CABALLEROS DE CRISTO
"En la casa de mi Padre
hay diversas moradas” (Jn 14,2).
También las hay en el Reino de los Cielos iniciado ya en la Tierra. Sabemos que los estilos que los cristianos y no bautizados empleamos en el servicio de Dios son tan diversos como distintos nosotros.
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Syntossomai soi, Christe! |
En nuestra juventud, mientras
cursábamos magisterio, nos encantaba el estilo que nos hacía
sentirnos caballeros de Cristo y el saber que nos poníamos a
su servicio por la Escuela. Hasta nos veíamos más o menos a
caballo, con armas y vestidos militares, puestos a las órdenes de
Cristo Rey y con la mente llena de ardientes ideales.
Nuestro corazón no ha
envejecido. Está tan ágil y fresco como hace sesenta o setenta
años, porque no ha envejecido el divino Caudillo al que seguimos:
“Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Heb
13,8). Estas palabras siguen grabadas a fuego sobre el pecho
acorazado de nuestra persona. Sobre nuestra frente se sigue leyendo
un letrero que dice: “Cristiano”, supremo timbre de gloria.
Si entonces aquel título
glorioso era magno, lo sigue siendo hoy. Y era grande porque las
cosas magnas toman su grandeza de doblegarse ante algo supremo, ante
una tarea ideal o una hermosa misión en el mundo. Dicho de otra
manera, cuando, en expresión de San León Magno uno “ama lo que ha
sido mandado” por quien creó y gobierna los astros. Y lo mandado
en nuestro caso fue y es camino y misión que termina en la vía
Láctea de la Gloria de Dios Padre.
Seguimos subiendo y alegres,
como en las misas en latín de entonces, ad altare Dei,
caballeros al servicio de quien ilumina nuestra perenne juventud.
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Clemente de Alejandría, padre de la Iglesia |
No parece sino que pensando en
nosotros escribió Clemente de Alejandría, un entusiasta de Cristo:
“Nosotros, los cristianos, poseemos una juventud que nunca
envejece; quienes tienen parte en el nuevo Logos son jóvenes, porque
la verdad es eternamente joven y la sabiduría no envejece nunca”.
El atardecer de la vida en el Cohelet
Cohelet es un espíritu libre, fuerte y sano. Para él todo está vacío, todo es vacío sobre vacío, “vanidad de vanidades”, un soplo de viento, un “hebel”. Formidable metáfora, que no le aleja de las creencias judías de su tiempo. Coincidía en esto con el filósofo cínico Mónimo, de cultura griega, su contemporáneo, que también afirmaba que “todo es humo”.

Al
final del libro, se aplica al arpa de la lírica para entonarnos un
canto
de cisne
al atardecer de la vida. Le fluyen las imágenes. No se entrega a
elogios retóricos. Sigue siendo él, recio realista. Y la vida y sus
peripecias continúan siendo don de Dios, que disfrutar.
Es cierto que en el atardecer de la vida ya no se oye el rumor del molino, que las fuerzas físicas van abandonando al hombre, que el hombre se encamina hacia su morada eterna. Por eso:
“Acuérdate
de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días
aciagos y alcances los años en los que dirás `no le saco gusto´.
Antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las estrellas, y
a la lluvia siga el nublado. Ese día temblarán los guardianes de la
casa y los guerreros se encorvarán, las que muelen serán pocas, las
que miran por las ventanas se ofuscarán, las puertas de la calle se
cerrarán y el ruido del molino se apagará, se extinguirá el canto
de los pájaros, las canciones se irán callando, darán miedo las
alturas y nos rondarán los terrores. Cuando florezca el almendro y
se arrastre la langosta y no dé su gusto la alcaparra porque el
hombre marcha a la morada eterna y el cortejo fúnebre ya recorre las
calles”
(12,1-6).
Por si las imágenes que nos acaba de presentar no nos bastan, añade otras nuevas:

El Cohelet vuelve al cerrar su libro a su leitmotiv: Vanidad de vanidades, todo es humo. Y lo firma: Yo, Cohelet.
“Vanidad
de vanidades -dice el Predicador-, todo es vanidad”. (12,8).
Zereutes
Ancien élève de Évode Beaucamp
y de Francesco Spadafora
Ancien élève de Évode Beaucamp
y de Francesco Spadafora
José Clemente Orozco
(1883-1949) pintó en 1943 el cuadro de título intrigante “Cristo
destruyendo su cruz”, óleo sobre tela con 93 cm de alto y 130 cm
de ancho. El cuadro pertenece a la colección del Museo de Arte
Carrillo Gil, ubicado en el sur de la Ciudad de México.
No entendería que alguno de
nosotros, cristianos bautizados y creyentes, quedara impasible,
indiferente ante el presente cuadro del pintor mejicano Orozco. A mis
ojos, nada más verlo, les afectó también el hacha blandiendo en
las manos enardecidas del Nazareno. Algo recuperado de la impresión
brutal de la escena, me pregunté después: ¿Qué querrá decirnos
Orozco con un Jesús tan destructivo? ¿Qué experiencias habrá
tenido el artista para llegar a plasmar este cuadro tan apocalíptico?
Hay pintores cuyas obras son
solicitadas por otros (mecenas, patrocinadores…), obras que apenas
tienen algo que ver con su biografía personal. Este sería el caso
de Andrei Rublev con el cuadro “La Trinidad”, o el de Miguel
Ángel con el fresco “La creación del hombre”. En cambio, el
lienzo al óleo de Rembrandt “La parábola del hijo perdido”
refleja, más que la parábola del evangelista Lucas, la vuelta
definitiva, al final de la andadura existencial del propio pintor
holandés, al regazo siempre acogedor de Dios Padre. Como vamos a ver
a continuación, otro tanto sucede con el “Cristo destruyendo su
cruz” de José Clemente Orozco.
La vida del pintor mexicano
(Zapotlán 1883 – México 1949) transcurrió en el contexto
nacional de la Revolución mexicana (1910-1921) y en el contexto más
amplio de la 1ª Guerra mundial (1914-1918), de la gran depresión
económica originada en Estados Unidos (1929) y de la 2ª Guerra
mundial (1939-1945).
Fue en 1921 cuando se inició
formalmente el muralismo mexicano que, además de ser un movimiento
artístico, llevaba consigo preocupaciones políticas y sociales de
inspiración marxista. Las tres grandes figuras de dicho movimiento
fueron: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.
Cada uno de ellos, sin embargo, asumió y expresó la historia
violenta y fratricida del pueblo mexicano de manera muy diferente.
Por lo que se refiere a nuestro artista, a él le dolía sobre todo
el sufrimiento que se cebaba siempre en el pueblo sencillo y pobre a
manos de los compatriotas poderosos y de los gobernantes. Sentía
hondamente la contradicción existente entre sus utópicos ideales de
una sociedad justa e igualitaria y la realidad de desigualdades
sangrantes de las clases sociales.
José Clemente Orozco
interpreta la historia de la revolución mexicana desde ese espíritu
suyo de profunda frustración, pero a la hora de pintarla sabe
hacerlo de manera genial, “encarnando” como nadie su mensaje
en las diversas formas materiales de la pintura. Cada obra de Orozco
es una obra compacta, unitaria, perfecta. Según palabras del propio
artista de Zapotlán: “Una pintura es un poema y nada más. Un
poema hecho de relaciones entre formas… Esta palabra “formas”
incluyen color, tono, proporción, línea, etcétera”. Así, la
escena (“La trinchera”) expresa, con todas sus “formas” bien
relacionadas, el sinsentido de las guerras; aquella otra (“Sacrificio
humano”) transpira crueldad; y la otra de más allá (“Katharsis”)
rezuma depravación. Pero el prolífico pintor-poeta no siempre
descubre la identidad de sus criaturas. Algunas de ellas continúan
sumergidas en el misterio: criaturas como “Omnisciencia”, “El
hombre de fuego”, “Mujer sentada”… (Todas estas obras
pueden ser vistas en Google)
Fijémonos ahora en el cuadro
“Cristo destruyendo su cruz”. Todas las “formas” de la
pintura arrancan y vuelven a concentrarse en la furia aniquiladora de
Jesús de Nazaret. El pequeño “gran hombre”, gracias a la toma
en contrapicado, arremete finalmente contra la enorme cruz, después
de haber hecho pedazos los edificios sagrados y civiles que se
aprecian a sus espaldas, y después de haber pegado fuego a librotes
y a legajos que en todo tiempo, revolucionario y no revolucionario,
han favorecido solamente a los mandamases… ¿Quiénes son los
atacados por el Jesús furibundo y airado? Para el pintor mexicano no
puede ser el propio Jesús que, a pesar de ser el artífice
implacable de la destrucción, aparece disculpado por la aureola
“sagrada” que rodea su cabeza. Si comparece en la escena es como
la gran víctima que ha sufrido la humillación de una muerte por
crucifixión. ¿Quiénes son entonces los verdaderos victimarios, los
responsables de semejante muerte que representa la muerte de millones
de personas del reverso de la historia, de los perdedores de la
historia local y de la historia universal? No hace falta mucha
investigación para responder que el “Cristo destruyendo su cruz”
está acusando a los jefes y gobernantes de la nación mexicana y más
en concreto a la jerarquía eclesiástica católica que ha
traicionado, ya sea directamente, ya sea indirectamente apoyando a
los gobiernos políticos o militares de turno, los ideales de una
sociedad más igualitaria y fraterna predicados y vividos por el
Primero de los cristianos de la historia, es decir, por Jesús.
José Clemente Orozco no
repudia, por tanto, del Jesús de Nazaret muerto y crucificado como
tantas otras víctimas de los dominadores tiranos y déspotas de la
historia, sino que el pintor nacido en Zapotlán de quien reniega es
del Jesús clericalizado por las autoridades eclesiásticas
mexicanas.
No es posible trazar una
básica jesusología de nuestro pintor a partir de sus pinturas de
caballete o de murales, puesto que solo pinta a Jesús en dos obras:
en el cuadro de 1943 y en uno de los murales del Dartmonth
College , en Hanover, EEUU, en el año
1933. Estas dos apariciones de Jesús de Nazaret en la obra artística
de Orozco no responden a un interés cristiano suyo, sino a su
concepción utópica de una sociedad más humanizada y solidaria.
Ahora bien, ¿qué papel asigna Orozco a Jesús de Nazaret en su
concepción del hombre en el panorama de la historia?
Presentamos
en primer lugar este mural tan ilustrativo del estilo expresionista
de José Clemente Orozco:
La muerte está presente en el
propio Jesús, en la religión cristiana católica simbolizada por la
cruz derribada, en la imagen mutilada de Buda que nos recuerda a
Oriente, en la columna jónica que nos evoca la cultura de Occidente,
y en las armas silenciadas de la parte superior del mural…
En esta realidad de muerte
hiriente a los ojos, el talentoso pintor mexicano nos muestra a un
Jesús con rostro bizantino que está volviendo de nuevo a esta
vida. La piel muerta va desprendiéndose del cuerpo del Nazareno y
vemos que está saliendo del difunto un Jesús redivivo dispuesto a
cambiar el curso apocalíptico de la historia. En el imaginario
utópico de Orozco Jesús viene a simbolizar, en contra de su radical
pesimismo histórico, el tipo de hombre que ansía una humanidad
liberada de toda opresión y que viva y conviva en paz, en justicia y
en libertad…
Eduardo Malvido
Maestro, catequista y teólogo
EFEMÉRIDES
OTRO TRICENTENARIO LASALIANO:
300
AÑOS DE LA MUERTE DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
Al
redactar la Historia de Griñón, en su reciente centenario, me
encontré con una fecha señaladísima en la trayectoria lasaliana:
el tricentenario del nacimiento de San Juan Bautista de la Salle,
Reims, 1651. Pude repasar, en el reposo y la paz que brinda el
archivo, lo que supuso aquella efeméride, dadas las características
de aquel tiempo; entre ellas, la expansión del nacionalcatolicismo
en España y el esplendor de la Congregación de La Salle en España
y en el mundo. Fue aquella una celebración entusiasta y casi
gloriosa, toda ella dedicada a exaltar la figura y la obra de aquel
cuyo nacimiento celebrábamos sus hijos tres siglos después. Este
año celebramos el tricentenario de su muerte (Rouen, 1719) y,
ciertamente, las circunstancias son muy diferentes a las de 1951. Y
también es diferente la evocación y la celebración del evento. No
obstante el mundo lasaliano se vuelca en este curso escolar en hacer
viva la presencia de San Juan de La Salle, en revivir su itinerario y
su carisma y en seguir redescubriendo su herencia. Y es de eso
justamente de lo que deseo escribir en esta ocasión: la herencia
de San Juan Bautista de La Salle, su legado,
lo que “al irse
nos deja”. Lo que
permanece vivo
después de su muerte.
Su vida admirable
Cuando murió el fundador de
la Institución Libre de Enseñanza, alguien escribió, entre
admirado y agradecido, un artículo con el título “Lo que nos
deja”. Esto mismo es aplicable a todo gran hombre, a quien ha
vivido una vida plena y ha dejado una obra decisiva. Pues bien, no
hay duda de que quien lee la vida del Señor de La Salle descubre ese
señorío propio de las personas grandes: una admirable grandeza de
espíritu, una mirada que iba más allá de lo inmediato, una
constancia a toda prueba y un itinerario complejo pero al mismo
tiempo “sencillo”, con la sencillez de quien vive una grande e
intensa fe en Dios. Pero también quien lee sus obras, se dará
cuenta de lo enraizado que estaba en la realidad de su tiempo, de un
compromiso que superó cuantos obstáculos encontró en su camino, de
una palabra a la vez humana y trascendente, práctica y espiritual,
sobre todo en su campo propio y más querido: la educación
cristiana.
Su itinerario
Quizás lo que más
impresiona –a mí, al menos, sí- es el recorrido de su itinerario
humano y espiritual, trazado desde una fidelidad a Dios a
través de los claroscuros de su existencia. Una fidelidad a Dios
encontrada no desde una experiencia subjetiva, sino desde lo que él
intuía como “voluntad de Dios” y lo que le decían tanto
la realidad de los hechos como la palabra de aquellos a quienes,
desde una inmensa confianza, consultaba.
Nos ha dejado un itinerario
cuyas etapas no fueron ni uniformes ni sencillas. El Señor de La
Salle encontró una gran y entusiasta acogida de sus obras,
ciertamente, pero también luego una oposición obstinada a lo que
era visto como trabajo impropio de la “carrera” de un
eclesiástico –canónigo de una catedral de prestigio-, como una
usurpación del trabajo de otros, como la creación de un estilo de
vida difícil de aceptar y comprender, y como un ejercicio de
obstinación personal incluso frente a los altos cargos
eclesiásticos. No fue fácil su vida porque a la obra que él
creía firmemente inspirada por Dios se oponían incluso algunos
miembros de la Iglesia, representantes de ese mismo Dios. Y hasta los
suyos llegaban a ponerlo en duda... Por eso su itinerario
personal, rumiado en el fondo de su conciencia, pasó por “sendas
oscuras”, y atravesó caminos cuyo trazado creía ahora equivocado.
Y dejó de creer en su valía, se retiró por considerar que era un
estorbo... y huyó de la realidad para la que, según él, antes Dios
le había llamado.
Su obra
Su obra
Es la herencia más conocida,
más concreta, más visible: las Escuelas Cristianas y el
Instituto de los Hermanos, que regían y animaban dichas
escuelas. Conocemos de sobra el carácter social de las Escuelas
Cristianas, su dimensión teologal, su misión única e integradora
de la fe y la cultura, su carácter realista y práctico -como su
fundador-, su preocupación por el seguimiento individualizado... y
las abundancias de una pedagogía nueva que unas veces creó o que
intuyó, que asumió de otros y que perfeccionó y llevó a la
práctica con éxito.
Y volviendo al Instituto –esa Sociedad a la que animó e iluminó durante toda su vida-, esta su herencia histórica fue una novedad en la Iglesia (religiosos laicales) y el germen de nuevas familias religiosas que seguirían el paradigma lasaliano. Y no fue fácil para los eclesiásticos de su tiempo, sobre todo, aceptar que aquellos maestros, sin recibir ninguna orden sagrada y sin ser sacerdotes fueran considerados como religiosos y realizando una obra ministerial dentro de la Iglesia.
Su carisma
Y volviendo al Instituto –esa Sociedad a la que animó e iluminó durante toda su vida-, esta su herencia histórica fue una novedad en la Iglesia (religiosos laicales) y el germen de nuevas familias religiosas que seguirían el paradigma lasaliano. Y no fue fácil para los eclesiásticos de su tiempo, sobre todo, aceptar que aquellos maestros, sin recibir ninguna orden sagrada y sin ser sacerdotes fueran considerados como religiosos y realizando una obra ministerial dentro de la Iglesia.
Su carisma
Nos dejó la reliquia de su
carisma, que no descubrió de golpe, a través de un fogonazo de luz,
sino que fue vislumbrando poco a poco, paso a paso, “de un
acontecimiento a otro”, como conducido por alguien que le guiaba y
le llevó al final a un compromiso total. Al hablar de carisma es
difícil separarlo de otros elementos sustanciales en el legado de la
Salle, como la espiritualidad, la misión.
Dentro del carisma lasaliano
hemos de mencionar el meollo, lo mollar: la misión; el ministerio de
la educación cristiana, tan esencial para él y sus
Maestros-Hermanos, tan necesaria en la Iglesia. Esta “obra de Dios”
–el Espíritu como el verdadero Fundador de las escuelas- se
presentó en la Iglesia del siglo XVII con aires de novedad, de
cierta ruptura (religiosos no sacerdotes), con un aroma evangélico
que le llevó a “evangelizar a los pobres”. Y es que “el
carisma es una fuerza, es una manera de mirar la vida, es una
sensibilidad especial ante determinadas necesidades, que en nuestro
caso son las necesidades educativas de los pobres, de los niños y
jóvenes; es un sentimiento de responsabilidad que se despierta en
nosotros para dar solución a esas necesidades, y es la creatividad
que se genera para que las respuestas sean las mejores posibles, y es
la capacidad de discernir entre las posibles opciones que se nos
presentan y los criterios con los que hemos de actuar y dar
respuesta” (A. Botana, fsc).
Educado en una gran Escuela
de Espiritualidad y heredero de la misma, Juan Bautista legó a sus
Hermanos una rica espiritualidad, de contornos definidos y concretos
al par que hondamente teologal. Una espiritualidad arraigada en la fe
en Dios (espíritu de fe), encarnada en la realidad humana
(espíritu de celo), descubridora de la trascendencia en y de
la realidad (presencia de Dios)... aunque también fuera
permeable a otros elementos menos trascendentes y más históricos,
como la huida del mundo, la visión negativa del cuerpo, entre otros
rasgos. Pero esto último puede desprenderse del tronco de su
doctrina espiritual sin que merme para nada su verdad y su valor. Son
árboles, dentro del gran bosque tricentenario de los escritos
espirituales de La Salle, que han perdido su vigor; son ramas sin
vida que han caído al suelo de la historia y son hojas que no
provocan ningún recelo al ser pisadas...
Dentro de la espiritualidad es obligado mencionar una de las fuentes principales de la misma: la Palabra de Dios, la Sagrada Escritura. Palabra no solo vivida en su realidad material, -hay que llevarla siempre consigo- , sino grabada en el corazón y luego amorosamente escapada de los labios (máximas evangélicas), siempre a punto para iluminar tanto las acciones concretas diarias como el fondo de la existencia.
Sus escritos
Podíamos destacar tres
dimensiones de sus escritos: la dimensión de la pedagogía de la fe
(Deberes del Cristiano, Catecismos...), la Teología de la
Vida religiosa -entonces no llamada así, por supuesto- (Reglas,
Colección, Meditaciones para domingos y fiestas) y los escritos
pedagógicos, con la Guía de las Escuelas como obra cumbre.
A caballo entre los tres... las “Meditaciones para el tiempo de
Retiro”, que iluminan la identidad del educador y el ministerio
de la educación cristiana dentro de la Iglesia.
Salvando lo que es deudor de una cultura situada en un tiempo y en una historia, superando un lenguaje hoy alejado de nuestra sensibilidad y desacostumbrado a nuestros oídos, los escritos de La Salle siguen vivos después de trescientos años porque los teológicos están entreverados de Biblia, los pedagógicos conservan su verdad profunda por debajo de lo anecdótico y los morales o ascéticos tienen la posibilidad de remitir a algo que supera la circunstancia de las palabras culturalmente situadas.
Y en eso estamos nosotros. A
pesar de los vaivenes del Instituto, de la disminución de muchos
de sus miembros, de la pérdida para no pocos del sentido de una
función asumida en gran parte por la sociedad o el Estado... lo
que nos deja –aquello que nos dejó- sigue teniendo virtualidad
y energía propias para renovarse, sigue impulsando con su espíritu
la creación de brotes nuevos y continúa impulsando la vida... Por
eso nos sentimos cautivados por la paradoja anunciada muchos siglos
antes por el Maestro primero: si celebramos la muerte es porque de
ella surge la vida. La vida de San Juan de La Salle no sólo
transcurrió desde 1651 a 1719. No. Continúa, se acrecienta, se
renueva. Testigos de ello somos nosotros.
Diccionario de expresiones en Miguel Delibes URDIALES YUSTE, Jorge
Puede que sea fruto de la nostalgia a la que invita el paso de los años, pero no te conozco. Para bien y para mal, mi querido Madrid, has crecido, te has hecho mayor. Y has perdido inocencia.
Te recuerdo en mis años de infancia y adolescencia, y no puedo por menos de añorarte. No eras entonces tan apuesta y elegante; no te alzabas arrogante hacia el cielo ni pisaban tu suelo gentes tan diversas. Pero estabas tranquila, limpia, sosegada. Tus arbolados bulevares invitaban al paseo, y los vecinos organizaban sus tertulias vespertinas junto al zaguán de sus viviendas.
Hoy te siento herida, agobiada por las prisas, las urgencias, el ajetreo del viandante que, más que caminar, avanza al trote y sortea con aprendida habilidad transeúntes y vehículos. Marchan sin saludarse, dirigidos en tus aceras, calzadas y bordillos por líneas de color y golpes de semáforo.
¿Cómo puedes resistir tanta agresión? Tus pulmones deben de estar negros, infectados de humos y cenizas; tu corazón, en sobresalto permanente por el rugir de los motores, la estridencia de los cláxones y el grito agudo de impacientes sirenas. Vas siendo menos solaz y más prisión, pues tu cielo es menor y tus muros más altos.
Dentro de la espiritualidad es obligado mencionar una de las fuentes principales de la misma: la Palabra de Dios, la Sagrada Escritura. Palabra no solo vivida en su realidad material, -hay que llevarla siempre consigo- , sino grabada en el corazón y luego amorosamente escapada de los labios (máximas evangélicas), siempre a punto para iluminar tanto las acciones concretas diarias como el fondo de la existencia.
Sus escritos

Salvando lo que es deudor de una cultura situada en un tiempo y en una historia, superando un lenguaje hoy alejado de nuestra sensibilidad y desacostumbrado a nuestros oídos, los escritos de La Salle siguen vivos después de trescientos años porque los teológicos están entreverados de Biblia, los pedagógicos conservan su verdad profunda por debajo de lo anecdótico y los morales o ascéticos tienen la posibilidad de remitir a algo que supera la circunstancia de las palabras culturalmente situadas.
Su impronta
Ha sido grande la huella
dejada entre los suyos, la impronta grabada en el alma y en el
espíritu de tantos seguidores. Decimos que “Hoy, La Salle somos
nosotros”, que su presencia vive y que su obra prendió en los
corazones de los hombres y en el espíritu de las instituciones. En
estos trescientos años ha cambiado profundamente su obra: los hijos
de su Instituto, la sociedad a la que dicha obra servía, la
educación llamada cristiana, el espíritu y la práctica de una
pedagogía nueva, casi desconocida para un pedagogo del siglo XVII.
Pero todo gran hombre –profeta, maestro, pionero...- ha sabido
encender en el momento oportuno una llama que él mantuvo siempre
encendida y que sus continuadores han querido conservar y acrecentar
a través del tiempo. Una llama –un fuego- que es capaz de prender
en los corazones, de quemar la hojarasca de lo anecdótico o
“histórico”, de renovar y de prolongar la obra primera, lo
nacido de la intuición, de la inspiración, de la creatividad.

TEÓDULO
GARCÍA REGIDOR
Profesor
del Centro Universitario La Salle
Diccionario de expresiones en Miguel Delibes URDIALES YUSTE, Jorge
Ed.
Cinca, Madrid, 2019
Una
década más tarde
Cien, doscientas, trescientas,
quinientas, ochocientas, ¡mil! Más de 1.100 expresiones encontré
en los libros de Miguel Delibes. Publiqué un diccionario con todas
ellas y en pocos meses se agotó. Después no hubo nadie que se
arriesgara a publicarlo de nuevo. Pasaron los años. Una década más
tarde vuelve a ver la luz este diccionario mejorado y ampliado, con
un título más corto: Diccionario de expresiones en Miguel
Delibes.
Publicado por Ediciones Cinca
y patrocinado por la Fundación Felipe Segovia (Institución
Educativa SEK), se puede adquirir en www.edicionescinca.com
y lo envían a casa por 10 euros.
En la cubierta del libro se
puede leer lo siguiente:
Expresiones, refranes,
dichos, sentencias… Son más de mil los que aparecen en la
narrativa del escritor Miguel Delibes y que he recogido en este
diccionario. Ofrezco unas y otros con su definición y también con
la cita del libro y de la página en la que los escribió. Y
habitualmente, también, aporto el contexto que los acompaña.
Con este diccionario quiero
salvar del olvido toda esta riqueza del español, estas más de mil
expresiones que dan vigor a nuestro idioma. Unas más que otras están
en trance de desaparecer por falta de uso.
Con este diccionario quiero
abrir un buen camino para el conocimiento del lenguaje rural
castellano, el que empleó Delibes.
No solo de palabras vive el
hombre. También de expresiones como las que ofrece este diccionario.
Expresiones que muchas veces empleamos sin saber realmente su
significado.
Si nosotros somos lo que
decimos y hablamos, las expresiones son parte esencial de esa manera
de expresarnos. Aquí recojo estas más de mil expresiones que empleó
Miguel Delibes en su narrativa.
Es el quinto libro (¿y el
último?) que publico. Delibes, en este diccionario y en el resto de
mis libros, no deja de ser un buen camino para difundir la riqueza de
nuestro idioma universal, el español.
JORGE
URDIALES YUSTE
Doctor
en periodismo. Profesor
Especialista
en Miguel Delibes
MADRID,
VIEJO MADRID
Puede que sea fruto de la nostalgia a la que invita el paso de los años, pero no te conozco. Para bien y para mal, mi querido Madrid, has crecido, te has hecho mayor. Y has perdido inocencia.
Te recuerdo en mis años de infancia y adolescencia, y no puedo por menos de añorarte. No eras entonces tan apuesta y elegante; no te alzabas arrogante hacia el cielo ni pisaban tu suelo gentes tan diversas. Pero estabas tranquila, limpia, sosegada. Tus arbolados bulevares invitaban al paseo, y los vecinos organizaban sus tertulias vespertinas junto al zaguán de sus viviendas.
Hoy te siento herida, agobiada por las prisas, las urgencias, el ajetreo del viandante que, más que caminar, avanza al trote y sortea con aprendida habilidad transeúntes y vehículos. Marchan sin saludarse, dirigidos en tus aceras, calzadas y bordillos por líneas de color y golpes de semáforo.
¿Cómo puedes resistir tanta agresión? Tus pulmones deben de estar negros, infectados de humos y cenizas; tu corazón, en sobresalto permanente por el rugir de los motores, la estridencia de los cláxones y el grito agudo de impacientes sirenas. Vas siendo menos solaz y más prisión, pues tu cielo es menor y tus muros más altos.
¿Qué
ha sido de los niños jugando en el sosiego de tus calles, saltando y
correteando sin peligro? ¿qué fue de las verbenas en tus barrios?
¡Cuántas cosas perdiste, que alegraban tu rostro y el rostro de tus
gentes! Ahora eres ‘gran ciudad’, y ese es el precio.
Y como capital, nuevos suplicios: ‘manifestódromo’ oficial. Miles de ciudadanos, propios y foráneos, agreden cada día tu paz y tu silencio y esgrimen sus derechos sin pensar en los tuyos. Entiendo que es bueno hacerse oír, y necesario. Pero no estamos en el siglo XIX. ¿Por qué no evolucionar también en esto? Las redes sociales y los ‘media’ permiten expresar el descontento, urgir transformaciones, apelar a todas las instancias, movilizar el voto, donde en definitiva se sustancian deseos y exigencias. Los clamores de calle se quedan en eso. La alerta en las conciencias, la apelación al cambio tiene hoy otros cauces más efectivos. Y, en definitiva, alterando la vida ciudadana sólo conseguimos perjudicarnos, hacer daño al ‘currito’ de a pie, que ni es el responsable de injusticias administrativas o desmanes políticos, ni tiene por qué sufrir sobre sus carnes el comprensible enfado, la natural indignación.
Madrid, viejo Madrid, en ti viví y seguiré contigo. Lamento no poderte felicitar ni tampoco felicitarme. Pero te debo mucho, y te ofrezco estas sextinas de pie quebrado, al modo de las de Manrique; en este caso no pretenden ser elegía, sino sentido homenaje.
Madrid, viejo Madrid, en ti viví y seguiré contigo. Lamento no poderte felicitar ni tampoco felicitarme. Pero te debo mucho, y te ofrezco estas sextinas de pie quebrado, al modo de las de Manrique; en este caso no pretenden ser elegía, sino sentido homenaje.
Madrid,
te siento sufrir
Quienes
quisiste albergar,
¿qué
hemos hecho?
disfrutar
y acrecentar
el
provecho.
Menospreciamos
tu gesto
cosmopolita
y sincero;
la
acogida,
el
abrazo manifiesto
que
le brindas al viajero
en
su venida.
De
gris asfalto cubrimos
tu
semblante, y horadamos
tus
entrañas.
Tu
sonrisa destruimos,
cual
animales salvajes
o
alimañas.
Hoy
tu cielo es más pequeño,
tras
los altos rascacielos
que
elevamos.
Ya
no está allí nuestro sueño,
que
tan sólo por los suelos
lo
buscamos.
Bulevares
arbolados,
que
invitaban al paseo,
son
historia;
recuerdos
nunca olvidados,
que
añora, junto al deseo,
la
memoria.
Tu
silencio se ha quebrado,
y
tu cielo luminoso
es
hoy menor,
pues
los humos lo han velado,
aunque
sigue siendo hermoso
su
color.
Recuerdo
cuando, chiquillos,
en
tus calles retozamos,
animados.
Tus
aceras, sus bordillos,
tus
calzadas sorteamos,
confiados.
Ya
los niños no te llenan
con
sus canciones serenas
y
sus risas.
Son
motores los que suenan,
los
cláxones, las sirenas
y
sus prisas.
Ya
no pasean amantes
que
a tu sombra se prometen
y
enamoran;
sólo
personas distantes
que
silentes se acometen
o
se ignoran.
En
ocasiones, te enerva
una
ingente multitud
exaltada;
enardecida
caterva,
que
destruye tu quietud
sin
dar nada.
Pagas,
por ser capital,
no
merece.
Que
pueblo más radical
tanta
generosidad
nunca
ofrece.
No
importa si desesperas,
pues
conocen tu quietud,
y
tu aguante;
gritan,
agitan banderas,
y
desprecian tu actitud
Es
de esperar que algún día
otro
cauce a la protesta
le
sea dada,
pueda
volver tu alegría,
y
ver tu cara de fiesta
renovada.
Has
crecido, y bien mereces
ser
honrada y bendecida.
Villa
y corte,
al
mundo entero te ofreces,
sea
del este, el oeste,
sur
o norte.
Viejo
Madrid, hoy recibe
estas
sencillas sextinas;
las
ofrece.
un
madrileño, que escribe
honras,
a quien más divinas
las
merece.
ÁNGEL
HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación
Maestro. Doctor en Ciencias de la Educación
Emérito UCJC
VUELTA AL NERVIO DE LA HISTORIA
España es la piel de toro de su Península más las islas Canarias, Ceuta y Melilla. España es Geografía, un espacio geográfico con un suelo, con un aire y un cielo.
Pero
España es también un
tiempo
que ha ido cumpliendo su Historia.
España
es espacio y tiempo.
Y,
a decir verdad, más que un espacio simultáneo y permanente es una
especie de todo sucesivo formado por la suma de siglos vividos y
puestos en marcha por generaciones de españoles a los que alentó un
mismo espíritu.
Con
razón en 1933, en el teatro de la Comedia de Madrid, se tildó a
Juan Jacobo Rousseau de hombre nefasto ya que en su “Contrato
social” venía a firmar que las patrias son meros productos
de un pacto,
decisiones de la voluntad de sus integrantes.

No
puede renunciar España a su Tradición y a su Historia sin dejar de
ser España, como no puede el cuerpo humano del individuo romper con
su vida anterior creadora y desarrolladora de sus órganos, músculos
y nervios. La vida de siglos de España está incorporada y unida a
la vida de la España presente y futura. Su rompimiento sería el
suicidio.
RAMIRO DUQUE DE AZA
- Comenzó el trajín de la mañana: lo despierta e inicia el aroma del café del desayuno.
- Piénsate lento, me digo. Compruébate vivo en el espejo del nuevo día. Alarga que crujan tus brazos entumecidos, desperézate. Dite, a poquitos, que eres precisamente tú el que amanece de nuevo.
Vete al ordenador y teclea tu nombre. Lo escribiste. No escribas más de esas seis letras, deja el ordenador y desayuna. Tostas de pan y leche “semi” con café, lo que sueles.
- No hiciste aun la señal de la cruz. Trázala ancha, sobre tu cuerpo seguro servidor del espíritu que ya prende y empieza a llamear. Sea en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu… y de su Gloriosa… la nueva jornada.
- ¡Dios nos dé buenos días a sus ángeles y a nosotros! Y a ti, mi Aurora (aquí cada lector que ponga en este punto el nombre que deba) y a vosotros, los Urdiales y los Recio (en este lugar, el amigo de turno que mencione el apellido o los apellidos que le tocó en suerte y fortuna) y a vosotros mis amigos, los míos y los tuyos míos, mis ¡buenos días!
Abro la ventana y veo que una gran formación de pájaros emigrantes cruza mi cielo malagueño y se me pierde en uve en el horizonte. Sin duda, para orientarse, buscan el sol a punto ya de incorporarse de su noche. Solemne, una gaviota araña con su pico de aguja el azul del cielo, saluda y deja en estela trazados sus ¡buenos días!, mientras alaba con su vuelo silencioso al Dios que la hizo grave, ligera y patinadora.… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … - Y de repente, al pie de la calle, irrumpe ruidoso un tronco de caballos briosos que vienen de lejos, de los campos de batalla de los cantares de gesta, del Medievo, de vuelta de la primera Cruzada, de la Conquista de América, del Griñón de mi Campeador y Cid Orizana, de mi Cádiz de sal y de mi Almería de oro, de mi Roma del Iesus, del Magisterio glorioso del Escolasticado, del vibrante Colegio Mayor, de los 150 volúmenes míos que guarda la Biblioteca Nacional, del formidable SEK y de su internacional BI, de mis inefables talitas de la Cela… Un polvo de estilo levantan con su pujanza de siglos estos caballos de acero…
- Sigue tú, lector, copia y remplaza…: tu día es tan hermoso o mejor que el mío. Aplícate a lo que te debes.
CASA
DE CAMPO 2019
¡Oh río paseante
¡Oh
mañana mansa!
Los
árboles alzando
al
cielo alto las ramas
y
mis ojos mirando
En este valle umbroso
levanté
mi casa,
la
doté de balcones
y
de terrazas.
El aire se detiene
El aire se detiene
en
torno de la valla
y
mi alma inconsútil
se
sube a las montañas
trepando
como un gamo
de
cresta coronada.
¡Oh
torrentes vibrantes!
¡Oh
cumbres solitarias!
¿En
qué estarán las piedras
pensando
ensimismadas?
Jamás me iré de aquí
por
donde corre el agua,
orea
el jaramago,
vuela
la alondra y canta.
Jamás
saldré al tumulto
de
la ciudad blindada.
Jamás
aspiraré
ni
al oro ni a la fama.
Estoy
lleno de libros
y
estoy lleno de gracia.
Ya
lo he ganado todo
El
viajero que fui
lee,
evoca, descansa…
con
las puertas abiertas.
¡Mi
casa, ah, mi casa!
NB. Para ver más de cerca al poeta Apuleyo, léasele en adenda "El poeta 2019" de este mismo blog AFDA 78.
ESTRUCTURA DE LOS EJERCICIOS FÍSICOS
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Ejercicios analíticos |
Denominamos “estructura” a
las características biomecánicas del ejercicio desde el punto de
vista de la división segmentaria del cuerpo. Nos referimos a la
participación del número de articulaciones en el movimiento.
Si tenemos en cuenta dicha
división segmentaria del cuerpo humano y su participación en el
movimiento, consideraremos que puede desplazarse cada una de sus
partes aisladamente o ponerse en movimiento en su totalidad. Se
establecerán, por tanto, tres tipos de estructuras según sea su
participación articular: analíticas, sintéticas y globales.
Los ejercicios de estructura
analítica suelen quedar reducidos a una o dos
articulaciones de un segmento o región corporal; el movimiento es
consciente y controlado. Suele realizarse en un plano; o a lo sumo,
en dos. Son aquellos ejercicios en los que el cuerpo se moviliza
segmento por segmento, aislando la acción de cada uno de sus
miembros. Se fundamenta exclusivamente en un concepto mecanicista,
encaminado a localizar los efectos de manera precisa y a alcanzar
rápidamente los objetivos.
Como características
principales se encuentran:
a) Que el cuerpo
se ejercita parte por parte, actuando sólo un determinado núcleo de
movimiento;
b) se ajustan a
un recorrido determinado, por lo que su trayectoria es definida con
anterioridad, con un origen y un final, que suele ser el mismo;
c) tienen
predomino por las posiciones, con una localización muy pronunciada,
pobreza de contenido rítmico y baja expresividad.
Pero tienen como ventajas
la facilidad de localizar el esfuerzo, lo cual permite alcanzar
rápidamente los objetivos. Éstos suelen ser de tipo postural, de
rehabilitación, de fortalecimiento y de flexibilidad.
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Ejercicios sintéticos |
Los ejercicios de estructura sintética son más amplios, y el grado de implicación articular es sobre dos o más articulaciones y de dos o más planos o regiones corporales. El movimiento es consciente y controlado pero de una ejecución de mayor complejidad.
El movimiento analítico, en su proceso evolutivo, adquiere en principio, un carácter analítico-sintético para ser posteriormente sólo sintético.
Los ejercicios sintéticos ponen en acción varias articulaciones; incluso, pueden poner en acción todo el cuerpo sin perjuicio de poder localizar las acciones. Requieren un proceso más costoso que los analíticos, de progresiva elaboración, y sólo al final de ella se consigue alcanzar con plenitud el objetivo.
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Ejercicios sintéticos |
Como principales
características permiten mayor participación del cuerpo y
poseen mayor continuidad, ganando en estética, fluidez, ritmo y
expresividad. Admiten mayor variedad y matices del movimiento.
También requieren un largo proceso de elaboración para obtener los
efectos pretendidos.
Los ejercicios de estructura
global no tienen en cuenta el número de articulaciones ni
los planos en los que se produce la acción. El ejercicio
puede ampliarse a la movilidad de la mayoría de las articulaciones,
a la totalidad de las mismas o a una sola. Según Alberto
Langlade, son la “expresión de la motilidad de todo el
cuerpo”.
La estructura global del
movimiento permite una mayor participación del área de la mente y
del mundo exterior junto a la del cuerpo. Se tiene más en cuenta el
fin del movimiento que el proceso.
Tienen como características
el disponer de absoluta libertad de movimiento, sin necesidad de
sujetarse a ningún plano ni dirección determinada. Les acompaña
una fluidez y ritmo naturales, y les hace ganar en expresividad y
creatividad al desprenderse de las técnicas empleadas. Se tiene en
cuenta, sobre todo, la consecución de los objetivos de movimiento
propuestos.
Las denominaciones de
analítico, sintético y global no son absolutas, indican el grado de
análisis, síntesis o globalidad en la ejecución del ejercicio.
Debe tenerse en cuenta que ningún ejercicio es analítico puro, ya
que es imposible aislar totalmente la acción de un segmento. Por
otro lado, cuando un ejercicio sintético alcanza su mayor cuota
expresiva, cuando su síntesis es perfecta, se acercará o
transformará en global.
La aplicación de los
ejercicios de una u otra estructura, estará siempre fundamentada en
los objetivos que se deseen cubrir, la rapidez con la que se quieren
alcanzar, y la edad de las personas a quienes van a ser aplicados.
La tendencia del trabajo con
niños será la de hacerlo predominantemente con ejercicios de
estructura global. Para los niños en sus primeras etapas evolutivas
todo tipo de movimiento es global, al no tener conciencia aún de
movimientos analíticos. Es un error, por tanto, utilizar estructuras
analíticas en sus sesiones de educación física, algo bastante
habitual en la docencia actual.
Francisco Sáez Pastor