79 Leyenda colombiana (II)





          


EL ALTO VICARIO


LEYENDA COLOMBIANA (2)



NARRADOR: El Alto Vicario es otra de las leyendas de Ocaña (2) (Colombia). La ciudad lleva este nombre en honor de un conquistador que había nacido en Cuenca (España), llamado Francisco Fernández Contreras. De las mujeres de Ocaña, como de las de Cali, Santander..., se dice que son muy hermosas. La leyenda ocurre en el siglo XVII, y tiene su origen en un personaje real: un clérigo.

(El escenario, que permanece en penumbra unos momentos, representa un paisaje montañoso al que lo atraviesa un camino con mucha pendiente, de difícil descenso. Suenan las notas de una música sacra. Es el Kyrie de la Misa de Palestrina. Entra el cura y su vicario).

CURA: –No es esta noche estrellada,
más insistió el campesino.
VICARIO: –Grave ha de ser, imagino…
CURA: –Si su alma atormentada,
a estas horas de la noche,
con tanta insistencia clama
y la confesión reclama,
siendo apenas medianoche.
VICARIO: –¿Para él?
CURA: –Para su esposa.
VICARIO: –Grave ha de ser la cosa.
CURA: –Dice que está agonizante,
que reclama ese consuelo.
Limpia quiere ir al cielo…
¡Vamos, pues! Pase delante.
(Salen por la derecha).
Parque principal de Ocaña y catedral




NARRADOR: –Es la noche muy oscura.
                         El camino impracticable,
                más el cura es responsable
                y cumplir siempre procura
                con su deber pastoral,
                el primero, en su moral.
Ha traído el campesino
monturas para el camino.
El descenso es arriesgado,
el camino se ha ocultado,
caminar se ha con buen tino.
(Entra por la izquierda el campesino, el cura y el vicario).

Parque de San Francisco (Ocaña)

CAMPESINO:
–Es ahí, más abajito.
Hemos dejado las bestias.
¡Perdón por tantas molestias!
   Es allí en aquel cerrito.
El camino es muy angosto,
y, de rastrojos, tupido.
Perdón, de nuevo, les pido,
que este camino, en agosto,
y de noche...
CURA: –No lo diga.
La noche es muy mala amiga
para, a oscuras, caminar
que es tiempo de descansar…
CAMPESINO: –Perdóneme su Merced.
Tomad un trago y sabed
(le ofrece la bota)
que fuerza mayor me obliga,
¡que Diosito le bendiga!
NARRADOR: –Faltaban solo cien metros.
Y el cura vio, con sorpresa,
una joven que está presa
(y dijo más de diez “retros”)
al verla atada, y desnuda,
al tronco de un guayacán,
junto a un enorme samán.
Y aquel sacerdote duda.
Quiso, pues, retroceder
porque no quería ver
a aquella joven menuda
que está como vino al mundo.
Mas el marido es rotundo.
El campesino no duda.
Desenvainó su machete 
    y dijo, al instante, al cura:



Panorámica de Ocaña












CAMPESINO: –Esa, mi mujer, no es pura.
    Usted, Padre, no se inquiete,
pero ella me ha sido infiel
y no quiere confesarlo.
Usted podrá averiguarlo.
CURA: –¿Cómo?
CAMPESINO: –Ese es su papel.
CURA: –¿Cuál?
CAMPESINO: –Hacerle que confiese.
Y a usted no le mentirá,
en confesión lo dirá,
que, si ante Dios, fingiese,
mayor será su pecado.
CURA: –¿Eso es todo, amigo mío?
CAMPESINO: –No solo. En usted confío.
Si el pecado confesado,
me dice usted cuál ha sido.
   que es mi vida de amargado
   y por los celos herido.
CURA: –Eso es un sacrilegio.
He de guardar el secreto.
CAMPESINO: –Pues a su Merced prometo:
(secreto, ni privilegio)
por las buenas o las malas
me lo dirá, ¡juro al cielo!
(Lo amenaza con el machete)

CURA: –El secreto no desvelo
ni con machete, ni balas.
CAMPESINO: –Pues alguna solución
ha de haber a mi problema,
sin que su alma sea blasfema,
ni ser una mala acción.
CURA: –Puede que la haya, señor.
(Habla con el vicario, apartándose los dos del campesino).

CAMPESINO: –¿Que habla usted con el vicario?
Yo estoy sufriendo un calvario,
nunca sentí tal dolor.
VICARIO: –Sé bien lo que son los celos:
veneno son del amor;
son, en el alma, es un dolor
y, en la vida, mil desvelos.
Es un fuego encendido,
un espíritu sin calma,
espinas son en el alma
y es un vivir sin sentido.

Catedral de Santa Ana (Ocaña)
CAMPESINO: –Mucho sabe, usted vicario
para vestir la sotana…
VICARIO: –Tengo, al humano, cercana,
(tanto como mi breviario)
con el que sufre, mi alma,
y quiero vivir en calma.
CAMPESINO:–Eso es,pues,lo que yo quiero.
CURA: –Yo tengo la solución.
CAMPESINO: –Le ruego de corazón…
Sufro tanto que me muero.
Confiésela, es mi mujer;
me engaña, estoy seguro.
Padre, para mí, es muy duro,
querer saber sin poder.
CURA: –Todo menos ser blasfemo.
     Esto es lo mejor, amigo.
Venga un momento conmigo.
Me juzgará el Ser Supremo.
(Se apartan y hablan).
Convento y templo de San Francisco
(estilo colonial)

CAMPESINO: –¿Hacer yo de sacerdote?
De acuerdo, señor vicario.
Ningún mejor santuario,
    aunque soy un poco zote…
    Es la noche tan oscura…
Venga, pues, esa sotana,
 y sabré de esa truhana,
 aunque sea un falso cura,
con quién se acuesta y se goza.
Es mi mujer y me engaña
y me duele hasta la entraña;
este dolor me destroza.

NARRADOR: –Y mientras el campesino se disfraza de sacerdote para confesar a su mujer, como le habían propuesto el cura y el vicario y él aceptó de buen grado; como no estaba acostumbrado a lidiar con la sotana, el cura y el vicario aprovecharon para lanzarse sobre él, derribarlo al suelo y maniatarle. Y volvieron a la ciudad, acompañados de la mujer que había sufrido durante horas el frio y la humillación de exhibirse desnuda y atada a un guayacán, como su marido hacía con las mulas.
El vicario quiso guardar el secreto de la confesión y fue valiente al defender esta postura, aunque se viera amenazado por el machete del campesino.
En cuanto a los celos, el vicario le dijo al campesino que su mujer no podría confiar en él, si él no confiaba en ella. Y le dio este consejo:
(Sale el cura)
                        –Si de juzgar no se abstiene,
                       humano que celos tiene,
                    sin un motivo fundado,
                       será mayor el dolor
                    por lo que ha imaginado,
                    por causa del mal amor,
                    que si llega lo pensado.
                    Pues no son amor los celos
                    cuando no son los anhelos
                    de estar con el ser amado.

Moderna arquitectura (Ocaña)











NARRADOR: –Y algo más nos enseña esta leyenda. Alguien ha escrito que las leyendas son una forma de interpretar el pasado para comprender el presente. El caballero, lo mismo que el campesino de la leyenda, quieren vengar su honor que ha sido mancillado –incluso en la sospecha–. Ya Calderón de la Barca escribió, en El alcalde de Zalamea, “el honor es patrimonio del alma / y el alma solo es de Dios”. Y el alcalde dijo al capitán de las tropas de rey que “con mucho respeto, le he de ahorcar” por haber mancillado su honor. Y el rey no lo castigó. Le hizo alcalde perpetuo de Zalamea. (Por cierto, la afiliación completa de Calderón era: Don Pedro Calderón de la Barca Henao de la Barrera y Riaño; y Henao es un apellido abundante en Colombia, incluso entre fundadores de pueblos y ciudades. Salento, por ejemplo, fue fundado por Vicente Henao; es uno de los pueblos más bellos de Colombia).
Y dicen los estudiosos –y el pueblo lo sabe–, que ocurrió un hecho real que dio origen a esta fabulación legendaria. La iglesia tenía bienes y posesiones y una medida gubernamental no satisfizo a la Jerarquía Eclesiástica, y lo criticó, con alabanza de algunos fieles y graves críticas de otros. Se llamó en Colombia los Decretos de Tuición y Desamortización de Manos Muertas. El caso es que un prelado (y también se dice del Alto Vicario) fue agraviado y expulsado de Ocaña, haciéndolo montado en una mula y cabalgando al revés; es decir, montado no como se hace, mirando al frente, sino hacia atrás, con las burlas de los vecinos. No le debió gustar mucho esta humillación al vicario o prelado, ni que Ocaña lo tratara así. Y, en el lugar que se conoce como Alto del Vicario, cerca del Santuario de Torcoroma maldijo el valle que –dicen– no ha vuelto a prosperar desde ese momento y que ha tenido abundantes desgracias.

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(1) Del libro del autor “Y rieron y lloraron las leyendas en Santa Rosa de Cabal”. (2) Ocaña es un municipio colombiano del departamento de Santander, la capital de la provincia de Ocaña, que basa su economía en la gastronomía, la agricultura y el turismo.
Posee el área natural única en la naturaleza, como son Los Estoraques, que ha sido declarada "Bien de interés cultural" y "Monumento nacional". Están situados a un kilómetro de La playa de Belén. Son un conjunto de enormes figuras esculpidas en rocas rojizas. De este lugar escribió el autor en su libro “La sonrisa verde. Paisaje con alma”.

ANTONIO MONTERO SÁNCHEZ
Maestro, profesor de Filosofía y Psicología

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