Febrero,
2019
ÍNDICE
PRINCIPAL
Pregón:
No
nos propusimos la felicidad
Ancianos
bíblicos:
El anciano Jacob (III). Zereutes
Joyas
teológicas de arte (V):
El Cristo crucificado de Velázquez. Eduardo
Malvido
Efemérides:
Los cincuenta años de CALPA. Teódulo
G.R.
Nuestro castillo interior: Que Dios nos pille confesados. Á. Hernández
Alta
política con estilo:
Quijotes y Sanchos, pero Amadís de Gaula. R.
Duque de Aza
Soneto
desde el sentimiento:
Poesía:libertad, luz, emoción. Á.H.
Rincón
de Apuleyo:
La persecución al castellano. La tortuga perezosa
Afderías:
Los animales rezan. CUR
Educación
física:
Tipos de movimientos. F.
Sáez

NOSOTROS
NO NOS PROPONEMOS
LA
FELICIDAD COMO META
Si entendiéramos la felicidad
como la incorporación de la propia persona a la armonía del
Universo y con su Creador, estaría bien que nos la propusiéramos
como última meta de nuestra existencia.
Pero no siempre se entiende
así. Y lo que da pena es escuchar a gente en plena juventud, todo
brío por edad, o a gente en plena madurez, es decir, en normal
posesión de cierta sensatez cultivada, que responde a la pregunta
sobre su último propósito: “Yo lo que busco y pretendo en mi
vida es ser yo feliz, con eso me basta”.
![]() |
Ramón Menéndez Pidal. Retrato de Joaquín Sorolla |
- ¿Es usted feliz, don
Ramón?
- ¡Hombre...! Feliz,
feliz… Si fuera feliz me aburriría. Solo los aburridos aspiran a
la felicidad completa. No hace falta ser feliz.
La respuesta del discípulo
del incansable polígrafo don Marcelino Menéndez Pelayo llevaba una
buena carga de desenfado. Don Ramón Menéndez Pidal fue siempre
independiente en sus opiniones y juicios. ¿Cómo le preguntaban a un
tenaz e inteligente investigador a quien fascinaba la historia de
España, su lengua materna, el humanismo... esas bobadas?
En esta ocasión contestó con
toda razón a los periodistas, pues la felicidad como meta individual
es propia solamente de aburridos, de lánguidos o de románticos, los
cuales, naturalmente, no llegan a ella. La felicidad es un regalo de
los cielos a quienes la desdeñan y marchan por la vida con una alta
estrella que les guía la existencia desde su cielo, empeñados en
altas tareas que a veces les sobrepasan y de continuo les absorben.
EL
ANCIANO JACOB (III)
Un adelanto bíblico del encuentro definitivo
Jacob marcha a Egipto. Pero Egipto no espera a que llegue, Egipto sale y marcha al encuentro de Jacob. “Cuando estaban llegando a Gosén, José mandó preparar una carroza y se dirigió a recibir a su padre. Al verlo, se le echó al cuello y lloró abrazado a él. Israel dijo a José: Ahora puedo morir, después de haberte visto en persona, vivo”.
Ausentes de Cristo, toda una larga vida mortal, ¿qué será abrazar a Cristo, nuestro hermano, Hijo de Dios y del Hombre al que servimos, Él vivo, resucitado, glorioso? ¡Abrazo eterno! Vamos hacia él, pero Él viene a nuestro encuentro, ya está cerca. Oímos el rodar de las carrozas que nos lo traen. Nos paraliza el silencio mientras nos vuelve a la mente el versillo de los trenos de Jeremías: Bueno es esperar en silencio el abrazo de Dios, bonum est praestolari cum silentio salutare Dei”.
En esta dimensión profunda de
saber si el cuerpo muerto del Nazarenodel Cristo crucificado de
Velázquez anuncia o no nuestra inmortalidad se sitúa Miguel
de Unamuno en su largo poema El Cristo de Velázquez.
Recordemos que don Miguel decía que lo que distingue a Dios de los
seres humanos es la inmortalidad. Según el rector de Salamanca, en
el concilio de Nicea (325) los Padres conciliares hicieron Dios a
Cristo para que los humanos nos aseguráramos la inmortalidad. En El
Cristo de Velázquez, con muchas y bellísimas metáforas,
Unamuno dice una y otra vez que Dios es el Sol de la Vida y que el
Cuerpo blanco del Cristo muerto es el espejo del Sol, pero nunca el
mismo Dios. Compara el Cuerpo blanco del Cristo “que dio toda su
sangre” con la blanca luna que como un espejo refleja la luz del
sol, pero la luna tampoco es el sol. Aunque Unamuno adopta una
postura negativa sobre la posibilidad de que Cristo certifique
nuestra supervivencia sobre la muerte, don Miguel de Unamuno ha
tenido el mérito de entrever en el Cristo crucificado de
Velázquez una significación religiosa que va más allá de un
planteamiento limitado a la redención de nuestros pecados.
En el pasado, los Hermanos de
las Escuelas Cristianas no nos hemos caracterizado ni distinguido, al
menos en España, por el ejercicio de la creación científica ni por
una investigación de altura, especialmente en educación. Lo
nuestro, en el pasado, ha sido la escuela –el ejercicio de la
docencia- tanto en los niveles inferiores de la enseñanza como en
los superiores. Pero menos, la investigación. Con esto no pretendo
minusvalorar o devaluar el ejercicio de la enseñanza ni la
dedicación educadora en aras del ejercicio investigador. Tampoco
olvido la larga tradición didáctica creada y difundida a través de
los libros de texto o los materiales nacidos de la Editorial Bruño
sobre todo. Además, desde hace tiempo se ha acrecentado el espíritu
pedagógico
y podemos contar con pedagogos que han creado métodos nuevos para la
enseñanza o caminos inéditos para la educación. Por eso me parece
oportuno no pasar por alto la fecha de los cincuenta años de una de
las mejores creaciones pedagógicas de un lasaliano: CALPA, obra del
H. Luis García Mediavilla. Y a esto último dedicaremos la efeméride
de este número de AFDA.
El nacimiento de un nuevo
instrumento
El valor de una práctica diferente

¿Que andamos muy lejos de este “epos”, incluso de pensarlo como alcanzable más adelante?
El invierno duerme, amodorrado, parece muerto, pero tras él vuelve siempre la primavera que sonríe y promete el cielo, la tierra y el mar de siempre, nuevos, a estrenar.
En la España de hoy, hibernada, al poco, desde luego, volverá a reír la primavera.
¿Cómo una lengua fermosa
tan hablada y bien escrita
puede ser ahora proscrita
por la Ley Celada Rosa
del socialismo sanchista.
Nos entenderemos todos
cuando empecemos a ser
tolerantes en los modos
en que hubimos de nacer
y después crecer, crecer.
LA
TORTUGA PEREZOSA
Su oración es humilde, porque ella, lagartija, no es más que una inofensiva miniatura de lagarto. Para el lagarto, el Nilo. A ella le basta una roca en la que detenerse al sol y una tapia de piedras desiguales en las que retirarse a orar en secreto, como los ermitaños. Contiene la respiración cuando se pone en oración. Parece que mira fijamente al sol, sin parpadear, pero, de hecho, está mirándole al Dios del cielo y del sol. Escucha. Escucha a Dios, que le está hablando. Su oración es escuchar.
FORMA DEL EJERCICIO FÍSICO (III)
Los movimientos corporales que una persona puede realizar en el espacio, y visto desde el punto de vista del ejercicio físico, pueden ser de tres tipos: segmentarios, de traslación y de rotación.
continuamente de dirección por efecto de la fuerza de
gravedad; se generan cuando las trayectorias son inclinadas;
describen una parábola;
esto es,
tienen la misma
curvatura durante el ascenso que durante el descenso. La trayectoria
a seguir por el CDG se establecerá ya en la salida, sin posibilidad
de modificación; no podrá variar, a menos que influyan otras
fuerzas externas además de la gravedad. Un ejemplo de este tipo de
movimiento puede ser el que se establece en los saltos de longitud
del atletismo.
Las rotaciones pueden
efectuarse en cualquiera de los tres planos básicos en los que se
divide el cuerpo humano. Si se producen sobre el eje longitudinal, se
denominan giros;
y si la rotación se produce sobre alguno de los otros dos ejes
básicos –lateral o antero-posterior–, se denominan volteos.
Los volteos sobre eje libre que simultáneamente efectúan giros se
denominan piruetas
en el ámbito gimnástico.

Un adelanto bíblico del encuentro definitivo
La
Biblia es un espejo hecho parábola. Se nos da en uno de los
e
pisodios del relato sobre el patriarca Jacob la imagen a la letra de
nuestro encuentro definitivo con el Señor.
Jacob
centenario ha abandonado Canaán, la patria en la que vive y de la
que ya no pensaba salir. Su vida se cerraba. La llamada de su hijo
José le ha puesto en camino. Le abrazará y podrá morir en paz.
Marcha hacia el Egipto poderoso. Allá su hijo José es un hombre que
ya le ha dado nietos y es un gestor omnipotente a quien nada le
falta. Dispone de carrozas, de siervos, da órdenes que se obedecen…
Jacob marcha a Egipto. Pero Egipto no espera a que llegue, Egipto sale y marcha al encuentro de Jacob. “Cuando estaban llegando a Gosén, José mandó preparar una carroza y se dirigió a recibir a su padre. Al verlo, se le echó al cuello y lloró abrazado a él. Israel dijo a José: Ahora puedo morir, después de haberte visto en persona, vivo”.
Ausentes de Cristo, toda una larga vida mortal, ¿qué será abrazar a Cristo, nuestro hermano, Hijo de Dios y del Hombre al que servimos, Él vivo, resucitado, glorioso? ¡Abrazo eterno! Vamos hacia él, pero Él viene a nuestro encuentro, ya está cerca. Oímos el rodar de las carrozas que nos lo traen. Nos paraliza el silencio mientras nos vuelve a la mente el versillo de los trenos de Jeremías: Bueno es esperar en silencio el abrazo de Dios, bonum est praestolari cum silentio salutare Dei”.
Zereutes
Ancien
élève de Évode Beaucamp
y
de Francesco Spadafora
JOYAS TEOLÓGICAS DEL ARTE
(5)
Diego de Velázquez
(1599-1660) pintó este Cristo crucificado hacia 1932.
El lienzo
pintado al óleo mide 250 x 170 cm.
Y se encuentra en el Museo
Nacional del Prado.
No soy un especialista en
arte. Creo que tengo, sin embargo, sensibilidad artística. Quizá
porque me fascina la belleza. En mi búsqueda de las joyas teológicas
del arte, desde el primer momento en que decidí componer esta serie
de 9 artículos para AFDA, me acordé del cuadro de Diego Velázquez,
el del Cristo crucificado. Se me había metido en el hondón
del alma la cara inclinada y semioculta por el cabello del Cristo la
primera vez que la vi, no sé cuándo ni dónde.
Nada sabía del talante
religioso o no religioso del pintor sevillano. Tampoco si era una
pintura de contenido cristiano al lado de otras muchas pinturas más
del artista. Recordaba del bachillerato al Velázquez famoso por
haber pintado el cuadro de Las meninas y el cuadro de Las
hilanderas, y una larga serie de retratos de personajes de la
nobleza y de la servidumbre de los nobles… (Nota: En el
bachillerato no me hablaron del Cristo crucificado de
Velázquez).
Pero en mi retina persiste
como mi cuadro favorito el Cristo crucificado de Diego
Velázquez.
Estoy delante del Cristo
crucificado. Voy a intentar “descifrar” el encanto y el
encadenamiento misterioso que la imagen del Crucificado ejerce sobre
mí. Empiezo por admitir que el cuerpo entero de Jesús, a pesar de
mostrar las huellas deformadoras de una muerte por crucifixión, es
un cuerpo bello, que mantiene su belleza después de haber sido
castigada su espalda a trallazos en la flagelación, luego de haber
sido abiertas sus manos y sus pies por 4 toscos e insensibles clavos.
Su rostro inclinado a su derecha es un rostro digno, noble; el lado
de la cara tapado por los cabellos largos y lacios que le caen de la
cabeza no oculta ningún gesto de angustia; si lo hubiera, se notaría
en el lado de la cara al descubierto. El cuerpo entero descansa en el
posapiés o subpedáneo, pero no rígidamente, como en el Cristo
en la cruz de su maestro y suegro, Francisco Pacheco, sino que,
al flexionar un poco la pierna izquierda del Crucificado, el peso del
cuerpo se ladea y cae sobre la pierna derecha alzando la cadera y
dotando de un toque de elegancia al cuerpo desnudo del que cuelga de
la cruz. El paño de pureza no llama la atención por sí mismo, sino
que se ajusta finamente a la postura adoptada por la cintura del
Crucificado.
Sigo mirando al Cristo
crucificado del que ya era antes de 1632 “pintor de la Corte”,
nuestro Diego Velázquez, y caigo en la cuenta de que frente a mí
está únicamente el Crucificado. No hay nadie entre él y yo: no
están acompañándolo la Madre, María Magdalena, Juan…, nadie.
Tampoco hay nada entre él y yo: un paisaje de trasfondo, una nube,
un pájaro…, nada. El cuerpo de Jesús crucificado emerge de un
muro oscuro y ausente. Los dos tablones de madera de la cruz, el
horizontal y el vertical, son planos: sobre ellos resalta en
perspectiva tridimensional el cuerpo crucificado de mi Cristo. Es
solamente a él a quien tengo de manera total y directa delante de
mí.
Observo en el Cristo
crucificado del pintor sevillano que en su cuerpo no se advierte
espasmo alguno, ni en las manos ni en los pies clavados, ni en la
frente con la corona de espinas pinchándole la sien, ni en el pecho
presumiblemente con una respiración arrítmica… No, el Cristo
pintado por Velázquez no es un Cristo agónico: es un Cristo
fallecido, muerto.
Probablemente cada uno de los
espectadores del siglo XVII diría ante el Cristo crucificado de
Velázquez: “Por mi culpa has tenido que sufrir una pasión
humillante y dolorosa. Hasta has tenido que morir sintiéndote
abandonado por el Padre. Perdóname, Señor, perdóname”. Y cada
espectador le oiría decir “te perdono”…
Aporto a continuación
algunos datos que confirman que Diego Velázquez manifestó en este
cuadro un auténtico sentimiento religioso y que se explica
históricamente por qué en la producción pictórica de Velázquez
no hallamos tantas pinturas sagradas como era de esperar de un pintor
que vivió en plena Contrarreforma de la Iglesia católica.
No nos interesa tanto saber
que fue Jerónimo de Villanueva, amigo del Conde Duque de Olivares,
el valido de Felipe IV, quien pidiera a Diego Velázquez la
realización del cuadro para el convento de las benedictinas de san
Plácido fundado por él, como conocer el motivo inmediato por qué
el “pintor de la Corte” accedió a pintar el Cristo
crucificado. Y el motivo inmediato no fue otro que la enorme
conmoción que desencadenó en Madrid el hecho, que tuvo fecha en
1630, de que unos judaizantes portugueses habían profanado con ritos
sacrílegos una imagen del Crucificado. La Inquisición llevó a cabo
públicamente el Auto de Fe en julio de 1632 contra los judíos
sacrílegos en la Plaza Mayor de la capital. Fue principalmente el
motivo del citado sacrilegio el que llevó a Jerónimo de Villanueva
a encargar a Diego Velázquez que pintara el lienzo Cristo
crucificado. Siendo el nombre del convento el de la
“Encarnación”, rompe toda lógica la solicitud de Villanueva a
Velázquez de pintar un cuadro con el nombre de Cristo
crucificado: un cuadro con el título de la “Anunciación”,
por ejemplo, habría sido lo apropiado. Además los judíos
portugueses condenados procedían de un lugar próximo a Oporto, de
donde eran los abuelos paternos del artista. El resultado del impacto
que el acontecimiento relatado produjo en la inventiva y en la
sensibilidad religiosas de Diego Velázquez lo tenemos reflejado en
la imponente obra sagrada del Cristo crucificado.
En los primeros 23 años que
nuestro pintor vivió en Sevilla, encontramos obras pictóricas de
contenido religioso, entre las cuales destaca la Adoración de los
Reyes. La razón por la que Diego Velázquez dejó de dedicarse a
pintar cuadros de temática religiosa no fue que el artista careciera
de fervor religioso o que fuera “verosímilmente tibio en materia
de religión”, como lo califica José Ortega y Gasset. De haberse
quedado en Sevilla el resto de su vida, habría terminado por ser un
autor de obras de contenido religioso y devocional, como lo fueron
Murillo y Zurbarán. El verdadero motivo por el que Diego Velázquez
no continuó con el arte sacro tradicional fue que a partir de 1623,
a sus 24 años, entró al servicio del monarca Felipe IV y fue
nombrado “pintor de la Corte”, y como tal se convirtió en
retratista de los personajes de la corte y en pintor de escenas
mitológicas para adornar las mansiones regias. Otros cargos a lo
largo de los años de servicio al monarca (pintor de cámara, ayuda
de guardarropa de su majestad, ayuda de cámara, superintendente de
obras y aposentador real) redujeron considerablemente su producción
pictórica. A pesar de practicar los géneros de pintura que la corte
del rey le reclamaban y de tener que realizar tareas alejadas de su
profesión de pintor, el artista sevillano sacó tiempo para pintar,
aunque de manera dispersa en su época cortesana, seis o siete
cuadros de temática religiosa. Los expertos coinciden en afirmar que
las obras de argumento religioso con posterioridad a 1630 han sido
tratadas por el pintor de la Corte con mayor esmero y cuidado que las
de contenido profano. Y, desde luego, los especialistas en la pintura
religiosa de Velázquez son unánimes en considerar el Cristo
crucificado como la más alta expresión de sus creencias
cristianas. Como se ve, Diego Velázquez no es un pintor
eminentemente religioso como el Greco, pero estamos lejos de quienes
sostienen que en sus pinturas de tema sagrado se expresa
asépticamente, desapasionadamente.
Antes de terminar, quiero
volver a las vivencias que el Cristo crucificado despierta en
mí. Hay, en primer lugar, una reacción que tiene que ver con el fin
redentor de la pasión y muerte de Jesús, según lo hemos expresado
en boca de un hipotético espectador del siglo XVII, con cuya
interpretación de Cristo Redentor y de su pasión y muerte
sustitutorias de nosotros, los pecadores, no estoy de acuerdo. Pero
quiero ahora insistir sobre otro mensaje subliminal del Cristo
crucificado de Velázquez.
He afirmado que el Crucificado
que nos pinta Velázquez no es un crucificado en situación agónica,
sino que es un Cristo fallecido, muerto. Lo que más me asombra del
cuerpo muerto de Jesús es su grandiosa serenidad, su augusto
silencio. Es como si en ese instante cero de la existencia humana el
Hijo estuviera esperando, ahora sí, la intervención del Padre para
engendrarlo de nuevo en la Vida eterna. En esta línea de
interpretación positiva me refuerza todavía más el halo que surge
de la misma cabeza del Crucificado. No es para mí una simple aureola
que significa la santidad o la inocencia del que muere injustamente
en una cruz. Ese nimbo coronando el cuerpo de Jesús me da la
impresión de que anuncia su próxima resurrección…

EDUARDO
MALVIDO
Maestro,
catequista y teólogo
EFEMÉRIDES
5 LOS CINCUENTA AÑOS DE C.A.L.P.A.
5 LOS CINCUENTA AÑOS DE C.A.L.P.A.

Al final de los años sesenta
del pasado siglo (año 1969), un Hermano de las Escuelas Cristianas,
implicado en el mundo de la orientación psicopedagógica en los
centros lasalianos de España sintió el deseo de unificar las
prácticas orientadoras y de crear “un organismo” que cumpliera
esa función en los colegios. Dicho Hermano era Luis
García Mediavilla,
fallecido recientemente a punto de cumplir noventa años. Profesor
vocacionado para lo psicopedagógico entrevió la importancia de
dirigirse directamente a la persona de los educandos y valoró la
trascendencia de una educación fundada sobre la base científica de
la medición, la interpretación, la orientación de las dimensiones
básicas de la persona. Hombre que investigaba sobre temas
teórico-prácticos (dislexia, orientación, discapacidades) se
empeñó junto a otros psicólogos y pedagogos en servir a los
profesores-educadores en el conocimiento y la orientación de los
educandos. Y creó un instrumento adecuado para esa función. Este
organismo adoptó el nombre de “Centros
Asociados La Salle de Psicología Aplicada” (CALPA) y
se lanzó, desde un pequeño despacho de la Gran Vía de Madrid, a
una aventura que, con grandes dificultades en los comienzos, superó
enseguida sus propias previsiones. Este año celebra su
cincuentenario.
Pero, ¿cuáles eran los
objetivos
de esta institución al servicio de la educación? El primero y
principal era “ofrecer una ayuda técnica para profesores, padres y
tutores en la orientación personal, escolar y profesional de sus
hijos y alumnos”. Es decir, ofrecer un medio científico y técnico
para realizar una función que hasta entonces solía hacerse como
fruto de iniciativas privadas, con resultados inciertos dada la
metodología más bien “artesana” y precaria con que se
realizaba. Para ello CALPA se servía en principio de la aplicación
de pruebas psicopedagógicas existentes en el mercado aunque luego su
equipo creó técnicas propias de medición, tests
reconocidos en el ámbito psicopedagógico por su valor y su
eficacia.
El nivel universitario
El pequeño recinto de la Gran
Vía se trasladó luego a
Aravaca, a la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado. En este centro, que estuvo durante unos años bajo la dirección del propio H. Mediavilla, adquirió carácter propio y categoría universitaria. Y en este ámbito desarrolló y perfeccionó su metodología propia, que consistía en el seguimiento de una serie de pasos relacionados entre sí y dotados de eficacia contrastada. Este proceso había sido aprobado previamente por los miembros de un equipo formado por unas pocas personas; la tarea primordial del H. Gª Mediavilla era “suscitar ideas, aceptarlas, previa discusión, e integrarlas siempre que fuera posible”. Dicho proceso de aplicación de las pruebas psicopedagógicas constaba de los siguientes pasos:
Aravaca, a la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado. En este centro, que estuvo durante unos años bajo la dirección del propio H. Mediavilla, adquirió carácter propio y categoría universitaria. Y en este ámbito desarrolló y perfeccionó su metodología propia, que consistía en el seguimiento de una serie de pasos relacionados entre sí y dotados de eficacia contrastada. Este proceso había sido aprobado previamente por los miembros de un equipo formado por unas pocas personas; la tarea primordial del H. Gª Mediavilla era “suscitar ideas, aceptarlas, previa discusión, e integrarlas siempre que fuera posible”. Dicho proceso de aplicación de las pruebas psicopedagógicas constaba de los siguientes pasos:
-
Preparación de las pruebas, especialmente de las creadas por la propia CALPA. Por ejemplo CIP II (Cuestionario de Intereses profesionales) o ITECA (Inventario de Técnicas de Estudio de CALPA). Estas pruebas, que se valoraban y contrastaban cada año iban ganando en “fiabilidad y eficacia”.
-
Aplicación de las pruebas en los múltiples centros educativos lasalianos de toda España. Una aplicación que desbordaba el puro acto mecánico y se convertía en un diálogo, en un ejercicio de proximidad y cercanía humana.
-
El acto de la corrección de las pruebas aplicadas contaba con numerosos ayudantes que agilizaban el proceso.
-
La interpretación de las pruebas aplicadas consistía en un “verdadero estudio psicopedagógico de cada uno de los alumnos”. También preparaban “Informes globales” dirigidos a los centros educativos. Esto les permitía un estudio comparativo con los otros centros.
-
La entrega de expedientes, en los que se facilitaba un contacto directo entre los encuestadores, los resultados y los afectados. Este encuentro personal, en lugar de un “envío anónimo” era algo consustancial con el método.
-
Las entrevistas personales que podían surgir después de la entrega de expedientes. Charlas personales o en grupo, eran un servicio de ayuda a quienes expresaban alguna necesidad o de respuesta a las cuestiones suscitadas en los interesados.
El valor de una práctica diferente
El H. Gª Mediavilla y su
equipo recorrieron numerosos centros educativos durante años, al
principio en condiciones un tanto precarias, proporcionaron a estos
un influjo positivo con la psicopedagogía aplicada a la orientación
y lograron elevar el nivel científico y técnico de la aplicación
de pruebas psicopedagógicas, que hasta entonces se hacían en no
pocos casos por los propios profesores y educadores, de una forma no
del todo rigurosa.
Pero junto al carácter
científico y técnico debemos subrayar el valor del contacto
humano que se
establecía entre el equipo CALPA y los educadores. Tanto los
colaboradores de la primera hora como los actuales miembros de CALPA
destacan no sólo la calidad científica del proceso y el rigor de
sus resultados, sino la “relación humana” que se creaba durante
el proceso descrito, “la proximidad del orientador con los sujetos
de las pruebas: eran las mismas personas las que las aplicaban, las
valoraban y las entregaban con la interpretación correspondiente.
Desde el principio del proceso hasta el final del mismo se daba esa
proximidad, que culminaba con el diálogo comprometido con los
destinatarios y las respuestas a cuantas cuestiones pudieran
suscitarse”. Esta era una característica propia de CALPA,
inexistente en otros organismos de aplicación psicopedagógica. Ello
se debía, en buena medida, a la capacidad y a la hondura humana del
creador de CALPA, a su generosidad, a su libertad y a la capacidad
para ganarse tanto a sus destinatarios como a los miembros de su
equipo.
Y junto a esto hay que
destacar la valentía y el coraje mostrado por el H. Mediavilla desde
el comienzo de su idea y a lo largo de su realización. Una valentía
y una capacidad de lucha, propias de un pionero, y manifestadas en no
pocas ocasiones. Alguien ha dicho que “afrontó con valentía los
momentos de desilusión, los recelos y las incomprensiones que
siempre despierta el que se sale de los caminos trillados para
alumbrar algo novedoso”. El mundo universitario en el que vivió el
H. Mediavilla como catedrático de Pedagogía de la Universidad a
Distancia subraya esta capacidad de búsqueda de los medios más
adecuados y eficaces para un mejor servicio al desarrollo de la
persona. Y de la valentía en la defensa de todos los educandos,
pero, sobre todo, los más desfavorecidos, a los que de algún modo
privilegiaba su método.
Sus compañeros de
universidad destacaban tanto el rigor del método de CALPA como la
categoría intelectual y personal de su creador: “en (estas)
conversaciones, dice el catedrático R. Pérez Juste, tuve la ocasión
de conocer al hombre formado, maduro, capaz de orientar si dar
consejos, de animar en las dificultades, de ayudar sin que se notara,
de clarificar sin impartir doctrina, de transmitir serenidad y
sosiego”. Y la profesora María de Codes Martínez G. afirmaba que
“siempre desde la sabiduría, la sencillez y la entrega generosa,
se convirtió en facilitador, en el mediador, en el impulsor de
proyectos y nuevos retos, en la autoridad moral, en el ser capaz de
hacer aflorar lo mejor de cada persona”. A eso, en definitiva,
deseaba contribuir el servicio de orientación creado por CALPA.
CALPA, hoy
La celebración de los
cincuenta años de CALPA no es un mero recuerdo de algo que pasó;
es, más bien, la constatación, evocando sus comienzos, de su
fecunda actualidad pedagógica. En el seno del Centro Superior de
Estudios Universitarios la Salle, de Aravaca –su “ambiente
natural”- sigue la obra lasaliana de Luis Gª Mediavilla como una
obra propia y querida de este centro universitario. Y sigue
ejerciendo su labor pedagógica con empeño renovado. Está formada
por un Equipo reducido con el que el profesor García Mediavilla
trabajó, en un ambiente familiar, pero riguroso en lo científico,
casi hasta las últimas semanas de su vida. Este servicio de
orientación psicopedagógica lo sigue realizando CALPA en una amplia
red de Centros educativos de La Salle y de otras instituciones. Esa
actividad es favorecida a través del desarrollo de una “plataforma
propia que facilita el proceso de evaluación en soporte online”.
Mantiene asimismo uno de los elementos señalados anteriormente: “la
elaboración de Informes comparativos intercentros, de gran valor
como herramienta de evaluación externa”. Y mantiene también,
potenciada y perfeccionada si cabe, otra de las características que
definen la acción de CALPA: “el acompañamiento de nuestros
profesionales, que se distingue por un estilo de relación basado en
la cercanía y el rigor profesional”, en expresión del equipo
actual. Desde aquí felicitamos al Equipo de CALPA y esperamos que
esta magnífica obra lasaliana siga cumpliendo años de trabajo
ilusionado, riguroso y eficaz.
“Vísteme
despacio, que tengo prisa”, dice el refrán popular. Y tiene mucha
razón. La prisa, la precipitación, a nada bueno conducen. Cuántos
caminos ha habido que reanudar, cuantas obras que reiniciar cuando
creíamos haberlas completado. Y es que no es posible caminar más
aprisa de lo que nuestras piernas dan de sí ni llevar la destreza
más allá de lo que nuestras manos permiten, salvo fastidioso
traspiés o lamentable error que nos devuelvan al punto de partida.
Todos
percibimos la desazón, el desconcierto, el creciente desequilibrio
de la sociedad en que vivimos. Nos pueden las prisas. Cada vez el
pasado y el futuro están más cerca del presente. La acción resulta
inaplazable, y apenas deja tiempo para la reflexión. Atendemos a lo
inmediato, con la vista puesta en el siguiente paso, cuando apenas
hemos empezado a dar el que ahora nos ocupa. Difícil ir más allá,
trascender la realidad que nos reclama con urgencia. El misterio, la
trascendencia, el espíritu que inspira valores por encima de la
realidad material, quedan por lo general fuera de foco, salvo en las
ocasiones en que nos damos de bruces con la privación, el dolor o la
muerte y sentimos una sacudida que nos invita a detenernos.
En
todo ello tienen mucho que ver los avances tecnológicos, que se
desarrollan en progresión geométrica. Cabe confiar en que
–según aseguran prestigiosos neurólogos- la mayor parte de
nuestro cerebro está virgen, con lo que parece queda un amplio
porcentaje de nuestro disco duro sin utilizar. Pero el problema puede
no residir en la capacidad de almacenaje, sino en el ritmo de
procesamiento. Se nos agolpa a la puerta la información, que empuja
y pretende abrirse paso, animada por la publicidad y estimulada a
través de los multimedia y las redes sociales. Y esto nos produce
innegable ansiedad. Vivimos una época en la que, paradójicamente,
nos invade la comunicación, al tiempo que nos vamos convirtiendo en
auténticas islas. Eso sí, bien pertrechados de medios de los que
nos esforzamos en sacar partido. Cada generación se solapa más con
la anterior. Nadie quiere quedarse atrás. Y el margen se nos
presenta cada vez más efímero. Es mucho lo que se nos pone por
delante, y breve el tiempo de que disponemos. Imposible de todo
punto, ponerse al día. Seguros estamos de que el mundo que nos vio
nacer tendrá muy poco que ver con el que dejaremos en nuestra
partida.
La
complejidad es progresivamente mayor. Vivimos envueltos en permanente
reto, ante problemas de creciente complejidad y difícil solución:
crisis económica, provocada en gran parte por el propio avance
tecnológico y el consiguiente incremento del paro; crisis
demográfica, fruto en gran medida de la anterior; crisis
democrática, con preocupante desarrollo de movimientos nacionalistas
de diferente signo; inmigración descontrolada; amenazadora invasión
islámica, apoyada en el desarrollo demográfico –en manifiesto
desequilibrio con el autóctono occidental-, cuando no impregnada de
tintes terroristas; desarrollo de nuevas estructuras familiares y
sociales; espectacular desarrollo de la genética, con evidentes
riesgos que a nadie se le escapan…
La
globalización, apoyada en elementos como la unificación de la
moneda, la universalización de una lengua de entendimiento común, o
las políticas supraestatales, entre otros factores, merece en
general consideración positiva. Pero no deja de entrañar evidentes
riesgos. Entre ellos –lo apuntábamos desde el principio- la
dificultad de asimilación, para el individuo y para la sociedad en
general. Digerir cambios, no siempre sustanciales pero sí
complejos, a ritmo tan acelerado, resulta complicado; metabolizarlos
sin riesgo, tarea sumamente difícil. Y pues es de suponer que la
aceleración sobrevenida será cada vez mayor, duro lo tienen las
próximas generaciones para asimilar los cambios y evitar el caos. Si
se me permite la expresión coloquial, “que Dios les coja
confesados”.
Se
mueve el universo en órbitas constantes
que
giran y se alejan, que vienen, van y vuelven
y
nunca retroceden.
Avanzan
en su giro estrellas y planetas;
cometas
y satélites se desplazan en vuelo persistente,
se
mecen, se acompasan, y en un ballet solemne ,
casi
eterno, se cimbrean y ruedan en sus ejes,
mas
nunca se detienen.
Se
suceden las olas, incansables, perennes.
El
viento bambolea las ramas
en
suave caricia o en brusca sacudida,
para
afirmar al árbol y desechar las hojas
que
cumplieron su ciclo; otras nuevas le crecen
en
las yemas que se abren y aparecen
sobre
la misma huella que dejaron las otras al caerse.
Todo
cuanto en el seno de la naturaleza
se
gesta, crece y muere,
nace
y se desarrolla justo a tiempo, sin prisas ni vaivenes:
concepción,
nueve meses, el parto, y una vida que alienta;
respiraciones
leves y constantes,
al
ritmo de latidos permanentes.
Correr
cuando no toca, precipitar la marcha,
quemar
etapas, empeñarse en insomnios importunos
cuando
la vida duerme;
o
afanarse, por absurdo egoísmo,
en
detener con palos en las ruedas
la
carreta que en libertad se mueve,
solo
ansiedad produce;
angustia
y estúpida impotencia,
sensación
de vacío, inoperancia,
ineficacia
ausente de frutos conseguidos se suceden.
Caminar,
avanzar con paso firme,
trazar
el surco recto, con la mirada al frente,
la
mano en la mancera, firme, constante y exigente,
sin
saltos ni carreras a destiempo,
sin
hurtarle al descanso el tiempo que merece,
sin
negarle a la mente
la
pausa para orear el pensamiento y concederle
la
reflexión que alumbra, orienta en el camino
y
al alma fortalece.
Caminar
y avanzar, pero sin prisas.
Que
saltar y correr dando traspiés,
precipitarse,
quemar etapas,
no
es forma saludable de perseguir la meta;
es
llegar al final huero, vacío, y agostarse
sin
fruto que ofrecer. Es morir sin vivir,
es
reventar la flor antes de abrir,
y
verla sofocarse y marchitarse.
ÁNGEL
HERNÁNDEZ EXPÓSITO
Maestro.
Doctor en Ciencias de la Educación.
Emérito
UCJC

QUIJOTES
Y SANCHOS, PERO AMADÍS DE GAULA
A
España se la piensa a lo don Quijote. También a lo Sancho. Con más
acierto, a lo don Quijote y a lo Sancho sumados.
Habría
que añadir a esta dicotomía el pensarla a lo Amadís de Gaula.
Desde luego, prescindir de la rusticidez de Sancho y abandonar la
impotencia, conmovedora pero marchita, de Alonso Quijano.
Y
saltar al auténtico Amadís de Gaula y a sus valores frescos, mozos,
aurorales, bello porte y alma grande. ¿Que andamos muy lejos de este “epos”, incluso de pensarlo como alcanzable más adelante?
El invierno duerme, amodorrado, parece muerto, pero tras él vuelve siempre la primavera que sonríe y promete el cielo, la tierra y el mar de siempre, nuevos, a estrenar.
En la España de hoy, hibernada, al poco, desde luego, volverá a reír la primavera.
RAMIRO DUQUE DE AZA
Maestro. Profesor de Teoría del conocimiento
Bachillerato Internacional
¿Cómo una lengua fermosa
tan hablada y bien escrita
puede ser ahora proscrita
por la Ley Celada Rosa
del socialismo sanchista.
No lo
consigo entender.
¿Es que el catalán va a ser
más privilegiado aún
que lo ha sido en el “prusés”
y el gallego y vasco-astur
habrán de prevalecer
¿Es que el catalán va a ser
más privilegiado aún
que lo ha sido en el “prusés”
y el gallego y vasco-astur
habrán de prevalecer
sobre el
español fruncido
tras varios siglos uniendo
la piel, el mapa, el intento…
del sensato buen sentido?
La verdad, que no lo entiendo.
tras varios siglos uniendo
la piel, el mapa, el intento…
del sensato buen sentido?
La verdad, que no lo entiendo.
Más de
quinientos millones
de seres cultiparlantes
y diestros escriturantes
están dando sus razones
contra los arrebatantes
de seres cultiparlantes
y diestros escriturantes
están dando sus razones
contra los arrebatantes
del
español-castellano,
sano, grave y soberano
en su Autonomía audaz.
¿Perderán su afán voraz?
Lo afirmo y me siento ufano.
sano, grave y soberano
en su Autonomía audaz.
¿Perderán su afán voraz?
Lo afirmo y me siento ufano.
Castellanos
de Cervantes,
de Lope y de Calderón…
nuestro patrimonio son
junto con otro montón
de habladores ilustrantes.
de Lope y de Calderón…
nuestro patrimonio son
junto con otro montón
de habladores ilustrantes.
¡Oh gran
mundo de Guermantes
el del francés Marcel Proust!
¿Es que no habrá otros tutús
como los que fueron antes
en la Lengua a cara y cruz
de Valle-Inclanes tronantes?
el del francés Marcel Proust!
¿Es que no habrá otros tutús
como los que fueron antes
en la Lengua a cara y cruz
de Valle-Inclanes tronantes?
¿No
habrá en español hoy día
quien se mantenga de guía
en tan sublime labor?
Yo lo espero. Por favor,
que demuestre su hidalguía.
quien se mantenga de guía
en tan sublime labor?
Yo lo espero. Por favor,
que demuestre su hidalguía.
Hidalguía
de español
en el que no caiga el sol
desde Oriente hasta Occidente.
¡Oh, qué jemplar accidente
girar como el girasol!
en el que no caiga el sol
desde Oriente hasta Occidente.
¡Oh, qué jemplar accidente
girar como el girasol!
¡Españoles…
a por todas
las lenguas nacionalistas.
Celebradas sean las bodas
comunales y unionistas…
y a olvidar odios y modas!
las lenguas nacionalistas.
Celebradas sean las bodas
comunales y unionistas…
y a olvidar odios y modas!
Una
lengua general
y además todas las otras,
el francés, el provenzal,
el inglés, el alemán…
y el japonés, ¡ostras, ostras!
y además todas las otras,
el francés, el provenzal,
el inglés, el alemán…
y el japonés, ¡ostras, ostras!
Nos entenderemos todos
cuando empecemos a ser
tolerantes en los modos
en que hubimos de nacer
y después crecer, crecer.
Lo dicho
queda, señores.
A comprenderse, lectores,
en la enseñanza global,
que nos tornará mejores
que somos en la era actual.
A comprenderse, lectores,
en la enseñanza global,
que nos tornará mejores
que somos en la era actual.
Señora
tortuga,
espabílese,
que
no va a llegar
adonde
yo sé
si
duerme o hiberna
con
ese corsé
de
la casa a cuestas,
¡ja
jo jú ji jé!
Miedica,
miedica,
haz
como el ciempiés
que
corre que vuela
y
no se le ve.
Pasito
a pasito
podrías
vencer
incluso
a la liebre
del
campo a través.
Venga,
anda, camina,
come,
báñate.
Esopo
te espera
para
componer
una
linda fábula
de
esas de EGB
que
todos los niños
deben
aprender.
¿La
meta preguntas?:
Ser
lo que se es.
Excepto
algunas monjitas, un puñado de monjes y los niños en apuros, hoy
casi nadie reza. Muchos sacerdotes dicen misa o la ofician. Los
obispos, cuando hay problemas gordísimos que como nubarrones se
ciernen sobre su patria España, ¿habéis oído que se junten
prietos y clamantes al Cielo, en la oración del amigo de media
noche, tenaz y persistente, que nos insinúa el Evangelio? Por la
calle la gente marcha hablando con no se sabe quién, clavada en su
móvil o despreocupada, no reza. En casa se come sin hacer antes ni
la señal de la cruz. Hoy nadie reza.
Los
animales sí que rezan. A
su modo y manera
El
gallo quiquiriquea de
madrugada, se empina y estira, alarga y alza su cuello, dispara el
pico, cimbrea a izquierda y derecha su roja cresta... Le está
pidiendo al Cielo que quiere seguir quebrando albores, como en el
Cantar de Mío Cid, para armonía del mundo y regular las horas del
día desde el mismo filo del amanecer. Humildemente hace valer su
antigüedad como reloj de las faenas del campo, del descanso, de la
noche y del sueño. El kiquirikí del gallo es su oración, que
quiebra albores y pinta de azul el cielo de toda nueva jornada.
El
caracol, que tiene
soluciones que ofrecer a las autoridades de la nación sobre las
crisis de la vivienda, ora ofreciéndose al Cielo – sencillo amor
al prójimo- y poniéndose bajo su techo a disposición de todos. Es
su modo de oración. Le promete y asegura a Dios y nos asegura a
nosotros que siempre se le encontrará en casa.
El
buey,
lento
y manso, parado en oración,
le pide a Dios tranquilidad para el mundo. Que haga comprender a los
hombres que no es bueno precipitarse. Para él solo pide tiempo para
rumiar, tiempo para caminar, tiempo para pensar…
El
conejo.
Grabamos lo que musita el
conejo mientras
rapidísimo mueve su boquita de piñón: “Padre, protégeme de
ellos. De los cazadores y de sus perros. Vienen detrás de mí. Me
tengo que esconder en negros agujeros que son plena noche. Los perros
son muy rápidos. En cada arbusto que cruzo hay una cara salvaje que
me mira. Dame un descanso, para que pueda pensar en Ti. Déjame
escapar y líbrame de la mixomatosis. Amén”.
La
lagartija es
una contemplativa. Su oración no recita, pero no es de quietista a
lo Miguel de Molinos, sino de quietud. Se ha detenido, contempla.
Su oración es humilde, porque ella, lagartija, no es más que una inofensiva miniatura de lagarto. Para el lagarto, el Nilo. A ella le basta una roca en la que detenerse al sol y una tapia de piedras desiguales en las que retirarse a orar en secreto, como los ermitaños. Contiene la respiración cuando se pone en oración. Parece que mira fijamente al sol, sin parpadear, pero, de hecho, está mirándole al Dios del cielo y del sol. Escucha. Escucha a Dios, que le está hablando. Su oración es escuchar.
CUR
FORMA DEL EJERCICIO FÍSICO (III)
TIPOS
DE MOVIMIENTOS

Los movimientos corporales que una persona puede realizar en el espacio, y visto desde el punto de vista del ejercicio físico, pueden ser de tres tipos: segmentarios, de traslación y de rotación.
![]() |
Movimientos segmentarios |
Los movimientos segmentarios
son aquellos que se realizan solamente con una parte del cuerpo; con
uno o más segmentos corporales, mientras que el resto del cuerpo
puede permanecer quieto, sin desplazarse.
Todos los movimientos segmentarios se efectúan a través de una rotación de la parte en movimiento sobre la articulación correspondiente; puede ser de un miembro o segmento corporal o de varios de manera simultánea.
Todos los movimientos segmentarios se efectúan a través de una rotación de la parte en movimiento sobre la articulación correspondiente; puede ser de un miembro o segmento corporal o de varios de manera simultánea.
![]() |
Salto de longitud |
En los movimientos de
traslación se
desplaza todo el cuerpo con una trayectoria lineal:
rectilínea o curvilínea.
Las trayectorias
rectilíneas se
describen cuando el centro de gravedad (CDG) de todo el cuerpo
describe una trayectoria recta. Ésta sólo puede ser horizontal
–como la marcha o la carrera–, o vertical
–como los saltos sobre el suelo o material elástico a caer en el
mismo sitio–.
En los movimientos de
rotación el
cuerpo en su conjunto efectúa algún tipo de volteos: rotaciones.
Éstas pueden ser sobre un eje
fijo,
en apoyo sobre una superficie u objeto estable, o sobre un eje
libre,
con el cuerpo en vuelo sin apoyo sobre objetos estables.
![]() |
Volteo libre |
Cuando se combinan movimientos
que incluyen trayectorias de rotación y de traslación con apoyo en
superficie estable, son los rodamientos.
Un buen ejemplo de éstos son las volteretas realizadas en el suelo;
además de efectuarse una rotación, se produce también un
desplazamiento con trayectoria horizontal.
![]() |
Movimiento cicloidal |
Los volteos realizados sobre
un eje libre son los mal llamados “mortales”, tanto adelante como
atrás, propios de la disciplina de Gimnasia. Término que debería
erradicarse, puesto que tiene connotaciones negativas, y sustituirse
por el de volteo
libre; aunque
resultará difícil dicho cambio puesto que está muy arraigado en
nuestra cultura ibérica.
Francisco Sáez Pastor
Universidad de Vigo