82 Lírica. La sandía. Salvador Rueda

                 
              


L Í R I C A


Llegada la edad tardía tenemos la suerte de disponer de tiempo para leer y escribir. Sin duda que nos gusta volver a leer aquellos libros que nos hicieron mella en otras épocas pretéritas, porque nos traen a la mente vivencias extraordinarias de cuando descubríamos la belleza, el amor, la pasión, el arte o la música. Por ello queremos recordar algunos de aquellos textos literarios que nos gustaron para saborearlos de nuevo porque nuestro “gusto poético” se ha refinado con el paso de la edad. Estamos en la estación de la recogida de los frutos; esta es la razón por la que traemos hoy este poema de un poeta español que nos describe esta fruta que hemos saboreado tantas veces en estos calurosos meses.




      LA SANDÍA




Cual si de pronto se entreabriera el día
despidiendo una intensa llamarada,
por el
acero fúlgido rasgada
mostró su
carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía
la
larga y deslumbrante cuchillada,
como
boca encendida y desatada
en
frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada, señalando
las fue el
hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.

Las separó la mano de repente,
y de improviso
decoró la fuente
un círculo de
rojas medias lunas.

COMENTARIO
Dejando aparte la cuestión métrica del poema debido a su claridad –soneto clásico en cuanto al conjunto de dos cuartetos y dos tercetos-, creo que lo más llamativo, y lo que queremos resaltar de él, es la musicalidad y el colorido que se ofrecen al lector.

Rueda ha creado una magistral descripción a partir de un  hecho tan sencillo como el acto de partir una sandía. Verso a verso y “tajada a tajada” este apremiante soneto deja en el espíritu del lector los aromas íntimos de la fruta partida.

Si leemos “La sandía mostró su carne roja rasgada por el acero fúlgido, cual si de pronto se entreabriera el día despidiendo una intensa llamarada”, nos parecería una prosa poética llena de imágenes, pero carecería de ese ritmo musical que tiene el primer cuarteto. Es una de las funciones del hipérbaton, dar ritmo y rima a los versos.

El poeta ha acudido a las figuras literarias para “embellecer” esa fruta que el tacto, el olfato, el gusto y sobre todo la vista y el oído hacen realidad al acto de partir la sandía.

En el texto hemos destacado en amarillo las sensaciones visuales-pictóricas que suscitan, y en azul las sensaciones auditivas-musicales.

     


COMPARACIONES para relacionar lo real con lo simbólico:
-Cual si de pronto se entreabriera el día (verso 1)
-Carmín incandescente parecía la larga…cuchillada (vv. 5-6)
-Como boca encendida y desatada (v.7)

PERSONIFICACIONES con impresiones en el momento de partir la sandía
-Tajada tras tajada las fue el hábil cuchillo separando, vivas a la ilusión (vv.9,10,11)
- Mostró su carne roja la sandía..y decoró la fuente un círculo (vv. 4 y 14)

HIPÉRBOLES que dan fuerza a la descripción:
-Una intensa llamarada (v.2)
-Carmín incandescente (v.5)

METÁFORAS que dan vida a la descripción
-Borbotones de alegría…(v.8)
-Rojas medias lunas (v.14)

IMÁGENES CINÉTICAS con que pinta la partición de la sandía y la fuente del postre
-Por el acero fúlgido rasgada  (v.3)
-Las separó la mano (v.12)
-De improviso decoró la fuente (v.13)

ADJETIVACIONES que dan esplendor:
-Intensa llamarada
-Acero fúlgido
-Carne roja
-Carmín incandescente
-Larga y deslumbrante cuchillada
-Boca encendida y desatada
-Frescos borbotones
-Hábil cuchillo
-Rojas medias lunas

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Salvador Rueda Santos nació en la aldea de Benaque, en el municipio malagueño de Macharaviaya, el 3 de diciembre de 1857. Hijo de jornaleros, tuvo una formación autodidacta. Él cuenta que “de niño en mi pobre casa no servía más que para vagar a todas horas por los campos, pretendiendo descifrar los profundos misterios y la grandes maravillas. Mi padre siempre me amparó por desgraciado y me tuvo un sitio en su corazón. Aprendí administración de las hormigas; música, oyendo los aguaceros; escultura, buscando parecido a los seres en las líneas de las rocas; color, en la luz; poesía, en toda la naturaleza”.

Marchó a Madrid, donde Gaspar Núñez de Arce le proporcionó un empleo en la Gaceta de Madrid. Su poesía fue muy bien acogida en Hispanoamérica y allí viajó el poeta, que agradeció la hospitalidad en su poema "El milagro de América". Murió en Málaga en 1933.

Fue uno de los pioneros de la lírica modernista en España. Sus poemas destacan sobre todo por la musicalidad y el colorido, las dos características fundamentales del movimiento que luego abanderaría, con más fuerza, el nicaragüense Rubén Darío. El escritor malagueño es considerado como un poeta menor, cuyos versos no alcanzaron la técnica de otros autores, pero nos dejó un buen número de buenos poemas. LA SANDÍA es uno de mis preferidos porque en él se dan los rasgos más definitorios de su obra: Es un soneto lleno de ritmo, de sonoridad, de colorido, de brillantez de imágenes y metáforas; como corresponde a un poeta modernista.
 


AUXENCIO MUÑOZ ACEBES
Maestro. Profesor de Lengua y Literatura

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