80 El paisaje en la pintura occidental



HISTORIA DE LA EVOLUCIÓN DEL PAISAJE EN LA PINTURA OCCIDENTAL

Acabado el estudio esquemático sobre “Cómo leer un cuadro”, composición, perspectiva, centros de interés, color y dibujo, seguimos con otro tema, también artístico, que nos ocupará unos 9 ó 10 capítulos: “Historia de la evolución del paisaje en la Pintura Occidental”.

En el estudio de este tema he disfrutado muchísimo y estoy seguro de que también vosotros lo encontraréis interesante e ilustrativo.

Es apasionante estudiar el tardío nacimiento y la lenta evolución que ha incorporado el “paisaje” a la historia de la pintura occidental hasta conseguir que sea considerado por los artistas y por la crítica como sujeto importante del arte, por sí mismo y por la belleza que en sus variadas expresiones esconde.

Su evolución se realiza desde el siglo XIII en que tímidamente aparece con Giotto, hasta conseguir más tarde su correcta definición en el Renacimiento italiano del XVI, su máxima madurez en el siglo XVII holandés y su mayor expresividad con las rupturas e innovaciones del Impresionismo en el XIX, hasta llegar a nuestros días en los que ha alcanzado su máximo desarrollo y esplendor.

Este estudio, va a estar, además, conectado con los capítulos de “Cómo leer un Cuadro”, que acabamos de ver a través de los oportunos ejercicios prácticos en los que continuaremos analizando las estructuras internas de la pintura, composición, ejes, perspectiva, luz y color además de las novedades técnicas aplicadas a la pintura en su género paisaje.

De este modo ayudaremos a fijar los principios y criterios generales establecidos para juzgar cualquier obra de arte.





1 EL LARGO SILENCIO DEL PAISAJE 

EN SU REPRESENTACIÓN PICTÓRICA



El paisaje, considerado en sí mismo, como sujeto único y titular en la representación pictórica, tardó muchos siglos en aparecer en la pintura occidental y varios más en conseguir que los propios artistas, críticos y estudiosos en general, lo consideraran como un "arte mayor", es decir, con méritos suficientes para ser admitido entre los grandes géneros artísticos pictóricos que venían reconociéndose desde siglos atrás.
Esta lenta y paulatina incorporación del paisaje a las corrientes artísticas, justifica que dediquemos los cuatro próximos artículos a seguir su evolución y desarrollo, hasta alcanzar su máxima importancia y valoración que nuestra generación le reconoce hoy día.
Pero empecemos por el principio.

Las finalidades inmediatas de este estudio sobre la evolución del paisaje en la pintura occidental son dos principalmente:


         * Conocer su lenta y paulatina incorporación al arte, hasta conseguir la categoría de "arte mayor" entre los géneros artísticos pictóricos.

  *  Gozar de su espléndido y espectacular desarrollo, muy particularmente desde el siglo XVII hasta nuestros días.


1.1 Circunstancias que acompañan al arte prehistórico

En el arte prehistórico, la representación humana o animal se hacía sobre la piedra de techos o muros parietales de cuevas y refugios naturales sin ninguna preparación y sin acotar espacios, simple y directamente sobre la superficie rocosa y sin ninguna referencia al medio ambiente o paisaje que presidía entonces la existencia humana.
Algunos espacios, si bien no se acotaban, sí eran previamente examinados y seleccionados por el propio artista, para hacer coincidir las rugosidades de su superficie, bultos, grietas o relieves, con las partes más interesantes y salientes de su obra proyectada.
En las pinturas rupestres, y durante muchos siglos en la pintura occidental, no hubo ninguna referencia intencionada al entorno natural que condicionaba la vida y actividades que el hombre desarrollaba.
Ni siquiera en las escenas de caza, persecución o muerte de animales aparece para nada el paisaje que rodea tan vital acción humana.
Tampoco en las más avanzadas civilizaciones posteriores, en los monumentos asirios, babilónicos, griegos o romanos en cuyas decoraciones parietales abundan, en cambio, las representaciones de dioses, legendarias mitologías, héroes ancestrales y épicas batallas.
Las referencias al paisaje tardaron muchos siglos en aparecer. Esta es nuestra primera constatación.
Para recomponer la flora y la vegetación de los tiempos prehistóricos hemos de acudir necesariamente a los restos biológicos hallados en las excavaciones del suelo terrestre.
Los primeros y esquemáticos conocimientos del mundo natural en que se ha desarrollado desde un principio la vida humana, están exclusivamente basados en restos arqueológicos encontrados con ocasión de recuperar tumbas y utensilios.
Solo muy tarde, a partir del primer tercio del siglo XIII y gracias a la nueva mística humanista creada por S. Francisco de Asís, (1182-1226), se empezará a reconsiderar la naturaleza y el paisaje como una huella de la Divinidad y un don del Creador al entorno humano y solo pasados varios siglos más, se le elegirá como sujeto de arte en sí mismo, por la grandeza y extraña belleza de su propia representación plástica.
En el siglo XVII el paisaje será finalmente admitido por los artistas y la crítica en general como “arte mayor” por sí mismo, independientemente de su relación con el hombre.




      1.2 La espiritualidad franciscana y la aparición 

del paisaje en la pintura occidental

Francisco de Asís, un gran santo y Giotto di Bendone, un gran pintor, cada uno con sus armas, introducen y difunden con entusiasmo el Humanismo cristiano que dará vida, junto a otros factores, al Prerrenacimiento italiano.
A estas dos grandes personalidades medievales debemos la introducción del paisaje en la pintura occidental: a S. Francisco de Asís (1182-1226), por su canto y exaltación de la naturaleza, hasta entonces infravalorada por la religión e ignorada por el arte y a Giotto di Bondone (1267-1337) por introducir esa mística franciscana a través del paisaje en la pintura occidental con ocasión de ilustrar las escenas del santo de Asís y de la vida del Señor en bellísimos murales al fresco que enriquecen, entre otros museos y lugares, la capilla Scrovegni, (Padua) y el convento Franciscano de Asís.
Francisco de Asís colocó la naturaleza que nos rodea en el centro de su mística concepción cristiana del universo y puso de moda en la literatura de su tiempo lo que desde hacía más de mil años, a. C., venían cantando y recitando los judíos en los salmos de David y mucho antes aún, ensalzaba poéticamente junto al Tigris y al Eúfrates el Libro del Santo Job: la fuerza, la variedad, la belleza y la sabiduría infinita del mundo que nos rodea, para alabanza y gloria de su omnipotente Creador.

Francisco entra en contacto humano, espiritual y poético con el mundo que le rodea y en todo él reconoce la huella espléndida y exquisita de Dios. Habla del hermano sol, de la hermana luna y las estrellas, del agua y del viento, amonesta al hermano lobo para que respete los rebaños de los vecinos de Dubbio que se quejan al santo de su voracidad, convoca y habla a los pajaritos para que no se coman la semilla que siembra el labrador y crea una mística nueva y una religiosidad novedosa, ingenua y atractiva que en todo ve, alaba y bendice la mano de Dios.



Francisco amonestando al “hermano lobo de Gubbio”. Por vez primera el mundo que rodea al hombre, el marco en el que vive y desarrolla su actividad, es reconocido, alabado y tomado en consideración como distinto y complementario del ser humano y como un don recibido de Dios Creador para aumentar y complementar nuestro grado de bienestar.


Su “Canto al sol” o “Cántico de las criaturas”, conocido también como “Laudes creaturarum” (compuesto en 1225), es la mejor muestra de una espiritualidad cósmica que da nuevo valor, no solo al ser humano, sino al universo entero y pone de moda todas las criaturas de Dios con las cuales convivimos.


"Cántico de las criaturas” de S. Francisco de Asís
Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, corresponden,
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.
Y él es bello y radiante con gran esplendor;
de ti, Altísimo, lleva significación.
Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.
Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y él es bello y alegre y robusto y fuerte.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.
Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,
porque por ti, Altísimo, coronados serán.
………………………….
Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.


Este himno, como su admonición al hermano lobo, su charla a los pajaritos, su relación humilde, su hábito sencillo que recoge del vestir de la gente del campo y su fraternidad con hombres, animales y plantas, abre un nuevo camino en la espiritualidad cristiana que muchos de sus contemporáneos se propusieron imitar y que dejó honda huella precisamente en los ambientes mejor preparados para recibir este mensaje: el de los santos y el de los artistas, como vamos a ver.

1.3 Giotto di Bondone (1267-1337) introduce del paisaje en la pintura occidental


Giotto di Bendone. (1267-1337), poeta, escultor, arquitecto y sobre todo uno de los mejores pintores prerrenacentistas, discípulo de Cimabue.


Giotto fue el más grande de los pintores prerrenacentistas italianos. En sus cuadros, pintados al fresco en los muros laterales de la iglesia superior del convento franciscano de Asís, fundado por el Santo, fue desarrollando la vida de S. Francisco en escenas llenas de ingenuidad, ternura y devoción, verdaderas lecciones de humanismo cristiano, en las que introduce y ensaya constantes referencias imaginadas a la naturaleza y al paisaje que las rodea.


Francisco de Asís y Giotto di Bendone, fueron dos personajes extraordinarios que sacudieron respectivamente el primer tercio de los siglos XIII y XIV. El primero con su vida y el segundo con su arte.
Giotto di Bondone, (1267-1337).San Francisco de Asís predicando a los pajaritos.
Giotto di Bondone, asimiló muy bien el nuevo espíritu humanista de Francisco de Asís y toda su obra pictórica se inspiró en la mística del Poverello de Asís.


Esa novedosa apertura franciscana al mundo en que vivimos exigía una sensibilidad nueva y una mirada ingenua y simplista para asimilarla y practicarla. “Las florecillas de S. Francisco”, libro que recoge los hechos acaecidos al santo y a sus primeros discípulos, contagiaron y transmitieron el nuevo ideario humanístico-cristiano que rápidamente se extendió por el mundo medieval.

La apertura franciscana a la naturaleza y al mundo exterior, cobraron fuerza en los ojos y en el pincel de Giotto que, a su vez, fueron abriendo el fondo del espacio pictórico al paisaje natural.



Giotto. La huida a Egipto
Pintura al fresco. Hacia 1305, en la capílla Scrovegni. Tamaño: 2 x 1,85 m

En cuanto a la composición del cuadro, las cabezas de S.José, su acompañante, el Niño y el cuerpo de la Virgen, las tres personas del lateral izquierdo y el pollino, forman un eje ligeramente oblicuo que da la sensación de subida y movimiento. A su vez la cúspide triangular del monte cubre la imagen de María con el Niño. El manto rosa y blanco de la Virgen divide verticalmente el cuadro en dos mitades casi iguales.
Las montañas que quieren ser imagen del desierto son pura imaginación del artista.
Los tres árboles que salpican el cuadro, parecen plantados a tresbolillo en pura e ingenua imaginación del artista en su concepción del desierto. Dichas montañas las coloca a la misma altura o en el mismo plano, con lo que suprime la ilusión óptica de lejanía y profundidad.
A Giotto le corresponde el gran mérito de haber iniciado y generalizado el uso del paisaje como fondo natural de las escenas evangélicas y franciscanas. El paisaje siempre es imaginado, sin salir de su estudio.
Hasta Giottp los fondos de los cuadros de pintura, lo constituian espacios monocolores planos. Los pintores bizantinos eran paridarios de dorar con panes de oro el fondo de sus cuadros e imágenes pintadas.
Giotto, con el paisaje inicia, al mismo tiempo, una carrera por alcanzar la tercera dimensión: la anchura o profundidad del cuadro, pura ilusión óptica, que solo se conseguirá representar adecuadamente en el Renacimiento en que se dará por definida la perseguida perspectiva.


El uso de estructuras arquetectónicas en Giotto constituyen una escepción, imaginadas como un truco para enmarcar dentro de ellas las escenas interiores representadas en los primeros planos. No olvidemos, con todo, que Giotto era también arquitecto.



Giotto. Capilla Scrovegni
Familiares y amigos comparten y participan en la alegría de Joaquín y Ana,
padres de la Virgen, tras los anuncios angélicos.


Detalle del abrazo y beso entre S. Joaquín y Santa Ana tras la revelación del ángel. Admirable la limpieza del color, la ingenuidad del gesto cariñoso y su expresividad


La escena se desarrolla junto a una de las puertas del templo, en Jerusalén, la llamada “Puerta Dorada”. La escena representa el compromiso de matrimonio entre S. Joaquín y Sta. Ana, padres de la Virgen María, entre el regocijo y aceptación de diversos familiares presentes.

Ya hemos dicho que Giotto era también arquitecto y por ello utiliza como segundo plano de su cuadro un fondo arquitectónico que le era muy familiar. Durante el Renacimiento veremos utilizar esta práctica, sobre todo para acompañar escenas urbanas o interiores.
Esta perspectiva arquitectónica ofrece una sensación de profundidad más sencilla de alcanzar que la conseguida con el paisaje. De hecho su uso fue uno de los caminos para llegar a establecer las leyes de la perspectiva.

Giotto, otras veces, rellena los fondos de sus escenas religiosas con elementos angélicos que asisten ingenuamente festivos o doloridos a las escenas de resurrección o de pasión por él representadas; pero aún así, casi siempre las completa con algunas referencias, por borrosas o secundarias que sean, al paisaje como en el cuadro adjunto:



Giotto

“Descendimiento”. Pintura en la capilla de los Scrovegni. (Padua) 1306



El fondo de algunos de sus cuadros los rellena Giotto con ángeles y con diferentes tonalidades de colores no uniformes, que son en realidad fondos con paisajes todavía muy imprecisos, montañas y cielo, reservando siempre los primeros planos para las escenas representadas.

En la parte superior derecha aparece un árbol, testigo presencial de la naturaleza que en este caso se prolonga en montañas simplemente contorneadas.

El Descendimiento de Giotto, es uno de sus mejores cuadros. Llama la atención su composición: un eje diagonal que parte del lado derecho del cuadro , a la altura de sus dos tercios, a la parte inferior del ángulo izquierdo, en el que contrapone una masa de color con las personas presentes en el Descendimiento.

Las miradas de cuantos asisten a la escena se concentran en dicho ángulo, primer centro de interés: Jesús muerto en brazos de su santísima madre.

El grupo de ángeles en el cielo contrapesa la composición del cuadro en parte baja.

Paisaje: en el cuadro está simplemente sugerido entre el árbol y un desdibujado fondo de montañas. Las referencias borrosas que trascienden el coro de ángeles, muy probablemente se lo dicta el monte del Gólgota que se nombra en el relato evangélico.



La pintura de ángeles y las referencias al paisaje se las sugiere el propio relato evangélico, como en su "Huida a Egipo" de la capilla Scrovegni o como en la “entrada solemne del Señor en Jerusalén”, en cuya representación los ángeles acaban contemplando la escena bíblica subidos a la copa de los árboles que enmarcan el paisaje con que decora el fondo de su cuadro.

En su “Adoración de los Reyes Magos” nos deja constancia pintada del paso del cometa Halley que acaba de pasar sobre occidente, en 1303.



Giotto. “La Adoración de los Reyes magos”
Capella degli Scrovegni. Pintura al fresco. Año 1303

Giotto. “La Adoración de los Reyes magos”. Otro de los buenos cuadros de Giotto. Representa con gran realismo la escena evangélica. En la parte superior del cuadro se observa, en lugar de la clásica estrella de los Reyes Magos, un cometa con su estela de luz propia. Según diversos críticos, este cambio de estrella por cometa, sería debido a que en 1303, según cálculos astronómicos, pasó por el cielo europeo y de Asía Menor el cometa Halley y el pintor dejó reflejado en su cuadro este paso.


Gracias al gran trabajo realizado por Giotto, el paisaje empezó a formar parte de los últimos planos en la pintura, hasta acabar definitivamente con los fondos en blanco o dorados, de tradición bizantina, sin perspectiva ni profundidad alguna.

JOSÉ MANUEL GUTIÉRREZ BRAVO
Maestro Nacional y doctor en Historia
Fundador y exdirector de la Universidad Laboral de Toledo
Continuará
Villanueva de la Peña, 10 de abril de 2019









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