
profeta.
Zereutes
Escuela
de ayer, de hoy y de mañana: La
Reflexión de la mañana.
CUR
Alta
política con estilo:
Fuimos
nobles, hemos de serlo.
R. Duque de Aza
Centenario
de Cela: Semblanza
de Don Camilo (II).
Sentimental.
Á.
Hdez.
Afderías:
Hospitalerías.
CUR
Soneto
del sentimiento: Abril.
Á.H.
Rincón
de Apuleyo: El
pescaíto
Gabriel. El paraíso de la infancia.
Educación
física:
Conductas
motrices. F.
Sáez
Observar
Fue una de las piedras claves -clave de arco- de nuestro Método de Redacción.
Sin
observación no hay aprendizaje duradero. Tampoco, buen escritor.

Se
habla y se escribe en verdad y con vigor de lo que se ha visto con
los propios ojos. Solo si la pupila de la observación se ha clavado
en la entraña de las cosas, la expresión oral y escrita valdrá la
pena, no será superficial, será valiosa.
El
niño ve cosas donde hay árboles; el adulto, árboles que son pinos,
álamos o encinas; y el científico pinos carrascos, piñoneros o
negrales, álamos blancos, balsámicos o temblones…
El
alumno observador, hasta que no lo estudie no sabrá dar nombre a los
árboles, pero sí que sabrá, por haberlo observado, que el chopo
blanco tiene el tronco grueso y liso, las ramas vellosas, las hojas
ovaladas de pilosidad plateada por el envés, que al moverse al
viento justifican que el poeta hable de la danza de plata de la
alameda…
Siempre
volvemos a Pío Baroja, al abordar esta clave de bóveda de la
redacción, la observación. Donde él escribe “novelista”,
nosotros, con toda razón, ponemos “buen escribiente certero”:
“Un fabricante de
novelas es, sin duda, y ha sido siempre, un tipo de rincón,
agazapado, observador, curioso y tenaz”.
![]() |
Profeta Isaías. Rafael Sanzio. |
En
el siglo VIII antes de Cristo Dios se muestra más espléndido que en
otros momentos de la Historia y el Cielo regala a Israel, a los
cristianos que habrían de venir siglos más tarde y a los poetas de
todo el mundo y de todos los tiempos a un gran profeta, al “príncipe
de los profetas” poetas. Lleva por nombre Isaías,
que en hebreo es todo un clarinazo de promesas y significa
Yahvé es salvador.
En
el Antiguo Testamento hay pastores que llegan a reyes, como el hijo
de Jesé, el rey David, y en el Nuevo Testamento, pastores que fueron
papas, como San Pío V. Isaías no es un pastor por su nacimiento, es
un aristócrata desde la cuna. Recibe en su infancia y juventud una
educación esmerada, de refinamiento intelectual. En plena juventud
su cultura es enorme. Está a la altura de las personalidades más
notables de Jerusalén cuando todavía es un muchacho. Es un noble en
la corte de un gran rey, Ezequías. En esta corte, con otros reyes,
juega también su papel de aristócrata.
En
una decisiva ocasión para su persona, cuando anda por los 21 años,
este joven aristócrata asiste, en calidad de personaje de la corte,
a una ceremonia litúrgica oficial ante el Santa Sanctorum del
Templo. Ha muerto el rey Ozías y es buen momento para reiterar y
proclamar la realeza de Yahvé. La ocasión es solemne. El
espectáculo impresiona. En el interior de su corazón y de su mente
surge, de pronto, una poderosa intuición que lo deslumbra. Dos
realidades le sobrecogen poderosas: la
majestad y la
santidad de la realeza
de Yahvé.
El
año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado sobre un trono
alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.
(6,1-2)

“Santo,
santo, santo es el Señor Dios de los ejércitos, la tierra está
llena de su gloria”. (6,3)
La
Escritura anota que temblaban en esa ocasión los umbrales de las
puertas al clamor de aquella voz y que el templo estaba lleno del
humo del incienso.
Después
de esta visión, Isaías ya no va a ser el mismo. La potente
intuición lo reafirma y clava sólidamente en Yahvé. Nada le va a
hacer perder ya la mayor seguridad en su Dios. Su destino ha subido
de grado. Frente a los avatares humanos y a la historia de un Oriente
cargado de negros nubarrones Isaías va a mantener una actitud de
sereno testigo que presencia cuanto ve desde una nueva cumbre de luz.
Desde
donde estoy, miro impasible.
(18,4)
Es
que a sus ojos ha surgido la imagen de Yahvé Rey, indiscutible, de
impresionante grandeza hierática, Juez supremo que se levanta para
juzgar a su pueblo. Es el formidable Dios del Sinaí:
“El
Señor se levanta de su trono, en pie va a juzgar a su pueblo”.
(3,13)
Ante
su majestad y su santidad, tan evidente a los ojos del profeta,
Isaías se siente de labios impuros. Y ha de hablar al pueblo de
Dios, del rey al pastor. Un serafín se los abrasa. Purificado, ya
puede hablar.
¿Y
qué es lo que va a decir a sus contemporáneos, a los cristianos que
vendrán y a la Humanidad entera de todos los siglos?
Fundamentalmente
dos cosas:

Escucha,
heredero de David: El Señor, por su cuenta, os va a dar una señal.
Ved: que una doncella está en cinta y dará a luz un hijo y le
pondrá por nombre Dios-con-nosotros, Emanuel. (7,13-14)
En
la segunda parte de su rollo, nos deja los Cánticos
del Siervo de Jahvé. El
profeta parece presenciar en ellos la película de la Pasión y
muerte de cruz de Nuestro Señor Jesucristo.
Asesor
de reyes, estadista, brillante poeta, formidable escritor y vigoroso
orador, ejerce el ministerio profético desde finales del reinado de
Azarías, rey de Judá, hasta los tiempos del monarca Manasés, más
de cuarenta años.
Isaías,
fiel a Dios y solidario con el mundo pecador en el que vive, se ve
impelido a hacer de intermediario entre Yahvé y su pueblo. El
auténtico y fiel pueblo de Israel ha quedado reducido a un pequeño
resto, “el resto de Israel”, que aceptará con humildad de pobre,
de anawin,
la palabra de Dios y se pondrá bajo su Mano, por lo que merecerá
que Dios lo considere su Siervo, el Siervo de Yahvé.
Zereutes
Ancien
élève de Évode Beaucamp
y
de Francesco Spadafora
Tres
postdata
-
Quien se sienta escritor y quiera aprender a redactar o a hablar con vuelo de ángel, que lea a este gran maestro de poesía, Isaías. Su palabra es cálida, vibrante, imaginativa, poderosa, cascada de luz y de alturas…
-
Desde nuestra circunstancia, con ella, hoy, nosotros nos sentimos y trabajamos como “resto de Israel”, sous la main de Dieu, que diría Beaucamp.
LA
REFLEXIÓN DE LA MAÑANA (7)
Escuela de ayer

Escuela
de hoy
Tiende
a ver la reflexión de la mañana como una “consigna” y no quiere
imponerla. Prescinde, en ese caso, de la verdad que ofrece y que
libera. Su ausencia produce alumnos sin jerarquías.

Escuela
del mañana
Lo
que está por hacer para mañana -continuadores y herederos de “la
reflexión lasaliana”-, en algún punto seguro que ya se ha
empezado. Es mucho y poco, nuevo y viejo, de fondo y, desde luego,
será de gran calado.
Las
nuevas tecnologías se prestan a hacer maravillas y filigranas. Hace
falta voluntad y haber visto clara y a fondo la importancia de este
recurso educativo.
CUR
LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS
La
resurrección de Jesús es un acontecimiento metahistórico. Tiene
cierta relación con los hechos históricos en cuanto que se sabe que
ocurrió “al tercer día” de la pasión bajo Poncio Pilato, que
el Resucitado se apareció al poco tiempo a algunos discípulos y
discípulas…, pero se trata de una realidad que trasciende las
coordenadas espacio-temporales de la historia.
En
este aspecto el testimonio de Pablo es el más esclarecedor y
generoso, probablemente porque él pensó que la resurrección
universal de los muertos le “pillaría” a él en su misma
existencia terrena. Pues bien, el Apóstol de los gentiles proclama
que el hecho de la resurrección de Cristo fundamenta la resurrección
de “quienes murieron en Jesús”.
A los cristianos de Corinto, algunos de los cuales andaban diciendo que los muertos no resucitan, Pablo les recrimina diciendo que los muertos sí que resucitan porque Cristo ha resucitado ya. Pablo no se basa en la creencia judía de que los muertos resucitarán, sino en la resurrección que ha tenido lugar ya en Jesucristo. Para el creyente, la garantía de su resurrección reside en que “Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que murieron” (1 Cor 15,20) y de los que morirán.
Ante
la demora de la parusía resucitadora del Señor y ante la presencia
y actuación vivificadoras del Espíritu Santo, ¿qué quedaba en pie
del antiguo imaginario escatológico judío de los primeros
cristianos? Lo único que se mantiene en pie es el acontecimiento
único de la resurrección metahistórica en cuerpo y alma de Jesús
de Nazaret, acontecimiento que constituye a su vez el fundamento
—“primicia”— de los que sigan el estilo de vida (actitudes y
acciones) del Jesús de Galilea.
Hemos mencionado más de una vez en estos artículos que la acción resucitadora de Dios Padre sobre Jesús es la respuesta complacida del Padre (y del Espíritu Santo) a la historia de fidelidad amorosa de su Hijo Jesucristo a lo largo de su vida y de su muerte. Nuestra futura resurrección de la muerte a imagen de la de Jesucristo dependerá de nuestra semejanza con él en el amor apasionado a Dios y a los seres humanos.
"Un niño grandullón”.
Así es como dice verlo Sergio Vilar. “Un niño al que le gusta
jugar y que libera su naturaleza en todo momento y donde quiera que
se encuentre”. Así lo veía también su propia madre, doña Camila
Trulock: “Mi hijo es buenísimo” –comentaba a Antonio Pizá, en
mayo del 66-. Juega a comerse el mundo, pero en realidad tiene un
corazón como un garaje”. Y el mismo Cela así se reconoce: “Yo
fui como aquí cuento que era –confiesa en la nota con que en “La
rosa”
introduce la edición de 1979 - y, pese a tantas zurras, sigo siendo
un niño que se creía diferente”.
Ternura vergonzante que brota
espontánea y que don Camilo trata de enmascarar por lo que de
debilidad pueda suponer. Como se refleja en la anécdota de aquella
noche que, saliendo de cenar de un restaurante en Madrid, le entregó
a un mendigo un billete de mil pesetas al tiempo que le soltaba con
aire aparentemente nada afectuoso: “¡Tome, para que escarmiente!”.
2018
Llora su madre la ausencia
Todo lo que aquí veis, hijos y nietos míos,
es vuestro para siempre, con claridad lo digo:
la casa, los manzanos, los perales, el pozo
del que se vierte el agua corriendo como un río,
el aire, el sol, los montes, las laderas, el valle,
lo que encierra la cerca de piedras, hito a hito,
la parra, la cañada, los zarzales, el sótano,
las herramientas todas ( hachas, sierras, martillos…),
la piscina rajada tras inviernos nevados,
los pinos con sus nombres y los chopos altivos,
que yo planté con pala y azadón sobre arcilla
más dura que la piel de un cocodrilo,
y las gomas regantes que parecen serpientes,
la carretilla de acarrear chiquillos,
los columpios arbóreos, las sogas espartinas…
y el caminito, el caminito, el caminito
por el que habéis marchado tantos días
cogidos de la mano con amor y cariño,
cantando mil canciones, persiguiendo a las vacas,
buscando minerales, campanillas y grillos.
Aquí me calenté las noches frías.
Aquí el fuego surgió con sus hechizos
en la ancha chimenea del salón
levantado hasta el segundo piso.
aquí al volver helado de la escuela
escribí con pasión libros y libros:
Blum, Duratón, Riaza, Cega, Eresma,
Cuaderno de Bambú… y Poeniños…
Aquí Manuel, Mateo, Pablo, Héctor y Alba
jugarán a ser hombres de oficio y beneficio.
Cuidarme los juguetes, los cuadros contemplad,
quereros como hermanos, como os quiero yo mismo.
Y luego en el trabajo, que es el destino humano,
gozad como si el tiempo fuera siempre domingo.
No tengo nada más que advertiros. Tampoco
lo pide esta ocasión, este dulce convivio.
Ahora vayamos todos a darnos un paseo,
a cazar mariposas y hacer el indio.
El movimiento que realiza el hombre implicadas a todas las áreas que configuran al ser humano. Para su clasificación, algunos autores no se han limitado a una simple enumeración de dichos movimientos sino que han elaborado modelos destinados a explicar sus motivos. Repasaremos de manera sucinta las aportaciones de los autores más significativos en este ámbito.
LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS
La
fe de la Iglesia primitiva en la resurrección de Jesús
El
término “resurrección” aplicado a la resurrección de Jesús
comprende estos dos significados que se aúnan en el único sujeto
Jesús de Nazaret. Los primeros cristianos afirman: 1º, que Jesús,
a pesar de haber muerto, está vivo en cuerpo y alma; y 2º, pero que
vive ya no históricamente sino gloriosamente en cuerpo y alma. Estas
son declaraciones de fe similares que aparecen en el NT:
“Jesús ha vencido a la muerte y ahora está sentado a la derecha
del Padre”; “Jesús fue resucitado y llevado al cielo”; “Dios
Padre lo libró de la muerte y lo exaltó y le otorgó el Nombre, que
está sobre todo nombre”; “[Jesús] resucitó al tercer día y
ascendió al cielo”; “Aquel a quien Dios resucitó no experimentó
la corrupción”; “[Cristo] se rebajó a sí mismo haciéndose
obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo
exaltó”; “Después de la pasión se les presentó dándoles
pruebas de que vivía… Este Jesús ha sido llevado al cielo”; …

Los
relatos evangélicos insisten en una presentación histórica de las
apariciones del Resucitado a los testigos de su plenitud de vida
escatológica: Jesús resucitado se “deja” ver como el Jesús
histórico que fue para ellos: les habla, les muestra las heridas de
su pasión, les pide algo de comer, camina con los dos discípulos de
Emaús…Con este tratamiento histórico de las apariciones por parte
de los
Evangelios
—compuestos décadas de años después del tiempo de las
apariciones, Evangelios
escritos además para la segunda generación de cristianos—, la
finalidad es mostrar que Jesús, a pesar de haber muerto, sigue vivo,
que no es el espíritu del muerto Jesús el que se les apareció,
puesto que los espíritus de los muertos no se hacen visibles a los
vivos, no les hablan, no piden comida, no caminan… Por otro lado,
presentar a Jesús resucitado de modo tan corporalmente vivo no sería
compatible con un cuerpo de Jesús convertido en cadáver
descompuesto. Por si lo dicho no terminara de convencer, reparemos en
que un ser humano que ha alcanzado una manera de ser superior en su
humanidad, —manera plenamente escatologizada, que es el caso de
Jesús resucitado—, es metafísicamente imposible volver a un
“status” antropológico inferior, —ser humano histórico—, y
viceversa. Estas mutaciones fantasiosas solo acontecen en el mundo de
los cuentos, leyendas, novelas y películas de ficción…
Jesús,
el único Resucitado: fundamento de la resurrección de los muertos
Los
primeros discípulos de Jesús de Nazaret, que como judíos creían
en la resurrección universal de los muertos, fueron sorprendidos, en
primer lugar, por la resurrección de un solo muerto, el crucificado
como falso Mesías, Jesús de Nazaret; y, en segundo lugar, porque
el Crucificado había resucitado gloriosamente en cuerpo y alma. La
joven fe judía en la resurrección universal de los muertos no
esperaba una transformación metahistórica de los cuerpos
resucitados.
Con su lógica de creyentes judíos del siglo I, los primeros discípulos esperaban que la resurrección de todos los muertos tendría lugar en fecha próxima. Con el paso de los años, tuvieron que demorar hasta tiempo indefinido la aparición gloriosa del Resucitado y con ella la antes mencionada resurrección de los difuntos. Dios les hizo entender que con la difusión entre ellos del Espíritu Santo, enviado por el Padre resucitador y por el Hijo resucitado, se había inaugurado una nueva etapa de la historia de la salvación y que había que extender a los moradores de toda la tierra la Buena Noticia de la salvación realizada por Dios en Jesús de Nazaret.
Fue la reflexión de los testigos sobre las apariciones del único Resucitado, animada e impulsada por el Espíritu Santo, la que les llevó a descubrir la excepcional categoría de la persona de Jesús de Nazaret. Desde la perspectiva escatológica del único Resucitado, se comenzaron a entender todos los títulos del AT (Mesías, hijo de Dios, Señor, Rey, Salvador, Mediador, Juez, Profeta, Sacerdote…) y a adjudicarlos en grado excelso a Jesús de Nazaret, y se terminó, años más tarde, por reflejar en los relatos evangélicos la historia de Jesús como la historia del Hijo de Dios que al hacerse hombre como nosotros se despojó de los clásicos atributos divinos.
El acontecimiento de la única resurrección acaecida hasta el momento presente tuvo para los primeros cristianos su primera aplicación en la persona y en la historia de Jesús de Nazaret. Pero, según ellos, repercute también en los seres humanos de todas las épocas y de todos los lugares. Aquí nos interesa ver de qué manera la resurrección de Jesús afecta a nuestra futura resurrección.
Con su lógica de creyentes judíos del siglo I, los primeros discípulos esperaban que la resurrección de todos los muertos tendría lugar en fecha próxima. Con el paso de los años, tuvieron que demorar hasta tiempo indefinido la aparición gloriosa del Resucitado y con ella la antes mencionada resurrección de los difuntos. Dios les hizo entender que con la difusión entre ellos del Espíritu Santo, enviado por el Padre resucitador y por el Hijo resucitado, se había inaugurado una nueva etapa de la historia de la salvación y que había que extender a los moradores de toda la tierra la Buena Noticia de la salvación realizada por Dios en Jesús de Nazaret.
Fue la reflexión de los testigos sobre las apariciones del único Resucitado, animada e impulsada por el Espíritu Santo, la que les llevó a descubrir la excepcional categoría de la persona de Jesús de Nazaret. Desde la perspectiva escatológica del único Resucitado, se comenzaron a entender todos los títulos del AT (Mesías, hijo de Dios, Señor, Rey, Salvador, Mediador, Juez, Profeta, Sacerdote…) y a adjudicarlos en grado excelso a Jesús de Nazaret, y se terminó, años más tarde, por reflejar en los relatos evangélicos la historia de Jesús como la historia del Hijo de Dios que al hacerse hombre como nosotros se despojó de los clásicos atributos divinos.
El acontecimiento de la única resurrección acaecida hasta el momento presente tuvo para los primeros cristianos su primera aplicación en la persona y en la historia de Jesús de Nazaret. Pero, según ellos, repercute también en los seres humanos de todas las épocas y de todos los lugares. Aquí nos interesa ver de qué manera la resurrección de Jesús afecta a nuestra futura resurrección.

A los cristianos de Corinto, algunos de los cuales andaban diciendo que los muertos no resucitan, Pablo les recrimina diciendo que los muertos sí que resucitan porque Cristo ha resucitado ya. Pablo no se basa en la creencia judía de que los muertos resucitarán, sino en la resurrección que ha tenido lugar ya en Jesucristo. Para el creyente, la garantía de su resurrección reside en que “Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que murieron” (1 Cor 15,20) y de los que morirán.
El
6º milagro del Dios Amor: la resurrección de los muertos
El
imaginario escatológico de los discípulos del Profeta de Galilea,
como fieles del judaísmo del siglo I, consistía en creer que el
Dios del pueblo elegido enviaría, tras un largo período de luchas
contra la dominación romana, al Mesías prometido desde siglos para
restaurar a Israel y establecer por su mediación el reino mesiánico
sobre todas las naciones de la tierra. Después de años de duración
del imperio israelita, Dios llevaría a cabo la resurrección
universal de los muertos, una resurrección entendida como una
segunda creación. Se cree asimismo en un juicio en el cual Dios
premiará a los fieles difuntos integrándolos en la nueva vida del
reino de Dios para que disfruten, aunque no por siempre, de su
bienestar, paz y fraternidad, juicio en el cual Dios también
castigará a los infractores de la ley divina excluyéndolos de su
reino perpetuo…
El hecho de la resurrección de uno solo de entre los muertos y el hecho de que el único Resucitado se les apareciera transformado gloriosamente en cuerpo y alma hizo añicos el imaginario escatológico de los primeros discípulos y discípulas. Al ver cómo había actuado el Dios de la Vida con el muerto y sepultado Jesús de Nazaret es cuando los primeros cristianos empezaron a descubrir la singular identidad personal del Crucificado. Todavía se quedaron más convencidos de que la acción resucitadora es una actividad propia y exclusiva de Dios cuando, en contra de su imaginario escatológico, no se produjo la venida gloriosa del único Resucitado y con ella la resurrección universal de los muertos, sino el envío del Espíritu Santo como el Responsable divino de la nueva etapa de la historia de la salvación.
El hecho de la resurrección de uno solo de entre los muertos y el hecho de que el único Resucitado se les apareciera transformado gloriosamente en cuerpo y alma hizo añicos el imaginario escatológico de los primeros discípulos y discípulas. Al ver cómo había actuado el Dios de la Vida con el muerto y sepultado Jesús de Nazaret es cuando los primeros cristianos empezaron a descubrir la singular identidad personal del Crucificado. Todavía se quedaron más convencidos de que la acción resucitadora es una actividad propia y exclusiva de Dios cuando, en contra de su imaginario escatológico, no se produjo la venida gloriosa del único Resucitado y con ella la resurrección universal de los muertos, sino el envío del Espíritu Santo como el Responsable divino de la nueva etapa de la historia de la salvación.

El
cómo ha realizado Dios Padre (y el Espíritu Santo) la resurrección
de Jesucristo y el cómo llevará a cabo nuestra futura resurrección
es algo que atañe, ¡gracias a Dios!, solo al Creador y al
Resucitador. Olvidemos, lo más que podamos olvidar, esos elementos
escatológicos (estado intermedio entre muerte y resurrección,
juicio espectacular, sentencias de dicha y de desdicha eternas…),
que hemos inventado los humanos. Tanto en el crear como en el
resucitar solamente interviene el Dios Uno y Trino.
Hemos mencionado más de una vez en estos artículos que la acción resucitadora de Dios Padre sobre Jesús es la respuesta complacida del Padre (y del Espíritu Santo) a la historia de fidelidad amorosa de su Hijo Jesucristo a lo largo de su vida y de su muerte. Nuestra futura resurrección de la muerte a imagen de la de Jesucristo dependerá de nuestra semejanza con él en el amor apasionado a Dios y a los seres humanos.
Eduardo
Malvido
Maestro,
teólogo y catequista
FUIMOS
NOBLES, HEMOS DE SERLO
El
estilo de Hernán Cortés
Como
la educación al maestro, la alta política le pide al político ser
el primero, aventurar lo aventurable, ir delante de todos con el
ejemplo, palabras realidades, ánimo grande, corazón, contar con los
demás y magnos hechos.

Como significativa muestra, valga la arenga de Hernán Cortés a sus soldados antes de emprender la conquista de Méjico (¿cómo no hacer propias estas palabras, sabiendo a qué dieron lugar):
“Vuestro caudillo soy, y seré el primero en aventurar la vida por el menor de los soldados. Más tendréis que obedecer en mi ejemplo que en mis órdenes; y puedo aseguraros de mí que me basta el ánimo para conquistar el mundo entero, y aún me lo promete el corazón con no sé qué movimiento extraordinario, que suele ser el mejor de los presagios. Así, pues, a convertir en obras las palabras; y no os parezca temeridad esta confianza mía, pues se funda en que os tengo a mi lado, y dejo de fiar de mí lo que espero de vosotros”.
Afortunadamente
los españoles, aun los jóvenes, hemos sido contemporáneos de
personas de alta nobleza social y política, ejemplares, y contamos
con figuras de mucha talla –que nos sostienen y alientan en la
retaguardia de una Historia que es nuestra -, a quienes mirar y
seguir.

Como significativa muestra, valga la arenga de Hernán Cortés a sus soldados antes de emprender la conquista de Méjico (¿cómo no hacer propias estas palabras, sabiendo a qué dieron lugar):
“Vuestro caudillo soy, y seré el primero en aventurar la vida por el menor de los soldados. Más tendréis que obedecer en mi ejemplo que en mis órdenes; y puedo aseguraros de mí que me basta el ánimo para conquistar el mundo entero, y aún me lo promete el corazón con no sé qué movimiento extraordinario, que suele ser el mejor de los presagios. Así, pues, a convertir en obras las palabras; y no os parezca temeridad esta confianza mía, pues se funda en que os tengo a mi lado, y dejo de fiar de mí lo que espero de vosotros”.
RAMIRO
DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional

“Aunque parezca
extraño, un sentimental”
Don Camilo era, a pesar de que
en un primer pronto pudiera no parecerlo, un espíritu sensible. “Un
sentimental que recibió una educación antisentimental” –confiesa.
“Toda mi vida –reconoce- ha significado una lucha contra la
manifestación externa del sentimiento… Tengo un gran pudor de la
expresión de mis sentimientos”. Su corazón era particularmente
sensible ante la fragilidad y la marginación, como resulta fácil
reconocer en el trato que dispensa a sus personajes. La misma
sensibilidad que le lleva a mostrar su apoyo solidario en “A Los
niños que sufren”: “A todos vosotros os llevo pegados a mi
corazón y ni un solo momento os vuelve la espalda mi memoria […] A
todos vosotros os beso y os abrazo contra mi pecho y con la
conciencia no demasiado tranquila; también os pido que me perdonéis
si no he acertado a sujetar el amor que siento por vosotros”. Y el
mismo espíritu sensible preside su amor por los animales: hasta
siete bóxer llegó a tener como mascotas.
No parece la ternura su
condición natural; y sin embargo, son muchas las voces que se alzan
reconociéndosela, entre quienes lo tuvieron cerca o trataron de
aproximarse a él. “Aquel Camilo tan tremendo, tan agresivo
–advierte Ana María Matute- era un hombre de una ternura
increíble”. “Tan tierno y tan burro como siempre”, comentaba
cariñosamente su amigo y vecino César González Ruano, agradeciendo
la visita que Cela le hizo, unas semanas antes de su muerte. Y Lorenç
Villalonga considera oportuno aplicarle la expresión que en Francia
se aplica “al autor que come niños crudos: C’est
un tendre”.

“Crueldad y caridad,
en teclas alternas”
Estas palabras, con las que
Darío Villanueva define al humorista, pueden muy bien aplicarse a
don Camilo. Era su personalidad claramente dual. Y la ternura y
sensibilidad que apuntábamos, convivía con un fuerte carácter,
duro y atrabiliario, agresivo incluso, cuando entendía que la
ocasión lo requería. Dualidad que podría desconcertar a quien no
lo conociera lo suficiente, pero que encajaba en su personalidad de
manera perfectamente coherente.
Tenía un carácter fuerte,
que dificultaba la convivencia. Así lo reconocía Charo, su primera
esposa, en unas declaraciones hechas a la revista “Hola”
en enero de 1990: “Madre e hijo se adoraban, pero en ocasiones
discutían violentamente, ya que tenían el mismo carácter”.
“No tenía Cela –comentaba
su amigo César González Ruano- la preocupación de ser simpático a
la fuerza”. “Almuerzo hoy con Camilo –comentaba en su “Diario
íntimo”- este
nuevo Camilo despectivo y ausente, que apenas llegado habla de
marcharse de nuevo”. Tozudo, orgulloso, ya desde niño, como él
mismo reconocía: “Tenía un carácter atrabiliario, fantasioso,
despótico… Me sentía el ombligo del mundo”. Autoconfianza y
orgullo que se traducían en insatisfacción y rebeldía y que
devinieron en la necesidad imperiosa de renovación, de explorar de
manera permanente nuevos caminos. Característica siempre reconocible
en su producción literaria.
Era don Camilo, a nadie se le
escapa, de natural transgresor y pendenciero. Son muchas las
anécdotas que de él se cuentan, en las que se desbordaba su genio y
dejaba traslucir ciertas dosis de violencia. Citaremos algunos
episodios en lo que se manifiesta ese carácter impulsivo, de quien
por otra parte y como ha quedado acreditado, albergaba un corazón
sensible, tierno y generoso. Lástima que esta condición haya sido
por muchos injustamente relegada, y aireado la menos amable, por más
chocante y sorpresiva. Corre la leyenda de que en cierta ocasión,
siendo muy joven, en La Coruña, tiró un piano por el balcón de la
casa de putas de la ‘Mediateta’, en la calle del Papagayo. Se
cuenta que en 1941 le multaron con 60 pesetas por darle una bofetada
a un sereno; que en Marbella, en agosto de 1991, agredió a un
periodista por acusarle de haber vendido la exclusiva de su boda; o
que en la sala de fiestas Casablanca espetó a un actor, en plena
actuación y en voz alta: “Maricón”. A lo que siguió una pelea
a mamporro limpio de la que Cela salió con la boca partida y una
herida en la nalga.
Claro que el propio Camilo no
rehuía comentar episodios parecidos; más bien parecía disfrutar
relatándolos. Así, cuando refería el escándalo que protagonizó
en la sede de la revista “El Español”, tras solicitar que le
devolviesen varias colaboraciones: “Al principio no me las querían
dar y en la redacción se armó un escándalo suave. Con patadas a
las mesas y todo lujo de juveniles violencias e improperios”. O
cuando –lo refería su amigo Enrique Délano tal y como Cela se lo
contó-, se sintió en la necesidad, improvisado Quijote, de actuar
en defensa de la mujer traicionada, aunque al final hubo de salir por
piernas para resultar indemne: “Salí de mi casa y en el barrio, en
cada puerta, había una criada cantando ‘Maricruz’. Desesperado
me dije: A una mujer no se le puede pegar, pero al primer hombre que
oiga cantando ‘Maricruz’, le parto la cara. Llego a la Puerta del
Sol y un tío me mira y se pone a tararear: ‘Ay, Maricruz,
Maricruz, maravilla de mujer’. No pude resistirme y le di un golpe.
¡Menudo lío, chico! Por suerte alcancé a subir a un tranvía y
salir bien”. Y en la misma línea, el testimonio de Pío Baroja, en
entrevista concedida a Juan Uriechevarría: “Cela es algo
perturbado, que en el café Gijón, donde oficia como jefe, se pelea
con todo el mundo”. Entendemos que don Pío no quería referirse a
ninguna forma de violencia física, sino a la rotundidad dialéctica
del escritor.
Esta valoración que García
Marquina hace sobre Cela, nos parece muy acertada para calificar a
“un hombre inquieto que ha recorrido todo el mundo acumulando
experiencias y difundiendo su literatura y, desde Galicia, se ha
establecido sucesivamente en Madrid, Mallorca, Guadalajara y,
finalmente, de nuevo en Madrid”. Esto sin tener en cuenta los
diferentes lugares donde le condujeron los avatares de la guerra
civil o sus incursiones por Hispanoamérica. A “necesidad de huida”
atribuye el crítico el frecuente peregrinaje de don Camilo,
“profundamente curioso y degustador de todo lo que se le ofreciera
y tuviese olor, color y sabor, que estaba en todas partes y era un
hombre lleno de curiosidades y saberes, no solo literarios sino
humanos e incluso marginales”.
Gustaba Cela de encontrarse
con la gente del pueblo, y era más amigo del trato sencillo y
campechano que del encorsetamiento académico o la engolada
grandilocuencia. “Estaba más confortado entre los vividores que
entre los académicos –comenta G. Marquina- y más a gusto cantando
jotas obscenas que ante un cuarteto de cámara”. De ahí la
frescura y espontaneidad que impregnan las páginas de sus cuadernos
de viajes, hasta una docena de obras que rezuman sencillez,
ingenuidad y naturalidad, tanto en la descripción de personas y
lugares como en las reflexiones y diálogos. Cabría decir que don
Camilo se sentía ciudadano del mundo. Pero también que siempre
dejó clara su condición de español. Rechazó de plano los
nacionalismos, que consideraba “aldeanismos sangrientos”. Aunque
siempre resultó evidente que, en su incuestionable españolidad, se
sentía profundamente unido a Galicia, la tierra que lo vio nacer,
que sirvió de escenario a varias de sus obras más representativas:
“Mazurca para dos muertos”, “La cruz de San Andrés”, “Madera
de boj”…; a la que volvía siempre que se presentaba propicia la
ocasión y donde pidió expresamente fueran esparcidas su cenizas
llegada la hora del descanso definitivo: “Hace algún tiempo dejé
escrito que, cuando llegara el momento, mi cadáver fuera incinerado
y las cenizas arrojadas al mar desde la borda de un barco que
navegara, a no menos de cinco millas de la costa, entre el cabo de
Fisterra y el de Touriñán. Encargaba de la maniobra a mi hijo y, si
él no pudiere o no quisiere llevarlo a fin, disponía que se le
diese un millón de duros a un marinero gallego, cincuentón y tuerto
(cuenca vacía), manco (amputado) o cojo (amputado), por este orden,
para que diese cumplimiento a mi voluntad”.
ÁNGEL
HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro,
doctor en Ciencias de la Educación
y
estudioso de Cela
hospitalerías
Durante
la espera en el centro hospitalario
-
Una asignatura que suele faltar en la carrera de los anestesistas es la que se ocupa del estudio y práctica de las nanas. Es una carencia que facilitaría y harían gratos los momentos previos al sueño de quienes se van a operar.
-
Al padre anestesista le asaltará la tentación de ponerle Anastasio al hijo primogénito y Anastasia a la primera hija hembra.
- El cirujano al terminar su trabajo: “¡Que pase la costurera, es su turno!”.

-
Cuando el hematólogo duda si se escribe con hache o sin ella su profesión, malo, hay que jubilarlo por bien de sus pacientes.
- El último baluarte del griego entre nosotros queda en pie sostenido por los médicos: otorrinolaringólogos, estomatólogos, hematólogos, dermatólogos, pediatras, urólogos, oftalmólogos… y por algún pedagogo, médico de almas.
-
Si con la admiración empieza la filosofía -Aristóteles, Met. i,2,982b-, el dentista es un aliado de la metafísica, empeñado en que nos quedemos ante todo con la boca abierta.
-
Con sus batas blancas médicos y enfermeras son ¿los primeros comulgantes o las novias de la medicina, respectivamente?
- En algún rincón de la Escritura leí que hay que darle gracias a Dios porque alguna vez los médicos aciertan.
-
Los médicos abortistas temen que un mal día se les aparezca Hipócrates y les pida cuenta de su juramento.
-
De teólogos*, médicos y banqueros, libera nos Domine!
CUR
*
Si se te pierde la cartera, que no caiga en manos ni de un carterista
ni de un teólogo.
EL
PESCAÍTO GABRIEL
2018
Llora su madre la ausencia
del
pescaíto Gabriel
pescado
por la indecencia
de
una Ana Julia cruel.
Llora
su madre almeriense,
lloran
las olas del mar,
llora
Níjar el nonsense
modo
de herir y matar.
¿Dónde
andará el pescaíto
nada
que te nadarás
como
un ángel pequeñito
sin
volver la cara atrás?
Ángel
que dicen Gabriel,
sus
alas finas al bies
¿dejaron
rastros que ver:
escamas,
agallas, piel?
¡Ay,
ay, ay, que no se sabe
nada
de nada, Señor,
pues
él se llevó la clave
portadora
del amor.
¡Oh
angelín anunciador
de
la vida y de la muerte,
qué
angustiosa fue tu suerte,
mi
pequeño ruiseñor!
Aquella
infeliz huída
de
la estancia de la abuela
¿por
qué te fue consentida,
corre
que corre que vuela?
Y
tú, la bruja raptora,
por
favor, contéstame;
su
madre llora que llora
¿y
tú sin saber por qué?
Demoníaca
Luzbela,
ponte
en su lugar ahora.
Un
niño a los cielos vuela.
El
paraíso de la infancia
Todo lo que aquí veis, hijos y nietos míos,
es vuestro para siempre, con claridad lo digo:
la casa, los manzanos, los perales, el pozo
del que se vierte el agua corriendo como un río,
el aire, el sol, los montes, las laderas, el valle,
lo que encierra la cerca de piedras, hito a hito,
la parra, la cañada, los zarzales, el sótano,
las herramientas todas ( hachas, sierras, martillos…),
la piscina rajada tras inviernos nevados,
los pinos con sus nombres y los chopos altivos,
que yo planté con pala y azadón sobre arcilla
más dura que la piel de un cocodrilo,
y las gomas regantes que parecen serpientes,
la carretilla de acarrear chiquillos,
los columpios arbóreos, las sogas espartinas…
y el caminito, el caminito, el caminito
por el que habéis marchado tantos días
cogidos de la mano con amor y cariño,
cantando mil canciones, persiguiendo a las vacas,
buscando minerales, campanillas y grillos.
Aquí me calenté las noches frías.
Aquí el fuego surgió con sus hechizos
en la ancha chimenea del salón
levantado hasta el segundo piso.
aquí al volver helado de la escuela
escribí con pasión libros y libros:
Blum, Duratón, Riaza, Cega, Eresma,
Cuaderno de Bambú… y Poeniños…
Aquí Manuel, Mateo, Pablo, Héctor y Alba
jugarán a ser hombres de oficio y beneficio.
Cuidarme los juguetes, los cuadros contemplad,
quereros como hermanos, como os quiero yo mismo.
Y luego en el trabajo, que es el destino humano,
gozad como si el tiempo fuera siempre domingo.
No tengo nada más que advertiros. Tampoco
lo pide esta ocasión, este dulce convivio.
Ahora vayamos todos a darnos un paseo,
a cazar mariposas y hacer el indio.

El movimiento que realiza el hombre implicadas a todas las áreas que configuran al ser humano. Para su clasificación, algunos autores no se han limitado a una simple enumeración de dichos movimientos sino que han elaborado modelos destinados a explicar sus motivos. Repasaremos de manera sucinta las aportaciones de los autores más significativos en este ámbito.
La conducta
es el conjunto de actitudes o reacciones del individuo frente al
medio en el que se desenvuelve; y se encuentra determinada por la
estructura biológica y la herencia socio-cultural del hombre. Por
tanto, los movimientos ejecutados con un fin pueden considerarse
conductas motrices
puesto que todas ellas son actos
motores que
contienen unos determinados significados.

Y mientras algunos autores consideran que el hombre no realiza simples movimientos sino acciones, otros afirman que las posibilidades de movimiento en el hombre son infinitas y siempre tienen un propósito, una motivación.
Es probablemente A. Jewett (1974), citado por Sánchez Bañuelos (1986), quien hace una clasificación más concreta y amplia de la conducta motriz del hombre. Este autor establece tres ámbitos de movimiento o conducta motriz: a, desarrollo personal; b, adaptación al medio; c, integración social.
En
cuanto a la
adaptación
al medio ambiente
“el hombre se mueve para adaptarse y controlar el ambiente físico
que le rodea”. Incluye la organización
espacial que se
traduce en la posibilidad de moverse en las tres dimensiones del
espacio, la permanente lucha contra la gravedad y la capacidad de
desplazarse y orientarse. También, la capacidad de manipulación
de objetos de
diversa índole, como pueden ser las diversas herramientas para
trabajos manuales u objetos deportivos como balones, raquetas o
bastones. Concluye esta clasificación con el desenvolvimiento
sobre aparatos como
el conducir automóviles, montar en bicicleta o moto, esquiar,
patinar, etc.

Ruht Abernathy
y Maryann Waltz
(1964), citadas por Anita
Harrow (1980),
presentan una contextualización de la ciencia del movimiento humano
al incorporar los aspectos psicológicos, fisiológicos y sociales a
este ámbito. Estas
autoras sostienen que el movimiento humano tienen un propósito;
quien lo inicia lo hace para lograr un objetivo, comunicar una idea,
expresar un sentimiento o vincularse con el medio que le rodea; y
como el movimiento no ocurre en el vacío, se producen muchas
interacciones entre el individuo y el medio en el que actúa,
modificándolo.
Las áreas implicadas en las
conductas motrices serán, pues, psicológicas
por la motivación; físicas,
por el beneficio fisiológico; y sociales,
por la relación e integración con otras personas. El movimiento,
como manifestación del comportamiento, deberá estar
interrelacionado entre las tres áreas.Y mientras algunos autores consideran que el hombre no realiza simples movimientos sino acciones, otros afirman que las posibilidades de movimiento en el hombre son infinitas y siempre tienen un propósito, una motivación.
Es probablemente A. Jewett (1974), citado por Sánchez Bañuelos (1986), quien hace una clasificación más concreta y amplia de la conducta motriz del hombre. Este autor establece tres ámbitos de movimiento o conducta motriz: a, desarrollo personal; b, adaptación al medio; c, integración social.
En
el desarrollo
personal “el
hombre se mueve para satisfacer su potencial humano de desarrollo”.
Incluye la eficiencia
fisiológica con el
mantenimiento y mejora de las capacidades funcionales, así como el
equilibrio
psicológico para
conseguir una integración personal, como puede ser el placer por el
movimiento, el conocimiento de las posibilidades de movimiento del
propio cuerpo o los retos que se plantea la persona.

El
tercer ámbito lo dedica Jewett
a la integración
social: “el
hombre se mueve para relacionarse con los demás”. Incluye la
comunicación no
verbal con todas
las posibilidades de expresión personal o artística; estas
últimas incluyen el mimo o la danza. Otro aspecto es la interacción
grupal con
movimientos para funcionar en armonía con los demás a través del
trabajo en equipo o de acciones cooperativas con el objetivo de
alcanzar metas. Y por último, la implicación
cultural en la que
el hombre se mueve para tomar parte en actividades de tipo motor como
son los deportes, bailes, marchas u otras actividades que favorecen
la integración social.
En resumen, las conductas
motrices pueden manifestarse como habilidades motrices y como gestos.
Las habilidades
motrices pueden ser
básicas o heredadas, y específicas o aprendidas con adquisición de
técnicas que facilitan el movimiento. Los gestos
pueden considerarse como movimientos corporales que revelan una
actitud o una intención. Tanto si son conscientes o
inconscientes, transmiten unas determinadas ideas o pensamientos.
Francisco Sáez Pastor
Universidad
de Vigo
